Peponcia
La primera vez que te vi me pareciste apenas una bola de pelo. Pero enseguida sacaste los brazos y cuando noté que tenías forma humana sentí que el piso se me movía. Enseguida el médico dijo “felicidades, es una nena”, y ahí sí me olvidé de lo que quedaba de tu madre tirado en la camilla, de la videocámara lista para filmar, del obstetra, de la neonatóloga, de todo. Después, a lavarte, y vos mirabas tus manitos todo el tiempo, no entendías lo que pasaba, qué era este lugar nuevo donde habías aparecido, tan cómoda y calentita estabas en la panza de mamá, y ahora ahí, en medio de gente extraña y sintiendo por primera vez cosas como frío, luz, ¡hambre!
De a poco fuiste descubriendo otras cosas, la ropa, los mimos de tus padres, la teta, el dolor cuando te pusieron los aros (ahí nosotros conocimos lo que es sufrir por un hijo), tu casa. De a poco fuimos descubriendo nosotros lo que es despertarse tres veces por noche, cambiar pañales, desesperarse porque nuestra bebé llora y grita y no sabemos como calmarla, llamar al pediatra a las dos de la mañana, aprender nombres de medicamentos. Pero también ver caer tu ombliguito, verte crecer, kilo a kilo y mes a mes, ver aparecer tus dientitos entre lágrimas y paracetamol, y una mañana, mientras te cambiaba los pañales, escucharte decir “papá” mientras se escapaban unas gotitas saladas de mis ojos. Después te largaste a caminar, y antes de que nos diéramos cuenta llegaste solita solita a tu primer año. Hoy estás cada día más grande y más linda.
Tu mamá y yo te queremos mucho.
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Felicitaciones Papà!!!
Has hecho un relato con mucha sensibilidad!
Larga vida para la niña!!!
saludos
Federic