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DESAFÍO…

DESAFÍO…FASE CERO

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GRACIAS
HACE FALTA (TOME NOTA)
AGUA POTABLE
LECHE LARGA VIDA
PAÑALES DESCARTABLES
ALIMENTOS NO PERECEDEROS.
Valentine Heart Stone

DESAFIO…FASE UNO

Book Club Don Adrián Paenza tiene la culpa…

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Entre muchas otras cosas, tiene la culpa de que en Argentina se haya masificado el conocimiento del basquet, de los Chicago Bulls, de Michael Jordan… Basketball 1

Tiene la culpa de que muchos asustados por las matemáticas ahora te escuchen 2 minutos seguidos cuando se les plantea un problema…

No es poca cosa.
Pero además, tiene la culpa de que Don Diego Golombek, por muchísimos méritos propios, ahora sea reconocido en todas partes.

Puede ser que a muchos les resulte más entendible (y digerible) leer:

<< …Recién en el siglo XVII se hacen populares los caramelos de azúcar duro, mientras el duque Plessis-Praslin, comandante de la armada francesa bajo Luis XIII y Luis XIV, dedicaba sus tiempos libres a cocinar una pasta de nuez en jarabe hirviendo que se conoció luego como praliné…(*)

(*) Nada más fácil: cocinar 100g de azúcar y un poco de vainilla en una cacerolita a fuego fuerte hasta que el azúcar tome una coloración oscura. Agregar 100g de almendras previamente tostadas en el horno y mezclar bien. >>

(El cocinero científico, Golombek y Schwarzbaum)

O conocer audiovisualmente la Tabla Periódica de los Alimentos y enterarse el por qué, las hojas de aluminio que compramos en el súper tienen una cara opaca…


Pero no se puede negar el encanto del siguiente desafío:

<<13. Cien monedas, diez “caras”: el desafío
El siguiente problema es uno de los más lindos que conocí para testearse personalmente. Téngame confianza: lea el enunciado pero no lea la solución. Tómese un tiempo. Llévelo con usted. Al principio le va a parecer imposible de resolver. Y después, cuando haya encontrado la solución, va a pensar “¿cómo puede ser que no se me haya ocurrido antes?”.
Por otro lado, aunque ya sea redundante en estas páginas, créame que no hay trampa, no hay nada que usted no pueda hacer ni entender. Sólo hace falta pensar. Y disfrutar al hacerlo, por supuesto.
Acá va.
Hay 100 monedas apoyadas en una mesa. De ellas, 10 son “caras”.
Las otras 90 son “cecas”. Las monedas son todas iguales, salvo que hay 10 apoyadas de una forma, y las restantes, de la otra.
Ahora, le voy a tapar los ojos con un pañuelo. Revuelvo las monedas para que usted no pueda recordar ni saber dónde estaban unas y otras (caras y cecas). El problema a resolver es el siguiente: tiene que separar las monedas en dos grupos, no necesariamente iguales, de manera tal que quede el mismo número de “caras” en los dos grupos. Está permitido dar vuelta las monedas (siempre sin mirar ) tantas veces como uno quiera, de cualquiera de los dos grupos.
Pero lo que tiene que garantizar es que, cuando termine el proceso, haya tantas “caras” en un grupo como en el otro. Ahora, lo dejo a usted. Le anticipo de todas maneras que, aunque no parezca posible (sin “espiar” o “hacer trampa”), el problema tiene solución. Eso sí: es muy poco probable que a uno se le ocurra de entrada, pero, como escribí más arriba, tiene una solución sencilla y al alcance de todos. …
>>

