El verosímil en “Eran las ocho menos cuarto”
En el texto en construcción “Eran las ocho menos cuarto”, estoy teniendo, personalmente, problemas con el verosímil. Para mí, hasta ahora, reconstruir el verosímil cuando (subjetivamente, claro) me parece que se está yendo al carajo, es un desafío que está bueno. No sé si a los demás les ha pasado.
Cada vez que aparece una nueva intervención, releo el texto, y otra vez me veo obligada a “encaminarlo” hacia el verosímil. Con lo cual, mis últimas intervenciones fueron, en gran parte, un esfuerzo en tal sentido.
Tenía ganas de preguntarle, por ejemplo, a Bocha, si cuando los encamó a Elena y al viejo, tenía algo en mente en cuanto al motivo y las consecuencias en el relato de ese encame, o fue simplemente lanzar un desafío, o fue simplemente que las musas le sugirieron esa idea. Eso no lo pude resolver: Por ahora, Luis y Porota están preguntándose si los otros dos están locos, pero no sé si estaría bueno que fuera esa la explicación.
A mi modo de ver, Elena sospechó que el viejo era enviado de Luis. Según ella pensaba, Luis la quería matar, y esto tenía que ver con algún daño que los experimentos de ella le habían provocado. Me pregunto también si recuerdan que la última vez que Elena lo había visto a Luis, a él empezaban a salirle plumas en la cara. Que el viejo era enviado de Luis, a mi entender quedó confirmado cuando se mandó el discurso ante la clientela mandándola en cana en relación a sus experimentos.
A Analatana, por ejemplo, le preguntaría: ¿de dónde salió Luis? ¿cuándo llegó? ¿cómo apareció en la escena?
Pero decidí no preguntar nada. Sólo digo que mi última intervención, de anoche, está pensada como para salvar el verosímil, y se me ocurren por lo menos dos o tres maneras a partir de mi párrafo (incluso para darle lógica al encame de los que están arriba).
Espero que me den su opinión, y que disfruten como yo del ejercicio.
Taluego,
Tutifruti
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Y, a Luis no lo metió Roru???? Tengo que volver a releer porque no volví más desde mi último aporte.
Pero si dejás que mucha gente participe en una historia, va a tomar rumbos que no te van a gustar. A mí me pasaba en las clases de teatro. De golpe te ponen en el escenario a improvisar algo con otro/s. A veces te dan una consigna, y a otras no. Si arranca uno, lo hace con algo de una historia in mente. Pero si el que sigue lo toma para otro lado que no te lo esperabas, podes tratar de hacerlo volver a lo tuyo, pero yo pude comprobar que casi nunca se da. La historia se va por las ramas y no la podés recuperar.