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¿Flacos a cualquier precio?

El mandato bíblico afirma : “Parirás con dolor”, pero en ningún versículo o capítulo el Libro Santo agrega también que mujeres y hombres deberemos ser flacos, vivir a dieta y estar condenados a sufrir en el gimnasio eternamente, hasta el fin de nuestros días. Amén.

Personalmente, hace muy poco descubrí el placer de comer sano e ir al gimnasio . Siempre fue una “obligación “ para verme bien. Mejor dicho, “para que me vean bien” los otros. En cambio ahora estar en contacto con mi cuerpo a través de la música y la danza es algo que disfruto muchísimo y no lo vivo como una exigencia del afuera. A la “vejez” me puse a tomar clases de coreografía de distintos ritmos y planeo anotarme en algún curso de comedia musical ya que mi profe dice que yo “tengo el show adentro ”. Una sorprendente revelación para alguien que toda su vida se dedicó a estudiar, disociando lo que era lo intelectual de lo corporal.

Sin embargo en la sociedad actual -donde se hace un verdadero culto a la delgadez relacionandola con mejores oportunidades laborales y éxito social – no es de extrañar la excesiva preocupación por el aspecto físico, la comida y el peso que ponen de manifiesto algunas personas, quienes se entregan a extenuantes horas en las máquinas de musculación y, al mismo tiempo, la alarmante persistencia de las enfermedades relacionadas con desórdenes de la alimentación.

Los trastornos más conocidos son la bulimia y la anorexia. En el primer caso, la persona ingiere gran cantidad de alimento en poco tiempo, de manera descontrolada, y luego – para compensar dichos “atracones” – recurre a mecanismos purgatorios como laxantes, diuréticos , ayunos, vómitos provocados o ejercicios físicos interminables . Por su parte, en la anorexia, se rechaza sistemáticamente la comida utilizando una amplia gama de argumentos y también se utilizan conductas purgatorias. Estas severas restricciones producen pérdidas de peso por debajo de lo normal , tendiendo progresivamente a la desnutrición e incluso – en casos extremos – a la muerte de quien sufre esta enfermedad.

Aunque no se conocen las causas que intervienen en la aparición de estas afecciones, es sabido que la exagerada presión social y ciertas características de la personalidad y del funcionamiento del sistema familiar inciden en ellas. El rasgo fundamental que comparten las mismas es que los individuos que las padecen tienen una imagen del cuerpo propio distorsionada .

Hasta acá, siempre pensamos que estas enfermedades estaban ligadas directamente a las mujeres, siendo principalmente las adolescentes el blanco fácil de este falso arquetipo de belleza, insistentemente estimulado desde los medios de comunicación y las publicidades al punto de que hoy en día ser modelo ha pasado a ocupar un lugar de status social que antes ostentaban otras profesiones como médicas, abogadas, etc.

Pero no es así: los hombre también sufren desórdenes en la alimentación, especialmente uno conocido como vigorexia, donde se sienten poco atractivos para el sexo opuesto, y eso hace que dediquen interminables horas de su vida a la práctica compulsiva de ejercicios en el gimnasio tratando de aumentar su masa corporal , consumiendo hormonas y otras sustancias que finalmente le producen alteraciones nutricionales, deformaciones óseas y otros problemas asociados.

Yo creo que sería deseable replantearnos y modificar el conjunto de valores imperantes en nuestra sociedad, y recuperar una cultura donde prevalezca la solidaridad de conjunto por sobre el interés individual y lo intelectual sobre la apariencia física como bien absoluto.

En cuanto a lo que nos toca a cada uno como personas, tal vez el costo que estamos pagando por “pertenecer” a determinado grupo y ser aceptados en él es demasiado alto y va en detrimento de nuestra propia personalidad. ¿Será preciso pagar tanto por tan poco?.

¿A vos te pasó ?¿Sentiste alguna vez que para ser aceptado debías vestirte o comportarte de una manera especial?. ¿Sos de los que se matan en el gimnasio?. ¿Vivís preocupada contando cada caloría que consumís?… Dale, contame…

¿Día de la mujer?, ¿qué día?

