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Calderón

Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!):
¡que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!


Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

sueñoson

Gawain. ¿por qué usar una cinta verde?

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La Nochevieja, cuando el año se retira a su lecho de muerte, y la vida, después de haber pasado por sus noches más largas, comienza a soltarse de las garras de la muerte invernal; durante ese lapso entre las fiestas de Navidad y de Epifanía en el que se supone que los duendes y los espectros se han marchado, el Caballero Verde hizo su aparición no anunciada en la corte del rey Arturo. Entró a caballo directamente en el salón principal, y era un hombre de estatura gigantesca; su armadura y su caballo, su rostro y sus armas eran verdes, y lo que empuñaba no era una espada sino una arcaica hacha de combate. Lanzó un desafío a los Caballeros de la Tabla Redonda, que estaban reunidos allí, intimándolos a trabarse en combate con él o quedar deshonrados ante los ojos del mundo.
Pero los términos del desafío eran muy extraños. El caballero que se atreviese a presentarse y convertirse en el paladín de la honra de la corte del rey Arturo debía tomar el hacha de la fantasma y tratar de decapitarla de un solo golpe. A trueque de ello, el mismo paladín debería presentarse en la “Capilla Verde” y enfrentar nuevamente al retador, pero esta vez sería él, y no el Caballero Verde, quien presentara el cuello al golpe del hacha.
El vestiglo(1) formuló sus condiciones, y todo el círculo de la Tabla Redonda permaneció sentado, transido de asombro. A este asombro sucedió una desazón general, porque ninguno de los caballeros se había levantado para aceptarlo. Entonces, el propio rey Arturo se levantó para salvar el honor de la corte, pero su sobrino, sir Gawain, se interpuso rápidamente. El joven se adelantó hasta quedar enfrente del preternatural visitante y se comprometió a cumplir las estipulaciones.

El Caballero Verde desmontó, entregó a sir Gawain su hacha, inclinó y desnudó el cuello, y esperó. Gawain empuñó y sopesó la poderosa arma, y entonces, finalmente, de un solo poderoso tajo, cercenó la cabeza, que cayó al suelo, rodó un poco y se detuvo. Pero el Caballero Verde procedió como si nada hubiera acontecido. Deteniéndose calmosamente, tomó otra vez la cabeza, aferrándola por sus cabellos sueltos y, recuperando otra vez el hacha de las dóciles manos de su rival, montó con agilidad su gran caballo verde. La cabeza, que chorreaba sangre, movió lentamente los labios, y se escuchó otra vez la voz, que conminaba a Gawain a no dejar de presentarse el próximo año en la capilla. Luego el decapitado vestiglo se puso la cabeza bajo un brazo y se marchó.
Cuando el año se acercaba otra vez a su término, poco después de la víspera de Todos los Santos, sir Gawain estaba pronto para encaminarse a la desconocida Capilla Verde. Montó su corcel en medio de las lamentaciones de la corte, porque nadie esperaba que regresase. No obstante ello, el joven caballero estaba, por su parte, bastante alegre: “¿Qué he de temer?”, preguntaba. “¿Qué otra cosa puede acontecerle al hombre fuera de afrontar su destino?” Y así diciendo, picó su caballo y se marchó.
Gawain cabalgó solo. Se encaminó hacia el norte, a través del yermo y del invierno. Ninguna de las personas que encontró en la desolada campiña le pudo mostrar el camino ni decirle nada sobre la capilla. Nunca la habían visto ni sentido hablar de ella. Se vio obligado a seguir su propia voz interior. La aventura fue larga y el frío cada vez más severo, de suerte que Gawain pronto se encontró en un gran aprieto y cabalgando irremediablemente descarriado.
La Nochebuena, cuando estaba perdido en un bosque sombrío, rogó a Cristo y a la Virgen que le mostraran algún cobijo donde pudiera celebrar el nacimiento de su Salvador. Entonces llegó inesperadamente a un poderoso castillo, en lo profundo del yermo, donde le dieron la bienvenida con muy hospitalaria recepción. El castellano, hombre de descomunal estatura y semblante siniestro, se mostró muy solícito por hacer que se sintiera cómodo; y su esposa, mujer de deslumbrador encanto, como también una imponente dueña que residía con ellos en el castillo, parecían deleitarse por igual en tratar como huésped a un tan nombrado caballero. Su acuciante afán por conocer el camino a la Capilla Verde quedó resuelto, porque le dijeron que el lugar se encontraba muy cerca, en un valle angosto y perdido, al que se podía llegar con facilidad. Si se ponía en marcha la mañana de Año Nuevo, podría llegar a tiempo para la cita; entretanto, le instaron, debía permanecer en el castillo, Y así pues se quedó, y lo hicieron objeto de grandes honores y lo agasajaron gratamente.
Tres días antes de la mañana en la que debía partir Gawain, su huésped salió de mañana para una partida de caza. Ambos habían acordado amigablemente la noche anterior, mientras bebían juntos frente al hogar, en que cualquier pieza que cobrara el cazador durante su jornada correspondería al visitante, y, a cambio de ello, el castellano recibiría el botín que Gawain obtuviera quedándose tranquilamente en casa. El pacto había sido bastante divertido, y ambos se rieron mucho.
La salida del cazador a la mañana siguiente fue bulliciosa: aullaban los perros, piafaban los caballos; resonaban las trompas de caza y gritaban los numerosos acompañantes. Luego, cuando el castillo, despoblado de sus moradores, quedó tranquilo, Gawain volvió a dormirse. Pero pronto lo despertó suavemente el advertir que alguien estaba sentado en el borde de su cama. Era la esposa de su alojador. Cuando el castillo quedó vacío, la hermosa mujer había entrado a hurtadillas en la cámara y se había instalado en la cama de Gawain, dentro de las cortinas.
Le hablaba con voz baja, amable, rica y hermosa, y Gawain se sintió irresistiblemente atraído. Pero al ser, como era, un cumplido caballero, se sentía también inamoviblemente ligado por el deber para con su huésped. Con un dominio casi sobrehumano de sus impulsos, resistió lo irresistible, y la magnífica mujer tuvo que contentarse con el otorgamiento de un beso desvaído.
El señor del castillo retornó al atardecer, y sus hombres venían abrumados bajo el peso de las piezas que había cobrado. Las colocaron en filas en el piso del gran salón, y el huésped las presentó a Gawain, el cual en cumplimiento del pacto devolvió al descomunal cazador el beso que había recibido. Y entonces ambos, nuevamente, rieron de todo corazón. ¡Qué mezquino botín, si se lo comparaba con las presas capturadas en ese día!
A la mañana siguiente, el señor del castillo volvió a salir, y otra vez la castellana pasó detrás de las cortinas. Estuvo más apremiante que el día anterior, y el autodominio de Gawain se hizo más precario. Pero el caballero era hábil; no sólo resistió los apremios de su insistente huésped, sino que también la confortó y la apaciguó, de manera que ella, aunque rechazada, no se sintió humillada; y esta vez dio dos besos a Gawain antes de despedirse.

El castellano regresó un poco tarde ese día. Había matado un robusto oso, que presentó al caballero. Y cuando, a cambio, recibió los dos rápidos besitos en la mejilla, los hombres se rieron otra vez de todo corazón.
La tercera y última mañana antes de la partida de Gawain, las cosas transcurrieron con un poco menos de cortesanía detrás de las cortinas del lecho. La mujer insistió con una desesperación que hizo parecer absurdamente arbitraria la sostenida caballerosidad del convidado. La situación se tornó más aguda por el hecho de que el joven y gallardo Gawain tenía considerable reputación como amante. “Dime por lo menos”, imploró la mujer, “que estás enamorado de otra dama y que le has jurado serle fiel”. Pero el joven respondió que no existía en su vida ninguna tal señora de sus pensamientos.
Entonces la mujer pareció buscar alguna prenda, algo que, de alguna manera, aunque fuera intangible, lo hiciera suyo; y se quitó del dedo una pesada sortija, que le instó a aceptar.
Pero él se resistió nuevamente, porque un anillo es un símbolo de la personalidad, y ofrecer un anillo significa la entrega del propio ser. Dar el anillo que se lleva es conferir un poder, la autoridad para hablar o actuar en nombre del que lo entrega. Así, un rey entrega su anillo al funcionario autorizado para dar órdenes y sellar las leyes en lugar de él, y una dama entregará su anillo al caballero que es su caballero. Aceptar un presente tal implica fidelidad, alguna clase de vínculo; y sir Gawain, de acuerdo con su carácter de caballero de la Tabla Redonda del rey Arturo, era muy estricto consigo mismo en lo referente a cualquier relación que lo comprometiera.
Como se ve, el joven venía siendo sometido durante esas últimas horas de su vida a una prueba muy delicada y significativa. Al alba del día siguiente tenía que enfrentarse con el Caballero Verde y resignarse a la pérdida de su cabeza. Entretanto, disponía de un día, un día en el momento del prematuro y radiante ocaso de su juventud. Y si su juvenil cuerpo hubiera podido crear una respuesta viviente a su propio y ahora furiosamente exacerbado deseo de vivir, no hubiera suscitado nada más deseable que esa hermosa y apremiante mujer que se había presentado ante él. Por última vez, el hechizo del mundo estaba delante de él, brindando a sus labios un gusto final, comparativamente breve pero suntuoso, de la vida que demasiado pronto habría de perder. A pesar de ello, el caballero – ese experto amador de nobles y hermosas damiselas, de ninguna manera insensible a sus encantos y demandas – estaba rechazando la dádiva, esa copa de placer llena hasta el borde.

Las razones aducidas y reales de sir Gawain para su acto antinatural eran su obligación caballeresca para con su huésped ausente, y si queremos apreciar el simbolismo de este predicamento, tenemos que tratar de comprenderlas de la misma manera que él. Se lo tentaba a que renunciase, a cambio de un momento de indulgencia consigo mismo, a su dedicación de toda la vida a la perfección de la caballería. Si cedía, su falta no sería la licencia carnal (podemos creer que no la habría rehuido) sino la falta de sinceridad y la infidelidad, y eso hubiera significado la desintegración de la consistencia de todo su ser. Porque sir Gawain era un iniciado, uno de los principales iniciados, en el círculo sagrado de la Tabla Redonda, dedicado solemne y seriamente a la vida modelo del ideal caballeresco. El haber sucumbido a la atracción de una aventura de amor episódica a costa de la coherencia de su carrera hubiera significado traicionar no sólo a su huésped sino a sí mismo. Su vida estaba destinada a terminar pronto; que continuara, pues, hasta el final. Que no se derrumbara en una hora transitoria de azar lujurioso.
Pero la frustrada mujer tenía en juego ahora un problema antagónico de honor, y no había que negarle por completo su requerimiento de que por lo menos se hiciera alguna concesión a su solicitación no encubierta. Gawain no quería aceptar su persona. Gawain no quería aceptar su anillo. ¿No habría, entonces, por ventura, algo menos comprometedor que él quisiera dignarse a recibir de ella, alguna bagatela, algo que ni llegara a ser un presente, una nadería, pero que de todos modos fuera una partícula de su existencia, que pudiera constituir un vínculo secreto entre ellos? Al bajar los ojos, su vista se posó sobre un angosto ceñidor verde, un trocito de cinta, que llevaba en torno de su cintura. Las temblorosas manos la desataron, y ofreciéndosela con instancia al renuente héroe que se encontraba en el lecho, le susurró como si las paredes pudieran oírlos: “Por favor, tomadlo. Es una nadería, pero posee un poder milagroso”. Gawain no había permitido aún a la tentadora que cerrase la mano. “Quienquiera llevare este trozo de cinta sobre su persona”, le dijo, “no puede recibir daño alguno”.
Esta fue una estocada elocuente. La resistencia de Gawain, durante un momento, aflojó algo, y la persistente mujer comenzó a apretar sus dedos para que los cerrase. Renunciando a conquistarlo, había recurrido a un soborno, una apelación a cualquier partícula diminuta de temor que pudiera subsistir aún en el corazón de este valerosísimo mancebo que había viajado desde tan lejos para enfrentar la muerte cara a cara. Poco habría, o quizá nada, en contra de los intereses de su alojador si aceptara tan oportuno talismán. La mujer argüía con un aire de amorosa preocupación, ansiosa por la seguridad del joven: con provisión, exenta de egoísmo, maternal, sin tratar ya de forzar su voluntad por medio de la seducción. Y Gawain fue tomado desprevenido por esta estrategia. Sus dedos comenzaron a cerrarse por sí mismos sobre el frágil cíngulo verde. Luego, de pronto, lo asió y lo recibió, y la mujer, en el ardor de su gratitud y satisfacción, lo besó con entusiasmo tres veces. El joven caballero cabalgaría con mayor confianza la mañana siguiente para llevar a cabo su empresa, un poco menos franco y esplendoroso, menos consciente de su valor, menos recto de lo que hubiera sido de no haber sustraído al huésped una cosilla en la ceremonia de su diario trueque, pero de todos modos sería un jinete extraordinariamente heroico.
El cazador regresó aún más tarde que el día anterior, y sólo pudo exhibir como botín un zorro, flaco y maloliente. Su morral se había ido vaciando día a día, en tanto que el del invitado, dentro de las murallas del castillo, se había ido ensanchando cada vez más. En el momento del intercambio, el huésped, encogiéndose de hombros como para excusarse, presentó su mezquina ofrenda, y el invitado, con apenas una huella de incomodidad, sus tres besos. El trozo de cinta verde no apareció, y la mujer, que había permanecido de pie, vigilando con ansiedad, se esponjó con una mirada de agradecida alegría.

La mañana siguiente, un escudero guió a sir Gawain hasta el valle descarriado, y cuando le señaló el camino hacia la Capilla Verde, le instó con ahínco a que se volviera. Jamás nadie, dijo, había regresado después de entrar en esa capilla. “Por eso, noble señor Gawain, dejad en paz a ese hombre. Idos en otra dirección, y os prometo guardaros el secreto”. Pero el joven caballero no tenía miedo, y con la cinta verde ceñida, confiaba en sobrevivir donde los otros habían perecido.
Siguió solo adelante, y a su debido momento llegó a una bóveda sombría, hundida en el suelo, estropeada por el tiempo y recubierta de musgo, un lugar ominoso para una cita, desolado y silente. Tiró de las riendas de su caballo y se puso a escuchar; y no llevaba mucho tiempo haciéndolo, cuando un ruido que parecía el de una piedra de amolar, como si alguien estuviera afilando un hacha, llegó a través del aire invernal desde la ladera boscosa, del otro lado del torrente. Gawain pronunció en alta voz su nombre y anunció su llegada. Una voz le respondió que aguardara, y volvió a escucharse el horripilante ruido del hacha afilándose. El ruido cesó abruptamente, y en un instante el corpulento Caballero Verde salió de una cueva y se lo vio descender por la ladera.
El saludo fue breve, y como en un encuentro de negocios. Gawain fue conducido al lugar de la ejecución. Imitando a su modelo del año anterior, se mantuvo inmóvil con el cuello inclinado y dispuesto, pero en el momento en que el otro blandió el hacha, instintivamente “encogió un poco los hombros”. Podría decirse que éste fue un segundo síntoma del rasgo que lo había impulsado a aceptar el trozo de cinta, y es interesante notar que, aunque ahora estaba protegido por el talismán, no pudo aceptar plenamente el mandoble inminente.
El Caballero Verde, al verlo titubear, detuvo el golpe y echó en cara a Gawain su cobardía. El joven protestó. El no tenía la suerte, expresó, de poder recoger su cabeza una vez que cayera cercenada. Pese a ello, se puso otra vez en posición, con la promesa de que ahora no temblaría.

El Caballera Verde levantó otra vez el hacha. El imponente verdugo ya había comenzado a descargar el golpe, cuando al advertir que esta vez el caballero no flaqueaba, se interrumpió otra vez deteniendo el impulso de sus dos brazos y comentó con aprobación: “Así me gusta que seáis. Esta vez sí daré el tajo. Pero primero quitaos esa capucha que el Rey Arturo os dio, para que yo pueda dar en vuestro cuello de la manera exactamente debida”.
Gawain se exasperó: “Golpead fuerte de una vez, o de lo contrario pensaré que no os atrevéis a dar el golpe”.
Tomó el hacha por tercera vez, lo alzó todo lo que le permitían los brazos y lo dejó caer; pero fue de tal manera que casi erró, pues sólo arañó la piel con el filo, haciendo en el cuello una delgada raspadura que sangraba ligeramente.
Gawain, cuando sintió eso, saltó a un lado, asió las armas y se preparó para el combate. “¡Os reto!”, exclamó, “¡lo convenido fue un golpe, y nada más!”
El Caballero Verde sonreía, apoyado tranquilamente en su hacha. “No os exaltéis”, dijo, “habéis recibido el golpe que merecíais. No haré nada más para dañaros. Por dos veces me contuve. Estos golpes fueron inocuos porque por dos veces guardasteis la fe que me habíais prometido y me devolvisteis los besos que habíais recibido de mi esposa. Pero la tercera vez faltasteis, y por eso os marqué con mi hacha. El ceñidor verde que lleváis me pertenece; mi mujer lo hizo para mí. Fui yo quien la envié a vos con sus caricias, sus besos y la verde tentación. Yo sabía todo lo que habría de pasar. Y entre todos los caballeros del mundo sir Gawain es como una perla entre guisantes. Fallasteis un poco cuando fuisteis sometido a prueba por tercera vez, pero no por concupiscencia o autocondescendencia, sino porque amabais vuestra vida y os sentíais desdichado de abandonarla”.

