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Pobres hijos nuestros


“Tú no pares de jugar, no pares de soñar…y así sabrás lo bello que es vivir”

Cuando yo era chica, sólo bastaba tocarle el timbre a mis vecinitos del 1ºA y saber que estaban disponibles, para que el juego comience. Ahora, para que nuestros pobres hijos compartan un pedazo de infancia con un amigo, debemos constatar – previa llamada telefónica – que el niñito en cuestión goce de buena salud. Resfriados o con tos, abstenerse.

Antes, si una persona nos ofrecía un chupetín en la calle o en algún negocio, mamá nos codeaba para que sonriéramos y muertos de vergüenza – a fuerza de codazos varios – finalmente balbuceábamos un “Gracias, señor”. Ahora, nuestros pobres hijos saben que si algún desconocido se les acerca tienen que alejarse rápidamente ya que podrían estar frente a un potencial pedófilo o peor: podrían ser secuestrados y vendidos al exterior.

Antes, la violencia y el hambre sólo sucedían muuuuy lejos de casa, en países que ni siquiera sabíamos dónde ubicarlos en el mapa. Nosotros nos sentíamos grandes cuando nos mandaban por primera vez a comprar el pan al almacén de la esquina. Ahora que vivimos en el primer mundo, definitivamente nuestros pobres hijos no pueden siquiera bajar solos en el ascensor por temor a ser atacados por el violador serial cuyo identikit está pegado en el pallier del edificio. Tampoco pueden sacar la bicicleta del balcón para ir a la plaza porque se la pueden arrebatar. Todas las caras extrañas se volvieron sospechosas. Ver gente durmiendo en la calle ya no llama la atención y desconfiar se ha vuelto parte del paisaje cotidiano.

Antes, me arriesgaría a decir que antes del 2001, (¡ay, el inolvidable 2001!), en general las familias argentas se reunían el domigo para almorzar juntos fideos con salsa. Ahora ya no porque la mitad de la parentela tuvo que emigrar, y otra parte dejaron de hablarse. Nuestros pobres hijos conocen desde muy pequeños lo que significa el desgarro y la separación. Y aunque nos empeñemos en mantener los vínculos, nada puede reemplazar el crecer al abrigo de los primos y tíos, que con suerte pueden abrazar una vez al año.

Antes, que nos lleven al cine era un espectáculo en sí mismo. Ahora, si la entrada no incluye pop corn + coke, para nuestros pobres hijos probablemente sea una actividad de morondanga. O casi, casi, si logramos hacerles entender la importancia que tiene para nosotros compartir con ellos una salida. Y lo caro que nos resulta…

Ustedes recordarán tanto como yo que antes, cuando no existían celulares, ni compus, ni wii, ni plays, ni chats, ni flogs, ni blogs, los besos se daban personalmente a los pocos pero buenos amigos de carne y hueso. Además, qué placer resultaba dejarnos cartitas en nuestras mochilas y escribir religiosamente en nuestro diario que de “íntimo” tenía poco, pero de personal tenía todo.
Hoy nuestros pobres hijos sólo son felices si acumularon más de mil “amigos” en el facebook – incluyendo algunos chinos e hindúes – con quienes probablemente jamás tendrán contacto alguno. Todo lo privado se hace público, y a mayor exposición mayor popularidad.

Antes, allá lejos y hace tiempo, nosotros soñábamos con ser doctoras y policias para salvar al mundo. Hoy nuestros pobres hijos sueñan con ser como Pampita o Bill Gates para salvarse económicamente. Porque tener plata, belleza y fama es un valor supremo en esta sociedad. Y la falta de dinero representa para ellos la misma preocupacion que para nosotros.

Porque antes, nuestros papás nos mandaban a la cama a dormir temprano y así poder hablar “cosas de grandes”. Hoy, nuestros pobres hijos no duermen porque están estresados. Nosotros – como buenos hijos de Freud – los hacemos partícipes de problemas, dudas e inquietudes. Creemos que si les contamos todo, ellos nos van a comprender y ayudar. Pero ellos son sólo chicos y difícilmente dejen de pedirnos que les compremos tal o cual cosa. Y qué bueno que así sea, aunque jamás se lo vayamos a admitir. Sino más vale lo contrario.

Antes, cuando la tele todavia era en blanco y negro, decir “Por favor y buen día” era sinónimo de ser bien educado. Hoy son todos “bolús, de onda te lo digo…tipo que ná. ¿vistess?”.

Pobres hijos nuestros. Los hicimos crecer de golpe, y en esa sobre maduración – convertidos a veces en botines o mensajeros de guerra entre padres divorciados e inmaduros – nos perdieron el respeto, intercambiando los roles. Son ellos quienes a veces se ven obligados a correrse de lugar y cuidarnos a nosotros. Son ellos en quienes depositamos nuestra última esperanza: ser rescatados de la desazón y la tristeza que nos atraviesa de lado a lado.

