Febrero 14, 2012 | Por nelsonnogar | # Enlace permanente
Por Horacio Verbitsky

12–02–2012 / El vicegobernador Gabriel Mariotto consiguió que se postergara la reincorporación de los guardias de infantería que golpearon a militantes políticos en la Legislatura, y que se analizara el relevo del jefe de la policía de Investigación de San Martín por el asesinato de dos trabajadores informales del barrio La Cárcova.
El gobernador Daniel Scioli canjearía esta sanción menor para el comisario Mario Briceño (según los autores materiales les ordenó emplear munición letal y organizó el posterior encubrimiento), por la impunidad de los oficiales de menor rango que aseguraron a golpes el excluyente color naranja en los palcos de la Legislatura.
El ministro de Justicia y Seguridad, alcaide mayor penitenciario Ricardo Casal, apuró el cierre del sumario contra quienes interpretaron sus deseos como si fueran órdenes, pero Mariotto protestó y Scioli suspendió sin fecha la resolución prometida.
En una entrevista con Radio Nacional, Mariotto dijo que, de producirse el indulto a los apaleadores, sería por orden de Scioli, a quien obedece el superministro.
El vicegobernador informó a CFK sobre el acto político que encabezó en La Cárcova, del que participaron el intendente de San Martín Gabriel Katopodis y legisladores y dirigentes del Frente para la Victoria, La Cámpora y el Movimiento Evita.
También analizaron el desbaratamiento, en Florencio Varela, de una red de narcos con protección policial.
La presidente también se informó sobre la sublevación policial en Brasil.
Según el juez supremo Raúl Zaffaroni hoy son las policías que no han pasado por una reforma en democracia las que desestabilizan a los gobiernos, como ocurrió en Ecuador.
El jefe de gabinete provincial, Alberto Pérez, acudió en defensa de su presunto subordinado Casal y dijo que no hablaría de los hechos narrados en esta columna el domingo pasado, porque los consideraba difamaciones.
En los desayunos que comparten en sus quintas vecinas en City Bell y en la mansión que Casal tiene en Pinamar se tramó el lanzamiento de la candidatura presidencial de Scioli, desactivada por el ascenso en la popularidad de Néstor Kirchner y, desde su muerte, de Cristina.
Ese plan se ha reactivado ahora con vistas a 2015.
Envalentonados con la protección del camarada que más alto llegó en la nomenclatura política y por la fuga de los 4 colegas que mataron a puñetazos y patadas a Patricio Barros, oficiales y guardias de la Unidad 46 de San Martín golpearon a otro interno el sábado 3.
Una vez más, la disputa se inició por la falta de espacio para las visitas en los Salones de Usos Múltiples (SUM). La privación de esa mínima comodidad como castigo, convierte el trato digno en un privilegio, sobre todo en las jornadas bochornosas del verano.
Los penitenciarios delegan la organización de las visitas en algunos detenidos que trabajan para ellos, como los kapós de los campos de concentración. Esto ha engendrado un tráfico ilegal de bienes y servicios, que incluye la trata de personas.
El reglamento sólo permite el ingreso de esposas o concubinas, pero el control se gradúa según la tarifa. Una de las causas de conflicto entre internos es la rotación cada semana de estas mujeres, cuya fidelidad no forma parte del trato.
Mañana, Mariotto recibirá también a empleados de la Secretaría de Derechos Humanos agredidos por patovicas contratados por Sara Derotier de Cobacho y su nieto político Fernando Cano y a dirigentes de Estudiantes de La Plata, quienes también pedirán ayuda a Nilda Garré por las amenazas y atentados de barrabravas.
Si fueran difamaciones, Scioli, Casal y Pérez hubieran podido desmentir que:
- no hay detenido ningún jefe del grupo mexicano de Los Zeta como anunciaron;
- simularon que Barros se había suicidado golpeándose la cabeza contra las rejas y amenazaron de muerte a tres presos para que firmaran esta falsa versión;
- Casal debió admitir el asesinato cuando Garré protegió en Gendarmería a los tres testigos para que se animaran a declarar;
- el complejo penitenciario está construido sobre el basural del CEAMSE, cuyas emanaciones fétidas enferman a detenidos y carceleros;
- no hay agua potable y la que se provee en bidones no alcanza, por lo que son constantes las infecciones intestinales y cutáneas;
- 67 personas pasan tendidas 23 horas por día, de a dos por cama, en celdas minúsculas;
- la Defensoría General departamental denunció al Ministerio de Justicia y Seguridad por favorecer la fuga de los cuatro penitenciarios asesinos;
- la información de Inteligencia de Gendarmería permitió ubicar y detener a dos narcos protegidos por la policía, prófugos por las torturas y el asesinato de un pibe de Florencio Varela.
Se comprende que Scioli, Casal y Pérez no quieran contestarle a un difamador profesional, que practicó con Massera, Galtieri, Jaunarena, Brinzoni, Menem, Duhalde, Rückauf, Dromi, Cavallo, los Macri, Manzano, Barra, Bergoglio, María Julia, Bielsa y Granero.
Pero podrían hacerlo con el presidente de la Suprema Corte de Justicia bonaerense, Eduardo Julio Pettigiani, quien requirió a Casal y a la Procuradora María del Carmen Falbo explicaciones precisas y la adopción de medidas para impedir que siguieran produciéndose asesinatos y heridas graves, que controlaran la venta de drogas, la tenencia de armas, los abusos sexuales, el ineficaz sistema de salud y las salidas de presos a robar autos que se desarman dentro de la cárcel para revender sus partes.
¿O será que no tienen qué decir?
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Febrero 12, 2012 | Por nelsonnogar | # Enlace permanente

(TELAM)
Otras notas
Nada de minero trucho, como se sugirió desde algunas usinas periodísticas. Armando Domínguez, hombre de fuerte entonación criolla y amante del folclore surero, es nieto, hijo y sobrino de mineros de las canteras de la zona de Olavarría. El hombre agrega que suma bastante más de 30 años como laburante minero, siempre en la misma empresa, la que invirtió 85 millones de dólares en la planta que acaba de inaugurarse en Olavarría.
La hora del sinceramiento
La ley de protección de glaciares, acordada entre el diputado Miguel Bonasso y el senador Daniel Filmus, que obtuvo media sanción en la Cámara Baja, es una ley consensuada y superadora, que protege nuestras fuentes y reservas de agua. Sin embargo, frente a su próximo tratamiento en el Senado, el lobby minero viene agitando tres falsos argumentos, que apuntan a nuevos temores y rechazos, con el objeto de retomar el proyecto anteriormente votado por los senadores, o para proponer modificaciones a la ley Bonasso-Filmus.
Lucía Corpacci: “Hay que modificar la ley minera vigente”La candidata a gobernadora de Catamarca por el Frente para la Victoria, Lucía Corpacci, reconoce que la actividad minera constituye una de las principales fuentes de ingreso en su provincia. Sin embargo, entiende que es necesario modificar la actual normativa para que a la extracción se le agregue mayor valor agregado y permita generar más fuentes de trabajo en el distrito.
¡Es la minería, estúpido!Como diría Clinton. Septiembre: en el debate de la Ley de Glaciares, la senadora giojista Marina Riofrío lanzó: “Acá no se está hablando de hielos sino de prohibir la minería”. Lejos de desmentirla, la mayoría de los que apoyaron la ley Filmus-Bonasso le dieron la razón. El más enfático fue Miguel Pichetto: “Esto recién empieza, después iremos por la renta minera”.
Entrevista. Federico Pinedo. Diputado del PROCómo le llegó la invitación para ir a la Casa Rosada y cómo lo evaluaron?
–Yo lo evalúo como una cosa natural, lo que pasa es que no es algo natural en este gobierno. Cuando nos enteramos de que el tema tenía que ver con Malvinas mi posición personal fue decir inmediatamente que iba a concurrir. Fue una invitación que me llegó por el presidente de la Cámara de Diputados, junto a otros presidentes de bloque. Al principio nadie sabía de qué se trataba, incluso los diputados oficialistas. Agustín Rossi me llamó, nos encontramos y fuimos juntos desde la Cámara hasta la Casa de Gobierno.
Tinogasta: Nunca MásHemos sostenido muchas veces que en el gobierno de la Alianza la represión y el asesinato fue “política de Estado”. Fue un golpe fuerte a una sociedad que no hacía tanto que había salido de una de las masacres que el Estado ha cometido a lo largo de su historia, comenzando con el etnocidio de Roca. Por eso, el gobierno de Néstor Kirchner propuso a la sociedad argentina la no represión de la protesta social. Actuar con la Justicia pero domesticar nuevamente a una policía cebada de cuerpos de sus compatriotas.
La jugada presidencial de convocar a la Casa Rosada, a propósito de Malvinas, a representantes de la oposición parlamentaria, del sindicalismo, de otras fuerzas sociales, veteranos de guerra y miembros de las Fuerzas Armadas fue una apuesta inteligente que permitió combinar gestos de buena voluntad para todos lados en un asunto en el que existen amplios consensos. En términos simbólicos, de iniciativa política y de dominio de la agenda de discusión, es obvio que la apuesta más interesante fue la que surge de tener a Hugo Moyano y su gente en visible primera fila (cada día más la televisación oficial de los actos es un relato sobre cercanías y lejanías cambiantes), y a legisladores que aceptaron con generosidad una invitación presidencial formulada con algún apuro.
El discurso de Cristina Fernández de Kirchner en ese acto tuvo muy en cuenta la seriedad del tema en cuestión. Por lo tanto fue muy contenido, sin espacio para los chistes y no sólo alejado de cualquier patrioterismo, sino clarísimo a la hora de deslindar las responsabilidades horrorosas de la dictadura. Para quienes pretenden hacer memoria y mezclan ingredientes en una misma bolsa hasta confundir todo en la expresión “responsabilidad de los argentinos”, siempre es oportuno recordar que la guerra decidida por la dictadura y consentida de manera pusilánime por casi todo el arco político de entonces, contó además con una vasta campaña propagandística –“Estamos ganando”– y mediática. El apoyo vino desde Mariano Grondona en Tiempo Nuevo, pasando por las publicaciones amarillas de editorial Perfil que le ponían colmillos y parches de pirata a Margaret Thatcher, hasta la primera portada de Clarín: “Euforia popular por la recuperación de Malvinas”.
El éxito de la convocatoria en la Casa Rosada –que en principio ayudaría a descongelar el vínculo con el moyanismo– se sustenta además no sólo en la ofensiva diplomática de las últimas semanas y que intensifica en estos días el canciller Héctor Timerman, sino en una construcción previa de años, que partió desde Montevideo, Brasilia y nada menos que Santiago de Chile hasta Caracas y países del Caribe que hoy apoyan el reclamo argentino por Malvinas, cuando hasta no hace tantos años fueron colonia británica.
