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“Y seguiré pidiendo justicia, verdad y memoria…”(Entrevista a Juan Cabandié)

Juan Cabandie no le escapa a ningún tema, por doloroso que resulte, ya que sabe que hacer pública su vida y hablar sobre ella es la mejor manera de curar sus heridas. Esas que se produjeron cuando a días de nacer fue arrancado de su mamá, esas que sólo empezaron a cerrarse a principios del 2004, a los 26 años, cuando luego de un examen de ADN le confirmaron su verdadera identidad: era hijo de Alicia y Damián, secuestrados en 1977, a la edad de 19 y 16 años, respectivamente.

Esta es la historia del nieto Nº 77 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo, quien fue “apropiado” por Luis Falcó, un ex oficial de inteligencia de la Policía Federal Argentina e inscripto como su hijo bajo el nombre de Mariano Andrés. La entrevista tuvo que desarrollarse en forma telefónica ya que Cabandié tiene una agenda completísima: a sus múltiples tareas como legislador de la Ciudad de Buenos Aires, se agregan los innumerables reportajes para los cuales es requerido; y a ello, se le acaba de sumar el rol más hermoso: su reciente paternidad. Sin embargo accede al diálogo y, como disculpándose porque su intensa actividad no le permite recibirnos personalmente, dirá “soy más común que cualquiera”, pero sabe que por más que se empeñe, tal aseveración no podrá ser cierta. Durante toda la charla, en su discurso habrá palabras recurrentes como respeto, libertad, verdad e identidad. Y otras que no mencionará bajo ninguna circunstancia, ni siquiera como por descuido: será cuando deba aludir a sus “apropiadores”, a los que lo criaron, a quienes sólo se referirá como “él” o “ella”.


- ¿Cómo era tu vida antes de que confirmaras tu verdadera identidad?

- Era una vida que intentaba estar dentro de los márgenes normales, aunque yo siempre intuí que había un enigma en mi vida, es como una posición casi filosófica. Andaba por la vida intentando dar una respuesta a algo que no tenía muy claro qué era.

- ¿Era buena la relación familiar en esa casa?, ¿se hablaba de temas relacionados con la dictadura, por ejemplo?

- No, no se hablaba de eso. Además, yo le tenía un miedo importante a “él” por su formato, por la violencia. Había maltrato físico y verbal, yo fui criado con miedo, y eso es difícil de superar. “El” era muy violento y autoritario en su trato, en el lenguaje no verbal. Supongo que “querría quererme”, pero una persona que comete la atrocidad que “él” cometió no puede nunca llegar a lograrlo. Cuando yo tenía 19 años se fue de la casa y no lo vi más.

- ¿Qué indicios te llevaron a pensar que no eras hijo de los Falcó?

- Algo me decía que no pertenecía a ese ambiente; yo siempre me interesé por temas sociales, por los sectores más vulnerables; mi estilo no coincidía con el de esa familia. Además, en la casa no había ninguna foto de mi supuesta madre embarazada, ni mías de chico, eso me inquietaba, y me generaba muchas preguntas. “Ella“ me ocultó la verdad cuando se lo pregunté. Crecí con la presión de querer develar ese enigma que estaba dentro mío: el de mi verdadera identidad.

- ¿Cómo fue el proceso que llevaste a cabo para llegar a la verdad?

- Fueron pasos paulatinos. A los 23 años empezaron a surgir cada vez con más fuerzas las dudas en relación de que yo era hijo de desaparecidos. Primero fue una búsqueda solitaria, muchas horas de indagar dentro mío; después comencé a hacer una revisión de la historia de nuestro país a partir de la influencia respecto de cómo “ellos” me habían educado. Finalmente, cuando estuvieron dadas las condiciones internas mías, hablé con mi hermana Claudia (la otra hija de los apropiadores), le formulé mis hipótesis, y ella me acompañó en mi búsqueda. En un momento, ella también dudaba si era hija de desaparecidos pero después corroboramos por su edad y su parecido físico que no. Me acerqué a las Abuelas de Plaza de Mayo para hacerme los estudios y entonces llegué a la verdad.

- ¿Qué pasó por tu mente en ese instante en que dejabas de ser Mariano para ser Juan?

-Sentí un gran alivio porque se confirmaban mis sospechas. Recuperaba mi libertad que había estado buscando intensamente. Porque la verdad es libertad. Entonces, sentí que empezaba otra etapa en mi vida.

- ¿Sentiste odio por tus apropiadores?

