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M de Madrina de Bodas (Con vestido gris)

Nadie que me conociera podía suponer que yo me iba a casar vestida de blanco. Primero porque tengo cierto sentido estético, y si bien he sabido estar más delgada, siempre tuve mucho busto (Bueno, tetas tengo sólo dos, pero de un tamaño considerable) y no quería parecer un kohinoor . Segundo, porque no me iba a vestir del mismo color que la mayoría. Y tercero para llevar la contra. Estos dos últimos puntos podrían merecer un post cada uno. O un blog cada uno. Pero antes necesito pasar por el consultorio de alguna psicóloga. Y tengo tanta intención de hacerlo como la tuve de vestirme de blanco.

Cómo mi madre andaba por lo rincones (Ella que se la da de transgresora) pidiéndole a todos los Santos conocidos que por el amor de Dios yo no me hiciera un vestido negro, le comuniqué, por caridad y para que dejara en paz al Santoral, que iba a ser gris. A ella, a mi suegra y al resto del universo.

No alcanzó parece, porque la madre de mi futuro consorte, un día, un mes antes de la boda, apenas crucé el umbral de su puerta, me llevó hacia un rincón y sacó un pedazo de tela gris. Gris como mi gris. Me mostró el retazo y me dijo que a ella le quedaba bien eses color, que ya lo había comprado y que de todos modos, seguro no era como mi gris, etc. etc. etc. Era un cacho de tela de su vestido gris de madrina. Gris como mí vestido gris de novia.

Como soy buena onda, y sobre todo como era más joven, y además el hijo se acostaba conmigo y no con ella, y no sabía yo si mi primogénito iba a ser varón y lo iba a sufrir como lo sufría ella, le dije que si, que se haga el vestido del color que quisiera. Y ahí se fue ella, hecha un cascabel y la remató diciendo: “Y entonces se va a poder casar con las dos”. Instantáneamente la mandé al psicólogo. Porque yo no voy, pero tengo una facilidad para mandar al resto del universo…

En fin, semejante comienzo sólo podía augurar un suegrazgo complicado. Pero no. La mina al final me cae bien. Y eso que a veces lo intento, porque bueno, es mi suegra. Es como querer a tu dentista. Ah, no les conté. Mi suegra es dentista. Yo odio a los dentistas. Cada vez que tengo que hacerme algo en la boca cambio de dentista porque me da vergüenza volver al anterior. Y terror también. Así que es doble el desafío.

Ocurre que la comprendo en su contexto. Es madre de cuatro varones y está casada con un varón. Y estos cuatros varones que parió son hijos del varón con el que se casó. Esto último no es un detalle menor, aunque no entremos en detalles. Y si ha sobrevivido a semejante situación merece de mí, aunque más no sea, respeto.

La tipa ha madurado entre calzones sucios y hormonas adolescentes. Le ha pasado que los 5 en conjunto se han olvidado de su cumpleaños, le critican a menudo la cena que (aún) les prepara, se banca las burlas (reiterativas) porque ella no sabe manejar una computadora. Todo esto sin asesinarlos. Es una santa. Pero algo de culpa debe tener porque, por ejemplo, estando ya recontra casados, me llama, si, a mi, y me dice que por favor le diga a su hijo que se abrigue porque hace frío. Lo bueno es que yo no filtro (Lo debo tener en los genes). Le he respondido todo lo que se les ocurre. Y un poco más.

Con el tiempo incluso ha sabido comprender que, aunque me llevé a su hijo mayor, no soy tan mala. Sin lugar a dudas debe haber ayudado el nacimiento de mis hijas. Sus nietas. No tiene la más puta idea de cómo poner una hebilla, pero las ama con locura.

Mi hija mayor se parece físicamente a ella, revanchas del destino, se lo merece después de tanto olor a huevo. Y mi suegra de a poco se ha ido soltando y está más cariñosa y más sensible. Nos prestamos ropa, tiene en mí a quien confiarle algún comentario femenino (porque hablo como un camionero pero soy mujer eh) y hasta ha dejado, en algunas honrosas ocasiones, de cocinarle el plato preferido a su delfín para cocinar algo que me gusta a mí. (Otro acto de justicia, harta estaba yo de ir a comer a lo de mis suegros el plato preferido de mi marido y a la casa de mis padres, obvio, el plato preferido de mi marido).

Ahora que lo pienso, el temita del vestido (Gris) ha sido un buen entrenamiento. Digo, si no contraté un sicario en ese momento no lo iba a contratar nunca. Y nuestro días, años, pasan plácidos, con una suegra ubicada que ha tenido a su vez, según ella misma cuenta, una suegra ejemplar. Agradezco entonces y recibo el legado. Lo que no prometo es continuarlo.

Si tengo que decir que, errores endémicos, yo bajo la guardia y entonces ingreso a su casa, apenas hace un par de días, y me dice sonriente que tiene algo para mi. Y sale contenta a buscar una bolsa y me espeta en la cara: “Me regalaron una remera gigante, a vos te va a quedar perfecta”. Y estira la mano para darme el “regalo” que me va a quedar “perfecto” porque es “gigante”. Me mira cándida. Abraza a mi hija, nos despedimos y nos vamos.

Después de todo yo también me debo mandar nueradas. No está mal, de vez en cuando, recordar cuál es nuestro parentesco. Confieso sin embargo, que entre evento y evento, la quiero. Mucho.

Aunque sea dentista. Y aunque sea mi suegra.

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M de Mi Amor.

