Archivo para la categoría ‘Percances con humor’
Septiembre 25, 2008 | Por ana | # Enlace permanente
Desmitificando a nuestro querido Pipo Pescador, el viajar ya no es un placer. Esto no se trata de las típicas crónicas que se leen en los diarios sobre colectivos, trenes y subtes atestados de gente, sino pequeños hechos cotidianos que hacen del acto de movilizarse por la ciudad algo peculiar o simplemente gracioso.
SINDROME DEL AHORRADOR COMPULSIV O: Bajo la excusa de “tengo que sacarme las monedas de encima”, el ahorrador compulsivo sube al colectivo de la línea 60, un viernes a las seis de la tarde, con dos niños en brazos, y le pide amablemente al chofer “tres de un peso con cincuenta”. Haciendo malabares con los críos, saca un monedero que pesa más que el Vikingo previo cuestión de peso, y una a una comienza a introducir las moneditas de cinco y diez centavos, repitiendo una y otra vez el acto, ya que la maquinita se satura (como los que esperan para sacar boletos) bajo el lema “demasiadas monedas”, y escupe las noventa (SI, 90) moneditas.
SINDROME DEL PASAJERO MIMOSO: Sabemos que los medios de trasporte son un lugar bastante recurrente para conocer personas de todo tipo. Sin embargo, hay personas que deciden saltear la etapa de la conquista y van a los papeles sin siquiera conocer tu nombre. Es el pasajero mimoso, un ser que no discrimina entre pedirte por favor que te corras o apoyarte, manteniendo el mismo gesto de “yo estaba mirando el cartel de Araceli González”.
SINDROME DEL CHOFER SORDO: Ya no basta que el timbre suene más fuerte que todos los parlantes del concierto de Madonna, ni que le pongan una luz que titila y dice “parada solicitada” arriba de su cabeza. El conductor se las ingenia para desoír y con los lentes de sol (que usan hasta las tres de la mañana) no ven la luz. Entonces uno tiene que calcular más o menos unos trescientos metros antes de la parada elegida tocar el timbre, sabiendo que este parará justo a esa distancia. Es una regla matemática, tocar el timbre = 300 metros de la parada elegida. (Tt = 300 mts)
SINDROME DE LA VIEJA AUTOSUFICIENTE: Conseguiste un asiento lejano, en el fondo, utilizando la táctica que reza “los primeros asientos son para personas mayores o embarazadas, ¡huí!”. Te pusiste a leer los apuntes de la facultad o el diario. Entonces sube esa persona mayor, tambaleante, llena de experiencia y carente de fuerza en las piernas. En vez de pedir un asiento de los que le corresponden, se va para atrás, si, a donde estas vos. Se agarra tiernamente del apoya cabezas y vos, en un resoplido de resignación, le ofreces el asiento. Pero ella dice que no, que no te molestes. Y ahí empieza la batalla milenaria entre el vaivén del colectivo y la estabilidad del anciano, acompañado de una serie de gemidos de dolor en las articulaciones y el constante “no te molestes, ya me bajo”. La gente te mira mal porque piensa que no le cediste el asiento a la pobre persona, y a vos el viaje se te hace más largo porque ya no te podes concentrar en tu lectura.
Hay muchos más casos en los transportes públicos insólitos que le refutan permanentemente a don Pipo su premisa absurda… claro, el señor viajaba en auto, así cualquiera.
Julio 13, 2008 | Por susani | Claves: conjeturas, indicios | # Enlace permanente
Otra de gente rara…
En un curso que estoy haciendo los días viernes discutíamos acerca de cómo, a partir de uno o varios indicios, cualquiera de nosotros puede construir un relato acerca de un hecho acontecido, perfectamente coherente. El peligro radica, en que no siempre lo coherente es cierto e intentar relatar una historia a partir de unos pocos indicios, puede ser riesgoso, ya que es inevitable que hagamos un recorte de información. Nunca más atinado al aporte de una de mis compañeras para demostrarlo.
La historia transcurre en el piso 9º de un edificio de departamentos, en pleno centro porteño. Mi compañera de curso habitaba en el departamento del medio, el “B”. Parece ser que en el “A” vivía un abogado, y en el “c” una pareja con varios años de casados, que discutían con bastante frecuencia y sus gritos, traspasaban los muros. Se proferían toda clase de insultos y amenazas. En varias ocasiones, los vecinos habían llamado telefónicamente a la policía para que interviniera, temiendo alguna tragedia.
