LA MADRE TERESA DE CALCUTA NOS AYUDA A VIVIR EN PASCUA

Cuando pensé, qué mensaje de Pascua les iba a dejar, pense en alguna mujer que nos alla iluminado con su trabajo, con su labor como cristiana en su misión evangelizadora… pensé en la Madre María, madre de Jesús. Pero ante la complejidad de su imagen y el merecimiento de ser tratada con respeto y mucha delicadeza, preferí quizás alguien mas concreto una persona que conozcamos todos. Es por eso que llega a mis pensamientos presentar a la Madre Teresa de Calcuta.

¿Quién es esta mujer? Ella misma, un día hizo su presentación: «De sangre soy albanesa. De ciudadanía India. En lo referente a la fe, soy una monja católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús».

Nació el día 26 de agosto de 1910 en Skopje, una ciudad situada en el cruce de la historia de los Balcanes. Recibió en el Bautismo el nombre de Gonxha Agnes. Hizo la Primera Comunión a los cinco años y recibió la Confirmación en noviembre de 1916. Su familia era profundamente cristiana, tenía ocho años, murió su padre, hombre de negocios, que dejó a la familia en una estrechez económica muy grande. Cuando tenía doce años, evoca la Madre Teresa de Calcuta que sintió el deseo de ser monja por vez primera. Es bueno escuchar este texto de la Palabra de Dios para entender a esta mujer.

«Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees? Respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma, con todas las fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”. Díjole entonces: Bien has respondido. Haz eso y vivirás. Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús. Y ¿quién es mi prójimo? Jesús respondió: Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente bajaba por aquél camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquél sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: cuida de él y, si gasta algo más, te lo pagaré cuando vuelva. ¿Quién de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de salteadores? Él dijo: El que practicó la misericordia con él. Le dijo Jesús: Vete y haz tú lo mismo» (Lc 10, 25-37).

Cuando tenía dieciocho años, animada por el deseo de ser misionera, la Madre Teresa de Calcuta, deja su casa en septiembre de 1928 e ingresa en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, más conocido como las Hermanas de Loreto. En el mes de diciembre inicia su viaje a la India, llegando a Calcuta el 6 de enero de 1929. Después de hacer los primeros votos en mayo de 1931 es destinada a dar clases y el 24 de mayo de 1937 hace la profesión perpetua. Dirá ella misma que se convirtió en «esposa de Jesús para toda la eternidad». Pero en un viaje de Calcuta a Darjeeling para hacer un retiro, recibe una inspiración, dirá ella, «una llamada dentro de otra llamada», que se fue mostrando en sucesivas semanas. En este viaje, sin poder dormir, iba pensando en la parábola del juicio final, «porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber…», sintió una llamada con una inmensa claridad. En esta y otras inspiraciones, Jesús le reveló el deseo de su corazón, encontrar «víctimas de amor», es decir, «que irradiasen a las almas su amor». Sintió en su vida, cómo Jesús la decía, «ven y sé mi luz», «no puedo ir solo».

Era un 17 de agosto de 1948 cuando se vistió por primera vez un sari blanco orlado de azul y dejó su convento de Loreto para entrar en el mundo de los pobres. Después de una breve preparación con las Hermanas Médicas Misioneras en Patna, vuelve a Calcuta y el día 21 de diciembre de ese mismo año va por primera vez a los barrios pobres: visita familias, lava heridas a niños y adultos, se ocupa de enfermos ancianos que están tirados en la calle, enseña a los niños en escuelas improvisadas en medio de los barrios pobres, cuida de moribundos. Y todo su trabajo, lo comenzaba cada día con la celebración de la Eucaristía, entrando en comunión con Jesús en la Eucaristía. Así, salía de casa, con el rosario en su mano, con el deseo de encontrar y servir a Jesús en los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba. Después de algunos meses comenzaron a unirse a ella sus antiguas alumnas. ¡Qué día más memorable el 7 de octubre de 1950! El Arzobispo de Calcuta, establecía oficialmente en su Archidiócesis la nueva Congregación de Misioneras de la Caridad. En el año 1965, el Papa Pablo VI, concedía el Decreto de Alabanza a la Congregación, ello animó a la Madre Teresa a establecer fundaciones en Venezuela, Roma, Tanzania, hasta llegar a todos los continentes.

Todo un movimiento de entrega a los más pobres de parte de Dios, se inicia con la Madre Teresa de Calcuta. Y para responder a sus necesidades funda los Hermanos Misioneros de la Caridad en 1963, la rama contemplativa de las Hermanas en 1976, los hermanos Contemplativos en 1979, los Padres Misioneros de la Caridad en 1984, crea los colaboradores de Madre Teresa y los colaboradores Enfermos y Sufrientes, los Misioneros de la Caridad Laicos. En respuesta a muchos sacerdotes, inicia en 1981 el Movimiento Sacerdotal Corpus Christi, que es como ella misma dice, como un «pequeño camino de santidad», para aquellos sacerdotes que desean compartir su carisma y espíritu.

