Olvídalo, Cariño/6
Capítulo VI: El Maestro
Linyera. Si esta pendeja supiera todo lo que viví hasta llegar acá.
Cuando esta pendeja no había nacido estaba viviendo en el Ritz de París, desayunando caviar todos los días, en la época de la maravillosa Plata Dulce. Yo era director ejecutivo de una de las empresas más grandes del mundo y tenía absolutamente todo lo que se me ocurriera. Allá lo conocí a Julio. Argentinos que se cruzaban en el camino, era casi la única persona con la que podía compartir mate y charlas. Alguien tan iluminado terminó ejerciendo una influencia definitiva sobre mí. Cuando murió renuncié a todo y me volví a
La calle es dura, me cago en el lugar común. Esta chica Karen lo sabe bien. Los travestis la volvían loca. Una mina que está buena es competencia desleal por esta zona. Pero ella lo manejó muy bien, se hizo respetar. Además está el pibe que la cuida, el Rafa. Si no fuera por el Rafa ella la hubiese pasado bastante peor. El Rafa es un pichi, se cree pulenta pero no es más que otro miserable engranaje del sistema. Maneja cinco gatos y le guarda la merca a los grossos, pero no deja de serun amateur. Un día de estos va a aparecer con un tiro en la frente, no me caben dudas. Pero mientras la cuida a esta piba, que es de oro. Si yo creyera que venimos con un objetivo a esta vida, diría que el de Rafa es cuidarla a Karen. Tuvo una vida de mierda la pendeja. La madre era yiro, también, y la cuidó como pudo mientras pudo. Ella terminó la primaria y hasta empezó la secundaria. Pero entonces la mataron a Daisy y quedó en pelotas. Fue por esa época que el Rafa la adoptó, como una hija al principio, pero no por demasiado tiempo.
En cuanto a mí, al principio costó, pero lo tomé también como una aventura. Me pasé la primera mitad de la vida en la cima de la pirámide social, ahora era tiempo de conocer la otra punta. Conocí la soledad, la desconfianza, el desprecio de la gente (en muchos casos la misma gente que en otro momento me hubiese lamido el ojete con el mayor orgullo). Conocí lo que era manguear pan a las panaderías. Lo que era pedir una moneda y sentirme agradecido por que me la dieran. Y conocí la verdadera amistad desinteresada. Daisy siempre supo que yo no tenía nada, así que no puedo dudar en considerar su amistad como absolutamente franca. Más de una vez llegó a prestarme su cuerpo porque sabía que era la única posibilidad que tenía de volver a estar con una mujer. Pero por sobre todo,
Ahora viene a verme con la otra pendeja.
Esta mina anda en problemas.
- 24 Comentarios
- 6 votos
- Reportar este Posteo


“No permitas que te hagan responsable de los sentimientos ajenos” (Abel Desestress)
Un abrazo.
Con amor. Abel