Posts etiquetados como ‘amantes’

Personas

“Yo soy un vicio más, en tu mente soy un vicio más. No me podés dejar porque soy tan sólo un vicio, tu vicio…”

Hay personas relajadas, que te hacen sentir cómoda, que no te presionan, que no te exigen. Simplemente están.

Hay personas cuya presencia basta para hacerte feliz y darte paz como pocas veces sentiste antes de conocerlas. Y nunca después.

Hay personas que son tu cable a tierra. Tu eje, tu brújula.

Hay personas con quienes podés filosofar, hablar de Nietzche, kabalah o del Che,y pretender cambiar el mundo – y tu mundo – desde la mesa de un bar.

Hay personas, pocas, con las cuales alguien sumamente adicto a la cafeína  realmente disfruta tomar mate.

Hay personas que saben guiarte hasta el límite de la emoción. Y también ser  parte de ella.

Hay personas que no te prometen nada, pero te ofrecen todo.

Hay personas a las que sos capaz de perdonarle cualquier cosa: incluso que te corten el teléfono porque se te ocurrió llamarlas a las 22 hs., momento sacrosanto (para ellas), porque pasan por la tele el novelón “Valientes”.

Hay personas que te dan la llave de su casa y de su corazón para que los habites. Por siempre.

Hay personas que no están ni en tu facebook ni en tu msn y, aún así,  son amigos. Y de los  buenos.

Hay personas a las que por distintos motivos  no ves  durante meses, durante años, pero una  vez producido el encuentro pareciera que nunca los hubieras dejado de ver.   

Hay  personas con las que compartís complicidades, gestos, miradas, códigos, formas de vida.

Hay personas que en una oración saben resumir lo verdaderamente importante.

Hay personas con las que te entendés en el silencio más absoluto. No en el silencio que provoca vacío sino en el que comunica sensaciones.

Hay personas que podrás apreciar, estimar, querer, amar u odiar,  pero  jamás te  resultarán indiferentes.

Hay personas que son ramas de tu árbol genealógico, repartidas por aquí y por allá. Pero también echaron raíces en tus propias entrañas, muy acá, adentro tuyo.

Hay personas que aunque no pertenezcan a tu árbol genealógico, son savia y vida.  

Hay personas que te tienden una mano, te ponen el hombro,  te bancan,  escuchan tus miserias, y nunca, nunca  te juzgan.

Personas …hay personas que son el elenco estable de tu universo. Personas  confiables, importantes, necesarias, absolutamente imprescindibles. Y claro, también hay de las otras:  las  olvidables, las que no vale la pena describir  ni definir. Mucho menos intentar comprender. Aquellas que uno sabe que sólo están de paso y sólo hay que dejar pasar. Esperar, resistir y reparar. 

Personas…personas que van, que vienen y  personas que siempre volverán  porque son  un vicio. Tu vicio. Uno más.


Safe Creative #0903300086012

Todos los derechos reservados

argentino.com.ar estamos en
Argentino.com.ar


ecoestadistica.com

Encrucijadas (crossroads)

Tamy había tenido que elegir y optó por Martín. El promediaba la carrera de abogacía y ella se imaginaba un promisorio futuro a su lado. Afuera quedaba Hernán, su novio de la secundaria, su compinche incondicional. Es que a Hernán le sobraba simpatía y humor, pero le faltaban empuje y proyectos. A los veintitres años todavia no decidía su vocación y se pasaba las tardes tocando el piano y componiendo canciones en casa de su novia – bajo la mirada de desaprobación de su madre, quien no se cansaba de repetir : “Este chico es un vago. Es vago y encima “goi”. (*)

Y Tamy, como buena, sumisa hija de la clase media argentina nacida en los cincuenta y tantos , sólo soñaba con un buen marido, una casa grande con escaleras y patio, donde pudieran correr sus hijos, con un auto en la puerta, y una buena posición económica lograda a fuerza de mancomunar horas extras, sueldos fijos y aguinaldos.

