Lilian era hija de un par de rusos que la dieron a luz en Nueva York en 1917. Autodidacta, libre y radical, se fue a convivir con su novio a los 15 años, un tal Paul Himmel, a quien conocía desde que ella tenía seis años y él, nueve.
En 1935, viendo que todo estaba bien, se casaron … y vivieron juntos hasta la muerte de Himmel en 2009.
Para el que estudia fotografía Bassman es referencia inevitable porque renovó la fotografía de la moda con sus reportajes para la revista Harper’s Bazaar, para la que trabajó casi en exclusiva desde 1950 a 1965, marcando el canon a seguir en el tema, todavía vigente.
Al estudiar diseño textil, Lilian tuvo como profesor a Alexey Brodovitch, que con el tiempo se convertiría en el mítico director de arte que colocó a Harper’s Bazaar entre las publicaciones fotográficas de más calidad del mundo. Sin embargo el primer trabajo de Bassman fue como costurera en los desfiles de temporada que organizaba la revista. Su curiosidad y desenfado la empujaron a dar consejos sobre iluminación, lo que le valió una frenada brusca de sus jefes: “Te hemos traído aquí para coser botones, no para hacer arte“.
Como siempre, sólo hay que esperar…y el momento justo llegó con el nombramiento de Brodovitch como responsable artístico.
Bassman empezó a firmar sus primeros editoriales de moda, primero en Junior Bazaar, la revista juvenil de la empresa, y luego en la publicación matriz. Vivía y dejaba vivir, reconociendo el talento donde lo veía. Así recomendó a Richard Avedon y a Irving Penn para trabajar en Harper’s.
Los reportajes de Bassman, siempre en blanco y negro y con un alto grado de contraste y grano muy grueso, establecieron el canon del estilo elegante e impecable de las fotos de moda que luego desarrollarían Richard Avedon
Dovima con elefantes (1955).Avedon
e Irving Penn.
Irving Penn
Luego, durante casi dos décadas, todo se olvidó y sus negativos criaron polvo en los archivos.
Bassman explicó que perdió la ilusión por las fotos de moda en los años setenta. “Yo ya no era la estrella. La modelo era la estrella. El peluquero era la estrella. Estaban ocupando el lugar del fotógrafo y eso me volvía loca. El fotógrafo dejó de importar y las sesiones eran muy aburridas”.
A mediados de los años noventa, diseñadores como John Galliano reivindicaron el estilo elegante, sugerente y basado en brochazos de luz de Bassman, que también pintaba (su artista favorito era El Greco).
Como fotógrafa no abandonó nunca su pasión, pero en los últimos años cambió de estilo y se concentró en obras experimentales realizadas casi por entero con programas informáticos de edición de imágenes.
La empresa editora de Harper’s Bazzar hizo público un comunicado lamentado la muerte de Bassman. “Cambió la historia de la moda, la fotografía y la manera de ver a las mujeres. La sensualidad que imbuía a su trabajo era extraordinaria. Era una visionaria, una pionera”.
Caminamos varias cuadras bajo el sol apacible de esta tardecita de votación, agarraditos de la mano. Subimos una escalera laaaaaaaarga y esperamos pacientemente la cola. El jovencito agarró el sobre, el papel indicado, esperó que yo lo doblara y guardara y presionamos juntos para que estuviera bien cerradito. Costó meterlo en la urna porque la hendija es finita para su motricidad fina…¡¡ pero lo logramos !!. Luego recibió el documento (sí, el de la abuela bah!!), los saludos correspondientes de la jefa de mesa y nos fuimos felices.
MUY FELICES…LO DEMÁS NO IMPORTA NADA…!!!!!!!!!!!!!!!
“Hay quienes se quejan ahora por la liberación del odontólogo Barreda, como también ocurrió hace poco con el asesino y violador Elicabe y con quienes mataron al fotógrafo Cabezas.
“En realidad, la queja debería dirigirse puntualmente contra la ideología que dio lugar a la ley del «dos por uno», cuyos mentores fueron, respectivamente, el entonces presidente Raúl Alfonsín y Eduardo Zaffaroni, actual ministro de la Corte Suprema, designado en ese cargo por el kirchnerismo.
“Esa nefasta ley que provocó la prematura liberación de incontables criminales de todo tipo fue una directa consecuencia de la aplicación de la ideología garantista, parte sustancial del autodenominado «progresismo».
“Una ideología que pese a toda la experiencia negativa acumulada perdura en diversas normas de nuestra legislación penal, en la mentalidad de ciertos jueces y en la enseñanza de numerosas facultades de Derecho, causando graves daños a la sociedad.
“Barreda, simplemente, es un beneficiario más de esa ideología y probablemente no de los más peligrosos. Los culpables de esta triste situación son otros.”
me pareció una visión acertada…pero tibia…y no sólo a mí me lo pareció, porque hubo un comentario posterior con el que estoy más de acuerdo:
Abolicionismo penal en la Argentina
Señor Director:
“La carta publicada el pasado domingo bajo el título «Barreda y el garantismo», escrita por el señor Roque A. Sanguinetti, ha precisado con acierto que el aumento de la delincuencia en su número y agresividad, sufrida por el país desde el año 1984 en adelante, se debe principalmente a una política cuya ideología tendió a la descriminalización.
“Parece conveniente apuntar que esa política aplicada en nuestro país luego de ser rechazada en los países de Europa central, fue mal llamada aquí «garantista» debiendo haber recibido el nombre que le pusieron los inspiradores originales de la teoría, o sea, «abolicionista», pues las «garantías» son derechos que les otorga la Constitución Nacional a los ciudadanos. En cambio, los caminos hacia la impunidad delictiva, que constituye la disminución a su mínima expresión de la sanción penal, tratan de destruir la acción punitiva del Estado, base fundamental de la organización social en tanto custodia de los valores éticos fundamentales de ésta. Precisamente, esta postura aplicada en nuestro país debe ser denominada «abolicionista», o sea, disminución del sistema penal hasta donde pueda ser impuesto.