jajaja ¿ se enganchó no? Bueno no sufra ahí va la solución…

<<

…Solución.
Si pensó mucho y al final se aburrió, o no le salió, le propongo que haga lo que hacemos los matemáticos cada vez que tenemos un problema de este tipo: tratar de simplificarlo. Es decir, considerar “casos particulares”, con menos monedas. Intente con 4 monedas, de las que sólo una sea “cara”, o con 6 monedas y 2 “caras”. Pero no se dé por vencido. ¿Qué gracia tendría, si no, leer lo que sigue? Ahora, claro, si ya llegó a un punto en que está dispuesto a explotar (o a romper el libro), siga leyendo. Yo voy a proponer una solución. Puede que no sea la única, pero es la que se me ocurrió.
Empiece por elegir cualquier grupo de 10 monedas. No importa la forma en que uno las elija. Sólo separe 10 monedas de un lado (o sea, deja las otras 90 en el otro grupo). Ahora, dé vuelta las 10 que eligió (es decir, las que eran “caras” pasarán a ser “cecas”, y viceversa).
¿Qué pudo haber pasado? Muchas cosas. Usted podría haber dejado las 10 “caras” entre las 90 monedas que están en uno de los grupos. En ese caso, las 10 que eligió para el otro grupo serían
cecas.
¿Qué pasa, entonces, si las da vuelta?: esas 10 serán
todas caras.
Y del otro lado, usted ya sabía que había 10 caras también. O sea, que este sistema, en este caso , funcionó para obtener la solución.
Pero me lo imagino pensando: “Sí, funcionó, pero justo en este caso porque dejé las 10 caras en el grupo de las 90 monedas”.
Ahora, esa solución, ¿servirá siempre? Por ejemplo, si al separar las 10 monedas hubiera incluido cuatro que fueran caras, ¿funcionaría también? (Aquí, le propongo que siga por su cuenta otra vez.) Continúo: si usted eligió 10 monedas de las cuales 4 son caras, quiere decir que en el grupo de 90 quedaron las otras 6 (caras).
Pero también significa que en el grupo de 10 hay
4 caras y 6 cecas.
Entonces, si las da vuelta, como yo hice en el ejemplo anterior, van a quedar ¡6 caras en el grupo de 10 y 6 caras en el grupo de 90! Es decir, el problema vuelve a quedar solucionado. ¿Qué le parece que puede pasar si, al elegir las 10 monedas, se queda con 7 caras? ¿Quiere pensarlo un poco? Como se advierte (si es que siguió el razonamiento), el problema también está solucionado. Todo lo que hay que hacer es separar (en cualquier caso) 10 monedas de cualquier forma, y
darlas vuelta.
Eso garantiza que haya tantas caras de un lado como del otro.
¿Es anti-intuitivo? No sé. Creo que no. Lo que a uno le pasa es que pelea contra la noción de que el problema no tiene solución y, por lo tanto, no quiere pensar. Pero no me parece que sea anti-intuitivo.
¿No le resultó interesante? Muchas veces la solución está ahí, enfrente de nuestra nariz, pero uno, como intuye que debe ser muy complicada , se resiste a pensar. Abandona antes de empezar (casi).
En particular, si uno tiene la tendencia a no creerse capaz ni potente para resolver problemas. Eso, piensa quizá, queda para los otros.
Pero usted, ¿no forma parte de “los otros”?…
(Matemática…¿estás ahí?, Episodio 100, Paenza)

Sí, Adrián Paenza tiene la culpa de este post…
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Pero como todo tiene que ver con todo y la asociación libre a mí me recontragusta…ahí va una “yapa”
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Los otros es un película del año 2001 inspirada en la obra Otra vuelta de tuerca de Henry James dentro del género del thriller por el director español Alejandro Amenábar, protagonizada por Nicole Kidman. Es una coproducción hispano-franco-estadounidense. Se grabó en localizaciones de Cantabria (Las Fraguas) y Madrid, aunque la historia está ambientada en la isla de Jersey. En su momento, fue la película española más taquillera de la historia, con más de 68.000.000 $ recaudados sólo en Estados Unidos.

Ganó ocho Premios Goya incluyendo premios a la mejor película y el mejor director, y Nicole Kidman fue candidata a la mejor actriz.

ARGUMENTO
La película se desarrolla en la isla de Jersey, poco después del final de la Segunda Guerra Mundial.

Grace Stewart (Nicole Kidman) es una joven madre católica, quien vive con sus dos pequeños hijos en una casa de campo remota. Los niños, Anne y Nicholas, tienen una extraña enfermedad que incluye fotofobia (pudiendo ser, quizá, porfiria eritropoyética), por lo que sus vidas están estructuradas alrededor de una serie de reglas complejas diseñadas para protegerles de cualquier exposición a la luz del sol.

La llegada de tres sirvientes a la casa (una niñera, un jardinero y una joven muda) coincide con un número de eventos extraños, y Grace comienza a temer que no estén solos. Anne comienza a hacer dibujos de cuatro personas: un hombre, una mujer, un niño llamado Victor y una anciana, sobre los cuales había escrito el número de veces que los habia visto poniendo sobre la anciana el numero 14 .

Un día, comienza a oírse un piano, el cual estaba siendo tocado en una habitación cerrada y vacía. Cada vez que Grace entraba en la habitación y dejaba la puerta abierta, esta se cerraba, pero cuando trata de descubrir por qué, la puerta se cierra bruscamente, golpeándola y arrojándola contra el suelo. Grace trata atrapar a los “intrusos” con una escopeta, pero no logra encontrarlos. Mientras tanto, regaña a su hija por sus comentarios sobre fantasmas que, según ella, vivían en la casa. Cuando finalmente Grace se convence de que hay una presencia más allá de sus hijos y los sirvientes en la casa, sale de la misma, en medio de la niebla, a buscar al sacerdote para conseguir que la bendiga. Mientras tanto, los sirvientes, liderados por Bertha Mills, claramente planean hacer algo. El jardinero cubre con hojas secas tres tumbas, y, más tarde, la Sra. Mills escucha religiosamente las peleas de Anne con su madre por sus opiniones diferentes.

