Posts etiquetados como ‘amor’

¡¡Del blog al papel!! (o de Clarin a Perfil)

nota be 003

Entre-tiempos

“…Desordené átomos tuyos para hacerte aparecer…”

Gol de Brasil. Partido de semifinales del Mundial 2010, contra Holanda.

Marcela miró una vez más su reloj; Daniel no llegaba, pero ella sabía que vendría. Veinticinco años atrás habían sido compañeros de la Facultad, habían compartido confesiones, angustias y se conocían bien. Nunca habían perdido el contacto telefónico, pero deliberadamente hacía mucho que venían postergando este encuentro.

- Hola, Negra, perdoname, el tráfico está terrible…

Ahí estaba Dany, abrazándola por la espalda.

- No me mientas – replicó ella – seguro anduviste por ahí correteando pendejas.

- ¿Sabés que estoy pensando seriamente en eso? – dijo él mientras desparramaba su metro ochenta en la silla.

Marcela lo recorrió con la mirada disimuladamente.

- Epa, qué confesión – lanzó rápida – pero si vas a corretear a alguien que no sea tu mujer, yo quiero ser la primera.

- Vos debés tener quien te corretee; desde que te separaste siempre tuviste un montón atrás.

- ¡Un montón de nada!. Mirá, el último me correteó tanto que siguió de largo. Imaginate que salió de Villa Gesell y ya debe andar por Ciudad del Este…

- ¿Lo dejaste ir?.

- Nooo, él me dejó. Un día me dijo que me amaba y que eso lo hacía sentirse bárbaro, pero realmente jodido. Y parece que fue más lo segundo que lo primero porque después no me hablo más.

El gol de Holanda los interrumpió. En el bar todos aplaudían y los autos en la calle hacían sonar sus bocinas.

- Algunos creen que se puede amar a dos personas al mismo tiempo y con la misma intensidad. ¿Vos qué opinás?- preguntó Marcela intentando recuperar la concentración.

- La monogamia es una porquería, pero yo la elijo y elijo ser fiel.

- ¿Y el amor?. Mirame a mi, en la mediana edad y esperando el “flechazo”, como cuando me casé…

- Por Dios, ¡cómo vas de un tema al otro!. ¿Te digo algo?: a vos la Internet te está quemando el cerebro, Negra, abrís miles de ventanitas al mismo tiempo…Y respecto del flechazo… te lo van a dar en el tujes…Pero, volviendo a tu pregunta: sí, yo creo en el amor. No en el amor sufriente, como el de Romeo y Julieta, dos boludos que hicieron todo mal.

- No hay caso, no sos romántico vos.

Daniel se reclinó y estiró las piernas bajo la mesa. Tomó un sorbo del su café y le guiñó un ojo a su amiga.

El lugar estalló en una desproporcionada algarabía cuando partido se puso 2 a 1 a favor de Holanda. Brasil estaba a punto de perder la oportunidad de ganar otro campeonato.

- ¿Qué te seduce a vos de mí?. Ya va siendo hora de que me lo digas.- indagó Marcela, quien no estaba dispuesta a perder su oportunidad.

- No hago análisis, me resbala ,la seducción está en un plano misterioso.

- Ufa, ¿yo también te resbalo o me querés un poquitito?

El le agarró las mano y las acunó entre las suyas.

- Yo te quiero mucho, Negra. Ambos lo sabemos, hay algo que está ahí y justamente por eso no puedo verte seguido.

Marcela acarició la cara de Daniel, le acomodó con ternura un mechón del poco pelo que le quedaba en el mismo momento en que el árbitro anunciaba la finalización del partido.

- Me tengo que ir – le susurró- voy a salir con un “chico”.

- ¿Chico?, ¿cuánto?, ¿20?. Bien, Marce, los tipos tienen que ser jóvenes, después de los 40 ya no servimos para una mierda.. Eso sí, la próxima vez si el candidato no te invita a salir un sábado, descartalo: debe ser un solterón que vive con la madre, nunca vas a llegar a un orgasmo con él…Bueno, andate, ¿no pretenderás que te desee buena suerte también?. Chau no más.

Ella se rió y lo besó en la frente, convencida de que – igual que en el deporte – en la vida también hay entretiempos.

Y sobre todo, revanchas.


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La venganza (¿perdonar es divino?)

