Araca Victoria, Capítulo III (Final)

III

El duelo fue largo y penoso. Más de una vez Victoria y Gervasio se encontraron llorando en los rincones, y se abrazaron cada una de esas veces. Antes de fin de año fueron a cenar a la Pizzería del Globito, frente al Parque de los Patricios, y allí dejaron en claro que eran lo único que el otro tenía, y se prometieron cuidarse y quererse. También se prometieron hablar más, ya que desde que Gervasio había terminado la primaria casi no habían conversado nunca. Algunos días después comenzaron el año con Amelia, Julio, Eduardo y Marta, su mujer. Ese día Julio le dijo a Victoria que en realidad hacía varias semanas que estaba pensando en la idea de irse a vivir con ella, pero no se lo había dicho porqué pensó que dos enfermos en la casa sería demasiado para su hermana. Pero ahora Vladimir no estaba, y quizás no le importara demasiado recibirlo. Por supuesto que trataría de no ser una carga y desde ya que ponía su jubilación a su servicio. Victoria se quedó pensando en lo irónica que es la vida. No podía dejar de pensar que si esa conversación hubiese tenido lugar seis semanas antes, posiblemente su marido seguiría con vida. Arreglaron que Victoria y Gervasio primero procurarían dejar la casa de Parque Patricios, y luego, cuando fueran a una nueva casa, él los acompañaría Para ayudarlos puso a su disposición los Bocones que le había dado el Estado como pago retroactivo de su jubilación. Victoria no los usó de inmediato, todavía le quedaba buena parte del seguro de Vladimir, y pensaba que seguramente sería mejor idea guardarlos para cuando pudiera conseguir un mejor precio por ellos. A mitad de año consiguieron finalmente un departamento en San Telmo, donde se instalaron los tres. Pero antes de eso ya se había roto el pacto que habían firmado luego de la muerte de Vladimir. Una noche Gervasio le confió a Victoria una historia que tenía con una mujer mayor y al día siguiente Victoria lo comentó entre los compañeros de trabajo. Gervasio nunca volvió a contarle nada, y Victoria jamás se animó a preguntarle algo.

Ese año Gervasio fue sorteado para el Servicio Militar, y le tocó Ejército. Sin embargo, Vladimir se encargó de que su hijo no prestara servicio a la Patria. Gervasio pidió sostén de madre viuda, y aunque esto no garantizaba que se salvara definitivamente, la muerte de Carrasco al año siguiente lo liberó completamente de la obligación de hacer salto rana y carrera mar. Poco tiempo después, al terminar la secundaria, Gervasio cambió el trabajo en Bonafide por otro en una oficina de seguros, justo antes de que explotara la desocupación. Los meses fueron pasando relativamente tranquilos, pero la salud de Julio estaba cada vez peor. Un mes después de que Gervasio cumpliera los veinte años, justo para el Día del Trabajo, Julio se quedó dormido en su cama y ya no volvió a despertar. Sus Bocones pagaron su féretro. Ese mismo mes, Menem logró la reelección.

Julio no sólo era el hermano mayor de Victoria. Con trece años más, de niña había sido su protector, su amigo e incluso su maestro. Durante su juventud, muchas veces había sido también su compañero de juerga. Si bien no participó de su faceta militante, solía estar presente cuando organizaban las cenas con la gente del Ministerio, o cuando salían con Vladimir y otros amigos del barrio. Julio había sido el responsable de presentarle lugares como Mau-Mau o Hipopotamus, donde Vladimir pidió una manzana lustrada (que le llevaron) y luego decidió retirarse porque no le permitieron bailar sin saco. Eran tan unidos Julio y Victoria que no dudaron en realizar una boda doble, y al nacer Gervasio tanto la madre como el padre supieron quién iba a ser el padrino. Pero a pesar del dolor que sentía por esta nueva pérdida, Victoria se sentía aliviada. Los últimos años se los había pasado cuidando la salud de su esposo y de su hermano, pero ahora eso ya no era necesario. Gervasio ya era un hombre, y tampoco hacía falta que se preocupara por él. Si bien continuó llevando su vida igual que siempre, se sintió llena de una sensación nueva y extraña. Ahora podía, simplemente, hacer lo que quisiera.

