Enero 28, 2009 | Por loprete | Claves: bar, flavio, jesús, josef, josefo, mattiyahu | # Enlace permanente
Últimamente ha comenzado a circular en la sociedad una versión acerca de un nuevo artículo comercial ignorado hasta ahora por los economistas. Se trata del cuerpo humano, pero reducido a partes, como las reses del mercado, un riñón o un trozo del hígado, cuando no un dedo o una oreja para un transplante. Dejo fuera de tema el alquiler temporario, como el vientre materno para fecundaciones. Se vende todo aquello sin lo cual se sigue viviendo, pese a que hasta el momento faltan investigaciones científicas acerca de cuántas partes puede vender un mismo individuo sin pasar a la ultratumba.
El anuncio periodístico aparecido en un diario se refiere específicamente a individuos completos y usados, y aclara que la operación de compra-venta no implica actos quirúrgicos cruentos. Pero ¿cómo se puede comprar un ser humano usado? De alguna manera todos somos usados, pero por nosotros mismos y no por un tercero. La explicación está entonces en la política, pero en la política actual, dado que con anterioridad en épocas del feudalismo se vendían ya como componentes de una tierra ofrecida en venta. Vestigios de esta clase de transacciones se inscriben todavía en las escrituras cuando se especifica que la propiedad se ofrece “con todo lo edificado, clavado, plantado y demás adherido al suelo.” En otras jurisdicciones más precavidas se agrega “con intrusos incluidos”, para evitar que ellos reclamen algún día derechos de posesión. Este modo de transacción equivaldría a decir que un barco se enajena con ratas o polizones incluidos, o una casa con el personal doméstico. En consecuencia, se comprende que una mansión con una mucama para trabajos generales vale menos que si el personal estuviera constituido por una mucama, un jardinero, un cocinero y un secretario políglota.
A todas luces cuando se dice “hombres usados” se quiere significar que los que se buscan son hombres con experiencia en servir a un amo mediante el pago de una retribución convenida por un período convenido. No se necesita ninguna agudeza especial para comprender que son hombres que anteayer fueron radicales, ayer conservadores, hoy tercermundistas, mañana serán fascistas y pasado mañana populistas.
¿Pero existen hombres así?, se preguntará un inexperto en ideologías. Existen, sí, y muchos, muchísimos. Como dice un antiguo refrán castellano, por la plata baila el mono. ¿Y desde cuándo? Desde siempre, o cuando menos desde que tenemos textos explícitos. Se los ha llamado “traidores de su patria por dinero” (Virgilio, La Eneida), pero por mi parte prefiero llamarlos “hombres usados”.
Para el hombre usado no existe patria, porque lo mismo se emplea en Brasilia que en Buenos Aires; la verdad y la mentira son una misma cosa, no hay diferencia entre ellas. La virtud y el vicio son un invento de los moralistas para justificar su oficio, y el castigo a los transgresores de las normas éticas es un invento de los teólogos para lograr fieles adeptos a su religión.
Mas si hay hombres que se pueden comprar, será porque hay quienes los quieren adquirir. De acuerdo, pero ¿cuál de los dos es más culpable –se preguntaría si viviera Sor Juana Inés- , el que peca por la paga / o el que paga por pecar? Si la monja mexicana no pudo resolver el enigma, muchísimo menos podría hacerlo yo.
Sin embargo, no resisto a la tentación de expresar mi humilde opinión. Si no existieran hombre usados, el comprador no podría consumirlos y tendría que resignarse a quedarse donde está sin apoyos gubernamentales. En cambio, si no existiera el comprador, los hombres usados subsistirían hasta encontrar un comprador, como un peligro en potencia para el resto de la comunidad. Una cosa es ser malo por cuenta propia, y otra distinta el ser malo si se encuentra un socio.
Había una vez un rey que compró tantos hombres usados que a la postre quedó totalmente rodeado de serviles y de comprador se convirtió en servidor. La efemérides nacional lo menciona como “el hombre más usado del país.”
Octubre 14, 2008 | Por loprete | Claves: cuerpo, dinero, ejemplo, flavio, guerra, historia, hombres, individuos, intimidades, josefo, judíos, libro, política, renta, usados | # Enlace permanente

En gran número de asuntos humanos y divinos los antiguos han dicho en su tiempo lo que los modernos creen haber pensado por primera vez. Mas pese a su tremenda sabiduría, no han sido los creadores originarios de toda verdad. Tuvieron la delicadeza de dejar múltiples asuntos para que los resolvamos los modernos. Si la sabiduría se hubiese agotado con ellos, los filósofos y pensadores contemporáneos no tendrían razón de existir. Por fortuna, la cosa no ha sido así. Y no sólo eso, sino que además las civilizaciones siguientes se han encargado de generar nuevos temas, como el que tratamos en este artículo, es decir, los hombre usados.