Imagino que te sorprenderá recibir esta carta; nosotras no nos conocemos y sin embargo tenemos dos cosas en común: un hombre y un verbo. Un hombre que yo tuve, un hombre que vos tenés…por ahora, ya que pronto vas a darte cuenta de que él es pura ausencia.

Esa persona que te hace sentir tan enamorada no es más que un mal actor que hoy te dibuja al oído las palabras que vos necesitás escuchar; pero – tenés que saberlo – cada uno de esos mensajes dulzones ya los gastó conmigo. Y con otras, muchas, tantas… Sí, por su vida pasaron mujeres de todas las formas, tamaños y tinturas. Altas, bajas, bonitas o desgarbadas, agraciadas o sin gracia. Hay que reconocer que sus frases hechas y demás cursilerías siempre le resultaron muy efectivas, por cierto. Aunque a tu – nuestro – hombre le falte creatividad, es innegable que es un maestro en el arte de aparentar.

Quizá su talento resida en saber elegir a sus presas. El las huele, como si desde su interior ellas emanaran cierto aroma que las convierte en blanco fácil, cierto olor a necesidad de afecto. “Quereme”, parecieran gritar en el silencio más aterrador. Y él, hábil cazador, apunta con precisión al centro. Su arma es la seducción, no le cuesta nada transportarlas hacia lo más alto y una vez ahí dejarlas caer sin remordimiento. Así lo hará con vos, no tengas dudas.

Sucede que él es un verdadero impostor: exagerará sus debilidades para que lo veas desprotegido, mentirá sobre su vida, su trabajo, sus estudios y sus amantes con tal de ganarte el corazón y anularte la mente. Te irá manipulando hasta el límite, y de a poco, con cualquier motivo, con excusas (o sin ellas), se irá alejando sutilmente primero, tajantemente después. El sólo necesita controlar la situación y una vez que se reconoce dueño de su objeto pierde interés. Entonces desaparecerá, no volverá a atenderte el teléfono ni sentirá que te debe explicaciones. Se esfumará como una gaviota en el aire.

Y vos…vos vas a creer morir, vas a odiarlo, a desesperarte, a enloquecer, a ahogar tu llanto contra la almohada y, tal vez, hasta sientas deseos de vengarte con la misma intensidad con la que hoy deseás sus besos.

¿Te parezco cruel?,¿una mujer despechada?. Es posible que lo sea, pero no soy hipócrita.¿Por que debería callar?.Al fin y al cabo también yo soy una manipuladora y una perversa como él, pero nunca una impostora.

Tal vez por eso – porque nos une el espanto y no el amor – estoy dispuesta a todo para recuperar a mi ex marido.

Y te lo juro: vos no serás un obstáculo.

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Voy (Huellas)

“¿… Quién me iba a decir que serías la lluvia y yo la tempestad?…”

Voy a dejar, amor, mi firma en tu cuerpo,
voy a tallar a puro fuego mi nombre
en cada centímetro de tu piel.
Voy a dibujar, enajenada, mis iniciales
en tus contornos,
con mis relieves,
para que me lleves con vos siempre…
en donde estés.

Voy a estallar, amor, muy dentro tuyo;
lo juro: voy a tatuarte mi marca.
Voy a guiarte a través de mis secretos
para que los descubras,
para que los habites,
para que los recorras
y me lleves con vos, siempre…
en donde estés.

Y voy a amarte, inevitablemente,desesperada.
Sin grises, sin dudas y sin miedos
voy a grabar con sangre mi huella en tu destino,
después de todo, sobre todo y contra todo,
para quedarme con vos,
por vos,
en vos…
siempre.

Aunque no estés.

ashleytatu01


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¿Quién soy? : la Dra. Suárez (*)

“…con los ojos no te veo…”

 

- No, no, …Suárez va con acento en la “a”- dijo ella sonriendo.

- Ay, doctora, es sólo para la ficha de la biblioteca de la facultad. ¿Qué importancia puede tener un acento en la ficha de la biblioteca de la facultad? – rió  el empleado.

Para una persona obsesiva un simple acento tiene mucha importancia, pero Laura no sintió la necesidad de explicárselo al joven.Tomó los libros y buscó un asiento apartado. Tenía que concentrarse en la ponencia que ofrecería en el Congreso de Psiquiatría el mes entrante.