La noche que mataron a Cabezas Gervasio estaba con otros dos pibes haciendo la cola en un boliche de Coghlan y en un momento se le ocurrió ir comprar puchos. Al volver se encontró con que hubo una pelea, llegó la cana y se llevó a sus amigos, entre otras diez personas. Haciéndoles el aguante en la 37º conoció a Paula. A partir de entonces la vida de Gervasio comenzó a cambiar. La química con Paula fue inmediata, juntos se complementaban perfectamente, y Gervasio, que ya había estado con varias mujeres pero jamás se había enamorado, entendió finalmente cómo era eso de decir “te amo” sin que suene a diálogo de película doblada en Centroamérica, hablar largo rato por teléfono aunque no hubiese nada que decir, o simplemente sentirse amado, comprendido y necesitado por alguien que no pretendía de él más que su presencia. Ese mismo año se anotó en la UBA para estudiar Publicidad, y en la cena de Navidad Gervasio y Paula anunciaron formalmente a sus padres su matrimonio para la segunda mitad del año siguiente.

Si bien Gervasio estaba relativamente seguro en su trabajo, todo lo seguro que se podía estar durante el segundo gobierno menemista, el que había empezado a tambalear era el de Victoria. Su buen nivel de ingreso le había abierto la puerta de créditos con los que compraron el lavarropas, la heladera, el equipo de música y el purificador de aire, y después Gervasio se encargó de otro televisor, la video y la multiprocesadora. Pero los buenos tiempos estaban terminando, y después de varios amagues finalmente la empresa quebró. Desde hacía tres años Victoria cobraba la pensión de Vladimir, y gracias a eso no dependía completamente de su hijo, pero ella siempre había sido tan autosuficiente y tan dueña de su vida que tener que apoyarse en Gervasio le parecía casi humillante. Para pasar el tiempo y ganar algunos mangos empezó a hacer pequeñas changas. Daniel, el hijo mayor de Renata, estaba rehabilitándose de su adicción a las drogas y con un socio habían establecido un pequeño local de correo y mensajería. Victoria empezó a ayudarles de vez en cuando repartiendo algunas cartas y dejando propagandas en buzones. También cuidaba a los nietos de Renata, hijos de sus hijas menores Gabriela y Elizabeth. Renata a los 64 años ya pesaba 120 kilos en un metro sesenta de estatura, y apenas podía moverse. A Victoria no le molestaba ayudarla, a veces incluso hasta le planchaba la ropa, pero tenía la sensación constante de estar perdiendo el tiempo.

Cuando al comenzar la primavera Paula y Gervasio se casaron la habitación de él quedó vacía, y Victoria cayo en la cuenta de que por primera vez en su vida estaba sola. Incluso en la época en que Vladimir partió hacia Uruguay ella siempre estuvo con alguien. Pablo y Julio se turnaban para acompañarla, y si no estaba ninguno de los dos seguramente llegaba Bruno a escondidas para pasar la noche con ella. Pero ahora los cuatro habían muerto, y su hijo la dejaba para vivir su vida. Gervasio y Paula se fueron de luna de miel dos semanas a Capilla del Monte, y Victoria aprovechó esos días para hundirse en su propia depresión. Lloraba el día entero y comía lo justo y necesario para mantenerse viva. Siempre le había gustado el vino blanco, y esos días llegó a tomar dos litros y tres atados de cigarrillos por día. Cuando Gervasio la llamó para que los fuese a recibir a Retiro, Victoria finalmente volvió a la Tierra. En un estuche de madera guardó una foto de su padre, otra de su hijo, otra de su hermano y otra de su marido. Lamentó nunca haberle sacado una a su amante, y en su lugar puso el corcho del champagne que bebieron la noche de la muerte de Perón. Finalmente colocó una rosa y cerró la caja con una cinta de raso. La caja encontró su lugar en el estante más alto del modular del living, y así Victoria se despidió de los hombres de su vida.

