Además del cariño y la compañía que brindan, innumerables estudios internacionales demuestran que convivir con un perro puede contribuir a alargar la vida de sus dueños. Los canes son un aliado ideal a la hora de combatir el estrés, facilitan los vínculos entre las personas y sirven de gran apoyo en la educación de los pequeños de la familia. A continuación, el médico veterinario Claudio Gerzovich Lis, especialista en comportamiento canino, explica las ventajas de tener un animal en casa.
“Los perros pueden funcionar como facilitadores sociales o terapéuticos, es decir, que colaboran para que sus propietarios establezcan relaciones con mayor facilidad. También brindan ayuda a personas con problemas físicos o psíquicos tanto en su restablecimiento como en su mejor adaptación al medio en el que viven”, explica Gerzovich Lis.
El estrecho vínculo que los seres humanos establecen con sus mascotas despertó -en los últimos tiempos- el interés de investigadores a lo largo del mundo. “A modo de ejemplo, los doctores Friedman y Katcher, de la Universidad de Pensilvania, demostraron que la interacción con animales puede ser beneficiosa para la salud de personas con dolencias cardíacas. Uno de sus estudios fue realizado en pacientes hospitalizados en una unidad coronarla. El resultado reveló que la presencia de un animal de compañía aumentaba la tasa de vida en al menos un año en comparación con aquellos enfermos que no tenían esa posibilidad”, así lo relata el especialista en su libro ¨Nuestro Perro, uno más en la familia¨.


Esos investigadores comprobaron, asimismo, que el acariciar o contemplar a su perro durante sólo unos minutos al día provoca una disminución de la presión arterial y del ritmo cardíaco. En relación con los aspectos psicológicos, observaron la presencia de varios factores que contribuyen a incrementar la longevidad y disminuir la morbilidad de aquellos que viven con animales:
- La compañía es primordial para la salud mental de los seres humanos.
- La dependencia de los animales estimula en las personas diversos comportamientos relacionados con su cuidado, lo cual las obliga a mantenerse activas.
- El intercambio de afecto contribuye a mejorar el estado emocional.
- Los animales son un estímulo muy importante para que las personas realicen ejercicio. Para la mayoría de los enfermos cardíacos, caminar es una actividad imprescindible y un perro suele ser un excelente compañero de paseo.

Enfrentar el estrés y la soledad con un perro
Existen también innumerables estudios que demuestran que la presencia de una mascota en la casa puede ayudar a disminuir el nivel de estrés y mejorar la calidad de vida tanto en adultos como en niños.
“Durante una entrevista, una persona de 82 años me contó que estaba muy afligida porque su perra de dos años ladraba con bastante frecuencia, lo que había motivado las quejas de sus vecinos. Al ingresar al departamento, esta señora me dijo textualmente: “Doctor, por favor ayúdeme, no deje que me la saquen. ¿Sabe usted lo que significa para una persona de mi edad entrar a casa y ser recibida efusivamente por alguien? No tiene precio. Además, cómo estaría ella sin mí; no tenemos familia”, cuenta Gerzovich Lis.
Y agrega: ¨La señora me contó que su esposo había fallecido hacía cuatro años y que ella había entrado en una gran depresión. Como consecuencia visitaba constantemente al médico, quien le había recetado varios medicamentos para tratar su problema. Sin embargo, dos años atrás una amiga le había regalado un perro. Tanto mejoró su estado de salud que el médico le indicó suprimir la mayoría de los medicamentos. Si bien esta anécdota podría no representar más que un caso aislado, resulta interesante saber que existen estudios científicos que la respaldan¨.
En ese sentido, el especialista remarca que los perros tienen la capacidad de actuar como facilitadores sociales, es decir, que favorecen la iniciación de un vínculo entre personas que no se conocen. ¨Cuando, en las grandes ciudades, la gente saca a pasear a su perro es habitual que rápidamente se relacionen con otras a partir de un interés común por los animales. Un típico ejemplo es lo que ocurre en las plazas, donde los propietarios de perros suelen establecer sitios y horarios fijos para reunirse en compañía de sus animales¨, sostiene.
Qué le enseña un perro a un niño
¨Si bien mi tarea profesional está exclusivamente orientada hacia el comportamiento animal, tuve la oportunidad de trabajar en el vínculo entre una niña con síndrome de Down y su perro. Esta niña, según su psicólogo, tenía muy baja la autoestima, hecho que se percibía claramente cuando ella interactuaba con el perro. Cualquier actitud del animal que la hacía perder el control del perro provocaba que la niña abandonara inmediatamente el lugar y se refugiara en su habitación. En un comienzo, esto ocurría aproximadamente a los cinco minutos de comenzada la interacción. Sin embargo, a partir de un arduo entrenamiento de obediencia del animal se produjo un cambio espectacular en el vínculo. Dos meses más tarde, debía interrumpir la sesión después de una hora ya que la niña no mostraba ningún interés en finalizarla. Su comportamiento general había experimentado un cambio muy positivo, mejorando su autoestima y el vínculo con su familia¨, relata el especialista.
Algunas de las cuestiones que inciden las mascotas en el desarrollo de los niños:

*Valorar la vida: En la sociedad moderna, los niños viven alejados de la naturaleza y cada vez más cerca de objetos artificiales inanimados, con los cuales no pueden establecer una relación recíproca y que, por lo tanto, no necesitan respetar. Por el contrario, la convivencia con un ser vivo no humano, como por ejemplo un perro, facilita el aprendizaje de los chicos en la comprensión tanto de los sentimientos de otros seres vivos como de sus necesidades, lo cual redundará en una mejor comprensión de sus propias emociones y necesidades así como de las de sus semejantes. La consecuencia es un adecuado desarrollo socioemocional de los chicos.
*Ser responsables: Si los padres comparten junto a sus hijos el cuidado del perro de la familia, seguramente los más pequeños de la casa aprenderán a una edad temprana a cuidar y alimentar un animal que depende de ellos. Por ejemplo, no se le puede dar a un niño de cinco años la responsabilidad del baño de un perro, pero sí la de darle agua en forma cotidiana. De esta manera el niño no sólo empezará a asumir responsabilidades desde pequeño, sino también a llevar a cabo tareas acordes para su edad.
*Respetar al prójimo: En muchos propietarios de perros está firmemente arraigada la creencia que estos animales de compañía nunca agredirán a sus hijos. Sin embargo, esto no es una verdad absoluta. Si bien los perros suelen ser muy tolerantes con los pequeños que se han criado con ellos, su paciencia tiene un límite. Si un chico tira de la cola y de las orejas de su perro o lo pellizca, es probable que en algún momento el animal se muestre molesto. Algunos perros en esta situación sólo se alejarán del niño, mientras que otros reaccionarán agresivamente. Esta última actitud, que seguramente sorprenderá y causará desilusión a muchos propietarios, le enseñará al niño y a sus padres que la convivencia en armonía se basa en el respeto mutuo. Por tal motivo será necesario que los padres les enseñen a sus hijos la importancia del respeto por otro ser vivo, ya que caso contrario será probable que el perro, en algún momento de la convivencia, se encargue de hacerlo por sus propios medios.
*El perro como apoyo incondicional: Los animales suelen ser un gran apoyo emocional, diferente de aquél brindado por los humanos. Un perro puede hacer sentir a un niño que es aceptado incondicionalmente ya que no lo juzgará ni criticará. Según algunos psicólogos los perros pueden brindar un afecto duradero, de gran importancia para un desarrollo psicológico saludable.
Fuente: Labyes.com
¿