60 minutos
Ya nos habíamos visto un par de veces. Ella era linda, simpática e inteligente, pero se hacía desear, y yo sabía que la cama no era alternativa válida para la primera cita. De manera que mis ganas fueron creciendo, y para el tercer encuentro decidí tirar con toda mi artillería.
Era sábado a la noche. La pasé a buscar 20.30 horas por su casa y la llevé al mejor restaurante de Las Cañitas. A esta altura, por supuesto, tenía claro que la batalla estaba prácticamente ganada, pero no quería perder de vista esos detalles que harían que la noche simplemente fuese ideal. A eso se debieron, por supuesto, la docena de rosas y la caja de bombones con forma de corazón. A eso se debió la elección del lugar, plenamente romántico, con luces bajas, velas, cocina internacional y una pequeña banda de piano, batería y contrabajo tocando jazz para los comensales.
Efectivamente, ella se derritió. Besos, mimos y arrumacos se sucedieron durante casi toda la noche, solo interrumpidos por una pausa para comer el exquisito salmón rosado con salsa thai y papas noisette (cortadas a mano) que era la especialidad de la casa. Un rico sauvignon-blanc acompañó el menú, coronado por un volcán de chocolate con frutos del bosque que terminó de despertar en nosotros el deseo por el cuerpo del otro.
Debo confesar a esta altura que la jodita me salió bastante cara. Entre taxis, entrada (una exquisita copa de camarones) plato principal, postre, cubierto y propina me había gastado casi toda mi guita y apenas me quedaba para un turno en el hotel más cercano. A él nos dirigimos, y todavía no era la medianoche cuando entramos a una de sus más lujosas habitaciones, dispuestos a pasar uno de los mejores momentos de nuestras vidas. Entramos, no nos apuramos para nada, nos sentamos en la cama y comenzamos a saborear esos deliciosos bombones, siempre entre besos y caricias. Lentamente comenzamos a quitarnos la ropa el uno al otro, y mis dedos estaban buscando los ganchos que soltarían su bretel.
Sonó el teléfono.
-Señor, le informo que en diez minutos finaliza su turno.
-¿Cómo que se termina el turno si acabamos de entrar?
-Señor, los sábados en este horario el turno es de una hora y treinta minutos. Su horario de entrada fue a las 23:45, y ya es la 1:05.
-¡Oiga, recién son las 00:05!
-Señor, por decreto número 1693 del Poder Ejecutivo Nacional a las doce de la noche se adelantó una hora en la mayor parte de las provincias del país, por lo tanto en este momento es la 1:07. En 8 minutos finaliza su turno, que tenga buenas noches.
Puteando volví a abrocharle el corpiño.
El asunto no es que te afanen una hora, el asunto es que siempre lo hacen un sábado a la noche y lo que te afanan es una hora de joda, no sólo de vida.
¿Por qué para el año que viene mejor no cambian la hora un viernes a las cinco de la tarde, eh?


Jajajajaja… que bueno che!!
Saludos