Agustina aparenta menos edad de la que tiene y transmite cierta fragilidad que enseguida se desvanece cuando comienza a contar con pasión y vehemencia cómo surgió “Comida sobre ruedas”, el emprendimiento solidario que lidera. “Yo quería ayudar y no sabía cómo – relata la dueña del restaurante “Sirop”, ubicado en Recoleta – entonces se me ocurrió que todos los lunes, día que está cerrado el restaurante, podía reunir un grupo de voluntarios para cocinar platos nutritivos y calientes, envasarlos y repartirlos entre quienes no tienen hogar”. De esta manera, Agustina comenzó a concretar su sueño enviando mails a sus amigos para “reclutar” voluntarios y asistir a las personas que están en situación de calle.
Así, entre bromas y anécdotas ,sin prisa y sin pausa, los voluntarios van dando forma a un lunes distinto. Un lunes solidario, un lunes para trabajar por los demás. Un lunes para dejar de pensar (aunque sea por un rato), en uno mismo.
Agustina sabe que ésta no es una solución de raíz para el problema, pero se siente satisfecha al ver que cada vez hay más personas que se suman a esta movida solidaria. Su meta es que mucha gente imite su experiencia en distintos puntos de la ciudad y así se vaya haciendo una red. Quienes quieran ser parte de esta noble causa, sólo tienen que mandar un mail a: sirop@siroprestaurant.com y ponerse en contacto con los responsables del proyecto.
El 16 de mayo, desde las 15, en Figueroa Alcorta y La Pampa. la Red Solidaria de Juan Carr, propone construir una torre de 875.000 “ladrillos” de paquetes de fideos, de arroz o de polenta. Esta estructura simboliza la cantidad de comida necesaria para que todos los argentinos tengan su ración asegurada por un día.
Dicha torre se construirá con los aportes de las personas que asistan al recital “Argentina Abraza a Argentina”, donde actuarán “Los Auténticos Decadentes” y “No te va a Gustar”, entre otros artistas. Además, se organizarán festivales simultáneos con el de Buenos Aires en otras provincias. De acuerdo con lo que se recaude en el recital del domingo, las donaciones se repartirán entre 1100 comedores que la Red relevó entre febrero y marzo pasados, y también se preve enviar a Chaco, Mendoza y Salta, según afirmaron los responsables de Red Solidaria.
”Primero se llevaron a los judíos…
pero como yo no era judío, no me importó.
Después se llevaron a las comunistas,
pero como yo no era comunista, tampoco me importó.
Luego se llevaron a los obreros,
pero como yo no era obrero tampoco me importó.
Mas tarde se llevaron a los intelectuales,
pero como yo no era intelectual tampoco me importó.
Después siguieron con los curas,
pero como yo no era cura, tampoco me importó.
Ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde”.
(Martin Niemöller)
Lublin fue una ciudad de Polonia muy importante para los judíos de Europa, tanto en lo jasídico como en lo cultural. Tenía hermosos templos y grandes sabios. Allí, el 30 de Junio del 1929, nací yo en un barrio humilde, donde el idioma idish era lo que más se escuchaba.
Por esa época, mi papá ,Motl, corría peligro por problemas políticos y tuvo que abandonar el país antes de que yo naciera. Con mi “mameshi”, Laiche, nos quedamos a vivir en la casa de mis abuelos paternos.
Mi abuela Malale era hija de un rabino y en la casa se respetaba mucho la religión. Ella y mi abuelo Jemie tenían 6 hijos: 3 varones y 3 mujeres (Moishe, Iche y mi papá, y Cyvia, Matale y Elke, como me llamo yo) .
Cuando cumplí 5 años mi mamá se fue a buscar trabajo a Varsovia, otra ciudad de Polonia, y yo quedé en la casa de mi tía Matale y mi tío Tzudik , que vivía enfrente de la abuela y tenía dos nenas pequeñas: Itale y Surele. Yo la ayudaba porque era la más grande de todas las nenas de la casa. Un piso más arriba vivía con su familia mi otra tía, Elke, que tenia dos nenas y un varón : Frimet, Dvorie y Hershale. Y enfrente estaba mi tia Cyvia con mis abuelos.