Guiones y resbalones. Si hasta Federico Pinedo calificó el discurso presidencial por Malvinas como “impecable”, con los conflictos y discursos relacionados con la minería a cielo abierto suceden cosas distintas. El viernes por la noche hubo un diálogo guionado y astuto en la cobertura que hizo Telenoche a propósito del episodio represivo de Tinogasta , meticulosamente cubierto por ese noticiero a la hora de producir imágenes violentas. María Laura Santillán le preguntó a Edgardo Alfano si la represión en Catamarca significaba el inicio de una etapa “de judicialización de la protesta”. “Sí, claro”, fue la respuesta previsible. Da cierto asco cuando en su estrategia de maximizar la crítica al Gobierno los periodistas del Grupo Clarín extraen (¿es correcto usar el verbo “usurpan”?) expresiones, categorías y valores venidos del espacio de los derechos humanos o de las izquierdas y centroizquierdas.
Sin embargo, y no obstante el asco, lo cierto es que los conflictos devenidos de la actividad minera crecen y que los operativos de represión se vienen sumando. En el detalle, quizá se pueda discutir –con décadas de muertes y espantosa experiencia en la materia– si el desalojo de una ruta nacional en Tinogasta, que debió ser resuelta por la Justicia Federal, fue o no “brutal”, como calificó súbitamente guevarista el noticiero. Pero de nuevo, y no obstante el asco ante los rutinarios rebusques del periodismo, allí donde hay represión focalizada en las provincias, emerge por contraste la ausencia de voces y acciones gubernamentales más afinadas que interpelen y sienten posiciones más claras, aunque no conformen a todos, ante el tema de la minería.
Hay discursos en los movimientos antimineros que tienen algo de dogmáticos: demasiado blanco y negro, un “no a la minería” que no distingue actividades ni complejidades. Pero más allá del uso del cianuro en el caso de la extracción del oro, de cuáles son los riesgos reales de contaminación, de las discusiones sobre jurisdicción provincial y nacional, del dinero contante y sonante, escaso o no, que quede en las provincias, es muy difícil rebatir los argumentos de los pobladores locales y de los ambientalistas acerca del abuso irracional del recurso agua.
En ese contexto, los problemas oficiales para pararse ante un desafío de agenda que se sabe que incomoda y que cada vez se sitúa más en primer plano emergieron de manera poco feliz en la última intervención de la Presidenta, el día de la represión en Catamarca. Al inaugurar por teleconferencia una cementera en Olavarría, la Presidenta sostuvo un largo diálogo con Armando Domínguez, un minero. O quizá antes que un diálogo, lo que más exactamente hizo la Presidenta fue “ceder” el uso de la palabra y la opinión –apoyándolo con gestos y palabras– en ese trabajador que además es un cuadro del sindicato minero local y del PJ de Olavarría.
Se trata de un cuadro intermedio y no de un “dirigente”, como editó, en otra cobertura maliciosa, el noticiero de Canal 13, impugnando el diálogo entre él y Cristina. Es prudente decir que ya sea como “cuadro”, “trabajador” o “dirigente”, Domínguez tiene todo el derecho de dar nada menos que la opinión sindical sobre el tema minero que, por un lado y más que llamativamente, no aparece en ningún lado y que, por el otro, tiene algo de previsible. Porque es obvio que en la medida en que no corran riesgos en su salud, los mineros defenderán la actividad que les da trabajo.
Lo llamativo del episodio es que revela la incomodidad para generar discurso propio. Es como si el Gobierno terminara por dar a entender, a veces en comentarios esporádicos de sus funcionarios, esta vez a través de un cuadro minero local, y en general, optando por el silencio. Respecto a cuánto tuvo el diálogo de “construido”, por lo que pudo saber este diario de dos fuentes de Casa de Gobierno, Cristina Fernández no tenía la menor idea acerca de quién es el minero Armando Domínguez, al punto que confundió varias veces su nombre.
Habitualmente el dispositivo comunicacional en el que Cristina “federaliza” sus intervenciones, que por lo general es más que inteligente (muestra un gobierno hiperactivo en todas partes, haciendo, cruzando acciones, dialogando y construyendo con actores diversos) se genera desde distintos espacios institucionales y geográficos, a veces con fuerte peso de la política local. Puede suceder que –a la hora de elegir ciudadanos comunes que dialoguen con la Presidenta– la política local o corporativa tienda a la sobreactuación. Es lo que parece haber sucedido en esta oportunidad, donde de todos modos lo esencial sigue siendo discutir qué hacer con el modelo de minería a cielo abierto.
Febrero 11, 2012 | Por nelsonnogar | # Enlace permanente
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La restauración conservadora despliega presiones y programas.
Han transcurrido ocho años desde los acontecimientos provocados por el desbarajuste del modelo neoliberal, que se hundió a causa de su inconsistencia y, principalmente, del descontento ciudadano y la movilización popular, ambos resultantes de la indignación causada por las precariedades y los despojos sufridos durante la hegemonía que el capital financiero había
ejercido en el último cuarto del siglo pasado. La emergencia y consolidación de un enfoque diferente desde el 2003 se tradujeron en un rápido e inédito ritmo de crecimiento del producto, en una reducción drástica del desempleo y en una solidez de la macroeconomía que los neoliberales siempre declamaron perseguir pero jamás lograron con sus políticas.Una primera fase del nuevo rumbo se centró en la reestructuración de los precios relativos de la economía, sustentada en un tipo de cambio competitivo que ejercía la protección del mercado interno y estimulaba la sustitución de importaciones, a la vez que promovía las exportaciones, expandía el mercado interno, creaba una cantidad significativa de puestos de trabajo y recuperaba el salario de los trabajadores.
Pero arribó a una instancia compleja de bifurcación de caminos, de elección entre proyectos, de opción entre alianzas necesarias.
Se llegó a ese momento luego de transitar un lustro en el que muchos políticos, intelectuales y voceros de las ideas económicas tributarias de un pensamiento único, que había sido impuesto en el lugar de certeza durante las largas y amargas décadas previas, callaron. La realidad los había dejado sin argumentos, sin propuestas, sin palabras.
Otros, frecuentadores saltimbanquis del poder y el establishment, pero también de las burocracias y sus peripecias, reconvirtieron sus berretas discursos para justificar lo nuevo, así como antes lo habían hecho con lo viejo.
Para estos oportunistas amigos del mercado, el elogio del liberalismo financiero mutaba en entusiasmo aprobatorio de los estímulos al empresariado industrial.
Un tercer grupo, que había criticado consecuentemente al neoliberalismo por su rol desindustrializador, se alineó en la nueva época bregando por eternizar devaluaciones y grandes ganancias que construyeran una dinámica con eje en las exportaciones.
También se reabrieron espacios para renovadas ideas y utopías que vislumbraban la posibilidad de profundizar el rumbo de autonomía nacional con el despliegue de una política popular, edificada sobre la base del acento en el mercado interno, la unidad e integración de América Latina, la diversificación productiva, la redistribución del ingreso y el crecimiento acelerado. El quinquenio 2003/2008 había dado sobrados motivos, renovados indicios, manifiestas señales que fundaban la existencia de una apuesta jugada y audaz a la profundización por la que esta última vertiente quería militar.
Un nuevo espíritu de época había nacido con la recuperación de la política como herramienta de cambio, su autonomización respecto de la lógica del veto corporativo. Asimismo lo constituía la rápida revalidación del consenso para la intervención estatal en la economía y para avanzar en la construcción de una arquitectura política, económica y financiera regional, capaz de edificar una institucionalidad latinoamericana digna de una segunda independencia. Sumaban al mismo la recuperación de los convenios colectivos para resolver salarios y el resto de la contractualidad laboral, así como la desmercantilización de las tarifas de los servicios públicos esenciales.
Estos renovados vientos tuvieron una formidable potencia desestructurante sobre el modelo de valorización financiera. Es un umbral que debe ser defendido y profundizado.
Podemos especificar allí los siguientes hitos: (i) La suba del salario mínimo. (ii) La disputa por las retenciones móviles en la que se implicaba una forma de pensar el país, la economía, el desarrollo y la distribución de la riqueza, asumiendo que la estrategia asignativa se define extramercantilmente, y que su lógica resulta basada en el proyecto que expresan quienes fueron ungidos por el voto ciudadano. (iii) La inclusión en el régimen jubilatorio de millones de argentinos marginados, desde años atrás, de un derecho esencial expropiado por las sucesivas gestiones gubernamentales que se habían entregado al recetario del “Consenso de Washington”.(iv) La estatización del Correo, Aguas Argentinas y Aerolíneas Argentinas y fuertes inversiones públicas en infraestructura, escuelas y vivienda. (v) La recuperación del régimen previsional para la administración estatal, la aplicación de esos fondos a la inversión pública y la opción por conservar las posiciones de dirección en las empresas concentradas, derechos que habían devenido de las tenencias accionarias de las fenecidas AFJP.
Así se reasumía el paradigma de solidaridad intergeneracional que gobiernos tributarios del pensamiento ortodoxo resignaron por otro de ahorro individual. (vi) El desendeudamiento con el FMI y la desvinculación de sus recomendaciones de política. (vii) La refinanciación de la deuda externa, con una quita de más del 60%. (viii) La asignación universal por hijo, nueva y profunda política que confirma la vocación reparadora y constitutiva de ciudadanía de un gobierno diferenciado claramente de sus predecesores que nunca atendieron a esta propuesta clave de las organizaciones sociales.
La recuperación y ampliación de derechos económicos y sociales en la primera parte del gobierno de Kirchner -que vino de la mano del crecimiento del empleo y el reordenamiento de las condiciones de gobernabilidad- , luego de la devastación de la crisis económica y política del 2001, tuvo menos resistencias y fue acompañada por conversos circunstanciales y por los silencios de los enterrados debajo de los escombros por aquel derrumbe, en el que cayó lo que habían asegurado indestructible.
Pero en el final del gobierno de Néstor Kirchner y en el comienzo del de Cristina Fernández, la continuidad del proyecto requería de su profundización.
El estímulo de la demanda en una economía con el 20% de desempleados no tiene las mismas lógicas cuando el índice se reduce al 8%; en la primera situación alcanza con la promoción del empleo, en la segunda se requiere de la mejora del salario.
Además, la reinserción de los trabajadores en su condición activa va haciendo mutar las luchas por la inclusión por otras que persiguen mejoras salariales, entre las cuales algunas adquieren un carácter emancipatorio que se expresa en la resistencia de los trabajadores a ser considerados como una mera mercancía. Así, tanto la revisión de la flexibización laboral como la recuperación de las convenciones colectivas, la creciente conformación de cooperativas de trabajo y, también, el desplegado movimiento de fábricas recuperadas administradas por los trabajadores constituyen significativas manifestaciones de una renovada situación social.
A su vez, recompuesta la tonicidad del mercado interno, los empresarios recuestan sus preocupaciones más bien en el afán de ganar más que en el peligro de quebrar por falta de ventas.
Ni hablar de los que venden al exterior, siempre atentos a menores costos que les faciliten competitividad y más rentabilidad.
En las economías del capitalismo contemporáneo, la concentración de la oferta -que en la Argentina es agudísima, en condiciones de mercados muy oligopolizados- permite a los formadores de precios maximizar beneficios extraordinarios, trasladando los costos de las mejoras salariales a los aumentos de precios.
Así, la continuidad de las políticas redistributivas, inevitable para no retroceder, se enmarca en una intensificación de pujas por el ingreso. Sólo la intervención pública y estatal puede ordenar y resolver esa continuidad. Nunca el mercado que, contrariamente, disciplina siempre hacia el retroceso. La política, como posibilidad democrática, iguala y elimina injusticias; el mercado, como expresión de poder contante y sonante, ensancha diferencias.
