Lilian era hija de un par de rusos que la dieron a luz en Nueva York en 1917. Autodidacta, libre y radical, se fue a convivir con su novio a los 15 años, un tal Paul Himmel, a quien conocía desde que ella tenía seis años y él, nueve.
En 1935, viendo que todo estaba bien, se casaron … y vivieron juntos hasta la muerte de Himmel en 2009.
Para el que estudia fotografía Bassman es referencia inevitable porque renovó la fotografía de la moda con sus reportajes para la revista Harper’s Bazaar, para la que trabajó casi en exclusiva desde 1950 a 1965, marcando el canon a seguir en el tema, todavía vigente.
Al estudiar diseño textil, Lilian tuvo como profesor a Alexey Brodovitch, que con el tiempo se convertiría en el mítico director de arte que colocó a Harper’s Bazaar entre las publicaciones fotográficas de más calidad del mundo. Sin embargo el primer trabajo de Bassman fue como costurera en los desfiles de temporada que organizaba la revista. Su curiosidad y desenfado la empujaron a dar consejos sobre iluminación, lo que le valió una frenada brusca de sus jefes: “Te hemos traído aquí para coser botones, no para hacer arte“.
Como siempre, sólo hay que esperar…y el momento justo llegó con el nombramiento de Brodovitch como responsable artístico.
Bassman empezó a firmar sus primeros editoriales de moda, primero en Junior Bazaar, la revista juvenil de la empresa, y luego en la publicación matriz. Vivía y dejaba vivir, reconociendo el talento donde lo veía. Así recomendó a Richard Avedon y a Irving Penn para trabajar en Harper’s.
Los reportajes de Bassman, siempre en blanco y negro y con un alto grado de contraste y grano muy grueso, establecieron el canon del estilo elegante e impecable de las fotos de moda que luego desarrollarían Richard Avedon
Dovima con elefantes (1955).Avedon
e Irving Penn.
Irving Penn
Luego, durante casi dos décadas, todo se olvidó y sus negativos criaron polvo en los archivos.
Bassman explicó que perdió la ilusión por las fotos de moda en los años setenta. “Yo ya no era la estrella. La modelo era la estrella. El peluquero era la estrella. Estaban ocupando el lugar del fotógrafo y eso me volvía loca. El fotógrafo dejó de importar y las sesiones eran muy aburridas”.
A mediados de los años noventa, diseñadores como John Galliano reivindicaron el estilo elegante, sugerente y basado en brochazos de luz de Bassman, que también pintaba (su artista favorito era El Greco).
Como fotógrafa no abandonó nunca su pasión, pero en los últimos años cambió de estilo y se concentró en obras experimentales realizadas casi por entero con programas informáticos de edición de imágenes.
La empresa editora de Harper’s Bazzar hizo público un comunicado lamentado la muerte de Bassman. “Cambió la historia de la moda, la fotografía y la manera de ver a las mujeres. La sensualidad que imbuía a su trabajo era extraordinaria. Era una visionaria, una pionera”.
Afrodita estaba celosa de la belleza de una mujer mortal llamada Psique.
Pidió a Eros que usara sus flechas doradas para hacer que Psique se enamorase del hombre más feo del mundo. Eros accedió pero terminó enamorándose él mismo de Psique, o puede que se pinchase con una flecha dorada por accidente.
El beso. Jean-Paul Baptiste. El Rosedal, Palermo, Buenos Aires.
Mientras tanto, los padres de Psique estaban preocupados por mantener soltera a su hija. Consultaron un oráculo que les dijo que ella no estaba destinada a ningún amante mortal, sino a un monstruo que vivía en la cima de cierta montaña.
Psique se resignó a su destino y subió a la cumbre de la montaña. Allí Céfiro, el viento del oeste, la bajó flotando suavemente hasta una cueva de la montaña. Psique entró y se sorprendió de hallarla llena de joyas y adornos.
Eros le visitaba cada noche en la cueva y hacían el amor. Le pidió solo que no encendiese jamás ninguna lámpara porque no quería que Psique supiera quién era (sus alas le hacían inconfundible).
Sus dos hermanas, celosas de ella, la convencieron para encender una lámpara de noche mientras él dormía y Psique así lo hizo, reconociéndolo al instante. Una gota de aceite caliente cayó de la lámpara al pecho de Eros y éste se despertó y huyó volando.
