M de Mujer Castradora.

Navidad le debía el nombre al día en que llegó a casa. Se instaló por decisión propia. Y nos adoptó. Sin consultarnos. Era una gata hermosa, blanca. Navidad hacía cosas de gato: Se iba sin avisar y volvía sin preguntar (Tengo amigas que tienen novios así, pero con menos glamour que el que tenía Navidad). Se refregaba contra cualquier cosa que tuviera más o menos calor cuando requería un mimo, maullaba cuando quería entrar, así como indignada.

Navidad es una de los quichicientos gatos que vivieron en la casa de mis padres. Con esa impronta, y con esa experiencia, me pareció bueno tener un gatito para que mi hija supiera lo que era tener una mascota. Queríamos algo intermedio entre un pez (Para eso mejor una de esas lámparas chinas que tienen peces de plástico adentro y que las enchufás cuando querés) y un perro, que iba a requerir de todo el cuidado que nosotros no lo podemos dar porque laburamos todo el día. Un gato era ideal. Son las nenas lo único que hemos logrado mantener con vida, se nos mueren hasta los cactus, así que era todo un desafío.

Mi marido nunca tuvo gato, no estaba muy convencido.

Un amigo (el de sex & the city) tiene a su vez un amigo que tiene gatos que tienen gatitos y los regala. Le pedimos uno, nos preguntó si no queríamos dos, le dijimos que no, y llegó Suárez a casa. Un siamés.

Le puse Suárez porque es mi apellido. Para ponerles mi apellido a mis hijas la ley necesitaba la aprobación de mi marido. Para ponérselo al gato no tenía que pedirle permiso a nadie, así que me di el gusto.

Suárez es divino. Un pelo… Tiene los ojos color de mar. Hermoso. Esbelto. Señorial. Muy inteligente. Bah, un turro como todos los siameses. Y como todos los siameses, está más loco que una cabra loca, sólo que nadie nos avisó.

Anoten, los siameses no son gatos. Son otra cosa.

Algunas de las perlitas de Suárez: Te acecha atrás de la puerta para saltarte a la pierna como si fuera lo último que va a hacer en su vida, grita como un loco al lado de la puerta de nuestra habitación a las 4 de la mañana. Pero no quiere entrar, quiere que nos levantemos. Suárez corre 6 metros salta y tira un sillón al demonio. Por lo menos una vez por día. El tipo decidió que mejor toma agua de la pileta del baño, come de la mesa en la que comemos todos, tira con su manito mi pincita de la mesa de luz, sólo eso, mi pincita! (Que es tan vital como el aire que respiro). Suárez para festejar la navidad bajó veloz la escalera, rebotó en una silla y se tiro de llenó (con las garras afuera) en el medio del arbolito de Navidad. Con las lucecitas prendidas y todo.

Empezó entonces nuestra batalla diaria para educarlo. Yo quería directamente matarlo (Me gustan las soluciones rápidas y radicales) pero la verdad es que ya le había tomado cierto cariño (Me atrae la gente complicada). Pero el problema real era mi marido, el que estaba reticente a sumarlo a la familia. Lo ama. Está enamorado del loco de mierda este. El gato se acomoda en mi cama, boca arriba, recostado contra mi marido. Mi marido le pasa el brazo por los hombros. Y nunca lo escuché quejarse del síndrome del amante. Mi marido, la estrella de rock, agarra al gatito y le dice “papito” mientras le da besos. Un asco.

Empezó nuestra batalla decía, pero desde el inicio supe que era una batalla perdida. El bicho este hace lo que quiere. Y si tiene dudas lo tiene a mi consorte como para reafirmar su reinado en el grupo familiar.

Se presentaron sin embargo dos soluciones prometedoras para atenuar el drama. La primera es que según parece, no hay nada mejor para un siamés que otro siamés. Me da pavura la sola idea de tener dos de estos cosos en casa. Temo que se confabulen contra nosotros, y no me extrañaría encontrarme un día durmiendo en el lavadero mientras ellos se estiran en mi sommier. Le comentamos a nuestra hija mayor la idea y nos respondió: “Va a ser duro”. La chica es hija mía, y además, los niños son sabios. Conclusión, ni en pedo.

