AÓNIKENK

flor del notro

Kooch siempre había existido, no había tenido nacimiento ni principio. Era como el aire. Nadie podía tocarlo, aunque tampoco existía nadie para verlo, ni para tocarlo.

Desde el principio de todo, Kooch estaba rodeado de tinieblas.

Como vivía solo y rodeado de tinieblas desde la eternidad, nada podía ver y esa situación lo entristeció de tal manera que comenzó a llorar largamente, con un llanto profundo e interminable.

Fueron tantas sus lagrimas que formaron el mar, donde comenzó a gestarse la vida para poblar el futuro mundo.

Al ver que el nivel del mar era demasiado alto, dejó de llorar dando un profundo suspiro dio nacimiento al viento, que agitó las tinieblas, logrando disiparlas de manera que pudo observar la claridad a su alrededor.

Eso le causo gran alegría, despertando sus ansias de seguir creando los restantes elementos que formarían el mundo.

Creó todo con vida, porque hasta las piedras tienen una forma de vivir.

Kooch había creado el mar con sus lagrimas y había disipado las tinieblas a su alrededor, pero a lo lejos, ellas continuaban existiendo y ello le impedía ver su mundo a la distancia a pesar de haberse alejado más y más.

De pronto alzó la mano realizando un rápido movimiento con el que rasgó la oscuridad. Y brotó una gran chispa, que continuó el giro de su mano, logrando disipar las tinieblas.

Pudo entonces ver el maravilloso mundo alumbrado por ella, la llamó Xaleshen (el Sol).


flor de aljaba (fucsia)

flor del ñire (calafate)


Escribí tu comentario

Asunta tehuelche
Noviembre 9, 2009, 7:44 pm, Reportar este Comentario Asunta tehuelche dijo

Al amanecer comenzó a sentirse más fuerte el viento, lo que motivó que los tehuelches, ante el llamado de! cacique Kooloue, salieran de sus kau, los que estaban levantados en fila dando el frente al norte. El que ocupaba el cacique estaba en el medio. Kooloue, alzando una mano, señal que iba a hablar, dijo:

-”Tauke joshen, kau aineken jotenkel” (viento fuerte, aflojen los tientos de los toldos)-, orden que fue acatada de inmediato.

Aflojaron los tensores prudentemente, para que los cueros resistieran la fuerza del viento. Un cuero tenso puede rasgarse fácilmente. La experiencia de siglos así les había enseñado.

Las mamparas (teujen kai) de los toldos se cerraron para que el remolino del viento no desparramara el fuego.

-Al mediodía va a calmar -sentenció Kokegoln (siete plumas), escudriñando el cielo-, las nubes altas se muevan muy rápido y en sentido contrario.

No hizo más comentarios. Los tehuelches hablan poco.

-”Nash ush haugesh, seush nau meric” (mañana nosotros cazaremos, habrá muchos guanacos allá)-, anunció el cacique Kooloue, señalando hacia el este. Él sabía que los guanacos no caminaban contra el viento, sino a favor, de manera que al día siguiente lo lógico sería que empujados por el vendaval los hallaran donde había indicado, seguramente en algún bajo o al
reparo de las matas.

La esposa del cacique, llamada Ngolkon (Puma entre los calafates), colocó sobre el fuego encendido dentro de la mampara, a la entrada del kau, una piedra plana y avivó las brasas.

Sacó de una bolsa de cuero de gato algunos puñados de semillas de calafate y los puso a tostar sobre la piedra, moviéndolos de vez en cuando con un palito. Esta tarea la repitió hasta concluir con su provisión de semillas, entonces retiró la piedra plana y, utilizando otra casi redonda, comenzó la tarea de molerlas hasta convertirlas en harina, la que guardó en la misma bolsita (oói). Su idea era al día siguiente, cuando salieran los cazadores, utilizar la harina con sangre de guanaco para hacer “poien”. Llevaría su ollita (oren), de barro cocido, para juntar la sangre y revolverla. Después la dejaría enfriarse para que no se cuajara. Una vez en el kau, haría la mezcla con la harina de calafate, amasándola hasta que adquiriera consistencia para formar los pancitos (poien), los que serían cocinados al rescoldo.

Estos panes crocantes formarían parte de la provisión para el invierno.

Por otro lado, en cada kau se desarrollaban distintas tareas aprovechando el día ventoso.

Teshka era esposa de Santiáu y tenía varios hijos que la ayudaban en las tareas.

Generalmente se dedicaba a tejer al telar, pero ese día no lo podía armar afuera, de manera que ocupó la mañana en hilar lana de guanaco que había juntado mediante el tradicional sistema consistente en colocar por un momento el cuero recién sacado con la lana hacia arriba sobre una piedra caliente y así lograr que la lana se despegara fácilmente.

Teniendo una considerable cantidad de lana hilada se procede a teñirla, haciendo una mezcla de tobácea de color, piedra alumbre, agua y grasa de piche (4). También se utilizaban
substancias orgánicas, tales como zumo de calafate, raíces, semillas, pétalos de flores, etc.

Teshka era una experta en esa materia y se había provisto de todos los materiales necesarios para el trabajo del tejido. Si calmaba el viento esa tarde armaría los telares; uno para hacer mantas (Eégüe), y el otro para fajas (guaten), vinchas (cochel), ligas, etc.

En el kau vecino la actividad de la mañana consistió en trabajos relacionados con la madera.

Kelle, acompañado de sus dos hijos, salió sin importarle el viento, ya que un buen chonke debe demostrar su hombría sin tener en cuenta los peligros.