Psique renovada por el beso del amor. Neoclásico. Antonio Canova. Siglo XVIII
Cuando Psique contó a sus celosas hermanas mayores, éstas se regocijaron secretamente y cada una de ellas fueron por separado a la cima de la montaña e hicieron como Psique les había dicho para entrar en la cueva, esperando que Eros las preferiría a ellas. Céfiro no las cogió y murieron a caer hasta la base de la montaña.
Psique buscó a su amante por buena parte de Grecia, tropezando finalmente con un templo a Deméter, donde el suelo estaba cubierto de montones de grano mezclado.
Empezó a ordenar el grano en montones ordenados y, cuando hubo terminado, Deméter le habló, diciéndole que la mejor forma de encontrar a Eros era buscar a su madre, Afrodita, y ganarse su bendición.
Psique encontró un templo a Afrodita y entró en él. Afrodita le asignó una tarea similar a la del templo de Deméter, pero le dio un plazo imposible de cumplir. Eros intervino, pues aún la amaba, e hizo que las hormigas ordenaran el grano por ella.
Afrodita se enfureció por este éxito de Psique y le dijo que fuese a un campo donde pastaban unas ovejas doradas y consiguiese lana de oro. Psique fue al campo y vio las ovejas, pero fue detenida por el dios del río que tenía que cruzar para llegar al campo.
Cam de León. Ilustrador digital de películas como Ghostbusters, Hook, The Sum of All Fears and Cat in the Hat.
Éste le dijo que las ovejas eran malas y crueles y podían matarla, pero que si esperaba hasta mediodía, las ovejas irían a buscar la sombra en el otro lado del campo y se dormirían, y que entonces podría coger la lana enganchada en las ramas y la corteza de los árboles. Psique así lo hizo y Afrodita se enfureció todavía más al ver que había sobrevivido y superado su prueba.
Por último, Afrodita afirmó que el estrés de cuidar a su hijo, deprimido y enfermo como resultado de la infidelidad de Psique, había provocado que perdiese parte de su belleza.
Psique tenía que ir al Hades y pedir a Perséfone, la reina del inframundo, un poco de su belleza que Psique guardaría en una caja negra que Afrodita le dio. Psique fue a una torre, decidiendo que el camino más corto al inframundo sería la muerte.
Una voz la detuvo en el último momento y le indicó una ruta que le permitiría entrar y regresar aún con vida, además de decirle cómo pasar a Cerbero, Caronte y los otros peligros de dicha ruta. Psique apaciguó a Cerbero, el perro de tres cabezas, con un pastel dulce de miel y pagó a Caronte un óbolo para que le llevase al Hades.
En el camino, vio manos que salían del agua. Una voz le dijo que les tirase un pastel de miel. Una vez allí, Perséfone dijo que estaría encantada de hacerle un favor a Afrodita. Una vez más pagó a Caronte, tiró el pastel a las manos, y le dio uno a Cerbero.
Psique abandonó el inframundo y decidió abrir la caja y tomar un poco de la belleza para sí misma, pensando que si hacia esto Eros le amaría con toda seguridad. Dentro estaba un «sueño estigio» que la sorprendió.
Eros, que le había perdonado, voló hasta su cuerpo y limpió el sueño de sus ojos, suplicando entonces a Zeus y Afrodita su permiso para casarse con Psique. Éstos accedieron y Zeus hizo inmortal a Psique. Afrodita bailó en la boda de Eros y Psique, y el hijo que éstos tuvieron se llamó Placer o (en la mitología romana) Volupta.
In Voluptas Mors. Surrealismo. Foto de Phillippe Halsman de tableau vivant diseñado por Dalí
Caminamos varias cuadras bajo el sol apacible de esta tardecita de votación, agarraditos de la mano. Subimos una escalera laaaaaaaarga y esperamos pacientemente la cola. El jovencito agarró el sobre, el papel indicado, esperó que yo lo doblara y guardara y presionamos juntos para que estuviera bien cerradito. Costó meterlo en la urna porque la hendija es finita para su motricidad fina…¡¡ pero lo logramos !!. Luego recibió el documento (sí, el de la abuela bah!!), los saludos correspondientes de la jefa de mesa y nos fuimos felices.
MUY FELICES…LO DEMÁS NO IMPORTA NADA…!!!!!!!!!!!!!!!
