Olvídalo, Cariño/9
Capítulo IX: Lucía
Es verdad, no me puedo quejar.
Hago lo que me gusta, la paso bien, no tengo problemas de guita, tengo mi casa y mi familia.
A veces, hasta tengo la oportunidad de darme gustitos.
Ayer, sin ir más lejos, nos dio ganas de cenar afuera con Javier y Martín.
Nos fuimos a la parrilla de Caseros y Entre Ríos. La verdad, cenamos bárbaro. Pedimos una parrillada y una provoleta para cada uno, con una botella de tinto (coca para Martín) ensalada mixta, ensalada rusa y flan con dulce de postre. Javi se pidió un helado y Martín un panqueque.
Y no va que la pelotuda esta me tira una jarra de vino en la cabeza.
Ni siquiera me estaba atendiendo a mí la muy boluda, pasó por al lado, se tropezó y me bañó en blanco barato.
Porque para colmo se notaba que era barato.
Después nos invitaron la consumición, no nos cobraron nada, nos pidieron mil disculpas, pero para ese momento yo chorreaba vino hasta del culo.
Y ahora la tengo a la pelotuda esta tocándome a la puerta de mi casa.
Va a tener que explicarme muy bien el Maestro qué carajo hace acá.
El Maestro.
A veces no me termino de acostumbrar a decirle Maestro.
En una época el Maestro era mi tío Hugo. Venía siempre a mi casa y me llenaba de juguetes, golosinas y pelotudeces. Y por sobre todo de amor. Después las cosas le salieron mal y fue a parar a la calle. Nosotros quisimos ayudarlo, pero él no lo permitió. Nos dijo que cada uno era arquitecto de su propio destino y que no podía permitirse el afectar el nuestro con lo que le pasara a él. Y se fue a vivir a la calle. Nunca perdió el contacto, pero fue cambiando. Yo diría que se hizo más sabio. Después, cuando me junté con Javi y vino Martín, de común acuerdo decidimos reservarle para él la pieza del fondo. Así que cada tanto viene y se queda unos días. El dice que esta es su cueva, donde descansa de las heridas de la lucha. Está medio chapita, pobre viejo, pero es divino.
Lo que no entiendo es a qué vino con esta mina acá. Todavía lleva puesto el uniforme de la parrilla, pantalón negro y camisa blanca. La otra por lo menos anda más decente, más de calle. Aunque cualquiera diría que no quiere que la reconozcan. Lleva una pollera de gasa de colores, blusa fucsia, lentes negros y una peluca rubia. Sí, una peluca. Años cortando el pelo no fueron al pedo. La minita de la parrilla me mira. No sabe donde meterse. Me parece que me fui al carajo. Bueno, pero te quiero ver a vos bañada en vino barato.
-Perdoname por lo de anoche –me dice-, te juro que fue sin querer. Me pasó un tipo por al lado y me hizo perder el equilibrio justo cuando estaba al lado tuyo…
No me puede mirar a los ojos. Pobre. Me empieza a dar lástima.
-Entonces ya se conocen –me dice el Maestro-. Lucia, mi encanto, hoy por fin necesito tu ayuda. Y especialmente la de Javier.
Los invito a pasar. Martín está jugando a la pelota en el patio. Javier está en su estudio con la compu. Como siempre.
-¿Se toman unos mates?
-Por favor –me dice el Maestro.
-Martu, andá a comprar unos cuernitos a la panadería. Esperen que lo llamo a Javi.
-Nena, ¿te jode si mientras…?
-Cómo me va a joder tío. Dale.
Las dos chicas se sientan a la mesa del patio mientras me voy a poner el agua.
Será momento de hablar.
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mmmmmmmm,javier sera javier? o tambien habra sorpresas? mmmm,che me mata el suspenso,toy como loca……