Últimamente – tenía que admitirlo – le costaba mucho concentrarse,  sus obsesiones la estaban atormentando. Y últimamente sus obsesiones tenían nombre y apellido: Jorge Delgado. Hacía tres semanas que él no concurría a sesión y si bien no era la primera vez que  eso sucedía, la Dra. Suárez empezaba a sentir esa ausencia.  Ella esperaba un llamado suyo, deseaba saber cómo estaba y – sobre todo – anhelaba escucharlo. Imaginaba una escena muy precisa donde él se comunicaba para decirle que estaba decido a dejar la terapia. Entonces, ella no iba a insistirle para que siguiera ni tampoco iba a derivarlo. Iba a dejarlo ir. ¡Al fin y al cabo, Delgado representaba para el psicoanálisis  uno de esos casos destinados al fracaso!. Se trataba de un paciente que no colaboraba, no se entregaba al trabajo analítico sino más bien ofrecía toda la resistencia posible. En los cuatro meses que  llevaba tratándose (por llamarlo de una manera), sólo una vez había contado un sueño que permitió introducir una pregunta, perforar su discurso prearmado e indagar algo más en profundidad.  En ese sueño  había “ángeles y gaviotas que sobrevolaban una playa, y había un hombre arrodillado en la orilla fundiendo sus lágrimas con las olas del mar” – había referido Delgado; sin embargo, cuando la Dra. Suárez le pidió que dijera con qué asociaba ese sueño, él se negó.

- Es sólo un sueño estúpido,  aunque, por cierto, hasta en mis sueños más estúpidos  hay un toque poético, ¿no cree, Doc.? – dijo. Lástima que no soñé con alguna nena en bikini …o desnuda – remató y largó una sonora y ronca carcajada, como para finalizar con ese relato que de alguna manera lo había dejado expuesto. Y él lo supo tardíamente.

Como era previsible, después de relatar esa fantasía onírica, Delgado no apareció por el consultorio durante dos semanas. Tampoco se tomó la molestia de avisar que no concurriría, y cuando regresó y se le preguntó por qué se había ausentado, él sin inmutarse respondió que había tenido que viajar a su pueblo.

- Pero ya estoy de vuelta y soy todo suyo, Doc. – bromeó.

Durante las sesiones que siguieron resultó una tarea imposible para la Dra. Suárez lograr avanzar en alguna dirección. Delgado se limitaba a comentar situaciones superficiales, generalmente referidas a su trabajo, donde él siempre era la persona dominante y segura. Y cuando ella trataba de sondear en alguna cuestión vital, él argumentaba que ya estaba grande para revisar el pasado. Sin embargo, un día llegó distinto y ella lo notó inmediatamente.

- Hoy no tengo un sueño para contarle – dijo apenas se desplomó en el diván – pero …¿está mal si le digo que pensé en usted?. Sí, pensé en usted; hasta se  podría decir que casi la he extrañado doctora, y eso viniendo de mí es un gran halago, se lo puedo asegurar. Yo soy un hombre solitario, usted sabe, no me gusta andar mirando para atrás. Tanto es así que me he preguntado varias veces qué carajo he venido haciendo acá los últimos meses, acostado en este diván solo, y sólo mirando un cuadro de mierda del viejo Freud…

Era la primera vez que él hablaba con tanta crudeza.

- ¿Y qué se contestó, Delgado?

- Me contesté que lo único que me atrae de esta situación es usted, incluso sabiendo amargamente que nunca será mía.

Delgado estaba siendo honesto, no con ella, sino consigo mismo. Ella lo dejó hablar.

- Me da cierto pudor decirselo, pero yo… han pasado muchas mujeres por mi vida. Importantes y no , amores y amoríos, ellas siempre se han ido. Yo nunca las he sabido retener…

- ¿Se van como las gaviotas?. ¿No puede retenerlas como a los ángeles?. Tal vez sea éso lo que le atrae verdaderamente, justamente la imposibilidad. La imposibilidad de que un vínculo se pueda llegar a concretar, a convertir en algo sólido o duradero. O no. Tal vez no haya querido realmente retenerlas y averigüarlo.

Delgado no respondió. La Dra. continuó:

- Si algo fuera verdaderamente posible tal vez dejaría de ser atractivo para usted, perdería su encanto, se caería la ilusión de lo perfecto… Entonces, ¿qué pasaría?, ¿se iría usted antes de sentirse amenazado de que puedieran dejarlo?. Es decir, siempre alguien se tiene que ir para que otro quede…digamos, ¿solo y llorando?…

Delgado rió nervioso.