- Odio no, pero sí mucho enojo y dolor por las injusticias cometidas. Por haberme privado del afecto, los consejos, por carecer de los abrazos de mis padres. Mucha angustia, pero odio no. Saber que hay culpables y que no se hace justicia también me provoca mucho enojo.

- ¿Qué fuiste descubriendo a partir de empezar a reconstruir tu propia historia?

-Yo encuentro muchas coincidencias con mis padres, me identifico con sus ideales, con su gusto por alguna comida, por el amor a la naturaleza…

- Antes dijiste que sos más común que cualquiera, pero tu historia fue llevada a la televisión y León Gieco compuso una canción inspirado en ella, ¿se puede vivir toda la vida sintiéndose una víctima?.

- Si, se puede. Es importante reconocer que nosotros somos actores del terrorismo de estado con sus características. A la dictadura la padecieron el conjunto de los argentinos, pero el dolor particular es el que sufrieron nuestras madres, nuestras abuelas, los expulsados del sistema, de la sociedad. Creo que la política de la dictadura apuntó a desinformar, a que la gente desconociera y olvidara lo que pasaba, pero por suerte eso no ocurrió. Hoy nuestra lucha tiene que servir para transformar la realidad, para hacer reflexionar a la sociedad y educarla. Y creo que se está logrando.

- Supongo que ése habrá sido el motor que te llevó a incursionar en política…

- Básicamente siempre me interesó lo social y me gustó la política, creo que es la herramienta para transformar la vida de las personas. ¿Ves?- su tono de voz cambia, se suaviza y refleja cierto orgullo – ésta es otra de las coincidencias con mis padres. Uno de mis objetivos es pensar un país con inclusión social para todos. Y seguir pidiendo justicia, verdad y memoria, porque la memoria es fundamental para el crecimiento de un pueblo.

- Juan, si pudieras decirles algo hoy a tus padres, ¿qué sería?

Es la primer a vez en todo el reportaje que Juan se toma un tiempo para responder. Una pausa larga donde lo primero que esbozará es un suspiro.

- ¿Qué significa ese suspiro? – le pregunto.

-Que sería muy grato poder hacerlo – respira hondo y afirma – yo…yo les diría que se queden tranquilos que soy lo que ellos querían.

- ¿Y que pensás que querían?

- Una persona que continúe con la lucha que ellos iniciaron.

La historia de Juan es desgarradora, pero él sabe llevarla adelante con mucha entereza, sin aferrarse ni detenerse en el pasado; por el contrario, hay una fuerte apuesta a construir un futuro mejor. Un futuro que lo unirá definitivamente con sus padres, en un vínculo que ni el horror ni la mentira – y muchos menos el olvido – podrán jamás quebrar.

Cabe señalar que dos meses después de recuperar su identidad, Cabandié pronunció un conmovedor discurso en el lugar donde nació – la Escuela de Mecánica de la Armada, testigo de las vejaciones más aberrante a la dignidad humana – en oportunidad de que el predio se convirtiera en “Museo de la Memoria”. Su apropiador, Juan Falcó, ahora enfrenta un pedido de condena de 17 años por los delitos de “retención y ocultamiento de un menor sustraído” y “alteración de su estado civil” . El prefecto Héctor Febres, encargado de las embarazadas en la Escuela de Mecánica de la Armada fue encontrado muerto por envenenamiento con cianuro en la celda de lujo en la que estaba detenido, cuatro días antes de ser condenado.

Como si fuera un rompecabezas, Juan va armando y entretejiendo su propia historia con la de sus padres biológicos a través de las fotos y las anécdotas que le proporcionan sus tíos y abuelos. Todo sirve para recuperarlos de algún modo, para seguir encontrando coincidencias y, sobre todo, para mantenerlos presentes. También sigue en contacto con Claudia, “su hermana”.

Los otros protagonistas, los apropiadores, no existen. Para “ellos” sólo cabe la indiferencia, Y tal vez – aunque Juan no lo diga – yo me animaría a agregar, hasta una cuota de desprecio.


ACLARACION: ¿Por qué resposteo?

Reposteo porque considero que este reportaje  vale la pena leerlo hoy,  y siempre tenerlo presente.

Reposteo porque esta entrevista se hizo vía telefónica, y aún así, era posible “ver” a Cabandié. Ver sus gestos,  notar  sus cambios en el tono de la voz,  compartir sus  largas, dolorosas pausas y silencios, me hiceron sentir cerca suyo, parte activa de, y en,  su relato.

Reposteo porque , aunque soy apartidaria (no pertenezco a ningún partido político),  ésta es – debe serlo – una causa de tod@s los argentinos.