Mi mamá me visitaba sólo una vez por año, pero siempre que podía me mandaba juguetes muñecas y ropa. Recuerdo que con mi prima Frimet, la del 2do piso, empezamos juntas la escuela. Ella era una nena audaz, inquieta y muy decidida. Yo, en cambio, era una nena flacucha, miedosa, insegura y un poco triste. Fuimos a la escuela Peretz hasta 3er. Grado; a mi me gustaba tomar parte en todas las fiestas, cantando o recitando poesías.
A la nochecita nos sentábamos con las nenas del barrio en el umbral de una panadería y nos contábamos cuentos, inventábamos historias y jugábamos a la soga, o a la mancha. En invierno patinábamos sobre hielo; y a veces mi tío nos llevaba a andar en trineo a un parque.
Cuando venía algún tío que vivía en otra ciudad a visitarnos, siempre nos daba a pu groshn (algunas monedas), para que nos compremos lo que quisiéramos…Yo iba corriendo a comprarme un huevo. Sí, un huevo, porque a mi me gustaba mucho y en la casa de mi abuela no se compraban porque era un alimento caro.
A principios del año 1939 , mi mamá vino a visitarme, pero para mi sorpresa no fue una visita más: ella me dijo que nos íbamos a vivir a la Argentina, donde estaba mi papá instalado y trabajando.
Mi abuela se puso contenta, ella siempre había querido que yo recupere a mi papá. La verdad es que a mi al principio no me gustó mucho la idea, yo no quería dejar a mi familia, pero la decisión ya estaba tomada. Me despedí de ellos sin pensar que no volvería a verlos nunca más.
Para mí empezó a ser todo nuevo: era la primera vez que yo salía de mi ciudad. Con mi mamá viajamos en tren hasta Varsovia, de allí hasta la casa en mateo (esos viejos carros tirados por un caballo, que se usaba como medio de transporte en esa época). También fui al cine a ver una “cinta” (así se decía a las películas) , donde actuaba una actriz muy famosa que se llamaba Shirley Temple. Estuve dos meses en Varsovia hasta que terminamos de hacer los trámites y documentación necesarios para emprender el largo viaje hacia América.
De Varsovia seguimos en tren con guía hasta Trieste y de ahí subimos a un barco que se llamaba “Oceanía” . Yo tenía 9 años, mi mamá 29. Después de navegar durante 5 días, mi mamá empezó a sentirse mal y tuvo que ser internada en el barco por varios días. Como me quedé sola tuve que hacerme amiga de grandes y chicos, sentada en la cubierta del barco. Un compañero de barco le dijo a mi mamá que ella se había enfermado porque se había pintado las uñas. ¡Qué distintas son las épocas y las creencias de la gente!.
El 22 de abril de 1939, antes de llegar la tarde, los viajeros ya estaban en la cubierta, faltaba poco para llegar a destino. Yo me escondí, no quise subir. Ya me había acostumbrado – después de 18 días de viaje – a estar con esta gente y no quería volver a despedirme y separarme de personas conocidas. Estaba asustada por todo lo nuevo que me esperaba. Mi mamá me vino a buscar. “Dame la mano, vení, no tengas miedo. Falta poco para llegar”, me dijo.
A lo lejos ya se podía ver la ciudad, el puerto, la gente esperando. ¿Cómo seria mi papá?, me preguntaba yo. Cerré los ojos y cuando los abrí vi por primera vez a Buenos Aires entre mis lágrimas…
Tres meses más tarde estalló la guerra. Pasaron 70 años, pero todavía resuenan en mí las últimas palabras que le escuché decir a mi prima Natkale, la hija de una hermana de mi mamá, cuando nos despedimos : “ Chocha, nailepshe?” (Tía , ¿te vas para siempre?”).
