Silbato
“Una vez que suene el silbato dejan de intercambiar sus tarjetones y toman asiento. El que más tenga al momento de la señal será el ganador”.
Cuando sonó el “prrrrrrr” tenía pocas. Junto con otros compañeros de la capacitación laboral seguimos en el centro del salón, buscando desesperadamente los símbolos que nos faltaban encontrar para ganar. Enajenados. Sordos ante cualquier frase que nos remitiera a que el juego ya había terminado.
“De paso, los que se quedaron en el medio ignorando mis llamados de atención también podrían pensar en cómo se quedan enganchados con algo que ya terminó”, se quejó la profe.
Cuánta razón. Cómo un juego puede demostrarnos tan gráficamente cómo somos. Me cuesta terminar ciertas cosas. Me sigo enganchando. Sigo buscando tarjetones para sentirme completa. Sigo dando manotazos de ahogada contra mi intuición, que me grita constantemente ”no es por aca”.
También me pasa al revés. Muchas veces hago sonar el silbato intentando darle señales de final al otro. Pero a veces no llega mi mensaje. Quizás porque no debería dar tantas vueltas para comunicarlo. Quizás porque el otro también a veces se queda buscando tarjetones que le ayuden a ganar el juego. Tal vez porque hago sonar el silbato bajito, con miedo de equivocarme o de lastimar.
Entendí que me cuesta internalizar los finales. Sentarme cuando suena el silbato o hacerlo sonar para que me oigan.
…
Y si…no es tan dificil. Pero un poquito duele.


Qué buena analogía, y tan cercana a la realidad! Creo que con todas estas reflexiones te estás conociendo muchísimo a vos misma mujer, te felicito por eso. No es fácil tanta introspección. Besos! Paula