- Nunca voy a poder con vos, Laura…Intelectualmente, digo. Bueno, ahora que lo pienso, nunca voy a poder en todo sentido. No, en serio,  ahora que lo mencionás, digamos que sí, las gaviotas son como mis fantasmas, al igual que los ángeles que no son reales, o que la soledad aunque yo mismo la elija… “Mis fantasmas”, suena bien.  ¿Le gustó esa frase, doc.?

Ahí estaba Delgado, frente a frente con sus obsesiones y su deseo.

Esa fue la última vez que él fue a su consultorio. La última vez que ella lo “vio” con los ojos porque después no dejó de verlo. Lo vio cada vez que marcaba su número de teléfono y cortaba antes de que empezara a sonar. También lo vio en los diarios, en la sección de “Política”, lo vio cuando puso su nombre en el buscador de Google y aparecieron un par de imágenes suyas en alguna conferencia, vio algunos de sus discursos en su blog, lo vio imaginariamente en el trabajo, cenando mientras escuchaba algún blues, lo vio tomando su copa diaria de vino tinto, lo vio recorriendo la playa protegiéndose de las gaviotas, lo vio en la calle, en el subte y hasta en la cama haciendo el amor… No pudo dejar de verlo ni un segundo: él se había convertido en su propio fantasma.

“Dios mío” , pensó y escondió la cabeza entre la pila de libros desparramados sobre el escritorio.

Ahí estaba la Dra. Suárez, con acento en la “a”, frente a frente con sus propias obsesiones. Fue ahí cuando se dio cuenta de que nunca en su vida habia estado más concentrada que últimamente. Al menos, concentrada en seguir una pista, la más importante y desconocida: la de su propio deseo.

Ahí estaba ella – la de la vida aparentemente perfecta y ordenada – comprendiendo finalmente que a veces para quedarse, es necesario irse.

  —————————————————–
(*) ¿Quién soy?, es la pregunta que organiza el porvenir. (Martin Heidegger).


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Otoño en mí

“ … ¿Quién se va?, ¿quién se queda?,¿a quién le duele más la soledad?. ¿A quién le duele más la soledad si todos los rincones de mi vida tienen algo tuyo?. ¿Cuál es tu camino?, ¿cuál es el mío?, ¿dónde se encontraron?,¿dónde se han ido?…”

Me gusta el otoño, Buenos Aires late distinta, muta, se transforma. El verano se va diluyendo con las primeras hojas que caen de los árboles y la cuadra de mi casa amanece en ocre. Cambiamos sandalias por botas, remeras por camisas , y de a poco la rutina le va ganando espacio al tiempo libre.    

Es increíble como el clima pareciera guiar nuestro ánimo…

Marzo en la ciudad viene cargado de melancolía. El calendario me recuerda todas aquellas cosas que fui postergando, los proyectos que dejé para después de las vacaciones, las obligaciones y todo lo que prometí hacer durante el año. Tal vez precisamente porque me conecta más con la realidad, en otoño las ausencias cobran peso y se sienten como agujeros en el cuerpo que no dan tregua.

- Martin…

- ¿Qué?

- Nada, quería nombrarte… Estás muy callado, ¿te sentís bien?

- No, hoy tuve un día difícil: falleció un compañero del laburo…

- Qué tristeza, por Dios. Y, sin embargo,  quizá debamos empezar a “acostumbrarnos” a éso… A las pérdidas, digo…

- Nunca. Bueno, no lo sé…

A veces duele respirar, amor. Demasiadas exigencias, demasiados   “debe ser” pesan. Como hoy. Yo también me siento desamparada y esa sensación  me conecta inevitablemente con todos los hombres que pasaron por mi vida y ya no están, pero aún así dejaron huella. Vivos o muertos, empiezo a extrañarlos de manera exagerada. ¿Por qué me cuesta tanto dejarlos ir?. De algunos conservo recuerdos felices, de otros no tanto; sin embargo, ninguno de ellos se va del todo.¿Será que amo de manera desmesurada?, ¿será que sobreestimo el sentimiento?, ¿lo confundo?, ¿que no concibo amor sin sufrimiento?,¿será capricho?, ¿fascinación?, ¿obsesión?…

En primer lugar, el primer hombre: mi papá. El duelo por su muerte no termina de terminar. Los años pasan y, sin embargo, no puedo acostumbrarme a darlo por perdido. Después vinieron a tapar el vacío – como si fuera posible – otros hombres. Hombres con el mismo nombre pero sin voz ni voto. Hombres de armaduras oxidadas, hombres que se muestran y se esconden, que están y desaparecen. Los hubo impresentables e incluso sin presencia. Soledades acompañadas, de todos ellos guardo algo. Son parte de este rompecabezas que es mi vida, piezas necesarias, únicas, irremplazables. Sé que por alguna “razón” los elegí y  por eso ahora los retengo, aunque sea en mi memoria. Los convoco y los evoco,cada uno de ellos en una marejada de sensaciones: cariño, nostalgia, ternura, respeto, enojo, desprecio…

- …Tal vez sí, cuore.

