El Rusito – Capítulo V (Final)

V – Cuida a tu madre

No hubo cambios significativos en la siguiente década. La vida de Vladimir estaba anclada y abandonada, y ahora sólo quedaba vivir lo que reste de la manera en que lo había aprendido a hacer. Solo los chicos crecían, y se hacía más difícil manejarlos. Al terminar la primaria Gervasio descubrió lo que significaba salir con amigos, y disminuyó (mucho) su rendimiento escolar. Si siempre se las había arreglado solo, ahora las cosas se habían puesto de tal manera que (salvo por el dinero) casi ni los necesitaba. Para esa época su tío Julio enfermó gravemente, situación que empeoró con la muerte de su esposa. Con la excusa de acompañarlo en este mal momento, Gervasio aprovechó para pasar con él una larga temporada, manejándose solo y sin soportar todo el fastidio habitual de vivir en su casa y con sus padres. A Vladimir la ausencia de su hijo le quitaba la única razón válida para volver a su casa, y sin embargo lo hacía para cuidar las formas. Pero argumentaba exceso de trabajo y en realidad sólo se quedaba a dormir. En parte lo del exceso de trabajo era cierto, más o menos por esa época llego la hiperinflación y había que meter horas extras por donde se pudiera. Cuando asumió el Turco y las aguas bajaron un poco Vladimir continuó de todos modos con sus “horas extras”. La relación con Mónica era en la práctica un noviazgo, la visitaba casi todos los días, de vez en cuando salían, pero no se quedaba a dormir en casa de ella. Mónica jamás le había pedido dinero, pero él se sentía obligado a hacerle algún regalo de vez en cuando. Esto le provocó un par de broncas con Victoria cuando descubrió que en el resumen de Argencard venía el detalle de los gastos realizados. Nunca pudo explicar convincentemente el restaurante y la boutique, y menos mal que el hotel aparecía sólo con la razón social. Por supuesto que Victoria era conciente de sus cuernos, pero no dejaba de ser la hija de Pablo y Teresa Quiroga, y podía soportar una traición, pero no una evidencia. “Si hay miseria que no se note” había aprendido de chica, y jamás se había cansado de repetirlo.
La salud de Victoria había comenzado a decaer. A ninguno de los dos le gustaba ir al médico, pero cuando no quedó alternativa Victoria se enteró de que tenía un fibroma y que era necesario operar. A principios del ’91 la internaron en el Penna, y por esta circunstancia Vladimir se sintió más cerca de ella que nunca en los últimos años. Por esos días dejó de ver a Mónica, en principio hasta que Victoria se repusiera. Las cosas resultaron diferentes.
A Victoria la operaron en enero. Cuando Vladimir fue al hospital a recibir el parte del médico se enteró de que Victoria había dado su consentimiento para que le extirparan sus órganos reproductivos. A pesar de que su vida sexual en común había terminado hacía tiempo, la noticia lo destrozó. Ambos se acercaban ya a los cincuenta, y ya no estaban para tener hijos, pero una confirmación tan brutal atacó a Vladimir directamente al cuerpo. Hizo un pico de presión que lo obligó a internarse en una cama del mismo hospital donde se recuperaba su esposa. Y ya nunca volvió a ser el mismo.
A partir de allí el mundo se volvió confuso para Vladimir. Nunca pudo entenderlo del todo bien, pero era como si ya no tuviera obligaciones ni responsabilidades. Se sentía como un chico, en todos los sentidos. Y sufría. Sufría porque no se sentía dueño de su cuerpo, que ya no le respondía como antes. Sufría porque no se sentía dueño de su mente, que había dejado de realizar las tareas más cotidianas. Sufría porque apenas se daba cuenta de quienes lo rodeaban, y tenía una vaga memoria de aquellos a los que ya no veía. Sufría porque ya no se sentía Vladimir Casanseu. Recordaba su vida como un sueño, con huecos y lagunas por todas partes, y sin reconocer