Para todos aquéllos hermosos padres que, con pequeñas motitas de luz cada día, pintan el cuadro viviente de sus hijos…
Georges Seurat-Ein Sonntagnachmittag auf der Insel La Grande Jatte
********Óleo sobre tela, de 205,7 × 305,8 cm, fue realizado entre 1884 y 1886 con la técnica del puntillismo creada por su autor Georges Seurat y se encuentra en el Art Institute de Chicago.***********
Sobre este notable pintor llama la atención el inefable Vargas Llosa en su “Caca de Elefante” donde, después de visitar la Royal Academy of the Arts (donde Chris Ofili,
de 29 años, alumno del Royal College of Art, estrella de su generación según un
crítico, monta sus obras sobre bases de caca de elefante solidificada)…o la Bienal de Venecia y observar las obras “maestras” de algunos artistas modernos relata
“yo advertí que algo andaba podrido en el mundo del arte hace exactamente treinta y siete años, en París,
cuando un buen amigo, escultor cubano, harto de que las galerías se negaran a
exponer las espléndidas maderas que yo le veía trabajar de sol a sol en su
chambre de bonne, decidió que el camino más seguro hacia el éxito en materia de
arte, era llamar la atención. Y, dicho y hecho, produjo unas `esculturas’ que
consistían en pedazos de carne podrida, encerrados en cajas de vidrio, con
moscas vivas revoloteando en torno. Unos parlantes aseguraban que el zumbido de
las moscas resonara en todo el local como una amenaza terrífica. Triunfó, en
efecto, pues hasta una estrella de la Radio-Televisión Francesa, Jean-Marie
Drot, le dedicó un programa…”
Hacia el final, don Mario recupera la felicidad estética…
A pocas cuadras de la Royal Academy, en Trafalgar Square, en el pabellón moderno
de la National Gallery, hay una pequeña exposición que debería ser obligatoria
para todos los jóvenes de nuestros días que aspiran a pintar, esculpir,
componer, escribir o filmar. Se llama Seurat y los bañistas y está dedicada al
cuadro Los bañistas de Asniéres, uno de los dos más famosos que aquel artista
pintó (el otro es Un domingo en La Grande Jatte), entre 1883 y 1884. Aunque
dedicó unos dos años de su vida a aquella extraordinaria tela, en los que, como
se advierte en la muestra, hizo innumerables bocetos y estudios del conjunto y
los detalles del cuadro, en verdad la exposición prueba que toda la vida de
Seurat fue una lenta, terca, insomne, fanática preparación para llegar a
alcanzar aquella perfección formal que plasmó en esas dos obras maestras.
En Los bañistas de Asniéres esa perfección nos maravilla -y, en cierto modo,
abruma- en la quietud de las figuras que se asolean, bañan en el río, o
contemplan el paisaje, bajo aquella luz cenital que parece estar disolviendo en
brillos de espejismo el remoto puente, la locomotora que lo cruza y las
chimeneas de Passy. Esa serenidad, ese equilibrio, esa armonía secreta entre el
hombre y el agua, la nube y el velero, los atuendos y los remos, son, sí, la
manifestación de un dominio absoluto del instrumento, del trazo de la línea y la
administración de los colores, conquistado a través del esfuerzo; pero, todo
ello denota también una concepción altísima, nobilísima, del arte de pintar,
como fuente autosuficiente de placer y como realización del espíritu, que
encuentra en su propio hacer la mejor recompensa, una vocación que en su
ejercicio se justifica y ensalza. Cuando terminó este cuadro, Seurat tenía
apenas 24 años, es decir, la edad promedio de esos jóvenes estridentes de la
muestra Sensación de la Royal Academy; sólo vivió seis más. Su obra, brevísima,
es uno de los faros artísticos del siglo XIX. La admiración que ella nos
despierta no deriva sólo de la pericia técnica, la minuciosa artesanía, que en
ella se refleja. Anterior a todo eso y como sosteniéndolo y potenciándolo, hay
una actitud, una ética, una manera de asumir la vocación en función de un ideal,
sin las cuales es imposible que un creador llegue a romper los límites de una
tradición y los extienda, como hizo Seurat. Esa manera de `elegirse artista’
parece haberse perdido para siempre entre los jóvenes impacientes y cínicos de
hoy que aspiran a tocar la gloria a como dé lugar, aunque sea empinándose en una
montaña de mierda paquidérmica.
georges seurat
La renovación puntillista originada en Georges Seurat, y sus seguidores -Signac y Camille y Lucien Pissarro-, influyó en artistas postimpresionistas, como Kandinsky o Klee. Deseosos de extraer de los principios impresionistas un arte más pensado, Seurat y Signac exponen a partir de 1886 los primeros ensayos del método divisionista, garante de un resplandor más luminoso en composiciones sabiamente ordenadas. En unos cuantos años, el neoimpresionismo se convierte en un auténtico movimiento artístico que reúne a numerosos artistas en Francia y en Europa, todo ello gracias a un solo hombre: Georges Seurat.