“El gobierno del doctor Alfonsín promulgó de inmediato, al hacerse cargo, diversas leyes que el Congreso rápidamente aprobó. Entre otras normas, se dictaron aquellas que ampliaron excesivamente el régimen de la excarcelación de los acusados detenidos por ser hallados prima facie culpables de diversos delitos. La misma ley estableció que cualquiera que fuera el delito reprochado, transcurridos dos años sin que se hubiese dictado sentencia, debía ponerse en libertad a cualquiera que hubiese sido acusado del homicidio más horrendo. Se estableció también que los condenados hasta 3 años de prisión no cumplieran hasta en dos oportunidades con la pena impuesta por el juez. Prácticamente se derogó al igual el sistema de agravamiento de la pena a los reincidentes en el delito, se redujo en una tercera parte la pena que estaban cumpliendo los delincuentes llamados comunes; a los subversivos se les disminuyó la sanción a la mitad del tiempo.
“Luego se derogaron varios delitos y se disminuyeron las penas de otros muchos, como en el caso de las lesiones, el uso de armas de fuego, diversas clases de hurtos, robo con violencia en las personas, todo tipo de estafas, ocupación ilegal de inmuebles, apología del crimen, etcétera.
“En 1987 se disminuyó la posibilidad de incomunicación de los detenidos de 10 días a 6 días.
“Debe destacarse que la llamada ley de «dos por uno» que aún hoy sigue beneficiando, por la aplicación del principio de benignidad, a delincuentes de la peor laya fue aprobada durante el gobierno del doctor Menem, siendo derogada durante la presidencia del doctor De la Rúa en el año 2001.
“Por último es importante resaltar que como conclusión de la destrucción que se produjo de muchas disposiciones penales y procesales protectoras de la población, la Argentina hoy es el único país en el que una persona puede, contando desde los 17 años a los 38 años, cometer ocho delitos, ser descubierta e investigada por esos mismos delitos, por los que les correspondería condena y a pesar de ello no recibió prisión por un solo día.
“Sugiero que una próxima e inevitable reforma al sistema penal integralmente considerado se ocupe en primer término del tratamiento de recuperación moral de los menores, para cuya impunidad deberá fijarse una edad más baja a la hoy vigente.
“Todo delito deberá tener una sanción que no necesariamente sea privativa de libertad. No hace falta aumentar las penas, basta en general aplicar las que la ley prevé. Sí parece indispensable modificar la parte general del Código Penal para que las sentencias judiciales se cumplan y no sean en muchos casos letra muerta, convirtiéndose en el hazmerreír de la delincuencia.”
Roberto Durrieu
Profesor titular consulto de la Universidad Católica Argentina
SAQUÉMONOS LA CARETA, Y EMPECEMOS A HACER LO QUE CORRESPONDE. AL SINVERGÜENZA, CASTIGO. A MUCHOS DE LOS POLÍTICOS, LA ESPALDA Y EL OLVIDO. A ESTOS JUECES, DESCRÉDITO.
LA CASA SE CAE CUANDO LOS CIMIENTOS ESTÁN MAL PUESTOS…Y LAS AUTORIDADES SON LOS CIMIENTOS DE LA SOCIEDAD EN QUE VIVIMOS.
ESTE SÍ QUE ES TEMA DE ACTUALIDAD… LOS INVITO A LEER Y MEDITAR
Ensayo para ser leído y discutido en reunión del club de historiadores y anticuarios
de Hartford, propuesto para el premio de treinta dólares (1).
Ahora publicado por primera vez.
OBSERVEN BIEN, NO PRETENDO insinuar que la costumbre de mentir haya sufrido
decadencia o interrupción algunas… no. Y es que la mentira, en tanto virtud y principio, es
eterna; la mentira en tanto recreación, respiro y refugio en tiempos de necesidad, la Cuarta
Gracia, la Décima Masa, la mejor y más segura amiga del hombre, es inmortal, y no
desaparecerá de la faz de la tierra mientras exista este club.
Mi queja se refiere sólo a la decadencia del arte de mentir. Ningún hombre de principios,
ninguna persona en sus cabales, puede ser testigo de la forma de mentir torpe y descuidada
de la época presente, sin dolerse de ver tan noble arte así prostituido. En presencia de tan
nutrido grupo de veteranos, naturalmente abordo el terna de manera tentativa; soy como
una solterona tratando de enseñar puericultura a quienes han sido madres por milenios. No
me quedaría bien criticarlos a ustedes, caballeros, pues todos son mayores que yo —y
superiores a mí en este asunto— y, por ende, si de vez en cuando parezco hacerlo, confíen
en que, en la mayor parte de los casos, lo hago con espíritu de admiración más que por
buscarles los defectos. Es más, si ésta, la más bella de las bellas artes, hubiera recibido en
otras partes la atención, el aliento, la práctica consciente y el desarrollo que ha recibido en
el presente club, no necesitaría yo pronunciar este lamento o derramar lágrima alguna. No
lo digo para adularlos: lo digo en un espíritu de reconocimiento y apreciación justos.