Sir Gawain enrojeció de vergüenza: “¡Malditos seáis ambos, el Temor y el Deseo! Sois los destructores del valor viril y del heroísmo.” Se sacó el cíngulo(2) y lo alargó para devolverlo, pero el Caballero Verde se negó a recibirlo. Confortó al joven héroe, encareciéndole que conservara la cinta verde como un presente, y luego lo invitó a compartir otra vez la hospitalidad de su castillo.
Gawain rehusó acompañarlo, pero consintió en guardar el ceñidor, que ató con un nudo oculto debajo de su brazo. Debería servirle siempre de recordatorio de cómo había fallado. Y así volvió indemne a la Tabla Redonda de la corte del rey Arturo, donde contó su aventura.
Los caballeros hicieron poca cuenta de su falla, pero mucha del heroísmo de su victoria. Y en memoria del extraordinario suceso, decidieron unánimemente llevar siempre, a partir de entonces, un trozo de cinta verde.

Heinrich Zimmer
El Rey y su Cadáver
Cuentos psicológicos sobre la conquista del mal.
Compilación de Joseph Campbell

(1) vestiglo.

(Del lat. besticŭlum).

1. m. Monstruo fantástico horrible.


(2) cíngulo.

(Del lat. cingŭlum, de cingĕre, ceñir).

1. m. Cordón o cinta de seda o de lino, con una borla en cada extremo, que sirve para ceñirse el sacerdote el alba.

2. m. Cordón que usaban por insignia los soldados.

HI

Yo era él

Estábamos 10 o 12 personas en el interior de la sucursal bancaria de la esquina, cuando entró un tipo fuera de sí blandiendo una pistola.

Tras ordenar que nos sentáramos en el suelo, con la espalda apoyada en la pared y las manos sobre las rodillas, exigió la combinación de la caja fuerte. Supe de súbito que aquel atracador era yo. Lo supe de un modo intuitivo, claro, no racional, pero sin lugar a dudas de ninguna de clase. Lo malo es que el resto de los clientes debieron de notarlo también, lo digo por la forma en que comenzaron a mirarme.

Se me ocurrió, para disimular, interpelar con dureza al atracador, que me respondió con un tiro en el pie derecho. La bala atravesó el zapato, rompió los huesos que halló a su paso y salió por la suela, incrustándose en el suelo. No me dolió, pero me incomodó ver el agujero, del que comenzó a salir perezosamente una sangre más negra que roja.

El tiro, lejos de disipar mi convicción de que yo era el que empuñaba la pistola, me afianzó en ello, igual que al resto de las víctimas, por lo que volví a encararme con el atracador, esta vez llamándole hijo de perra. La respuesta fue un nuevo disparo, en el otro pie. A ver si de este modo, me dije, he logrado desviar la atención de mí.

Pero eché una ojeada a mi alrededor y comprobé, por el modo en que continuaban mirándome, que no. ¿Qué hacer? Sentía una vergüenza enorme. Pensaba en mi familia, en mis amigos; también, absurdamente, en los críticos literarios. Entonces me abrí teatralmente la camisa y pedí a gritos al atracador que me matara, suponiendo que mi muerte disiparía todas las sospechas. El tipo se volvió hacia mí, me pegó un tiro en el pecho y me morí.

No supe qué dijeron al día siguiente los periódicos, ni los críticos. Pero di por bien empleado el sacrificio si sirvió para que nadie se diera cuenta de que yo era él.

Juan José Millás
Viernes 11 de marzo
ElPais.com

Millás

Millás



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contadores visitas

¿QUIÉN SERÁS ESTA NOCHE?





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EL SUEÑO  J.L.BORGES

EL SUEÑO J.L.BORGES

Échale la culpa a él

Vicente Gallego

Vicente Gallego



LA ORGÍA LO ESPERA…

Los antiguos poetas serán más reconocidos…pero los contemporáneos son más fogosos…y sensatos.

Hoy te has ido de fiesta con amigas,
y sin que tú lo sepas me regalas
un tiempo de estar solo que ya empieza
a ser raro en mi vida, un tiempo útil
para intentar pensar en ti como si fueras
lo que siempre debiste seguir siendo
cuando pensaba en ti: aquella persona,
en todo semejante a cualquier otra,
que una noche lejana tuvo el gesto
generoso y extraño de entregarme su amor.
Pero el amor nos cambia, nos convierte en espías
ridículos del otro, en implacables jueces
que condenan sin pruebas y comparten
sus estúpidas penas con el reo.
El amor nos confunde y trata ahora
de que vea en tu fiesta una traición.
Por huir de esa trampa me amenazo
con los nombres que cuadran al que cae en su vacío:
egoísta, ridículo, inseguro, celoso…
Y como un ejercicio de humildad pienso en ti
divirtiéndote sola: te imagino bailando
y mirando a otros hombres;
al calor del alcohol
confiesas a una amiga algunas cosas
que te irritan de mi sin que yo lo sospeche,
y por unos instantes saboreas
una vida distinta que esta noche te tienta
porque eres humana, aunque no me haga gracia.
Ahora caigo en la cuenta de que dudas
como yo dudo a veces, y que también te aburres,
y que incluso algún día habrás soñado
follar como una loca con el tipo que anuncia
la colonia de moda.
Para calmarme un poco
tras la última idea, yo me digo
que el amor es un juego donde cuentan
mucho más los faroles que las cartas,
y procuro ponerme razonable,
pensar que es más hermoso que me quieras
porque existen las fiestas, y las dudas,
y los cuerpos de anuncio de colonia.
Lo que quiero que sepas es que entiendo
mejor de lo que piensas ciertas cosas,
que soy tu semejante, que he pensado besarte
cuando llegues a casa; y que es el amor
-ese tipo grotesco y marrullero-
el que va a hacerte daño con palabras
absurdas de reproche cuando vuelvas,
porque ya estás tardando, mala puta.
Échale a él la culpa
La plata de los días
Vicente Gallego


Una mujer sin país






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http://blogsdelagente.com/morgana/2010/08/21/prd-american-physical-society/

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La vi aquella primavera en Campino, con el conde de Capra —el que lleva bigote—, entre la tercera carrera y la cuarta, bebiendo Campari junto a las pistas del hipódromo, con las montañas a lo lejos y, más allá de las montañas, una masa de nubes que en América hubieran significado una tormenta para la hora de cenar capaz de derribar árboles, pero que allí terminaría por quedarse en nada. Volví a verla en el Tennerhof de Kitzbühel, donde un francés cantaba canciones de vaqueros ante un público que incluía a la reina de Holanda; pero nunca la vi en las montañas, y no creo que esquiara; iba allí, al igual que tantos otros, para estar con la gente y participar en la animación. Más tarde la vi en el Lido, y de nuevo en Venecia algo después, una mañana en que yo iba en góndola a la estación y ella estaba sentada en la terraza de los Gritti, tomando café. La vi en la representación de la Pasión de Erl; no exactamente en la representación, sino en el mesón del pueblo, donde se suele comer aprovechando el intermedio, y la vi en la plaza de Siena con motivo del Palio, y aquel otoño en Treviso, cuando cogía el avión para Londres. Exagero, pero todo esto podría ser verdad. Era una de esas personas que vagabundean incansablemente, y luego, noche tras noche, se van a la cama para soñar con bocadillos de beicon, lechuga y tomate. Aunque procedía de una pequeña ciudad industrial del norte donde se fabricaban cucharas de palo, uno de esos lugares solitarios de donde surge, paradójicamente, la sociedad internacional, eso no tuvo nada que ver con su vida errante. Su padre era el gerente de la fábrica, que pertenecía a la familia Tonkin: grandes propietarios, dueños de regiones enteras, por lo que la tramitación de su divorcio fue seguida con gran interés por los periódicos sensacionalistas; el joven Marchand Tonkin pasó un mes allí para adquirir práctica en los negocios, y se enamoró de Anne. Ella era una chica normal, dulce y modesta, por naturaleza —cualidades que nunca perdió—, y se casaron al cabo de un año. Aunque eran inmensamente ricos, Tonkin no amaban la ostentación, y la joven pareja vivió discretamente en un pequeño pueblo desde donde Marchand se trasladaba todos los días a Nueva York para trabajar en el despacho familiar. Tuvieron un hijo y vivieron una vida feliz y sin historia hasta una húmeda mañana del séptimo año de su matrimonio. Marchand tenía una reunión en Nueva York y debía tomar el tren a primera hora de la mañana. Pensaba desayunar en la ciudad. Eran alrededor de las siete cuando se despidió de su mujer. Anne no se había vestido, y estaba echada en la cama cuando lo oyó pelearse con el motor del coche que solía usar para ir a la estación. Después oyó cómo se abría la puerta principal y la voz de su marido que la llamaba mientras subía la escalera. El coche no se ponía en marcha, ¿le importaría llevarlo a la estación en el Buick? No le daba tiempo a vestirse, de manera que Anne se echó una chaqueta por encima de los hombros y lo llevó a la estación. De medio cuerpo para arriba estaba correctamente vestida, pero de la chaqueta para abajo el camisón seguía siendo transparente. Marchand le dio un beso de despedida y le recomendó que se vistiera en seguida; Anne abandonó la estación, pero en el cruce de Alewives Lane y Hill Street se quedó sin gasolina. Como se hallaba delante de la casa de los Bearden, pensó que podrían proporcionarle un poco de gasolina, o, al menos, prestarle un abrigo. Tocó el claxon una y otra vez hasta darse cuenta de que los Bearden estaban de vacaciones en Nassau. Todo lo que podía hacer era esperar en el coche, prácticamente desnuda, a que alguna compasiva ama de casa pasara por allí y se ofreciera a ayudarla. Mary Pym fue la primera, y aunque Anne la saludó con la mano, pareció no darse cuenta. Después pasó Julia Weed, que llevaba a Francis al tren a toda velocidad, pero que iba demasiado de prisa para fijarse en nada. A continuación cruzó por allí Jack Burden, el libertino del pueblo, y sin que nadie lo llamara, pareció sentirse magnéticamente atraído hacia el automóvil. Se detuvo y preguntó si podía ayudar en algo. Anne se trasladó a su coche —¿qué otra cosa podría haber hecho?—, pensaba en lady Godiva y en santa Águeda. Lo peor de todo fue que no acababa de despertarse: de cruzar la distancia entre las sombras del sueño y la luz del día. Y era un día sin luz, sombrío y opresivo, como el ambiente de una pesadilla.

Se cumple este año el 110 aniversario de la colonia Yaddo para artistas. En 1900 el matrimonio formado por Spencer y Katrina Trask después de perder en una semana a sus 4 hijos pequeños, decidió dedicar la residencia que tenían en Saratoga Springs, (estado de Nueva York) a apoyar desinteresadamente a artistas de diferentes disciplinas. La leyenda dice que la tierra sobre la que está construida la casa que da cuerpo a Yaddo emana inspiración creativa. Se cree que en esos terrenos había entre 1830 y 1840 una taberna donde iban a cenar muchos escritores, entre ellos Edgar Allan Poe que parece que terminó allí The Ravern. El nombre “Yaddo” es una invención de una de las hijas pequeñas de los fundadores que buscaba una palabra que rimara con “Shadow”.

El sendero hasta su casa quedaba oculto desde la carretera gracias a unos cuantos arbustos, y cuando Anne se apeó del coche y le dio las gracias a Jack Burden, él la siguió escalones arriba y se aprovechó de ella en el vestíbulo, donde fueron descubiertos por Marchand cuando volvió en busca de su cartera. Marchand abandonó la casa en aquel mismo momento, y Anne nunca volvió a verlo. Murió de un ataque cardíaco diez días después en un hotel de Nueva York. Sus suegros fueron a los tribunales para solicitar la custodia del niño, y durante el juicio, Anne —en su inocencia— cometió la equivocación de echarle la culpa de su extravío a la humedad. Las revistas sensacionalistas lo sacaron a relucir —no fui yo; fue la humedad—, y aquello se extendió por todo el país. Inventaron una canción que se hizo muy popular, y, dondequiera que iba, parecía que Anne estaba condenada a escucharla: La pobrecita Isabel nunca besaba a un doncel si faltaba la humedad, pero si estaba nublado, no se podía contener, convertida en un tornado… A mitad de juicio, Anne retiró sus demandas, se puso unas gafas de sol y se embarcó de incógnito para Génova, catalogada como persona indeseable por una sociedad que sólo parecía capaz de suavizar su puritanismo con un procaz sentido del humor. No le faltaba dinero, claro está —sus sufrimientos eran sólo espirituales—, pero la habían herido, y sus recuerdos eran amargos. Por lo que sabía de la vida, Anne tenía derecho al perdón, pero no se lo habían concedido, y su propio país, al recordarlo desde el otro lado del Atlántico, parecía haber dictado contra ella una sentencia salvaje y poco realista. Se la había utilizado como cabeza de turco; se la había puesto en ridículo, y precisamente porque su pureza de corazón era auténtica, estaba profundamente ofendida. Basaba su expatriación en razones morales más que culturales. Al interpretar el papel de europea, quería expresar su desaprobación por lo que había pasado en su país. Vagabundeó por toda Europa, pero finalmente compró una villa en Tavola-Calda y pasaba allí por lo menos la mitad del año. Aprendió italiano, así como todos los sonidos guturales y gestos de manos que acompañan al idioma. En el sillón del dentista decía ¡ay!, en lugar de ¡au!, y podía espantar a un abejorro de su vaso de vino con gran elegancia. Se sentía muy dueña de su expatriación —su territorio personal, conseguido con grandes sufrimientos—, y la irritaba oír a otros extranjeros hablando italiano. Su villa era encantadora; los ruiseñores cantaban en los robles, las fuentes susurraban en el jardín, y ella, desde la terraza más alta, con el cabello teñido del peculiar tono bronceado que estaba de moda en Roma aquel año, saludaba a sus huéspedes: «Bentornati. Quanto piacere!», pero la escena no era nunca del todo perfecta. Parecía una reproducción, con las leves imperfecciones que se encuentran en las ampliaciones: una disminución de calidad. El resultado no era tanto que estuviera de verdad en Italia como que se había marchado completamente de Estados Unidos. Anne pasaba gran parte del tiempo con gente que, como ella, aseguraban ser víctimas de una atmósfera moral represiva y raquítica. Sus corazones estaban en los muelles de los puertos, siempre escapándose de casa. Anne había pagado su continua movilidad con cierta dosis de soledad. El grupo de amigos que esperaba encontrar en Wiesbaden desapareció sin dejar ninguna dirección. Los buscó en Heidelberg y en Munich, pero no consiguió encontrarlos. Las invitaciones de boda y los partes meteorológicos («La nieve cubre el nordeste de Estados Unidos») le producían una terrible nostalgia. Siguió perfeccionando su interpretación del papel de europea, y, aunque sus logros eran admirables, no dejaba de tener una especie de alergia a las críticas, y detestaba que la confundiesen con una turista. Un día, al final de la temporada en Venecia, tomó el tren en dirección al sur, y llegó a Roma en una calurosa tarde de setiembre. La mayor parte de los habitantes de la Ciudad Eterna estaban durmiendo, y el único signo de vida eran los autobuses de los turistas rechinando cansadamente por las calles, como si fueran una pieza básica en el funcionamiento de la ciudad, igual que el alcantarillado o la conducción de la luz. Le dio el talón del equipaje a un mozo y le describió sus maletas en un excelente italiano, pero él no se dejó engañar y murmuró algo acerca de los norteamericanos. ¡Eran tantos! Esto irritó a Anne, que replicó con aspereza: —Yo no soy norteamericana. —Disculpe, signora —dijo el otro—. ¿De qué país es usted, entonces? —Soy griega —respondió. La enormidad, la tragedia de su mentira fue un terrible golpe para ella. «¿Qué he hecho?», se preguntó a sí misma con incredulidad. Su pasaporte era tan verde como la hierba, y viajaba bajo la protección del Gran Sello de Estados Unidos. ¿Qué la había impulsado a mentir sobre una faceta tan importante de su identidad? Tomó un taxi par a ir a un hotel de Via Veneto, mandó subir las maletas a la habitación, y se dirigió al bar para beber algo.

Me irrita mi falta de volumen físico y me irrita sentir esta preocupación. No hay muchas pruebas de ello en las fotografías que poseo, pero temo que me tomen por un viejo contramaestre, por un amable empleado de ferretería que sabe dónde están los clavos de todos los tamaños, por un secretario de fábrica de escopetas, por un vigilante de pequeño museo con uniforme raído que susurra: “Es hermoso, ¿verdad?”. Me veo en Berlín Occidental, maestro de ceremonias en la boda de Iole: bang-bang, una llama dinámica, brillante. A falta de volumen, uno tiene ánimo. Patino, saco la nieve y creo ver en un árbol desconocido un rastro de verdor y luz. Me parece que es lo que buscaba. Pero al acostarme a dormir la siesta, en el extremo oscuro o misterioso de las cosas imagino que estrecho entre mis brazos a un amante indigno.