Un límite dramático, sin embargo, han tenido las conducciones del proyecto en curso, límite en cuya superación le va la vida misma, su propia posibilidad de continuidad. Ese límite es la ausencia de la reforma del Estado, necesaria para reemplazar un aparato funcional al neoliberalismo por una herramienta apta para una transformación de signo democrático, nacional y popular. “Achicar el Estado” no ha sido “agrandar la Nación”, como decía la consigna de la dictadura, sino desintegrarla e inviabilizarla. Resultará, entonces, imprescindible acometer un proceso de reestructuración y expansión del mismo.
La intervención estatal para garantizar la redistribución del ingreso, y mucho más para auspiciar la de la riqueza, requiere de un control antimonopólico, una administración y un seguimiento de precios permanente, eficiente y potente. Su articulación demanda mucho más que ciertos modos de presión y negociación o intervenciones de oportunidad en los mercados, efectuadas con distintas cuotas de habilidad o fortuna.
Significa estructuras estatales con la implicación en las mismas de numerosos agentes, que deben ser ciudadanos profesionalizados y compenetrados con el signo transformador del proceso en curso y, además, una indispensable participación y organización popular.
Debe combinar distintos tipos de instrumentos, como el conocimiento de las cadenas de producción, la regulación de los beneficios en sus distintos eslabones, hasta la organización de empresas “testigo” para intervenir decisivamente en las condiciones de competencia de mercados donde se transan bienes esenciales al consumo popular.
En economías altamente concentradas es indispensable, como elemento clave de la política económica, una estrategia antioligopólica y que impida los abusos de posición dominante. Argentina es un caso típico.
Durante los dos últimos años, en las paulatinas alzas de los precios de los bienes de consumo popular y de los que integran la demanda de los sectores medios y en la ausencia de la necesaria rectificación del rumbo en el INDEC, confluyeron dos situaciones que tuvieron sensible influencia sobre los resultados de las recientes elecciones parlamentarias. Ambas están ligadas a la carencia de una transformación del Estado.
Estas insuficiencias se tradujeron en la ineficacia de la política de precios que provocó retrocesos en la distribución del ingreso y subestimó el peso de la calidad de la información estadística en la conformación del consenso popular. Las alzas de precios sobrevinieron como modo de resistencia del poder económico concentrado a las mejoras salariales.
También daban cuenta de la posibilidad, vislumbrada por los grandes grupos empresarios, de apropiación de mayores beneficios extraordinarios a costa de los aumentos del ingreso disponible de los argentinos.
Éstos eran el resultado de otras medidas redistributivas, como los aumentos de jubilaciones y de los sueldos e ingresos fijos de toda la economía. Las empresas concentradas registraron que el nivel de la demanda, sostenido con esos ingresos mejorados, se había elevado a pesar de los sucesivos aumentos de precios; en consecuencia acentuaron esos ajustes. Una economía ampliada, de complejidad creciente, le quedó muy grande a una política de administración de precios sustentada en precarias vigilancias y acuerdos espasmódicos con agentes formadores de mercados.
El otorgamiento de subsidios a empresas de servicios básicos es un instrumento imprescindible para la fijación de tarifas que reconozcan su condición de derecho social y las desprendan del carácter mercantil, pero el retiro de la lógica de mercado demanda la implementación de otros modos de garantizar la calidad y la corrección de la prestación.
Los costos que no se pagan en la construcción de una burocracia eficiente están condenados a substituirse por otros que se erogarán para beneficio de los empresarios dueños de las empresas subsidiadas. Además, las firmas estatizadas requieren de reconversiones hacia nuevos diseños que garanticen una mejor atención de las necesidades ciudadanas.
La organización de una estrategia permanente de tipo de cambio múltiple, objetivo clave del régimen de retenciones, requiere de una estructura estatal que intervenga en su formulación, así como en las tareas de comunicación y construcción de hegemonía indispensable para esa política de Estado, por estar ésta implicada en un proyecto redistributivo que sería imposible sin afectar los más poderosos intereses.
Un tiempo antes de las elecciones, la corriente de opinión que favorecía un modelo centrado en las exportaciones y mano de obra intensiva y barata, desencadenó sus presiones prodevaluatorias para restaurar y eternizar niveles de salarios bajísimos en dólares, apuntando a promover una rearticulación de la economía nacional en la globalización. Ese modelo está basado en un patrón de acumulación definido en el proteccionismo industrial, los bajos sueldos y la recomposición de la relación externa subordinada a los centros del poder mundial. Esta propuesta desertaba del campo aliado al gobierno, e inauguraba un vértice de críticas a éste, agrupando a los intereses de conglomerados industriales productores de commodities.
Mientras tanto, la mesa de enlace blandía la receta restauradora más descarnada, reclamando la eliminación de las retenciones, el abandono de la intervención estatal en la economía y la desregulación de los procesos de comercialización. Exponente del proyecto sojero, de especialización exclusiva en producciones agrarias y agroindustriales, esta receta supone un enorme costo ambiental, destruye el suelo y pone en peligro nuestra soberanía alimentaria y la vida del pueblo, además de apuntar a un diseño de país situado en las antípodas del que, con sus contradicciones y evidentes zonas oscuras, fomenta la acción del gobierno nacional.
De atenderse la pretensión de que la asignación de recursos económicos responda a las señales de precios del mercado internacional, se claudicaría hacia una nueva reedición de la estructura productiva subdesarrollada, subordinada y dependiente, provocando el incremento del desempleo y una repetida postergación de las vocaciones de autonomía.
El desencadenamiento de la crisis mundial mostró las virtudes de una política económica afincada en un patrón de acumulación con mayor autonomía: Argentina sufrió menos el impacto que la mayoría de los países de desarrollo similar. Pero aun así, la globalización financiera tiene un grado de profundidad tal que resulta imposible la evitación de todo impacto.
El perfil de exportaciones del país, dominado por los commodities agropecuarios –que paradójicamente, como se señaló, ponen en juego el futuro- favoreció notablemente el sostenimiento de un balance comercial positivo, debido a que en el comercio internacional de los mismos predominaron las tendencias estructurales determinadas por el crecimiento asiático.
Pero, a pesar de este conjunto favorable de condiciones en la economía nacional, ésta flaqueó por la insuficiencia de profundidad en algunos perfiles de política que el gobierno adoptó correctamente, mas con tono tibio: las regulaciones de los flujos de capital evitaron corridas como las que acontecieron en otros países de la región, pero no impidieron una corriente constante de egresos de divisas que, con el tiempo, acumuló un monto sustantivo.
Esta sustracción de recursos resultó en demérito del crecimiento de la producción y la mejora de las condiciones sociales. Los encajes y la adopción de determinadas restricciones en el mercado de valores se quedaron cortos; hubiera sido y es necesaria una energía más radical en institucionalizar y profundizar las restricciones a los movimientos de capital de corto plazo. La actual reversión de salidas por entradas no debe ser asumida con discursos y actitudes apologéticas, pues justamente la volatilidad es la característica intrínseca de esos fondos especulativos.
La crisis puso en cuestión el modo de valorización financiera del capital en el centro del sistema. Así, se recrearon consensos respecto de la intervención estatal en la actividad económica. La reivindicación de ésta por parte de Argentina y otros países latinoamericanos dejó de ser un hecho anómalo. Pero lejos estuvieron los países centrales de retomar políticas de intervención estatal que significaran una ruptura con el predominio de la lógica de regulación financiera: los estados centraron su intervención en el salvataje de bancos y en el refuerzo de normas con el objetivo de emparchar el patrón de acumulación vigente, que no están dispuestos a cambiar ni reformar.
La dinámica de la globalización financiera requiere del modo actual de funcionamiento y no admite mutaciones. Hoy el continuismo neoliberal se ilusiona con una mejoría que mantiene todas las condiciones que provocarán una crisis más grave en pocos años, la prueba es que ya se verifican la continuidad y profundización de apalancamientos aventureros, mientras los pueblos viven las consecuencias de resquebrajamientos productivos, recesiones, más desempleo y desgarramientos sociales.
Las sucesivas reuniones del G20 produjeron documentos que traducen la hegemonía del continuismo de las políticas de liberalización –incluyendo la reinstalación del FMI en el lugar de institución clave de las finanzas internacionales-, no manifiestan vocación para poner límite al flujo libre de los movimientos de capitales ni para restringir las innovaciones financieras propias de la acumulación especulativa del capital financiero, fenómenos que traen agudas consecuencias de desfinanciamiento del desarrollo y de agravamiento y frecuencia de las crisis.
Los costos de estos colapsos son una y otra vez trasladados por el centro del sistema hacia la periferia, con el objeto de descargar sus efectos sobre las espaldas de los países más débiles y las franjas más pobres de la Humanidad.
No obstante, el funcionamiento del G20 ha significado un avance respecto de su predecesor G7; el traslado de cuestiones cruciales a un ámbito en el que participan algunos países del Sur amplía el espacio de debate. Así, Argentina y los BRICS han introducido discusiones sobre cuestiones sustanciales como la reversión de presiones favorables a la flexibilización laboral. La puja, producto de esas nuevas incorporaciones, se sitúa en la tensión entre una mayor disputa y la legitimación de los poderosos.
Sin embargo, está pendiente lo principal: la restitución a las Naciones Unidas del rol de ámbito de cooperación del conjunto de la comunidad internacional, y en consecuencia, su fortalecimiento como organización natural para abordar la discusión y resolución de los temas de la economía global. Ha sido una contribución a la democratización del poder a nivel mundial el fortalecimiento en América Latina del MERCOSUR, y la creación de nuevas instancias legítimas de institucionalidad política, económica y financiera, como UNASUR y el Banco del Sur.
En la misma dirección aportarán los intercambios en monedas locales, la construcción futura de un Fondo Regional de Reservas, el avance hacia una moneda única latinoamericana. Precisamente es el regionalismo el espacio desde donde reconstruir unas Naciones Unidas democratizadas, ya que el control de los países del Norte sobre esa institución la llevó a la parálisis, a la degradación y a su instrumentación para operaciones funcionales a los poderes imperiales.
Cuando las miradas y lecturas de la situación del capitalismo mundial debieran fortalecer y alimentar los proyectos de autonomía y de desconexión relativa respecto a la internacionalización financiera, la AEA –nucleamiento que agrupa al empresariado más poderoso y concentrado del país- y la mesa de enlace –expresión de los propietarios rurales perceptores de rentas extraordinarias- confluyen en la difusión y reclamo de un programa completo centrado en concepciones “libremercadistas”, a las que se ha sumado la dirección de la UIA, a la vez que pronuncian y estimulan políticas de “disciplinamiento” social y penalización y represión de la protesta.
Un trípode, sustentado en la rearticulación con el FMI y la “comunidad” financiera internacional, la reducción y eliminación de retenciones y la desintervención estatal de la economía es el asiento de un programa de la restauración. Sucede que la concentración de la producción no ha cejado en ningún momento y por eso resulta urgente la implementación de políticas desconcentradoras, desmonopolizadoras y redistributivas.
