Damián 1.0 (Sexta parte)
4.0
En realidad, todo había salido para la mierda. En la oficina, Luciani se ensañó con Damián, que ya de por sí estaba de mal humor por el mero hecho de estar allí. Damián al final se pudrió, largó todo, le dejó un ojo negro a Luciani y se mandó mudar. En el súper, Damián, que pensaba que no había estudiado lo que había estudiado para terminar acarreando changos, al verlo a Luciani en el suelo salió corriendo a buscarlo a Damián, ante la mirada perpleja del encargado que no entendía nada. Sin embargo, Damián no fue a la casa, sino que tomó el 86 rumbo a Flores. Si quería encontrarlo, Damián lo iba a tener que seguir.
Mientras todo esto pasaba Damián estaba sentado en la puerta del supuesto laboratorio. Tocó tres veces el portero, pero nadie respondió. Abatido, en el umbral, presenció todo lo que pasaba en San Telmo. Damián quería que se encontraran los tres en lugar neutral, así que tomó el subte y se bajó en Corrientes y Callao. En Plaza Congreso se reunieron.
Damián pensó que esa situación era insostenible, que no se podía convivir (y menos de manera tan estrecha) con un incivilizado como Damián. Damián, por otro lado, pensó que el sentimiento era mutuo, que ya no se bancaba la forma en que Damián se la creía, y que maldito el momento en que vinieron a parar juntos. Damián trató de suavizar la situación, alegando que desgraciadamente no tenían alternativa, en tanto no encontraran la manera de librarse de las dos facetas artificiales debían tratar de convivir lo mejor posible. Damián pensó que cerrara el culo, que de él había sido la idea de cambiar roles, así que mejor que no pensara más. Damián, en cambio, recordó el arma del padre que dormía desde hace años en el placard. Yo conozco la manera de librarnos de las facetas artificiales, pensó. Damián pensó que estaba loco. Damián, que se puso serio de repente, preguntó cómo iban a saber cuál era la real y cuales las falsas. Ruleta Rusa, contestó Damián. O las cosas salían bien, o salían mal, pero por lo menos terminaban con todo esto. Damián no quiso saber nada. Pero los otros dos, que ya no se aguantaban, por primera vez se pusieron de acuerdo. No le quedó otra que aceptar.
4.1
El revolver estaba apoyado sobre el mantel cuadrillé de la mesa redonda de la cocina. Era un Beretta .22 corto, de seis tiros. En el tambor sólo había una bala. Damián tomó el arma con la mano izquierda, aunque era diestro. Apoyó el caño en su sien, dudó un segundo y apretó el gatillo. Nada pasó. Seguía Damián. La furia no le dejó pensar en el peligro, y con total confianza gatilló apuntando a su cerebelo desde el cuello. Nada. Damián era el menos convencido de esa locura, pero ya estaba ahí, y para qué estirarlo más. Gatilló hacia su sien derecha, y todo siguió igual. Otra vez le tocaba a Damián, que ya no quería saber nada. Gatilló a duras penas y le pasó el arma a Damián. Con el quinto intento Damián ya no estaba tan seguro como antes, pero esta había sido su idea y no podía volver atrás. Finalmente era el turno de Damián. Sabía que estaba condenado. Pero en ese momento decidió romper las reglas, tiró el arma por la ventana, gritó “Váyanse a la mierda” y se fue. En la calle sonó un disparo.
(Continúa…)
- 5 Comentarios
- Sin votos
- Reportar este Posteo


amigo!!! me perdi la parte de ayer, enseguida me pongo al dia, besotes