Una noche de sábado, mi compañera decide quedarse trabajando hasta tarde. Había pedido comida por teléfono y estaba intentando concentrarse en su tarea, cuando estalló el conflicto en el departamento de al lado. Inútil fue tratar de continuar con su tarea por el nivel de la discusión.
“Ma si! Que se maten!” pensó, y se fue a dormir.
A la mañana siguiente, al salir, se encontró con policía uniformado en el pasillo de su departamento.
El agente le informa que un hombre se había precipitado por la ventana, y que se intentaba establecer si no se trataba de un asesinato. Ella pensó en sus vecinos discutiendo la noche anterior y se sintió culpable por no haber intervenido tal como lo había hecho otras veces, tal vez, podría haberlo evitado. Es que en el fondo no creía que fueran capaces de perpetrar literalmente sus amenazas.
Imaginó que la discusión habría subido de tono, que seguramente ella no los oyó porque el cansancio la venció y se durmió enseguida. Imaginó también a la mujer, de apariencia bastante más robusta que el marido, empujándolo hasta que éste se precipitara por la ventana del 9º piso.
“La detuvieron?” preguntó.
“A quién? señora.
“A la mujer”
“Y usted como sabe que había con él una mujer?”
“Pero cómo no voy a saber? oficial! Si vivo acá! Se la pasaban peleando. Anoche mismo los oí discutir!”
“Señora! Nosotros no encontramos a nadie más. Usted estaría dispuesta a prestar declaración?”
“Pero por supuesto, oficial!”
El agente se disponía a tomarle los datos, cuando se abrió la puerta del ascensor y salió la pareja de vecinos discutidores cargando bolsas del supermercado. Fue entonces cuando la testigo advirtió que el hombre que se había precipitado por la ventana era su vecino del otro departamento.
Lo había encontrado de salida en el momento que fue a recibir al delivery, la noche anterior. Estaba impecable como siempre!
“Otra noche de sábado en casa?”
“Y sí…mucho laburo”
“Algo vamos a tener que hacer con eso. Un día de estos salimos de copas!”
“Ok! Cuándo quieras!”
Julio 11, 2008 | Por susani | Claves: percances, sexo | # Enlace permanente
Se acerca el fin de semana.
Nos vamos poniendo cachondos.
Y el sexo, como sucede con la mayoría de las actividades cotidianas, no podría estar inmune a la intromisión de algún que otro percance.
Quién no ha tenido un accidente con el uso del preservativo? Por ejemplo.
Quién no ha llegado a ese momento de mayor excitación y se dio cuenta que había olvidado comprar?
A qué dama no la sorprendió un encuentro de esos que no se desperdician, sin haber visitado a su depiladora días atrás?
La idea es que se animen y cuenten…
Los percances en esos momentos suelen ser de lo más divertidos!
Eso sí! Dada la temática del post y sin caer en la pacatería, evitemos expresarnos vulgarmente.
Julio 4, 2008 | Por susani | # Enlace permanente
Continuando con la saga de traumas, llegamos a la escuela secundaria
Fundado en el terror que las generaciones anteriores de alumnas del colegio se ocupaban de sembrar con justa razón, llegar a 5º año significaba tener que hacerle frente e intentar sobrevivir a la Profesora de Geografía.
Este personaje sacado de museo, con estética de solterona, que hablaba castellano neutro poniendo especial énfasis descalificatorio en ese “tú”, hacía temblar hasta la más brava de esa escuela de señoritas.
Llegaba y armaba un huracán. Tú, tú y tú, se van a hacer este trabajo a la biblioteca. Tú, tú, tú y tú: prueba escrita. El resto, lección oral.
Dueña ella, de una cuota de cinismo bastante interesante, la lección oral, garantizaba un paseo turístico por todo el mapa, y ser receptora de esa sutil descalificación contenida en sus comentarios cargados de sarcasmo.
Era justo el momento en el que recuperabas tu fe en Dios y los Santos Evangelios, para que no se detuviera en tu apellido, seguido de la frase “pasa tú”.
Había algunas que no zafaban nunca, sobre todo aquellas que tenían hermana mayores en la institución, vaya uno a saber por qué.