El crecimiento del PBI por sí mismo no allega equidad, las mejoras salariales a veces van por detrás del aumento de la productividad del trabajo – como ocurrió en el último cuarto de siglo pasado en el que se produjo una reducción drástica de la participación de los trabajadores en el ingreso-. Una auténtica redistribución se sustenta en tres pilares: el aumento del empleo, el alza de los salarios que supere la mejora de la productividad y las políticas fiscales progresivas.
Cuando se discute la distribución en una economía concentrada como la Argentina, los grandes beneficiarios de las lógicas de la desigualdad reaccionan, a veces ferozmente. Así ocurrió con la Ley de servicios audiovisuales, de trámite democrático y participativo y objetivos desoligopolizadores y estimuladores de la gestión social de proyectos, atacada por los grandes dueños de empresas de comunicación y los exponentes de la derecha. Igual actitud han tenido frente a la también desmonopolizadora medida en relación a la televisación del fútbol.
Estos procesos reconocen derechos que habían sido reducidos a mercancías por el neoliberalismo: el derecho a la información y el derecho a la recreación de los sectores populares.
La redistribución de la riqueza es un acto de justicia social y nunca una dádiva. Pues resulta necesario comprender que la actividad que genera esa riqueza es el trabajo y el sujeto central de éste, los trabajadores. Estos constituyen el agente principal de un Proyecto Nacional, y es imprescindible sustituir equivocadas ideas que depositan ese rol más dinámico en el empresariado. En la coalición de fuerzas para llevarlo a cabo tienen un papel conjunto los trabajadores formales e informales, los pobres sin trabajo, el empresariado nacional –en el que hay nacientes y potenciales innovadores no concentrados- y todos los sectores populares.
La ausencia de equidad es la esencia de las desgarrantes situaciones seculares de pobreza. Estas requieren de atención urgente y no hay política que abunde o medida que pueda retacearse para resolver la coyuntura. Pero la derecha eclesiástica y laica cabalga sobre la denuncia de la indigencia, para acometer contra un proyecto político que es el único que ha puesto en debate la cuestión estructural de fondo para resolver la pobreza: la redistribución. La esencia del combate contra la pobreza es la justicia y ésta implica, sencillamente, transferir ingresos y riquezas de los más ricos a los más pobres. Entre las soluciones de la justicia y la caridad también está la diferencia que marca dos proyectos de país. La restitución del impuesto a la herencia sería una acción emblemática en este sentido.
Hoy reviven de las cenizas aquéllos que habían enmudecido cuando la hecatombe del 2001, pero a veces las palabras calladas por el fracaso y el derrumbe del neoliberalismo -que inauguró el milenio en Argentina- reaparecen habladas por engañosas voces travestidas, adoradoras de un “republicanismo” fundamentalista vacío de democracia. Las fuerzas sociales y los poderes económicos se reagrupan en dos proyectos alternativos de país: profundización de las transformaciones o retorno neoliberal. Las medias tintas tienen pronóstico de disolución.
El gobierno afrontó la crisis fiel a la sustancia de su gestión alejada de políticas de ajuste. Defensa de los puestos de trabajo, estímulo de la demanda y más rol estatal. Pero las condiciones del presente y el derrotero futuro reclaman mucho más que fidelidad y consecuencia en un rumbo. La continuidad y la defensa de este rumbo exigen más.
Una política popular necesita de una buena cuota de organización del espacio social y movilización para la transformación, centrada en una mística, imposible sin una identificación con el proyecto, que debe brotar de la percepción de un compromiso gubernamental de alcanzar sustantivas mejoras. No alcanza con el registro de lo hecho. Se requiere la promesa y el Plan. Falta un Plan como instrumento de un proyecto compartido, brújula de destino y herramienta de trabajo cotidiano. Un Plan como estrategia no mercantil de asignación de los recursos con los que cuenta la economía. En todo caso, los mercados existirán como instrumentos para la eficacia de esa estrategia y no como lógica exclusiva y dominante. Entre la hegemonía del mercado y la centralidad del Plan se debate la opción entre el disciplinamiento financiero y una democracia profunda y participativa.
Hay tareas pendientes, reformas no emprendidas, que resultan claves para la profundización del proyecto transformador.
En principio, la reforma financiera -hoy en agenda-, para orientar el crédito hacia el desarrollo, la integración nacional y la diversificación productiva.
Además, la reforma tributaria -ahincada en el crecimiento de la imposición progresiva-, eje para una política redistributiva. Por otra parte, la desconcentración de la economía y la redistribución de la riqueza requieren de nuevas empresas públicas, más regulación y control de las empresas de servicios públicos privatizadas -en particular las que reciben subsidios- y de las que operan en condiciones de cuasi monopolios, así como su estatización cuando resulte estratégico.
Se necesitan, asimismo, políticas específicas para el espacio de las Pymes, productoras, muchas veces, de bienes de alto valor agregado, por la importancia que tienen en la creación de empleo, en el crecimiento del PBI, el incremento de exportaciones de bienes diferenciados y la desconcentración económica. También es indispensable el apoyo y financiamiento a otras modalidades de propiedad y gestión social (empresas recuperadas, cooperativas, etc.) y a los pequeños productores campesinos.
Para avanzar en esta dirección se necesita de un encuadramiento mucho más estricto de la propiedad empresaria, ubicándola en función de un proyecto de profundización democrática. No hay redistribución del ingreso posible sin la apropiación social de una parte substancialmente mayor de las ganancias y rentas del empresariado de cúpula, y que no parta de un incremento de la imposición a la riqueza.
Por eso, no se trata de quitar subsidios al consumo, poniendo en un bolsillo popular lo que se saca del otro, sino que la única vía es aumentar impuestos a los ricos y mejorar su recaudación, formalizar empleo y garantizar cada vez más derechos económicos y sociales. No hay mejora en lo esencial para la ciudadanía sin procesos enérgicos de igualación social y despolarización de la riqueza.
Pero la sola definición de contenidos programáticos destacados no conforma un perfil popular, nacional y democrático.
Este se completa en un proyecto y un posicionamiento político. Reclamar lo que falta no puede hacerse sino apoyando la defensa de lo construido.
La vocinglería economicista de una suma de medidas radicales que prescinde del apoyo a un gobierno que, aun con zonas oscuras, es consecuente en la disputa con las corporaciones del poder concentrado, no sólo no aporta sino que confunde y desune. No se puede reclamar la necesaria reforma de la explotación y regulación minera e hidrocarburífera sin defender la apropiación pública de la renta agraria extraordinaria, ni reivindicar mejoras de los ingresos reales del pueblo desconociendo el papel redistributivo de las tarifas subsidiadas de los servicios públicos.
Parece aproximarse una hora decisiva para el proyecto. La profundización inevitable para sostenerlo requiere de una prueba de fuerzas. ¿Construirá el poder concentrado la correlación para el proyecto destituyente, en el que hoy aprestan sus programas? ¿O tendremos capacidad para impulsar la continuidad del curso de transformaciones sustantivas? Un llamado en forma de pregunta.
2/11/09
Febrero 5, 2012 | Por nelsonnogar | # Enlace permanente
Aquel peronismo de juguete
Osvaldo Soriano. Escritor

(TELAM)
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Aquel peronismo de juguete
POR OSVALDO SORIANO. M. AL SUR
Cuando yo era chico, Perón era nuestro Rey Mago: el 6 de enero bastaba con ir al correo para que nos dieran un oso de felpa, una pelota o una muñeca para las chicas. Para mi padre eso era una vergüenza: hacer la cola delante de una ventanilla que decía “Perón cumple, Evita dignifica”, era confesarse pobre y peronista. Y mi padre, que era empleado público y no tenía la tozudez de Bartleby el escribiente, odiaba a Perón y a su régimen como se aborrecen las peras en compota o ciertos pecados tardíos.
Estar en la fila agitaba el corazón: ¿quedaría todavía una pelota de fútbol cuando llegáramos a la ventanilla? ¿O tendríamos que contentarnos con un camión de lata, acaso con la miniatura del coche de Fangio? Mirábamos con envidia a los chicos que se iban con una caja de los soldaditos de plomo del general San Martín: ¿se llevaban eso porque ya no había otra cosa, o porque les gustaba jugar a la guerra? Yo rogaba por una pelota, de aquellas de tiento, que tenían cualquier forma menos redonda.
En aquella tarde de 1950 no pude tenerla. Creo que me dieron una lancha a alcohol que yo ponía a navegar en un hueco lleno de agua, abajo de un limonero. Tenía que hacer olas con las manos para que avanzara. La caldera funcionó sólo un par de veces pero todavía me queda la nostalgia de aquel chuf, chuf, chuf, que parecía un ruido de verdad, mientras yo soñaba con islas perdidas y amigos y novias de diecisiete años. Recuerdo que ésa era la edad que entonces tenían para mí las personas grandes.
Rara vez la lancha llegaba hasta la otra orilla. Tenía que robarle la caja de fósforos a mi madre para prender una y otra vez el alcohol y Juana y yo, que íbamos a bordo, enfrentábamos tiburones, alimañas y piratas emboscados en el Amazonas, pero mi lancha peronista era como esos petardos de Año Nuevo que se quemaban sin explotar.
El general nos envolvía con su voz de mago lejano. Yo vivía a mil kilómetros de Buenos Aires y la radio de onda corta traía su tono ronco y un poco melancólico. Evita, en cambio, tenía un encanto de madre severa, con ese pelo rubio atado a la nuca que le disimulaba la belleza de los treinta años.
Mi padre desataba su santa cólera de contrera y mi madre cerraba puertas y ventanas para que los vecinos no escucharan. Tenía miedo de que perdiera el trabajo. Sospecho que mi padre, como casi todos los funcionarios, se había rebajado a aceptar un carné del Partido para hacer carrera en Obras Sanitarias. Para llegar a jefe de distrito en un lugar perdido de la Patagonia, donde exhortaba al patriotismo a los obreros peronistas que instalaban la red de agua corriente.
Creo que todo, entonces, tenía un sentido fundador. Aquel “sobrestante” que era mi padre tenía un solo traje y dos o tres corbatas, aunque siempre andaba impecable. Su mayor ambición era tener un poco de queso para el postre. Cuando cumplió cuarenta años, en los tiempos de Perón, le dieron un crédito para que se hiciera una casa en San Luis. Luego, a la caída del general, la perdió, pero seguía siendo un antiperonista furioso.
Después del almuerzo pelaba una manzana, mientras oía las protestas de mi madre porque el sueldo no alcanzaba. De pronto golpeaba el puño sobre la mesa y gritaba: “¡No me voy a morir sin verlo caer!”. Es un recuerdo muy intenso que tengo, uno de los más fuertes de mi infancia: mi padre pudo cumplir su sueño en los lluviosos días de setiembre de 1955, pero Perón se iba a vengar de sus enemigos y también de mi viejo que se murió en 1974, con el general de nuevo en el gobierno.