Me irrita mi falta de volumen físico y me irrita sentir esta preocupación. No hay muchas pruebas de ello en las fotografías que poseo, pero temo que me tomen por un viejo contramaestre, por un amable empleado de ferretería que sabe dónde están los clavos de todos los tamaños, por un secretario de fábrica de escopetas, por un vigilante de pequeño museo con uniforme raído que susurra: “Es hermoso, ¿verdad?”. Me veo en Berlín Occidental, maestro de ceremonias en la boda de Iole: bang-bang, una llama dinámica, brillante. A falta de volumen, uno tiene ánimo. Patino, saco la nieve y creo ver en un árbol desconocido un rastro de verdor y luz. Me parece que es lo que buscaba. Pero al acostarme a dormir la siesta, en el extremo oscuro o misterioso de las cosas imagino que estrecho entre mis brazos a un amante indigno.

No había más que un norteamericano: un hombre de cabellos blancos con un audífono. Estaba solo y parecía sentirse solo; finalmente se volvió hacia la mesa donde se encontraba Anne y le preguntó muy cortésmente si era estadounidense. —Sí. —¿Cómo es que habla italiano? —Vivo aquí. —Me llamo Stebbins —dijo él—. Charlie Stebbins, de Filadelfia. —Encantada —dijo ella—. ¿De qué parte de Filadelfia? —Bueno; nací en Filadelfia —dijo él—, pero no he vuelto allí desde hace cuarenta años. Mi verdadero hogar es Shoshone, en California. Lo llaman la puerta del valle de la Muerte. Mi mujer era de Londres. Londres en el estado de Arkansas, ja, ja. Mi hija se educó en seis estados de la Unión: California, Washington, Nevada, Dakota del Sur y del Norte y Louisiana. Mi mujer murió el año pasado, y decidí que tenía que ver un poco de mundo. Las barras y las estrellas parecían materializarse en el aire por encima de la cabeza del señor Stebbins, y Anne se dio cuenta de que en Norteamérica las hojas estaban cambiando de color. —¿Qué ciudades ha visitado? —le preguntó. —¿Sabe? Es un poco cómico, pero no lo sé demasiado bien. Una agencia de California planeó el viaje y me dijeron que iba a hacerlo con un grupo de norteamericanos, pero tan pronto como llegué a alta mar descubrí que viajaba solo. No volveré a hacerlo nunca. En ocasiones me paso días enteros sin oír hablar a nadie en un inglés de Estados Unidos decente. Fíjese que algunas veces me siento en la habitación y hablo conmigo mismo por el placer de escuchar norteamericano. No sé si me creerá, pero tomé un autobús de Frankfurt a Munich, y no había nadie allí que supiera una palabra de inglés. Después tomé otro autobús de Munich a Innsbruck, y tampoco había nadie que hablara inglés. Luego otro de Innsbruck a Venecia y tres cuartos de lo mismo, hasta que se subieron unos norteamericanos en Cortina. Pero de los hoteles no tengo ninguna queja. Normalmente hablan inglés en los hoteles, y he estado en algunos francamente buenos. A Anne le pareció que aquel desconocido, sentado en un taburete de un sótano romano, había conseguido redimir a su país. Un halo de timidez y de hombría de bien parecía rodearlo. En la radio, la emisora de las fuerzas armadas de Verona lanzaba a las ondas los compases de Stardust. —Eso es Stardust —señaló el norteamericano—. Aunque supongo que ya habrá reconocido la canción. La escribió un amigo mío, Hoagy Carmichael. Sólo con esa pieza gana todos los años seis o siete mil dólares de derechos de autor. Es un buen amigo mío. No lo he visto nunca, pero nos escribimos. Quizá le parezca extraño tener un amigo al que no se ha visto nunca, pero Hoagy es realmente amigo mío. A Anne le pareció que sus palabras eran mucho más melodiosas y expresivas que la música. El orden de las frases, su aparente falta de sentido, el ritmo con que habían sido pronunciadas le parecieron como la música de su propio país y se vio andando, todavía muchacha, junto a los montones de serrín de la fábrica de cucharas, camino de la casa de su mejor amiga. A veces, por las tardes, tenía que esperar en el paso a nivel, porque iba a cruzar por allí un tren de mercancías. Primero se oía un sonido a lo lejos, como de un huracán, y después un trueno metálico, el ruido de las ruedas. El tren de mercancías cruzaba a toda velocidad, como un rayo. Pero leer los carteles de los vagones solía emocionarla; no es que le hicieran imaginarse maravillosas posibilidades al final del trayecto: tan sólo la grandeza de su propio país, como si los estados de la Unión —estados trigueros, estados petrolíferos, estados ricos en carbón, estados marítimos— se deslizaran por la vía muy cerca de donde ella se había parado, y desde donde leía Southern Pacific, Baltimore & Ohio, Nickel Plate, New York Central, Great Western, Rock Island, Santa Fe, Lackawanna, Pennsylvania, para ir después perdiéndose paulatinamente a lo lejos. —No llore, mujer—dijo el señor Stebbins—. No llore. Había llegado el momento de volver a casa, y Anne cogió un avión para París aquella misma noche; al día siguiente tomó otro con destino a Idlewild. Temblaba de nerviosismo mucho antes de que vieran tierra. Volvía a casa, volvía a casa. El corazón se le subió a la garganta. ¡Qué oscura y qué reconfortante parecía el agua del Atlántico después de aquellos años en el extranjero! A la luz del amanecer, desfilaron bajo el ala derecha del avión las islas con nombres indios, e incluso llegaron a entusiasmarla las casas de Long Island, colocadas como los hierros de una parrilla. Dieron una vuelta sobre el aeropuerto y aterrizaron. Anne tenía pensado buscar una cafetería allí mismo, y pedir un sándwich de beicon, lechuga y tomate. Agarró con fuerza su paraguas (parisino), y su bolso (sienés), y esperó su turno para abandonar el avión, pero cuando estaba bajando la escalerilla, antes incluso de tocar con los zapatos (romanos) su tierra nativa, oyó cantar a un mecánico que trabajaba en un DC-7 muy cerca de allí: La pobrecita Isabel nunca besaba a un doncel… No llegó a salir del aeropuerto. Tomó el siguiente avión para Orly y se reunió con los cientos, con los miles de norteamericanos que circulaban por Europa, alegres o tristes, como si realmente fueran gentes sin un país. Se los ve doblar una esquina en Innsbruck, en grupos de treinta, y esfumarse. Llenan un puente de Venecia, e inmediatamente ya se han ido. Se los oye pidiendo ketchup en un refugio del macizo Central por encima de las nubes, y se los ve curioseando entre las cuevas submarinas, con sus gafas y sus aparatos para respirar, en las aguas transparentes de Porto San Stefano. Anne pasó el otoño en París. También estuvo en Kitzbühel. Se trasladó a Roma para los concursos de equitación, y fue a Siena para ver el Palio. Seguía viajando sin descanso, soñando siempre con sándwiches de beicon, lechuga y tomate.

Una mujer sin país

Relatos

John Cheever

Sueños y Sonrisas

               Supe enseguida que era un sueño porque encontré una vaca bebiendo agua del fregadero. Lo confirmé al asomarme por la ventana: había cuatro lunas. Tomé las llaves del auto. Zavala me había hecho la vida imposible primero en la universidad y luego en la oficina. Era mi oportunidad. Me desquitaría aunque fuera durante un sueño. Llegué a su casa y toqué la puerta. Me abrió él. Antes de que pudiera decir algo, me le fui encima y cerré mis manos en su garganta. Fue un placer indescriptible mirar sus ojos desorbitados. Pude incluso patearlo.

Al regresar a casa, encontré abierta la ventana de mi dormitorio. Me asomé: Raquel, mi esposa, estaba en la cama con cuatro hombres. Mi primer impulso fue gritar, pero las palabras no sonaban y Raquel siguió revolcándose con el cuarteto. En ese instante desperté. Estaba sudando. Consulté el reloj: ya eran más de las ocho. Me di un baño y entonces fui a la cocina. Después de servirme un plato con huevos, Raquel dijo: “Te tengo una noticia terrible: acaban de decir en el noticiario que tu amigo Zavala amaneció muerto; su esposa asegura que mientras dormía comenzó a forcejear con el aire y que luego se agarró la garganta como si se estuviera asfixiando”. Se me atoró el huevo en el cogote del puro susto. Miré a Raquel: a pesar de que se esforzaba por ocultarla, una sonrisa amplia le atravesaba el rostro.

SUEÑOS Y SONRISAS – Daniel Avechuco Cabrera 
MÉXICO

fuente

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La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos

La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos


La democracia sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida, por la elección hecha merced a una mayoría incompetente.

El hombre que escucha la razón está perdido.
La razón esclaviza a todos los que no son bastante fuertes para dominarla.

G.B.SHAW

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a algunos les alcanzará con eso…pero para los que necesitan saber más…lo que sigue

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George Bernard Shaw nació en Dublín, Irlanda, el 26 de julio de 1856 y falleció en Ayot St. Lawrence, Hertfordshire el 2 de noviembre de 1950. Este irlandés se ganó el premio Nobel de Literatura en 1925 y además el Oscar en 1938.

Shaw nació en Dublín, en una familia pobre y protestante. Se educó en el Wesley College en Dublín, y emigró a Londres en 1870, para comenzar su carrera literaria.

Allí, escribió cinco novelas que fueron rechazadas por los editores. Comenzó a escribir una columna de crítica musical en el periódico Star. Mientras tanto, comenzó a involucrarse en la política, y sirvió como concejal en el distrito de St. Pancras a partir de 1897. Fue un socialista notable, destacado miembro de la Sociedad Fabiana, que buscaba la transformación de la sociedad a través de métodos no revolucionarios. El trabajo periodístico ejercido durante sus primeros años, comprendía desde la crítica literaria y artística hasta colaboraciones sobre temas musicales que firmó, entre 1888 y 1890, con el seudónimo de Corno di Bassetto.

Shaw se volvió vegetariano cuando tenía veinticinco años, después de una lectura de H. F. Lester. En 1901, rememorando la experiencia, dijo “Fui caníbal durante veinticinco años. Por el resto de tiempo, he sido vegetariano”. Como convencido vegetariano, fue un firme anti-viviseccionista y antagonista de deportes crueles por el resto de su vida. La creencia en la inmoralidad de comer animales fue una de las causas más cercanas a su corazón y es un tópico frecuente en sus obras y prefacios. Su posición, mantenida sucintamente, fue “Un hombre de mi intensidad espiritual no come cadáveres”.

En 1895, Shaw se convirtió en el crítico teatral del periódico Saturday Review, lo cual fue el primer paso hacia la carrera de dramaturgo.

En 1898, Shaw se casó con Charlotte Payne-Townshend.

Candida, su primera obra exitosa, se estrenó ese mismo año. Le siguieron The Devil’s Disciple (1897), Arms and the Man (1898), Mrs. Warren’s Profession (1898), Captain Brassbound’s Conversion (1900), Man and Superman (1903), Caesar and Cleopatra (1901), Major Barbara (1905), Androcles and the Lion (1912), y Pigmalión (1913), por la que en 1938 obtuvo el Óscar al mejor guión adaptado.

Después de la Primera Guerra Mundial produjo varias obras, incluyendo Heartbreak House (1919) y Saint Joan (1923). Una de las características de las obras de teatro de Shaw es la larga introducción que las acompaña. En estos ensayos introductorios, Shaw daba su opinión —normalmente controvertida— sobre los temas que eran tratados en la obra. Algunos de estos ensayos son inclusive más extensos que la obra misma.

La turbulencia política en Irlanda no le fue indiferente. Acerca del levantamiento de Pascua, Shaw abogó en contra de la ejecución de los líderes rebeldes, argumentando que todos los hogares que se destruyeron podían ser siempre reconstruidos. Shaw fue amigo personal del líder Michael Collins, a quien invitó a cenar a su casa cuando Collins negociaba el tratado anglo-irlandés con David Lloyd George en Londres.

Shaw se preocupó por las inconsistencias en la escritura de la lengua inglesa, a tal grado de que en su testamento destinó una parte de sus bienes a la creación de un nuevo alfabeto fonético para el inglés. Tal proyecto nunca pudo comenzar, pues los bienes monetarios que Shaw dejó no eran suficientes. Sin embargo, las regalías obtenidas por los derechos de Pigmalión y My Fair Lady (obra musical basada en la obra de Shaw) fueron significativas.

Los herederos desarrollaron entonces el denominado alfabeto Shaviano.

Shaw tuvo una larga amistad con el escritor británico Gilbert Keith Chesterton y con el compositor Sir Edward Elgar. Shaw es la única persona que ha ganado un Premio Nobel y también un Óscar (en la categoría de mejor guión, por Pigmalión, en 1938).

Desde 1906 hasta su muerte en 1950, Shaw vivió en Shaw’s Corner, en el poblado de Ayot St. Lawrence, Hertfordshire. La casa se encuentra abierta al público visitante. El Teatro Shaw en Londres se abrió nuevamente en 1971, en su honor.

Escribió un poco como verán…un poco de todo. Los enlaces llevan a la Wiki para que uds. abran la puerta al mundo que se les antoje. Hay más de una muy atractiva. Cincuenta o cien años no son nada en lo que se refiere a la sociedad.

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Drama

Novelas

Ensayos

Crítica musical

Debate

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Adelantándonos…para no quedar atrás…VI

Pocos saben que es un cuento navideño…

pero sí…lo es.

Tchaikovsky hizo este hermoso ballet basándose en el cuento de E.T.A. Hoffmann,

“El Cascanueces y el Rey de los Ratones”.

La familia de Clara celebra la Nochebuena con una gran fiesta para sus invitados. Clara y su hermano Fritz esperan con impaciencia que el excéntrico Tío Drosselmeyer llegue con su regalo especial. Éste resulta ser un gran castillo de juguete automático, con soldados que se mueven y cisnes que nadan en su foso. Además, trae para Clara un regalo especial, un cascanueces, y además le cuenta la historia de cómo el Cascanueces llegó a ser Rey de los Muñecos.

La Historia Del Cascanueces

En un Reino muy lejano, había un Rey y una Reina que tenían una preciosa hija, la Princesa Perlipat. Para celebrar el cumpleaños del Rey, la Reina preparó una tarta especial de queso azul, el favorito del Rey. Sin embargo, el olor del queso atrajo a todos los ratones, que se comieron la tarta. El Rey se encolerizó y ordenó a su inventor Drosselmeyer que capturase a todos los ratones. Drosselmeyer y su sobrino Hans consiguieron atrapar a todos excepto a la Reina de los Ratones y a su único hijo.

Como venganza, la Reina de los Ratones hechizó a la Princesa Perlipat hasta volverla insoportablemente fea. Entonces el Rey ordenó a Drosselmayer que buscase una cura. Drosselmayer averiguó que la Nuez Krakatooth podría invertir el hechizo, siempre que fuese abierta con los dientes de un hombre joven que no llevase botas. El Rey llamó a todos los príncipes y nobles, prometiendo que el que lograra abrir la nuez se casaría con Perlipat. Sin embargo, la nuez era tan dura que todos los hombres se rompieron los dientes intentándolo.

Entonces intervino el sobrino de Drosselmeyer, Hans, que consiguió abrir la nuez y curar a Perlipat. La Reina de los Ratones, furiosa, le lanza un hechizo para convertirlo en un Cascanueces, Príncipe de los Muñecos. Después, una columna cae sobre ella y muere, convirtiéndose su hijo en el Rey de los Ratones. Drosselmeyer es expulsado del Reino por “intentar hacer pasar un Cascanueces por yerno”.

La Venganza del Rey de los Ratones

Clara se queda triste por el final de la historia, pero el Tío Drosselmeyer la consuela diciéndole que el hechizo puede romperse. Esa noche, cuando todo el mundo se ha ido a dormir, Clara baja a la salita para bailar con el Cascanueces. De repente llega el Rey de los Ratones, que quiere vengarse del Cascanueces por haber herido su cola al caer la columna que mató a su madre. Todos los muñecos de la sala cobran vida y pelean contra el ejército de los ratones. La batalla termina cuando Clara lanza una zapatilla al Rey de los Ratones, que termina herido y sale huyendo. Clara tropieza y se golpea la cabeza contra el reloj, quedando inconsciente. A la mañana siguiente, le cuenta a su madre lo ocurrido, pero ella le manda descansar y olvidarse de cuentos de hadas.

La noche siguiente, el Rey de los Ratones vuelve, enfadado con Clara. Entonces pelean el Cascanueces con el Rey de los Ratones, mientras el resto de juguetes pelean contra los ratones. El general Pantaloon, un viejo muñeco, resulta herido y han de revivirlo en el País de los Muñecos. Entonces Clara encoge hasta tener el tamaño de una muñeca, gracias a la magia de Drosselmeyer.

El País de los Muñecos

Clara sigue a los juguetes hasta el País de los Muñecos, que resulta ser el castillo de Drosselmeyer. Allí, Clara baila con el Cascanueces y él le pide que se quede y sea Princesa, pero ella responde que tiene que volver a casa y crecer. Entonces los muñecos empiezan a volverse juguetes inanimados y aparece el Rey de los Ratones, herido y buscando una última venganza. Cuando se abalanza sobre Clara, termina cayendo al foso del castillo.

De Vuelta a Casa

Clara despierta y nada parece haber ocurrido, salvo que su familia ha encontrado un ratón muerto cerca del castillo de juguete. Ella corre al taller del Tío Drosselmeyer y llorando le pide saber si es cierto todo lo que ella vivió. De repente aparece un chico joven llevando un reloj, y ella enmudece. Drosselmeyer lo presenta como su ayudante Hans, pero ella ha reconocido en él al Cascanueces.