Tres meses después se fueron ellos.
Para siempre.
Elka G. de Pascar
Notas:
* El 12 de Abril se conmemora el Dia de la Memoria del Holocausto.
* * El Holocausto – palabra griega que sgnifica ” sacrificio por fuego” – fue la persecución y el asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado por el Estado de aproximadamente seis millones de judíos por parte del régimen nazi y sus colaboradores.
*** Casi toda la familia de mi mamá fue asesinada durante el exterminio nazi. Mi mamá llegó al país en el último barco que salió de Polonia antes de que estallara la 2da. Guerra Mundial, y se reencontró con su tía Cyvia 55 años después de dejar Polonia ,en 1994, en Israel, adonde Cyvia logró llegar escapando de la muerte. Pensamos que otros tíos, hermanos de mi abuela, también pudieron haberse escapado a Francia y a Rusia, pero nunca pudimos encontrar datos de ellos.
**** Este año aproximadamente 8 mil personas participaron en una actividad llamada “Marcha por la vida”, un suceso que tiene lugar desde hace diecinueve años, donde los participantes recorren el trayecto de tres kilómetros entre los campos de concentración nazis de Auschwitz y Birkenau, hoy convertidos en museos.
***** . Este post es un fragmento de un texto que le escribió mi mamá a Gabi, mi sobrino, para un trabajo de la escuela donde tenían que contar las raíces de cada familia. Gabi puso como conclusión, al final de la historia: “A pesar de todo, mi abuelita nunca bajó los brazos”.
****** . Mi mamá siempre necesita que haya huevos en la heladera. No dos o tres, ni siquiera seis…tiene que haber muchos, todos los que puedan caber en ese cubículo.Y a veces más, que ella coloca en un plato, sobre algún estante de la heladera. Siempre me llamó la atención semejante manía. Finalmente entendí por qué.
Te amo, ma. A pesar de todo, vos también (te) marchaste “a” la vida, “por” la vida.
Te amo, má. A pesar de todo – como dijo Gabi - nunca bajaste los brazos.
- No, no, …Suárez va con acento en la “a”- dijo ella sonriendo.
- Ay, doctora, es sólo para la ficha de la biblioteca de la facultad. ¿Qué importancia puede tener un acento en la ficha de la biblioteca de la facultad? – rió el empleado.
Para una persona obsesiva un simple acento tiene mucha importancia, pero Laura no sintió la necesidad de explicárselo al joven.Tomó los libros y buscó un asiento apartado. Tenía que concentrarse en la ponencia que ofrecería en el Congreso de Psiquiatría el mes entrante.
Últimamente – tenía que admitirlo – le costaba mucho concentrarse, sus obsesiones la estaban atormentando. Y últimamente sus obsesiones tenían nombre y apellido: Jorge Delgado. Hacía tres semanas que él no concurría a sesión y si bien no era la primera vez que eso sucedía, la Dra. Suárez empezaba a sentir esa ausencia. Ella esperaba un llamado suyo, deseaba saber cómo estaba y – sobre todo – anhelaba escucharlo. Imaginaba una escena muy precisa donde él se comunicaba para decirle que estaba decido a dejar la terapia. Entonces, ella no iba a insistirle para que siguiera ni tampoco iba a derivarlo. Iba a dejarlo ir. ¡Al fin y al cabo, Delgado representaba para el psicoanálisis uno de esos casos destinados al fracaso!. Se trataba de un paciente que no colaboraba, no se entregaba al trabajo analítico sino más bien ofrecía toda la resistencia posible. En los cuatro meses que llevaba tratándose (por llamarlo de una manera), sólo una vez había contado un sueño que permitió introducir una pregunta, perforar su discurso prearmado e indagar algo más en profundidad. En ese sueño había “ángeles y gaviotas que sobrevolaban una playa, y había un hombre arrodillado en la orilla fundiendo sus lágrimas con las olas del mar” – había referido Delgado; sin embargo, cuando la Dra. Suárez le pidió que dijera con qué asociaba ese sueño, él se negó.
