¡Reloaded! Preferiría No Hacerlo – Inicio 2da Temporada.

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¡A LEER!
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¡Adelantos de la 2da temporada!
¡PARA COLMO FALTA SOLO 1 DIA!

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Desde el 1ro de Abril, vuelve a la blogósfera la historia más delirante de todos los tiempos en el sentido más literal que a la temporalidad pueda cargársele.
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Fernando Vidal

Roru Uror

y gran elenco…

Protagonistas de…

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China Zorrilla: “Una reverenda porquería. El escritor, un hijo de puta. Es lamentable que en el espectro literario digital se le de cabida a una historia repleta de inconsecuencias argumentales, por no mencionar las cochinadas, las promiscuidades poéticas del autor, que aún no conocemos. Una mierda.

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Mariano Grondona: “Son izquierdistas. Golpistas. Zurdos”.
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Marcelo Tinelli: “Me aburrió desde la primera frase. No hay feelling. No hay feedback. No hay bloopers. Sólo gente ordinaria que tiene granos y se tira pedos.
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Susana Gimenez: “No apoyan la pena de muerte. Yo los mataría a ellos. Sobre todo al graniento ese de Fernando Vidal”.
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¡Desde el 1ro de Abril, “no dejes de perdértelo”!

1974/ pido gancho

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Queridísimos amigos:
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Antes que nada quiero agradecerles infinitamente el haberme acompañado en este viaje que hice por 1974, el cual sin dudas, sin ustedes del otro lado apoyándome y haciéndome sentir su cariño, no hubiera podido emprender. Mi intención era y es llegar a 1974/Z. Mas, los hechos ocurridos en mi vida las últimas semanas, ahora de público dominio blogueril, me impiden por el momento continuar esta historia. Ocurre, en primer lugar, que está resultándome imposible viajar a ese año. Quizás sea un efecto colateral ocasionado por el acelerador de partículas instalado por quien ya saben en lo que otrora fuese el living de casa. Tal vez, en mi afán de sustraerme al efecto Storni, dominante ahora en la mayor parte de esta morada, sea conveniente, a menos de momento, dejar de lado los recuerdos y fantasías de la infancia. Más allá de esto, tampoco me es fácil concentrarme y escribir, imagínense ustedes, mientras escucho los agudos y desesperados ladridos de mi perro ante el desconcierto que le provoca la presencia de otro perro que cambia constantemente de color; las interminables e insólitas discusiones que mantienen Uror y Vidal a cada momento; los ensordecedores ruidos que provocan sus experimentos, e innumerables, ridículas e indescriptibles situaciones que se viven en esta casa, en la que la voz de éstos, mis personajes favoritos y yo, hemos decidido, con y a pesar de ellos, ser muy felices. Gracias Amigos Míos por haberme acompañado en la recorrida. Espero me sigan acompañando en esta nueva etapa.
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Los quiero. Nayru
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De Vidal

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Estimada Nayru: Como comprenderá, soy Vidal. Pese a sus constantes advertencias, no he podido evitar este tortuoso placer de hackearle su blog. Usted es hermosa. Y como tal, merece ser hackeada. Las mujeres de su estirpe son accesibles sólo en virtud de trampas poéticas. Como los aceleradores de partículas. En matemáticas, como en la metafísica de su propia existencia, todo se resuelve en la inspiración de un hombre que ama. Si estos símbolos son operadores o palabras, eso no importa. El corazón se sirve de cualquier abstracción para expresar la desesperación de lo concreto. Los ochos minutos de atraso en el Mirador, sus ojos, esa sonrisa suya que hace del mundo un lugar menos horrible, son lo mismo. Siempre me he movido por amor. Si he logrado retroceder el tiempo en un departamento en Caballito, es naturalmente por amor. Sabe, querida Nayru: he estudiado las más frías profundidades de la física de partículas con la esperanza de que alguien me quiera. Nada más. Sólo transmito un mensaje cifrado con la absurda convicción de que alguna persona lo entienda. Nunca quise el Nobel, como piensa Uror. Yo sólo deseo que me abracen, que sepan que también intenté besar al universo. No con epítetos románticos, lo sé, pero, eso sí, con el mismo corazón que un escritor, un músico, un poeta.
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Soy un gordo feo. Y tengo un grano verde en la cara. Pero -créame- la amo con la misma intensidad que mi creador. Como ése que escribe la historia del Mirador y que sé que a usted la adora irremediablemente. Permítame, al menos, felicitarlos a los dos. Y evitarles cualquier “anomalía”. Yo, Fernando Vidal, soy una parte de ese hombre loco que usted ha elegido. Y sé que esto que ahora escribo desde la ficción quizá él ya lo haya dicho antes sobre el rellano de sus labios.
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Mientras lo bese a él, me besa a mí. Y eso es suficiente.
Sea feliz. Y entiéndalo a él. No olvide que está irremisiblemente loco.
Saludos de Azulejo.
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F.V.