por completo a los personajes que en él aparecían. A veces confundía a Victoria con Mónica, y no estaba seguro de si el adolescente que entraba y salía de la casa era su hijo (¿cómo se llamaba?) o si su hijo era el otro que lo acompañaba. Todo el tiempo le decían que se cuidara, pero el prefería escaparse de casa a comer un sándwich de milanesa en un bar, total igual se iba a morir. Un día metió algo de ropa en una valija, agarró la plata del sueldo que aún le pagaban, y de alguna manera llegó a Retiro y sacó un boleto de ómnibus hasta Gualeguay. Tuvo el vago recuerdo de estar un tiempo con la familia de su esposa y volver sin un mango y apoyado en un bastón. Un día el chico se le plantó delante y le dijo entre lágrimas que no lo podía ver así, que él era su padre y cuando más lo necesitaba en su vida no estaba y que por qué lo dejaba solo justo ahora. Y mientras Gervasio lo abrazaba el se sintió orgulloso de su hijo, y al mismo tiempo infeliz por no poder darle lo que le pedía, y entonces también lloró.
Varios siglos duró esta situación, y al final terminó acostumbrándose. Cada tanto venía su cuñada Amelia a visitarlo, y entonces ellos dos y Victoria se iban al Hospital Penna a que una doctora lo revisara y le dijera lo bien que estaba aunque ni ella misma se lo creía. Se terminaba el ’92, mientras viajaban una tarde a su consulta de rutina le recordó a su mujer que pronto llegarían las fiestas y había que comprar turrones, nueces y pan dulce. Victoria le prometió que a la vuelta iban a pasar por el almacén. Pero ese día la doctora no le sonrió ni le dijo que estaba todo bien. Se llevó a Victoria aparte y volvió al rato con una Diet Pepsi y una orden de internación. “Cagamos” pensó Vladimir, y de golpe todo en su mente se aclaró.
Lo primero que le vino a la cabeza fue su padre, a quien hacía tiempo que no veía y que vivía como un ermitaño en su quinta de viudo en Tortuguitas. “Soy el único que sabe donde vive” se dijo, y pensó en su hijo, que perdería padre y abuelo al mismo tiempo. Entonces su memoria trajo a su madre, que se había ido de un cáncer hacía veinte años. Y otra vez en Gervasio, claro, que ahora quedaría al frente de la casa. Y en Victoria. Victoria. Histérica, ciclotímica, impredecible, con un incipiente alcoholismo, un tabaquismo irreversible y siempre atenta a la mirada de los demás. Comprendió que jamás había amado a nadie de la manera en que amaba a esa mujer. Entonces se abrió la puerta del consultorio y ella entró, con la mirada enrojecida y una inusual dulzura en la voz.
-Te van a llevar unos días al Hospital Aeronáutico, ¿sabés mi amor? Amelia fue a llamar a Gervasio para decirle que estamos bien. Con un poco de suerte para navidad ya estés de vuelta en casa.
-No me jodas, Victoria. Me voy a morir.
Victoria no sabía fingir en esos casos. Antes de abrir la boca ya estaba llorando. Se abrazó a su marido como no lo hacía desde años atrás. Ninguno de los dos volvió a abrir la boca. Se quedaron abrazados, viendo desfilar las imágenes por su mente. Vladimir subido a un árbol, juntando orquídeas para Victoria. Una cena en Hipopótamus, con una manzana lustrada de postre. Unos pantalones pata de elefante de corderoy que le regaló para su cuarto aniversario de casados. El día que le pidió matrimonio, en una situación parecida a aquella (pero qué distinta, si ya sabía que de ésta no salía). Golpearon la puerta y entró Gervasio. Seguramente ya le habrían dicho algo, porque el terror se le notaba en la cara. Con cara de culpa empezó a decir las mismas boludeces que ya había dicho Victoria, “vas a estar bien, es solamente un control, para las fiestas vas a estar en casa”.
-Cuidá a tu madre –dijo Vladimir. Hacía tiempo que no se sentía tan lúcido y dueño de sí mismo-. Ella te va a necesitar, no la dejes sola. Te quiero, hijo, y estoy muy orgulloso de vos.