- Es sólo un sueño estúpido, aunque, por cierto, hasta en mis sueños más estúpidos hay un toque poético, ¿no cree, Doc.? – dijo. Lástima que no soñé con alguna nena en bikini …o desnuda – remató y largó una sonora y ronca carcajada, como para finalizar con ese relato que de alguna manera lo había dejado expuesto. Y él lo supo tardíamente.
Como era previsible, después de relatar esa fantasía onírica, Delgado no apareció por el consultorio durante dos semanas. Tampoco se tomó la molestia de avisar que no concurriría, y cuando regresó y se le preguntó por qué se había ausentado, él sin inmutarse respondió que había tenido que viajar a su pueblo.
- Pero ya estoy de vuelta y soy todo suyo, Doc. – bromeó.
Durante las sesiones que siguieron resultó una tarea imposible para la Dra. Suárez lograr avanzar en alguna dirección. Delgado se limitaba a comentar situaciones superficiales, generalmente referidas a su trabajo, donde él siempre era la persona dominante y segura. Y cuando ella trataba de sondear en alguna cuestión vital, él argumentaba que ya estaba grande para revisar el pasado. Sin embargo, un día llegó distinto y ella lo notó inmediatamente.
- Hoy no tengo un sueño para contarle – dijo apenas se desplomó en el diván – pero …¿está mal si le digo que pensé en usted?. Sí, pensé en usted; hasta se podría decir que casi la he extrañado doctora, y eso viniendo de mí es un gran halago, se lo puedo asegurar. Yo soy un hombre solitario, usted sabe, no me gusta andar mirando para atrás. Tanto es así que me he preguntado varias veces qué carajo he venido haciendo acá los últimos meses, acostado en este diván solo, y sólo mirando un cuadro de mierda del viejo Freud…
Era la primera vez que él hablaba con tanta crudeza.
- ¿Y qué se contestó, Delgado?
- Me contesté que lo único que me atrae de esta situación es usted, incluso sabiendo amargamente que nunca será mía.
Delgado estaba siendo honesto, no con ella, sino consigo mismo. Ella lo dejó hablar.
- Me da cierto pudor decirselo, pero yo… han pasado muchas mujeres por mi vida. Importantes y no , amores y amoríos, ellas siempre se han ido. Yo nunca las he sabido retener…
- ¿Se van como las gaviotas?. ¿No puede retenerlas como a los ángeles?. Tal vez sea éso lo que le atrae verdaderamente, justamente la imposibilidad. La imposibilidad de que un vínculo se pueda llegar a concretar, a convertir en algo sólido o duradero. O no. Tal vez no haya querido realmente retenerlas y averigüarlo.
Delgado no respondió. La Dra. continuó:
- Si algo fuera verdaderamente posible tal vez dejaría de ser atractivo para usted, perdería su encanto, se caería la ilusión de lo perfecto… Entonces, ¿qué pasaría?, ¿se iría usted antes de sentirse amenazado de que puedieran dejarlo?. Es decir, siempre alguien se tiene que ir para que otro quede…digamos, ¿solo y llorando?…
Delgado rió nervioso.
- Nunca voy a poder con vos, Laura…Intelectualmente, digo. Bueno, ahora que lo pienso, nunca voy a poder en todo sentido. No, en serio, ahora que lo mencionás, digamos que sí, las gaviotas son como mis fantasmas, al igual que los ángeles que no son reales, o que la soledad aunque yo mismo la elija… “Mis fantasmas”, suena bien. ¿Le gustó esa frase, doc.?
Ahí estaba Delgado, frente a frente con sus obsesiones y su deseo.