Envueltos en sus kai caminaron largo rato hasta avistar una laguna alargada, en cuyo extremo más ancho se destacaba un montecillo de calafates y otros arbustos, hacia donde se dirigieron.

Al momento de llegar, Kelle le dijo a sus hijos:

-Es por aquí, busquemos.

Miraban cuidadosamente los tallos de los calafates, Kelle, durante el “ariskáiken”, trece lunas atrás, había estado en ese lugar. Entonces les dijo a los niños:

-”Kater kat koonek” (marcas en madera de calafate).

Los tehuelches acostumbraban reservar los palos marcando las matas (arbustos) que todavía no alcanzaban en pleno desarrollo. Para ello les ataban un “kach” (hilo), para identificarlos,
de manera que si alguien los encontrara los respetaría.

Es parte de su conducta, cumplir lo convenido.

-¡Aquí hay uno marcado!-, anunció Jolke, el menor de los niños.

Kelle contempló e] tronco y sentenció:

-Ya está bueno. De aquí sacaré un buen arco.

Con maestría cortaron la madera utilizando raederas gruesas y la desgajaron. De otro sector del matorral tomaron algunas varas delgadas. Mientras Teskat (el niño mayor) corría un piche hasta atraparlo. Lo carneó rápidamente, en tanto el padre cavó un pequeño pozo y dentro de él, utilizando su “yatiaik” (pederna]), encendió e] fuego. Cuando las piedras estuvieron calientes colocó el animalito con la panza hacia arriba y lo cubrió de brasas. No demoró en asarse.

Comieron en silencio el manjar que les deparó la naturaleza y luego emprendieron el regreso al viejo aike. El viento estaba amainando y algunos pajaritos comenzaban a abandonar sus escondites.

Aún no entraba el sol cuando llegaron portando la madera que pronto se convertiría en arco y astiles para las flechas.

Tras un breve descanso, los niños se reunieron con los restantes para ir a escuchar a la abuela Tama, que les había prometido contar la historia de los gigantes.

Ya había calmado el viento.

Los pequeños se agruparon alrededor del fuego apenas encendido, donde se consumía lentamente un mogote que duraría varias horas.

Desde su milenario asiento de piedra, sonreía la anciana dispuesta a hacer gala de su prodigiosa memoria.

-”¡Ua ingue koone Tama!-, saludó Jolke, que fue el último en llegar.

“Uai, uai”-, acotó la abuela. Viendo que no faltaba nadie, continuó la historia interrumpida el día anterior.

-El terrible Noshtek decidió matar a la nube Teo y comerse al hijo, creyendo que con eso terminaría todo. Entró a la cueva donde dormía Tea y la asesinó, destrozándola para sacar al niño y comérselo, pero tuvo curiosidad por ver al nonato.

Mientras lo observaba, Terr Uer (Tucu-tucu), que había estado atento a lo ocurrido, aprovechando ese momento mordió el dedo gordo del pie del gigante.

Los niños prorrumpieron una exclamación, aprobando la acción de Terr Uer.

-Ante la distracción del gigante -continuó Tama-, que se agachó para frotarse la mordedura, Terr Uer tomó al niño y rápidamente lo escondió dentro de la cuevita, tapando la entrada
con piedras para no ser descubierto. Así nació Elal, el hombre de la isla.

-¿Había otros espíritus malos en la isla?-, preguntó Tako.

-Había varios. Los hombres-monstruos eran Noshtek y Gosye, también conocidos como Hol-Gok. Además estaban Maip, Kélenken y Axshem, hijos de la oscuridad.

-¿Hizo algo Kooch contra ellos?-, consultó Losha.

-Los malos espíritus eran poderosos en la oscuridad, entonces Kooch creó a Keengenkon (luna) para contrarrestar.

-¿Qué hizo el gigante con la nube Teo?

-Noshtek arrojó los despojos de la nube hacia el cielo, salpicándolo con sangre, desde entonces quedaron impresos los colores a la salida y a la puesta del sol.

-¿y Noshtek, no lo halló a Elal?-, preguntó Tankelou.

-Por más que buscó, el gigante no pudo hallarlo-, aseguró la vieja narradora.

-¿Pudo vivir el niño entonces?-, inquirió Losha.

-Sí, pudo vivir-, dijo la anciana.

Un suspiro de alivio y alegría marcó una sonrisa en los rostros de los chicos.

-¿Quién lo crió?-, consultaron a coro los niños.

-Terr Uer lo llevó lejos del alcance del malvado gigante y entre todos los animalitos lo alimentaban y le daban el abrigo con sus cuerpos, hasta que pudo valerse por sí mismo; pero, sabiendo que en la isla no había seguridad para la vida de Elal, decidieron convocar a una reunión en la orilla de una laguna, con todos los animalitos de su amistad.

Al ver que Jolke no podía mantenerse despierto, la abuela sabiamente propuso:

-Mañana les narraré algo más de esta hermosa historia de nuestros antepasados. iMas itáinko tálenke!

-¡Mas itáinko, Koone Tama!

(4) Piche: Zaedyus pichiy. Es un mamífero edentado. En estado normal suele pesar un
kilo. Recubierto por una caparazón de siete bandas. El frente de la cabeza también está cubierta por una placa. Tiene largas uñas propicias para cavar. Color gris. Mide unos 40 cm. de largo. Es omnívoro.

Mario Echeverría Baleta

Anónimo
Noviembre 10, 2009, 8:26 pm, Reportar este Comentario Anónimo dijo

Escríbi tu comentario

Si preferís firmar con tu avatarIniciá sesión

Los comentarios en este blog pueden estar moderados.

En ese caso, el autor del blog tendrá que aprobarlos antes de que sean visibles para la comunidad


IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
AgenciaBlog