Reposteo porque es una forma, la mía, de seguir pidiendo justicia, verdad y memoria.

Y reposteo, sobre todo,  para que no hayan  más historia como las de Juan… ¡NUNCA MAS!

Betina


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Todo se pierde, ¿nada se transforma? (II)

“…estamos en la tierra de nadie, pero es mía…”

 Por la Memoria, la Verdad y la Justicia….

¡Nunca Más!




Vuelo 3142 de LAPA : el veredicto

 

Decir que  “la justicia es lenta”, ya sabemos, es una  verdad de perogrullo. Así lo demuestra el hecho de que recién mañana,después de 10 años del mayor accidente aéreo de nuestra historia, tras 23 meses y más de 2 mil horas de juicio contra los ocho imputados, se darán a conocer las responsabilidades que tuvieron los ex directivos de la empresa  LAPA y ex miembros de la fuerza aérea en este accidente,  que puso sobre el tapete el lamentable estado de la aeronavegación argentina.

En el año 2008, Jan, el “dueño” del blog español “Los Imprescindibles”, luego de ver la película “Whisky,Romeo, Zulú”, (que habla precisamente sobre ese accidente), me pidió que entrevistara a su director, Enrique Piñeyro, a quien le tocó en suerte ser protagonista de la horrible historia, tanto en el film como en la vida real.

Hoy me parece que vale la pena volver a leer este reportaje, por eso quiero compartirlo con ustedes.

Mañana esperemos que,finalmente, sea justicia.

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Este posteo se publicó acá.

Escrito por Betina Pascar el Lunes 28 Enero de 2008

Es sabido que a veces la ficción y la realidad están separadas por una delicada línea. ¿Cuántas veces imaginamos algo que luego sucede efectivamente?.

Sin embargo a Enrique Piñeyro la realidad no lo tomó de sorpresa. Durante los años que trabajó como comandante de aviones en la empresa LAPA (Líneas Aéreas Privadas Argentinas), entre 1988 y 1999, denunció reiteradamente que un accidente aéreo “no sólo era previsible sino inevitable” debido a las terribles fallas de seguridad que se registraban en los vuelos de ésa y otras aerolíneas. Lamentablemente, las autoridades responsables nunca lo escucharon y, en cambio, lo obligaron a retractarse por escrito.

Tan sólo dos meses después de dejar su trabajo en LAPA, el 31 de agosto de 1999, tuvo la confirmación de que sus sospechas eran ciertas y que lo peor había pasado como consecuencia del caos operativo de la empresa aérea y de la corrupción que la encubría.

Fue en el preciso instante en que se enteró de que en las cercanías del Aeroparque Jorge Newbery de la Ciudad de Buenos Aires, el vuelo 3142 de esa aerolínea había protagonizado uno de los accidentes más graves de la historia de la aviación argentina, dejando un saldo de 67 víctimas mortales, 17 personas con heridas de gravedad y unas cuantas leves.

Este episodio marcó un antes y un después en la vida de Piñeyro, quien sintió la necesidad de contarlo en su película “Whisky Romeo Zulú”.

Los imprescindibles tuvo la oportunidad de conversar con “este pesimista entusiasta, que hace cosas como si fueran a cambiar”, como a él mismo le gusta definirse. Y esto fue lo que nos dijo:

¿Cómo te enteraste del accidente y cuál fue tu primera reacción?

Estaba en la casa de unos amigos mirando la televisión y en un momento, se corta la transmisión del programa para informar una noticia de último momento: había un avión quemándose en Aeroparque. Cuando pasaron las imágenes, enseguida me di cuenta de que se trataba de un avión de LAPA. Entonces, lo primero que hice fue ir corriendo a casa y sacar toda la documentación que había estado recopilando durante años, un montón de fotocopias de los desastres operativos que se estaban cometiendo en la empresa. A los dos días llevé todo a Tribunales.

Esa es justamente la primera escena de tu película “Whisky Romeo Zulú”. ¿El cine fue la manera que encontraste para sublimar tanto dolor por lo que no pudiste impedir a tiempo?

Mirá, yo quise compartir con el espectador la bronca, la indignación y la impotencia que sentí frente a esta tragedia. Porque si hay una historia que yo podía contar era ésa: yo sé por qué se murieron esas 67 personas. Yo lo sé y porque lo sé decidí contarlo.

¿Qué pasó después del accidente? ¿Alguien asumió la responsabilidad del mismo?