Ok, listo. Me aburrí de recibir mensajes de texto y escuchar por la radio (hoy todavía no prendí la tele), lo maravillosas que somos en todos los ámbitos que nos desempeñamos; mujeres, madres, trabajadoras, amigas, esposas, amantes,etc. etc…

Sé perfectamente por qué se conmemora esta fecha – históricamente hablando – pero me parece que ya tenemos bien ganados los espacios que supimos conseguir en base a nuestro propio esfuerzo cotidiano por superarnos siempre, sin permitirnos bajar los brazos porque comprendimos, al fin, que cuando nos “caemos” nosotras se “cae” nuestra casa. Somos las que sostenemos la familia (con o sin un hombre al lado) , las que nos capacitamos profesionalmente, las que nos matamos a dieta y quemando calorías en el gym para vernos bien porque a nosotras nos gusta la imagen que nos devuelve el espejo, las que vamos de frente, las que vencimos prejuicios y tabúes, las que somos capaces de cualquier cosa cuando amamos porque lo hacemos de manera incondicional.

En la era de la posmodernidad no necesitamos de un “Día” que nos recuerde quiénes somos. Tenemos grabado en el cuerpo las huellas de nuestra propia identidad. Somos mujeres, hoy, ayer mañana y siempre. No necesitamos la mirada de los otros como garantía de nuestra condición. Nacimos mujeres, pero nos hicimos mujeres. Y hoy somos dueñas de nuestra propia vida, arriesgando a ensayo y error, a cada paso.

Sin miedo, vamos delineando con trazo firme una historia única y personal que nos pertenece. La que elijamos, la que soñemos, la que nos animemos. La mía, la tuya, la de todas…

¡A gozar que se acaba el mundo!

Como ya sabemos, el periodismo es un sacerdocio. Motivada por la curiosidad que esta profesión exige, fui parte de una reunión de “tupper sex”. Se trataba de un encuentro para mujeres dispuestas a conocer todo lo que el mercado erótico ofrece en materia de lencería , juguetes y películas XXX, y poder comprarlos sin tener que ir a un sex shop. Quiero compartir con ustedes esta investigación de alto rigor periodístico, que tuvo lugar a fines de diciembre del año pasado, en una tarde calurosa , en todo el sentido de la palabra.

La que suscribe llegó puntual a la cita. No fui la única. En el lugar ya se encontraban más de veinte chicas que abarcaban una franja etárea de 40 a 75 años. Luego del primer impacto que causa ver en un estante la variedad de elementos - y que produjo comentarios del tipo de: ” Qué pena que a mí las hormonas ya me abandonaron”; “Después de dos turcos ,¿qué querés que haga con ésto?”; “Uy, hace siete años que no la veo”; o “A mí no me sirve una parte, lo quiero completo”- todas nos sentamos en círculo y así, entre risitas nerviosas y caras de asombro fue subiendo la temperatura de la sala mientras “Pandora” (tal el seudónimo de la presentadora), iba revelando los secretos para obtener un placer total, sola o en compañía de una pareja de cualquier sexo, o de ambos, según el gusto del consumidor.

Haciendo gala de una gran habilidad manual (valga la redundancia) , nos ingeniamos para sostener con una mano los sanguchitos de miga que empezaron a circular a la par de los juguetes: había cremas, geles, concheros y corpiños , dados que proponen diferentes posiciones o lugares para hacer el amor, el mimísimo Kamasutra, vibradores que simulan ser linternas o llaveros multicolores o de textura cromo super elegante; un kit denominado “Cloná a Willy” destinado a moldear y hacer una réplica exacta del pene de tu novio… o de otro si te interesa tener sexo teléfonico o a la distancia.

Estaba claro que en este negocio nada quedaba librado al azar. Pero lo mejor estaba por venir: los penes de plástico. Los hay de diferentes colores , simil piel, safari, con formas de animales (delfines, patitos, etc.), con bolitas y rugosidades que garantizan satisfacción absoluta. “¡Vibra, mueve la cabecita, toca el clítoris… le falta hacer el asado y es perfecto!- deslizó una de las chichis, ya en confianza.

Al ser consultada sobre quienes son las personas que más consumen este tipo de artículos, Pandora no dudó al afirmar que son los gays, lesbianas y las chicas de 20 años que no tienen prejuicios ; aunque agregó que también se están animando las mujeres de las 4 y 5 décadas, criadas con muchos tabúes , ya que se dan cuenta de que pueden mejoran su sexualidad y divertirse también. Para que el encuentro sea pedagógico, Pandora explicó a la entonces muy entusiasta audiencia que hay productos para los muchachos que no vienen muy bien dotados por la naturaleza , pero que en verdad el tamaño que necesita una mujer para gozar es entre 5 a 7 cm ya que a esa distancia se encuentra el punto “G”.