(En este punto había tenido la intención de mencionar nombres y dar ilustraciones de
especimenes precisos, pero los indicios observables a mi alrededor me aconsejaron evitar
los detalles y ceñirme a las generalidades.) No existe hecho más firmemente establecido que el de considerar la mentira como una
necesidad de nuestras circunstancias…por tanto, la deducción de que es una virtud, por
sabida se calla. Ninguna virtud puede llegar a su máximo esplendor sin ser cuidadosa y
diligentemente cultivada…; por ende, se cae de su peso que ésta debería enseñarse en las
escuelas públicas, al calor del hogar, y hasta en los periódicos. ¿Qué posibilidades tiene un
mentiroso ignorante y poco cultivado al lado de un experto educado? ¿Qué posibilidades
tengo yo con Mr. Pe…. un abogado? Mentiras juiciosas es lo que el mundo necesita. A
veces pienso que sería aún mejor y más seguro no mentir en absoluto, que hacerlo con falta
de juicio. Una mentira torpe y poco científica suele ser tan poco efectiva como la verdad.
Veamos ahora qué opinan los filósofos. Observen este venerable proverbio: “Los niños
y los tontos siempre dicen la verdad”. La deducción es obvia: “Los adultos y los sabios
nunca la dicen”. Parkman, el historiador, comenta: “El principio de la verdad se puede
llevar hasta el absurdo”. En otro lugar del mismo capítulo escribe: “Es viejo el dicho de que
no se debe decir la verdad todas las veces, y aquéllos cuya conciencia enferma los preocupa
y los lleva a la violación habitual de la máxima son imbéciles y latosos”. Las palabras son
fuertes, pero verdaderas. Nadie podría vivir con alguien que todo el tiempo ande diciendo la
verdad; pero, gracias a Dios, nadie tiene que hacerlo. Alguien que a toda hora dice la
verdad es simple y llanamente un ser imposible e inexistente; jamás ha existido.
Claro que hay quienes piensan que jamás mienten: pero se equivocan… y esta ignorancia es
uno de los aspectos que nos hacen sentir vergüenza de nuestra mal llamada
civilización.Todo el mundo miente, todos los días, a toda hora; despierto, dormido, en los
sueños, en medio de la dicha, en su hora de dolor; aunque no mueva la lengua, ni las
manos, ni los pies, ni los ojos, con la actitud expresa el engaño… y lo hace ex profeso. Aun
en los sermones… pero basta ya de la cantinela.
En un país distante, donde viví hace tiempos, las mujeres solían salir a hacer visitas con el pretexto humanitario y noble de quererse ver, y cuando regresaban a sus casas exclamaban con voz de contento: —Hicimos dieciséis visitas y he aquí que catorce personas habían salido. Con ello no querían decir que les había parecido malo que las catorce hubieran salido;
no, ésta era sólo una manera de querer decir que no estaban en casa… y su modo de decirlo
expresaba lo mucho que les había gustado el hecho. Ahora bien, su pretensión de querer ver
a las catorce —y a las otras dos con las que habían tenido menos suerte— es la forma de
mentira más común y más suave, que se ha descrito muchas veces como desviación de la
verdad. ¿Fue justificable? Claro que sí: fue hermosa y fue noble, pues su objetivo no fue
obtener beneficios propios sino procurar un placer a las dieciséis personas.
El traficante de verdades empedernido manifestaría con franqueza que no quería ver a
esas personas… y sería un burro, pues infligiría un dolor del todo innecesario. Y, además,
esas mujeres de aquel lejano país… pero, no importa, tenían miles de agradables maneras de
mentir, producto de sus impulsos nobles, que daban crédito a su inteligencia y honor a sus
corazones. Qué importan los detalles. Los hombres de aquel lejano país eran, sin excepción, mentirosos. Hasta su saludo era
una mentira, porque a ellos no les importaba cómo estuviera uno, a no ser que fueran
empresarios de pompas fúnebres. Al preguntón normal le daban una respuesta mentirosa
también, pues uno no hace un diagnóstico concienzudo de su estado sino que contesta al
azar, y por lo general se equivocaba de cabo a rabo. Le mentían al empresario de pompas
fúnebres, diciéndole que la salud les estaba flaqueando… mentira totalmente loable, pues no
cuesta nada y complace al otro. Si un extraño lo visitaba a uno y lo interrumpía, con los
labios uno pronunciaba un caluroso: “Encantado de verte” y con el corazón, un más
caluroso: “Ojalá estuvieras con los caníbales y fuera hora de la cena”. Cuando se iba
alguien, se decía con lástima: “í,Ya te tienes que ir?”, seguido por un ‘Volvemos a hablar”,
pero no se hacía ningún daño con ello, porque no se engañaba a nadie ni se infligía lesión
alguna, mientras la verdad los habría hecho desgraciados a los dos. Me parece que esta forma cortés de mentir es un arte amable y fascinante, que debe
cultivarse. La perfección más elevada de la cortesía no es más que un hermoso edificio,
construido, desde la base hasta el techo, con las modalidades doradas y graciosas dcl
embuste altruista y caritativo.
Lo que me parece execrable es la incidencia, cada vez mayor, de verdades brutales.
Hagamos lo que esté en nuestras manos para erradicarlas. Una verdad injuriosa no vale más
que una mentira injuriosa. Ninguna debe ser enunciada jamás. El hombre que dice una
verdad injuriosa por miedo a que no se salve su alma si hace lo contrario, debería pensar
que esa clase de alma estrictamente hablando no vale la pena salvarse. El hombre que dice
una mentira para sacar a un pobre diablo de un lío, es aquel del que los ángeles sin duda
dicen: “Loor, he ahí un alma heroica que pone en peligro su propio bienestar para socorrer
al vecino; exaltemos a este mentiroso que muestra tanta magnanimidad”.
Una mentira injuriosa no es digna de encomio; así como, y también en el mismo grado,
no lo es una verdad injuriosa.., hecho reconocido por la ley del libelo.