Gervasio lo miró como si no entendiera. Al rato llegaron unos camilleros y lo metieron en una ambulancia. En el viaje sintió una puntada en la cabeza y cuando le pusieron una mascarilla entendió que lo iban a dormir. Antes de que la anestesia le ganara se acordó de Alejandro, su hermano. Pensó que morir de ese modo tal vez no fuera tan malo. Despertó en una sala de hospital. Tenía cables por todos lados, una mascarilla y una bolsa de suero colgando a su izquierda. Se imaginó que habría más pacientes, pero no podía moverse para comprobarlo. Entonces aparecieron otros camilleros y lo llevaron por los pasillos del hospital nuevamente hacia otra ambulancia. Hicieron un viaje largo, que pudo haber durado media hora pero se sintió como de tres días, y al llegar le volvieron a poner anestesia. Vladimir alcanzó a pensar si no se habría muerto ya y esto no era otra cosa que el infierno.
Volvió a despertar lleno de cables, pero en lugar de la mascarilla sentía un tubo que se le metía por la boca y le llegaba a los pulmones. Un respirador se encargaba de llenarlos y vaciarlos, y el ruido que hacía le hizo pensar en Darth Vader. No era gracioso. Ya era de día, podía sentir el sol que buscaba un lugar en el cuarto, y sin embargo eso no lo hacía sentir más cómodo. Al rato llegó Gervasio. La expresión de culpa seguía en su rostro como una marca.
-Menos mal que te encontramos. Estuvimos un día entero sin saber nada de vos. En el Aeronáutico no sabían a dónde te habían trasladado, y mamá y yo nos habíamos preocupado. Mirá, lo único que quiero decirte es que te quiero mucho, viejo. Yo sé que desde hace bastante que las cosas andan mal, pero es que yo no me puedo resignar a verte así. Yo quiero volver a tener al papá que me llevaba a andar en coche por toda la ciudad para mostrarme los lugares que no conocía, el que me llevaba a su trabajo, al cine, el que me despertó un domingo a las cuatro de la mañana cuando le dije que quería ver amanecer desde la costanera. Me hace mal ver como estás, y ya sé que te hace peor que te lo diga, pero es así y te lo tengo que decir antes de que… antes de que no tenga otra oportunidad. No sos el mejor papá del mundo, pero sos el que tengo, y estoy muy feliz de tenerte. Ahora me voy, el horario de visita es corto, y mamá también te quiere ver.
Cuando Gervasio salió de la habitación a Vladimir se le empañaron los ojos. Enseguida entró Victoria.
-Ay, Ruso –dijo, y se le notaba la tristeza-, yo sabía que un día te ibas a cansar y me ibas a mandar a la mierda, pero no pensé que iba a ser de esta manera. Todavía no te fuiste y ya te extraño. La casa está más tranquila sin vos, pero yo no quiero esta tranquilidad. Prefiero escuchar nuestros gritos, nuestras peleas, y saber que mañana los voy a volver a escuchar. Hicimos mal las cosas durante todos estos años, siempre quisimos más, y no le dimos valor a lo que teníamos. Y ahora me vengo a dar cuenta de cuanto te quiero, Ruso –Victoria no pudo contenerse y comenzó a llorar-. No sé si me vas a poder hacer caso, pero quisiera que te quedaras conmigo. Te prometo que las cosas van a cambiar, voy a ser más cariñosa y no voy a pedirte más de lo que me podés dar. Es más, no voy a pedirte nada, únicamente que no me dejes. No me dejes, Ruso.
Las lágrimas de Victoria mojaron la cara y las sábanas de Vladimir cuando ella se inclinó para besarlo. Luego de un rato en silencio la enfermera entró para anunciar el final del horario de visita. Vladimir se sintió lleno de una paz que nunca antes había sentido. Pensó un momento en Mónica, y lamentó no poder despedirse también de ella, pero considero que con esto alcanzaba. De a poco, y sin ninguna ayuda química, fue cayendo en el más sereno y confortable sueño del que jamás tuvo memoria.
Siete días más duró la agonía de Vladimir, pero él no despertó para enterarse.