Poeta español nacido en Sevilla en 1908 en el seno de una familia de alta burguesía. Desde niño estudió en colegios privados de órdenes religiosas y en 1926 ingresó a la Universidad de Granada para iniciar sus estudios de Derecho, trabando amistad allí con Federico García Lorca cuyo estilo poético marcó toda su carrera. La obra poética de Rafael de León está dividida en dos grandes apartados: poesías propiamente dichas, y letras para canciones. En casi toda su obra, inspirada en ambientes muy típicos de Andalucía, se refleja el gracejo popular andaluz. Entre sus obras más destacadas figuran: «Pena y alegría del amor», «Profecía» y «Romance de la serrana loca».Falleció el poeta en la ciudad de Madrid, en 1982.
A Sigfrido se le había subido lo del dragón a la cabeza, y decidió que un héroe como él había de casarse con la princesa de sangre más azul que pudiera encontrarse. Por aquel entonces la princesa más princesa que había era Crimilda, la hermana del rey Gunter, que vivía en el reino de Burgundia. Sigfrido emprendió su viaje al tiempo que reconquistaba las tierras de su padre, y dicen que recorrió todo el mundo (aunque “todo el mundo” por aquellos tiempos eran un par de hectáreas alrededor del Rhin) hasta llegar a Burgundia. Tras ese año, Sigfrido era un héroe de renombre, y Gunter estaba encantado con que se casara con Crimilda, pero decidió sacarle provecho a la situación. Le dijo que accedería a que se casara con su hermana si le conseguía a la valquiria Brunilda. Sigfrido aceptó y se fueron todos a Islandia, donde habitaba su madre Brunilda.
Allí fueron Gunter, Sigfrido, Hagel (un guerrero malo y envidioso) y el trovador Volker. Al llegar a Islandia, vieron unos muros de fuego en la playa. Cuando Sigfrido se iba acercando, las llamas disminuían, dejando al descubierto una árbol de plata que crecía en el interior de una hoguera. Sigfrido se siguió acercando, y la última hoguera se apagó y apareció, dormida, la valquiria Brunilda, madre de Sigfrido. Había sido castigada por Odín a dormir envuelta en llamas hasta que llegara el poseedor de la Balmunga.
Brunilda es salvada por su hijo Sigfrido, ella le tira los tejos a su retoño y pasa olímpicamente de Gunter, que al fin y al cabo, es el que ha financiado el crucero a Islandia. Pero Gunter no se dio por vencido tan facilmente, y le dijo a Brunilda que haría lo que fuera para conseguirla. Ella, convencida de la inutilidad de su pretendiente, le impuso tres pruebas: la prueba de la piedra, la del escudo y la del salto.
1. La prueba del salto
Todos los asistentes a la prueba se colocaron en la fortaleza de Brunilda. La primera participante, Brunilda la Valquiria, en representación de Islandia, ejecuta un salto brillante que la hace volar por encima de la fortaleza hasta un campito cercano. El segundo participante, el rey Gunter , en representación de Burgundia, salta aún más lejos que la islandesa ante la incredulidad de los jueces, que creían que ese era el día en que se consumaría el suicidio del monarca. Lo que ellos no sabían es que Sigfrido, usando su anillo, se había vuelto invisible y había saltado con Gunter entre sus brazos, limitándose este último a poner posturita de superman saltador.
2. La prueba de la piedra
Bajo un nombre prometedor, esta prueba consistía básicamente en tirar una roca lo más lejos posible desde el promontorio famoso. La delicada Brunilda agarra la roca de dos toneladas y la tira a varios kilómetros de allí. Gunter, que debía de estar algo fondón, levanta la piedra también, con la ayuda invisible de Sigfrido la mandar a tomar viento fresco. Brunilda se tira de los pelos ante la perspectiva de matrimonio con Gunter.
