Olvídalo, Cariño/25
Capítulo XXV: Yo
Javier le preguntó a Paula quién era. -Omar Siracusa –contestó ella-. Fue mi primer novio. Yo estaba en la primaria y el en la secundaria. No lo veía hace años. -Pau, qué lindo que te acuerdes de mí. La verdad que yo me acuerdo bien de vos. Eras re tiernita pero cogías bárbaro. Me acuerdo y me dan ganas de echarte un polvo antes de matarte. -¡La puta que te parió! ¿Vos también estás con el gordo asqueroso este? -No, nena. Este gordo asqueroso está conmigo, más bien. -¡Ché, gordo asqueroso tu abuela eh! A ver si liquidamos el asunto prontito que no me quiero quedar mucho rato acá. Albornoz, ¿Hay noticias de Zachari? Un tercer hombre que estaría en el garaje entró en escena. -Me acaba de llamar, jefe. Se viene para acá con el viejo ese y una mina. -¿Y la mina de donde la sacó? -Dice que la tuvo que tomar de rehén para poder sacar al viejo del bar. -Pero este tipo es un pelotudo –dijo el gordo mirando a Siracusa. -Bueno, en definitiva el enchastre después lo limpia él –dijo el Tullido-. Pero a ver si nos dejamos de matar gente que ya es demasiado. Javier se alegró de saber que el Maestro estaba vivo, pero entendió que estaban en problemas y que había que zafar de esta, ante todo. Entonces se puso a recordar las cosas que tenía pendientes hacer en la casa. Una de ellas era poner una puerta Pentágono. Hacía rato que pensaba en que debía hacerlo. No era posible que hubiesen entrado tan fácil a la casa. La segunda era encolar bien la pata floja de la mesa que se caía a cada rato. La tercera era ponerle tapa a la caja de la luz. La térmica estaba a la vista, igual que el botón de corte. Javier aprovechó que la atención estaba puesta en Albornoz y lo apretó con un rápido movimiento. La casa quedó a oscuras y de inmediato se oyó un disparo. Paula entendió el mensaje y se metió debajo de la mesa. Méndez y Siracusa empezaron a dar órdenes a los gritos, la mayoría de ellas contradictorias entre sí. Javier en la confusión aflojó con cuidado la pata de la mesa. Entonces le dio con todo a un par de piernas que había ahí. Cuando Albornoz cayó lo remató de un palazo en la cabeza. Luego agarró la 9 mm. que llevaba en la mano y le disparó a un bulto. Entonces vio a otros tres salir por la puerta. Un gordo, un rengo y una mujer. Tenían a Paula. -Flaco, dejá de hacerte el héroe que la negra es boleta. Prendé la luz y venite para acá. Javier subió el interruptor de la térmica y volvió al garaje con las manos en alto. Méndez sostenía a Paula con un brazo mientras con el otro apoyaba el arma en su cuello, apuntando a la cabeza. Siracusa le quitó la pistola y Mendéz se separó de Paula para apuntarle a los dos. -Voy a ver como están Albornoz y Romero –dijo el Tullido y se dirigió de vuelta al comedor. No tardó en volver. -Romero está muerto. Este hijo de puta le dio en el bobo. Allá es un enchastre de sangre. Albornoz está vivo pero inconsciente. Le dio un buen palazo en la cabeza este cabrón. Debería bajarte acá mismo. Vamos a esperar que venga Zachari. Son dos menos, pensó Javier, pero todavía estamos jodidos. En eso sonó el timbre. Siracusa fue a abrir. Era Zachari. -Me cago en estas calles en pendiente –dijo al abrirse la puerta-. Vengo resoplando hace dos cuadras. Me cago en La Lucila. -Dejá de cagarte tanto que perdimos a Albornoz y Romero. ¿Ellos quienes son? -El viejo estaba con la Karen y sabe demasiadas cosas que no debería saber. A la flaca la tuve que agarrar por el camino de rehén para que el viejo camine. -Oíme, acá adentro hay que limpiar. Albornoz está muerto, y a Romero no le falta mucho. Ahora nos vamos a la base y ahí nos ocupamos de estos, pero después vas a tener que venir para ocuparte del quilombo que quedó acá. Afuera están el auto de Saúl y el de Albornoz. Nosotros dos nos vamos en el de Saúl con las minas. Vos ponelo a manejar al de anteojos y viajá atrás apuntando al jovato. ¡Saúl, traélos! Méndez salió de la casa precedido por Javier y Paula. Cuando estaban listos para subirse a los autos se escuchó un grito. -¡¡¡¡¡MERCURIOOOOO!!!!! Rodando cuesta abajo venía la silla de ruedas con Miguel a bordo. Logró tomar por sorpresa a todos y mientras con una mano dirigía (como podía) la trayectoria de la silla, con la otra llegó a hacer dos disparos. Uno pegó en el brazo derecho (el bueno) de Siracura y lo obligó a soltar el arma. El otro pegó en la pierna de Méndez. Zachari levantó el arma para apuntarle y en el momento de disparar Vanina lo golpeó con su cartera y le hizo desviar la bala. La silla de ruedas embistió directamente a Zachari. Méndez alcanzó a dispararle pero rebotó en un travesaño de acero y fue a dar contra la cara de Zachari. Fue entonces cuando Javier tomó el arma de Siracusa, el Maestro la de Méndez y la situación quedó finalmente bajo control.


qué desbole. se encaja una pieza y se salen dos de lugar. cuando cuernos termina???