En el verano del ’53, o del ’54, se me ocurrió escribirle. Evita ya había muerto y yo había llevado el luto. No recuerdo bien: fueron unas pocas líneas y él debía recibir tantas cartas que enseguida me olvidé del asunto. Hasta que un día un camión del correo se detuvo frente a mi casa y de la caja bajaron un paquete enorme con una esquela breve: “Acá te mando las camisetas. Pórtense bien y acuérdense de Evita que nos guía desde el cielo”. Y firmaba Perón, de puño y letra. En el paquete había diez camisetas blancas con cuello rojo y una amarilla para el arquero. La pelota era de tiento, flamante, como las que tenían los jugadores en las fotos de El Gráfico.
El general llegaba lejos, más allá de los ríos y los desiertos. Los chicos lo sentíamos poderoso y amigo. “En la Argentina de Evita y de Perón los únicos privilegiados son los niños”, decían los carteles que colgaban en las paredes de la escuela. ¿Cómo imaginar, entonces, que eso era puro populismo demagógico?
Cuando Perón cayó, yo tenía doce años. A los trece empecé a trabajar como aprendiz en uno de esos lugares de Río Negro donde envuelven las manzanas para la exportación. Choice se llamaban las que iban al extranjero; standard las que quedaban en el país. Yo les ponía el sello a los cajones. Ya no me ocupaba de Perón: su nombre y el de Evita estaban prohibidos. Los diarios llamaban “tirano prófugo” al general. En los barrios pobres las viejas levantaban la vista al cielo porque esperaban un famoso avión negro que lo traería de regreso.
Ese verano conocí mis primeros anarcos y rojos que discutían con los peronistas una huelga larga. En marzo abandonamos el trabajo. Cortamos la ruta, fuimos en caravana hasta la plaza y muchos gritaban “Viva Perón, carajo”. Entonces cargaron los cosacos y recibí mi primera paliza política. Yo ya había cambiado a Perón por otra causa, pero los garrotazos los recibía por peronista. Polla lancha a alcohol que casi nunca anduvo. Por las camisetas de fútbol y la carta aquella que mi madre extravió para siempre cuando llegó la Libertadora.
No volví a creer en Perón, pero entiendo muy bien por qué otros necesitan hacerlo. Aunque el país sea distinto, y la felicidad esté tan lejana como el recuerdo de mi infancia al pie del limonero, en el patio de mi casa.
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Enero 31, 2012 | Por nelsonnogar | # Enlace permanente
| La empleada de Gasalla y la implicancia negociada.
Posted: 28 Jan 2012 04:53 AM PST
A lo largo del siglo XX los estudiosos han observado el desarrollo paralelo y la creciente semejanza entre las estructuras insitucionales de las corporaciones y las de las agencias del Estado , y como cada vez las empresas se han insertado mas sólidamente en la sinstituciones públicas (Negri y Hardt multitud).
Antonio Gasalla es para mi un excelente actor.
Según dicen los que conocen los pormenores de la actuación es siempre mucho mas dífícil en la composición de un personaje la “actitud corporal ” que el manejo de la voz.
Gasalla ha compuesto muchos personajes emblemáticos, casi todos femeninos, apelando al grotesco con singular maestría.
Algunos de esos personajes son o han sido utilizado por el actor para realizar reportajes a personaa conocidas a la manera de “gags” humorísticos.
Uno observa que Gasalla improvisa con esos personajes ante situaciones inesperadas cuando realiza esas famosas notas y jamás se “tienta” ni abandona su actitud corporal.
Uno de los mas célebres de esos personajes, es la empleada pública, que ha sido maliciosamente utlizada para caracterizaciones gorilas desoyendo las explicaciones que diera el propio actor en mas de una oportunidad.
Sucede que desde el momento en que la dictadura y Martínez de Hoz deretaron que “achicar el Estado es agrandar la Nación” el Estado se encontró con “reformadores” de distinto pelaje que siempre apelaron al “Consenso de Washington” para echar por “Gasallas” a empleados que ingresaron en gestiones anteriores e incoporar a los de su preferencia, hasta que una nueva gestión con “espíritu fundacional”,, también afectada por el “síndrome de Juan de Garay” , echaba a parte de esos empleados con los mismos argumentos e incoorporaba a nuevos “civilizadores”.
Lo cierto es que ésto ha creado toda una mitología en el folclore popular, que se nutre de falacias, de lugares comunes aprendidos en programas de TV como los de Neustadt y Grondona y sus actuales herederos.
Esos “lugares comunes” son también esgrimidos por gente autodefinida como “progresista” que repite la misma mecánica..
En ese contexto observamos que el trabajo del Estado es algo profundamente desjerarquizado y subestimado, y quienes lo deselegitiman apeñan a distintas “zonzeras” que viene repitiendo sistemáticamente.
La primer falacia “neoliberal” que se repite hasta el cansancio es comparar al Estado con una suerte de “consorcio” del que “todos” seríamos los propietarios.
Es frecuente escuchar decir “yo pago mis impuestos” o “a esta gente yo le pago el sueldo”.
Afirmaciones de ese calibre es tanto como confundir la figura del ciudadano con la del contribuyente, y quizás provenga de aquella máxima de la revolución norteamericana de “no taxation without representation”. (No se pagan impuestos si no hay representación)-
Pero la revolución norteamericana fue justamente una revolución de propietarios, como la democracia ateniense era una democracia de propietarios de esclavos en la que ni siquiera había lugar para los hombres libres pero extranjeros y que no poseían esclavos llamados “ilotas”.
Esa noción fue superada por la de ciudadanía según la cual no importa la medida de la contribución sino el derecho que asiste a cada quien en tanto ciudadano y en forma mas contemporánea tiene en cuenta que la generación de riqueza es social, por lo que su apropiación no da mas derechos a los mayores apropiadores.
Esa fakacia se sigue de esa otra que suele considerar como “no genuino” el trabajo del Estado, contra otros trabajos supuestamente “gennuinos”.
Esta aberración inculcada en el sentido común social por técnicos de burocracias supranacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial es un aserto básicamente hipócrita que en primer lugar prescinde de la realidad de esos organismos.que alimentan extensas burocracias que suelen incurrir en gastos muchas veces inexplicables aún para los objetivos que proclaman.
En una sociedad donde la tenderncia a la producción inmaterial es la predominante, o la que determina la tendencia ¿quién puede detrminar lo “genuino” ? o mas aún ¿Cuál es la vara para medir lo genuino?
Señalan con acierto Negrri y Hardt que la interrelación entre Estado y empresa privda es cada vez mayor y que las formas de las unas son imitados por el otro, tal como se refleja en la frase del epígrafe. esto ha implicado, según los mismos autores, que aquellos que poseen cargos directivos en el Estado, pasen luego fácilmente a las Juntas de las corporaciones y viceversa.
A título de ejemplo, con una u otra gestión, la Secretaría de Industria, por ejemplo, desde hace muho tiempo ha sido un reducto de la Unión Industrial Argentina.
Hoy, eso se refleja en la persona de Débora Giorgi, allá lejos y hace tiempo, la dictadura, en tiempos de Viola había creado un Ministerio de Industria cuyo titular Oxenford lo comandaba a título de representante de la misma entidad.
Pero volviendo a la idea de lo “genuino” cabría preguntarse cuál es la vara que se utiliza para medirlo.
Por dar un ejemplo, ls innestigaciones del Conicet , como cualquier investigación científica, no pueden en la mayor parte de las ocasiones demostrar su “utilidad inmediata”.¿Debe por eso un país prescindir de la investigación científica, no sólo en las ciencias “duras” sino también en las ciencias sociales?
Una empresa privada como Ideas del Sur genera una gran rentabilidad sin ofrecer un solo producto que no sea inmaterial, ni de “calidad” según lo que indicarían algunos stándares culturales ¿Eso es trabajo genuino?
Néstor Kirchner, en lo que tal vez fue uno de sus principales aportes, demostró que un Ministro de Ecnomía no era tan fundamental como se suponía porque la política económica era en definitiva la que determianba la autoridad política ¿Alguien recuerda lo “imprescindible” que se consideraba a los “técnicos” en Economía?
Otra idea falaz que se suma a esas es la de vincular “productividad” con “rentabilidad” o con cierto tipo de “rentabilidad”por lo que según la idea liberal la actividad del Estado seria un “freno a la rentabilidad”, un “mal necesario” que debiera reducirse al mínimo.
¿Debe ser “rentable” un hospital o una red ferroviaraia (que so pretexto de lo que le “costaba al país” fue privatizada con los resultados conocidos)? ¿O su productividad depende de como sirve a otros sectores?.
Así sucede con muchas prestaciones que tal vez no constituyan ejemplos tan contundentes. pero son igualmente importantes.
Pero volviendo a Gasalla, yo recuerdo algunos episodios que demuestran que la composición de su personaje nada tenía que ver con el sentido “gorila” que interesdamente pretendieron darle:
En principio pocos recuerdan que cuando comenzó a interpretar a la empleada pública y quien la acompañaba en la mesa de entradas era Juana Molina, había un personaje, que ahora no recuerdo bien quien lo interpretaba, que era un “concheto” soberbio y estúpido que venía con demandas prejuiciosas y soberbias hacia el presonal de la reparttición en la que Gasalla y Molina trabajaban.
En otra oportunidad cuando lo visitó un Chcho Álvarez ascendente, este comenzó a ironizar acerca de la forma en que estaba vestida y de su “ineficiencia”.
Allí Gasalla, estaba acompañado por Norma Pons. Sorprendido por los chascarrillos del entonces principal opositor “progresista” a Ménem le dijo: “Me extraña de usted Chacho ¡Nosotras (refiréndose a su personje y al de Norma Pons) somos el pueblo! Esperaba algo mas popular de Usted.”
Lo dijo, sin abandonar la composición de su personaje pero serio.
En otra oportunidad fue invitado por el inefable Bernardo Neustadt junto al Arquitecto Rodolfo Livingstone, y una ex Miss Argentina que no recuerdo como se llama, y que luego de concluir su carrera como modelo se dedicó al negocio inmobiliario.
Neustadt invitó a Livingstone debido a que era autor de un libro sobre su experiencia en la gestión de Grosso, a Gaaslla obviamente debidio a su personaje y a la ex modelo no se bien por qué.
El tema a tratar era el “maltrato” simbolizado según Neustadt en la “empleada pública”.
Para sorpresa del comunicador mercenario, Gasalla, objetó muy serena y fundadamente sus prejuicios y enarboló una a una las razones según las cuales las mañtratadas eran en verdad esas empleadas públicas.
Habló, recuerdo, de la falta de carrera , la falta de estímulos para el agente del Estado, la “mesa de entradas” utilizada como “castigo” para los “mal vistos” etc.
Mientras la ex modelo hacía agua tratando de corroborar el punto de vista del condunctor, Livingstone remató los postulados de Gasalla con una excelete frase dirigida a Neustadr: “Maltrato es lo suyo, hablando de “mercado” , privatizaciones, flexibilidad laboral permanentemente…” .
Escribo ésto, porque en el último tiempos noto en cierto sector del público un reverdecimiento de estos prejuicios aún queriendo defender las posiciones sustentadas, o las que creen que son las posiciones sustentadas por la Presidenta y el Gobierno Nacional.
Lo que al respecto debo decir es que con lo mucho de positivo que se ha hecho en los últimos 8 años, las relaciones del trabajo, las leyes flexibilizadoras y la cuestión del Estado no se han modificado sustancialmente.