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Adelantándonos…para no quedar atrás. III

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Es un hombre que está solo pero no espera. Se nota que no espera. Tiene una mueca en los labios que intenta o pretende ser una sonrisa, pero no lo es. Con las manos entrelazadas sobre la mesa, mira cantar a la chica de vestido largo azul. Todo el restaurante la mira, y también lo mira a él. Pero no parece que por una secreta historia de amor.

En el “Jardín Iguazú” la fauna de esa noche, 24 de diciembre, es por lo menos llamativa. Los chinos están en la larga mesa del fondo, contra las verjas, y desde allí llega un suave murmullo como de palomas. Su extraña lengua entremezcla vocablos del guaraní y del castellano, particularmente en los más chicos, que llaman la atención por su comportamiento serio, casi adulto.

El patio es grande, como para cincuenta mesas o algo más. Casi todas están ocupadas por una legión de rostros peculiares que parlotean como pájaros de hablar diverso: las chicas que parecen alemanas, o austríacas, comen tan discretas como rubias; los dos franceses de camiseta y shorts que parecen gemelos, o pareja gay, tragan como si ésa fuese la última cena antes de subir al patíbulo; una barra de cordobeses grita cerca de los chinos y suelta procacidades cada tanto, pidiéndole a la chica del vestido largo azul que cante temas cuarteteros onda Mona Jiménez.

El hombre que está solo ha terminado de comer. Antes de las once de la noche ya se ha pasado dos veces una blanca servilleta de papel por los labios y ha bebido un par de copas de sidra helada con que la casa invita a los comensales. Chun Li, el patrón que vigila que nada escape a su control, ha dispuesto que la sidra se incluya en el precio del tenedor libre chino-argentino: veinte pesos, o dólares, por persona y con toda otra bebida aparte. Mientras María Paula, la mesera que nos toca, nos sirve la sidra e informa sobre la mesa de comidas, calculo que hay más de cien personas en el local: un negocio redondo sobre todo porque hay gente como esos cuatro europeos de nacionalidad indefinible que ya van por la octava botella del mejor tinto nacional, o ese grupo de estudiantes norteamericanos con camisetas de NYU y otras universidades que desde las ocho de la noche están bebiendo cerveza con un apasionamiento como el de la Quinta Flota cada vez que ataca un país árabe.

La chica canta ahora boleros de Luis Miguel y es difícil decidir si es mejor mirarle las piernas bellísimas que asoman por el tajo del vestido largo azul, o seguir la conducta tan extraña de Solari, como hemos bautizado al hombre de la mueca en la boca que parece sonrisa pero no es sonrisa. Su comportamiento es por completo educado, o quizás habría que decir medido. Como una representación de lo discreto, no es tristeza lo que define su estado. Es más bien un transcurrir a contramano de todos, el cual, finalmente, resulta patético.
Es un hombre apuesto, ciertamente: andar por los cuarenta largos, quizás cincuenta muy bien llevados, con algunas canas sobre las orejas, lomo trabajado en gimnasio, manos de campesino o de obrero: bastas, fuertes, grandes. Viste con sencillez, como casi todos esa noche abrasadora de Navidad y en ese punto caliente de la frontera: jean y camisa de mangas cortas en tono pálido, nada para destacar.


Lo que destaca es que está solo y su soledad es absoluta, insólita para esa noche y ese sitio, una solitariedad, se diría, tan llamativa como la joroba del de Notre Dame, indiscreta como un comentario del inolvidable Max Ferrarotti de Soriano.

Imposible no mirarlo. Es casi agresiva su desolación. Preside una mesa vacía con restos de pavo y un trozo de pan dulce a medio comer. Ha pedido ahora una botella de vino blanco que beberá solo, quizás como lo ha hecho toda su vida, y lo bebe parsimonioso y lento como haciéndolo durar hasta las doce, cuando la chica del vestido largo azul anuncia que es la hora del gran brindis y los besos y los buenos deseos, y estallan las mesas de los argentinos, los cordobeses y unos rionegrinos de más allá, y también un grupo de brasileños que se lanzan a bailar como siempre hacen los brasileños para que todo el mundo los quiera, y de modo más contenido los europeos, y con asiática frialdad los chinos: todos se besan, se abrazan, se saludan, nos besamos, brindamos de mesa a mesa, alzamos copas, algunos le hacen guiños a la chica del vestido largo azul que canta algo de Caetano. Chun-Li vigila la caja y que todo esté en orden, y luego de cinco minutos yo advierto, y creo que todos advertimos, que el hombre solo sigue solo, impertérrito, alzando su copa apenas hasta la altura de sus labios y como para brindar con nadie. De una mesa vecina un matrimonio mayor se le acerca para brindar con él, acaso conmovidos por su desamparo; cambian saludos y otra mujer, de unos cuarenta años y a la que imagino solterona, va y le zampa un beso y un abrazo como diciéndole oiga, che, no joda, venga a divertirse un rato que aquí estoy yo y la noche es propicia. Pero el hombre, tras devolver, gentil y educado, los saludos, retorna a su mesa, a su soberbia, a su patética soledad sin esperanzas.

Hacia la una de la madrugada y después de tangos, cumbias y hasta chacareras a pedido, la chica del vestido largo azul se toma un respiro con sus músicos, algunos turistas se retiran a descansar, y con Daniel, que ha mantenido sus cámaras colgadas del cuello como un médico de terapia intensiva su estetoscopio, decidimos que es hora de ir a dormir pues mañana será un día de trabajo. Pagamos a María Paula y saludamos a Chun-Li y los suyos. Yo le doy un beso fraternal a María Paula, que no ha dejado de bailar cumbias desde que terminó la cena, y antes de salir miro por última vez al hombre solo y le pregunto a María Paula qué onda con el que sigue allí, sentado, con su mueca que pretende ser sonrisa pero no lo es y que intenta ser agradable sin lograrlo.

—¿Ése? —dice con desprecio María Paula—. Es un gendarme retirado que torturó y mató a un montón de gente. Hace años era el hombre más temido de la frontera; ahora es sólo eso que ves: menos que un pobre infeliz, una mierdita.

Y me da un beso y otro a Daniel, y sigue bailando. Nos vamos al hotel, pensando en el día siguiente. Y sin mirar atrás.

Giardinelli, Mempo. «Un cuento de Navidad». Brecha Nº 684 (Montevideo), 8 de enero de 1998: contratapa. Ahora en Cuentos Completos. Buenos Aires: Seix Barral, 1999. 389-392.


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Aquí: Adelantándonos…para no quedar atrás. II



Adelantándonos…para no quedar atrás.

Campanas de Navidad Animado, Campanas Animaciones Gratis Campanas de Navidad Animado, Campanas Animaciones Gratis

¿A quién quieres tener contigo en estas fiestas…?


El Alcázar de Segovia

PALABRAS DE MOHAMED
En el Sahara, en un campamento de refugiados, un niño sordomudo llamado Mohamed, vivía en la pobreza. Su profesora le enseñaba a escribir, pero a él le costaba mucho debido a su invalidez. Cuando llegaba a casa salía al corral a dar de comer al camello y pasaba las horas con él. El camello al comer movía la boca y él creía que le estaba hablando. Todo lo que creía que decía el camello lo escribía y así se convirtió en uno de los mejores poetas de su país.
Jorge Gómez Rodríguez
Asociación Juvenil el Torreón
Segovia

Catedral de Segovia

EL ABETO DE NAVIDAD
En un lejano bosquecillo, tiempo ha, nació un abeto llamado Chris; con él, un pino, de nombre Rito. Se hicieron muy amigos; lo pasaban estupendamente. Un día, Rito despertó con unas pequeñas protuberancias. Un viejo pino, explicó que aquello eran piñas.
Rito presumía orgulloso de ellas, y Chris admiraba desconcertado tales adornos.
Acudieron al bosque unos niños a jugar, pero estalló una tormenta, y salieron corriendo, olvidándose sus juguetes. Chris los recogió y se los colgó cual piñas.
Volvieron los niños por sus juguetes, mas no quisieron quitárselos. Trajeron nuevos adornos, y extendieron la tradición de los Abetos de Navidad.

Marta Romero Bermejo
Asociación Juvenil el Torreón
Segovia

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Vamos con el árabe…!!!! KG

بارا اِنتيندير اِل كوراسون ج لا مينتي دي اُنا بيرسونا, نو تي فيخيس اِن لو كي ا اِجو نو تي فيخيس اِن لو كي ا لوغرادو سينو اِن لو كي اسبيرا ا اسير.

Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ha hecho, no te fijes en lo que ha logrado, sino en lo que aspira a hacer.

Khalil Gibrán

Poeta Libanés

Clavel Azul (flor nacional de El Líbano)

EL OJO

Un día dijo el Ojo:

-Más allá de estos valles veo una montaña envuelta en azul velo de niebla. ¿No es hermosa?

El Oído oyó esto, y tras escuchar atentamente otro rato, dijo:
-Pero; ¿dónde está esa montaña? No la oigo…

Luego, la Mano habló, y dijo:
-En vano trato de sentirla o tocarla; no encuentro ninguna montaña.

Y la Nariz dijo:
-No hay ninguna montaña por aquí; no la huelo.

Luego, el Ojo se volvió hacia el otro lado, y los demás sentidos empezaron a murmurar de la extraña alucinación del Ojo. Y decían entre sí: ” ¡Algo debe de andar mal en el Ojo!”

A PESAR DE TODO…introducción al jeroglífico

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http://blogsdelagente.com/morgana/2009/11/14/neuroteologia-regalo-cumpleanos-abelito

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A pesar de todo, me trae cada día
la loca esperanza, la loca poesía.

A pesar de todo, de todas las cosas,
me brota la vida, me crecen las rosas.

A pesar de todo me llueven luceros,
invento un idioma diciendo te quiero.

Un sueño me acuna, y yo me acomodo
mi almohada de luna, a pesar de todo…

A pesar de todo, la vida que es dura,
también es milagro, también aventura.

A pesar de todo irás adelante.
La fe en el camino será tu constante!

A pesar de todo, dejándola abierta,
verás que se cuela el sol por tu puerta.

No hay mejor motivo, si encuentras el modo,
de sentirte vivo… A pesar de todo!

A pesar de todo estoy aquí puesta,
los pájaros sueltos, la luna de fiesta.

A pesar de todo me besa tu risa,
y el duende, y el angel del vino y la brisa.

A pesar de todo, el pan y la casa,
los chicos que crecen jugando en la plaza…

A pesar de todo la vida perdona!
A pesar de todo y de todas las cosas…

María Elena Walsh

(que es exactamente lo que los jeroglíficos anuncian, como todos se dieron cuenta desde el principio.)

YAPA: Mercedes

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♥ ♥ ♥ Pendejadas♥ ♥ ♥


Jacopo Bassano (1517-1592)
Retrato de un Cardenal
(Manierismo)

De acuerdo a su personalidad y a como le funcione el equipo, elija…

Espero que el caballo se canse
para que llegue al puerto
de las aguas quietas,
donde el mar silba
su saliva de labios secos y agonías
Espero que las tempestades
se estrujen
con la fuerza de los años
y los truenos se retiren;
y los ruidos se ensordezcan.
Que este cuerpo
esté presente
para beber del sol
En paz.

ODA PARA LA VEJEZ
Silvia Angélica Sánchez
GENERAL ROCA,
RIO NEGRO – PATAGONIA,
Argentina

o bien…

Efraín Wachs (91), Lorenzo Escobar (95), Manuel Rajas (95) y Andrés Costilla (93) disputarán mañana una prueba inédita de 4×100 metros en la Plaza Independencia de Tucumán.
Nota de Clarín del día de ayer, por Horacio Ortelli

“Caminar es salud, correr es vivir”

es el lema de Efraín.

“Cuando era joven no corría como ahora. Hacía una vida más sedentaria por eso ahora intento recuperar el tiempo perdido”. Lo que no ha perdido el gran Efraín Wachs a sus 91 años es la fuerza para conseguir los objetivos que se propone. Luego de brillar en el Mundial de Atletismo de veteranos de Lathi, Finlandia, este rosarino radicado en Tucumán se trazó como meta armar una posta con otros tres integrantes de más de 90. Mañana, a las 9, cuando inicie el recorrido por la Plaza Independencia de San Miguel de Tucumán, Efraín verá su sueño hecho realidad.

¿Cómo se juntó Wachs con Lorenzo Escobar (95 años), Manuel Rajas (95 años) y Andrés Costilla (93 años), los otros integrantes de la posta? En diálogo con Clarín.com, Efraín lo cuenta: “Ahora son mis amigos. Pero no los conocía desde antes. Sucede que hace dos o tres años puse un aviso en el diario pidiendo que la gente mayor de 70 años viniera a entrenar y de a poco se fueron sumando”.

No conformes con los 100 metros que recorrerán cada uno en esa inédita posta, los cuatro abrirán la segunda competencia de la jornada, en la que Efraín asegura que participarán 100 personas (veteranos en su mayoría) en homenaje al mutualismo, y luego, a las 18, repetirán la posta de 4 x 100 metros, “de manera oficial, con cronómetro y controlados”.

Pero Efraín no se queda ahí. Ya trabaja, en colaboración con el PAMI, para lograr que más personas se vuelquen a la actividad deportiva. “Les dije que en un año vamos a tener cien Efraínes más y eso los motiva mucho”, revela. Así es Efraín Wachs, un buen espejo para todos.

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Reencuentro (3er. Concurso de Relatos Cortos)

“Reencuentro”

Juan pedalea tranquilo.
Las tres sombras sin vida lo cuidan, lo protegen de los grandes peligros, esos que traen los vivos y que lo han dejado sin sus hermanas.
Esta parte del recorrido será húmeda y silenciosa. Propicia para recordar el aspecto de las dos. No ha olvidado la rubia cabellera de Sissy y la postura peleadora de Leonarda.
Ellas lo esperan, tal vez. O quizás sea tarde y sus infancias se hayan ido. Ya se verá…

Este relato participa en el 3º concurso de relatos cortos.

Las bases aquí: Bases

Para votar el relato desde el 29 de Octubre, aquí: 3º concurso

Finde tranqui, mucho discurso y pocas nueces…

Yo no puedo hacerlo así…

INFIERNO. CANTO I

A mitad del camino de la vida,
en una selva oscura me encontraba
porque mi ruta había extraviado.

¡Cuán dura cosa es decir cuál era
esta salvaje selva, áspera y fuerte
que me vuelve el temor al pensamiento!

Es tan amarga casi cual la muerte;
mas por tratar del bien que allí encontré,
de otras cosas diré que me ocurrieron.

Yo no sé repetir cómo entré en ella
pues tan dormido me hallaba en el punto
que abandoné la senda verdadera.

Mas cuando hube llegado al pie de un monte,
allí donde aquel valle terminaba
que el corazón habíame aterrado,

hacia lo alto miré, y vi que su cima
ya vestían los rayos del planeta
que lleva recto por cualquier camino.

Entonces se calmó aquel miedo un poco,
que en el lago del alma había entrado
la noche que pasé con tanta angustia.

Y como quien con aliento anhelante,
ya salido del piélago a la orilla,
se vuelve y mira al agua peligrosa,

tal mi ánimo, huyendo todavía,
se volvió por mirar de nuevo el sitio
que a los que viven traspasar no deja.

Repuesto un poco el cuerpo fatigado,
seguí el camino por la yerma loma,
siempre afirmando el pie de más abajo.

Y vi, casi al principio de la cuesta,
una onza ligera y muy veloz,
que de una piel con pintas se cubría;

y de delante no se me apartaba,
mas de tal modo me cortaba el paso,
que muchas veces quise dar la vuelta.

Entonces comenzaba un nuevo día,
y el sol se alzaba al par que las estrellas
que junto a él el gran amor divino

sus bellezas movió por vez primera;
así es que no auguraba nada malo
de aquella fiera de la piel manchada

la hora del día y la dulce estación;
mas no tal que terror no produjese
la imagen de un león que luego vi.

Me pareció que contra mí venía,
con la cabeza erguida y hambre fiera,
y hasta temerle parecia el aire.

Y una loba que todo el apetito
parecía cargar en su flaqueza,
que ha hecho vivir a muchos en desgracia.

Tantos pesares ésta me produjo,
con el pavor que verla me causaba
que perdí la esperanza de la cumbre.

Y como aquel que alegre se hace rico
y llega luego un tiempo en que se arruina,
y en todo pensamiento sufre y llora:

tal la bestia me hacía sin dar tregua,
pues, viniendo hacia mí muy lentamente,
me empujaba hacia allí donde el sol calla.

Mientras que yo bajaba por la cuesta,
se me mostró delante de los ojos
alguien que, en su silencio, creí mudo.

Cuando vi a aquel en ese gran desierto
«Apiádate de mi ‑yo le grité‑,
seas quien seas, sombra a hombre vivo.»

Me dijo: «Hombre no soy, mas hombre fui,
y a mis padres dio cuna Lombardía
pues Mantua fue la patria de los dos.

Angel 2

Nací sub julio César, aunque tarde,
y viví en Roma bajo el buen Augusto:
tiempos de falsos dioses mentirosos.

Poeta fui, y canté de aquel justo
hijo de Anquises que vino de Troya,
cuando Ilión la soberbia fue abrasada.

