Otoño en mí
“ … ¿Quién se va?, ¿quién se queda?,¿a quién le duele más la soledad?. ¿A quién le duele más la soledad si todos los rincones de mi vida tienen algo tuyo?. ¿Cuál es tu camino?, ¿cuál es el mío?, ¿dónde se encontraron?,¿dónde se han ido?…”
Me gusta el otoño, Buenos Aires late distinta, muta, se transforma. El verano se va diluyendo con las primeras hojas que caen de los árboles y la cuadra de mi casa amanece en ocre. Cambiamos sandalias por botas, remeras por camisas , y de a poco la rutina le va ganando espacio al tiempo libre.
Es increíble como el clima pareciera guiar nuestro ánimo…
Marzo en la ciudad viene cargado de melancolía. El calendario me recuerda todas aquellas cosas que fui postergando, los proyectos que dejé para después de las vacaciones, las obligaciones y todo lo que prometí hacer durante el año. Tal vez precisamente porque me conecta más con la realidad, en otoño las ausencias cobran peso y se sienten como agujeros en el cuerpo que no dan tregua.
- Martin…
- ¿Qué?
- Nada, quería nombrarte… Estás muy callado, ¿te sentís bien?
- No, hoy tuve un día difícil: falleció un compañero del laburo…
- Qué tristeza, por Dios. Y, sin embargo, quizá debamos empezar a “acostumbrarnos” a éso… A las pérdidas, digo…
- Nunca. Bueno, no lo sé…
A veces duele respirar, amor. Demasiadas exigencias, demasiados “debe ser” pesan. Como hoy. Yo también me siento desamparada y esa sensación me conecta inevitablemente con todos los hombres que pasaron por mi vida y ya no están, pero aún así dejaron huella. Vivos o muertos, empiezo a extrañarlos de manera exagerada. ¿Por qué me cuesta tanto dejarlos ir?. De algunos conservo recuerdos felices, de otros no tanto; sin embargo, ninguno de ellos se va del todo.¿Será que amo de manera desmesurada?, ¿será que sobreestimo el sentimiento?, ¿lo confundo?, ¿que no concibo amor sin sufrimiento?,¿será capricho?, ¿fascinación?, ¿obsesión?…
En primer lugar, el primer hombre: mi papá. El duelo por su muerte no termina de terminar. Los años pasan y, sin embargo, no puedo acostumbrarme a darlo por perdido. Después vinieron a tapar el vacío – como si fuera posible – otros hombres. Hombres con el mismo nombre pero sin voz ni voto. Hombres de armaduras oxidadas, hombres que se muestran y se esconden, que están y desaparecen. Los hubo impresentables e incluso sin presencia. Soledades acompañadas, de todos ellos guardo algo. Son parte de este rompecabezas que es mi vida, piezas necesarias, únicas, irremplazables. Sé que por alguna “razón” los elegí y por eso ahora los retengo, aunque sea en mi memoria. Los convoco y los evoco,cada uno de ellos en una marejada de sensaciones: cariño, nostalgia, ternura, respeto, enojo, desprecio…
- …Tal vez sí, cuore.
- ¿Qué cosa, amor?
- Que sí, éso… que empiezo a pensar que debemos incluir la vejez y la muerte como una posibilidad, como parte de la vida…
- ¿Se puede incluir a la muerte como parte de la vida?
- No lo sé, pero no se mueren viejos nada más.
¿Te das cuenta, Martín?. Hoy no es el mejor día para grandes definiciones. Me preguntás si estoy dispuesta a una nueva relación y no sé qué contestarte. Me siento vulnerable. Chiquita. Sí, tengo miedo. Sí, tal vez reacciono a la defensiva. Sí, yo también tengo mis inseguridades. Sí, sí, sí. Entonces, me oigo repitiendo las misma excusas que detesto oír: “Estamos en diferentes tiempos”, “Vos necesitás otra cosa”, “Me gustas, pero…”.
Y es que la nena que todavía habita en mí se apoderó de la mujer y me perdí. Tal vez mañana vuelva a encontrarla entre tus brazos. Tal vez por primera vez decida seguir tu juego, perder el control y dejar que me lleves . Soltar las riendas, relajarme, disfrutar. Y a lo mejor, esta vez resulte bien. ¿Quién sabe?.
Pero hoy no quiero pensar más. Es Marzo y faltan sólo horas para que empiece un nuevo otoño. ¿Ves?, afuera mi cuadra se está empezando a vestir de ocre y adentro mis fantasmas andan acechando. Otra vez.
- Cuore, me voy a casa. No te enojes, pero too much por hoy. Necesito descansar.
- Andá, andá… pero, por favor, no te vayas.
- Eso nunca. Como dice la canción de Los Piojos: ” de lo que quede de mi, te dejo un poco”.
…Y con lo pequeño que es el tiempo – como dice la canción de Bebe - yo prometo intentar cambiar mis “no puedo” por “puedo”. Claro, el corazón tiene razones que la razón ignora, pero cuando la “razón” se hace evidente, ya no se puede mentir más. No a los otros – que poco importan – sino a uno mismo.
Por eso, amor, si algún día realmente decidís irte de verdad y para siempre, que no te quepa ninguna duda: de lo que quede de vos, vas a dejarme un poco.