Respecto del primer tema hubo muy ligeras corrcciones vía jurisprudencia. como por ejemplo sucedió con la Ley de Riesgos del trabajo que prohibía el acceso a la vía civil al trabajador para reclamar la indeminiación prevista en el Código Civil sin los límites estipulados por esa norma.
En cuanto a la cuestión del Estado en lo que hace a las relaciones laborales internas tampoco se modificó sustancialmente aunque sí se modificó el rol del mismo en cuanto a su intervención en el proceso económico.
Como bien señalan Negri y Hardt en su libro Multitud”, el modelo “neoliberal” de los 90 (que se extiende en el mundo hasta hoy en día a pesar de la crisis) no se caracterizó por la ausencia del Estado sino en el para qué intervenía.
El Estado Keynessiano pretendía regular o moderar el conflicto social, el Estado pos fordista pretende reforzar el rol de la clase dominante.
Pensemos, por ejemplo, que en la nueva “cláusula del progreso” de nuestra constitución Nacional, tras us reforma de 1994 se establece como rol del Estado “sostener el valor de la moneda”.
Lo que ha venido sucediendo entonces, en los últimos 20 años, es la introducción en el Estado de las figuras precarizadoras de la actividad privada.
Ello comenzó con la importante cantidad de contratos de locación servicios o de obra, por los cuales, los trabajadores del Estado no eran considerados tales sino proveedores “externos” (asignados a la cuenta “servicios personales” y no a la cuenta “personal”)
Resulta irónico que los contratos de locación de servicios terminen contando con una regulación con todas las notas de la relación de dependencia (horarios, categorías, incompatibilidades) salvo los descuentos de ley.
Esta situación se fue mejorando en los últimos años, incorporándose a esos “locadores de servicios” al Estado pero con contratos transitorios, o con una transitoriedad eterna en la que los concursos y la carrera brillan por su ausencia.
El pos fordismo que caracteriza a las relaciones económicas actuales es lo imperante dentro del Estado en sus facetas mas negativas.
Sumado a ello se debe tener en cuenta que las nuevas generaciones son presa de una cultura laboral que el francés Pierre Rossanvallon caracterizó como “mac donalización”, que significa la apuesta por las relaciones individuales y por el hecho de figurar en el cuadro del “empleado del mes” antes que por entender que la defensa de los intereses colectivos significa a su vez la defensa de los intereses individuales.
El economista Enrique Martínez, alguien que acompañó desde el comienzo el proyecto político del Gobierno Nacional en el que entre otras cosas define la situación con este muy acertado párrafo:
“Desde 1976 hasta 2001 se cumplió un ciclo donde “Achicar el Estado es agrandar la Nación” fue una consigna hegemónica o en el peor de los casos, sirvió para arrinconar a un gobierno como el de Raúl Alfonsín, que imaginaba otra cosa en el discurso pero en la práctica cayó también en los planes de “racionalización administrat con esa consigna estampada en la frente, fue totalmente coherente que todos los que manejaron las relaciones laborales en el Estado lo hicieran con la lógica – ya que no eran los dueños – de achicar, ningunear, postergar derechos, instalar una y otra vez el desánimo en todo servidor público, hasta llegar a lograr que sintieran vergüenza de ser o considerar el trabajo estatal como un simple aguantadero hasta tiempos mejores”
Esta cultura del trabajo adquiere rasgos particulares en el Estado en el que se “!abaratan” las prestaciones, lo que se rratifica con el hecho de que la negociaciòn paritaria se haya visto estancada desde hace un tiempo considerable.
Sin ir mas lejos la paritaria firmada redcientemente por el gremio aceiterio lleva a $ 6000 su sueldo inicial, mientras que esa es la remuneración de la categoría máxima del escalafón estatal, (sin adicionales) con exigencias tales como título de grado y de posgrado y otros requisitos de capacidad funcional.
Algunos piensan que lo mas sensato sería tal vez aplicar lo se ha dado en definir como Kalmarismo o “implicación negociada” en alusión a la discusión partiraia gremio empresa que se realizó en Suecia para insertar a los trabajadores en el proceso de reconversión planteado por esta última lo que implica darle participación e iniciativa a los trabajadores en la elaboración del producto y no la adjudicación de tares repetitivas a la macera del fordismo o de lo que Charles Chaplin definió muy bien en Tiempos Modernos.
Ello implica la también la instauración de la carrera administrativa y de la Estabilidad del empleado público garantía constitucional que hace 20 años, como herencia del menemismo no se cumple en el Estado.
El Ministro Tomada reconoció que el observó que la mayoría de las personas ingresaban al esatdo por “relaciones” y la Presidenta en su oportunidad dijo acertadamente que la planta transitoria que lo integra (que es un 80 %) debía presentarse a concurso e integrarse ya que eso no significaba ningún gasto superior.porque esa gente ya estaba trabajando condiciones precarias.
Pero volviendo a Gasalla le pregunto al lector ¿la famosa empleada no está hoy en otro lado?
Lo invito a observar como antes al menos podía concurrir a un mostador en las Empresas del Estado y que luego , cuando fueron privatizadas se encuentra con una operadora que le da pocoas explicaciones y no es muy cortés. (o operador también, no distingo género) .
Que observe como lo atienden en los bancos, o escuche la voz de quienes lo llaman de esos “estudios jurídicos” cuando tiene la desgracia de contraer una deuda.
¿No reconoce la misma empleada? Claro, ya no es folclórica y tiene otro “look” por eso cree que no está más, si quiere seguir averiguando pregúntenle a esos que lo llaman cuánto ganan para que pongan tanto “empeño”.
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Soberanía económica
La vieja discusión sobre el petróleo sale a la luz
Los datos aportados por Cristina impactan: nada menos que 9000 millones de dólares importados en combustibles durante 2011, de los cuales 7500 millones podrían haberse producido en el país.
El tiempo no fue precisamente de descanso. La presidenta tuvo que recuperarse de la operación pero las semanas de silencio público no fueron desperdiciadas. “¿En Punta del Este decís vos?”, disparó Cristina, como al pasar, después de dar algunos datos sobre el impacto de la importación de combustibles en la balanza comercial: en 2011 fue un 110% mayor que en 2010. Se sabe que el cuidado de los dólares entró en escena de una manera discutible, con restricciones para la compra al menudeo y un celoso cuidado de la AFIP que afecta, tanto al ciudadano de un país limítrofe que debe pagar en el mercado negro un 10% más para poder mandar ayuda a su familia, como a los especuladores que merodean las zonas turísticas. Sin embargo, junto con ello, llegó la decisión de que las petroleras y las mineras liquiden los dólares en Argentina.
Ahora, Cristina abrió el panorama petrolero, y resulta tan negro como crudo. “Si las empresas petroleras en nuestro país hubieran mantenido o aumentado la producción, hubiera sido mejor”, y agregó un dato que no deja bien parados, sobre todo, a los principales operadores del oro negro. Es decir, a YPF. Cabe recordar que, de los varios capítulos de la privatización de aquella empresa estatal, orgullo argentino, uno de los últimos fue el de la venta de casi todas las acciones a Repsol, una empresa nuevísima en el rubro, creada en 1987 en España, en base a una refinería y al ente de administración de combustibles. Eso sí, con participación privada. Así, en 1999, antes de completar una década incalificable de entregas, Carlos Menem ayudaba a esa empresa española a quedarse con la primera compañía en facturación en la Argentina. En Madrid, no faltaban las voces que advertían que la British Petroleum pretendía YPF pero que, Malvinas mediante, no podían hacer la operación. Sería temerario decir que Repsol fue “fronting” de la BP y con la historia de la Exxon y la Shell en América Latina ya hay suficiente como para saber la relación entre petróleo y poder. Pero el hecho concreto fue que los argentinos ya no tuvimos YPF.
Así, quedamos expuestos a que, una vez que el tema petrolero saliera del subsuelo como lo acaba de sacar la presidenta, es preciso profundizar en el asunto para que todo salga a la luz. Los datos aportados por Cristina impactan: nada menos que 9000 millones de dólares importados en combustibles durante 2011, de los cuales 7500 millones podrían haberse producido en el país.
¿SIGUE LA CONVIVENCIA? Repsol, en 2007, vendió el 14,9% de las acciones al Grupo Petersen, presidido por el banquero Enrique Eskenazi, quien quedó como vicepresidente, detrás del catalán Antonio Brufau, que preside no sólo la compañía argentina sino la operación mundial de Repsol. Un hijo de Enrique Eskenazi, Sebastián, meses después asumía como CEO de YPF. Precisamente Sebastián estaba en Punta del Este, más concretamente en su chacra de José Ignacio, cuando la presidenta se hacía esa pregunta sobre el balneario exclusivo de la costa uruguaya, que para algunos era sólo una humorada retórica.
Con el correr de los días, varios especialistas en petróleo brindaron información detallada que justifica el enojo de Cristina por la falta de inversión de YPF. Nadie duda de la buena relación que Enrique Eskenazi tenía con Néstor Kirchner, entre otras cosas por la compra del 51% de las acciones del Banco de Santa Cruz en 1996, cuando Kirchner era gobernador provincial y la mayoría de los bancos provinciales pasaban a manos privadas. Eskenazi tenía ya el de Santa Fe y el de San Juan. Cabe recordar que, en ese 2011, en el cual YPF –y las otras empresas petroleras– no invertían lo suficiente, el Grupo Eskenazi compraba un 10% más de las acciones de Repsol en Argentina.
Para tener una magnitud de la inversión de los Eskenazi, la primera operación fue de 2235 millones de dólares sin plata fresca. Casi la mitad financiada por Repsol y el resto por un grupo de bancos liderados por el Credit Suisse. Era una pena que esa operación se hiciera con privados y no con la recompra por parte del Estado. Pero los anhelos deben sustentarse en la cruda realidad. Para refrescar el clima que se vivía por entonces, vale recordar que se vivía con la sombra de los bonistas y el pago de los compromisos externos. Además, a pocos meses de la aparición de los Eskenazi en YPF, las patronales del campo lanzaban el embate más duro que sufrió el kirchnerismo. Y que en ese momento varios empresarios argentinos fuertes, como los Eskenazi, no se sumaron al intento desestabilizador de la Sociedad Rural. Tampoco significa que sus intereses acompañen en todos los planos al modelo. Así son las cosas en la política y es bueno aprender de la realidad y no sólo de los propios deseos
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Para ejemplo de cómo en temas vitales ciertos empresarios piensan distinto, sirve mencionar que la revista Fortuna, en su última edición de 2009, titulaba con una frase emergida de una distendida entrevista con Sebastián Eskenazi: “YPF no debería volver a ser estatal.” Es decir, hasta un empresario cercano al kirchnerismo seguía con discurso antiestatista aunque, paradójicamente, sus empresas se alimenten de negocios con el Estado. Ahora, ante esta irrupción de Cristina, ni Enrique ni Sebastián Eskenazi abrieron la boca. Tampoco la oficina de prensa de YPF dio siquiera un comunicado de la empresa.