La vez que recuerdo debí pasar al frente, me pidió que le ubicara en el mapa la zona desde dónde provenían las naranjas. Y yo, probablemente intentando ubicar en el mapa la verdulería de la esquina de mi casa, que era para mí de donde provenían las naranjas por ese entonces de viajes a Bariloches y fiestas de egresados, estaba de lo más desorientada. Fue ahí, que ella enunció esa pregunta que no solo me hizo volver a la realidad sino que hasta hoy retumba en mi cabeza, cada vez que busco darle sentido a mi existencia.
“Susani, tu vas a los problemas o los problemas van a ti?
Julio 2, 2008 | Por susani | Claves: burocracia, organismos públicos, trámites | # Enlace permanente
Si usted espera que este tema haya sido tocado seriamente, el presente post, no es para usted!
Hoy es jueves. Se que venís desde el lunes pateando para más tarde, ese trámite que deberías haber hecho antes de fin de mes.
Pero vamos! No te dejes amedrentar! Luego de leer este post, contarás con un abanico de recursos tendientes a lograr que tu estadía en la oficina pública sea de tu agrado, y hasta es posible, aunque peques de incrédulo que vuelvas con tu trámite resuelto.
Que no darías por no tener que volver el viernes porque te olvidaste alguna papeleta? No perdamos más tiempo entonces, ahí van algunos tips.
Como primera medida, no se debe perder de vista que uno en una oficina pública, es un número: de cuit, de afiliado, de beneficiario, de legajo, de historia clínica, de cuenta, de expediente o de reclamo, pero número al fin. Entonces nuestra estrategia, debe apuntar directamente a pasar de esta entidad abstracta a convertirnos en personas.
Y no hay mejor opción para convertirnos en personas, que construir un vínculo con ese empleado con el que probablemente no te tomarías un café, ni compartirías una tarde de cine ni por putas, pero al que, la verdad sea dicha, te conviene tener de amigo.
En pro de este trato vincular, podrás componer de este abanico de posibilidades, el personaje que mejor se ajuste a tus condiciones actorales. Animate! No es necesario un curso previo de actuación en la escuela de Agustín Alesso, con poner cara de poker y una buena dosis de cinismo encubierto, estarás para el Oscar.
A saber:
-el adulador: el personaje adulador es observador y dueño de la más cálidas de las sonrisas. Realizará una mirada exhaustiva sobre el empleado con el objeto de descubrir aquella cualidad en la que se detendrá al momento que inicie su trámite. Luego de saludar amablemente expresará por ejemplo, qué bonito le parece ese floripondio con el que la empleada se sujeta el pelo, o destacará el trabajo artesanal de esos aretes con semillas de zapallo sellados en parafina. Elogiará las extensiones cosidas con hilo de matambre o se mostrará gratamente sorprendido por conocer a la primera persona cuyo color de ojos es violeta. Y esto es porque el personaje adulador, considera todo lo que hace a la estética del empleado, como atributo natural y destacádamente bello.
-el empático: este personaje requiere de la participación de algunos extra, que las circunstancias colocarán gratuitamente en tu camino. Estos extra son los justicieros, que en pro de la incompetencia y la demora en la atención, se pondrán a despotricar contra el sistema burocrático y a prodigar toda clase de agravios. Es ahí donde tu personaje entra en acción y con muestras exacerbadas expresará un libreto previamente memorizado en pro de colocarse en el lugar de ese “otro empleado”. Prodigará entonces, frases del tipo: “La verdad es que te compadezco, laburar acá!” “Qué barbaridad! que te traten así inmerecidamente” “Qué loca está la gente, che!”
-el solidario: el personaje solidario, estará atento a captar la necesidad del otro para satisfacerlo en cuanto culmine su trámite. Por supuesto, su intencionalidad será verbalizada con un breve interrogatorio, seguido de la frase “Pero por favor, si vos vas a resolverme esto! No me cuesta nada!” Entonces: si hace calor se ofrecerá a traerle una Coca-Cola bien helada, si hace frío un cafecito caliente, si tiene cara de estreñido, le conseguirá un Activia en el súper de los chinos, (que como te desenchufan las heladeras, sus poderes son más efectivos) y si se muestra muy alterado una cajita de tilo.
-el agradecido: este personaje entra en escena, luego de haber cumplimentado el trámite gracias a la puesta en práctica de los tips anteriores. Nunca hay que perder de vista que uno esta condenado a transitar en un futuro, esas oficinas. Es por eso, que el agradecido deberá poner en acción sus atributos para la repostería o invertir en una caja de Garotos o en su defecto unos Havanna. En ese caso, dejará obviamente de ser un número para pasar al lugar bastante más interesante y feliz, del de los alfajores o la del strudel de manzana.
