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M de Mi Amor.

Con mi amor primero fuimos compañeros de colegio, luego amigos. Después mucho más amigos. Finalmente novios. A continuación ex. (Estuvimos un tanto reiterativos con estos dos últimos estados). Un día de diciembre, con un calor divino, nos casamos. Y un ratito después, hace unos días, cumplimos ocho años de casados.

Ese mismo día, el del aniversario, en la cama y a oscuras, hicimos una especie de racconto de lo acontecido. Porque de verdad nos parecía que si abríamos la heladera íbamos a encontrar un pedazo de torta de bodas (Gracias a Dios no eh). Parece que en 8 años tuvimos dos hijas, dos gatos, dos casas, dos autos, algunos familiares muertos, otros que casi, algunos que deberían, un tumor, muchos viajes, muchos sobrinos, una empresa, varios trabajos diferentes, la familia, ex amigos, nuevos amigos y los buenos de siempre.

Y para ser honestos, casi ninguna pelea importante. Y de la monotonía nada. Y de la abulia y el aburrimiento que nos habían prometido ni noticias. Nosotros la pasamos bien juntos. Nos admiramos y nos respetamos, pero por sobre todo nos reímos mucho. Hasta las discusiones son graciosas, parecen campeonatos de ironías. Y claro, el sexo es genial. Y mucho. (Porque viste que está todo eso de que la pasión se acaba, bla, bla, bla. Ja!).

Nosotros por las dudas hicimos una especie de contrato tácito. Nos casamos por diez años. Y después vemos. Si estamos de acuerdo renovamos. Sino, como diría mi hermana, a otra cosa mariposa y si te he visto no me acuerdo. Y capaz renovamos por menos tiempo, no sea cosa que los próximos diez se nos hagan largos.

Mientras, como faltan dos años, festejamos el aniversario. Bueno, el día exacto no pudo ser porque era lunes y las nenas, y el laburo. Instituimos entonces la semana del aniversario. Y se llenó la casa de jazmines, y el aroma me recuerda que es la semana “de”. Y me lleva a la noche de bodas, cuando entramos al departamento a las casi nueve de la mañana, con una bandeja de bombas de chocolate de la mesa dulce, arrastrando yo mi vestido de cuero (diciembre, calor matinal, hermoso) y el su traje y desde el pasillo de entrada nomas, el departamento que sólo tenía somier y heladera estaba inundado de jazmines (Es la única flor que me gusta, el resto me resultan desagradables). Y entonces, rodeados de jazmines, hace 8 años, desayunamos dos botellas de champagne y las bombas de chocolate y cuando nuestros amigos y cuñados sacaron el dedo del timbre empezamos realmente a festejar.

Para los 8 años, como si llegamos a desayunar champagne con chocolate nos internan, habíamos pensado en irnos a pasar un fin de semana romántico a un hotel con spa. Era todo un desafío de logística. Dejar a las dos nenas todo el fin de semana con todo organizado requería más concentración de mi parte que el plan de negocios de mi empresa para un 2009 en crisis mundial.

Lo bueno fue que cuando nos pasaron el presupuesto lo desestimamos inmediatamente. Luego investigamos varias opciones, hicimos un análisis profundo y elegimos. Nos vamos a ir a un telo. A un telo caro, no se crean. Total, a los fines prácticos, es lo mismo.

Así que promediando la semana que terminaremos pernoctando reconozco que a veces me atacan una sensación rara, como de quien espera una tragedia. Porque todo el mundo te dice, todo el mundo te advierte. Y yo sólo tengo motivos para celebrar. Bueno, no somos Laura y Almanso (gracias a Dios porque yo adentro de un vestido con flores debo ser un espectáculo terrorífico), pero vamos juntos.

Mi amor, al que le va a agarrar un paro cardiorrespiratorio de la vergüenza cuando lea esto, es un tipo amoroso y apasionado. Brutalmente honesto e intrínsecamente bondadoso. Muy generoso conmigo. Muy inteligente y muy irónico. Tan dulce con sus hijas que da asco. Tan enamorado de mi que me desarma todos los días. Es una de las poquísimas personas en el mundo que me cierra la boca. Y no de un beso. Mi amor me sorprende en las situaciones en las que me caigo. Mi amor era un chico cuando me enamoré de el. Y ahora es un hombre que toca la guitarra y que viajó 8 horas abrazado a la wii. Y por eso también lo amo. Mi amor confía. Y yo en el. Siempre. Quiero que esté conmigo pero puedo vivir sin el. Mi amor me mejora y yo doy mi vida por el.

Con mi amor no tenemos ositos de peluche ni mensajes cantados. Sabemos que un pasacalle para el día de los enamorados no sería otra cosa que el comienzo del divorcio, jugamos competencias para ver quién hace más puntos en la DS y disfrutamos de los éxitos del otro. Siempre. Mi amor nunca me trajo bombones en una caja en forma de corazón (porque sino no llegábamos a los 8 años) y siempre soy su prioridad. Y el la mía. Y no hay mucho más que eso.

Y en este post que desde el principio nomas peca de meloso (Prometo que no vuelvo a escribir algo así) sólo me resta agregar que me cago en los agoreros, que desafío al destino y que apuesto a más. Porque mi amor, yo ya me agendo, que en dos años, me vuelvo a casar con vos.

Y esta vez asumo que me toca a mí, entonces, para que tengas tiempo para pensar la respuesta, te pregunto desde ahora… Te querés volver a casar conmigo?

Sería un honor.
(Y feliz aniversario).

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