Visiones de México.

Cuando me bajé del automóvil, encontré a Marisol, mi hija, en la puerta de la casa. Llevaba un vestidito blanco lleno de tierra y un hilito de sangre le salía por la boca.
Al verme, fue corriendo a mis brazos. Me dijo que traía ganas de comer un algodón de azúcar. Como tengo corazón de pollo, no me importó el cansancio. Fuimos a la feria. Le compré su algodón y también un globo amarillo. Nos subimos los carritos chocones, al martillo y a la rueda de la fortuna. Luego regresamos a casa.
Cuando estacioné el auto, Marisol ya no estaba en el asiento del copiloto. Había dejado su globo. Malva, mi mujer, me esperaba en el umbral de la puerta.
Por qué llegas tan tarde, preguntó molesta. Llevé a Marisol a la feria, respondí. Se cubrió el rostro con las manos y comenzó a gritar. Me dijo que estaba loco, que no podía seguir así, que debía aceptar que Marisol estaba muerta. Yo solamente asentía.
Pero ella me siguió diciendo loco y nomás se calló cuando la patrulla se aparcó y descendió el oficial.
Buenas noches, dijo, le traigo una lamentable noticia: su esposo tuvo un accidente en la rueda de la fortuna y se fracturó el cuello; lo siento, no se pudo hacer nada.
Malva, con la cara chueca, me volteó a ver. Yo nomás me alcé de hombros.
Daniel Avechuco Cabrera MÉXICO

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Es el tipo de pintura que más me gusta. Al estilo Velázquez, detallista y fiel…casi casi una foto…pero mejor.