Culminada esta guía práctica, estás en condiciones de realizar satisfactoriamente tu trámite.
Este ha sido un servicio más de “Movilidad Reducida” en pro de la disminución de obstáculos, en la vida cotidiana, para toda la comunidad de Clarín Blogs
Junio 20, 2008 | Por susani | # Enlace permanente
Lo más parecido al laberinto del terror, era el corredor hacia la puerta de salida del jardín de infantes y la escuela primaria a la que concurrí. Tenía dos cuartos laterales contigüos y abiertos. El espacio era una especie de mini museo de Ciencias Naturales. Podían encontrarse a simple vista:
- esqueletos.

- réplicas a tamaño real del sistema osteo-artro-muscular.

- animales embalsamados: monos, pajarrácos, especialmente un oso hormiguero, que al día de hoy vuelve en mis pesadillas de vez en cuando.

- frascos con formol cuyo contenido iba de sapos reventados, pasando por víboras de diversos largos, hasta llegar a fetos con malformaciones.

Entre otros, que por supuesto debo haber reprimido, porque no logro recordar demasiados detalles.
Nunca se utilizaron con fines didácticos.
Eso sí! salíamos todas en órden y calladitas!
Qué necesidad había de exponer a esas pobre niñitas angelicales, de escuelita de monjas, a semejante peregrinar de penitentes? Eh!
Cómo es que a nadie se le ocurrió, los efectos colaterales de la distribución del espacio físico?
Por suerte, tal como ha ocurrido en otros casos, algún alma criteriosa, en un acto altruista de prevención de la salud mental de las generaciones futuras, le dió al espacio, otra utilidad.
Junio 3, 2008 | Por susani | Claves: mitos urbanos, percance, telefono publico | # Enlace permanente

Bien conocidos por todos son los mitos urbanos y /o bromas pesadas, en relación al uso de teléfonos públicos. Conocer esta información lleva a una inspección ocular excesiva del aparato, antes de iniciar una llamada, justificada en la posibilidad de:
- ser objeto del contacto con la burundanga y terminar haciendo algo contra nuestra voluntad.
- pincharse con una aguja hipodérmica que contiene el virus del HIV, con la consiguiente posibilidad de infectarse.
- Llevarse a la oreja el tubo impregnado de materia fecal, con todo lo que eso implica. Puaj!
Por lo menos las citadas, tengo conciencia de haberlas escuchado en algún momento, pero la verdad sea dicha, nunca tuve el conocimiento real y concreto de alguien a quien le haya ocurrido algo de este talante. Pero fiel a mi condición, de “juntarme con gente rara”, sí conozco a alguien, que fue literalmente atrapada por un teléfono público.
Una tarde de primavera, mi amiga Anita, paseaba por la peatonal Laprida de Lomas de Zamora, que estaba de lo más concurrida. De repente, recuerda que debe realizar una llamada telefónica.
Nadie respondió del otro lado, por lo cual, cayeron las monedas hasta la base. Sucedió entonces, que cuando se dispuso a recuperarlas, algo se desprendió del interior del teléfono atrapando su mano.
Luego de hacer varios intentos por liberarse, y ver que la señora que estaba detrás esperando su turno, al no advertir lo sucedido comenzaba a impacientarse profiriendo un “te falta mucho querida?”, se convenció de que iba a necesitar ayuda.
Al rato, se estaba preguntando si hacía falta tanto operativo. La gente asombrada, comenzó a concentrarse a su alrededor y llegaron los bomberos, quienes comenzaron a maniobrar con herramientas, intentando liberarla. Pero fue imposible, ya que con cada movimiento, Anita veía las estrellas, así que pronto desistieron.
Por suerte, justo cuando Anita comenzaba a pensar que ese sería de ahí en adelante su nuevo hogar, llegaron de la compañía telefónica para solucionar el inconveniente y pudo ser liberada.
Volvió a casa a cualquier hora, sana y salva, previo paso por el hospital más cercano, pero con una historia urbana, real y concreta para relatar.
Y sí! Me junto con gente rara! Y qué?! Va con cariño Anita!
Y vos? Tenés historias urbanas y locas para compartir?