¿Por qué retornas a tan grande pena,
y no subes al monte deleitoso
que es principio y razón de toda dicha?»

« ¿Eres Virgilio, pues, y aquella fuente
de quien mana tal río de elocuencia?
‑respondí yo con frente avergonzada‑.

Oh luz y honor de todos los poetas,
válgame el gran amor y el gran trabajo
que me han hecho estudiar tu gran volumen.

Eres tú mi modelo y mi maestro;
el único eres tú de quien tomé
el bello estilo que me ha dado honra.

Mira la bestia por la cual me he vuelto:
sabio famoso, de ella ponme a salvo,
pues hace que me tiemblen pulso y venas.»

«Es menester que sigas otra ruta
‑me repuso después que vio mi llanto‑,
si quieres irte del lugar salvaje;

pues esta bestia, que gritar te hace,
no deja a nadie andar por su camino,
mas tanto se lo impide que los mata;

y es su instinto tan cruel y tan malvado,
que nunca sacia su ansia codiciosa
y después de comer más hambre aún tiene.

Con muchos animales se amanceba,
y serán muchos más hasta que venga
el Lebrel que la hará morir con duelo.

Éste no comerá tierra ni peltre,
sino virtud, amor, sabiduría,
y su cuna estará entre Fieltro y Fieltro.

Ha de salvar a aquella humilde Italia
por quien murió Camila, la doncella,
Turno, Euríalo y Niso con heridas.

Éste la arrojará de pueblo en pueblo,
hasta que dé con ella en el abismo,
del que la hizo salir el Envidioso.

Por lo que, por tu bien, pienso y decido
que vengas tras de mí, y seré tu guía,
y he de llevarte por lugar eterno,

donde oirás el aullar desesperado,
verás, dolientes, las antiguas sombras,
gritando todas la segunda muerte;

y podrás ver a aquellas que contenta
el fuego, pues confían en llegar
a bienaventuras cualquier día;

y si ascender deseas junto a éstas,
más digna que la mía allí hay un alma:
te dejaré con ella cuando marche;

que aquel Emperador que arriba reina,
puesto que yo a sus leyes fui rebelde,
no quiere que por mí a su reino subas.

En toda parte impera y allí rige;
allí está su ciudad y su alto trono.
iCuán feliz es quien él allí destina!»

Yo contesté: «Poeta, te requiero
por aquel Dios que tú no conociste,
para huir de éste o de otro mal más grande,

que me lleves allí donde me has dicho,
y pueda ver la puerta de San Pedro
y aquellos infelices de que me hablas.»

Entonces se echó a andar, y yo tras él.

Divina Comedia
Dante Alighieri
Traducción de Luis Martínez de Merlo (Cátedra, Madrid)




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Las puertas del Infierno

Auguste Rodin
Mide 6 m de alto, 4 de ancho y 1 de profundidad.

Contiene 180 figuras cuyas dimensiones fluctúan entre los 15 cm y más de un 1 m.

ODA A LA LIBERTAD, mi libertad civil bien entendida.

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Estadio Mariano Melgar

*********************************************************

Ninguno ha de quererte
como yo te he querido,
te engañas si pretendes
hallar amor más fino.

Habrá otros nidos de oro,
pero no como el mío,
por quien vertió tu pecho
sus primeros gemidos.

Vuelve mi palomita,
vuelve a tu nido.

Bien sabes que yo, siempre
en tu amor embebido,
jamás toqué tus plumas,
ni ajé tu albor divino;
si otro puede tocarlas
y disipar su brillo,
salva tu mejor prenda
ven al seguro asilo.

Vuelve palomita,
vuelve a tu nido.

No pienses que haya entrado
Aquí otro pajarillo:
No palomita mía,
Nadie toca este sitio.
Tuyo es mi pecho entero,
Tuyo es este albedrío;
Y por ti sola clamo
Con amantes suspiros.

Vuelve palomita,
Vuelve a tu dulce nido.

Yo sólo reconozco
Tus bellos coloridos,
Yo sólo sabré darles
Su aprecio merecido,
Yo sólo así merezco
Gozar de tu cariño;
Y tú sólo en mí puedes
Gozar días tranquilos.

Vuelve, que ya no puedo
Vivir sin tus cariños,
Vuelve mi palomita,
Vuelve a tu dulce nido.

MARIANO MELGAR
(1790-1815)

Mariano Melgar nace el 8 de agosto de 1790 en Arequipa, Perú. Sus padres son Juan de Dios Melgar y doña Andrea Valdivieso.

Ingresa a estudiar en el convento de San Francisco, en donde se prepara en Artes y Humanidades.

A la edad de 17 años ingresa al seminario conciliar de San Jerónimo. Por su inteligencia obtuvo una beca para estudiar Teología, al mismo tiempo que se le encarga la cátedra de Latinidad y Retórica.

Recibe el apoyo de Francisco Javier de Luna Pizarro y Francisco de Paula Gonzáles Vigil, sacerdotes liberales; decide perfeccionar su educación, recibiendo influencia de las lecturas de Virgilio.

Enseña Gramática y Latinidad cuando surge en él el amor por Silvia, es decir Maria Santos Corrales, quien tenía entonces trece años (él era casi 7 años mayor).

Melgar abandona los hábitos y antes de cumplir veinte años, en 1811, viaja a Lima enviado por sus padres, en donde vive en un ambiente revolucionario. Es aquí donde compone su Oda a la Libertad ofrecida a Baquiano y Carrillo y continuará escribiendo a la patria.

Al regresar a Arequipa siente el rechazo de Silvia y su sensibilidad de poeta se ve herida escribiendo sonetos en donde revela una inclinación prerromántica.
Durante un tiempo convive con los agricultores en el valle de Majes y tomará contacto con la lírica quechua y mestiza, con el antiguo Arañil, que luego él transformará en Yaraví ofreciendo así la primera manifestación.
Durante la rebelión de Pumacahua, Melgar se alista en las filas revolucionarias, cae prisionero en Humachiri, y es condenado a muerte en la mañana del 15 de marzo de 1815.
Mariano Melgar es fusilado por orden de Miguel de Amat cuando apenas tiene 25 años de edad.

Cuatro años después Silvia se casa con Miguel de Amat.


ODA A LA LIBERTAD

(1) Por fin, libre y seguro
Puedo cantar. Se rompió el duro freno,
Descubriré mi seno,
Y con lenguaje puro
Mostraré la verdad que en él se anida,
Mi libertad civil bien entendida.

(2) Oíd: cese ya el llanto;
Levantad esos rostros abatidos,
Indios que con espanto,
Esclavos oprimidos,
Del cielo y de la tierra sin consuelo,
Cautivos habeis sido en vuestro suelo.

(3)Oid, patriotas sabios,
Cuyas luces nos daban el tormento
De mirar al Talento
Lleno siempre de agravios,
Cuando debiera ser dictador justo
Apoyo y esplendor del trono augusto.

(4) Oye, mundo ilustrado,
Que viste con escándalo a este mundo,
En tesoros fecundo,
A tí sacrificado;
Que recogiendo el oro americano,
Te burlaste del precio y del tirano.

(5) Despotismo severo,
Horribles siglos, noche tenebrosa,
Huid. La india llorosa,
El sabio despreciado, el orbe entero,
Sepan que espiró el mal; y que hemos dado
El primer paso al bien tan suspirado.

(6) Compatriotas queridos,
Oid: también amigos europeos,
Que en opuestos deseos
Nos visteis divididos,
Oid. Acaba ya la antigua guerra;
Amor, más que tesoros, da esta tierra.

(7) Días ha que a la Iberia
Del Empíreo bajó, de luz rodeada,
La Libertad amada,
A extinguir la miseria
Que en nuestro patrio suelo desdichado
Por tres siglos había dominado.

(8) Casi hasta el firmamento
Levantádose había el despotismo,
Y los pies del coloso en el abismo
Tenía su cimiento.
¿Pero de qué ha servido?
De hacer con su caída mayor ruido.

(9) Pisóle en la cabeza
La Santa Libertad: se ha desplomado:
Se extremeció la tierra; y espantado
Volvió a ver su fiereza
Todo hombre; pero ved que ya no es nada
Su estatua inmensa en polvo disipada.

(10) Vieron más los mortales:
El cetro que arrancado al rey había
La Libertad, lo dio a la nación mía,
“Acabad vuestros males:
Resistid al tirano.”
Dijo la Diosa con acento humano.

(11) Sonó en toda la esfera
Voz tan dulce: los polos retumbaron:
El eco derramaron
Sobre la tierra entera;
Y la América toda en el momento
Saltó llena de gozo y de contento.

(12) ¿Pero quien ejercita
Este poder? ¿En donde se comienza
A formar la obra inmensa
Del remedio a que incita
Esta voz celestial? Así decía,
Y empezó mi país desde aquel día.

(13) Ya todo se previene
Para el día inmortal; más del averno
El enemigo eterno
Del hombre, el Error, viene
Arrastrando consigo hacia la tierra
La Discordia feroz, la cruda Guerra

(14) Sobre este monte inmenso
Que a la ciudad domina, se ha sentado:
Sobre ella ha vomitado
Un humo denso y negro.
A todos dejó ciegos la negrura:
¡Cuánto horror presentó su noche oscura!

(15) “Siempre seré oprimido,”
Pensó el indio infeliz dentro del pecho
Bajo su pobre techo
De su triste familia circuido,
Lloró sobre sus hijos su quebranto,
Y la esposa bebió su amargo llanto.

16) “Triunfe allá la ignorancia”
Dijo el sabio sentado en su retiro,
“Si olvidado me miro,
“Si falta vigilancia
“Sobre la ilustración, ¿por qué me muevo?
“Así fue siempre, no es defecto nuevo”

(17) “Huyamos,” grita, “huyamos”
Tímido y aterrado el europeo,
“Jurar mi ruina veo
“O diestros elijamos
“A quienes con justicia y con prudencia
“Muden en favor nuestro la sentencia”

(18) “¿Qué haceis? ¡Qué! ¿No miraste
“Que pacíficos somos, generosos,
“Amantes y obsequiosos?
“Decid: ¿donde observasteis
“El furor que temeis? Equivocados
“De nuestro amor huis precipitados”

(19) Así dijo el patricio
Y su voz escuchó la Providencia
Su invisible presencia
Disipió el negro vicio;
Y cuando el pueblo unido reclamaba,
Ella los electores señalaba.

(20) ¿Pero clamó con esto
El temor, la aflicción, la desconfianza?
Cobró nueva esperanza,
Nuevo aliento funesto
El Error; y su empeño redoblando
Volvió el indio a su pena,

(21) La Discordia a los hombres fue turbando
El sabio hollado a su misantropía;
Y el de Iberia creía
que la grave cadena
De las manos del noble americano
Pasaría a ligar su fuerte mano.

(22) Mas ¡qué! la Paz risueña
Mandó que no salieran del congreso:
Votó por la ciudad, y a su regreso
En publicar se empeña
Que nada se recele, que ha extirpado
La cruel discordia de su pueblo amado.

(23) Volvió al Congreso luego,
Pues se dejó sentir su breve ausencia:
Con su afable presencia
Apagó pronto el fuego.
¿Cómo han de pensar todos igualmente,
Ni dónde un mal cesó tan prontamente?

(24) En tanto que asistían
La Paz y la Virtud al cuerpo, sabio,
Al triunfo o a su agravio
Suspensas atendían,
Pisando cada una en su montaña,
Minerva, la India, y la orgullosa España.

(25)Yo lo vi: en la del medio
Minerva se paró; a su diestro lado
Manco estuvo, rodeado
de indios que su remedio
esperaban; y allí con el hispano
esperó Iberia en la siniestra mano,

(26) Ya Febo se apartaba,
Cansado de aguardar, hacia el poniente
Más suena de repente
La voz que se deseaba:
“El indio, el sabio de la unión amante,
“Os han de gobernar, en adelante”

(27) ¡Eco posible! “¡Viva!”
“¡Viva, si, la elección que nos conserva”
Manco, Iberia, Minerva
Con voz dulce y activa
Clamaron: y los Incas sepultados
Saltaron de su tumba alborozados.

(28) Los sabios se alentaron,
Quedó el hispano en la ciudad seguro;
Y los que “país oscuro”
A mi suelo llamaron,
Mirándole en prodigios tan fecundo,
“Ahora sí es,” dijeron, “nuevo mundo.”

(29) Por el volcán terrible
Se sumergió el Error avergonzado,
De la mortal Discordia acompañado.
¡Oh, día el más plausible!
¡Oh Arequipa! ¡Teatro afortunado
De una acción en que tanto se ha logrado!

(30) ¡Oh sabios magistrados!
Jamás cantar sabré vuestros loores,
Pero ¿qué más honores?
¿Qué himnos más bellos más proporcionados
Que el general placer con que mil veces
Se felicita el pueblo por sus jueces?

(31) Compatriotas amados
Que en Ultramar la luz primera visteis;
¿Esto es lo que temisteis?
¿Pensasteis ¡qué engañados!
Que un pueblo Americano
Sería vengativo, cruel, tirano?

(32) No tal: fue nuestro anhelo
Este sólo; que al justo magistrado,
Ya por sí penetrado
De amor al patrio suelo
Le urgiesen a ser fiel en cada punto
Deudos, padre, hijo, esposa, todo junto.

(33) Así será; y gozosos
Diremos: “Es mi Patria el globo entero:
Hermano soy del Indio y del Ibero;
Y los hombres famosos
Que nos rigen, son padres generales
Que harán triunfar a todos de sus males”

BERENICE



Berenice, obra surrealista de Paul Freeman

Berenice es un nombre de origen macedonio que significa “portadora de la victoria

Hubo muchas Berenice, en la Historia, en la Literatura, en la Geografía, en la Ópera, en la Cosmología, pero aquí sólo me dedicaré a tres.
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La primera empieza por casa y es este bello poema
CANTOS A BERENICE (I)
Si la casualidad es la más empeñosa jugada del destino,
alguna vez podremos interrogar con causa a esas escoltas de
genealogías
que tendieron un puente desde tu desamparo hasta mi exilio
y cerraron de golpe las bocas del azar.
Cambiaremos panteras de diamante por abuelas de trébol,
dioses egipcios por profetas ciegos,
garra tenaz por mano sin descuido,
hasta encontrar las puntas secretas del ovillo que devanamos
juntas
y fue nuestro pequeño sol de cada día.
Con errores o trampas,
por esta vez hemos ganado la partida.
OLGA OROZCO

Éste es un fragmento del poema CANTOS A BERENICE de la poeta argentina Olga Nilda Gugliotta Orozco, (Toay, La Pampa, 17 de marzo de 1920 – 15 de agosto de 1999).
Poco recordada hoy en día, OROZCO fue una gran figura de las letras argentinas con buenos reconocimientos:


  • «Primer Premio Municipal de Poesía» (1963)
  • «Premio de Honor de la Fundación Argentina» (1971)
  • «Premio Nacional de Teatro a Pieza Inédita» (1972) por Y el humo de tu incendio está subiendo
  • «Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes» (1980)
  • «Premio Esteban Echeverría»
  • «Gran Premio de Honor» de la SADE
  • «Premio Nacional de Poesía» (1988)
  • «Premio Gabriela Mistral» de la OEA (1988)
  • «Láurea de Poesía de la Universidad de Turín»
  • «Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo» (1998).
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La segunda se refiere a nuestra casa más grande, el Universo, y es la constelación de la Coma de Berenice…
Constelación de la Coma de Berenice


Berenice era la esposa del rey de Egipto, Ptolomeo III, Evergetes (El Bienhechor), de la dinastía Ptolemaica.

Cuando Ptolomeo subió al trono, su primera misión consistió en ir a Siria para luchar contra el rey Seleuco II y vengar el asesinato de su hermana y de su sobrino (que era el heredero al trono de esta región de Asia).
Combatió largamente y obtuvo muchas victorias, pero en su ausencia, su esposa Berenice languidecía y estaba llena de temores por la vida de su esposo.

En su desconsuelo, un día fue al templo de Afrodita y allí juró ante la diosa que sacrificaría para ella su hermosa cabellera (que era la admiración de todos cuantos la conocían), en el caso en que Evergetes regresara vivo y vencedor. Así fue, y ese mismo día, el día de su regreso, Berenice cumplió su promesa.
Pero por la noche alguien llegó hasta el templo y robó la cabellera. Se rumoreó que lo hizo un sacerdote del templo de Serapis, dios egipcio, indignado por el hecho de que la reina hiciera un sacrificio a una deidad griega. La desesperación de Berenice y el furor de Ptolomeo ante el hecho del hurto fueron grandes.

Pero ante ellos llegó el astrónomo Conón de Samos para calmarlos. Su ciencia era muy venerada; había escrito siete libros sobre astronomía y todo el mundo conocía su gran amistad con el famoso Arquímedes de Siracusa.

Conón mostró a los reyes una agrupación de estrellas, y les contó que esa agrupación acababa de aparecer en el firmamento y que sin duda se trataba de la cabellera de Berenice, que había sido transportada allí por la diosa Afrodita, a quien se le había ofrecido.

Después, el sabio Conón dibujó una larga melena de estrellas en el globo celeste del Museo de Alejandría.

Galaxia NGC 4565, descubierta por Herschel en 1785, en la constelación Coma Berenices (Berenice’s Hair)
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La tercera Berenice de hoy, y quizás la más conocida, es un cuento de Edgar Allan Poe, que empieza aquí, en traducciòn de Julio Cortázar, y sigue en los comentarios (que Morganita me perdone).