A partir de entonces Victoria se dedicó a reconciliarse consigo misma, relación que se había dañado hacía casi un cuarto de siglo con la muerte de Bruno Gervasio. En primer lugar, para poder mantenerse sin necesidad de exigirle demasiado a Gervasio, decidió subalquilar su pieza. Así recibió a Daniel y su novia Karina, con quién esperaba un bebé. Desde que la conoció victoria notó algo familiar en el rostro de Karina, pero no lo pudo descubrir hasta que por casualidad ella le habló de sus padres. Karina era hija de Roberto Santucho, y Victoria la había conocido con meses de vida en la casa de Bruno. Era igual a su madre. Victoria se sintió transportada en el tiempo, y decidió proteger a Karina como si fuese su hija. Lourdes nació la misma semana que De La Rúa fue electo Presidente, y aunque realmente no lo fuera, Victoria se sintió un poco abuela. Al mismo tiempo, trató de crear un vínculo con su hijo, quién luego de una vida de desencuentros la seguía viendo sólo porque era su madre. La tarea resultó difícil, había mucho que desandar, mucho que revertir, y no se podía hacer de un día para el otro. Al principio se la pasaron chocando. Victoria quería ayudar a la pareja y lo único que conseguía era meterse. Después, la reacción fue la contraria. Durante un año sólo se vieron tres veces. Pero cuando Chacho renunció, Paula anunció que había quedado embarazada. La posibilidad certera de convertirse en abuela de un nieto de su propia sangre fue suficiente para que Victoria cambiara su actitud. De a poco se fue acercando a la pareja como espectadora, sólo para ver crecer la panza de Paula y soñar de qué sexo sería ese bebé que no se dejaba ver en las ecografías. Tres meses antes de cumplir cincuenta y nueve años Gervasio la llamó para avisarle que había nacido Julieta. Antes de ir a la clínica pasó por un negocio y compró un enterito rosa para su nieta. Mientras pagaba, se dio cuenta de que era la primera vez en dos décadas que compraba ropa para alguien que no era ella. Al ver a Julieta en brazos de su hijo lloró: ella era idéntica a Gervasio recién nacido.

Poco tiempo después Daniel y Karina se fueron de su casa. Con un ingreso menos y sin trabajo, lo que más lamentaba Victoria era no poder malcriar a su nieta todo lo que hubiese querido. La noche del cacerolazo fue a la Plaza cucharón en mano y festejó con la gente cuando Cavallo salió huyendo de la Rosada. Después llegaron los gases, que casi terminan con esas manchas oscuras que Victoria llamaba pulmones, pero al volver a respirarlos después de quien sabe cuánto tiempo, lo que sintió fue nostalgia. Por esas cosas de la vida, Victoria pudo zafar del Corralito, tal vez porque no tenía nada para guardar, pero no fue igual la suerte de Gervasio, quién a la semana de que el Cabezón asumiera se quedó sin trabajo. El año anterior Paula había titularizado como maestra de EGB, de modo que entre eso y sus ahorros pudieron seguir manteniéndose, pero resultó imposible seguir ayudando a Victoria. Siguieron varios meses difíciles, por suerte la dueña del departamento comprendió la situación y le permitió atrasarse en el alquiler, pero la vida se le iba complicando. Tomó la costumbre de ir a San Cayetano, primero para pedir trabajo, pero después para almorzar en el comedor y charlar con las jubiladas que allí se reunían. Después de tres libertades condicionales violadas, Leticia finalmente dejó la cárcel definitivamente, y con su nueva pareja y su hijo nacido en prisión, se fueron a vivir a la pieza desocupada de Victoria. A ella no la convencía mucho esto, no sabía si su sobrina se habría regenerado, pero necesitaba recaudar, y no tuvo opción más que recibirla. Meses más tarde la situación dio un vuelco: alcanzó la edad mínima para jubilarse, cosa que logró a fin de año, y entre la pensión de su marido, la jubilación y un retroactivo que quedó por allí terminó cobrando mejor que cuando trabajaba. Entonces, al sentir que recuperaba su independencia económica, su vida volvió a cambiar. Se deshizo de su sobrina, que ya era un problema, y se dedicó a disfrutar. Empezó a hacer las cosas que más le gustaban, como ir al cine o a comer afuera. Como devolución de gentilezas empezó a ayudar a su hijo con dinero, como él lo había hecho con ella. Visitaba seguido a su nieta, y aunque no lo podía entender, reconoció en ella varios rasgos de Vladimir. Cuando asumió K se fue hasta la Facultad de Derecho a escuchar a Fidel, y ver a ese hombre ya septuagenario hablando allí como si tuviera veinte años y la revolución aún fuera posible, le hizo recordar irremediablemente a Bruno.