Para el titular de la empresa, el avión siniestrado fue víctima de la “fatalidad”. La investigación de la Fuerza Aérea le adjudicó la responsabilidad exclusivamente a los pilotos muertos, acusándolos de olvidar configurar el avión correctamente para el despegue. Sin embargo, otros informes más independientes permitieron asociar el accidente con las graves deficiencias de las aeronaves y a la “fatiga crónica” que sufren algunos de los pilotos argentinos, sometidos a rutinas que comprometen su estado físico y psíquico. La causa penal se centró posteriormente en probar que la cultura organizativa de la empresa y la falta de controles por parte de las autoridades de la Fuerza Aérea fueron los factores causales del accidente, permitiendo, por ejemplo, que el piloto volara con su licencia vencida. Es por ello que la justicia ha imputado y elevado a juicio oral a algunos de los máximos directivos de la empresa LAPA y a los funcionarios de la Fuerza Aérea responsables de los controles.

¿A partir de la película, al tomar estado público todas estas anormalidades, crees que las cosas mejoraron?

Creo que la película despertó conciencia sobre el tema y toma de posición; pero no se logró que se produjeran cambios concretos. Es decir, no cambió nada. Mejoramos bastante las técnicas de malversación de fondos y de encubrimiento mayor de todo. Blindaron el sistema. En mi película “Fuerza Aérea Sociedad Anónima” también reflejo el desastroso estado en que se encuentra la aviación civil en la Argentina. No sé…tendrían que chocar dos aviones para que se tomara realmente dimensión de lo que está sucediendo.

El panorama es francamente desolador…

Sí, y estará todo perdido mientras los que tengan que realizar la planificación a largo plazo, la gestión y la implementación desde lo político no sepan, no quieran o no les interese hacerlo. Así, no cambiará nada. Volar en estas condiciones es suicida, la posibilidad de colisión actualmente es altísima. La seguridad de vuelo no es una reivindicación gremial de los pilotos sino un bien social de la comunidad usuaria. El pasajero tiene derecho a subirse a un avión y no morir antes de llegar a destino por culpa de una autoridad complaciente y de una empresa sin escrúpulos. La solución es que haya un sistema de control que no sea corrupto.

¿Tenés conocimiento si ésto sucede sólo en la Argentina o también se da a escala mundial?

Hay una degradación mundial muy grande, poca seguridad y mantenimiento mínimo de los aviones. Las mangas se dejaron de usar en los aeropuertos porque son caras, no hay casi separación entre los asientos y eso provoca mucho malestar y enfermedades en vuelos largos. Ni mencionar que algunas unidades no cuentan con autobombas, servicios de extinción de incendios. Nosotros estamos sometidos a un índice de riesgo mayor que en los países africanos, por el volumen de tránsito que tenemos. De todas formas, en el exterior la gente reacciona exactamente igual que acá al ver el film, empiezan a encontrar similitudes con las variaciones propias de cada sistema. Es decir, cosas que aquí pasan por corrupción en países más adelantados suceden por errores, negligencias o fallas burocráticas.

¿Alguna vez te preguntaste, como cualquier sobreviviente, por qué no te tocó a vos estar en el lugar y en el momento del accidente?.

Mirá, yo tal vez sea un poco omnipotente (tiene que ver con las profesiones que uno elige) , pero tampoco creo en la inmortalidad. No tengo problema en asumir riesgos cuando la veo clara. Pienso que, básicamente fui un tipo un poco más criterioso, menos inseguro, y sobre todo con mucha más suerte…

 

A Enrique Piñeyro le gusta el football, los helados y hablar en voz baja, aunque asegure que ese tono es “su pico de euforia”. Actualmente dedica su tiempo a escribir “despacito”, a terminar dos películas que tiene en stand by, a llevar adelante las diez causas penales que tiene en su contra (la mayoría por calumnias e injurias); y al mismo tiempo se convirtió en canal de información y de recepción de reclamos y denuncias penales tanto de sus ex compañeros como de miles de pasajeros que no encuentran otra vía para evacuar sus dudas e inquietudes respecto a temas relacionados con la seguridad del espacio aéreo. Con nuestra seguridad.

Una realidad que no tiene nada que ver con la fantasía. Y que, sin dudas, asusta. Y mucho.





85 hasta luego…

Hasta que no haya JUSTICIA , un pedazo mío se volverá a morir con ellos, inexorablemente cada 18 de julio, como hace 15 años…

http://blogsdelagente.com/munieca-brava/2008/7/8/ellos-descansan-paz

“Justicia, justicia perseguirás”


Si querés decirle algo a alguien, hacelo YA: http://www.85vidasmenos.amia.org.ar/

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