Berenice

Edgar Allan Poe
Dicebant mihi sodales, si sepulchrum amicae visitarem, curas meas aliquantulum fore levatas

Ebnaiat

La desdicha es diversa. La desgracia cunde multiforme sobre la tierra. Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris, sus colores son tan variados como los de éste y también tan distintos y tan íntimamente unidos. ¡Desplegada sobre el ancho horizonte como el arco iris! ¿Cómo es que de la belleza he derivado un tipo de fealdad; de la alianza y la paz, un símil del dolor? Pero así como en la ética el mal es una consecuencia del bien, así, en realidad, de la alegría nace la pena. O la memoria de la pasada beatitud es la angustia de hoy, o las agonías que son se originan en los éxtasis que pudieron haber sido.

Mi nombre de pila es Egaeus; no mencionaré mi apellido. Sin embargo, no hay en mi país torres más venerables que mi melancólica y gris heredad. Nuestro linaje ha sido llamado raza de visionarios, y en muchos detalles sorprendentes, en el carácter de la mansión familiar en los frescos del salón principal, en las colgaduras de los dormitorios, en los relieves de algunos pilares de la sala de armas, pero especialmente en la galería de cuadros antiguos, en el estilo de la biblioteca y, por último, en la peculiarísima naturaleza de sus libros, hay elementos más que suficientes para justificar esta creencia.

Los recuerdos de mis primeros años se relacionan con este aposento y con sus volúmenes, de los cuales no volveré a hablar. Allí murió mi madre. Allí nací yo. …

TO BE CONTINUED IN THE COMMENTS…

Por qué no pude aceptar

Todos los que escribimos esperamos que nos lean. Que nos comprendan, que nos apoyen. A veces es sólo la necesidad de sacar lo que se tiene muy adentro o de decir lo que nadie escucha a nuestro alrededor, con la esperanza de que alguien recoja el guante. Hay muchos, que de verdad tienen talento, y algunas veces hasta se dan cuenta de ello. Entonces se dedican a escribir. A imaginar y plasmar en un papel, en un teclado de computadora, eso que les quita el sueño y los sustrae del mundanal ruido. Para las personas que han hecho de esto su forma de vida el reconocimiento es fundamental. Y si viene acompañado de una moneda, mejor…son necesarias para comer diariamente. Sin embargo, aunque muchos lo crean, no se está fuera del mundo por escribir. Y si se tiene cierto prestigio es necesario adoptar alguna postura con respecto al afuera…a ese mundo del que sacamos las historias y al que pertenecemos junto con nuestra gente. Con toda la gente. Es entonces cuando aparecen las encrucijadas, porque la moneda no siempre viene de donde querríamos, ni limpia. Si Ud. se viera en la disyuntiva de Goytisolo, ¿qué haría? La noticia aparece en el diario El País y es una muestra de dignidad:
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El pasado mes de julio fui informado, primero por teléfono y luego a través del correo electrónico del Instituto Cervantes de Tánger, de que acababa de ser galardonado con el Premio Internacional de Literatura dotado de 150.000 euros. Mi interlocutor, el hispanista egipcio Salah Fadl, es una de las figuras más respetadas del mundo intelectual de su país y cuyas convicciones democráticas no dejan lugar a dudas.


      La financiación por la Yamahiriya Libia de Gaddafi es la razón política y ética de mi renuncia al galardón

      En respuesta a mis preguntas sobre la composición del jurado que me concedió el premio, la noticia de que el presidente del mismo era el gran novelista libio residente en Suiza, Ibrahim El Kuni, aumentó mi satisfacción. Admiro profundamente al autor dePolvo de oro: el insólito y conmovedor relato de la pasión amorosa de un beduino por un raro ejemplar de camello moteado, pasión a causa de la cual vende a su mujer al dueño del mismo y emprende la huida con él a desierto traviesa, hasta un final trágico que suspende al lector, como si la pareja fuera la de Romeo y Julieta, es en mi opinión una de las mejores novelas árabes contemporáneas. El libro, traducido al español y con un prólogo mío, apareció hace unos pocos años con el sello editorial de Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores.

      Los restantes miembros del jurado, profesores de renombre en diversas universidades de Europa, Estados Unidos y Australia, mostraban también a las claras la solvencia e integridad moral del mismo.

      Las razones por las que me fue otorgado en su primera convocatoria eran asimismo estimables y las acogí con agradecimiento: la creatividad literaria y artística, mi nunca desmentida, atracción por la cultura árabe, la defensa de las causas justas. Como escribí al doctor Salah Fadl, “la honradez y valía de todos los miembros del jurado que me recompensó es la prueba indiscutible de la independencia que ha guiado su elección”. Soy en efecto uno de los raros novelistas europeos interesados por la cultura arabomusulmana -un interés que extiendo al ámbito turco e iranio- y he defendido en la medida de mis medios tanto la causa palestina de acuerdo a las resoluciones de Naciones Unidas, como la lucha por la democracia y la libertad de los pueblos árabes cruelmente privados de ellas.

      Esto me ha valido muchas enemistades y ataques por los “occidentalistas” a ultranza, que niegan contra toda evidencia demostrable el importante componente árabe (y judío) de la lengua y la cultura hispanas.

      Mi modesto conocimiento del árabe dialectal de Marruecos -ni mejor ni peor, pienso, que el del Arcipreste de Hita- me ha procurado una perspectiva preciosa para captar nuestra singular identidad, compleja y mutante como lo son todas las identidades culturales y humanas abiertas y ricas.

      Pero…

      Pues hay un pero. La dotación económica del premio -los 150.000 euros- procede de la Yamahiriya Libia Popular Democrática, creada en 1969 por el golpe militar de Gaddafi. Tras un breve debate interior entre aceptar el galardón o rehusarlo, por razones a la vez políticas y éticas, me decidí por la segunda opción.

      El brutal desequilibrio existente entre Europa y los países árabes no responde únicamente a razones de índole religiosa sino a causas sociales, políticas y culturales que debemos analizar cuidadosamente. No carguemos todas las culpas sobre nuestros hombros. Las suyas son tan graves como las nuestras. La corrupción de las élites gobernantes, las dictaduras que se perpetúan en el poder, la farsa electoral que se repite en la casi totalidad de los Estados de la Liga Árabe, no valen de muralla para impedir la expansión del islamismo: al revés, lo fomentan y lo convierten en alternativa viable.

      La democracia, asociada por muchos a los suculentos negocios de los países de Occidente con las petromonarquías del Golfo y a los magnates y emires que exhiben indecentemente su riqueza en Casablanca, El Cairo, Beirut o Marbella ha perdido la fuerza imantadora de antaño para las masas pobres y analfabetas, a las que se cierra también en la espita de la inmigración.

      Como escribí al doctor Salah Fadl, “le ruego que comprenda los motivos que me aconsejan tomar esta resolución. No soy incondicional de ninguna causa y precisamente por respeto a los pueblos árabes y a su admirable cultura, he criticado siempre que he podido a las teocracias y dinastías republicanas que los gobiernan y mantienen en la pobreza y la ignorancia. El espectáculo de vacuidad e impotencia que ofrecieron durante la salvaje invasión israelí en Gaza me indignó, como indignó a toda persona decente. La dificultad de acceder al estatus de ciudadano es la causa principal de su frustración y de su refugio en una versión extremista del credo religioso. En conclusión: la coherencia conmigo mismo pesa más fuerte que todas las consideraciones de agradecimiento y afecto a personas de tanta integridad como la suya y la de los demás miembros del jurado”.

      Escribí este correo de un tirón y me sentí liberado al punto de un peso agobiante. Nunca he corrido tras los premios y si los he aceptado ha sido por cortesía hacia quienes me los concedieron. En este caso concreto era del todo imposible.

      Añadiré por fin que tanto Ibrahim El Kuni como el doctor Salah Fadl han comprendido mis razones y me han reiterado su valiosa estima y amistad.

      Juan Goytisolo es escritor.

      No era poca guita ¿verdad? ¿O sí? ¿Cuánto vale su convicción escritor amigo?

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      Que pena que no dure para siempre



      Lo Fatal
      Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
      y más la piedra dura porque esa ya no siente,
      pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
      ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

      Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
      y el temor de haber sido y un futuro terror…
      Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
      y sufrir por la vida y por la sombra y por

      lo que no conocemos y apenas sospechamos,
      y la carne que tienta con sus frescos racimos,
      y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

      ¡y no saber adónde vamos,
      ni de dónde venimos!…
      Rubén Darío


















      Pilar Centeno

      Nació el 8 de diciembre de 1979 en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

      Desde temprana edad manifestó un interés particular por las actividades plásticas, en especial por el tratamiento de la figura humana: observa en la diversidad de miradas y expresiones corporales un detalle que remite a lo universal, un instante que revela la eternidad. Sus retratos tienen como propósito hablar de la subjetividad de un hombre que se constituye en la paradoja, desde sus soledades y multitudes. Se trata de una intervención, a través de la experimentación con la materia, que permite que el detalle se revele ante el todo y confirme, en la transitoriedad de lo cotidiano, esa inmaterialidad de la materia y esa humanidad del hombre solo.

      Actualmente reside en Buenos Aires.

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      Oración de un desocupado

      PADRE,
      DESDE LOS CIELOS BÁJATE, HE OLVIDADO
      LAS ORACIONES QUE ME ENSEÑÓ LA ABUELA,
      POBRECITA, ELLA REPOSA AHORA,
      NO TIENE QUE LAVAR, LIMPIAR, NO TIENE
      QUE PREOCUPARSE ANDANDO EL DÍA POR LA ROPA,
      NO TIENE QUE VELAR LA NOCHE, PENA Y PENA,
      REZAR, PEDIRTE COSAS, REZONGARTE DULCEMENTE.
      DESDE LOS CIELOS BÁJATE, SI ESTÁS, BÁJATE ENTONCES,
      QUE ME MUERO DE HAMBRE EN ESTA ESQUINA,
      QUE NO SÉ DE QUÉ SIRVE HABER NACIDO,
      QUE ME MIRO LAS MANOS RECHAZADAS,
      QUE NO HAY TRABAJO, NO HAY,
      BÁJATE UN POCO, CONTEMPLA
      ESTO QUE SOY, ESTE ZAPATO ROTO,
      ESTA ANGUSTIA, ESTE ESTÓMAGO VACÍO,
      ESTA CIUDAD SIN PAN PARA MIS DIENTES, LA FIEBRE
      CAVÁNDOME LA CARNE,
      ESTE DORMIR ASÍ,
      BAJO LA LLUVIA, CASTIGADO POR EL FRÍO, PERSEGUIDO
      TE DIGO QUE NO ENTIENDO, PADRE, BÁJATE,
      TÓCAME EL ALMA, MÍRAME
      EL CORAZÓN,
      YO NO ROBÉ, NO ASESINÉ, FUI NIÑO
      Y EN CAMBIO ME GOLPEAN Y GOLPEAN,
      TE DIGO QUE NO ENTIENDO, PADRE, BÁJATE,
      SI ESTÁS, QUE BUSCO
      RESIGNACIÓN EN MÍ Y NO TENGO Y VOY
      A AGARRARME LA RABIA Y A AFILARLA
      PARA PEGAR Y VOY
      A GRITAR A SANGRE EN CUELLO
      POR QUE NO PUEDO MÁS, TENGO RIÑONES
      Y SOY UN HOMBRE,
      BÁJATE, QUÉ HAN HECHO
      DE TU CRIATURA, PADRE?
      UN ANIMAL FURIOSO
      QUE MASTICA LA PIEDRA DE LA CALLE?
      Juan Gelman
      DE “VIOLÍN Y OTRAS CUESTIONES”

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      Hijo

      Siempre te he querido hijo…siempre te querré…mucho. Pero a veces…

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      <<Escucha, hijo mío, dijo el demonio poniendo su mano sobre mi cabeza…>>
      EDGAR ALLAN POE. “Silencio”

      Johann Heinrich Füssli, The Silence
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      *****************

      A veces Amador, tengo ganas de contarte muchas cosas. Me las aguanto, estáte tranquilo, porque bastantes rollos debo pegarte ya en mi oficio de padre como para añadir otros suplementarios disfrazado de filósofo.


      … Un par de años más tarde y también en nuestro miniparaíso de Torrelodones, me contaste un sueño que habías tenido.
      ¿A que tampoco te acuerdas?

      Estabas en un campo muy oscuro, como de noche, y soplaba un viento terrible.

      Te agarrabas a los árboles, a las piedras, pero el huracán te arrastraba sin remedio, igual que a la niña de El mago de Oz.
      Cuando ibas zarandeado por el aire, hacia lo desconocido, oíste mi voz (”yo no te veía, pero sabía que eras tú”, precisaste) diciendo:

      <<¡Ten confianza! ¡Ten confianza! >>


      No sabes el regalo que me hiciste contándome esa rara pesadilla; ni en mil años que viva podría pagarte el orgullo de aquella tarde en que supe que mi voz podía darte ánimos.
      Prólogo a Ética para Amador
      Fernando Savater

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      CLASE MAGISTRAL


      NO TE TOMES A TÍ MISM@ TAN EN SERIO…NADIE MÁS LO HACE…

      La clase de historia resultaba un poco más divertida que de costumbre. El viejo profesor, en el afán de interesar un poco más a sus estudiantes, contaba algunas historias de su experiencia en las guerras de consolidación del imperio. Parecía funcionar: los alumnos no mostraban las caras de tedio de todos los día, ni jugaban entre ellos ni leían la lección de la materia siguiente.


      -Cuando ya estaba por terminar mi carrera en el ejército, me asignaron la conquista de un planeta curioso: era de los pocos en los que la vida se había diversificado en especies, y la continuidad de todo el sistema dependía de las interacciones entres estas especies.

      Como siempre antes de cualquier misión, nos dedicamos a estudiar los detalles de la vida en este planeta:sus puntos débiles, su capacidad de respuesta, cómo reaccionarían frente al ataque.
      -Pero en esos tiempos todavía no podían modelizar el sistema y planear las alternativas- acotó una pelirroja pecosa, sentada en la segunda fila del aula.
      El profesor estaba satisfecho: todos los alumnos seguían la charla sin impotarles cuánto faltaba para el recreo.
      -Es verdad. En esa época lo único que quedaba por hacer era enviar misiones de reconocimiento y basarnos en los datos que traían de vuelta. El problema era que, entre misión y misión, las condiciones de vida en el planeta cambiaban, y pasó mucho tiempo hasta que una de las especies se volvió dominante en forma estable y ahí sí pudimos establecer la estrategia.

      No sólo los estudiantes seguían la clase con atención; el mismo profesor iba posesionándose con el relato, y volvía a ser el joven oficial galardonado con la medalla al valor durante la conquista del imperio, sus facciones brillaban con el entusiasmo que había sido oscurecido por los años de vida académica.

      Un chico preguntó como había sido el contraataque de los aborígenes. El profesor recordaba vívidamente algunas de las escenas de su última guerra: el olor y el gusto de las batallas, los momentos en que la derrota parecía el futuro más seguro.

      -Se organizaron como nunca lo habían hecho antes, lo que nos sorprendió mucho Desarrollaron distintas técnicas para hacernos frente, y nos causaron más bajas que las que habíamos sufrido en cualquiera de las otras campañas.
      Además, nos obligaban a cambiar de táctica cada tanto, porque desrrollaban algún tipo de arma nueva contra la que no estábamos preparados.
      Pero bueno, lo que pasó después ustedes ya lo conocen bien: la mayor ofensiva de nuestra historia terminó venciéndolos, y el planeta es hoy parte de nuestro imperio.

      Pero de eso ya vamos a hablar la clase que viene.
      -Profe, ¿pero nos tenían miedo?.
      ¿Y cómo nos llamaban?- quiso saber uno de los alumnos de la última fila, que soñaba con medallas y viajes por el espacio.
      El maestro se rascó la cabeza y dio una larga pitada a la pipa antes de contestar. Justo cuando respondía comenzó a sonar el timbre del recreo.

      -VIRUS. NOS LLAMABAN VIRUS.
      Diego Golombek
      Prólogo de AHÍ VIENE LA PLAGA

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      HOY CUMPLO UN AÑO EN EL BLOG….!!!!!! ¿PARA QUÉ ADULAR?

      El 13 de junio de 1970 encontré al hombre que me ha seguido toda la vida.

      ¿Qué intenciones tendrá?
      Algunas cosas han pasado desde entonces, una de las más hermosas…
      Martín.

      ¿Para qué adular?
      (fábula china)
      Un hombre rico y un hombre pobre tenían la siguiente conversación
      -Si yo te diera el veinte por ciento de todo el oro que poseo, ¿me adularías?-le preguntó el primero.
      -El reparto sería demasiado desigual para que tú merecieras cumplidos-contestó el segundo.
      -¿Y si yo te diera la mitad de mi fortuna?
      -Entonces seríamos iguales:¿con qué fin halagarte?
      -¿Y si yo te lo diera todo?
      -En ese caso, ¡no veo qué necesidad tendría de adularte!
      Ai Dsi Wai Yu
      Por Tou Pen-chium de la dinastía Ming (1368-1644)

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      ESPECIALMENTE LOS GATOS


      Me mudé a una casa en pleno territorio gatuno. Es un barrio de casas viejas con angostos jardines tapiados. Por nuestras ventanas traseras se divisan una docena de tapias en una dirección y otra docena de tapias en dirección contraria, de todos los tamaños y alturas. Árboles, hierba, arbustos. Hay un pequeño teatro con tejados a distintas alturas. Aquí los gatos están en su elemento. Siempre se les ve sobre las tapias, los tejados y en los jardines, llevando una complicada existencia secreta, como las vidas de los chavales de barrio, regidas por unas normas particulares e inimaginables que los adultos nunca aciertan a descubrir.

