Copérnico’s Bar, un lugar del mundo
Lo primero era conseguir el lugar. Eso de por sí parecía complicado. Un local pequeño no servía, tenía que ser algo grande pero bien ubicado. Al principio encontramos viejos restaurantes que de todos modos nos resultaban chicos. También nos ofrecían galpones. Ediliciamente estaban mucho mejor, pero muy mal ubicados para lo que era nuestra idea, en general calles interiores con muy poco movimiento comercial. Si el bar funcionaba como esperábamos el movimiento se generaría solo, pero no quería arriesgarme a que alguien no lo encontrara. Finalmente apareció el lugar perfecto. Era un viejo cine sobre Rivadavia entre Caballito y Flores, a mitad de camino de dos centros comerciales en la gran divisora de aguas porteña. A mí me pareció inmejorable.
El segundo tema fue el equipamiento. Dado el concepto que tenía y las necesidades al respecto entendía que para conseguir el mobiliario y las instalaciones iba a tener que moverme bastante. Lo primero fue armar el microcine. En realidad, microcine y miniteatro a la vez. Mandé hacer un pequeño escenario de 3 x 2 y 40 cm. de altura. Compré un proyector Epson con una pantalla de 84” y un home theatre Philips de 1000 w. de potencia. A eso le sumé ocho filas de seis butacas y un cerramiento en el entrepiso donde armé la sala. Afuera, en el resto del entrepiso, una serie de anaqueles que llenaría de libros para la biblioteca/libería.
Abajo, por supuesto, una barra de 10 metros de largo, sillas y mesas. Pero también el espacio para la disquería, el videoclub, el escenario para bandas y performances, pista de baile y un living con sillones y mesas ratonas. Y el piano. No iba a faltar un piano vertical en mi bar. La ambientación sería retrofuturista, tomando como modelo la estética del Star Trek original. No me resultó barato llevar a cabo el proyecto. Mi propio capital no alcanzaba, de manera que tuve que conseguir varios sponsors que financiaran mi aventura. Afortunadamente la idea resultó atractiva, de manera que en relativamente poco tiempo aparecieron una gaseosa, una cerveza, una bebida energizante, otra bebida alcohólica, una editorial, una comiquería y una discográfica dispuestas a auspiciar esta locura. Finalmente, un día del mes de diciembre el bar estaba listo para abrir sus puertas.
La entrada principal daba a la avenida. En lo que antaño era el hall del cine funcionaban la disquería y la comiquería. A través de una arcada se ingresaba al bar. La barra estaba ubicada sobre el costado izquierdo, dejando un amplio espacio para mesas y sillas hasta el fondo. Sobre el costado derecho estaba el living, que constaba de 5 grupos de sillones con lugar para 10 personas en cada uno. Al fondo estaba el escenario original del cine, con su respectiva pantalla, en la que permanentemente se proyectaban videos de todo tipo. La música era bastante ecléctica, pero con predominio de rock clásico, blues y jazz. A veces sonaban ritmos más inusuales, como bossa nova, céltica o new age. Subiendo la escalera se accedía a los baños, el microcine, la librería y un living más pequeño donde se permitía leer los libros usados que prestábamos a modo de biblioteca. Un staff de 25 personas atendían las distintas secciones del complejo.
Desde su apertura en el bar sucedieron miles de cosas. Algunas olvidables, y otras que vale la pena contar.
Mi nombre es Copérnico. Este es mi lugar, el de mis sueños.
Sean bienvenidos a esta casa.
Salud (dinero & amor) – Andrés Calamaro
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Cómo resistirse? Ya estoy allí. Besos y salud para vos!!!
Tishy