Entre otras mentiras comunes tenemos la silenciosa: el engaño que se hace simplemente
quedándonos callados y ocultando la verdad. Muchos defensores a ultranza de la verdad
caen en tal defecto, al imaginarse que no están siendo mentirosos si no dicen expresamente
una mentira. En aquel país lejano donde alguna vez residí, existía una persona encantadora,
una dama cuyos impulsos eran siempre elevados y puros, y cuyo carácter les hacía honor.
Un día que estaba comiendo allí, comenté, de modo general, que todos mentimos. Ella se
sorprendió y dijo:
—No todos.
Como esto sucedía en tiempos posteriores al Pinafore, no respondí lo que naturalmente
liaría, sino que dije con franqueza:
—Sí, todos.., todos somos mentirosos; no hay excepciones.
Aparentando estar muy ofendida, dijo:
— ¿Me incluyes también a mí?
—Ciertamente –dije—, creo que tú hasta clasificas como experta.
Entonces respondió;
—¡Cá1late! ¡Los niños! —de modo que cambiamos el tema en consideración a la
presencia de los infantes, y seguirnos hablando de otras cosas. Pero tan pronto se retiraron
éstos, la dama muy entusiasmada volvió al tema y dijo:
—Tengo por regla de vida nunca decir una mentira, y jamás me he apartado de ella ni en un
solo caso.
Yo le contesté:
—No quiero herirla o faltarle al respeto de ninguna manera, pero es imposible haber
dicho más mentiras que las suyas desde que ha estado aquí. Y mc ha ocasionado mucho
dolor, porque yo no estoy acostumbrado a eso.
Ella me pidió un ejemplo.., sólo uno. Entonces dije:
—Bien, aquí tiene el duplicado vacío de un formulario que el hospital de Oakland le
envió con una enfermera que vino aquí a cuidar a su sobrinito en su grave enfermedad. En
este formulario hacen toda clase de preguntas relacionadas con la conducta de la enfermera:
¿Se durmió alguna vez en su vigilia? ¿Alguna vez olvidó dar la droga?, etc. Le advierten
que sea muy cuidadosa y explícita en sus respuestas, porque la buena marcha del servicio
depende de que las enfermeras sean multadas o se las castigue por las faltas cometidas.
Usted me contó que estaba fascinada con esa enfermera, pues tenía mil cualidades y un solo
defecto: que no podía confiarse en que arropara a Johnny lo suficiente mientras él esperaba
en el aire frío a que ella le tendiera la cama caliente. Usted llenó el duplicado de este papel
y lo envió al hospital por conducto de la enfermera. Cómo respondió usted a la pregunta
“¿Fue culpable alguna vez la enfermera de un acto de negligencia que pudiera dar como
resultado que el paciente se resfriara?”. Vamos, aquí en California…, todo se decide con
una apuesta: diez dólares contra diez centavos a que usted mintió cuando contestó esa
pregunta. —¡No la contesté; la dejé en blanco! —dijo ella. —Eso mismo… usted dijo una mentira silenciosa; dejó que se infiriera que no había
encontrado ningún defecto en ese punto. -¿Oh, era eso una mentira? ¿Y para qué mencionar su único defecto siendo ella
tan buena…? Habría sido cruel —dijo ella. Contesté:
—Uno siempre debe mentir cuando puede hacer un bien con la mentira, y su impulso
fue correcto, pero su juicio pobre; esto es el producto de una práctica poco inteligente.
Ahora observe el resultado de esta desviación inexperta suya. Usted sabe que Willie, el hijo
de Mr. Jones, está gravísimo, pues padece de fiebre escarlata. Resulta que su
recomendación fue tan entusiasta que esa muchacha está allá cuidándolo, y sus familiares,
que estaban exhaustos, se confiaron y se quedaron profundamente dormidos las últimas
catorce horas, dejando a su hijo querido con plena confianza en esas manos fatales, porque
usted, al igual que el joven George Washington, tiene reputación de… sin embargo, si usted
no tiene mejor programa, mañana vengo para que asistamos juntos al entierro, porque, claro
está, supongo que usted sentirá un peculiar interés en el caso de Willie…; un interés
personal, de hecho, como la persona que lo llevó a la tumba. Pero todo eso se perdió. Antes de que yo llegara a la mitad de lo que iba a decir, la
mujer se montó en un coche y a treinta millas por hora se embocó hacia la mansión de los
Jones para salvar lo que quedara de Willie y relatar cuanto sabía de la enfermera fatal. Todo
lo cual era innecesario, pues Willie no estaba enfermo; yo había mentido. Pero en todo
caso, ese mismo día envió unas palabras al hospital para llenar el espacio vacío que había
dejado sin contestar, y estableció los hechos, además, de la manera más franca y directa.
Bien; como ustedes pueden ver, el problema de esta mujer no estaba en que mintiera,
sino en que no lo hiciera de manera juiciosa. En ese caso debió haber contado la verdad, y
haberle compensado a la enfermera con una alabanza fraudulenta más adelante. Podría
haber dicho: “En un aspecto, la enfermera es el non plus ultra de la perfección: cuando está
de guardia, jamás ronca”. Casi cualquier mentirilla agradable le habría sacado el veneno a
esa complicada pero necesaria formulación de la verdad. La mentira es universal.., todos mentimos; todos tenemos que hacerlo. Por tanto, lo
sabio es educarnos con diligencia a fin de mentir de manera juiciosa y considerada; a fin de
mentir con un buen propósito y no con uno pérfido; a fin de mentir para ventaja de los
demás y no para la nuestra; a fin de que nuestras mentiras sean aliviadoras, caritativas y
humanitarias, y no crueles, letales o maliciosas; a fin de mentir de manera agradable y
graciosa, no torpe y tonta; a fin de mentir con firmeza, franqueza y desfachatez, con la
cabeza en alto, sin vacilaciones ni torturas, sin actitudes pusilánimes, como si nos
avergonzara el gran deber que tenemos de hacerlo. Sólo así nos desharemos de la verdad
hedionda y pestilente que está corroyendo la tierra; sólo así seremos valiosos, buenos y
bellos, moradores meritorios de un mundo en el que incluso la naturaleza benigna suele
mentir, excepto cuando promete mal tiempo. Sólo entonces…, pero no soy más que un
pobre estudiante nuevo de este arte gracioso, y no soy nadie para instruir a este club.