“Niño, deja ya de joder con la pelota. Niño, que éso no se dice, que éso no se hace, que éso no se toca…”

Pobres hijos nuestros… Entre tanto barbijo y alcohol en gel, entre tanta miseria cotidiana, entre tanta mentira, tanto horror y desengaño, ¿cómo hacerles entender que la vida aún sigue siendo bella?



Dedicado a todos nuestros pobres , maravillosos y amados hijos…

¿Sos feliz?

Personalmente detesto los mails en cadena. En general no suelo abrirlos, y si lo hago es para leer toooda la lista de direcciones electrónicas a los que van dirigidos. Siempre se descubre algo interesante ahí, les aseguro.

Sin embargo, hoy recibí uno muy particular, no decía “fw” en el asunto y el título era sumamente atrayente. Sólo dos palabras encerradas en un interrogante : “¿Sos feliz?”. Esto despertó mi curiosidad , y sumada la duda de que quizá la persona que me lo enviaba – alguien que aprecio mucho, pero no veo hace tiempo – quisiera establecer contacto conmigo por alguna razón, decidí adentrarme en el mensaje… Entonces leí:

“En cierta ocasión le preguntaron a una mujer:

- ¿Te hace feliz tu esposo?

Ella jamás se habí­a quejado de su matrimonio, sin embargo, para sorpresa de todos, respondió con un rotundo:

- No, no me hace feliz, ¡yo soy feliz! … El que yo sea feliz no depende de él, sino de mí­. Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida… Todo lo que existe sobre la tierra cambia continuamente. El ser humano, las riquezas, mi cuerpo, el clima, los placeres…Hay gente que piensa que no puede ser feliz porque está enferma, porque no tiene dinero, porque hace mucho calor, porque alguien la insultó, la dejó de amar o no la valoró… Pero lo que no saben es que ser feliz es una actitud ante la vida…”. (1)

Lo primero que pensé al terminar de leer fue: “qué pelotudez”. Pero enseguida me vinieron a la mente imágenes de aquellas pequeñas, enormes cosas que me hacen verdaderamente feliz, hoy, aquí y ahora:

* Bailar cumbia con Ivanchu. O cuando se despierta a la mañana con los pelos revueltos y me sonríe. O cuando me cuenta, con esos gestos tan particulares, algo que hizo o le pasó, O… En síntesis: Iván: amor total. Felicidad garantizada por su sola presencia.

* Ver a mi vieja sentada en el balcón leyendo la biografía de Dostoievsky por enésima vez.

* Abrazar a la parentela cuando llega de Israel, y hablar todos juntos, todos amuchados en la cocina.

* Sentarme en un bar a escribir, a hojear revistas cholulas o a charlar de nuestra infancia con mi hermana Gra.

* Leer viejas cartas de amor,ver fotos y recordar anécdotas del pasado.

* Escuchar tu voz o que me mandes un sms sólo para decirme “Hola, cuore”.

* Charlar horas – litros de café por medio – con mis viejas y mis nuevas queridas amigas.

* Cantar, cantar, cantar.

* Planificar el festejo de nuestro 45º Cumpleaños en un spa. ¡Lo hacemos sí o sí, chicas…eh!

* Ver su nombre en mi bandeja de entrada.

* Hacer “convivencia” en la quinta con San, Dani, Iván y Juani.

* Los logros de la gente que quiero.

* Que Boca le gane a River.

* Tener proyectos a corto plazo.

… Y otros etcéteras que no son de dominio público y por eso me los reservo.

Eureka…¡soy feliz!.

Ciertamente me faltan cosas, ¿a quién no?, pero tengo mucho. Todos tenemos. ¿Qué tal si las valoramos y agradecemos en lugar de seguir quejandonos ,lamentandonos , o culpando a los demás de nuestras propias limitaciones?.

Seguramente no faltará quien opine: “¿Cómo podemos ser felices con las cosas horribles que pasan en el mundo?. Sucede que ,por más impotencia que nos genere, existen situaciones que no podemos controlar; sin embargo otras sólo está al alcance de nuestras manos transformarlas.

En definitiva, apostemos a ser felices. Hoy,aquí y ahora. Ya. Hacer más agradable “nuestro” mundo no es tarea fácil, pero tampoco es imposible.

Y vos, ¿qué vas a decidir?.


Nota :

(1) El mail era más largo, pero lo sinteticé. Gracias, Romina por mandarmelo!. Ah!, y no me mandes másssss fw’s!!.


Mundo Agradable – Seru Giran