Esa fue la última vez que él fue a su consultorio. La última vez que ella lo “vio” con los ojos porque después no dejó de verlo. Lo vio cada vez que marcaba su número de teléfono y cortaba antes de que empezara a sonar. También lo vio en los diarios, en la sección de “Política”, lo vio cuando puso su nombre en el buscador de Google y aparecieron un par de imágenes suyas en alguna conferencia, vio algunos de sus discursos en su blog, lo vio imaginariamente en el trabajo, cenando mientras escuchaba algún blues, lo vio tomando su copa diaria de vino tinto, lo vio recorriendo la playa protegiéndose de las gaviotas, lo vio en la calle, en el subte y hasta en la cama haciendo el amor… No pudo dejar de verlo ni un segundo: él se había convertido en su propio fantasma.
“Dios mío” , pensó y escondió la cabeza entre la pila de libros desparramados sobre el escritorio.
Ahí estaba la Dra. Suárez, con acento en la “a”, frente a frente con sus propias obsesiones. Fue ahí cuando se dio cuenta de que nunca en su vida habia estado más concentrada que últimamente. Al menos, concentrada en seguir una pista, la más importante y desconocida: la de su propio deseo.
Ahí estaba ella – la de la vida aparentemente perfecta y ordenada – comprendiendo finalmente que a veces para quedarse, es necesario irse.
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(*) ¿Quién soy?, es la pregunta que organiza el porvenir. (Martin Heidegger).
“ … ¿Quién se va?, ¿quién se queda?,¿a quién le duele más la soledad?. ¿A quién le duele más la soledad si todos los rincones de mi vida tienen algo tuyo?. ¿Cuál es tu camino?, ¿cuál es el mío?, ¿dónde se encontraron?,¿dónde se han ido?…”
Me gusta el otoño, Buenos Aires late distinta, muta, se transforma. El verano se va diluyendo con las primeras hojas que caen de los árboles y la cuadra de mi casa amanece en ocre. Cambiamos sandalias por botas, remeras por camisas , y de a poco la rutina le va ganando espacio al tiempo libre.
Es increíble como el clima pareciera guiar nuestro ánimo…
Marzo en la ciudad viene cargado de melancolía. El calendario me recuerda todas aquellas cosas que fui postergando, los proyectos que dejé para después de las vacaciones, las obligaciones y todo lo que prometí hacer durante el año. Tal vez precisamente porque me conecta más con la realidad, en otoño las ausencias cobran peso y se sienten como agujeros en el cuerpo que no dan tregua.
- Martin…
- ¿Qué?
- Nada, quería nombrarte… Estás muy callado, ¿te sentís bien?
- No, hoy tuve un día difícil: falleció un compañero del laburo…
- Qué tristeza, por Dios. Y, sin embargo, quizá debamos empezar a “acostumbrarnos” a éso… A las pérdidas, digo…
- Nunca. Bueno, no lo sé…
A veces duele respirar, amor. Demasiadas exigencias, demasiados “debe ser” pesan. Como hoy. Yo también me siento desamparada y esa sensación me conecta inevitablemente con todos los hombres que pasaron por mi vida y ya no están, pero aún así dejaron huella. Vivos o muertos, empiezo a extrañarlos de manera exagerada. ¿Por qué me cuesta tanto dejarlos ir?. De algunos conservo recuerdos felices, de otros no tanto; sin embargo, ninguno de ellos se va del todo.¿Será que amo de manera desmesurada?, ¿será que sobreestimo el sentimiento?, ¿lo confundo?, ¿que no concibo amor sin sufrimiento?,¿será capricho?, ¿fascinación?, ¿obsesión?…
En primer lugar, el primer hombre: mi papá. El duelo por su muerte no termina de terminar. Los años pasan y, sin embargo, no puedo acostumbrarme a darlo por perdido. Después vinieron a tapar el vacío – como si fuera posible – otros hombres. Hombres con el mismo nombre pero sin voz ni voto. Hombres de armaduras oxidadas, hombres que se muestran y se esconden, que están y desaparecen. Los hubo impresentables e incluso sin presencia. Soledades acompañadas, de todos ellos guardo algo. Son parte de este rompecabezas que es mi vida, piezas necesarias, únicas, irremplazables. Sé que por alguna “razón” los elegí y por eso ahora los retengo, aunque sea en mi memoria. Los convoco y los evoco,cada uno de ellos en una marejada de sensaciones: cariño, nostalgia, ternura, respeto, enojo, desprecio…
- …Tal vez sí, cuore.