Hablando en serio, creo que es imprescindible examinar con inteligencia qué tipos de
mentiras son las mejores y más saludables, dado que todos tenemos que mentir y que todos
mentimos; y qué tipo de mentira es mejor evitar. Considero que esto es algo que con toda
confianza puedo poner en las manos de este club de expertos, una entidad madura, a la que
puede ponérsele el epíteto a este respecto, y sin adulación inmerecida, de “Maestra
Emérita”. (1) No acepté el premio.
así decía George Orwell, seudónimo de Eric Arthur Blair (Motihari, India Británica, 25 de junio de 1903 – Londres, 21 de enero de 1950) en su novela
1984
Recordándolo, La Nación, del lunes 15 dice en su editorial:
… esa fuerza recae hoy en aquellos que se contentan con ella en beneficio propio. En países no desarrollados, las poblaciones no ilustradas son usadas como carne de cañón o caldo de cultivo de una enredadera llamada populismo, capaz de trepar hasta el tejado de una nación y despojarla hasta de su propia identidad.
y sí…eso es cierto,
tan cierto como uno de los párrafos del informe en que se basa dicho editorial: …La amenaza autoritaria tiene dos versiones, por una parte están los golpes de estado, como el caso de Honduras, pero por otra están lo que podríamos llamar “las NEO Democracias” que avanzan lentamente hacia crecientes grados de autoritarismo. Estas se siguen llamando democracias, pero han derivado en un tipo híbrido de régimen político. Tal es el caso de Venezuela, donde importantes
elementos de las democracias no están del todo presentes.
El tema central es que de tanta ignorancia, festejamos cualquier cosa, discutimos por cualquier cosa y destruimos lo que tanto nos costó conseguir…Sólo por ignorantes. No somos los únicos, pero mal de muchos consuelo de tontos decía mi abuela. Y ella no era ignorante, aunque sólo tuviera la escuela primaria completa.
Hoy se es ignorante aún con un título universitario…porque no se enseña a pensar y a tener sentido común.
¿Qué es el sentido común?
Difícil de definir, pero fácil de ejemplificar:
Sí a Ud. le cuesta mucho conseguir un peso para comer…imagínese cuánto le cuesta el tarro de pintura y la mano de obra que empleó a su vecino para tener limpito el frente que a Ud. también le hace bien.
Si necesita un TE público para llamar a un médico de urgencia porque su madre se cayó en la calle y no reacciona, no los rompa ni permita que los rompan…nunca se sabe cuándo lo va a precisar…
Si le piden plata…más bien se la sacan a presión para hacer un hospital, una escuela o pagarle un aumento a la jubilación de su abuelito (al que Ud. debe mantener porque al viejo no le alcanza), y luego encuentra que no…no…El hospital no se hizo, la escuela se viene en banda y al viejo la jubi le alcanza para media caja de remedios…Entonces,
el sentido común le dirá que a Ud. lo mantienen en la ignorancia…lo engañan…lo timan…lo usan de profiláctico (y sin darle ningún placer).
Dicen que la mayor parte de Latinoamérica no sabe de quién se independizó,…ni cuándo se independizó.
Y no parece que estemos fuera de Latinoamérica.
Pregunte Ud. por la calle qué se celebrará el bicentenario y porqué se instauró el Fondo del Bicentenario…
Apuesto a que se sorprende con las respuestas…
Para redistribuir hay que producir y crecer. Y los países que más crecen no son aquellos que obtienen más ganancias, sino los que presentan más patentes de invenciones. En ello reside la educación, el mejor legado de un padre a un hijo y de las clases dirigentes a sus pueblos.
Los maestros, profesores, docentes en general…deberían hacer huelga a la japonesa:
ENSEÑAR, ENSEÑAR, ENSEÑAR HASTA REVENTAR DE SABER Y PENSAR…
ESA ES LA ÚNICA REVOLUCIÓN QUE CUENTA Y A LA QUE LA MAYORÍA DE NUESTROS POLÍTICOS Y DIRIGENTES GREMIALES LE TIENEN PÁNICO.
Todo empezó en una amable cena de Fin de Año mientras la tarta de atún (empanada gallega bah!) se escurría dentro de nuestras fauces…
¿Sabés que el año nuevo ya empezó para un montón de lugares? La Isla de Navidad, Nueva Zelandia, Sidney…Pero la primera fue la isla de Navidad dije muy sabionda.
Jaja…sabía de la Isla de Pascua che, pero de la de Navidad ni ahí…jaja. Pero no puede ser, tiene que ser Nueva Zelandia dijo A pelando su telefonito touchscreen y buscando el huso horario que le permitiera llevarme la contra.
En eso a N se le prendió la lamparita y me miró inquisidora…¿Qué hay del Greenwich Meridian Time che? ¿No es el meridiano cero ése?, ¿por qué no empiezan los días allí?