3. La prueba del escudo
Esta es la prueba definitiva que Gunter tendrá que superar para llevarse a Brunilda a casita. Otra prueba de fuerza en la que hay que derribar al adversario que se protege con un escudo haciendo uso de una lanza. Gunter es el primero en sujetar el escudo, con la ayuda de Sigfrido claro, y sale airoso de la brutal acometida de Brunilda. Sin embargo, Sigfrido es herido en el labio, y una gota de sangre cae al suelo, gota que parece proceder de ningún sitio. Finalmente, Gunter derriba a la valquiria con la lanza, y a esta no le queda más remedio que declararse vencida.
Las bodas
Finalmente Gunter y Brunilda se casaron, muy en contra de la voluntad de esta última, y a Sigfrido por fin se le dio la mano de Crimilda. Brunilda, mortificada por estar casada con tal calzonazos, en vez de con el héroe Sigfrido, le preguntó una y otra vez por qué había permitido que su hermana se casara con un plebeyo como Sigfrido. Gunter se hacía el loco, hasta que Brunilda se cansó y lo ató de pies y manos con su cinturón y lo colgó por la ventana. Ella se fue tranquilamente a dormir y por la mañana lo sacó de allí. Esto lo repitió tres noches, hasta que Gunter decidió tomar medidas, es decir, chivarse a Sigfrido. El héroe pensó que lo mejor sería usar el anillo, que permitía mutar de forma, y hacerse pasar por Gunter la próxima noche. Así lo hizo, atizó bien a Brunilda y además se llevó el famoso cinturón, que escondió en un cajón. Pero este cinturón fue encontrado por su esposa, Crimilda, y creyendolo un regalo, se lo puso un buen día. Cuando Sigfrido lo vio, se puso muy nervioso y le dijo a su esposa que se lo diera, rápido, para tirarlo al Rhin. Ella le pidió una causa, y el dijo que era un secreto. Ella se puso celosa, ya que no era uso de aquellos tiempos que los hombres guardaran cinturones de mujer en los cajones, y Sigfrido se vio obligado a revelar el secreto.
La Navidad está muy cerca, sólo faltan dos días para que nazca el niño Dios. Javier y Ana son dos pequeños de nueve y siete años, que viven en un barrio muy pobre en la parte alta de la ciudad, a los dos les gusta ver los lindos escaparates llenos de juguetes, no les importa bajar unas empinadas cuestas que les llevan hasta el centro, allí pasan desapercibidos en medio de las personas que hacen las últimas compras antes de la Nochebuena. Esa tarde hace mucho frío, a los dos les quedan pequeños sus zapatos, su madre le ha dicho a la niña que se ponga los de su hermano, pero estos le quedan grandes y le molestan, por lo cual prefiere andar descalza.
Javier le pregunta a su hermana si se anima a dar un paseo. La niña, que cubre sus pies con una vieja manta, de un salto se pone en pie y le dice que sí con un gesto de cabeza. Al salir se miran en un trozo de espejo que hay junto a la puerta, recuerdan que su madre les dice que no salgan con la cara sucia, los dos la tienen, cierran la puerta y cruzan hasta una pequeña acequia donde recogen el agua para la casa. Ana introduce su manita en el agua y la saca muy rápido al tiempo que dice:
- Está muy fría.
Los dos de nuevo se miran y echan a correr con una amplia sonrisa, mientras Ana se restriega la mano helada sobre su ropa.
Antes de llegar al centro hay una pequeña ermita. Está abierta. Los niños se asoman a la puerta. El Belén está encendido. Los dos se acercan a verlo. Ana sonríe satisfecha, cuando ve que el hermoso niño Jesús también está descalzo, se mira los pies, y piensa que no debe de ser tan malo ir descalzo, si el niño Jesús tampoco lleva zapatos. No puede remediar acariciar el pie del niño y este parece volver sus ojitos hacia ella, al tiempo que le sonríe.