- ¿Qué cosa, amor?

- Que sí, éso… que empiezo a pensar que debemos incluir la vejez y la muerte como una posibilidad, como parte de la vida…

- ¿Se puede incluir a la muerte como parte de la vida?

- No lo sé, pero no se mueren viejos nada más.

¿Te das cuenta, Martín?. Hoy no es el mejor día para grandes definiciones. Me preguntás si estoy dispuesta a una nueva relación y no sé qué contestarte. Me siento vulnerable. Chiquita. Sí, tengo miedo. Sí, tal vez reacciono a la defensiva. Sí, yo también tengo mis inseguridades. Sí, sí, sí. Entonces, me oigo repitiendo las misma excusas que detesto oír: “Estamos en diferentes tiempos”, “Vos necesitás otra cosa”, “Me gustas, pero…”.

Y es que la nena que todavía habita en mí se apoderó de la mujer y me perdí. Tal vez mañana vuelva a encontrarla entre tus brazos. Tal vez por primera vez decida seguir tu juego, perder el control y dejar que me lleves . Soltar las riendas, relajarme, disfrutar. Y a lo mejor, esta vez resulte bien. ¿Quién sabe?.

Pero hoy no quiero pensar más. Es Marzo y faltan sólo horas para que  empiece un nuevo  otoño. ¿Ves?, afuera mi cuadra se está empezando a vestir de ocre y adentro mis fantasmas  andan acechando. Otra vez. 

- Cuore, me voy a casa. No te enojes, pero too much por hoy. Necesito descansar.

- Andá, andá… pero, por favor,  no te vayas.

- Eso nunca. Como dice la canción de Los Piojos: ” de lo que quede de mi, te dejo un poco”.

…Y con lo pequeño que es el tiempo – como dice la canción de Bebe -  yo  prometo intentar cambiar mis “no puedo” por “puedo”. Claro, el corazón tiene razones que la razón ignora, pero cuando la “razón” se hace evidente, ya no se puede mentir más. No a los otros – que poco importan – sino a uno mismo.

Por eso, amor, si algún día realmente decidís irte de verdad y para siempre, que no te quepa ninguna duda: de lo que quede de vos, vas a dejarme un poco.

Encuesta

 No me dejes sin quórum, ¡votá!.

Existe una correlacion inequivoca entre el amor hacia una persona y la sexualidad?
Si, absolutamente
No siempre
No es una relacion necesaria
Es deseable que eso ocurra
Es un concepto impuesto por la sociedad
Nunca me paso
No tengo la mas puta idea
Amor sin sexo?, es pura paja
Otros, Cual?
  

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Amor en sepia

“Ladislao, ¿estás ahí?”

 

“Two drifters… after the same rainbow’s end…”

(“Dos vagabundos… detrás del mismo final del arco iris…”)

———————

Hoy recordé nuestros “te amo”,

la estación de micros, la Torre de los Ingleses,

mi mirada celeste recorriéndote voraz,

mis dedos trepando por tu espalda,

tus manos inquietas, desesperadas.

Un beso largo, y otro, y otro más…

El atardecer naranja

de una ciudad que desaparece a nuestro paso,

gente que late, que nos mira, que no está.

Callao y Corrientes, Pippo,“La noche de las librerías”, un cd…

Tu voz ronca , tus ojos negros, tu perfume, tu piel.

Tus ganas y mis ganas. Mis ganas y las tuyas.

Ganas rojas de pasión,

ganas que no saben de tiempos ni de dudas,

ganas que sólo esperan encontrarse.

Una habitación en rosa.

Violines que suenan, mariposas violetas en la panza,

flechas y Cupido danzando a nuestro alrededor…

Promesas en verde esperanza. Buen presagio…¿Será?.

Secretos que se develan entre susurros y caricias.

Rayos de luz blanca colándose por la ventana.

Mañana con olor a tostadas de domingo y el horóscopo del diario.

Un café cerca del Congreso.