Ella ya trabajaba como docente; había hecho el ingreso a la Facultad y lo había aprobado con mérito, pero la universidad estatal la había asustado un poco (muy politizada en esos tiempos para su gusto). Le hubiera encantado recibir su título de Lic. en Filosofía y Letras, aunque no sería ésa su única asignatura pendiente, sin embargo.

Tamara y Martín se casaron bajo el ritual judío, y nacieron sus dos hijos que fueron debidamente circuncidados. Ella tuvo casa con escalera y patio por donde corrieron sus críos, y su esposo tuvo una próspero desempeño profesional. Todo se desarrollaba tal como ella había soñado ; pero su magro sueldo como docente sumado a los conflictos gremiales hizo que decidiera abandonar su empleo y se dedicara a meterse en cuanto curso o taller hubiera, además de participar activamente en la Comisión Directiva de la escuela de los chicos, recaudar fondos para comedores populares, apadrinar una escuela rural y no faltar nunca a su clase de yoga.

La tragedia no quiso imaginarla, pero irrumpió sin pedir permiso. Su hijo menor se enfermó gravemente y ella se dedicó a cuidarlo, desatendiendo al resto de la familia, que poco a poco se fue desmoronando.

Su hijo mayor se la pasaba en casa de su novia tocando la guitarra,no trabajaba y menos tenía interés en estudiar. Martin – ahora convertido en político – hacía tiempo le venía reprochando que “lo que ella no le diera lo iba a tener que buscar afuera”. Como él siempre cumplía sus promesas al poco tiempo se mudó de la casa con escalera y patio que compartían al departamento de una mujer que aparentemente no le rompía las pelotas como Tamara, según decía en la carta que le dejó sobre la mesa, junto con la alianza de oro que habían comprado casi tres décadas atrás.

Esa misma noche soñó con Hernán. Hacían el amor furiosamente y él después le decía: “Elegiste mal. Fuiste una boluda, yo te amaba de verdad”. Rara vez Tamara recordaba con tanta nitidez un sueño como en esa oportunidad. No le dio demasiada trascendencia, no había tiempo para detenerse en ese cruce.

Un día que iba apuradísima , como siempre, tratando de abrirse paso a empujones entre la multitud para alcanzar la esquina y cruzar la calle vio a Hernán, estaba casi tal cual como ella lo recordaba, que iba de la mano de una pulposa rubia, y se reían y se besaban como dos adolescentes.

Fingió no verlo, le esquivó la mirada. Probablemente era su amante o su segunda mujer, ¿qué más daba?, pero con seguridad no era su esposa. Era clarísimo que ningún cincuentón actúaba asi con su mujer legítima.

Se encogió de hombros, de todas formas no era su asunto. A duras penas intentó retomar el paso rápido; su corazón latía fuerte y sentía que el pecho se comprimía. No podía descrifrar el significado de tanta angustia:al fin y al cabo él ya no representaba nada en su vida. Sólo era el pálido reflejo de su dorada juventud perdida. Nada más. Y nada menos.

Llegó a su casa conteniendo las lágrimas, intentando no pensar. Evitó cualquier imagen, cualquier recuerdo que asomaba amenazante con salir a la luz. Abrió la puerta y ahí estaban la alianza y la carta todavía sobre la mesa.

No pudo más y comenzó a llorar.


(¿Continuará?)


Nota

(*) goi: expresión que se utiliza, en general de forma despectiva, para llamar a alguien que no es judío.


Safe Creative #0903300086012

Todos los derechos reservados








argentino.com.ar estamos en
Argentino.com.ar

** Comentarios cerrados **

La otra (cómplices los dos)

- Quiero hablarte. ¿Podés hoy después de la oficina?.

- Mmm, dejame pensar qué elegante excusa puedo poner…Me muero por estar con vos, mi cielo.

“Dejame pensar qué elegante excusa puedo poner”. Ciertamente no era la primera vez que Ella escuchaba esa frase, pero no por éso le resultaba menos dolorosa. Hacía meses que Pablo tenía que buscar elegantes excusas para estar con Ella. Y también, al mismo tiempo, otras infinitas veces debía dárselas para justificarse. “Necesito tiempo”,” no me puedo separar todavía”, “con vos me pasan cosas que no me sucedieron nunca antes con otra mujer”, “sos la única persona que me hace verdaderamente feliz”, “ocupas mucho espacio en mis pensamientos”…eran justamente algunas de esas recurrentes palabras que la mantenían ilusoriamente anclada a El.