La velada prosiguió entre sidra y pan dulce , mientras el catálogo hot incluía menú de estimuladores (con forma de deditos , lenguas o bocas), cinturones , esposas, y demás..todo hipoalergénico, blandito, a pilas, con precios accesibles para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero, aptos para ser colocados por adelante, por detrás, y simultáneamente por ambos wines…

En este climax, perdón, clima de felicidad despedimos el año brindando todas juntas por un futuro mejor – ¡al menos en lo que al aspecto sexual se refiere!…

Capítulo cerrado

[fotook.jpg] Navegando por internet – al fin y al cabo mi hijo tiene razón cuando le dice a quien quiera escucharlo que yo me la paso trabajando, o en el gimnasio o en la computadora – webeando en otras páginas encontré una selección de artículos de “Sex Humor”, revista en la que hice mis primeras colaboraciones free lance como periodista.

A veces tengo una marcada tendencia a volver para atrás, revisando con cierta melancolía etapas de mi pasado, como si intentara, de esta forma, ir cerrando capítulos de él. Esta vez no fue la excepción; así recordé que mis primeros pininos en la profesión se produjeron a la par de mi primera historia de amor, hace ya más de veinte años. Fue con Claudio, un gesellino radicado en Baires, bohemio y baterista. Por su “culpa” , me ligué una bofetada de mi vieja, la única de mi vida, cuando una noche no volví a dormir a mi casa y tampoco le avisé. Lo que más me dolió no fue el bife sino que mi mamá se enojó tanto conmigo que no me habló por dos semanas. Y para que mi vieja no hable, les aseguro, que debía estar muuuy enojada!.

Volviendo a Claudio , después de separarnos (¿o fue por éso que nos separamos?), él se fue a vivir a Mar del Plata. Sin proponérnoslo siempre que yo estaba de vacaciones en esa ciudad nos cruzábamos en distintos lugares, de pronto se aparecía en el Casino o estaba andando en skate por la Rambla con Gaby, su hijo mayor. Nunca perdíamos el contacto. Al tiempo supe que él volvió a la capital, ya los dos estábamos casados, sin embargo esporádicamente nos hablábamos por teléfono o nos encontrábamos en cualquier sitio , siempre de casualidad. Como la última vez que lo vi. Fue justo ocho años atrás ; yo estaba a punto de parir, venía del obstetra con Eduardo, mi entonces marido, y tenía que hacer tiempo para entrar a la psicóloga. Pero Edu estaba apurado, así que me dejó en la esquina de Santa Fe y Anchorena y se fue. Recuerdo que en el mismísimo instante en que yo veía como Eduardo se alejaba por Anchorena, de repente por Santa Fe lo veo acercarse a Claudio.

¡Qué sorpresa!…Nos abrazamos tanto como mi panzota de 9 meses lo permitió, y le propuse tomar un café rápido antes de entrar a mi sesión. Por supuesto aceptó. Nos pusimos al día con las novedades, aunque la mía era obvia y ocupaba mucho espacio en esa mañana calurosa de verano. El tiempo pasó volando, y a mí se me empezaba a hacer tarde. Así que no quedó otro remedio que volver a la realidad. Claudio me acompañó hasta la puerta del consultorio de la terapeuta, y allí tuvo un gesto que me conmovió. Al despedirnos, en lugar de besarme la mejilla que yo le ofrecía, se agachó , me rodeó con los brazos la panza y la besó. Después nos miramos largo a los ojos; yo estaba impactada, quería preguntarle : “¿Qué fue eso?”, pero no me pareció oportuno y sólo murmuré un tibio: “Suerte”, mientras él se iba por la misma avenida por donde había llegado.

Dos días después de ese encuentro nació Iván. Dos años después me fui a vivir al exterior. De nuevo en Argentina, intenté ubicarlo , pero fue en vano. Su papá no me quiso decir dónde vivía y a su hermana tampoco pude localizarla… así que le perdí el rastro.

Lo que nunca voy a perder es el recuerdo de los primeros mimos, nuestras gloriosas cenas en la cantina griega “Takis”, varios casettes (¡qué antigüedad!), donde tardes enteras nos grababámos – yo tocando (o destrozando) la guitarra y él improvisando una batería con el bombo y otros objetos – y lo más importante: su voz en esa cinta, entonando aquella canción de amor que compuso para mí.