La otra solución, bastante obvia, es castrarlo. Castrarlo con la esperanza de que se convierta en una señora gorda. En un almohadón con patas. Un paraíso. Yo pregunté si además se le podía hacer una lobotomía, pero la veterinaria, que después de todo ama a los animales, me miró mal.

Mi marido está deprimido. Mi padre que es del campo, me espetó en la cara: “Por que no lo capás a tu marido y dejás en paz al gato”. (El hombre nuca pierde oportunidad, recuerden que es el mismo que dice que cuando mi esposo está de viaje yo estoy viuda).

De todos modos, y a pesar de todos, ya tenemos fecha. Tengo una emoción. Es un horizonte. Mientras, a diario, lo miro a mi marido, que a su vez mira al gato como si hubiera fallecido y sólo mirara su recuerdo, y le digo, no ya para levantarle el ánimo, sino para dimensionar la cuestión: Corazón tranquilo, que a vos no te van a cortar nada.

El por las dudas, ya se pidió el día en el trabajo. Ya me voy agendando yo que me voy a tener que tomar el día siguiente. Para contenerlos a los dos. Al fin y al cabo, la castradora soy yo.

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, , betina dijo

Si claro… Y te diré que a esta altura del campeonato no veo muchas más opciones… =)

, , romina dijo

Uf qué decisión, yo soy muy reticente a las mascotas, pero temo que en algún momento me ganarán la batalla. Ahora mi marido tiene un aliado… Lo que me atrae ahora es eso de poder darle mi apellido a la mascota. Con eso tuve una batalla perdidísima. Mi marido le puso el apellido, el nombre y hasta el domicilio. Sí, el domicilio. Como no tenemos el cambio de domicilio hecho, a los sres. del registro civil se les antojó que el primogénito no tuviera el domicilio por nosotros declarado, sino el de su padre. Claro que ni el señor del registro civil ni su padre le cambian los pañales (bueh, su padre alguna milagrosa ocasión) ni lo amamantan, ni se levantan a las cuatro de la mañana cuando llora, ni duermen aplastados por él cuando se niega a dormir sólo llorando con todas las fuerzas del universo.
Así que de ahora en más, lo voy a pensar, capaz que le pongo mi apellido al perro y nunca más me ocupo de él :)

, , betina dijo

Jajaj me muero! Sabés que yo le puse a mis hijas mi apellido, además del paterno, y fue toda una aventura… tengo algo escrito al respecto, prometo subirlo.
Y si, ponele tu nombre al perro y que con la bolsita salga otro. =)

, , alunada dijo

Eso le pasa a las personas que se encariñan mucho con el marido de una,
Terminan castrados-

Jaja, no pense reirme tanto hoy.
Un besote.

, , betina dijo

Jajajaj, siiii me reí mucho con el comentario…
Alunada, gracias x lerr.
=)

, , Tom Collins dijo

Estás celosa de un gato, analízate mejor antes de capar al animal. Lo que me gusta de Uds., las mujeres, es que basta que una haga un comentario en contra del marido (cansa de lo repetitivo nada más) que enseguida surge la “corporación femenina” a enfatizar el mensaje. Hay mucho Sex & The City en tu vida, quizás deberías probar con Lost…

, , betina dijo

Querido Tom Collins. Leíste mal. No estoy celosa, no hago comentarios en contra de mi marido.
Te equivocaste de mujer… Y de serie.
Celebro de todos modos la libre expresiòn.
Y está bueno, porque me faltaban estereotipos en el blog.. y llegó tu comentario… Je. =)

, , Tom Collins dijo

Ok, lo que digas….
Sabes que este escrito es el más flojito que escribiste. No comento más porque me aburrí por la mitad, quizás por eso mi mala apreciación.
Espero el otro….bien esteriotipado….

, , betina dijo

jajaj, dale. Todo bien. Me insipira la gresca. Te veo en el próximo post…

, , Tom Collins dijo

Ahí estaré y prometo leerlo hasta el final….

, , flavia dijo

hey que pasó con el gato despues?


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