El Héroe – Intro
El cuerpo de Habnna ardía sobre la pira, y Effeo miraba. Durante toda su vida había sido un pobre campesino de las afueras de Menfis. El círculo vital de siembra y cosecha abarcaba su existencia entera. Pero sabía que más allá había maravillas dignas de ser vistas. Y vividas.
Sin embargo, no era Egipto lo que a Effeo llamaba. Habnna no era egipcia, sino acadia. Y había atravesado el desierto con Effeo en su vientre hacía ya más de veinte años. Ella había sido madre, maestra y ejemplo. Ahora era el tiempo de volver sobre sus pasos.

La mañana presentó a Harziful el espectáculo de las cenizas de Habnna y la embriaguez de Effeo. Desde que Habnna llegó a Menfis, Harziful fue su fiel criado. Habnna lo encontró siendo un niño que mendigaba en la ciudad, y le dio techo y comida. Poco después la asistió en el parto y ya nunca más se separaron. Effeo creció como amo de Harziful, pero en muchos aspectos era su hermano menor. De manera que cuando Harziful encontró a Effeo junto a la pira, inmediatamente tuvo que preguntarle qué había pasado.
-Fue anoche –contó Effeo-. Luego de la cena comenzó a tener fuertes dolores. Luego de un par de horas murió.
Harziful estaba desconsolado. Habnna era de alguna manera su madre, pero no podía reclamarle nada a Effeo por no avisarle. Él estaba volviendo de la ciudad, adonde había estado los últimos tres días. La muerte de Habnna lo tomó por sorpresa. Effeo así lo entendió y le dio un abrazo fraternal.
-Harziful, a partir de hoy eres libre. La granja es tuya. Me marcho de Menfis.
-¿Cómo? –preguntó Harziful consternado- ¿Tu también me dejas?
-Este no es mi lugar, debes comprenderme. Debo regresar allí de donde vino madre. Debo buscar a mi padre.
-Effeo, no importa ya tu padre. Tú eres un hombre y puedes hacerte cargo de la granja. Con gusto te serviré a ti de la misma manera que he servido a tu madre.
-No es eso, Harziful. Mi madre vino a Menfis cuando quedó preñada de mí porque no podía tener un hijo bastardo. Mi padre nunca reconoció su paternidad, pero es tiempo de ir a reclamarla. Él tuvo sus motivos, me dijo ella, y posiblemente así sea, pero me debe, y he de cobrarme. En todo este tiempo me quedé aquí por el deseo de Habnna, pero ya no. Tengo que ir en busca de mi derecho de nacimiento, mi identidad, mi casta. Debo partir en busca de mi padre.
-¿Pero sabes acaso adonde está o quién es él? Vamos, Effeo, la única que podría encontrarlo es Habnna y está muerta.
-Te equivocas, Harziful. Mi padre es un gran hombre, un gran héroe. Es el Rey de Uruk. Su nombre es Gilgamesh.
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Ahhhh bueeeeeeeno. Lindo escenario se eligió.
Me encantó esto!
Y que lo lleve a Harziful, total…
(ay madre, lo que me va a costar memorizar estos nombres)