Clau, donde quiera que te encuentres , espero que estés bien!…

(Foto: Claudio y yo, según pasaron los años…)

Final de juego (…un amor virtual)

Las metáforas son peligrosas: el amor puede surgir de una sola metáfora” (*)


Hacía frío ese lunes de agosto cuando se conocieron. Bah, “conocer” no es la palabra más adecuada, tal vez debiéramos usar la que a El le gustaba tanto repetir: “nuestro encuentro virtual”, ése que se prolongó por más de 5 horas durante las cuales Ellos quedaron atrapados en el ping pong sordo y mudo que impone el chateo. A Ella le fascinaba leer lo que El le escribía; de a poco la fue envolviendo la manera cómo ese hombre describía los avatares de su vida, sus amores, su playa, sus historias en el exilio, su trabajo en la política, su presente de soledad y búsqueda permanente … Sin darse cuenta, los dos quedaron presos detrás de sus respectivas computadoras, en el punto donde sólo había lugar para el ejercicio de la imaginación y la fantasía.

De esta manera, El le contó que, aunque no le gustaba el frío, estaba sentado cerca de la ventana, escuchando al viento golpear contra ella, con un boxer por toda vestimenta, saboreando una copa de buen vino, mientras tipeaba. Ella, provocadora, le deslizó como al pasar que recién salía de bañarse , y El enseguida acusó recibo del comentario y , seductor, le suplicó:”Nenis, no te vistas, quedate así…para mí”. Bastaron unos pocos minutos para que todo lo demás se hiciera nada. Sólo quedaron Ellos suspendidos en el tiempo y el espacio, sin atinar a moverse de sus sillas por temor a que cualquier movimiento, por fugaz que sea, rompiera el hechizo que se estaba produciendo. Ella no quería perder una sola letra de lo que leía en la pantalla ; las frases de El se iban encadenando armoniosamente y le resultaban tan familiares, como si fueran viejos y queridos conocidos que se reencontraban. “¿Qué importancia tenía que sus huesos estuvieran a más de 700 km el uno del otro, si sus almas habían logrado traspasar esa barrera?”– trató de convencerse a sí misma. Y, por cierto, había magia entre ellos , esa magia que hace que todo alrededor se esfume. Esa magia que hace que , como en una escena de una película romántica, la luz tenue se pose sobre los protagonistas que esperaban ansiosos la continuidad del diálogo.

La noche fue dando paso a la madrugada. En su casa, Ella sólo escuchaba los latidos de su corazón acompasando el sonido rítmico de sus dedos sobre el teclado. El cada tanto se levantaba para servirse otra copa de vino. La mina le había parecido especial desde el comienzo de la charla y por eso hasta se había olvidado de la cena, una tortilla que deliberadamente había quedado en la sartén de la cocina a medio hacer.

Dicen que de lo ridículo a lo excitante sólo hay un paso. Ridículamente, Ella se sintió de El esa noche. Y sintió que El era suyo , en la misma medida y con la misma reciprocidad. La situación parecía – ¿ ridículamente? – tan intensa y tan real que lo único que les faltaba era el cuerpo del otro. Todo lo demás se lo estaban entregando: su tiempo, sus deseos, sus secretos… Y en la medida que éstos se desprendían de sus propios dueños, irremediablemente dejaban de pertenecerles para pasar a ser del Otro. Para siempre. Nadie puede negar que compartieron muchas cosas esa noche y las que le siguieron, separados por la distancia que a veces ,paradójicamente, une. Fue sólo una semana, nada más que una semana , nada menos que una semana. Ella empezó a ponerse demandante , insistía en que quería conocerlo personalmente. El le contestaba dulce pero firmemente que tuviera paciencia, que debía arreglar algunos asuntos antes.

Sin embargo, un día El desapareció y la dejó ahogada en un vacío absoluto difícil de soportar. Al principio Ella pensó que algo malo podía haberle sucedido – en verdad, no era mucho lo que sabía de su vida – y se asustó…El no atendía los llamados ni respondía los mails. Con el tiempo fue cayendo en la cuenta que sólo se trató de una elegante huida… Un día, cuando de casualidad lo vio conectado en el msn le preguntó qué le había pasado.