Esa la tenía más o menos clara: el meridiano te marca la hora del mediodía, then cuando el sol pasa por el meridiano de Greenwich el día ya tiene 12 horas de viejo. Ergo, no empieza el día global allí sino en el antemeridiano o meridiano de 180° (Este u Oeste, se gual).
No la vas a encontrar le dije conciliadora a A…será una islote pequeño perdido en la inmensidad del Pacífico y con tres gatos locos tirando una flecha con fuego al aire…Pero es la primera nación que cambia la fecha.
Dejala, dijo B viendo que A no podía decidir si yo tenía razón o no, pero sin el menor ánimo de concederme que yo pudiera estar bien informada. Reuniones familiares que le dicen…
Y sabés qué?
I won, yo tenía razón. Kiritimati, o Isla de la Navidad es un atolón grandote perteneciente a la República de Kiribati, país repartido si los hay, entre cuatro hemisferios. Kiribati nos gana a todos en ver el primero de enero por una cuestión administrativa para impedir que unos cuantos islotes tengan horarios diferentes.
Nos ganan, sí, pero yo diría que casi casi están en el fondo del mar…Veamos…
La República de Kiribati consiste en 33 atolonesdispersos por los cuatro hemisferiosen los que se divide el planeta (norte,sur,orientalyoccidental) en un espacio océanico equivalente en superficie a la parte continental de losEstados Unidos.
Las islas se encuentran aproximadamente a medio camino entreHawaiyAustraliaen la región deMicronesiaen elOcéano Pacífico, a la altura delecuador.
Los tres principales grupos de islas o atolones son lasIslas Gilbert, lasIslas Fénixy lasIslas de la Línea. El1 de enerode1995se movió una sección de laLínea internacional de cambio de fecha para incluir en el lado occidental a las islas kiribatianas más orientales, donde ya estaban las demás islas de la nación, a fin de que en todo el país fuera el mismo día. De las 33 pequeñas islas que conforman al país, 20 se encuentran deshabitadas.
El área total del país es de 717km², lo que equivale a tres veces y media el tamaño de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y sus costas miden 1143kmde largo, ( más o menos la quinta o sexta parte de las costas argentinas ) aunque no comparte fronteras con ningún país.
El punto más alto se encuentra en Banaba y alcanza los 81 m sobre el nivel del mar, mientras que el punto más bajo es al nivel del mar.
Esto es bastante grave porque el clima de la región es predominantementetropical, (cálido y húmedo con vientos moderados, pero con ciclones tropicalesen cualquier época del año, usualmente entre marzo y noviembre, además detornadosocasionales).
La escasa elevación sobre el nivel del mar de muchas de las islas las hacen muy vulnerables ante el crecimiento de la marea.
Kiribati incluye aKiritimati(también conocida como Isla de Navidad, en las Islas de la Línea), el mayor atolón coralino del mundo, (en términos de superficie, no de dimensiones) y aBanaba, una de las tres grandes islas rocosas confosfatosen el Pacífico ( las otras islas de este tipo sonMakateaen laPolinesia Francesa, yNauru).
¡¡La mayor parte de las tierras en estas islas no supera los dos metros sobre el nivel del mar!!.
Un reporte de laONUde1989identificó a Kiribati como uno de los países que podría desaparecer por completo en elsiglo XXIsi no se toman las medidas pertinentes para combatir elcambio climático.
Debido a una tasa de crecimiento poblacional de más del 2% y la sobrepoblación alrededor de la capital, Tarawa, un programa de migración fue iniciado en1989para trasladar a cerca de 5000 habitantes a otros atolones periféricos, principalmente en las Islas de la Línea. Un programa de reasentamiento de las Islas Fénix comenzó en1995.
No es lo único que les ha pasado. En los 50, servían como lugar de pruebas nucleares…
Operation Dominic US military atomic blast test:
Test: Truckee
Time: 15:37 9 June 1962 (GMT)
Location: 10 Miles south of Christmas Island
Christmas Island (Kiritimati)
Kiribati
The word Christmas comes from the Old English words “Cristes maesse”, which mean “the mass of Christ”. That phrase was first used in 1038. The first festival recorded on December 25th was held by Romans in the fourth century. The celebration was later spread to other societies and cultures, giving origin to modern Christmas.
La palabra Christmas (Navidad) proviene de las palabras del inglés antiguo “Cristes maesse”, que significan “la misa de Cristo”. Esa frase fue utilizada por primera vez en 1038. El primer festival registrado un 25 de diciembre fue organizado en Roma en el siglo IV. Más tarde, la celebración fue extendida a otras sociedades y culturas, dando origen a la Navidad de hoy en día.
Gracias Pau por acercarme esta nota escrita por un tipo que acostumbra a pensar seriamente sobre nosotros y con el que la mayoría del tiempo coincido…No sólo vivimos en crisis política…es una crisis de urbanidad, de conducta social, de honestidad. Crisis social en el más amplio sentido…la crisis en la que el otro no existe ni importa.
Don Pepe dice:
¿Cómo nombrar a esa nutrida falange de argentinos que exhiben su desprecio por los demás? Ejemplos elocuentes sobran.
El tipo viene hablando con su celular en la mano izquierda, mientras mantiene el volante del auto con la derecha. Los vidrios polarizados le garantizan relativo anonimato, pero se ve que habla y conduce a la vez. Avanza por Callao y gira a la izquierda por Arenales sin detenerse. Ni guiña con la luz de giro. Pasa antes que los peatones, pero no va a ninguna parte, ya que a 20 metros se detendrá por el congestionamiento antes de Riobamba. Si ahí tiene que frenar, ¿para qué se apresuró a no dejarnos pasar y avanzar de prepo, mientras sigue al teléfono?