En 1990 tenía 456 centros en más de cien países. En ese año, habían sido alimentadas 500.000 familias, en 124 escuelas de suburbios habían sido formados 20.000 niños, habían recibido tratamiento 90.000 leprosos y 17.100 enfermos crónicos habían sido visitados en sus hogares. Muchas veces tuvo encuentros la Madre Teresa con el Papa Juan Pablo II, ambos se tenían una admiración especial. Yo tuve la gracia de estar dos veces hablando con ella. La primera vez, siendo yo Vicario General de Santander, cuando la entregué la lista de sacerdotes de la Diócesis para que cada una de sus hermanas tomase un nombre y rezase por él. En el año de su muerte, 1997, las hermanas Misioneras de la Caridad eran 4.000, estaban en 610 fundaciones y se repartían en 123 países. En el mes de marzo de ese año se vio por última vez con el Papa Juan Pablo II y el día 5 septiembre de ese año entregaba su vida a Dios. Mujer de fe sólida, de esperanza invencible, de alegría desbordante y de caridad extraordinaria. Su gran respuesta a Jesús «ven y sé mi luz», ha hecho de ella un símbolo de compasión para el mundo y un testigo viviente de la sed de amor de Dios.

La Madre Teresa de Calcuta, tiene expresiones que nos llenan de gozo: «Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mi, para que seamos su amor y su compasión por los pobres». Tuvo siempre este deseo: «saciar su sed de amor y de almas». Entregaba siempre esta tarjeta de visita amarilla, con estas cinco líneas: «El fruto del Silencio es la Oración/ El fruto de la Oración es la Fe/ El fruto de la Fe es el Amor/ El fruto del Amor es el Servicio/ El fruto del Servicio es la Paz». El 10 de diciembre de 1979 recibió en Oslo en presencia del rey de Noruega el Premio Nobel de la Paz. El presidente del comité del premio Nobel habló así sobre la Madre Tersa de Calcuta: «La clave de su trabajo ha sido el respeto a todas las personas y el valor y dignidad de las mismas. Los más solitarios y miserables, los indigentes moribundos, los leprosos abandonados, han sido acogidos por ella y sus hermanas con una cálida compasión desprovista de condescendencia, basada en esta veneración por Cristo en el Hombre…El dar -dar algo de uno mismo- es lo que otorga la verdadera felicidad, y la persona que puede dar es la que recibe el regalo más valioso. Donde otros ven clientes, ella ve compañeros de trabajo, una relación no basada en la espera de gratitud, sino en la mutua comprensión y respeto, y un contacto cálido, humano y enriquecedor…Esta es la vida de la Madre Teresa y de sus hermanas: una vida de absoluta pobreza y largos días y noches de trabajo duro, una vida que deja poco espacio para otros placeres, salvo lo más valioso». Sus palabras concluyeron recordando unas del Presidente del Banco Mundial, Robert S. McNamara, que dijo: «La Madre Teresa merece el premio Nobel de la Paz porque fomenta la paz en el modo más fundamental, por su confirmación de la inviolabilidad de la dignidad humana».

La Madre Teresa después de este discurso sobre ella, les habló de una mujer a la que había rescatado de las calles y que la había llevado al Hogar para los Moribundos en Kalighat y dijo a las hermanas que ella misma cuidaría de ella. «Hice por ella todo lo que puede hacer mi amor: la metí en la cama, había una sonrisa tan bella en su rostro. Me cogió de la mano y solamente dijo una palabra: gracias y después murió…No pude evitar examinar mi conciencia ante ella, y me pregunté qué es lo que diría yo si estuviera en su lugar. Mi respuesta fue sencilla: intentaría llamar la atención. Hubiera dicho: tengo hambre, me estoy muriendo, tengo dolores, o algo por el estilo. Pero ella dio más, mucho más. Me dio el amor de la gratitud».

Además convenció a los organizadores que cancelaran el banquete de premios y ofrecieran ese dinero para los que lo necesitaban. Gente no solo de Noruega y Suecia, sino de otros países de Europa, incluyendo niños pequeños dieron dinero de su bolsillo, reunieron 7.500.000 pesetas. Cuando la preguntaron como lo iba a utilizar, dijo: «en mi mente, ya me lo he gastado». Os hago una invitación a todos los niños y niñas de Asturias: atreveos a llevar la alegría de la Pascua, de la Resurrección de Cristo, como la Madre Teresa de Calcuta, dando tu vida por quienes más lo necesitan.