Pero El no supo o no quiso responderle . Ella no iba a conformarse con monosílabos y evasivas y, doy fe, que lo buscó en vano. Quería entenderlo y al mismo tiempo decirle lo mucho que El había significado para Ella; por inexplicable que pueda resultar que una persona pueda en siete días cambiar la vida de otra, y más aún de inexplicable si tenemos en cuenta que lo único que hubo entre Ellos fueron palabras y alguna que otra llamada telefónica. Ella acuñaba su propia teoría acerca de la actitud de El , que se resumía en un par de preguntas : “¿Estaremos tan lastimados que no nos atrevemos a avanzar hasta un plano más imperfecto, pero real? ¿Es preferible escapar antes que descubrirse verderamente?”. Su teoría, aunque sencilla, le servía de consuelo y la tranquilizaba.

Una tarde no pudo controlarse y lo llamó por teléfono a la casa. Supuso que tenía sobrados motivos para hacerlo. En primer lugar: a pesar de todo, lo extrañaba ; en segundo lugar: tenía que hacerle entender que las palabras no se desgastan sino que mueren para ser reemplazadas por otras… Tenía que hacerle saber que se debían el verdadero encuentro, las miradas, la voz, el olor, la piel. Y como Ella no creía en los ángeles ni en la casualidad, ni siquiera en otras vidas, si debía producirse un encuentro sería en esta vida o no sería nunca. Por último, estaba convencida de que sería bueno para ambos darle un cierre a esa historia que habían vivido, porque las historias jamás podrán desgastarse.
Al menos, no para Ella.

Inmediatamente después sintió vergüenza y se arrepintió de su impulso. Agradeció que El no haya estado en casa para atender . Pensó hasta dónde iba a ser capaz de llegar y en qué lugar de mierda la dejaba esa insistencia. Lentamente, fue conciente de que estaba acercándose al final de juego. Sintió culpa también por haberle dejado un breve mensaje para que El supiera que Ella lo había llamado y pudiera contestarle. Cosa que no ocurrió, como era previsible.
Eso ya le resultaba cruel de parte de El, ¿pero quién era
ella para juzgarlo?.

Entonces decidió. A veces los más débiles se vuelven fuertes. Recordó que una amiga le había dicho que para decir “Basta”, no hace falta gritar, ni llamar por teléfono para hacérselo saber a la otra persona. “No” es “no” y punto. Y es un “no” para uno mismo , sale desde adentro y se transforma en hecho. Y de ese “no”, fruto de la reflexión y del entendimiento, no hay retorno. Así que se dirigió a la computadora. Se posó sobre el nick de El, cliqueó el botón derecho del mousse y lo eliminó de sus contactos del msn. Después, borró su número del celular y, por último, arrancó la hoja del cuaderno donde la primera noche había anotado el teléfono de su casa, con letra desprolija y apurada. Había llegado el momento de deshacerse de ese objeto que atesoraba desde hacía meses. Ella sabía que de esa manera lo estaba exorcizando de su mente, pero que nunca iba a poder alejarlo del todo de su corazón. Los tiernos mails que El le había mandado y uno que otro poema – que no estaba segura si El había escrito para ella o para otra – y en definitiva … ¿qué mas daba ? - decidió conservarlos como únicos testimonios que le confirmaban que El había sido real y que Ella no estaba loca. Después, tomó al azar un libro de la biblioteca para distraerse . Lo abrió en cualquier página y , como si fuera una jugada del destino, leyó en voz alta : …“No exise posibilidad alguna de comprobar qué decisión es mejor. ..El hombre vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase una obra sin ningún tipo de ensayo…Lo que sólo ocurre una vez es como si no hubiera ocurrido nunca… Las cosas ¿de verdad tienen que ser así?. ¿Podrían ser de otro modo? (*)…

Sintió una extraña mezcla de alivio, con una cuota de angustia y tristeza. Todos los finales duelen un poco, sobre todo para quienes acostumbran a vivir apasionadamente cada instante como si fuera el último. Al leer esas oraciones, Ella tuvo la absoluta confirmación de haber hecho las cosas bien. Respiró hondo y se desplomó en la silla.
Ese partido, con un hombre que nunca conocería, había llegado a su fin.



(*) “La insoportable levedad del ser”, de Milan Kundera.

Dedicado a los solitarios que chatean en busca de …. A los que todavía escriben poemas de amor. A los que se esconden detrás de las palabras. A los que les tienen miedo. A los que las disfrutan. A los que saben que sólo son palabras. A los que las atesoran, a los que las desechan. A los que se arriesgan , a pesar de todo.