Ellos se habían conocido en el trabajo, cuando Pablo fue trasladado a la sucursal del Banco donde trabajaba Paula. Inmediatamente surgió algo entre ellos. Ella podía sentir cómo los ojos de El se clavaban entre sus piernas cuando se cruzaban en el pasillo; y, del mismo modo, reconocía cuando Pablo se acercaba con sólo oler su perfume.

“El morocho nuevo, ése que entró en Recursos Humanos no está nada mal” – le había comentado a una de sus compañeras. A lo que la misma le respondió: “Sí, pero olvidate:no esta disponible”.

Esa revelación, sin embargo, lo hizo más deseable. “Qué jodida soy”, se decía y se cuidaba mucho de provocar un encuentro. Creo que hasta trató de evitarlo. Pero las miradas entre ambos se volvieron cada vez más intensas y provocativas.

Imposible frenar lo que el destino dictaminó que debía suceder.

Y sucedió que una tarde muy lluviosa de verano, Ella estaba esperando el colectivo cuando escuchó su nombre: era Pablo, que se ofrecía a llevarla a su casa. Paula no dudó y subió al auto. Enseguida se arrepintió y de los nervios dejó la puerta entreabierta y parte de su campera colgando del lado de afuera. El sonrió e inclinó suavemente todo su cuerpo sobre el de Ella para cerrarla con más fuerza. Cuando se incorporó, la besó y le dijo como en un susurro:

- …Vos sabés que yo estoy casado. Así que no vamos a enamorarnos…¿estás de acuerdo?.

– No vamos a enamorarnos – repitió Ella con esa sonrisa que sabía a él le volvía loco, y agregó – Quedate tranquilo, te lo aseguro.

Pero el tiempo hizo su parte y esa afirmación se volvió insostenible.

- Ey, mi amor. Pau, ¿por qué esa cara?

- Creo que no es el mejor momento ni el lugar para hablarlo.

- Somos compañeros de trabajo. Estamos fumando en la calle, nadie va a sospechar nada…

- ¿Tiene que ser ahora?

- Quiero saber qué te pasa.

Entonces, Ella quebró el pacto y enunció las palabras prohibidas:

-Está bien. Yo…yo….yo creo que te amo. Yo te amo, Pablo.

El aplasto el cigarrillo con violencia contra el piso y se tomó de la cabeza, en un gesto desesperado.

- Mierda – exclamó – soy plenamente responsable de lo que está sucediendo. Cedí a los impulsos del corazón; me dejé llevar por la poderosísima corriente de atracción que genera tu personalidad, tu manera de ser tan femenina como irresistible me sedujo y a la vez me llevó a querer seducirte, de una manera casi adolescente… Pero vos sabés que estoy ligado a un compromiso que me impide ofrecerte nada. ¿Te das cuenta? Y ahora, cuando los dos avanzamos en lo que al principio parecía sólo un juego, me decís que estás enamorada. ¡¡Con todo lo que eso significa!!…

- Los dos somos responsables – lo interrumpió Ella – y yo asumo, en todo caso, mi parte…

Pero Pablo siguió hablando con prisa y sin pausa:

-Paula, no tengo cómo ofrecerte lo que merecés. No me ames, por favor. En todo caso quereme mucho, por que lo necesito, como necesito quererte, extrañarte, desearte sabiéndote prohibida y lejana, pero sabiendo también que cada vez que te busque estarás allí…

Paula lo escuchaba asombrada. Nunca había imaginado una reacción semejante. El la agarró del brazo y la llevó hasta la esquina.