- ¿Qué cosa, amor?
- Que sí, éso… que empiezo a pensar que debemos incluir la vejez y la muerte como una posibilidad, como parte de la vida…
- ¿Se puede incluir a la muerte como parte de la vida?
- No lo sé, pero no se mueren viejos nada más.
¿Te das cuenta, Martín?. Hoy no es el mejor día para grandes definiciones. Me preguntás si estoy dispuesta a una nueva relación y no sé qué contestarte. Me siento vulnerable. Chiquita. Sí, tengo miedo. Sí, tal vez reacciono a la defensiva. Sí, yo también tengo mis inseguridades. Sí, sí, sí. Entonces, me oigo repitiendo las misma excusas que detesto oír: “Estamos en diferentes tiempos”, “Vos necesitás otra cosa”, “Me gustas, pero…”.
Y es que la nena que todavía habita en mí se apoderó de la mujer y me perdí. Tal vez mañana vuelva a encontrarla entre tus brazos. Tal vez por primera vez decida seguir tu juego, perder el control y dejar que me lleves . Soltar las riendas, relajarme, disfrutar. Y a lo mejor, esta vez resulte bien. ¿Quién sabe?.
Pero hoy no quiero pensar más. Es Marzo y faltan sólo horas para que empiece un nuevo otoño. ¿Ves?, afuera mi cuadra se está empezando a vestir de ocre y adentro mis fantasmas andan acechando. Otra vez.
- Cuore, me voy a casa. No te enojes, pero too much por hoy. Necesito descansar.
- Andá, andá… pero, por favor, no te vayas.
- Eso nunca. Como dice la canción de Los Piojos: ” de lo que quede de mi, te dejo un poco”.
…Y con lo pequeño que es el tiempo – como dice la canción de Bebe - yo prometo intentar cambiar mis “no puedo” por “puedo”. Claro, el corazón tiene razones que la razón ignora, pero cuando la “razón” se hace evidente, ya no se puede mentir más. No a los otros – que poco importan – sino a uno mismo.
Por eso, amor, si algún día realmente decidís irte de verdad y para siempre, que no te quepa ninguna duda: de lo que quede de vos, vas a dejarme un poco.
” No hay casualidad sino destino. No se encuentra sino lo que se busca y se busca lo que existe en lo más profundo de nuestro corazón” (Ernesto Sábato)
Dentro de algunas horas la película “El secreto de sus ojos” va a competir por el Oscar dentro de la categoría Mejor Película Extranjera. Ojalá gane, lo merece sobradamente. La película es simple y honda a la vez, y logra conjugar de una maravillosa manera lo verbal y lo corporal a través de cada uno de sus personajes. Todos ellos antihéroes, ninguno es tan bueno ni tan malo, ninguno es dueño de la verdad por eso resultan creíbles. Se muestran débiles, vulnerables, contradictorios, humanos…como vos y como yo.
Además, “El Secreto…” aborda sin mayores pretensiones varios temas universales y hasta casi filosóficos que nos atañen a todos: el amor, la amistad, la justicia –¿o injusticia? – la lealtad, la búsqueda del conocimiento, el replanteo de las decisiones que uno toma, el paso del tiempo, los vaivenes del recuerdo y la memoria, las obsesiones que nos acompañan a lo largo de nuestras vidas y – para mí, el más importante - el de las asignaturas pendientes. Sin dudas, éste es, a mi modo de ver, el eje del film, su columna vertebral donde se apoyarán todos los demás elementos. Espósito (Ricardo Darín), el protagonista, tiene una asignatura pendiente y está dispuesto – veinticinco años después- a concretarla. ¿Podrá?.
