Marcha por la vida
”Primero se llevaron a los judíos…
pero como yo no era judío, no me importó.
Después se llevaron a las comunistas,
pero como yo no era comunista, tampoco me importó.
Luego se llevaron a los obreros,
pero como yo no era obrero tampoco me importó.
Mas tarde se llevaron a los intelectuales,
pero como yo no era intelectual tampoco me importó.
Después siguieron con los curas,
pero como yo no era cura, tampoco me importó.
Ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde”.
(Martin Niemöller)
Lublin fue una ciudad de Polonia muy importante para los judíos de Europa, tanto en lo jasídico como en lo cultural. Tenía hermosos templos y grandes sabios. Allí, el 30 de Junio del 1929, nací yo en un barrio humilde, donde el idioma idish era lo que más se escuchaba.
Por esa época, mi papá ,Motl, corría peligro por problemas políticos y tuvo que abandonar el país antes de que yo naciera. Con mi “mameshi”, Laiche, nos quedamos a vivir en la casa de mis abuelos paternos.
Mi abuela Malale era hija de un rabino y en la casa se respetaba mucho la religión. Ella y mi abuelo Jemie tenían 6 hijos: 3 varones y 3 mujeres (Moishe, Iche y mi papá, y Cyvia, Matale y Elke, como me llamo yo) .
Cuando cumplí 5 años mi mamá se fue a buscar trabajo a Varsovia, otra ciudad de Polonia, y yo quedé en la casa de mi tía Matale y mi tío Tzudik , que vivía enfrente de la abuela y tenía dos nenas pequeñas: Itale y Surele. Yo la ayudaba porque era la más grande de todas las nenas de la casa. Un piso más arriba vivía con su familia mi otra tía, Elke, que tenia dos nenas y un varón : Frimet, Dvorie y Hershale. Y enfrente estaba mi tia Cyvia con mis abuelos.
Mi mamá me visitaba sólo una vez por año, pero siempre que podía me mandaba juguetes muñecas y ropa. Recuerdo que con mi prima Frimet, la del 2do piso, empezamos juntas la escuela. Ella era una nena audaz, inquieta y muy decidida. Yo, en cambio, era una nena flacucha, miedosa, insegura y un poco triste. Fuimos a la escuela Peretz hasta 3er. Grado; a mi me gustaba tomar parte en todas las fiestas, cantando o recitando poesías.
A la nochecita nos sentábamos con las nenas del barrio en el umbral de una panadería y nos contábamos cuentos, inventábamos historias y jugábamos a la soga, o a la mancha. En invierno patinábamos sobre hielo; y a veces mi tío nos llevaba a andar en trineo a un parque.
Cuando venía algún tío que vivía en otra ciudad a visitarnos, siempre nos daba a pu groshn (algunas monedas), para que nos compremos lo que quisiéramos…Yo iba corriendo a comprarme un huevo. Sí, un huevo, porque a mi me gustaba mucho y en la casa de mi abuela no se compraban porque era un alimento caro.
A principios del año 1939 , mi mamá vino a visitarme, pero para mi sorpresa no fue una visita más: ella me dijo que nos íbamos a vivir a la Argentina, donde estaba mi papá instalado y trabajando.
Mi abuela se puso contenta, ella siempre había querido que yo recupere a mi papá. La verdad es que a mi al principio no me gustó mucho la idea, yo no quería dejar a mi familia, pero la decisión ya estaba tomada. Me despedí de ellos sin pensar que no volvería a verlos nunca más.
Para mí empezó a ser todo nuevo: era la primera vez que yo salía de mi ciudad. Con mi mamá viajamos en tren hasta Varsovia, de allí hasta la casa en mateo (esos viejos carros tirados por un caballo, que se usaba como medio de transporte en esa época). También fui al cine a ver una “cinta” (así se decía a las películas) , donde actuaba una actriz muy famosa que se llamaba Shirley Temple. Estuve dos meses en Varsovia hasta que terminamos de hacer los trámites y documentación necesarios para emprender el largo viaje hacia América.
De Varsovia seguimos en tren con guía hasta Trieste y de ahí subimos a un barco que se llamaba “Oceanía” . Yo tenía 9 años, mi mamá 29. Después de navegar durante 5 días, mi mamá empezó a sentirse mal y tuvo que ser internada en el barco por varios días. Como me quedé sola tuve que hacerme amiga de grandes y chicos, sentada en la cubierta del barco. Un compañero de barco le dijo a mi mamá que ella se había enfermado porque se había pintado las uñas. ¡Qué distintas son las épocas y las creencias de la gente!.
El 22 de abril de 1939, antes de llegar la tarde, los viajeros ya estaban en la cubierta, faltaba poco para llegar a destino. Yo me escondí, no quise subir. Ya me había acostumbrado – después de 18 días de viaje – a estar con esta gente y no quería volver a despedirme y separarme de personas conocidas. Estaba asustada por todo lo nuevo que me esperaba. Mi mamá me vino a buscar. “Dame la mano, vení, no tengas miedo. Falta poco para llegar”, me dijo.
A lo lejos ya se podía ver la ciudad, el puerto, la gente esperando. ¿Cómo seria mi papá?, me preguntaba yo. Cerré los ojos y cuando los abrí vi por primera vez a Buenos Aires entre mis lágrimas…
Tres meses más tarde estalló la guerra. Pasaron 70 años, pero todavía resuenan en mí las últimas palabras que le escuché decir a mi prima Natkale, la hija de una hermana de mi mamá, cuando nos despedimos : “ Chocha, nailepshe?” (Tía , ¿te vas para siempre?”).
Tres meses después se fueron ellos.
Para siempre.
Elka G. de Pascar
Notas:
* El 12 de Abril se conmemora el Dia de la Memoria del Holocausto.
* * El Holocausto – palabra griega que sgnifica ” sacrificio por fuego” – fue la persecución y el asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado por el Estado de aproximadamente seis millones de judíos por parte del régimen nazi y sus colaboradores.
*** Casi toda la familia de mi mamá fue asesinada durante el exterminio nazi. Mi mamá llegó al país en el último barco que salió de Polonia antes de que estallara la 2da. Guerra Mundial, y se reencontró con su tía Cyvia 55 años después de dejar Polonia ,en 1994, en Israel, adonde Cyvia logró llegar escapando de la muerte. Pensamos que otros tíos, hermanos de mi abuela, también pudieron haberse escapado a Francia y a Rusia, pero nunca pudimos encontrar datos de ellos.
**** Este año aproximadamente 8 mil personas participaron en una actividad llamada “Marcha por la vida”, un suceso que tiene lugar desde hace diecinueve años, donde los participantes recorren el trayecto de tres kilómetros entre los campos de concentración nazis de Auschwitz y Birkenau, hoy convertidos en museos.
***** . Este post es un fragmento de un texto que le escribió mi mamá a Gabi, mi sobrino, para un trabajo de la escuela donde tenían que contar las raíces de cada familia. Gabi puso como conclusión, al final de la historia: “A pesar de todo, mi abuelita nunca bajó los brazos”.
****** . Mi mamá siempre necesita que haya huevos en la heladera. No dos o tres, ni siquiera seis…tiene que haber muchos, todos los que puedan caber en ese cubículo.Y a veces más, que ella coloca en un plato, sobre algún estante de la heladera. Siempre me llamó la atención semejante manía. Finalmente entendí por qué.
Te amo, ma. A pesar de todo, vos también (te) marchaste “a” la vida, “por” la vida.
Te amo, má. A pesar de todo – como dijo Gabi - nunca bajaste los brazos.
Be
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