Un dolor de oídos. Tu calor, tus historias.

Un abrazo largo, y otro, y otro más…

Mi lucha contra tu pullover azul.

Tu cuerpo pegado al mío. Mi cuerpo pegado al tuyo.

Tu voz ronca , tus ojos negros, tu perfume, tu piel.

Después …

(¡no debería existir el “después” para los enamorados!),

después vinieron oscuras discusiones,

el ocre de la desconfianza.

Tus miedos + mis miedos

Suma nefasta de estúpidas inseguridades.

Me quedé con tu amor en sepia

y un rosario de “adioses” sin palabras.,

con este final previsible,

con la tristeza, la pena y la memoria

de unas imágenes desteñidas por el tiempo.

Hoy recordé nuestros “te amo”

y enseguida recordé que juré no recordarte,

que borré de tu existencia toda prueba.

Hoy recordé tu amor en sepia:

huellas mentales ajadas,

traicioneras, delatoras,

manchones grises en mi cielo raso

gritan que, alguna vez,

en ésta o en otra vida,

sólo fuimos dos vagabundos

detrás de un arco iris…

¿Quién soy? : Delgado

“El silencio es el ruido más fuerte; quizá el mas fuerte de los ruidos” (Miles Davis)

Delgado apoyó la cabeza sobre la ventanilla del micro y se relajó. En dos horas estaría en su pueblo, ese pequeño pueblo del noreste de la provincia de Buenos Aires que ni siquiera figuraba en el mapa, el que lo vio nacer y adonde siempre retornaba. Se sacó los lentes de sol  e hizo lo propio con el sweater azul de hilo que tenía apoyado sobre los hombros. Ordenó prolijamente cada cosa dentro de su bolso y  miró de reojo a su compañera de asiento, una chiquilina de…  ¿veinticinco?. Tal vez menos.

- Hola, bombón. – le dijo sonriendo.

Pero el “bombón”, por toda respuesta,  sacó su mp4 de la minúscula cartera con flecos  que colgaba entre su pecho y se calzó el auricular en los oídos.

El sonrió. Estiró su cuello para ambos lados y cerró los ojos. Como siempre ocurría, empezaron a desfilar por su mente retazos de su vida entera. El pasado y el presente se mezclaban en una sucesión infinita de imágenes que lo tenían como protagonista. El se dejó, mansamente,  atravesar por sus fantasmas,  había hecho un pacto con ellos, sabía que era inútil tratar de combatirlos: lo habían tomado de rehén  y – paradójicamente- quizá eran lo único que realmente había podido conservar durante los últimos treinta años. Todo lo demás había sido escurridizo  en su vida…

Como en una ruleta rusa se dejó llevar por ellos y recordó… Recordó a Lucía, su novia de la juventud. Una morena de voz dulce y carácter aniñado, con quien había compartido los años de militancia universitaria, y de quien se separó cuando tuvo que exiliarse en otro país. Si el destino no hubiera jugado su carta, él podría haberse casado con Lucía y no con Susana, la mamá de sus hijos. Pero no fue el momento correcto, sin dudas. No lo fue en 1974 y tampoco en el 2007, cuando ella lo llamó sorpresivamente para encontrarse. Ambos ya se habían divorciado y estaban solos. Lucía fue hasta su casa y le propuso revivir la historia que había quedado pendiente entre ellos. Delgado aceptó, e inmediatamente ella se mudó a su casa. Sin embargo la relación no funcionó, ya no eran aquellos jóvenes idealistas que se llevaban el mundo por delante, más bien el tiempo se los había llevado a ellos y a sus ideales consigo. Inevitablemente.

Una tarde gris de invierno, Delgado se animó a decir lo que Lucía tanto temía escuchar. El le tomó la mano y parafraseando a alguien ( le gustaba citar frases de otros autores), apenas con un hilo de voz dijo:

-  Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ella no se sorprendió.

- ¿Vas a dejarme otra vez sola? – preguntó,  sabiendo de antemano la respuesta.

- ¡Yo nunca quise dejarte, Lucía! – replicó Delgado soltándole la mano bruscamente al mismo tiempo que elevaba el tono – yo tuve que dejarte…. Vos los sabés…

Ella lo miró con ternura a través de sus ojos empañados de tristeza. El se vio reflejado en esos ojazos negros y automáticamente se dio vuelta para esquivarlos. El silencio se apoderó de la sala. Afuera había comenzado a llover copiosamente. Delgado podía sentir la respiración entrecortada de Lucia, podía imaginarla tapándose la cara con las manos, ahogando sus  lágrimas para que él no la escuchara llorar. ¡Cómo hubiera deseado abrazarla, contenerla, pedirle que no se fuera!…. pero no pudo. Y en lugar de éso, caminó unos pasos hasta la puerta y ganó la calle.  

