Detrás de los muros…¿los diferentes?
La sola mención de la palabra nos asusta, nos aleja. La rechazamos como si se tratara de una enfermedad contagiosa. Porque nosotros somos “normales”, claro. Y ellos no.
Si consultamos el significado de la palabra “locura” en el diccionario encontramos la siguiente definición: “ son aquellos comportamientos que se desvían de las normas sociales establecidas…La conducta se desplaza fuera de lo racional y las consecuencias de los propios actos (objetivamente absurdos e inútiles o completamente instintivos), no se tienen en cuenta”.
Antiguamente se creía que esta privación del juicio se debía a situaciones sobrenaturales o demoníacas, o como un castigo divino que debía soportar el hombre por la culpa de sus pecados. Ya en
Sin embargo, fue en el Renacimiento con la leyenda de “la nave de los locos” que erraba por los mares con su cargamento de “anormales” e “indeseables” , donde se pretendió eliminar del territorio a estos seres molestos que ponían en riesgo la seguridad de los ciudadanos.
El Humanismo invertirá los papeles y será la locura la encargada de criticar, analizar y juzgar a la razón, poniendo en evidencia que una no podría sobrevivir sin la otra. Pero llegamos así al siglo XVII donde la razón triunfará por medio de la violencia y se dominará a la locura a través del encierro, con el llamado “Hospital de los locos”. A partir de entonces, ni la ciencia y la civilización han sido capaces de ofrecer nada más que la marginación ( y en este término se pueden incluir tanto el manicomio como la cárcel), en las cuales la “desviación” encuentra su justa ubicación: separar al “anormal” del contexto social. Detrás de los muros, el aislamiento y la diferencia.
Sin embargo, la locura además de un desorden fisiológico es un problema social y económico, por eso no resulta casual que los manicomios comenzaran a estructurarse con el inicio de
Según el denominado “antipsiquiatra” italiano, Franco Basaglia :” los locos etiquetados como “diferentes” son internados en casas de salud , verdaderas “sepulturas definitivas del alma” , mientras el cuerpo sigue viviendo, definitivamente condenados a la no recuperación de su identidad”. Porque, siguiendo a este autor, ” a los neuropsiquiátricos va la gente que no tiene voz; es decir, los pobres, los desheredados, y aquellos individuos de las clases pudientes, en este caso, también desheredados del amor de los suyos, quienes los condenaron, por conflictivos, molestos y problemáticos, a ser ovejas negras, primero, y carne de manicomio después”.
Franco Basaglia propone entonces restaurar el diálogo con el llamado loco y recuperar a la locura como una propiedad social común, analizando la lógica oculta de estas contradicciones y la ideología de sus encubrimientos y manipulaciones.
Por su parte, Foucault afirma que escribir sobre la locura desde un punto de vista histórico implica en la relación de incluidos y excluidos y dar cabida y posibilidad de expresión a los últimos, es decir, repensar su relación con el mundo y crear un espacio donde el silencio pueda comunicarse.
Ahora bien, toda esta larga introducción fue sólo una excusa para contarles el verdadero propósito de este post. Sucede que desde hace unos meses algunos profesionales del Hospital Neuropsiquiatrico Moyano, en forma conjunta con
Por eso ,hoy este grupo, coordinado por
“Comunicación y salud mental conforman un cruce indisoluble, no es uno sin otro – afirma
Para que detrás de los muros no haya sólo aislamiento y
Para que desaparezca el prejuicio de que dentro están los malos y fuera los buenos.
Para que sea un intercambio de voces. La tuya, la de ellos, las nuestras…
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“Balada para un loco” – Astor Piazzolla y Amelita Baltar