El final de la película, esa escena de la puerta que se nos cierra en nuestras narices, parece ser la que abrira la posibilidad de un futuro mejor para el personaje que encarna Darín y vendrá a responder la pregunta que él mimso enuncia y nos plantea: “¿se puede vivir una vida vacía?”. Ciertamente todos coincidiremos en que no.
Entonces, el film funciona como un espejo donde podemos mirarnos y sentirnos identificados. Es decir, cuando la ficción termina , las luces del cine se encienden y volvemos a nuestra realidad, algo nos inquieta. ¿Será posible saldar nuestras propias deudas con el destino?. ¿Hacer un pacto con nuestro deseo y ser consecuentes con él?.
¿No te gustaría alguna vez curvar un poco la línea recta dentro de la cual estás acostumbrado a moverte? (*). ¿No tenés ganas de sacudirte el polvo, pisar el palito, olvidarte de la rutina y las obligaciones, ser niño de nuevo, ilusionarte, permitirte equivocarte, ser incorrecto, audaz, arriesgarte por lo que realmente querés?.
Todos tenemos asignaturas pendientes. No voy a preguntarte cuáles son las tuyas ni a contarte las mías porque ellas pertenecen a la esfera de lo privadísimo, lo inconfesable a veces , lo desconocido incluso. Están íntimamente ligadas a un deseo profundo que nos parece inalcanzable. Tal vez no nos animamos a dar el gran salto para atraparlo porque creemos que no somos merecedores de la felicidad, que no estaremos a la altura de las circunstancias, que ya se nos pasó nuestro cuarto de hora…En fin, estamos llenos de excusas. Y, en tanto, la vida se nos va…vacía.
En primerísimos planos, la peli muestra cómo los ojos hablan, guardan secretos, indagan, cuestionan; de hecho, el film está basado en una novela cuyo título es “La pregunta de sus ojos”, de Eduardo Sacheri . No es casual tampoco que muchos bloggers de esta comunidad hayamos elegido como avatares la imagen de un ojo para expresar la mirada que tenemos y le concedemos al mundo.
Un mundo que hacemos a nuestra imagen y semejanza. “Es lo que hay”, “unos nacen con estrella y otros estrellados”, “dejá que fluya”, “se hace lo que se puede con lo que se tiene”, ” así tendrá que ser” y demases frases que repetimos hasta el cansancio sólo evidencian el miedo que nos provoca tomar las riendas de nuestro porvenir. Ser los escritores, los productores y los protagonistas absolutos de nuestra historia personal. Al “fluyaje” hay que ayudarlo, el destino no lo conocemos; el universo puede conspirar a nuestro favor, la terapia nos brindará recursos, la fe nos guiará por el camino del bien , pero si sólo nos vamos a quedar mirando, el ” milagro cósmico” no se producirá. Estoy convencida de éso. Hay que actuar.
A Espósito le llevó 25 años y varios fracasos comprender e intentar transformar su propia novela y, así, darle un significado a su existencia misma. Tal vez no le funcione (la peli deja el final abierto…¡rayos!), pero nada podrá ser peor a la incertidumbre y a resignarse a sobrevivir a través ” del recuerdo de los recuerdos”.
Y vos, ¿cuándo te vas a animar a torcer tu línea recta?.
(*). Frase de la canción de Coldplay, “Strawberry Swing”.
El propósito de este espacio fue compartir vivencias que nos interesaran a los dos, intercambiar opiniones y generar - ¿por qué no? - debate. Con tus idas y con mis vueltas estoy segura de que pudimos encontrarnos en algún punto...
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