      Sabía que acabaríamos teniendo un gato en casa. Tal como se sabe que si tu casa es demasiado grande al final llegará alguien a instalarse en ella, hay ciertas casas que no se conciben sin un gato. Durante algún tiempo espanté a diversos gatos que se acercaban a husmear, queriendo averiguar qué tipo de sitio era aquél.

      Durante todo el espantoso invierno de 1962, un viejo macho blanco y negro estuvo paseándose por el jardín y el tejado que cubría el porche trasero. Se sentaba sobre la nieve medio derretida del tejado; iba de aquí para allá sobre la tierra helada; cuando abríamos la puerta trasera apenas un instante, lo encontrábamos plantado delante, mirando hacia el cálido interior. Era francamente feo, con un parche blanco sobre un ojo, una oreja desgarrada y la boca siempre medio abierta con la mandíbula caída. Pero no era un gato callejero. Tenía un buen hogar en esa misma calle y nadie parecía entender por qué no se quedaba allí.

      Aquel invierno tuve ocasión de instruirme más sobre las asombrosas penalidades a las que se someten voluntariamente los ingleses.

      Las casas de ese barrio londinense son en su mayoría de protección oficial y, al cabo de sólo una semana de frío, las cañerías se habían helado y habían reventado, dejando cortado el suministro. Nada se hizo por remediar la situación. Las autoridades abrieron una boca de riego en una esquina y durante varias semanas mis vecinas se dirigían allí provistas de jarras y latas, recorriendo en zapatillas las aceras cubiertas de fango helado para coger agua. Calzaban zapatillas para que no se les enfriasen los pies. En ningún momento se retiró el fango ni el hielo de las aceras. Las mujeres abrían el grifo, que se estropeó unas cuantas veces, y comentaban que llevaban una semana, dos… y hasta tres, cuatro y cinco semanas sin más agua caliente que la que hervían en la cocina. Como es natural, no había ni que pensar en darse un baño caliente. Cuando les preguntabas por qué no se quejaban, dado que, al fin y al cabo, estaban pagando un alquiler y también pagaban por el suministro de agua fría y caliente, respondían que el ayuntamiento ya estaba al tanto de la situación de las cañerías pero no había hecho nada al respecto. El ayuntamiento había señalado que estaban atravesando una racha de frío; y ellas convenían en que era un diagnóstico acertado. Hablaban con voz lúgubre, pero se sentían plenamente realizadas, tal como se siente esta nación cuando sufre las consecuencias de un cataclismo que podría haberse evitado con suma facilidad.

      Un anciano, una mujer de mediana edad y un niño pequeño pasaron los días de aquel invierno en la tienda de la esquina. Allí las cámaras frigoríficas creaban un ambiente más gélido que el impuesto por los rigores de una temperatura inferior a los cero grados; la puerta estaba siempre abierta sobre la nieve acumulada en la calle. No había calefacción de ningún tipo. El anciano sufrió un ataque de pleuresía y estuvo hospitalizado un par de meses. Cada vez más debilitado, hubo de vender la tienda la primavera siguiente. El niño pasaba el día llorando de frío acurrucado sobre el suelo de cemento y recibía bofetones de su madre, quien, ataviada con un vestido de lana ligero, calcetines de hombre y un jersey fino, atendía desde detrás del mostrador comentando la horrible situación mientras las lágrimas y los mocos resbalaban por su rostro y los dedos se le cubrían de sabañones. Nuestro anciano vecino, que trabajaba de recadero en el mercado, resbaló en el hielo a la entrada de su casa, se lesionó la espalda y pasó varias semanas viviendo del subsidio de desempleo. En aquella casa con nueve o diez habitantes, incluidos dos niños, el único sistema para combatir el frío era una estufa con una sola resistencia eléctrica. Tres de ellos acabaron hospitalizados, uno con neumonía.

      Entretanto las tuberías seguían reventadas y envueltas en melladas estalactitas, las aceras continuaban siendo pistas de patinaje, y las autoridades persistían en no hacer nada. Como es lógico, en los barrios de clase media la nieve se retiraba de las calles en cuanto caía y las autoridades atendían a los enardecidos ciudadanos que reclamaban sus derechos y amenazaban con demandar al ayuntamiento. En nuestro barrio, la gente sufrió los efectos de las nevadas hasta la llegada de la primavera.

      Rodeados de seres humanos tan afectados por las inclemencias del invierno como los cavernícolas de hace diez mil años, las peculiaridades de un viejo gato que escogió un tejado helado para pasar la noche quedaron relegadas a un segundo plano.

      ………
      DORIS LESSING

      continúa en los comentarios…

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      LA SENTENCIA

      LA SENTENCIA

      Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo.

      Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperdaor lo mandó buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido.

      Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron:

      ‑Cayó del cielo.

      Wei Cheng, que había despertado, lo miró con perplejidad y observó:

      ‑Que raro, yo soñé que mataba a un dragón así.

      Wu Ch’eng‑en (c. 1505‑c. 1580).

      Editorial Casariego.Antiguos retratos chinos

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      En toda perspectiva completa hay un plano donde hacen su vida las cosas deseadas

      http://blogsdelagente.com/morgana/2009/5/22/en-toda-perspectiva-completa-hay-plano-donde-hacen-su-vida

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      ARTAUD

      Si quiere saber lo que hizo Doña María pase por 
      http://blogsdelagente.com/morgana/posts 

      Los mostradores del cinc pasan por las cloacas,
      la lluvia vuelve a ascender hasta la luna;
      en la avenida una ventana
      nos revela una mujer desnuda.

      En los odres de las sábanas hinchadas
      en los que respira la noche entera
      el poeta siente que sus cabellos
      crecen y se multiplican.

      El rostro obtuso de los techos
      contempla los cuerpos extendidos.
      Entre el suelo y los pavimentos
      la vida es una pitanza profunda.

      Poeta, lo que te preocupa
      nada tiene que ver con la luna;
      la lluvia es fresca,
      el vientre está bien.

      Mira como se llenan los vasos
      en los mostradores de la tierra
      la vida está vacía,
      la cabeza está lejos.

      En alguna parte un poeta piensa.
      No tenemos necesidad de la luna,
      la cabeza es grande,
      el mundo está atestado.

      En cada aposento
      el mundo tiembla,
      la vida engendra algo
      que asciende hacia los techos.

      Un mazo de cartas flota en el aire
      alrededor de los vasos;
      humo de vinos, humo de vasos
      y de las pipas de la tarde.

      En el ángulo oblicuo de los techos
      de todos los aposentos que tiemblan
      se acumulan los humos marinos
      de los sueños mal construidos.

      Porque aquí se cuestiona la Vida
      y el vientre del pensamiento;
      las botellas chocan los cráneos
      de la asamblea áerea.

      El Verbo brota del sueño
      como una flor o como un vaso
      lleno de formas y de humos.

      El vaso y el vientre chocan:
      la vida es clara
      en los cráneos vitrificados.

      El areópago ardiente de los poetas
      se congrega alrededor del tapete verde,
      el vacío gira.

      La vida pasa por el pensamiento
      del poeta melenudo.

      Noche
      Por Antonin Artaud
      Oeuvres complètes (tome I)

      Cantata de Puentes Amarillos
      Intérprete: Pescado Rabioso

      Todo camino puede andar
      Todo puede andar…
      Con esta sangre alrededor
      no sé que puedo yo mirar
      la sangre ríe idiota
      como esta canción
      ¿ante qué?

      Ensucien sus manos como siempre
      Relojes se pudren en sus mentes ya

      y en el mar naufragó
      una balsa que nunca zarpó
      mar aquí, mar allá

      En un momento vas a ver
      que ya es la hora de volver
      pero trayendo a casa todo aquél
      fulgor
      ¿y para quién?

      Las almas repudian todo encierro
      las cruces dejaron de llover

      sube al taxi, nena
      los hombres te miran
      te quieren tomar
      ojo el ramo, nena
      las flores se caen, tienes que parar
      Ví las sonrisas muriendo en el
      carrousell
      Vi tantos monos, nidos, platos de
      café
      platos de café, ah

      Guarda el hilo, nena
      guarden bien tus manos
      esta libertad
      ya no poses, nena
      todo eso es en vano
      como no dormir

      Aunque me fuercen yo nunca voy a decir
      que todo tiempo por pasado fue mejor
      mañana es mejor
      Aquellas sombras del camino azul
      ¿dónde están?
      yo las comparo con cipreses que ví
      sólo en sueños
      y las muñecas tan sangrantes
      están de llorar
      y te amo tanto que no puedo
      despertarme sin amar
      y te amo tanto que no puedo
      despertarme sin amar

      ¡No! nunca la abandones
      ¡No! puentes amarillos
      Mira el pájaro, se muere en su jaula
      ¡No! nunca la abandones
      Puentes amarillos, se muere en su jaula
      Mira el pájaro, puentes amarillos
      Hoy te amo ya
      y ya es mañana
      Mañana
      Mañana
      Mañana

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      almafuerte

      Reading

      III



      Yo sé bien que muchas veces
      ni aprovechas ni mereces
      los progresos de que gozas,
      magnos, buenos y seguros, desde Adán,
      pues te invade la locura
      de ostentar tu investidura,
      cual un sol que no supiese
      nada más que relucir y deslumbrar.
      Pues te colmas del ardiente
      fanatismo del presente,
      sin pensar que te ha tocado
      de las épocas humanas, la peor,
      en que todos van vacíos,
      van inertes y van fríos
      como témpanos del polo, cual burbujas irisadas por el sol.

      P.V. Palacios

      1a. parte en
      Hippie

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      Los acertijos de Samuel y la captación juvenil

      *************no se pierda

      Los magnetómetros de Mario en

      http://blogsdelagente.com/morgana/posts

      ****************

      EL MAESTRO EXCÉNTRICO

      He aquí un notable problema de edades que estoy seguro divertirá a los jóvenes y abrirá, al mismo tiempo, una nueva línea de razonamiento a algunos sabiondos que han hecho del cálculo estadístico su especialidad.
      Parece que un maestro ingenioso o excéntrico -ya que de ambos casos puede tratarse-, deseoso de reunir cierto número de alumnos mayores en una clase que estaba formando, ofreció dar un premio cada día al bando de muchachos o de muchachas cuyas edades sumaran más.


      Bien, el primer día sólo asistieron un muchacho y una chica, y como la edad del muchacho duplicaba la de la chica, el premio fue para él
      . Al día siguiente, la chica llevó a su hermana al colegio. Se descubrió que sus edades combinadas eran el doble que la del muchacho, de modo que ambas chicas compartieron el premio. Cuando la escuela se abrió al día siguiente, sin embargo, el muchacho había reclutado a uno de sus hermanos. Se descubrió que las edades combinadas de ambos duplicaban las edades de las dos chicas, así que los muchachos se llevaron ese día todos los honores y dividieron el premio.

      La lucha empezó a caldearse entonces entre las familias Jones y Brown, por lo que al cuarto día las dos chicas aparecieron acompañadas de su hermana mayor, de modo que ese día compitieron las edades combinadas de las tres chicas contra las de los muchachos.Por supuesto que ellas ganaron esta vez, ya que sus edades en conjunto duplicaban a las de los dos muchachos.

      Girl With Gum La batalla continuó hasta que la clase se colmó, pero no es necesario que nuestro problema vaya más allá. Deseamos saber la edad de aquel primer muchacho, sabiendo que la última chica se unió a la clase el día de su vigésimo (21) primer cumpleaños.
      Es un acertijo simple pero hermoso, que requiere más ingenio que conocimientos matemáticos, y fácilmente descifrable por medio de métodos típicos de todos los acertijos.

      Accountant

      ESTE ES UNO DE LOS TANTOS FAMOSOS ACERTIJOS DE SAM LOYD, PUBLICADO HACE MUUUUUUCHO TIEMPO POR MARTIN GARDNER…PIENSEN UN POCO Y SI NO LES SALE …MÁS ABAJO ESTÁ LA RESPUESTA…

      Accountant

      Accountant

      Accountant

      Accountant

      Respuesta
      La primera niña tenía sólo 638 días de edad, y el muchacho el doble, es decir, 1.276 días.

      Al día siguiente la niña más pequeña tendría 639 días, y la nueva recluta 1.915 días, totalizando 2.544 días, lo que duplicaría la edad del primer chico quien, con un día más, tendría 1.277.

      Al día siguiente el chico, de 1.278 días de edad, trae a su hermano mayor, que tiene 3834 días, de modo que sus edades combinadas suman 5.112 días, justo el doble de la edad de las chicas, que en ese momento tendrían 640 y 1.916, es decir, 2.566 días.

      Llegamos a los 7.670 días de la siguiente manera. La joven ha llegado a su vigésimo primer cumpleaños, por lo que 21 veces 365 de 7.665, más 4 días por cuatro años bisiestos y 1 día extra que es el de su vigésimo primer cumpleaños.

      Toungue Out Los que supusieron que la edad del chico era 3 años y 1/2 pasaron por alto el hecho de aumentar la edad de los alumnos día a día. Toungue Out

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      Opciones



      una pequeña fábula
      “Ay”, dijo el ratón, “el mundo se está haciendo más chiquito cada día. Al principio era tan grande que yo tenía miedo, corría y corría, y me alegraba cuando al fin veía paredes a lo lejos a diestra y siniestra, pero estas largas paredes se han achicado tanto que ya estoy en la última cámara, y ahí en la esquina está la trampa a la cual yo debo caer”.
      “Sólamente tienes que cambiar tu dirección”, dijo el gato, y se lo comió.

      Franz Kafka
      (Praga, 1883 – 1924)

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      argentino.com.ar estamos en
      Argentino.com.ar

      Emos triunfao Kapiobi !!!!

      Salto Capioví (Misiones)

      DEDICADO A ISABEL Y AL HERMOSO PUEBLO DE CAPIOVÍ (¡¡¡ vamos MISIONES !!!!)

      La evolución de la lengua castellana observada en los últimos años, debida sobre todo a las aportaciones realizadas por los jóvenes, ha impulsado a la Real Academia de la Lengua a realizar una paulatina reforma de la ortografía española. El objetivo será unificar el español como lengua universal de los hispanohablantes.
      Será una enmienda en etapas que entrarán en vigor pausadamente, para evitar confusiones.

      La reforma hará más simple el castellano, pondrá fin a los problemas de otros países y hará que nos entendamos de manera universal quienes hablamos esta noble lengua.

      *Primera etapa:

      Supresión de las diferencias entre c, q y k.

      Komo despegue del plan, todo sonido parecido al de la k será asumido por esta letra. En adelante pues, se eskribirá:
      kasa, keso, Kijote…

      Simplifikación de los sonidos de la c y z

      Esto korresponde a la necesidad de igualarnos a nuestros hermanos hispanoamerikanos ke convierten todas estas letras en un úniko fonema “s”. Kon lo kual sobrarán la c y la z:
      “El sapato de Sesilia es asul”.

      Desapareserá la doble c y será reemplasada por la x:

      “Tuve un axidente en la Avenida Oxidental”.
      Grasias a esta modifikasión, los españoles no tendrán desventajas ortográfikas frente a otros pueblos, por su estraña pronunsiasión de siertas letras.

      **Segunda Etapa:

      se funden la b kon la v

      Ya ke no existe diferensia alguna entre el sonido de la b y la v, a partir del segundo año, desapareserá la v.
      Y beremos kómo bastará kon la b para ke bibamos felises y kontentos.

      Pasa lo mismo kon la elle y la y

      Todo se eskribirá kon y:
      “Yébeme de paseo a Sebiya, señor Biyar”.
      Esta integrasión probokará agradesimiento general de kienes hablan kasteyano, desde Balensia hasta Bolibia.

      Supresión kompleta de la hache

      La hache, kuya presensia es fantasma, kedará suprimida por kompleto:
      Así, ablaremos de abas o alkool.

      No tendremos ke pensar kómo se eskribe sanaoria y se akabarán esas komplikadas y umiyantes distinsiones entre “echo” y “hecho”.
      Ya no abrá ke desperdisiar más oras de estudio en semejante kuestión ke nos tenía artos.

      ***Tersera etapa

      Konsistencia de la doble r

      A partir del terser año de esta implantasión, y para mayor konsistensia, todo sonido de erre se eskribirá kon doble r:
      “Rroberto me rregaló una rradio”.

      Fusión de g y j

      Para ebitar otros problemas ortográfikos, se fusionan la g y la j, para ke así, jitano se eskriba komo jirafa y jeranio komo jefe. Aora todo ba kon jota:
      “El jeneral jestionó la jerensia”.
      No ay duda de ke esta sensiya modifikasión ará ke ablemos y eskribamos todos kon más rregularidad y más rrápido rritmo.

      ****Cuarta etapa

      Supresión de tildes o asentos


      Orrible kalamidad del kasteyano, en jeneral, son las tildes o asentos.
      Esta sankadiya kotidiana jenerará una axión desisiba en la rreforma; aremos komo el inglés, ke a triunfado universalmente sin tildes.