Cosas usadas han existido en todo momento , las ropas del hermano mayor, la pipa del abuelo, el traje de novia de la mamá, los libros del amigo que pasó en la escuela al grado superior, la vajilla de porcelana comprada en la feria de antigüedades, el prendedor de oro de la bisabuela o la cuna de la vecina que ya no está en condiciones de engendrar, y bien está que esta costumbre de usar lo usado se haya extendido hasta nuestros días, en los cuales se compran hasta los cigarrillos usados. Del dinero ni hablar, debido a que los billetes falsos son siempre nuevos.
Una duda me tiene inquieto desde el año pasado: ¿no hay hombres usados?
Categóricamente opino que sí. ¿Y cuáles son entonces? Pues por analogía con las cosas, son aquellos que se pasan de un comprador a otro a cambio de un precio más prometedor, quiero decir, al mejor postor. Los ejemplares más abundantes se registran en el mundo de la política. No he logrado individualizar al primer hombre usado en la historia, pero sí a uno de los más sospechados desde antaño, que mencionaré con nombre y apellido, con el riesgo de que un eventual e inesperado contendor me tache de racista, gremio en el cual de ninguna manera milito.
Me refiero a Flavio Josefo el historiador que escribió La guerra de los judíos cuyo asunto central es la guerra de ese pueblo contra los romanos comandados por los emperadores Vespasiano y Tito allá por los años iniciales del cristianismo en el siglo I. Pertenecía a la tribu de Leví, era hijo de un sacerdote, por sus venas corría sangre real judía y se llamaba Josef bar Mattiyahu.
Siendo joven de veintiséis años, se trasladó a Roma para gestionar la liberación de unos sacerdotes judíos amigos ante Nerón, pero fue procesado y condenado por el emperador. Lo salvó Popea, la esposa del atroz gobernante. Pocos años después se trasladó a Jerusalén y el Sanedrín o Consejo Supremo lo nombró comandante en jefe de Galilea, pero fue derrotado por los romanos, capituló y fue llevado como prisionero de guerra ante Vespasiano, a quien le auguró que sería el próximo emperador. Cuando este augurio se cumplió en el año 69, Vespasiano lo liberó y lo nombró ciudadano romano con el nombre de Flavio Josefo. El flamante ciudadano se unió a su salvador y lo asistió en el sitio y destrucción de Jerusalén . En recompensa por sus servicios al imperio, Vespasiano le otorgó una pensión vitalicia y una suntuosa residencia, donde falleció el año 101.
La ciencia histórica no ha encontrado ningún indicio sobre su relación con Jesucristo el Salvador, que vivió en sus años y de quien afirma con indiferencia que “…existió en esta época Jesús, hombre sabio, si es que hay que llamarlo hombre…Éste era
el Cristo…” El caso es que todavía en nuestra época se discute si fue un judío vergonzante, un escritor que buscaba acomodarse con el poderío romano, un descreído del cristianismo, o un oportunista al servicio que quien lo favorecía mejor en cada momento. Uno puede formularse entonces la pregunta: ¿si Flavio Josefo hubiera sido paralítico, ciego, endemoniado, leproso o mudo, se habría ofrecido al servicio de Nuestro Señor a cambio de la salud? Jamás lo sabremos, y eso nos basta. Tampoco sabremos si hubo entre los chinos, los babilónicos y los egipcios anteriores a los judíos hombres usados, pero hay una gran probabilidad de que haya sido así dado que hasta nuestros tiempos sigue habiéndolos.
Se dice que no se puede servir a dos amos al mismo tiempo y es probable que así sea. Pero nadie ha negado que no se pueda serlo en tiempos sucesivos. También se dice que una revolución se hace desde adentro, es decir, dejándose usar previamente por el gobernante a quien se sirve. También es probable que así sea.
Pero lo que no se escucha decir es que cuando a alguien lo acosan para convertirlo en hombre usado, lo mejor es decir “no” en lenguaje natal, antes que decir “sí”en latín o en griego.
Concluyo con un retorno al ejemplo de Josef bar Mattiyahu o Flavio Josefo. ¿Cuántos ejemplares hemos conocido como él? Cualquier persona podría citar a cientos y millares, según la experiencia de vida que tenga. Pero hay algo más profundo todavía que habría que plantear. ¿No habrá alguien que se use a sí mismo? Creo categóricamente que sí. Son aquellos individuos que usan el propio cuerpo, sus extravagancias mentales, sus desbordes verbales, sus arrogancias intrépidas, incluidas sus intimidades obscenas, para obtener una renta en dinero del mejor postor.
Ultimos Comentarios