No era la primera vez que seguía el impulso de desaparecer de escena. Enseguida lo invadió esa conocida mezcla de impotencia, dolor, frustración y culpa. Caminó con los puños apretados y la cabeza gacha durante horas y horas. Cuando regresó a su casa, ya entrada la noche, de Lucía sólo quedaba una nota sobre la mesa del comedor con la siguiente inscripción: “Yo siempre te voy a amar”.

Nunca volvió a saber de ella. Mentiría si no dijese que la lloró. No una, sino miles de veces. En dos ocasiones marcó su número de teléfono, pero cortó antes de que lo atendiera; lo mismo hizo con las cartas que le escribió y que nunca llegó a enviar. Tiempo más tarde conoció a otras mujeres y fue agujereando su ausencia, pero nunca llegó a quebrarla del todo.

- Oiga, señor, ¿está bien?. ¿Esta bien?.

Delgado sintió que alguien le tironeaba del hombro y abrió los ojos. Era el “bombón” que lo traía de vuelta a la realidad.

- ¿Se siente bien? – insistía la niña.

- Sí, gracias – contestó. Se refregó la cara y sintió las mejillas húmedas.

El bombón abrió la minúscula cartera con flecos que colgaba de su pecho, sacó un pañuelo de papel y se lo ofreció, mientras el micro llegaba lentamente a destino.  

Delgado sintió vergüenza y sintió que le faltaba el aire. La chica se dio cuenta de su incomodidad y se dirigió a la parte anterior del micro, dejándolo solo para que se recuperara. Eso trató de hacer, sacó de su bolso los anteojos, y el sweater de hilo azul volvió a sus hombros.

Bajó del micro y el reflejo del sol lo cegó. Otra vez estaba en su pueblo, podía sentir el olor de la hierba y reconocer cada piedra del camino. Un poco más allá se divisaba la vieja estación del tren, su escuela, el cementerio, la Iglesia, la plaza…

“Están todos y parece que no hubiese nadie” – pensó mientras caminaba.

Pero los de entonces  ya no eran  los mismos.

(Continuará)

“ ¿Donde voy?,¿dónde estoy?, ¿quién soy yo?,¿qué hora es?, ¿dónde estaré?…”

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(1) ¿Quién soy?, es la pregunta que organiza el porvenir. (Martin Heidegger).

 


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Sobre el amor y otras cosas no menos importantes (*)

“…Estallaron los vidrios de mi corazón…y a mi me volvió loco tu forma de ser….”

 

Estos días estuve poniéndome al día con las películas. Amo el cine, pero no voy muy seguido (como tantas cosas que amo y no hago…pero ése es otro tema). Vi viejas y nuevas. Fui con amigas y también alquilé dvd’s.  En casi todas ellas el tema que se planteaba – entre otros – era el mismo: gente que promediaba la mediana edad(¡como yo!), en busca de la felicidad (¡como vos, como yo!), replanteándose decisiones que tomó por acción u omisión, enfrentando las consecuencias de esas elecciones (¡como nosotros!), lamentándose por no haberse arriesgado (¡como vos!), y en algunos casos, apostando a más y en otras, quedándose inmersos en “los no puedo”, “ya soy grande para cambiar”, y todo ese repertorio de frases que lo único que hacen es imposibilitar la acción y perpetuar la queja.

La última que vi fue “El secreto de sus ojos”, en casa.No debió ser la última si hubiera podido elegir, pero soy una convencida de que las cosas llegan en el momento justo cuando estamos preparados para aprehenderlas. Disfruté de cada escena de esa película, de cada gesto de los actores, de los diálogos y de las miradas portadoras de múltiples mensajes y sentidos.

Iván jugaba en su pieza y esperaba ansioso que terminara la peli porque le había prometido que después lo  llevaría a a cenar comida china. Cada tanto entraba y me preguntaba cuánto faltaba. Supongo que se moría de curiosidad – ¡te conozco, hijito! – de saber por qué  yo lloraba, me reía, me emocionaba, me comía las uñas…Tal vez, además,  entraba para corroborar que no me haya quedado dormida , cosa que me suele suceder cuando veo dvd’s. Convengamos que no hay nada que iguale la magia y la ceremonia de ir al cine. La previa y la posterior.