PANORAMA ACTUAL Y FUTURO DEL PETRÓLEO. Ahora el escenario parece distinto. Primero porque el panorama internacional vuelve a mostrar mucha fragilidad en cuanto a combustibles. Hay que recordar que la Comunidad Económica Europea decidió un embargo –gradual– sobre Irán, y este país amenazó con cortar el Estrecho de Ormuz, por donde pasa una porción importante del crudo que se comercializa en el mundo (no menos del 20 por ciento). Si esto llevara a un aumento del precio del barril, las cifras dadas por Cristina podrían crecer.
Pero, además, parece haber emergido el tema petrolero como una agenda nueva. Algunos especulaban si Cristina volvería a vestir colores vivos o si haría cambios en el gabinete. Se equivocaron. Su reaparición, todo lo indica, está más vinculada a una visión estratégica. No es casual que a su lado, al momento de hablar sobre combustibles, estuvieran los presidentes del Senado y de Diputados, Beatriz Rojkés y Julián Domínguez. ¿Por qué no pensar en un debate parlamentario serio y profundo sobre el rol del Estado en esta materia? ¿No sería un gran homenaje a Enrique Mosconi, cuando el próximo 3 de junio se cumplan 90 años de la creación de YPF? Y unos meses después, cuando el 24 de septiembre se cumplan 20 años de la sanción de la Ley 24.145, ¿no sería una manera digna de volver a discutir qué es la soberanía petrolera? Porque, vale la pena refrescarlo, aquella ley transfirió a las provincias el dominio del Estado Nacional sobre los yacimientos de hidrocarburos y también admitía la privatización del capital accionario de YPF que poco antes había sido constituida en una sociedad anónima.
Desde ya, sería imprescindible la negociación con sus dueños privados, lo cual requiere una valuación y una forma de pago. Hace casi un año, antes de que el Grupo Eskenazi comprara el 10%, Repsol hizo una Oferta Pública de Venta (OPV) a través de su casa matriz y la cotización que surgió es de 16 mil millones de dólares. Si se tomara como referencia lo que pagó el Grupo Eskenazi por el 10% (1300 millones) la cotización sería algo menor (13 mil millones). Se trata de un valor no muy distinto del que estaba valuada (o devaluada) la compañía en 1999, cuando Repsol empezó a comprar acciones hasta quedarse con la casi totalidad.
Pues bien, en caso de que se avanzara en el debate legislativo y hubiera un entendimiento con los dueños privados –o parte de ellos– habrá que preguntarse de dónde saldrían los recursos: si de un fondo con impuestos especiales, si de un financiamiento atado a la gran banca internacional, o de alguna ecuación novedosa como tiene acostumbrado el kirchnerismo.
Otro tema en el que la presidenta puso el acento fue sobre la conducta de algunos dirigentes de la Federación de Sindicatos Unidos Petroleros e Hidrocarburíferos (hasta la privatización era el Sindicato Unido de Petroleros del Estado) cuando se refirió –sin mencionarlo– a su secretario general, Antonio Cassia. Lo mencionó como “un sindicalista (que) salió a defender a la empresa YPF”. Cristina dijo: “Me llamó la atención que se pagara el doble (por) el gasoil y que del sector del trabajo no se dijera nada”. Días atrás, Cassia había dicho: “Me constan las inversiones que hizo YPF y los esfuerzos por mantener los precios más bajos del mercado.” Cassia está al frente del gremio desde hace 20 años, y poco antes de ello, también durante la presidencia de Menem, estaba al frente de la Comisión de Energía y Combustibles.
Es cierto que el petróleo no se encuentra a simple vista y que las inversiones en exploración son costosas y sin certeza de que el oro negro salga a luz, pase a las refinerías y termine convertido en combustible. También es cierto que, sin sacar a luz estos temas, sin ventilar quiénes son los actores y qué historia recorrió el petróleo argentino, no podrá lograrse un cambio en la dirección de la soberanía nacional.
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Enero 29, 2012 | Por nelsonnogar | # Enlace permanente
DILMA GOBIERNA
El británico David Cameron y la alemana Angela Merkel fueron al devaluado Foro Económico de Davos a tranquilizar a los ejecutivos de las grandes corporaciones. Europa será inflexible en la austeridad. Es decir, sus gobiernos no crearán empleos públicos pero congelarán los salarios de quienes trabajan en lo que, otrora, fueron Estados de bienestar. Además, aunque no lo explicitaron, los empresarios quedaron tranquilos con que no elevarán los impuestos a sus extraordinarias rentas. Sin embargo, cuando le tocó el turno al presidente de la gran multinacional Unilever, Paul Polman, advirtió que “se acabó la era de los alimentos baratos”.
Esto es, al ajuste se le agregará la inflación en bienes básicos. A la cita suiza concurrieron algunos mandatarios latinoamericanos de derecha, el mexicano Felipe Calderón y el chileno Sebastián Piñera. Ninguno de los dos pudo exhibir logros de su fidelidad al neoliberalismo y el librecambismo, sino más bien lo contrario. Pasó inadvertida la presencia del peruano Ollanta Humala cuyo discurso cambia como la rosa de los vientos.
Lo que sí cayó como un balde de agua fría para los organizadores fue la ausencia de la brasileña Dilma Rousseff. Sobre todo porque decidió asistir al Foro de Porto Alegre, el único espacio anti-Davos que durante los primeros años de este milenio tuvo peso significativo, tanto por la participación de organizaciones sociales globalifóbicas como por la capacidad de plantear los debates estratégicos que muchos gobiernos populares desdeñan.
El enojo con Dilma, entre otros, lo transmitió El País de Madrid: “La ex guerrillera, convertida a demócrata, se encontrará mejor entre los movimientos sociales progresistas de Porto Alegre, que de alguna manera le recordarán sus luchas juveniles a favor de un mundo alternativo, capaz de soñar la utopía de un mundo mejor”.
Los multimillonarios no pueden entender cómo la presidenta de la sexta potencia económica le da oxígeno a un foro que se centró en el cambio climático desde la perspectiva de los pobres y despotricó contra la minería a cielo abierto, la sojización hecha a medida de Monsanto y alertó sobre las ambiciones de las potencias en controlar los recursos primarios, sea litio, oro, petróleo, agua o pulmones verdes. En un microestadio, el jueves pasado Dilma recordó una canción que sonaba en la llamada Revolución de los Claveles, cuando los portugueses terminaban con los restos de la dictadura comenzada por Oliveira Salazar en 1932. La canción (Grândola, vila morena) sonaba en las radios como señal para que comenzara la insurgencia. La elección no podía ser mejor, ya que la primera estrofa decía: Grândola, vila morena/Terra da fraternidade/O povo é quem mais ordena… “El pueblo es el que manda”, dijo Dilma en Porto Alegre, casi cuatro décadas después y podría ser interpretado como una señal de hacia dónde va. La gran paradoja es que en 1974 Brasil también vivía una dictadura y hoy, ese país que durante siglos fue colonia portuguesa hoy es la única potencia gobernada por la izquierda. Portugal, en cambio, es hoy una colonia del FMI.
Dilma fue a Porto Alegre como en junio irá a Río de Janeiro a encabezar la cumbre de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente llamada Río+20, nada menos que dos décadas después de otra cumbre llevada en la cidade maravillosa.
Dilma bregó por “un nuevo modelo de desarrollo” y pidió una renovación de las ideas “ante los días difíciles que vive la humanidad”. Lo que estará “en debate en la Río+20 es un modelo de desarrollo que articule crecimiento y generación de empleo, capaz de combatir la pobreza y reducir las desigualdades”. Tildó de “nefastas” las medidas y programas de los países europeos. “El desempleo y la desigualdad social –dijo– son particularmente crueles cuando se trata de naciones ricas que conquistaron derechos.”
Dilma puertas adentro. Siempre surge la comparación entre Brasil y Argentina. No pocos dicen que a Brasil en tiempos de Getulio Vargas le faltó una horneada para parecerse a la fortísima experiencia del primer peronismo. Tampoco faltan quienes critican la declinación en los debates políticos dentro del peronismo en contraste con la fuerza teórica que tienen los dirigentes del Partido dos Trabalhadores.
Ambas miradas pueden ayudar a poner en la superficie con más rigor los temas de fondo. Si el pueblo es el que manda, como dice Dilma, no sólo tiene que construir poder, sino también gobernanza, un término que se escuchó estos días en Porto Alegre. Algo que tiene que ver con la eficacia y la legitimidad de los mecanismos de administración del poder. Algo que tiene que ver con las relaciones de fuerzas entre los poderes económicos y las ideas hegemónicas neoliberales y las nuevas corrientes y bloques de alianzas sociales y políticas que resistieron y hasta conquistaron espacios vitales de contrapoder. Algo que, tanto en Brasil como en la Argentina no es una realidad de laboratorio, sino una serie de hitos históricos desde 2003 hasta ahora.
El gobierno del PT promueve políticas sociales pero también convive con la realidad de los grandes grupos empresariales que, entre otras cosas, penetraron con mucho poder económico en la Argentina. No todas son rosas entre Dilma y los empresarios brasileros. La Federación Industrial del Estado de San Pablo (Fiesp), cuyos asociados representan la tercera parte del PBI nacional, a mediados de diciembre lanzó una serie de andanadas contra la presidenta. Desde criticar la valorización del real porque permitió una inundación de importaciones hasta la elevación de impuestos a las empresas. Por eso, hay que tomar con pinzas el “pedido de reunión” del presidente de la Fiesp, Paulo Skaf, a la presidenta argentina, supuestamente para hablar de temas binacionales. Skaf y la prensa paulista se asustan cuando Dilma les sube los impuestos y también cuando recuerda que es el pueblo el que debe mandar.
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Minería en expansión: las “tierras raras”
Publicado el 29 de Enero de 2012
Por Miguel Grinberg
Analista ecosocial
La prensa económica de Canadá ha promocionado una nueva frontera en la materia, enfocándose en las “tierras raras” y colocando a la Argentina en el foco internacional de negocios mineros de envergadura.
La minería de montaña y la explotación del subsuelo son prácticas muy antiguas de la humanidad y, en muchos planos, han sido fundamentales para el progreso de las sociedades modernas, como factor económico y fuente de recursos materiales indispensables. Petróleo, hierro, cobre, plomo, mármol, granito, cemento, arcillas, aluminio, cromo, manganeso, grava, turba, sal y mucho más. Una larga historia extractiva a la par de metales preciosos (oro y plata), valiosas piedras (diamantes, rubíes, zafiros, etcétera).
Durante el último semestre, la prensa económica de Canadá ha promocionado ampliamente una nueva frontera en la materia, enfocándose sobre todo en las llamadas “tierras raras” y colocando a la Argentina en el foco internacional de negocios mineros de envergadura. Tan notorio es ese auge financiero, que el prominente índice internacional Bloomberg creó una base de datos enfocada en los principales productos del sector y destaca a las mayores empresas mineras del ramo que cotizan sus acciones en bolsas de valores de primera línea.
¿Qué son las “tierras raras”? Se trata de una familia de elementos (óxidos e hidróxidos) de nombre exótico también conocida por los expertos como “lantánidos” (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio, lutecio, itrio y escandio). Su denominación no se basa en consideraciones de escasez –pues existen en abundancia– sino en la dificultad que presentan para ser separados de los minerales con los que aparecen asociados en la naturaleza.
