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El abstemio Empédocles

Inducidos por los festejos libatorios de San Patricio podríamos llegar a creer que don Empédocles era un borrachín famoso de las calles porteñas…Pero no!!!!


Por San Petesburgo !!
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¿De qué están hechas todas las cosas?

Sí, las cosas…Ya sea la cartera de la dama y del caballero…su camita…la nube pasajera…el televisor…¿de qué cosa están compuestas? …¡vive Dios!

Hace un tiempo atrás (siglo VII a.C.) un tal Tales que vivía en Mileto (era un grecio…jiji), afirmó que todo se constituía a partir de agua, que enrareciéndose o solidificándose formaba todas las sustancias conocidas.

Como siempre sucede en la humanidad, alguien surge que discute a sus mayores y ese fue el Anaxímenes, (siglo VI a. C.) que vino y dijo: mais non é así…é el aire que fa tuto il laboro. …Y su vecino de Éfeso, don Heráclito dijo: ¡no, animal! es el fuego…!!!

Jenófanes los escuchaba con piedad mientras decía para sus adentros (¡¡qué giles son, cualquiera sabe que es la tierra!!).

Fue entonces cuando apareció en escena, totalmente sobrio, don Empédocles, oriundo de Agrigento y juntó todo y dijo: No se hable más…Acá el agua, el fuego, el aire y la tierra se mezclan y se acabó…!

Estas cuatro raíces (que luego Aristóteles por dar la nota llamó elementos), están sometidas a dos fuerzas, para poder explicar el movimiento (generación y corrupción) en el mundo:

el Couples Amor, que las une, y el Screamer Odio, que las separa.

Aristóteles, lleno de pajaritos Hummingbird y mirando a las nubes , añadió el quinto elemento, (yes, la de Bruce Willis),

el el éter o quintaesencia, que formaba las estrellas, mientras que los otros cuatro formaban las sustancias terrestres.

Las conquistas de un tal Alejandro (el grande…Magno bah), propagaron las ideas del bueno de Aris por todo el mundo conocido, desde España hasta la India. La mezcla de las teorías de Aristóteles con los conocimientos prácticos de los pueblos conquistados hicieron surgir una nueva idea:
La alquimia.

Cuando se fundían ciertas piedras con carbón se obtenían metales, al calentar arena y caliza se formaba vidrio y similarmente muchas sustancias se transformaban en otras.

Los alquimistas suponían que puesto que todas las sustancias estaban formadas por los cuatro elementos de Empédocles, se podría, a partir de cualquier sustancia, cambiar su composición y convertirla en oro, el más valioso de los metales de la antigüedad. Durante siglos, los alquimistas intentaron encontrar, más bien que en vano, una sustancia (la piedra filosofal), que transformaba las sustancias que tocaba en oro, y a la que atribuían propiedades maravillosas y mágicas.


Las conquistas árabes del siglo VII y VIII pusieron en contacto a este pueblo con las ideas alquimistas, que adoptaron y expandieron por el mundo, y cuando Europa, tras la caída del imperio romano cayó en la incultura, fueron los árabes, gracias a sus conquistas en España e Italia, los que difundieron en ella la cultura clásica.

El más importante alquimista árabe fue Yabir (también conocido como Geber) funcionario de Harún al-Raschid (el califa de Las mil y una noches)

y de su visir Jafar (el conocido malvado de la película de Disney). Geber añadió dos nuevos elementos a la lista: el mercurio y el azufre. La mezcla de ambos en distintas proporciones, (según él), originaba todos los metales.

Los árabes llamaron al-iksir a la piedra filosofal y de ahí deriva la palabra elixir.


Símbolos alquímicos

Aunque los esfuerzos de los alquimistas fueron vanos, su trabajo no lo fue. Descubrieron el antimonio, el bismuto, el zinc, los ácidos fuertes, las bases o álcalis (palabra que también deriva del árabe), y cientos de compuestos químicos.

El último gran alquimista, en el siglo XVI, Theophrastus Bombastus von Hohenheim, más conocido como Paracelso y más suizo que los relojes, introdujo un nuevo elemento, la sal. Finalmente, Robert Boyle, en el siglo XVII, desechó todas las ideas de los elementos alquímicos y definió los elementos químicos como aquellas sustancias que no podían ser descompuestas en otras más simples. Fue la primera definición moderna y válida de elemento y el nacimiento de una nueva ciencia:La Química.

Los nombres de los elementos tienen orígenes curiosos…..

Actinio viene del griego Aktis, rayo
Aluminio viene de alumbre
Argón del griego argos, inactivo
Arsénico del griego arsenikos, varón
Azufre del sánscrito sulvere (sulfur)
Bario del griego barys, pesado
Bismuto del alemán weisse Masse, masa blanca
Boro del árabe buraq
Bromo del griego bromos, hedor
Cadmio del griego Cadmus, fundador de Tebas (Se acuerdan de Edipo?)
Cerio del asteroide Ceres, descubierto dos días antes
Circonio del árabe zargun, color dorado
Disprosio del griego dysprositos, difícil de conseguir…..
Lantano del griego lanthanein, yacer escondido
Lutecio de Lutetia, antiguo nombre de París
Mercurio(Hg) del planeta Mercurio, pero en latín hydragyrum, plata líquida………

Fuente
Química General Atkins (hermoso libro)

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EL CIRIO

Fábula de La Fontaine

Las abejas provienen de la mansión de los Dioses.
Las primeras se instalaron según cuentan, en el monte Himeto, y se saciaron allí de los dulcísimos tesoros que engendra el soplo de los céfiros.
Cuando les robaron la ambrosía que guardaban esas hijas del cielo en las celdas de su palacio, o para hablar claro, cuando a los panales, desprovistos de miel, sólo les quedo la cera, comenzó la fabricación de los cirios.
Uno de estos, viendo que la tierra convertida en ladrillo por la acción del fuego, resistía las injurias del tiempo, quiso lograr aquel privilegio, y como nuevo Empedocles (1) condenado al fuego por su insensatez, lanzóse al horno.
Mala idea tuvo, aquel Cirio no entendía ni pizca de filosofía.
Todo es distinto en el mundo.
Sácate de la cabeza, amigo lector, que los demás seres sean de la misma pasta que tú.
El Empédocles de cera se fundió en las brazas, tan loco fue como el otro.

(1)Empédocles, no pudiendo comprender las maravillas del Etna, se echó dentro del volcán, y para que la posteridad no ignorase aquel arrojo, dejó las sandalias al pie de la montaña.

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