Sobre el amor y otras cosas no menos importantes (*)
“…Estallaron los vidrios de mi corazón…y a mi me volvió loco tu forma de ser….”
Estos días estuve poniéndome al día con las películas. Amo el cine, pero no voy muy seguido (como tantas cosas que amo y no hago…pero ése es otro tema). Vi viejas y nuevas. Fui con amigas y también alquilé dvd’s. En casi todas ellas el tema que se planteaba – entre otros – era el mismo: gente que promediaba la mediana edad(¡como yo!), en busca de la felicidad (¡como vos, como yo!), replanteándose decisiones que tomó por acción u omisión, enfrentando las consecuencias de esas elecciones (¡como nosotros!), lamentándose por no haberse arriesgado (¡como vos!), y en algunos casos, apostando a más y en otras, quedándose inmersos en “los no puedo”, “ya soy grande para cambiar”, y todo ese repertorio de frases que lo único que hacen es imposibilitar la acción y perpetuar la queja.
La última que vi fue “El secreto de sus ojos”, en casa.No debió ser la última si hubiera podido elegir, pero soy una convencida de que las cosas llegan en el momento justo cuando estamos preparados para aprehenderlas. Disfruté de cada escena de esa película, de cada gesto de los actores, de los diálogos y de las miradas portadoras de múltiples mensajes y sentidos.
Iván jugaba en su pieza y esperaba ansioso que terminara la peli porque le había prometido que después lo llevaría a a cenar comida china. Cada tanto entraba y me preguntaba cuánto faltaba. Supongo que se moría de curiosidad – ¡te conozco, hijito! – de saber por qué yo lloraba, me reía, me emocionaba, me comía las uñas…Tal vez, además, entraba para corroborar que no me haya quedado dormida , cosa que me suele suceder cuando veo dvd’s. Convengamos que no hay nada que iguale la magia y la ceremonia de ir al cine. La previa y la posterior.
Finalmente la peli terminó y yo cumplí con mi promesa. Mientras caminábamos en dirección al restaurante chino, Iván me preguntó de qué se trataba la película que había alquilado. Yo le respondí que de muchas cosas, pero ,tal vez, una de las más importantes era la historia de amor entre los protagonistas. Como mamá que cría a un hijo sola me resulta muy importante charlar abiertamente de todo con Ivanchu, y el plus de “idishe mame” agrega que también sienta que tengo que hablarle “mucho y pronto por si me pasa algo”…
Cuando dije la palabra “amor” , Iván guardó silencio. Un preadolescente no está muy ansioso de tocar ese tema y menos con su vieja. Pero yo insistí.
- ¿Sabés? , el señor no se animó a decirle a las chica que estaba enamorado y cada uno se casó por su lado…
Iván, que siempre tiene algo para acotar, seguía callado. Yo avanzaba…¡al fin y al cabo estoy educando a un hombre!.
- A mí me gustaria – le dije – que vos nunca te quedaras con las ganas de decirle algo a nadie, menos que menos a una chica que te guste. A propósito, ¿te gusta alguna?.
- No, má.
- Bueno, ya te va a gustar. Y cuando eso pase vas a sentir que cuando están juntos todo desaparece alrededor…
- ¿A vos te pasó eso con mi papá?.
- Claro. ¡Todavía me acuerdo cómo estaba vestido el día que lo conocí y la música con la que nos enamoramos!…
- Cuando a mi me gustó una chica te lo conté. Ahora no me gusta ninguna- replicó Iván con la intención de dar por terminada la conversación. Sin embargo, yo seguí:
- Seguro ya va a aparecer una que te guste mucho, mucho. Y cuando eso suceda, nunca pienses por ella, nunca decidas por ella. Nunca des algo por seguro sin ponerlo en palabras, tenés que confirmarlo. Es decir, vos tenés que ser sincero y decir lo que sentís, no creer que ella te va a rechazar y por eso no animarte a decirle lo que te pasa. Y cuando no te guste más también tenés que decírselo, sin hacerla sufrir, pero hablarlo también. ¿Entendés?
- Pséeee….cuando a mi me gustaba XXX, yo le pasaba todos los apuntes en las pruebas.
- ¿Y que?, si no te hubiera gustado y te lo hubiera pedido ¿no se lo pasabas?
- Síii…pero con ella era distinto.
- ¿Vos le dijiste que te gustaba?
- No, pero se lo demostraba.
- ¿Cómo?
- Prestándole las cosas, sentándome con ella…qué se yo….¿Podemos hablar de otra cosa?.
- ¿Por?, es lindo hablar de amor.
- Bueno, si…pero ya hablamos. Hablemos de otra cosa. ¿Vos sabés que hay autos que vuelan y otros que flotan?
- No, no hay.
-Si hay , yo los vi en un libro. Hay autos así en China.
- Ok, mejor sigamos hablando de amor – me reí.
- Mejor hablemos de educación sexual.
- Bueno, hablemos de eso. ¿Qué querés saber?
-Es verdad que algunas personas grandes tienen que tomar algo…una pastilla…para hacer “éso”?.
“Ufff, me metí en un lío y ahora no puedo retroceder” – pensé.
- No, todas las personas no – le contesté esforzándome por parecer natural – los hombres, y no todos los hombres grandes, también algunos jóvenes que no pueden hacer “éso” porque …
- Mejor contame de nuevo cómo nacen los bebés – me interrumpió bruscamente Iván.
- ¡Pero si ya te lo re sabés de memoria!.
- Mmm…me lo olvidé…- dijo él , pícaro.
- Ah, bueeee…fácil: ¡los trae la cigüeña de Paris!.
Nos abrazamos riendo. Por suerte ya estábamos enfrente de la dueña del restaurante, dispuestos a encargar nuestras porciones de chop suey y chau fan.
- Ah!, y una empanadita para el nene, por favor.- le pedí a la encargada.
Le guiñé el ojo al nene y él me devolvió el gesto. Por esta vez habíamos logrado zafar…los dos.
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Notas:
(*) El título de este post pertenece a E.M., autor de cuentos sobre el tema; y la música es la misma que sonaba cuando nos enamoramos con el papá de Iván.
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La verdad es que estuve postergando este momento. Puse miles de excusas para no enfrentarlo porque sabía lo movilizante que resultaría para mi. Pero el tiempo no espera, tu panza sigue creciendo, y yo te lo prometí y quiero dartelo con todo mi amor por lo mucho que significó (¿significa?), en mi vida. 