Finalmente la peli terminó y yo cumplí con mi promesa. Mientras caminábamos en dirección al restaurante chino, Iván me preguntó de qué se trataba la película que había alquilado. Yo le respondí que de muchas cosas, pero ,tal vez, una de las más importantes era la historia de amor entre los protagonistas. Como mamá que cría a un hijo sola me resulta muy importante charlar abiertamente de todo con Ivanchu, y el plus de “idishe mame” agrega que también sienta que tengo que hablarle “mucho y pronto por si me pasa  algo”…

Cuando dije la palabra “amor” , Iván guardó silencio. Un preadolescente no está muy ansioso de tocar ese tema y menos con su vieja. Pero yo insistí.

- ¿Sabés? , el señor no se animó a decirle a las chica que estaba enamorado y cada uno se casó por su lado…

Iván, que siempre tiene algo para acotar, seguía callado. Yo avanzaba…¡al fin y al cabo estoy educando a un hombre!.

- A mí me gustaria – le dije – que vos nunca te quedaras con las ganas de decirle algo a nadie, menos que menos a una chica que te guste. A propósito, ¿te gusta alguna?.

- No, má.

- Bueno, ya te va a gustar. Y cuando eso pase vas a sentir que  cuando están juntos todo desaparece alrededor…

- ¿A vos te pasó eso con mi papá?.

- Claro. ¡Todavía me acuerdo cómo estaba vestido el día que lo conocí  y la música con la que nos enamoramos!…

- Cuando a mi me gustó una chica te lo conté. Ahora no me gusta ninguna- replicó Iván con la intención de dar por terminada la conversación. Sin embargo, yo seguí:

- Seguro ya va a aparecer una que te guste mucho, mucho. Y cuando eso suceda, nunca pienses por ella, nunca decidas por ella. Nunca des algo por  seguro sin ponerlo en palabras, tenés que confirmarlo. Es decir, vos tenés que ser sincero y decir lo que sentís, no creer que ella te va a rechazar y por eso no animarte a decirle lo que te pasa. Y cuando no te guste más también tenés que decírselo, sin hacerla sufrir, pero hablarlo también. ¿Entendés?

- Pséeee….cuando a mi me gustaba XXX, yo le pasaba todos los apuntes en las pruebas.

- ¿Y que?, si no te hubiera gustado y te lo hubiera pedido ¿no se lo pasabas?

- Síii…pero con ella era distinto.

- ¿Vos le dijiste que te gustaba?

- No, pero se lo demostraba.

- ¿Cómo?

- Prestándole las cosas, sentándome con ella…qué se yo….¿Podemos hablar de otra cosa?.

- ¿Por?, es lindo hablar de amor.

- Bueno, si…pero ya hablamos. Hablemos de otra cosa. ¿Vos sabés que hay autos que vuelan y otros que flotan?

- No, no hay.

-Si hay , yo los vi en un libro. Hay autos así en China.

- Ok, mejor sigamos hablando de amor – me reí.

- Mejor hablemos de educación sexual.

- Bueno, hablemos de eso. ¿Qué querés saber?

-Es verdad que algunas personas grandes tienen que tomar algo…una pastilla…para hacer “éso”?.

“Ufff, me metí en un lío y ahora no puedo retroceder” – pensé.

- No, todas las personas no – le contesté esforzándome por parecer natural – los hombres, y no todos los hombres grandes, también algunos jóvenes que no pueden hacer “éso” porque …

- Mejor contame de nuevo cómo nacen los bebés – me interrumpió bruscamente Iván.

- ¡Pero si  ya te lo re sabés de memoria!.

- Mmm…me lo olvidé…- dijo él , pícaro.

- Ah, bueeee…fácil: ¡los trae la cigüeña de Paris!.

Nos abrazamos riendo. Por suerte ya estábamos enfrente de la dueña del restaurante, dispuestos a encargar nuestras porciones de chop suey y  chau fan.

- Ah!, y una empanadita para el nene, por favor.- le pedí a la encargada.

Le guiñé el ojo al nene y él me devolvió el gesto. Por esta vez habíamos logrado zafar…los dos.
 

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Notas:

(*) El título de este post pertenece a E.M., autor de cuentos sobre el tema;  y la música es la misma que sonaba cuando nos enamoramos con el papá de Iván.


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