Muchas gracias a todos los que siguieron la historia de Victoria y Vladimir. Me enorgullece el tiempo dedicado y los afectuosos comentarios recibidos. Ahora me queda la penosa responsabilidad de estar a la altura de las circunstancias. Gulp!


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m-p-
17 Julio 2008, 14:52, Reportar este Comentario m-p- dijo

Simplemente hermoso…
Te cuento algo loco?? Estoy leyendo un libro que se divide en tres partes… En cada una de las partes el autor cuenta la historia como la vivió cada uno de sus tres protagonistas… Tal y como hiciste vos con Victoria y Vladimir…
Besotes!!!
Pau
p.d. me voy a tu otro blog y mil gracias por tus palabras en cada uno de tus comentarios en el mío… Me llenaron los ojitos de agua salada!!!

M. J. Howlin
17 Julio 2008, 15:48, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Muchísimas gracias Pau. Esa idea está desde el comienzo claro, pero también cuando escribí El Rusito también necesitaba aclarar unas cuantas cosas que me habían quedado en blanco de la vida de Victoria. Es así que se complementan y de paso resultó un divertido experimento literario, entre otras cosas. Te dejo un besote!

17 Julio 2008, 16:15, Reportar este Comentario plx dijo

QUERIDO AMIGO, HISTORIA INTENSA, FINAL EN SINTONÍA. SU FACILIDAD PARA DESCRIBIR SITUACIONES, TIEMPOS Y ESPACIOS, CON SECUENCIAS DE ALTO VALOR NARRATIVO, ME HACEN RECONOCERLO COMO UN BLOGER DE NIVEL. ME HONRA LEERLO Y LO FELICITO POR ESTA HISTORIA QUE QUIZÁS MEREZCA PAPEL… V&V… AFECTUOSAMENTE, POLUX

Atenea

buaaaaaaaaaaaaaa!!!!
pero qué tenía???. qué le pasó???
sufrir tanto en la vida para morir asi…
con tantos secretos…..
muy buena la hisotria…
de verdad….
besos :)

M. J. Howlin
17 Julio 2008, 17:17, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Pólux, Dulce, muchas gracias. Dulce, algunos de los secretos de Vladimir y las causas de su muerte tal vez estén mas claras en Araca Victoria! Muchas gracias y besos a los dos por sus elogiosas palabras.

esebebe
18 Julio 2008, 07:21, Reportar este Comentario esebebe dijo

Historias de vida, cuantas hay (muy bien llevada por vos)
Pensar que casi siempre damos las cosas por sentadas, o dejamos pasar , dejando de comunicarnos con el otro por diferentes razones, olvidandosnos que el tiempo vuela, y que los silencios solo incrementan distancias, que tenemos esa p.t. costumbre de no aclarar debidamente nuestros sentimientos con las personas que queremos(familia, amigos, parejas) a veces tenemos tiempo, otras no.
Reitero muy bueno, y te deseo un muy buen fin de semana y que el dia del amigo lo festejes y disfrutes junto a aquellos que ya sembraron su semilla en tu corazon, un beso

M. J. Howlin
18 Julio 2008, 07:31, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Muchas gracias Silvi, trataré de que así sea!

eugemartinucci

ay la pucha, me dejaste angustiada!
bien, amigo!
besitos!!

M. J. Howlin
18 Julio 2008, 21:31, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Gracias Euge!!!!

Anónimo
20 Julio 2008, 14:13, Reportar este Comentario Anónimo dijo

Pedazo de historia! Pedazo de técnica narrativa! Me encantó.
No suelo buscarle la moraleja a los relatos….pero esta historia si me deja una reflexión: cada vez estoy más convencida de que el apego al pasado y el temor al futuro es lo que nos caga el presente.
Muy bueno lo suyo…lo respeto y lo admiro Sr Cain Quemero.
Chapeau!

M. J. Howlin
20 Julio 2008, 14:36, Reportar este Comentario mjhowlin dijo

Muchas Gracias Lils, me hacés sonrojar. Dendeveras.

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