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M de Mañosa.



Como el sol del 25 vienen asomando. Pero no es el sol, son los años. Y terminan con un 5, pero de 20 nada. Se acercan los temidos 35. Todos juntos y de repente. La verdad verdadera es que a mi muchooo no me importa el tema. Habrá quien me diagnostique inconciencia, pero no creo. Es falta de tiempo nomás.

Una amiga me decía el otro día que no me molestaba la edad porque “yaestabacasadaconhijosdosgatosuntituloyunaempresa”. Casi le pego un cachetazo. Como si yo no me llevara puesta en todo ese transitar. Odio a los que te miran con cara de sufridos y esa expresión reduccionista de “Vos ya tenés todo resuelto”. Yo ya se, por ejemplo, que en mi lista nunca tacharé lo de plantar un árbol. Porque pobre árbol, qué culpa tiene si a mi se me mueren hasta los cactus. Y hay otra infinidad de cosas que tampoco tacharé nunca. Y qué? Eso tampoco me quita el sueño. Con lo poco que duermo mira si me voy a andar desvelando por árboles que ni conozco.

Si bien es cierto que a mi me gusta cumplir años y me gusta festejar y le pongo onda a la circunstancia, pareciera que, para no escapar a la regla de la treintena más cinco, este año el entorno se ha empecinado en arrastrarme a la crisis. Por ejemplo, a la gente se le ha dado por morirse, o al menos por intentarlo. Y entonces aparece la propia fragilidad, o peor, la de la gente que uno quiere. Pocas cosas más temidas en el universo. Al menos para mí.

Mi retoño mayor lee sola y ya no quiere ni que le cepille el pelo. La menor me agota. En la calle me han dicho tantas veces señora que ya ni me revelo. Hay alimentos que me caen mal y necesito dormir más que antes para sobrellevar el día. Mis amigos tienen colesterol y esas cosas de grandes. En las reuniones multitudinarias los niños nos superan en número y si divido mi edad en dos obtengo dos personas que ya terminaron el secundario y están en Gesell de vacaciones. Teniendo sexo.

Me encuentro analizando si ese zapato que me encanta es cómodo (Casi una herejía) y si realmente tengo ganas de salir a comer afuera. Miro con distancia a las nuevas tribus urbanas (Yo que pertenecí a varias, incluso al mismo tiempo) y pongo en mi boca frases que me hacen sentir que no soy yo, soy mi mamá. Y por si los signos fueran pocos, podría jurar que este año mi padre me ha pedido sincera opinión sobre algo. Y no sólo eso, sino que la ha tenido en cuenta. Un espanto.

De todos modos, no me puedo quejar, o si pero no debería. La vida, hasta aquí, ha sido justa conmigo. Cómo a todos, me ha quitado y me ha dado. Por ejemplo, me quitó firmeza en las carnes pero me sumó kilos. Me quitó resistencia física pero me agregó mucha de la otra. Me restó altura en las tetas pero gracias a Dios me sumó seguridad porque sino que problema no… Me quitó memoria inmediata pero me sumó tantas cosas para hacer que ni tiempo he tenido para preocuparme.

Hablando en serio, los amigos, la familia y el amor no me han esquivado. Tengo cartón lleno. No soy (tan) idiota, puedo darme cuenta, agradecerlo y disfrutarlo. Además tampoco estoy cumpliendo tantos años.

Y sin embargo, a días del onomástico, estoy tan cansada. Si es la crisis de los 35 o no me importa un pito. Es lo que hay y por las dudas, y en un hito insospechado en mi vida, me deprimí desde ahora. Estoy quemando, apurada, tristeza y agotamiento acumulados.

No es grave, me estoy alivianando para que, cuando finalmente llegué mi cumpleaños, me encuentre como siempre: Con una copa en la mano, y brindando por mas.

M de mujer fotografiada.

Con esto de las redes sociales, mucho facebook, mucho linkedin y mucha vida virtual, lo cierto es que uno revuelve el pasado, se reencuentra con gente que no sabe si de verdad le importa a uno o si uno le importa a esa gente, y por sobre todo, empieza a ver fotos. Fotos viejas. De uno cuando era joven.

Sostengo entonces firmemente que esto de que todo tiempo pasado fue mejor es una mentira. Miro las fotos que subí yo misma y las que subieron otros. Me miro. Y creo realmente que ahora estoy mejor.

Me surgen algunas dudas del por qué (Esa maldita costumbre con la que convivo de no satisfacerme con lo que hay y punto. Siempre tengo que ir un poco más allá. No se por qué no me dejo de joder).

Me pregunto entonces, por qué aparentemente no me molesta el paso del tiempo y me veo mejor ahora?

1. Será que como dice mi amigo Maxi nos sienta bien el paso del tiempo en general? Será como dice mi amigo Tepen que hemos encarado bien el crecimiento (Igual el se refería a un ex nena de chiquititas que ahora sale medio en bolas en la revista Caras, no a mi).

2. Será que por más onda que le ponga el jumper de la secundaria no me quedaba como le queda ahora a Adabel Guerrero antes de enroscarse en el caño de Tinelli?

3. Será acaso que el vestido bobo no le va a quedar bien a nadie nunca, y menos a mí en la década del 80?

4. Será que estoy lo suficientemente grande como para que no me jodan las patas de gallo y no estoy aún lo suficientemente grande como para añorar el tiempo en que no sabía ni lo que eran?

5. Será un mecanismo de defensa como para que el ser humano no se suicide al cumplir los 30?

6. Será que las mujeres vamos mejorando como el buen vino con el paso de la años? (Antes de avinagrarse, claro).

7. Será que me atraen más las arrugas (con prudencia, claro) que la cara de imberbe que me acompañó en el pasado.

Muchos podrán alegrar que es un problema de autoestima, de exceso digo. Pero en mi defensa diré que también veo mejor a los demás. A los que me caen bien y a los que no, aclaro antes de que alguien esgrima al cariño como excusa. Hay excepciones, pero son las menos.

Que el tiempo pasa y que nos vamos poniendo viejos es algo obvio. Pero aguanten las ojeras, las estrías y las calvas incipientes, que al final, mientras escribo noto, que lo que más me atrae del ahora es que si bien no quedan muchas cosas realmente en su lugar, se perfectamente lo que quiero hacer con todas. (O queridas amigas, solo para citar un ejemplo, me van a decir que cuando tenían las tetas en el cuello sabían todo lo que ahora saben que pueden hacer con ellas?)

El tiempo pasa y nos vamos poniendo sabios. Y las fotos, increíblemente, reflejan ese pasaje. Por las dudas, fotografío el presente. Y guardo las fotos. Tal vez las necesite en algún momento para seguir adelante.


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