Traumas escolares
Lo más parecido al laberinto del terror, era el corredor hacia la puerta de salida del jardín de infantes y la escuela primaria a la que concurrí. Tenía dos cuartos laterales contigüos y abiertos. El espacio era una especie de mini museo de Ciencias Naturales. Podían encontrarse a simple vista:
- esqueletos.

- réplicas a tamaño real del sistema osteo-artro-muscular.

- animales embalsamados: monos, pajarrácos, especialmente un oso hormiguero, que al día de hoy vuelve en mis pesadillas de vez en cuando.

- frascos con formol cuyo contenido iba de sapos reventados, pasando por víboras de diversos largos, hasta llegar a fetos con malformaciones.

Entre otros, que por supuesto debo haber reprimido, porque no logro recordar demasiados detalles.
Nunca se utilizaron con fines didácticos.
Eso sí! salíamos todas en órden y calladitas!
Qué necesidad había de exponer a esas pobre niñitas angelicales, de escuelita de monjas, a semejante peregrinar de penitentes? Eh!
Cómo es que a nadie se le ocurrió, los efectos colaterales de la distribución del espacio físico?
Por suerte, tal como ha ocurrido en otros casos, algún alma criteriosa, en un acto altruista de prevención de la salud mental de las generaciones futuras, le dió al espacio, otra utilidad.
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Madre mía… A qué colegio fuiste??? Amy, qué le hiciste????
En mi escuela teníamos un esqueleto verdadero colgando en el aula. A veces lo disfrazábamos y las monjas nos ponían en penitencia. Pero todo ese bicherío. De terror.
Mi primer ginecólogo tenía un feto de varios meses en un frasco en formol. Y una vecina mía tenía en el ropero un frasquito con su apéndice.
Qué linda estás en la foto!! Bueno, a mí no me sorprende porque te conozco personalmente.
Besos!