Cositas de Temuco
Desde el Hotel Aitué…Temuco, Chile
Temuco, que en lengua mapudungun significa “agua de temu“ (árbol medicinal usada por los nativos para sus enfermedades), es la capital de la IX Región de la Araucanía y de la Provincia de Cautín, Chile. Se ubica a 670km al sur de Santiago y por su cercanía a una serie de balnearios lacustres, constituye el centro desde el cual parten diversos circuitos turísticos. La lengua originaria es el mapudungun, y el escrito es ranguileo.

Monumento homenaje a la región de La Araucanía en la Plaza Aníbal Pinto (Plaza de Armas) en la cual se pueden apreciar los fundadores de la región representados por: Machi, Soldado de la Pacificación, colono, Alonso de Ercilla, y Kallfulifan (Caupolicán)
El INDIO PÍCARO es una obra tradicional de artesanía chilena. Está fabricado generalmente en madera y consiste en la imagen de un aborigen con atuendos mapuches pintados coloridamente y una amplia sonrisa que, al ser levantado, muestra un pene erecto.
Al parecer fue creado en 1980 por JORGE MEDINA RAMÍREZ, un artesano autodidacta que junto a sus amigos, y como un desafío planteado por su patrón, decidieron copiar un muñeco apache articulado que escondía sus atributos bajo un tapabarro y lo enviaron como broma a un amigo de Santiago.
Con el tiempo fue ganando fama y por la gran cantidad de encargos decidió hacer fabricaciones en serie, siendo conocido internacionalmente… ya que llegó hasta la Casa Blanca. (*). Estas estatuillas, que generalmente no sobrepasan los 15 centímetros de altura, comenzaron a venderse en Santiago a inicios de los años 1990, popularizándose rápidamente.
En el mercado municipal de TEMUCO se venden muchas de estas figuras por su identificación con el pueblo mapuche. Allí se pueden encontrar figuras talladas que sobrepasan el 1,50 metro. También se puede encontrar la pareja femenina que al levantarla muestra una vagina y algunos la apodan LA GUACOLDA.
Y…¿quién era la GUACOLDA?
Para algunos historiadores Guacolda no sería más que un mito, un personaje literario creado por Alonso de Ercilla en su poema “La Araucana”.
Otros cronistas coloniales, en cambio, no ponen en duda su existencia y explican su nombre a partir del mapuche Wa-koli (Guacolda) que significa maíz o choclo colorado. Se deduce, por ello, que habrìa sido de cabellera rubia.
Para los españoles, se llamaba Teresa y era mujer muy hermosa. Se unió a Lautaro cuando éste tomó la ciudad de Concepción.
Fray Diego de Ocaña, la religiosa Imelda Cano, el padre Rosales y, posteriormente, Vicuña Mackenna coinciden en describir a Guacolda como una mujer muy bella, a quién sedujo el valor y el talento de Lautaro y decidió seguirlo con lealtad y coraje.
Las crónicas también señalan que ella y Lautaro sirvieron en casas de españoles. Se dice que Lautaro sirvió al mismo Valdivia, y que Guacolda se había criado en la casa de Pedro de Villagra.
Se dice que los mapuches le tenían un miedo supersticioso a los españoles, considerándolos casi dioses malignos. Pero Lautaro y Guacolda habían vivido en sus casas, los habían visto enfermos, dormidos, quizás borrachos. Habían limpiado sus armas, los habían visto comer, llorar y reírse. Para ellos no eran dioses. Desde pequeños ambos habían comprobando que eran humanos, hombres de tierra como ellos y, por lo tanto, podían ser derrotados.
Cuando Lautaro dio por terminado su aprendizaje, y partió a unirse a la sublevación de su pueblo, Guacolda se le unió, y ya no se separaron más. Lo acompañó en la toma de Concepción, en la batalla en las márgenes del Mataquito y en el asalto a Santiago.
Mueren juntos, durante la noche, en una emboscada tendida por Villagra.
Alonso de Ercilla y Zúñiga y Pedro Mariño de Lobera cuentan en sus respectivas obras, Araucana e Historia de Chile respectivamente, que Guacolda predijo a Lautaro el desastre y la muerte en vísperas de la batalla de Chilipirco (batalla de Peteroa, en 1557) donde ambos murieron.
“Diccionario Histórico de Chile”, Jordi Fuentes y Lía Cortés

(*)El diario estadounidense The Washington Post consignó en su edición del 12 de marzo de 1990, como una curiosidad anecdótica, la compra de dos indios pícaros por el entonces vicepresidente de esa nación, Dan Quayle. Quayle, acompañado de su esposa Marilyn, había llegado al país en visita oficial para asistir a la ceremonia de asunción del mando del ex Presidente Patricio Aylwin. Cuando regresaba desde Valparaíso a Santiago, su caravana se detuvo en Casablanca, frente a algunas tiendas de artesanía para adquirir algunos recuerdos típicos. Estaba en esos afanes cuando observó intrigado un par de sonrientes figuras de madera. Inocente e ingenuo, intentó alzarlas con la mano. Los comerciantes todavía recuerdan sus carcajadas. También el ruborizado rostro de su esposa. No tuvo dudas. Llevaré este recuerdo a casa, comentó levantando una y otra vez el faldón del muñeco, sin dejar de reír. Y se dijo, incluso, que uno de esos ejemplares llegó a la Casa Blanca. Para su infortunio, los periodistas y reporteros gráficos de ese influyente diario estaban presentes. Incluso, la nota periodística fue despachada a las pocas horas y salió públicada al día siguiente hasta con fotos del voluptuoso indígena. Las agencias internacionales de noticias también dieron cuenta de la sabrosa anécdota del entonces segundo hombre de la nación más poderosa del mundo.


