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“Domestícame”

- ¿Cómo te fue en Córdoba?. ¿La pasaste bien?

- Sí, re bien.

- ¿Y me trajiste algo?

- Sí, a mí.

- ¡Tacaño!….Y, bue, algo es algo… ¿cuándo me vas a dar mi regalo?

- Vení a buscarlo ya.

- Me gustaría, pero “ya” no puedo.

- Mañana entonces.

- Ok.

Ella cortó el teléfono y suspiró…


“ …………

-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.

Pero después de una breve reflexión, añadió:

-¿Qué significa “domesticar”?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa “domesticar”?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar“? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear vínculos…
-¿Crear vínculos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo
-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…
-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
-¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el principito.

El zorro pareció intrigado:

-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
-No.
-Nada es perfecto -suspiró el zorro.

Y después volviendo a su idea:

-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro se calló y miró un buen rato al principito:

-Por favor… domestícame -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
-¿Qué debo hacer? -preguntó el príncipito.
-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…

El principito volvió al día siguiente.

-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré así lo que vale la felicidad!. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:

-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…
-Ciertamente -dijo el zorro.
- Y vas a llorar!, -dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zorro- he ganado a causa del color del trigo.

Y luego añadió:

-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro
-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : no se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella… -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
-Soy responsable de mi rosa… -repitió el principito a fin de recordarlo….” (1)


Laura pasó toda la tarde inquieta y dichosa, imaginando su encuentro con Javier. Y “cuanto más avanzaba la hora, más feliz se sentía“. Finalmente el momento se produjo y después de un breve intercambio de saludos y comentarios superficiales ,ella le preguntó lo que realmente quería saber:

- ¿Me extrañaste?

- Sabés que sí – respondió él y la atrajo hacia sí – Vení acá, no veía el momento de tenerte así.

- ¿Así cómo?.

Sin mediar palabra (”el lenguaje es fuente de malos entendidos“) , Javier le explicó qué quería decirle.

Así, se abrazaron fuerte. Se sintieron. Se olfatearon. Se tocaron. Se fundieron. Exploraron y se dejaron explorar. Descubrieron y se dejaron descubrir. Sin armaduras ni maquillaje, cada uno a su turno, se complementaron, se encajaron. Dieron y recibieron en la misma proporción. Sin reparos, sin mezquindades.

Así, fundaron un nuevo tiempo y espacio, una dimensión de dos que esperaban – pacientes pero alertas – su turno de jugar , el momento de mover las piezas de ese juego donde no existían más reglas que las que imponía el deseo y la pasión. Dieron rienda suelta a su imaginación, se dejaron llevar por sus ganas, siempre atentos a lo que proponía y disponía el otro.

Pusieron cuerpo y pusieron alma. Y así se prodigaron mucho más que placer…

-Lau, vos sabés qué era el Acorazado Graff Spee?.

- ¿Qué? – se sorprendió ella mientras – cansada y plena – se anidaba entre los brazos de él.

- Era un buque de guerra nazi que en 1939… (2)

- Javi…se supone que éste es el instante en que me decís cositas lindas y otras medio chanchas!! – bromeó ella – Debés ser el único hombre que después de hacer el amor quiere hablar …¡y de historia!.

- Sí, soy único. Claramente. Pero escuchá, dejame que te cuente…

- Uff, qué tipo. Bueno, dale, te escucho.

Pero Laura no lo escuchaba. Sólo aparentaba prestarle atención mientras lo miraba y le acariciaba la cara e iba dibujándole en ella las facciones con su dedo: sus ojos miel, su nariz chiquita, su barba entrecana, su sonrisa amplia… Sí, él era único. La vehemencia que tenía para contar lo que lo apasionaba, esa sensibilidad que brotaba en cada palabra, sus frases machistas que tanto la divertían, la ternura que no se preocupaba en disimular, la tolerancia ante las locuras de ella, la forma en que la miraba, cómo la cuidaba. Por dios,¡qué bien le hacía!…

Entonces ella entendió. Lo supo: él la había domesticado. Y se lo dijo al oido, susurrando, casi como en un secreto:

- ” No se ve bien sino con el corazón“… Y yo, yo soy toda tuya.


Notas:

(1) . Capítulo XXI, de “El Principito” de A. Saint Exupery

(2). http://enciclopedia.us.es/index.php/Acorazado_de_bolsillo_Admiral_Graf_Spee


Me haces bien – Jorge drexler

Vos y yo: Declaración de Principios (y finales)

YO no te pido que trepes por el balcón ni que me cantes una serenata con cinco Mariachis; ¡pero un poco de romanticismo de vez en cuando no viene nada mal!.

Esos gestos que algunos podrán considerar pasados de moda, YO los siento como una demostración de puro afecto y para VOS pareciera que se transformaron en una boludez,cosa antigua, pasada de moda. Innecesarios, obvios…

Y no es así.Para mí,al menos, no.

Sabelo:

YO adoraba escuchar esos irreproducibles sobrenombres con que VOS me llamabas, y qué tanta gracia les causaban a los demás.

YO disfrutaba cuando VOS me abrías la puerta del auto o me escribías una cartita con tu letra desprolija, o me inventabas una poesía de la cual inmediatamente después te avergonzabas.

YO me derretía cuando VOS me abrazabas fuerte o me acariciabas en la calle, sin importarte el qué dirán.

YO me moría al escucharte decir que cuando VOS me veías llegar todo lo demás desaparecía a tu alrededor.

YO me enamoré perdidamente de VOS el día que me tapaste los ojos y me llevaste a la habitación donde habías esparcido pétalos de rosa de todos los colores.

YO jamás de los jamases voy a poder olvidar la tarde que VOS me amaste en el baño de un bar.

Pero ahora…

YO detesto la velocidad con que VOS te bajas los pantalones para hacerme el amor sin primero haberme besado hasta que me duela la cara entera.

YO prefiero que en lugar de darme la plata para que me compre mi regalo decumpleaños, VOS te acordaras de éso que me gustó tanto y me sorprendieras dándomelo en un paquetito envuelto con un gran moño colorado.

Me gustaría que, a pesar del trajín cotidiano, VOS pudieras detenerte dos segundos a mandarme un mensaje x el celu sólo para que YO sepa que en ese preciso momento estás pensando en mi.

Porque…

YO no soporto vivir huérfana de pasión; y si VOS ya no sos capaz de alimentarla, quizá debamos separarnos.

Pareciera que, sin piedad, la rutina nos está matando de a poco el deseo.

Los problemas nos desbordan hoy más que las ganas de estar juntos y no quiero que lleguemos al punto de odiarnos o lo que es peor: a vernos frente a frente, como dos extraños conocidos.

Podría seguir enumerando razones, pero quizá definitivamente VOS tengas LA razón y YO esté fuera de época. Como esta canción que – sin embargo – sobrevivió al paso del tiempo y todavía me sigue emocionando…

Put Your Head On My Shoulder – Paul Anka