Este episodio no me cambia mayormente la vida. Mis dichas y mis pesares seguirán siendo exactamente los mismos de hace un rato, pero mientras camino concluyo que los análisis políticos y los comentarios ideológicos que, con toda justicia, salpican las páginas de los diarios y empapan los minutos de la radio y la televisión eluden lo principal.
Hay un aspecto poco estudiado o dejado directamente de lado cuando agotamos los ángulos para observar detenidamente el acontecer cotidiano. Mucha minucia cerebral y agotadores maratones doctrinarios no dan cuenta de lo que ese guarango ha perpetrado. No es la suya una extravagante conducta individual. En la Argentina, me parece, prospera una cuota especialmente alta de garcas seriales, tipos que hacen daño, en pequeña o gran escala, porque les gusta, les da placer, los excita o, peor, porque no saben hacer las cosas de otra manera.
Son los que, cuando manejan, se adelantan por la derecha o te sobrepasan por las banquinas. Integran una reverberante muchedumbre de anticiudadanos, gente hosca y repelente que no pide sino que agarra, avanza pero jamás deja hacerlo a otros, criaturas dotadas de una inagotable capacidad de saciar sus apetitos sabiendo que perjudican a otros.
Consultan su celular en la oscuridad de los cines y responden llamadas desde la butaca, para contar qué película están viendo. Se materializan en fracción de segundos cuando estás a punto de subir a un taxi bajo la lluvia, aparecen en medio de la nada, se aferran a la manija de la puerta y entran al vehículo empujándote, alegando: “Disculpá, lo vi primero y me estaba mojando”.
Esta categoría de seres ofrece varietales humanos diversos y se reproduce en especialidades cada vez más singulares. Están los que no tienen rival cuando sacan sus perros a la calle. Buenos Aires sobresale por la fenomenal cantidad de señoras que, con cara de desvaído desinterés, se airean por las veredas, arrastrando a sus mascotas. Cuando el can se emperra en defecar junto a la puerta de tu casa o de la mía, esa vecina deviene en antisocial insuperable. “Vamos Vladimiro”, le dice al perro, mientras mira hacia el infinito. El cuadrúpedo se alivia y arranca, con dueña y todo, sin que nadie levante el regalo del piso. Te dejaron la hez en la puerta de tu casa, pero la señora, que seguramente en 2002 coreaba que-se-vayan-todos, se retira impávidamente, sin eliminar la vaporosa deposición del animal.
El garca es una persona que funciona con desamor y egoísmo. Está fascinado con su condición de canalla solitario. Es así no por estar condenado a una existencia de privaciones y marginalidad. Es pariente de esa nueva tribu urbana, notoria y evidente en las noches de jueves a sábados, los meadores profesionales, tipos más bien jóvenes que tienen la cremallera fácil. Eliminan la cerveza de la vejiga no bien les apetece y en medio de la calle. Arriman sus osamentas a una pared, se bajan el cierre, desnudan el miembro y orinan, al aire, a la luz, en medio del canto de los pájaros y ante la vista de niños y niñas.
Total, ¿por qué no? ¿Cuál es el problema? ¿O acaso no dicen que todas las necesidades humanas son legítimas y es condenable reprimir esa pulsión por satisfacerlas?
Esto prevalece en la Argentina. El desmadre de los valores instaló la supremacía de la anomia existencial. Si nada está mal, todo está bien. Enamorados de la picardía, hemos devenido pícaros crónicos; todo es trampa y todo es relativo. El que me tira el auto encima, como el que sube y baja primero de subtes y colectivos, es un ser convencido de que su incivilidad permanente es cosa de niños comparada con las enormidades permanentes que se perpetran desde el poder político y económico.
¿Por qué deberíamos ser mejores en nuestras módicas cotidianidades, si los estafadores del negociado IBM-Banco Nación zafaron de la cárcel y Siemens hace de nuevo negocios en el país? Razonamiento pedregoso pero eficaz: ¿qué sentido tiene juzgar las infracciones de todos los días, si los grandes delitos terminan impunes?
Pienso que este núcleo de conducta explica gran parte de las calamidades institucionales de la Argentina, un país donde gruesas legiones de habitantes consideran razonable violar las normas de convivencia porque de nada sirve cumplirlas si “arriba” todos quedan exceptuados, pero donde una gravitante fracción de gente piensa que la luz roja del semáforo es un instrumento represivo.
La anomia nos ha remitido a un vivir arcaico y menesteroso. Resignados a nuestras penurias grandes, nos acondicionamos a nuestras pequeñas indigencias cotidianas. Conviene, empero, no confundirse: más allá de torpes justificaciones, una agresiva y batalladora legión de tipos abominables, sueltos por calles y avenidas, sacia sus apetencias más pedestres sin ignorar que daña a los demás.
Una sociedad civil que vivió la pantomima hiriente de las candidaturas “testimoniales” y convive con quienes las protagonizaron tiene paladar de cemento. Ya no lo dudo: tenemos un porcentaje de garcas superior al mínimo tolerable para una salubridad aceptable. ¿Mi lenguaje es prosaico y poco edificante? Vale, lo acepto, pero ¿cómo llamarlos? ¿Cómo caracterizar la conducta del oficialismo, que hasta la tarde del jueves pensaba cruzar la calle con semáforo en rojo y llevarse puesto al Congreso? Por una vez fallaron, pero son temibles.
La Navidad está muy cerca, sólo faltan dos días para que nazca el niño Dios. Javier y Ana son dos pequeños de nueve y siete años, que viven en un barrio muy pobre en la parte alta de la ciudad, a los dos les gusta ver los lindos escaparates llenos de juguetes, no les importa bajar unas empinadas cuestas que les llevan hasta el centro, allí pasan desapercibidos en medio de las personas que hacen las últimas compras antes de la Nochebuena. Esa tarde hace mucho frío, a los dos les quedan pequeños sus zapatos, su madre le ha dicho a la niña que se ponga los de su hermano, pero estos le quedan grandes y le molestan, por lo cual prefiere andar descalza.