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cracking done
exit
(26-02-2009)

1974 /s

Extraño mi Tierra. Extraño a mi Madre. Extraño mi mar y mis montañas, la alegría de mi gente, mis días de risa y gofio, nuestras folías, nuestras ganas de festejar a pesar de todo.
Acá todo es tan distinto. La gente parece estar siempre angustiada, luchando contra sí misma. Todo en su vida parece ser un tango eterno y de los tristes. Todo es tan gris.
No encuentro consuelo en mi esposo y mis tres hijas. Lucho por sentirlos mi familia, pero me son tan extraños, tan ajenos, tan lejanos.

Mientras escribo estas líneas para desahogarme un poco, la más pequeña de mis hijas me observa, me escruta, me reclama, me hiere, me duele, me comprende, me perdona. Yo la miro. Disimulo. Ahora acaba de encerrarse en el baño. Tarda. Tengo un mal presentimiento.

Abro la puerta del baño de un sopetón. Le quito el cordón que sostiene tenso alrededor de su cuello. Me desespero. -”Mocosa de miércoles” le grito y la mando a mi cuarto. Me hubiera gustado poder gritarle cuánto la amo, pero ignoro como hacerlo.

1974 / R

Fiebre reumática dijo el médico, después de leer los análisis. Mamá lo miró esperando una explicación. El, muy serio y distinguido, escribió unas palabras que no entendí en un recetario y dijo: “el primer mes una inyección por semana; el segundo, cada quince días. Después vuelvan y vemos. Las inyecciones duelen mucho, pero que no se las apliquen con la ampolla indolora por que la nena tiene un soplo cardíaco y puede afectarle el corazón”. Le dió la mano a Mamá y sin más, nos acompañó hasta la puerta del consultorio.

Benzetazil decía la receta. La enfermera me hizo parar arriba de una silla y acomodó a Mamá delante mío. Me advirtió “la indiozione no e´ una carizia”. Luego dijo “Abraze a sua mamma”. Lo que me inyectó en la nalga parecía vidrio molido. La aplicación duraba una eternidad ya que por lo espeso del líquido, que era casi sólido, había que colocarlo muy de a poco. A medida que el líquido ingresaba, podía sentir el recorrido que hacía entre la nalga y la pierna, como si fuera un hierro hirviendo penetrando en mi cuerpo. La renguera duraba como mínimo un día.

Pero Mamá estaba ahí, abrazándome, sosteniéndome, dándome valor. Fueron más de cuarenta aplicaciones. Y jamás lloré. Y Mamá estaba orgullosa de mí. Y yo también. Orgullosa de mí. Y de ella.

1974 /Q

Sólo quiero que me quieras, que me cuides, que me mimes, que alguna vez me digas que soy linda, que te des cuenta cuando te levantás de la siesta que lavé los platos, que traje un boletín con todo sobresaliente, que corto el pasto y desmalezo los yuyos de los canteros, que te escribo poesías, que estoy pendiente de tu mirada, de tus gestos, de tu tristeza.

Que si no quiero comer no es para llevarte la contra, sino que tengo un nudo constante en el estómago que me impide hacerlo.

Que odio a la abuela y a las tías porque siempre decís que ellas son tu familia.

¿Y qué somos Isis, Vir, Papá y yo entonces?

Sólo quiero que estés orgullosa de mí, Mamá. Que te des cuenta cuánto te necesito.

Y que ya no me pegues.

1974/ P

Salí de la escuela muy contenta. Me habían entregado el boletín. Sobresaliente. En todo.

Caminé las nueve cuadras que me separaban de mi casa, de mi otra realidad. Era el mediodía de un calurosísimo día de diciembre. Cuando llegué a la vía, la chicharra anunciaba la llegada del tren. Tenía tiempo de pasar, pero me quedé esperando. Mientras el tren pasaba por delante mío, grité. Grité. Grité muy fuerte.

Al cruzar la vía, en la calle desierta, me rodeó una banda de perros callejeros. Hicieron un círculo en derredor mío y todos y cada uno de ellos, me gruñía mostrándome sus afilados colmillos.

Me paralizó el miedo. Y comencé a repetir como un mantra “San Roque San Roque, que este perro no me mire ni me toque”. Recordé las albóndigas y pensé en lo desagradecidos que eran esos animales. Entonces les tiré mi boletín.

Cuando los perros al fin se fueron se lo llevaron como trofeo. Corrí las cinco cuadras que me faltaban para llegar, necesita abrazar a Mamá. Para mi sorpresa no había nadie en casa.

Pero Mamá había tomado la precaución de dejarme mi banquito en el porche, con una notita que decía: No tengas miedo, no tardo.