Damián 1.0 (Final)
5.0
Damián despertó en una cama con sábanas blancas, en una habitación blanca, con un saché de suero entrándole por las venas y electrodos por todo el cuerpo monitoreando sus funciones vitales. Salvo la cama y los aparatos, la habitación estaba vacía. Colgando sobre su cabeza Damián encontró un llamador, y lo pulsó. Enseguida entró por la puerta una cara conocida. Era el doctor que había aparecido en sus sueños.
-Hola, te despertaste. Estuvimos preocupados, por un momento creímos que no zafabas. Por suerte todo salió bien.
-¿Dónde estoy? ¿Esto es un sueño?
-No, ya te despertaste. En realidad estuviste dormido cuatro meses. Te diste una linda biaba, pero por suerte te pudimos recuperar.
Damián se dio cuenta de que ya no vivía tres vidas, sino que era uno solo nuevamente. Pero no podía darse cuenta de quién era en realidad.
-¿Ahora me podés explicar un poco dónde estoy y como llegué hasta acá?
-Es un poco largo y complejo, pero merecés saberlo. Estás en el Instituto de Experimentación Neurológica de Buenos Aires. Es un organismo privado, no dependemos de nadie, y nos bancamos con distintas inversiones de empresas y fundaciones. Hace algunos años venimos trabajando con la teoría de que en casos de daño neurológico severo es posible recuperar las funciones normales sobreestimulando el cerebro. Hicimos unas cuantas experiencias con animales con distintos resultados, hasta que finalmente logramos un éxito del 87% sobre un total de 76 casos. En realidad las cifras no importan demasiado, lo que importa es que habíamos llegado a un techo, y necesitábamos pasar de nivel. El siguiente nivel era la experimentación con seres humanos. Sin embargo, esto era un asunto complicado, ya que el tratamiento es riesgoso, y no encontrábamos a nadie que pudiese servirnos como voluntario. Por otro lado, había tantas barreras legales que por un momento hasta pensamos en abandonar el proyecto. Entonces llegaste vos.
Damián escuchaba con atención. No quería escuchar, pero no podía dejar de hacerlo. Tragó saliva.
-Hace cuatro meses entraste al Hospital Argerich con una sobredosis de cocaína que técnicamente te había derretido el cerebro. Estabas en coma cuatro, y lo único que quedaba por hacer era esperar que tu corazón se cansara de latir y liberaras la cama. No había nadie que preguntara ni se preocupara por vos, y eso nos animó a investigar. Descubrimos que perdiste a tu padre a los doce años y a tu madre a los diecisiete, que desde entonces estás solo, que no tenías trabajo conocido y que te ganabas la vida vendiendo marihuana. O sea que los que más te extrañaban no iban a venir a reclamarte. Eras ideal. Hicimos negociaciones secretas con el hospital, con el gobierno de la ciudad y con el gobierno nacional, y finalmente te conseguimos. Te trasladamos hasta acá y ahí fue cuando comenzó el operativo Damián. Creamos para vos dos personalidades alternativas, tomando tu niñez como tronco común y haciendo dos bifurcaciones en momentos clave como fueron la muerte de tu padre y la de tu madre, cuyo lugar cronológico respetamos. Entonces, como ya te adelanté en lo que creíste fue un sueño, pero en realidad fue un implante que te hicimos, particionamos tu cerebro. El objetivo era doble: por un lado queríamos que acumularas el triple de experiencia que la que obtendría de manera normal, y por el otro queríamos que interactuaras entre tus distintas personalidades para generar un conflicto que te vieras obligado a resolver. Para eso las creamos de manera que chocaran entre sí, así el conflicto resultaba altamente estresante y lográbamos mejor lo que queríamos, que era sobreestimular tu cerebro hasta el punto que por sí mismo restaurara sus funciones dañadas y llegaras a recuperar tu conciencia. Como podés ver, el experimento resultó un éxito.
Experimento. Éxito. Operativo Damián. Todas esas palabras le daban vueltas dentro de su unificada cabeza y le sonaban ajenas, como si estuviesen referidas a algo que no tenía nada que ver con él, y no quitaban las consecuencias de lo que había vivido en los últimos dos días. Se sentía violado, ultrajado, verdaderamente jodido. Ahora sabía quién era, y cuáles de sus recuerdos eran reales, y sin embargo se sentía vacío, abandonado.
-Un éxito –repitió-. Así que soy un éxito. Y ahora, con todo lo que me metieron en la cabeza y que resulta que es falso, mis recuerdos, mis estudios, mis amigos, con todo eso, ¿Qué hago?
-Bueno, miralo de esta manera, ahora tenés el triple de conocimientos y experiencia que antes, y tenés más herramientas para no volver a cometer los errores que te hicieron venir a parar acá. Sos afortunado, Damián, entraste muerto al Argerich, nosotros te salvamos la vida.
-Pero para eso me dieron un montón de cosas que ahora vengo a descubrir que eran un invento, una ilusión. Yo no tengo título secundario, yo no tengo laburo, y ya no tengo ganas de volver a vender porque ahora conozco otra forma de vida, pero ¿qué me queda? Si no hay laburo para nadie, menos va a haber para mí que no tengo experiencia ni estudios, aunque tenga diecinueve materias de administración metidas en mi cabeza. Me jodieron. Me dieron todo y ahora me lo sacan. Me jodieron lindo.
-Damián, no podemos hacer nada con eso. Te salvamos la vida, pensamos que ibas a estar agradecido, tal vez no medimos todas las consecuencias, pero lo cierto es que ahora tenés una nueva oportunidad. Descansá y pensá un poco en todo lo que te pasó. Mañana vas a estar mejor.
Dos días después Damián recibió el alta. Al salir se encontró en Corrientes y Dorrego, en el edificio que ya conocía. La ciudad que lo había visto crecer lo saludaba, pero él no sabía cómo tomar ese saludo. Caminando Corrientes abajo llegó al Obelisco, después Diagonal Norte, Plaza de Mayo y Defensa y ya estaba otra vez en su casa, que permanecía tal como la había dejado hacía cuatro meses, cuando por primera vez probó cocaína en el Parque Lezama. Pensó en llamar a alguno de sus amigos de la facultad para charlar un rato, pero se acordó que no existían. Pensó en ir a comprar algo de comida al súper, pero prefirió mejor no ir por allá. Solitario consigo mismo, Damián puso un CD de Charly y agarró el tubito de fotos.
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Aquí termina la historia de Damián. Muchas gracias a quienes la siguieron.
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la que dice Ufa ahora soy yo!!!! Me encantó, pero me enoja el final!!!!!!
Por la forma de pensar de Damián, que teniendo la posibilidad de cambiar elige no hacerlo, por resultarle muy complicado cambiar!!! Ufa!!!
Pero me encanta como escribís!!!!