- Paula, estoy completamente desquiciado, inconexo. ¿Qué salida hay para esto?. Estos últimos meses he vivido preguntándome si existe alguna forma del amor que no traiga aparejado dolor y sufrimiento… ¿A quién elegimos hacer sufrir?… ¿Sabés cuántas veces me tentó el impulso de correr hasta tu casa a abrazarte, a besarte, a tomarte y a estallar juntos en ese fuego pasional tan deseado que nos envuelve?.¿Es justo? ¿Es razonable? ¿Es una opción inteligente y duradera? ¿Es lo que vos realmente deseás?…

-Pablo, esperá – dijo dulcemente Paula tratando de tranquilizarlo – Yo no puedo responder a todas esas preguntas. ¿Cómo saber qué es lo mejor para nosotros?. ¿Cómo volver atrás?.Pero si me pedís a mí que elija, esta es mi propuesta: yo siento que te quiero, te deseo y te extraño; si vos sentís lo mismo que yo, te propongo que avancemos con lo nuestro. No nos torturemos más. ¿Quién va a salir lastimado, quién no?…no son cosas que podamos saber de antemano. Tal vez todo termine como empezó, tal vez no, tal vez…¿quién sabe? …

- ¿Lo “nuestro”?. Es que no hay nada aquí , y aunque lo hubiera, lo “nuestro” es algo que no va, que no se desarrolló, ni se va a desarrollar por muchos motivos que no sé si tenemos que hablar; por muchos motivos que pasan por el deber ser… Pau, esto no nos conviene; hay impulso, pero no es bueno para mi, y creo que para vos tampoco. Mejor dejarlo que insistir en calles que no van a ninguna parte…

- Pablo…no me hables así, por favor…

- Mirá, el otro día abriste el msn, y yo lo tuve que cerrar inmediatamente porque estaba “controlado”…. , Me siento inquieto, cada vez pienso más …me descubro todo el día pensando en vos , haciéndome el bocho, no me gusta, es simple, no quiero…Te digo esto con dolor. Cada frase que te digo – con temores,angustias – cada frase tiene su pizca de melancolía y dolor. Ahora mismo quisiera abrazarte y besarte para que no llores más….pero no puedo.

- Está bien, no sigas. Ya entendí. Andá, Pablo, volvé a la oficina. Entrá vos primero. Yo voy a dar una vuelta para que no se den cuenta de que estuvimos juntos, de que estuve llorando…

Imposible frenar lo que el destino dictaminó que debía suceder.

Al día siguiente Paula tuvo que viajar al interior de urgencia para resolver unos asuntos de la empresa. En vano, esperó que Pablo la llamara o le escribiera algún mail. A su regreso, le comentaron que Pablo había pedido que lo trasladaran a la sucursal del Centro, pero que le había dejado una carta para despedirse.

Mónica le entregó el sobre. Paula lo abrió despacio, casi temblando,y leyó. Y mientras leía se llenaba de rabia y tristeza:

“Querídisima mía: Estoy muy cerca de esa manera de ser y actuar que vos decís odiar: la de los cobardes. Me sucede algo que no experimentaba desde mucho tiempo atrás: no puedo concentrarme, no logro ni siquiera empezar. En lo que a mí respecta, lo creas o no, soy hombre de principios; sería incapaz de mantener una doble vida. Puedo jugar a la seducción, pero no me atrevo a correr el riesgo de dejar a mi familia. Ojalá me entiendas. Ojalá me perdones, pero es preciso que comprendas que no debemos seguir en contacto. No puedo ofrecerte nada. Ni es bueno que te diga lo que siento por vos. Lo mejor que te puede sucederte es despreciarme. No quisiera tener que decirlo, porque sé que suena contradictorio y hasta ridículo después de todo ésto, pero no puedo evitarlo…te quiero. Un beso, multiplicado por el resto de nuestros días. Pablo”.

Paula hizo un bollo con el papel y lo tiró al cesto de la basura, sin dudar. Odiaba el patético rol de la pobrecita-víctima-abandonada de las películas. En todo caso, le hubiera gustado poder decirle a Pablo que habían sido socios. Socios en el silencio, socios en la aventura. O simplemente cómplices. Los dos…

Profugos – Fabiana Cantilo

“Hay días en que tenemos que tirar algunos marineros al agua para mantener la flotación”. (A:F)