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CAPITULO 9: Media hora y estamos.


Escritora: Mujer, madre y argentina| Ilustrador: Marce | Cuento de Navidad 2008.

El espíritu de la Navidad se extendía como un manto sobre el planeta. En la Argentina, desde Monte Caseros hasta Rawson, los sapos y los niños, los borrachos y los músicos ciegos, las amas de casa y los perros, todos, se dejaban llevar por el ánimo festivo.

Mientras, en algún lugar del universo, rodeado por sus majestuosos renos, expectante, estaba el.

Harto. Recontrarrepodrido. Con las partes pudendas como dos globos aerostáticos. Así estaba Papa Noel. Esta Navidad venía complicada. La crisis mundial no era el problema. El mundo y el tenían sobrada experiencia en el tema.

Pero, inútil negarlo, había ciertos puntos conflictivos. Como para mencionar algunos: el trineo incomodo, la barba calurosa, los nenes caprichosos, la vejez. Y la Argentina, que encabezaba la lista de países complicados. Por razones locales nos vamos a concentrar en esto último.

Porque como si no alcanzaran los 39 grados de calor a la sombra que hacían en ese bendito país, y el en traje con botas, había muchísimas cuestiones que requerían atención. Y concentración.

No estamos hablando de nimiedades que a Papá Noel no le importan nada, como la política por ejemplo. Hablamos de otro tipo de cosas. Por el país más al sur había tenido que abandonar antes sus vacaciones. Se puso los lentes, hizo listas y designó prioridades. Y tanto pedido de todos lados. Y el trineo que de tan viejo en cualquier momento lo deja de a pie pero en el aire.

Faltaba poco para las 12. Y bueno, cada uno es lo que es y se lleva puesto. Así que a pesar de todo, como un viejo actor de teatro, siempre volvía a sentir cosquillas antes de salir a cumplir con la repartija.

Repasó en voz alta y apuró el paso. Lo único que faltaba era que además de dudar de su existencia se lo tildara de impuntual. Había que andar con un cuidado…

Estaba decidido, entre otras cosas, a dejar los regalos para Bautista y Paloma en lo de los abuelos. Los gansos de los padres, metidos, habían comprado cualquier cosa.

Meter mano en la rifa de la Sociedad de Fomento de Lanús. Ya se iba a ganar Rosa el pasaje a La Feliz. Y con estadía, porque el tipo estaba medio podrido pero amarrete no era.

Cambiarle la armónica a Tortuga. Total como era ciego… bueno, la verdad es que cuenta se iba a dar. Pero tan bien sonaba la nueva que le devolvía la esperanza al más argento.

Abrirle la jaula al lobo. Y pedirles a los sapos sincretistas que cantaran. La libertad con banda sonora es mejor.

Ponerle las ruedas al tren de la alegría para que, si sobrevivían al sofocón de los disfraces, Pedro Pablo y Sebastián salieran a buscar a Yosho, no lo encontraran y creyeran (El fernet como hábito te hace creer en cualquier cosa) que era Papá Noel, ergo, Papa Noel existía. Nota mental: Encerrar al perro tres días para alimentar el mito. Y esos tres días alimentar al perro porque sino…

Al final, entregar regalos era fácil. Lo complejo (y emocionante, tampoco se iba a hacer el superado) era todo el resto. Por si fuera poco, ya sabía el que una vez concluido el espectáculo alguien le iba a pegar un tiro. No es fácil asumir que las cosas buenas existen, hay quienes sólo pueden compartir el mundo con las malas. Y bueno, también hay gente a la que no le gusta el chocolate. Tenemos de todo.

Lo cierto es que a Papa Noel, como a los sueños, se los mata a diario. Pero no sería Papa Noel, ni serían sueños, si fueran tan fáciles de matar. Así que no dramaticemos.

Los asesinos eran justamente los que no creían en el. No se dan cuenta de la incoherencia?. No se mata lo que no existe, y se reía. Jojojo reflexivo.

Entendía entonces Noel que moría dentro de un rato. Y si bien no era ni agradable ni placentero (Se pegaba unos golpes contra el piso, manga de desconsiderados) lo asumía y sabía que, se levantaría y otra vez a sus vacaciones hasta la próxima navidad. Hasta la próxima muerte.

Eran 23.30 y de la plaza y la bala infructuosa nadie se iba a enterar. Eso era después y no importaba. No era la primera vez. Y qué?

Faltaba media hora para la Navidad. Y este viejo descarga la carga del enojo que le pesa como un mundo, se pone en los hombros la Fe de los que creen y en el trineo los regalos. En su alma resucita, como el Jesús de tantos, la Navidad que nace por su propio significado.

Agarra una birome para ir tachando lo hecho, una botella de agua por si le da sed, y sale a surcar el cielo. Queda media hora. Lo mejor, como siempre, todavía está por venir.


Capítulo 8: ¡Ojo! Que con Papá Noel no te metan el perro. | Pueden leerlo en Kaimanta o en Manuel Abal .

Capítulo 10 (Y último!): O.P.I.U.M. Pueden leerlo en: Life is a piece of sheet o en Paula Gonzalez – Cuentos ilustrados .


Discover Elvis Presley!



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