En el bosque que rodea su casa, Grace se pierde en medio de la niebla, pero milagrosamente descubre a su esposo Charles regresando a su hogar. Sin embargo, Charles se ve distante, solo, y permanece recostado la mayor parte del tiempo.

Anne, mientras tanto, preparaba su comunión, la cual se llevaría a cabo en pocos días. Grace, que le estaba haciendo el vestido, debía probárselo de tanto en tanto para ver si el trabajo avanzaba bien. Un día, mientras Charles descansa en su habitación y Grace está con Anne en otra sala probándole el vestido, la madre debe salir y la niña se queda sola. Cuando Grace vuelve, ve a su hija con la cara de una anciana, por lo que comienza a atacarla y a decir “¡Tú no eres mi hija!”. Sin embargo, pronto descubre que había atacado a su hija, y que la visión de la anciana sólo había sido una especie de alucinación. Anne se niega a estar con su madre, aunque Grace jura haber visto a la anciana. La Sra. Mills, por su parte, le dice a Anne que ella también había visto a los “intrusos”, pero que no se lo decía a su madre porque Grace no estaba lista para aceptar la verdad.

Charles se sorprende al oír lo que le cuenta Anne sobre lo que su madre le había hecho. Al otro día, le dice a su esposa que debía regresar a la guerra, por lo que se va, desapareciendo por completo. Después de la partida de Charles, Anne continúa viendo cosas, incluyendo a la familia completa de Victor y a la anciana. Grace se quiebra con la Sra. Mills, quien le dice que “a veces el mundo de los muertos se mezcla con el de los vivos”. Las dos mujeres también encuentran y examinan un “libro de los muertos”, el cual muestra fotografías tomadas en el siglo XIX a cuerpos sin vida, ubicados como si les estuviesen tomando un retrato.

Una mañana, Grace se despierta tras oír gritos de sus hijos: todas las cortinas de su casa, que los protegían de la luz del sol, habían sido quitadas. Cuando los sirvientes se niegan a ayudar a Grace a buscarlas, ésta se da cuenta de que ellos estaban involucrados en el asunto. Escondiendo a sus hijos de la luz, despide a los sirvientes de su casa.

Esa noche, Anne y Nicholas escapan de su casa para buscar a su padre, y encuentran las tumbas semiocultas. Al mismo tiempo, Grace va a las habitaciones de los sirvientes, en donde encuentra una fotografía del “libro de los muertos” para ver, horrorizada, que las personas de la foto eran los tres sirvientes. Mientras tanto, los niños descubren que las tumbas pertenecían a la señora Mills, al jardinero, señor Tuttle y a Lydia, los tres sirvientes. Estos aparecen y comienzan a perseguir a los niños, quienes entran a la casa y se protegen tras su madre, quien dispara contra los sirvientes con una escopeta. Los niños suben a su habitación y se esconden, pero son hallados por una extraña anciana. En la puerta de la casa, los sirvientes siguen hablando con Grace, diciéndole que tenían que aprender a vivir juntos. Pronto comienza a entender a qué se referían. En su habitación, Anne y Nicholas descubren que la anciana era una médium, quien estaba en una sesión espiritista con los padres de Victor. Es en ese momento cuando descubren la verdad: la anciana no era un espíritu que había fallecido y rondaba por la casa; los espíritus eran Anne, Nicholas y su madre. Grace pierde la calma y comienza a atacar a los visitantes. La secuencia se corta constantemente entre la visión de Grace y el de la familia de Victor.

La verdad queda clara finalmente tanto para Grace como para el público: ella comienza a llorar con sus hijos y recuerda qué había pasado antes de la llegada de los sirvientes: sola y enloquecida por la ausencia de su marido y superada por la situación de sus hijos, los había ahogado con una almohada y, luego, dándose cuenta de lo que había hecho, se había suicidado. Cuando se había despertado, había supuesto que Dios le había concedido a ella y a su familia un milagro. Grace y los niños se dan cuenta de que Charles también estaba muerto, pero no estaban atemorizados por este hecho. En ese momento, aparece la Sra. Mills, quien le dice a Grace que debían aprender a convivir, y que en ocasiones ni siquiera notarían la presencia de gente viva en su casa. Fuera de la misma, se muestra a la familia de Victor, empacando y yéndose del lugar. Grace termina diciendo junto a sus hijos que “nadie los haría dejar la casa”.

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