Continúan su paseo hasta las calles más céntricas. Siempre se paran a ver los mismos escaparates. Ana mira las hermosas muñecas de largos cabellos y Javier mira embelesado los lindos soldaditos de alegres uniformes. De paso a otra calle donde hay más juguetes, cruzan delante de una pastelería, está llena de gente y hasta ellos llega un rico aroma a dulces. Se acercan al escaparate, pegan sus caritas al cristal, ven los deliciosos pasteles, se miran los dos y piensan lo que darían por comer uno de ellos. El exquisito olor no les deja separase del cristal. De espaldas a ellos, una niña algo más grande, está con su madre esperando que las atiendan, de pronto se vuelve y sus miradas se cruzan, la niña le dice algo a su madre y ella se vuelve a mirarlos. La señora le susurra algo a su hija y esta se dirige a la puerta. Cuando llega a ella, los llama con un gesto de la mano, los dos hermanos se miran y no saben qué hacer, piensan que han hecho algo malo, pero la niña les sonríe y ellos se acercan. Les dice que entren y que elijan un dulce que su mamá se los compra. Ana piensa en la mirada del niño Jesús y entra decidida, Javier tiene miedo, pero la niña le empuja suavemente hasta el mostrador. La señora les pregunta cuál quieren y ellos, que no tienen ni idea de elegir, le dicen que uno, pero que por favor se lo den envuelto en un papel para compartirlo con su madre. La señora emocionada pide una bandeja con seis hermosos pasteles, se los da a los pequeños junto a un beso y les desea feliz navidad, igual que la niña.
Catedral de Santa Ana-Las Palmas de la Gran Canaria
Los pequeños salen de la pastelería apretando muy fuerte aquel pequeño tesoro, que es la bandeja de dulces. Javier le dice a la niña:
- Ana, será nuestra primera navidad con dulces.
La pequeña no deja de pensar en la mirada del niño Jesús. De pronto empieza a llover muy fuerte, los dos corren, tratando de cubrir con sus cuerpos los dulces, pero la lluvia es torrencial y se meten en un portal. Ana empieza a sentir el frío en los pies y tirita un poco, pero sigue agarrada a la mano de su hermano. Se pregunta si les dieron las gracias a la señora y la niña. Todo ocurrió como un sueño, y no lo recuerda. La fuerte lluvia hace que el agua corra por la acera como por la acequia de su barrio, flotando sobre el agua pasa un trozo de papel, la niña se agacha a recogerlo, se ve la foto de un pesebre, hay unos números, se lo enseña a su hermano y este con algo de dificultad lee:
- Lotería Nacional.
Y una fecha:
- 22 de Diciembre, esto es de hoy -dice Javier, quien recuerda que por la mañana escuchó la radio de un vecino, y allí unos niños cantaban números y premios.
Se asoman a la calle a ver si se le ha caído a alguien, pero no hay nadie, todos se han refugiado en portales o tiendas. Ana mira al niño del dibujo en el pesebre y le dice a su hermano
- Mira, Javier, tiene la misma sonrisa del niño de la Ermita.
Javier trata de secar el papel, pero curiosamente está seco. Lo guarda con mucho esmero en su bolsillo. Muy cerca de donde están él sabe que hay un lugar donde se venden esos papelitos. Cuando deja de llover se acercan a la pequeña tienda. En la puerta hay un cartel que anuncia que allí fue vendido El Gordo. Javier no sabe qué significa, pero el número está en letras grandes: 1947. Saca el papelito de su bolsillo y comprueba que es el mismo número. Él no entiende de premios, pero cree que el que tiene en su bolsillo es El Gordo. Agarra muy fuerte la mano de su hermana, mientras sujeta con la otra los dulces y le dice
- Ana, vamos de prisa a ver al niño Jesús, creo que a partir de hoy tendremos una Navidad distinta.
Y se alejan corriendo dispuestos a subir la empinada cuesta como si tuvieran alas en sus pies descalzos.
En el número de los tontos,
hay una secta de hipócritas que se dedican continuamente a engañarse a sí mismos y a engañar a los otros,
más a los otros que a sí mismos, aunque de hecho se engañan más a sí mismos que a los otros.
Y son éstos los que reprenden a los pintores, porque estudian los días de fiesta cosas atingentes al verdadero conocimiento de todas las figuras con que se muestran las obras de la naturaleza y,
solícitamente, se ingenian en adquirir ese conocimiento hasta donde les es posible.
Aforismo de Leonardo Da Vinci que él aplicó a los críticos y que yo aplicaría a los remedos de políticos, que no lo son en verdad, sino aprovechadores del poder público.
¿Cuándo dejarán las fiestas para estudiar los verdaderos problemas que aquejan a nuestra naturaleza, en nuestro país?
Soy como quiero ser. A veces me sale, a veces no. Tengo que sacar lo que pasa por mi mente, tengo que sacar afuera todo lo que sé. Cuando encuentro algo desconocido, lo estudio, lo enseño, lo transmito. Sólo muestro los peldaños que subo para que les sirvan a los demás en el mismo ascenso...Soy.
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