Con mi amor primero fuimos compañeros de colegio, luego amigos. Después mucho más amigos. Finalmente novios. A continuación ex. (Estuvimos un tanto reiterativos con estos dos últimos estados). Un día de diciembre, con un calor divino, nos casamos. Y un ratito después, hace unos días, cumplimos ocho años de casados.

Ese mismo día, el del aniversario, en la cama y a oscuras, hicimos una especie de racconto de lo acontecido. Porque de verdad nos parecía que si abríamos la heladera íbamos a encontrar un pedazo de torta de bodas (Gracias a Dios no eh). Parece que en 8 años tuvimos dos hijas, dos gatos, dos casas, dos autos, algunos familiares muertos, otros que casi, algunos que deberían, un tumor, muchos viajes, muchos sobrinos, una empresa, varios trabajos diferentes, la familia, ex amigos, nuevos amigos y los buenos de siempre.

Y para ser honestos, casi ninguna pelea importante. Y de la monotonía nada. Y de la abulia y el aburrimiento que nos habían prometido ni noticias. Nosotros la pasamos bien juntos. Nos admiramos y nos respetamos, pero por sobre todo nos reímos mucho. Hasta las discusiones son graciosas, parecen campeonatos de ironías. Y claro, el sexo es genial. Y mucho. (Porque viste que está todo eso de que la pasión se acaba, bla, bla, bla. Ja!).

Nosotros por las dudas hicimos una especie de contrato tácito. Nos casamos por diez años. Y después vemos. Si estamos de acuerdo renovamos. Sino, como diría mi hermana, a otra cosa mariposa y si te he visto no me acuerdo. Y capaz renovamos por menos tiempo, no sea cosa que los próximos diez se nos hagan largos.

Mientras, como faltan dos años, festejamos el aniversario. Bueno, el día exacto no pudo ser porque era lunes y las nenas, y el laburo. Instituimos entonces la semana del aniversario. Y se llenó la casa de jazmines, y el aroma me recuerda que es la semana “de”. Y me lleva a la noche de bodas, cuando entramos al departamento a las casi nueve de la mañana, con una bandeja de bombas de chocolate de la mesa dulce, arrastrando yo mi vestido de cuero (diciembre, calor matinal, hermoso) y el su traje y desde el pasillo de entrada nomas, el departamento que sólo tenía somier y heladera estaba inundado de jazmines (Es la única flor que me gusta, el resto me resultan desagradables). Y entonces, rodeados de jazmines, hace 8 años, desayunamos dos botellas de champagne y las bombas de chocolate y cuando nuestros amigos y cuñados sacaron el dedo del timbre empezamos realmente a festejar.

Para los 8 años, como si llegamos a desayunar champagne con chocolate nos internan, habíamos pensado en irnos a pasar un fin de semana romántico a un hotel con spa. Era todo un desafío de logística. Dejar a las dos nenas todo el fin de semana con todo organizado requería más concentración de mi parte que el plan de negocios de mi empresa para un 2009 en crisis mundial.

Lo bueno fue que cuando nos pasaron el presupuesto lo desestimamos inmediatamente. Luego investigamos varias opciones, hicimos un análisis profundo y elegimos. Nos vamos a ir a un telo. A un telo caro, no se crean. Total, a los fines prácticos, es lo mismo.

Así que promediando la semana que terminaremos pernoctando reconozco que a veces me atacan una sensación rara, como de quien espera una tragedia. Porque todo el mundo te dice, todo el mundo te advierte. Y yo sólo tengo motivos para celebrar. Bueno, no somos Laura y Almanso (gracias a Dios porque yo adentro de un vestido con flores debo ser un espectáculo terrorífico), pero vamos juntos.

Mi amor, al que le va a agarrar un paro cardiorrespiratorio de la vergüenza cuando lea esto, es un tipo amoroso y apasionado. Brutalmente honesto e intrínsecamente bondadoso. Muy generoso conmigo. Muy inteligente y muy irónico. Tan dulce con sus hijas que da asco. Tan enamorado de mi que me desarma todos los días. Es una de las poquísimas personas en el mundo que me cierra la boca. Y no de un beso. Mi amor me sorprende en las situaciones en las que me caigo. Mi amor era un chico cuando me enamoré de el. Y ahora es un hombre que toca la guitarra y que viajó 8 horas abrazado a la wii. Y por eso también lo amo. Mi amor confía. Y yo en el. Siempre. Quiero que esté conmigo pero puedo vivir sin el. Mi amor me mejora y yo doy mi vida por el.

Con mi amor no tenemos ositos de peluche ni mensajes cantados. Sabemos que un pasacalle para el día de los enamorados no sería otra cosa que el comienzo del divorcio, jugamos competencias para ver quién hace más puntos en la DS y disfrutamos de los éxitos del otro. Siempre. Mi amor nunca me trajo bombones en una caja en forma de corazón (porque sino no llegábamos a los 8 años) y siempre soy su prioridad. Y el la mía. Y no hay mucho más que eso.

Y en este post que desde el principio nomas peca de meloso (Prometo que no vuelvo a escribir algo así) sólo me resta agregar que me cago en los agoreros, que desafío al destino y que apuesto a más. Porque mi amor, yo ya me agendo, que en dos años, me vuelvo a casar con vos.

Y esta vez asumo que me toca a mí, entonces, para que tengas tiempo para pensar la respuesta, te pregunto desde ahora… Te querés volver a casar conmigo?

Sería un honor.
(Y feliz aniversario).

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