Uno más
-Juancito, vos estás loco –me dijo el Tano.
-Tano, entendeme, es amor…
¿Será amor? La veo dos veces por semana, desde hace meses. Su dulzura me derrite. Su belleza me acerca a la ceguera. ¿Alcanzaría eso para llamarlo amor?
-Dale, Juan, una cosa es que la mina te guste y que te enganches, pero no podés decir que te enamoraste de ella –retrucó el Pulga.
-¿Y cómo lo llamarías vos? Si lo único que quiero es estar con ella…
Ya pasaron más de dos años de que se fue Liz. A ella sí podría llamarla sin dudarlo “El amor de mi vida”. Si pudiera volver con ella no lo dudaría ni un segundo. Pero la leucemia no devuelve a la gente.
-Efervescencia de la pija podría ser una buena denominación, Juancito –mandó Rogelio-. Dale, macho, tenés bien claro que no podés enamorarte de ella…
Cuando la conocí estaba en el peor momento de mi duelo. No es que haya terminado, lo sé, pero ese era definitivamente el peor momento. Sufrí mucho, fueron muchos años a su lado, y verla deteriorarse y morir como la vi fue demasiado para mí. Y para Matías, pobrecito, algún día iba a ver morir a la madre, pero no tenía que ser tan pronto ni de esta manera…
-¿Y por qué no puedo enamorarme? ¿Qué tengo yo que no le pueda gustar a ella?
-No es eso, Juan –intervino Claudito-. Pero sabés bien que si te engayolás con una mina así lo único que vas a lograr es sufrir, macho.
La verdad es que no podía casi ni acercarme a ninguna mujer. Por respeto al cuerpo aún tibio de Liz, claro, pero también porque sentía que todas las mujeres que veía eran mortales, y que si les daba la oportunidad todas me iban a abandonar tarde o temprano como lo hizo ella…
-Ok, yo te reconozco que tiene sus cosas, pero es una buena mina. Dulce, linda, sensual, mimosa, afectiva. Yo sé que puedo con ella. Es sólo lograr que me dé la oportunidad…
Pero el cuerpo no se lleva siempre bien con el alma, y me indicaba necesidades que no estaba en condiciones de satisfacer. Seamos sinceros, no era ese el momento para someterme a todo el laburo fino que implica hacerle el entre a una mina. Si en todas al final veía la cara de Liz. Entonces apareció Jazmín.
-¿Vos podés con ella? –preguntó Rogelio- Dale, Juan, apenas podés con vos mismo y pretendés poder justo son ella?
La conocí en una de esas páginas donde uno encuentra mujeres. Su foto estaba entre muchas otras como parte de un perfecto catálogo. Entre todas las que allí podía encontrar, ella destacaba. Su belleza, la simpatía que ya dejaba entrever, su encanto. Sin dudarlo me puse en contacto.
-Es una mujer, Roge. Pueden tener sus matices, pero las mujeres en definitiva son todas románticas. Vas a ver como después de hoy cae rendida. No puede decirme que no…
-Ay Juancito… te vas a pegar un palo hermanito…
La primera vez que nos vimos ella me enseñó nuevas y maravillosas formas de hacer el amor. Sí, hacer el amor, bien digo. No podría, aunque quisiera, relegar todo al mero acto sexual. Lo nuestro, indudablemente, fue amor desde el comienzo.
-Yo tomo el riesgo, ¿no te parece? Muchachos, por favor. Quiero hacerlo y voy a hacerlo. Con o sin ustedes.
Los chicos se miraron. El Tano tomó la palabra.
-Está bien, Juan. Por lo menos estás entre amigos. Espero que no termines muy hecho mierda hermanito.
A partir de entonces nos vimos dos veces por semana, cada semana. Ella es dulce, tierna, amorosa. Me cuida, me mima, me hace sentir hombre nuevamente. Y en la cama es una perra absoluta. Cada centavo de los ciento cincuenta mangos que le doy cuando llego al privado está bien invertido. Pero ahora quiero más. La quiero sólo para mí. Y sé que la voy a lograr.
-Gracias muchachos. Entonces quedamos así. Van a verla y se echan un maravilloso polvito de los que ella sabe dar. Como quedamos. A la vuelta les doy una gambita por cabeza. Dale, no me van a decir que no es un buen negocio…
Ellos cruzaron sus miradas. Fue Claudito el que habló, aunque no me gustó la expresión en su cara.
-Sí, Juan, es un buen negocio.
Hoy vas a ser mía, te prometo. Te quiero, sos muy especial para mí.
Y sé que lo soy para vos.
(La otra cara de esta historia, en Cuentos de Todos, blog de eugemartinucci)
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