Javier le pregunta a su hermana si se anima a dar un paseo. La niña, que cubre sus pies con una vieja manta, de un salto se pone en pie y le dice que sí con un gesto de cabeza. Al salir se miran en un trozo de espejo que hay junto a la puerta, recuerdan que su madre les dice que no salgan con la cara sucia, los dos la tienen, cierran la puerta y cruzan hasta una pequeña acequia donde recogen el agua para la casa. Ana introduce su manita en el agua y la saca muy rápido al tiempo que dice:
- Está muy fría.
Los dos de nuevo se miran y echan a correr con una amplia sonrisa, mientras Ana se restriega la mano helada sobre su ropa.
Antes de llegar al centro hay una pequeña ermita. Está abierta. Los niños se asoman a la puerta. El Belén está encendido. Los dos se acercan a verlo. Ana sonríe satisfecha, cuando ve que el hermoso niño Jesús también está descalzo, se mira los pies, y piensa que no debe de ser tan malo ir descalzo, si el niño Jesús tampoco lleva zapatos. No puede remediar acariciar el pie del niño y este parece volver sus ojitos hacia ella, al tiempo que le sonríe.
Continúan su paseo hasta las calles más céntricas. Siempre se paran a ver los mismos escaparates. Ana mira las hermosas muñecas de largos cabellos y Javier mira embelesado los lindos soldaditos de alegres uniformes. De paso a otra calle donde hay más juguetes, cruzan delante de una pastelería, está llena de gente y hasta ellos llega un rico aroma a dulces. Se acercan al escaparate, pegan sus caritas al cristal, ven los deliciosos pasteles, se miran los dos y piensan lo que darían por comer uno de ellos. El exquisito olor no les deja separase del cristal. De espaldas a ellos, una niña algo más grande, está con su madre esperando que las atiendan, de pronto se vuelve y sus miradas se cruzan, la niña le dice algo a su madre y ella se vuelve a mirarlos. La señora le susurra algo a su hija y esta se dirige a la puerta. Cuando llega a ella, los llama con un gesto de la mano, los dos hermanos se miran y no saben qué hacer, piensan que han hecho algo malo, pero la niña les sonríe y ellos se acercan. Les dice que entren y que elijan un dulce que su mamá se los compra. Ana piensa en la mirada del niño Jesús y entra decidida, Javier tiene miedo, pero la niña le empuja suavemente hasta el mostrador. La señora les pregunta cuál quieren y ellos, que no tienen ni idea de elegir, le dicen que uno, pero que por favor se lo den envuelto en un papel para compartirlo con su madre. La señora emocionada pide una bandeja con seis hermosos pasteles, se los da a los pequeños junto a un beso y les desea feliz navidad, igual que la niña.
Catedral de Santa Ana-Las Palmas de la Gran Canaria
Los pequeños salen de la pastelería apretando muy fuerte aquel pequeño tesoro, que es la bandeja de dulces. Javier le dice a la niña:
- Ana, será nuestra primera navidad con dulces.
La pequeña no deja de pensar en la mirada del niño Jesús. De pronto empieza a llover muy fuerte, los dos corren, tratando de cubrir con sus cuerpos los dulces, pero la lluvia es torrencial y se meten en un portal. Ana empieza a sentir el frío en los pies y tirita un poco, pero sigue agarrada a la mano de su hermano. Se pregunta si les dieron las gracias a la señora y la niña. Todo ocurrió como un sueño, y no lo recuerda. La fuerte lluvia hace que el agua corra por la acera como por la acequia de su barrio, flotando sobre el agua pasa un trozo de papel, la niña se agacha a recogerlo, se ve la foto de un pesebre, hay unos números, se lo enseña a su hermano y este con algo de dificultad lee:
- Lotería Nacional.
Y una fecha:
- 22 de Diciembre, esto es de hoy -dice Javier, quien recuerda que por la mañana escuchó la radio de un vecino, y allí unos niños cantaban números y premios.
Se asoman a la calle a ver si se le ha caído a alguien, pero no hay nadie, todos se han refugiado en portales o tiendas. Ana mira al niño del dibujo en el pesebre y le dice a su hermano
- Mira, Javier, tiene la misma sonrisa del niño de la Ermita.
Javier trata de secar el papel, pero curiosamente está seco. Lo guarda con mucho esmero en su bolsillo. Muy cerca de donde están él sabe que hay un lugar donde se venden esos papelitos. Cuando deja de llover se acercan a la pequeña tienda. En la puerta hay un cartel que anuncia que allí fue vendido El Gordo. Javier no sabe qué significa, pero el número está en letras grandes: 1947. Saca el papelito de su bolsillo y comprueba que es el mismo número. Él no entiende de premios, pero cree que el que tiene en su bolsillo es El Gordo. Agarra muy fuerte la mano de su hermana, mientras sujeta con la otra los dulces y le dice
- Ana, vamos de prisa a ver al niño Jesús, creo que a partir de hoy tendremos una Navidad distinta.
Y se alejan corriendo dispuestos a subir la empinada cuesta como si tuvieran alas en sus pies descalzos.
Soy como quiero ser. A veces me sale, a veces no. Tengo que sacar lo que pasa por mi mente, tengo que sacar afuera todo lo que sé. Cuando encuentro algo desconocido, lo estudio, lo enseño, lo transmito. Sólo muestro los peldaños que subo para que les sirvan a los demás en el mismo ascenso...Soy.
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