¿Por qué son cruciales? Porque en aleaciones específicas, las “tierras raras” propiamente dichas cumplen papeles centrales en la fabricación de teléfonos celulares (baterías recargables), imanes de alta potencia (en turbinas eólicas), dispositivos láser, pantallas de TV, coloración y pulido de cristales, instrumentos de rayos X, superconductores, computadoras compactas, catalizadores, motores híbridos, baterías de autos eléctricos, electrónica avanzada, metalurgia avanzada, reproductores mp3, fibras ópticas y otros sofisticados procesos. El auto híbrido japonés Prius, por ejemplo, requiere para su fabricación por unidad alrededor de 30 kilos de “tierras raras”.
El capítulo más reciente de este asunto comenzó a escribirse en septiembre de 2010, cuando China –entonces exportadora del 97% de las “tierras raras” utilizadas en el mundo industrialmente avanzado– decidió sancionar económicamente a Japón por un episodio vinculado a la soberanía de unas islas deshabitadas: las Diaoyu –en chino– o Senkaku –en japonés. Se trata de un conjunto situado en el Mar de China Oriental, próximo a Taiwán, que Japón administra, pero que es reclamado por Pekín y Taipei. Estas islas deshabitadas, que poseen importantes reservas de petróleo, son el centro de una vigente polémica entre China y Japón. Durante el par de meses siguientes, los chinos restringieron la exportación de “tierras raras” que utilizan las industrias japonesas.
Un año después, aun en medio de la crisis financiera que afecta a la Unión Europea, la primera ministra alemana Angela Merkel viajó especialmente a Mongolia (rica fuente de “tierras raras”), para consolidar una sólida alianza estratégica basada en el abastecimiento de materiales mineros de índole prioritaria. La retracción exportadora de China causaba, en efecto, un preocupante alza en el precio transaccional de los mentados elementos.
El entusiasmo inversor canadiense tuvo como detonante la localización en las provincias argentinas de Salta, Catamarca y Jujuy de vastos salares ricos en litio, hecho que situó a nuestro país como tercer productor mundial de un componente central de las baterías que requieren los teléfonos celulares, las cámaras fotográficas digitales y las computadoras portátiles. Las prospecciones mineras determinaron la presencia en el ABC regional de un rico “cinturón de litio” que abarca Argentina (en Olaroz, Cauchari, Rincón, Diablillos y Hombre Muerto), Bolivia (en Uyuni) y Chile (Atacama, Mariana y Río Grande).
Un paso estratégico lo dio la compañía minera Wealth Minerals con la adquisición de unas 6000 hectáreas en Rodeo de los Molles (San Luis), yacimiento que en su página web es perfilado como el proyecto de “tierras raras” más grande de América del Sur. La misma empresa señala que busca inversores internacionales para explotar su propiedad de Bororo Nuevo (cuatro minas y seis cateos) en la Cuenca San Jorge (Chubut) donde se encuentra el menos explorado yacimiento de uranio del mundo, vinculado a una vasta reserva de elementos raros.
La agencia noticiosa IPS consignó a fin de 2011 que “teniendo en cuenta el reciente recorte de cuota de exportación de tierras raras anunciado por China, el segundo en años consecutivos, estamos contentos de asegurarnos un área grande y aún no explorada en una región conocida por albergar significativas concentraciones de tierras raras”, afirmó al anunciar la compra el presidente de Wealth Minerals, Henk Van Alphen.
Por su parte, otra empresa privada de Canadá –la South American Rare Earth Corporation– ha realizado amplios reconocimientos en la provincia de Santiago del Estero. Uno de sus anuncios ha sido la localización de una vasta fuente de “tierras raras” en Jasimampa, rica en minerales con cerio, lantano y neodimio. De confirmarse los primeros informes, su potencial minero sería análogo al depósito californiano de Mountain Pass, la única mina de “tierras raras” que poseen los Estados Unidos, y que se planea rehabilitar como consecuencia de los lineamientos chinos. Otro emprendimiento canadiense de envergadura, lo protagoniza la U3O8 Corporation, con intereses en Colombia, Guyana y la Argentina. Dedicada a la explotación de uranio y vanadio, lleva adelante cateos y tests metalúrgicos de muestras extraídas en sus propiedades en la provincia de Chubut (Sierra Cuadrada, Laguna Salada, Guanaco y Lago Seco). La identificación mineral se realiza el Laboratorio Lakefield (Ontario, Canadá).
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Desafío latinoamericano
Ante la guerra capitalista
Publicado el 29 de Enero de 2012
Sociólogo, docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA
Desde hace años el accionar de numerosos movimientos sociales resiste la depredación de las reservas naturales del planeta en su lucha por garantizar la vida.
Mientras la Eurozona se debate en plena crisis recesiva, instalada en el discurso neoliberal con sus clásicas medicinas de reducción drástica del déficit fiscal y degradación de los estándares de consumo de la mayorías que viven de su trabajo, en las economías emergentes se evalúa la llegada a corto plazo de las secuelas del tsunami económico de los países centrales. Los efectos de ese tsunami serán la reducción de sus exportaciones y la marcada morigeración de las tasas de crecimiento de sus PBI.
Estos problemas forman parte de las urgencias de los gobiernos en la actual globalización capitalista. Unos preocupados por no alterar el nivel de crecimiento y otros por garantizar la reducción drástica de sus millonarios déficits, invisibilizan o dejan para mejor ocasión temas que se convierten en prioritarios para el futuro del planeta y sus habitantes. La excepción a tamaña insensibilidad ha sido desde hace años el accionar de numerosos movimientos sociales que resisten la depredación de las reservas naturales del planeta en su lucha por garantizar la vida. La tierra, el agua y el ecosistema hoy están amenazados por la lógica irrefrenable de importantes empresas multinacionales de carácter extractivo imbuidas de una lógica depredatoria de generación de recursos y dispuestas a obtener ganancias cueste lo que cueste y caiga quien caiga.
En su libro Dos pasos adelante uno atrás, la cientista social Isabel Rauber afirma que en el estadio actual de la globalización capitalista, la continuidad de la lógica de producción y acumulación del capital amenaza a toda la humanidad. Este peligro potencial se resume y expresa en la contradicción antagónica entre la vida y la muerte transformándose en el problema fundamental del escenario contemporáneo. Rauber considera que “construir una civilización superadora de lo hecho hasta ahora no es tarea de pocos ni de elegidos. Por el contrario, requiere necesariamente de la participación de la humanidad toda, o al menos de la mayoría. Esto reclama de la sucesión concatenada de procesos histórico-concretos que vayan abriendo canales para la participación en dimensiones diversas, creando y acuñando, a la vez, nuevas prácticas de interrelación humana en lo social, político, económico y cultural”.
En tal sentido, los actuales procesos de luchas sociales y las experiencias de los gobiernos de raíz transformadora constituyen laboratorios del nuevo mundo que pueden ayudarnos a crecer colectivamente en saberes, si somos capaces de seguir y apropiarnos críticamente de dichas experiencias. Ellas constituyen, a la vez, fuentes de inspiración para la vida. La brújula está, pues, en el accionar-pensar constante de los movimientos. Estas afirmaciones coinciden con las de otros autores que han estudiado el devenir de los movimientos sociales y sus diversas articulaciones con determinados gobiernos que con políticas heterodoxas lograron diferenciarse de diversa manera del neoliberalismo hegemónico. Esta es una de las consecuencias de la profunda debacle del modelo neoliberal en especial en Latinoamérica. Los movimientos sociales han tenido un papel fundamental en las luchas contra el neoliberalismo a lo largo de los ’90 y en el nuevo siglo ya que orientaron sus luchas hacia la resistencia a las lógicas de mercado.
Durante los últimos 30 años se fue construyendo lentamente una nueva mentalidad en los movimientos sociales. Estos ponen hoy el énfasis en la defensa de la vida y se manifiestan contra la depredación económica y ambiental. Aunque no hayan podido evitar el cese de la explotación –eje central de las luchas de los ’70 de los llamados movimientos revolucionarios– han podido consolidar, en un contexto de profunda asimetría, un lugar con propuestas alternativas e instalar la confrontación con diversidad de prácticas propias de la lógica financiera, todavía hoy dominante no sólo en los sectores ligados al poder, sino en el imaginario de un significativo universo de las clases subalternas en las sociedades contemporáneas.
Se puede afirmar, como lo expresa Isabel Rauber, que “los movimientos abonaron el camino de la llegada de los gobiernos populares porque fueron protagonistas de resistencias y luchas de los pueblos”. Existen diferencias entre los procesos políticos. Estos tienen ritmos, historias y disputas distintas, como ocurre por ejemplo con los casos de Ecuador y Bolivia. Pero estas tensiones implican que hay diálogo y un debate posible permite el apoyo crítico de los movimientos, a esos gobiernos en disputa. Es en esta dirección que habrá que seguir impulsando y profundizando las medidas que atiendan las urgentes necesidades que atraviesan nuestros pueblos en la resistencia a la depredación de las grandes corporaciones.
Los gobiernos de Morales y Correa están en tensión con los movimientos indígenas y sociales. En el caso argentino se da la problemática de la expulsión de los campesinos pobres pertenecientes a los pueblos originarios por grandes terratenientes con el amparo de gobiernos provinciales. Hoy la resistencia popular se expresa a través de los habitantes de Famatina en defensa de la vida, en contra de la depredación del medio ambiente y la contaminación de las escasas reservas acuíferas de la región por corporaciones internacionales. Las potencialidades de los movimientos sociales opuestos a la megaminería, y a la extracción a cielo abierto de las riquezas mineras abren un debate de urgente resolución en nuestro país.
Rauber se apoya en la idea de que “la constitución del sujeto es permanente, es parte del caminar”. Por eso es importante tener presente que es preciso como nunca antes seguir en la disputa de la construcción social, cultural, económica y política de lo nuevo, incluyendo a los actores en el proceso de cambio y transformación. La instalación de un gobierno popular supone la conformación de nuevas interrelaciones sociales y el surgimiento de nuevas contradicciones, conflictividades, afinidades e interacciones de fuerzas e intereses sociales, económicos, culturales y políticos acordes con la nueva realidad política e institucional, de conjunto. Se establece así un nuevo mapa sociopolítico con nuevas tareas y desafíos para los actores sociales, ahora claramente confrontados en su matriz política o sociopolítica.Profundizar la discusión sobre el modelo de sociedad y el rol tanto de los movimientos sociales como de los trabajadores, en la constitución de ese entramado social, capaz de constituirse en garantes de una sociedad más justa, que priorice el factor humano sobre el beneficio económico; la tarea es, de alguna manera, entenderse con la necesidad de preservar el patrimonio y recursos naturales escasos, como la tierra y el agua.
En coincidencia con la mencionada autora, la pregunta es si la batalla contra esa lógica hegemónica a escala global se puede combatir eficientemente con meras alternativas desarrollistas. Un paradigma suicida atraviesa la economía mundo.
La forma “depredatoria de generar los recursos” ha construido un sistema deshumanizado, al promover la alienación propia del consumismo sin límite como meta . Quizás haya llegado el momento de anteponer una nueva lógica civilizatoria que nos aleje de ser inevitablemente objetos de consumo que sobreviven al libre arbitrio del dios mercado.
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