Aprovechando que estaba sin trabajo, Gervasio puso el doble de esfuerzo en su carrera, y ese mismo año se recibió y consiguió una pasantía en una agencia de Publicidad. La pasantía se convirtió en empleo efectivo, y finalmente, Paula y Gervasio sintieron que la tormenta había pasado. Para ese momento la relación con Victoria se había arreglado bastante, y aunque sentían que tal vez ya fuera tarde, trataron de volver a ser madre e hijo.

Durante sus últimos años, Victoria alcanzó la tranquilidad que no tuvo durante toda su vida. Pudo ver a su nieta terminar el jardín y entrar a la EGB y a su hijo ganar premios como creativo. No sabía si le alcanzaba para sentirse realizada, pero al menos se sentía en paz. Victoria murió en una cama del Hospital Español meses antes de cumplir setenta años, cuando finalmente sus pulmones le dijeron basta. Gervasio estaba junto a su cama. Antes de morir, Victoria le confesó a su hijo la verdad sobre su padre, pero él le dijo que no importaba, que hacía rato que lo sabía y que eso ya estaba perdonado. Su corazón se detuvo al mediodía, y una expresión de infinita serenidad iluminó su cara. En algún lugar, Vladimir y Bruno la esperaban con los brazos abiertos.


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esebebe
7 Julio 2008, 14:09, Reportar este Comentario esebebe dijo

Muy bueno, piel de gallina, nudito en la garganta, hermosa historia de vida, bellisimo, que hermoso debe ser ,irte de este mundo con la satisfaccion del deber cumplido, con altibajos como todos, pero con serenidad y paz , vivio plenamente cada momento de su vida .
Un abrazo

M. J. Howlin

Muchas gracias Silvi. Me alegro de que te haya gustado. De todos modos la historia no termina. Te mando un beso.

esebebe
7 Julio 2008, 15:46, Reportar este Comentario esebebe dijo

La historia continua con Gervacio…quizas, pero Victoria, termino su libro en esta historia, un abrazo y muy buena semana

SEBASjefe

sin que suene a dialogo…clap clap clap aplausos de verdad un placer leer a un “amigo” que hace que un bostero se sienta gallina por la piel jajajaja

abrazo che, te felicito…no se s te sirve pero de corazón te felicito

SEBASjefe

eugemartinucci

me uno al clap clap clap de sebas (ay me gustó el ruidito eseeee)
muy bueno, caín
perdón x la demora pero necesitaba tiempo vio?
besote

M. J. Howlin

Sebas y Euge: Me hicieron poner colorado, carajo…

Me pusiste la piel.. uh… recien hoy pude terminar de leer esta historia…
Muy buena!!!
Ahora me voy para la otra…

Besitos!!

PD: Animese, ya le deje la rta en mi blog!! Saluditos!!

M. J. Howlin
17 Julio 2008, 18:01, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Muchas gracias Euge, espero que la disfrute, y a lo otro también! :P

Atenea

upa!!!
definitivamente lo mejor qu pude haber hecho es leer el rusito primero…
es una historia más corta y lo incluyé sólo a él.
es como el eje y este lo rodea contando detalles y descripciones para entender un poco más aquel, es la contunuación de los que quedaron despues de él..
siento discrepar..
pero para mi el rusito es primero, jajaj!
buenisima la historia en verdad .. te felicito….
excelente….. supiste conjugar muy bien las dos y se sincronizaron perfectamente
no es fácil…
besotes =).

M. J. Howlin
18 Julio 2008, 23:15, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Muchas Gracias Dulce! Es muy interesante lo que me decís, nunca lo había visto de esa manera. Tal vez tengas razón y en el futuro empiece a presentarlos así…

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