      Kedaran ellas kanseladas desde el kuarto año, y abran de ser el sentido komun y la intelijensia kayejera los ke digan a ke se rrefiere kada bokablo. Berbigrasia:
      “Komo komo komo komo!”

      Simplifikasion de konsonantes st, ps o pt


      Las konsonantes st, ps o pt juntas kedaran komo simples t o s, kon el fin de aprosimarnos lo masimo posible a la pronunsiasion iberoamerikana.
      Kon el kambio anterior diremos ke etas propuetas okasionales etan detinadas a mejorar ete etado konfuso de la lengua.

      Proibision de consonantes finales


      Seran proibidas siertas konsonantes finales ke inkomodan y poko ayudan al siudadano.
      Asi, se dira: “¿ke ora es en tu relo?”, “As un ueko en la pare” y “La mita de los aorros son de agusti”.
      Entre eyas, se suprimiran las eses de los plurales, de manera ke diremos “la mujere” o “lo ombre”.

      eliminasion de la d del partisipio pasao y kanselasion de lo artikulo

      El uso a impueto ke no se diga ya “bailado” sino “bailao”, no “erbido” sino “erbio” y no “benido” sino “benio”.
      Kabibajo asetaremo eta kotumbre bulgar, ya ke el pueblo ya no manda, al fin y al kabo.

      *****Kinta etapa

      Supresion de la interbokalika y de artikulo

      Dede el kinto año kedaran suprimia esa de interbokalika ke la jente no pronunsia.
      Adema y konsiderando ke el latin no tenia artikulo y nosotro no debemo imbentar kosa ke nuetro padre latin rrechasaba, kateyano karesera de artikulo.
      Sera poko enrredao en prinsipio y ablaremo komo fubolita yugolabo, pero depue todo etranjero beran ke tarea de aprender nuebo idioma resultan ma fasile.

      Profesore terminaran benerando akademiko ke an desidio aser rreforma klabe para ke sere umano ke bibimo en nasione ispanoablante gosemo berdaderamente del idioma de “Serbante y Kebedo.”

      Eso si:
      Nunka asetaremo ke potensia etranjera token kabeyo de letra eñe.
      Eñe rrepresenta balore ma elebado de tradision ispanika y primero kaeremo mueto ante ke asetar bejasione a simbolo ke a sio korason bibifikante de istoria kastisa epañola unibersa.

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      Cuídame las Hamadríades…por favor

      En el Universo existe una realidad paralela a la nuestra que los ojos humanos no pueden ver…pero que está. Seres fantásticos la pueblan en una multiplicidad increíble y los públicos antiguos solían ser receptivos a sus mensajes.

      Así, de algún modo, la humanidad descubrió a las hadas y a las brujas. Se supo también que las hadas se habían separado de las brujas mudándose primeras a la tierra de la fantasía. Y no sólo eso…A muchas de ellas les crecieron alas y así aparecieron en numerosos cuentos.

      A las que no se les dio por esa coquetería se las llamó NINFAS… y fueron muchísimas más…

      Soneto a la ciencia
      [Poema: Texto completo]
      Edgar Allan Poe

      ¡Ciencia! ¡verdadera hija del tiempo tú eres!
      que alteras todas las cosas con tus escrutadores ojos.
      ¿Por qué devoras así el corazón del poeta,
      buitre, cuyas alas son obtusas realidades?

      ¿Cómo debería él amarte? o ¿cómo puede juzgarte sabia
      aquel a quien no dejas en su vagar
      buscar un tesoro en los enjoyados cielos,
      aunque se elevara con intrépida ala?

      ¿No has arrebatado a Diana de su carro?
      ¿Ni expulsado a las Hamadríades del bosque
      para buscar abrigo en alguna feliz estrella?

      ¿No has arrancado a las Náyades de la inundación,
      al Elfo de la verde hierba, y a mí
      del sueño de verano bajo el tamarindo?

      Los griegos antiguos les pusieron nombre a las ninfas de los árboles: Hamadríades o Adríades. Sí, parecido a las Dríades, pero relacionadas con un único árbol de tal modo que mueren si éste se corta. Por esta razón, las dríades y los dioses castigaban a los mortales que dañaban a los árboles.

      En El banquete de los eruditos Ateneo menciona a ocho hamadríades, hijas de Óxilo y una doncella llamada Hamadría:

      • Karya (‘castaño, nogales, avellanos’);
      • Balanos (‘encina’);
      • Kraneia (‘cornejo’);
      • Morea (‘morera’);
      • Aigeiros (‘chopo o álamo’);
      • Ptelea (‘olmo’);
      • Ampelos (‘vid’);
      • Syke (‘higuera’).
      Edgar Allan Poe no se contenta con las Hamadríades…trae también a las NÁYADES, ninfas del agua dulce

      Náyades en el baño, de Giorgio de Chirico.

      y a los Elfos, apreciados también por Schubert que le dedicó esta obra a la leyenda del Erlkönig

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      La cucharada estrecha


      La cucharada estrecha

      Un fama descubrió que la virtud era un microbio redondo y lleno de patas. Instantáneamente dio a beber una gran cucharada de virtud a su suegra. El resultado fue horrible: Esta señora renunció a sus comentarios mordaces, fundó un club para la protección de alpinistas extraviados y en menos de dos meses se condujo de manera tan ejemplar que los defectos de su hija, hasta entonces inadvertidos, pasaron a primer plano con gran sobresalto y estupefacción del fama. No le quedó más remedio que dar una cucharada de virtud a su mujer, la cual lo abandonó esa misma noche por encontrarlo grosero, insignificante, y en un todo diferente de los arquetipos morales que flotaban rutilando ante sus ojos.

      El fama lo pensó largamente, y al final se tomó un frasco de virtud. Pero lo mismo sigue viviendo solo y triste. Cuando se cruza en la calle con su suegra o su mujer, ambos se saludan respetuosamente y desde lejos. No se atreven ni siquiera a hablarse, tanta es su respectiva perfección y el miedo que tienen de contaminarse.


      Jules Florencio Cortázar nació en la embajada de Argentina en Bruselas el 26 de agosto de 1914.Se le considera uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve en general, comparable a Jorge Luis Borges, Antón Chéjov o Edgar Allan Poe. Vivió buena parte de su vida en París, ciudad en la que se estableció en 1951, en la que ambientó algunas de sus obras, y donde finalmente murió el 12 de febrero de 1984. En 1981 se le otorgó la ciudadanía francesa.

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      CLARÍN…A LA CONCHA DE VENUS…!!!


      Botticelli
      Nacimiento de Venus

      ~ A la concha de Venus… ~

      A la concha de Venus amarrado
      y al recio galopar de los tritones,
      por formar comités para elecciones
      cual César, cruza el mar alborotado.

      Neptuno, que estará subvencionado,
      en redes de cristal tiende traiciones,
      y del agua salobre cien montones
      arroja sobre el nauta atribulado.

      Mas todo su furor aquí no basta;
      toca por fin las playas españolas
      débil barquilla en forma de canasta

      adornada con lindas bandoleras,
      y brota al punto el inmortal Sagasta(*)
      cual Venus de la espuma de las olas.


      Leopoldo Alas, España, 1852

      Leopoldo García-Alas y Ureña «Clarín» fue un célebre escritor español, nacido el 25 de abril de 1852 en Zamora y fallecido el 13 de junio de 1901 en Oviedo.

      Parece ser que la pesadilla de todos los amigos y conocidos de Clarín era su letra ininteligible. Por ello recibía bastante a menudo críticas constructivas, alguna mofa o alguna queja, por ejemplo la de Benito Pérez Galdós. En una carta dirigida a Clarín le dice, «¡Cuán más hermoso recibir un papel lleno de garabatos y prepararse a los goces puros de la adivinación! Ir conquistando sílaba a sílaba el reino misterioso de su escritura caldea».

      (*)Práxedes Mateo Sagasta y Escolar

      (Torrecilla en Cameros, 21 de julio de 1825 – Madrid 5 de enero de 1903) fue un ingeniero de caminos y político español, miembro del Partido Liberal, de matiz progresista, siete veces Presidente del Gobierno en el período comprendido entre 1870 y 1902 y famoso por sus dotes retóricas.

      Escribir es humano
      Comentar es divino
      Votar no tiene precio

      Playa de la Concha-Donostia (http://www.flickr.com)
      ¡Paren las rotativas!

      ¿Qué hace recordar esto?


      Apenas desembarcado en el planeta Faros, me llevaron los farenses a conocer el ambiente físico, fitogeográfico, zoogeográfico, político-económico y nocturno de su ciudad capital que ellos llaman 956.
      Los farenses son lo que aquí denominaríamos insectos; tienen altísimas patas de araña (suponiendo una araña verde, con pelos rígidos y excrecencias brillantes de donde nace un
      sonido continuado, semejante al de una flauta y que, musicalmente conducido, constituye su lenguaje); de sus ojos, manera de vestirse, sistemas políticos y procederes eróticos hablaré alguna otra vez.

      Spider 3

      Creo que me querían mucho; les expliqué, mediante gestos universales, mi deseo de aprender su historia y costumbres; fui acogido con innegable simpatía. Estuve tres semanas en 956; me bastó para descubrir que los farenses eran cultos, amaban las puestas de sol y los problemas de ingenio. Me faltaba conocer su religión, para lo cual solicité datos con los pocos vocablos que poseía pronunciándolos a través de un silbato de hueso que fabriqué diestramente.

      Me explicaron que profesaban el monoteísmo, que el sacerdocio no estaba aún del todo desprestigiado y que la ley moral les mandaba ser pasablemente buenos. El problema actual parecía consistir en Illi. Descubrí que Illi era un farense con pretensiones de acendrar la fe en los sistemas vasculares («corazones» no sería morfológicamente exacto) y que estaba en camino de conseguirlo.
      Spider 3Me llevaron a un banquete que los distinguidos de 956 le ofrecieron a Illi. Encontré al heresiarca en lo alto de la pirámide (mesa, en Faros) comiendo y predicando. Lo escuchaban con atención, parecían adorarlo, mientras Illi hablaba y hablaba. Yo no conseguía entender sino pocas palabras. A través de ellas me formé una alta idea de Illi. Repentinamente creí estar viviendo un anacronismo, haber retrocedido a las épocas terrestres en que se gestaban las religiones definitivas. Me acordé del Rabbi Jesús. También el Rabbi Jesús hablaba, comía y hablaba, mientras los demás lo escuchaban con atención y parecían adorarlo.

      Spider 3
      Pensé: ¿Y si éste fuera también Jesús? No es novedad la hipótesis de que bien podría el Hijo de Dios pasearse por los planetas convirtiendo a los universales. ¿Por qué iba a dedicarse con exclusividad a la Tierra? Ya no estamos en la era geocéntrica; concedámosle el derecho a cumplir su dura misión en todas partes. Illi seguía adoctrinando a los comensales. Más y más me pareció que aquel farense podía ser Jesús. «Qué tremenda tarea», pensé. «Y monótona, además. Lo que falta saber es si los seres reaccionan igualmente en todos lados.

      ¿Lo crucificarían en Marte, en Júpiter, en Plutón..?»

      Spider 3
      Hombre de la Tierra, sentí nacerme una vergüenza retrospectiva. El Calvario era un estigma coterráneo, pero también una definición. Probablemente habíamos sido los únicos capaces de una villanía semejante

      ¡Clavar en un madero al hijo de Dios..! Los farenses, para mi completa confusión, aumentaban las muestras de su cariño; prosternados (no intentaré describir el aspecto que tenían) adoraban al maestro. De pronto, me pareció que Illi levantaba todas las patas a la vez (y las patas de un farense son diecisiete).

      Se crispó en el aire y cayó de
      golpe sobre la punta de la pirámide (la mesa). Instantáneamente quedó negro y callado; pregunté, y me dijeron que estaba muerto.

      Parece que le habían puesto veneno en la comida.

      De La Simetría Interplanetaria

      Julio Cortázar

      El Cristo de San Juan de la Cruz (1951)
      Dalí

      Spider 3

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      Crónica de una muerte anunciada? Espero que no…

      Sábado 14 de marzo

      Buenos Aires, la temperatura máxima fue de 33,1° y llovió varias veces. A las 10 de la noche apenas teníamos 20°. Una jornada normal en Baires. ¿Normal ?

      Pancho entra con mi hijo a las 23.30. No les damos mucha bola porque estos adolescentes entran y salen tantas veces…Estamos terminando de cenar y nos alborotan…”Ma, me parece que acaban de chorear en la otra cuadra…” suelta Bru en su lenguaje teen (no se le entiende nada)

      Pancho es más chico y está más movilizado…”Sí…eran dos tipos que salieron rajando de la panadería o de al lado…no sé”…

      “Se subieron a un coche y se vinieron de contramano para acá…Y le pegaron un tiro a alguien…Nos guardamos justo…”

      Notablemente…no les brotó una sola de las palabras güasas de las que suelen usar. El evento los sacudió y los emancipó de la boludez crónica imperante. El resto de nosotros, la family en amable cena, quedó duro.

      Y esto es normal…pasa todos los días. Y estoy en una buena zona, en la capital de la República. Civilización y barbarie. ¿Cómo lo protejo?…

      ¿hago una manifestación? ¿Tengo que esperar que el tiro llegue a nosotros?

      El Servicio Meteorológico Nacional (SMN), no obstante, mantiene un alerta que abarca la zona del Río de la Plata, el sur de Santa Cruz, sudoeste de Buenos Aires y Tierra del Fuego.

      “Continúan registrándose vientos intensos del sudoeste con ráfagas sobre Tierra del Fuego y sur de Santa Cruz. se prevé que sobre el resto del área de cobertura se incremente la velocidad del viento, estimándose que la intensidad de los mismos alcance valores de hasta 70 km/h con ráfagas entre 70 y 100 km/h. Esta situación continuará por lo menos hasta la mañana del domingo 15 de marzo”, advierte el último parte, emitido a las 20:30.

      El Servicio Sociológico Nacional, mantiene un alerta que abarca tu zona de interés, tu vida, las vidas de lo que vos querés. Mientras tanto, se preveé que se incremente la voracidad fiscal y el indecente desinterés por la vida digna de los habitantes de la nación. Esta situación continuará…y nuestra vida tranquila ya no existe. Hasta su voz ha muerto…

      Para poder dormir leo…

      LA LLUVIA

      Bruscamente la tarde se ha aclarado
      Porque ya cae la lluvia minuciosa.
      Cae o cayó. La lluvia es una cosa
      Que sin duda sucede en el pasado.

      Quien la oye caer ha recobrado
      El tiempo en que la suerte venturosa
      Le reveló una flor llamada rosa
      Y el curioso color del colorado.

      Esta lluvia que ciega los cristales
      Alegrará en perdidos arrabales
      Las negras uvas de una parra en cierto

      Patio que ya no existe. La mojada
      Tarde me trae la voz, la voz deseada,
      De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

      Jorge Luis Borges

      En la tranquilidad de otra ¿era geológica?

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      Un cacho de cultura…laralaralalá

      Un lindo tío mío…médico de los mejores anque Director del Hospital de Tisiología en mi infancia…le decía siempre a sus hijos y a sus sobrinos…

      “Hablar bien no cuesta un carajo y da un beneficio de la san puta…!!”

      (Angelito Dixit)

      Siempre me acuerdo de esta frase que he sabido poner en práctica en incontables ocasiones…En aras de (locución prepositiva que significa en honor o en interés de) su difusión hago este pequeño aporte…

      En español existen los participios activos como derivados verbales.

      El participio activo del verbo atacar, es atacante,
      el de sufrir, es sufriente,
      el de cantar, es cantante,
      el de existir, existente.

      ¿Cuál es el participio activo del verbo ser?

      El participio activo del verbo ser, es ‘ente’.
      El que es, es el ente. Tiene entidad.

      Por ese motivo, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad
      para ejercer la acción que expresa un verbo, se agrega al final de su raíz la terminación ‘ente’.

      Por lo tanto, a la persona que preside, se le dice presidente,
      ¡¡¡NO PRESIDENTA!!!, independiente del sexo (poco o mucho) que tenga.

      Se dice estudiante, no estudianta.
      Se dice adolescente, no adolescenta. Girl With Gum

      Se dice paciente, no pacienta.

      CONCLUSIÓN: Cuando se refieren a la PRESIDENTE llamándola presidenta (ella misma lo hace) puede ser que estemos ante la concreción de un ataque subliminal (por debajo del umbral de conciencia de ingreso de información) hacia la persona a la que no se le reconoce capacidad para ejercer la acción que expresa el verbo.

      OJO CHE…NO JODAN!!!

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      DESAFÍO…

      DESAFÍO…FASE CERO

      http://www.tartagal.org
      No hace falta comentar, si querés sumarte a la campaña posteá la imagen y el vínculo en tu blog.
      GRACIAS
      HACE FALTA (TOME NOTA)
      AGUA POTABLE
      LECHE LARGA VIDA
      PAÑALES DESCARTABLES
      ALIMENTOS NO PERECEDEROS.
      Valentine Heart Stone

      DESAFIO…FASE UNO

      Book Club Don Adrián Paenza tiene la culpa…

      ###############################################

      Entre muchas otras cosas, tiene la culpa de que en Argentina se haya masificado el conocimiento del basquet, de los Chicago Bulls, de Michael Jordan… Basketball 1

      Tiene la culpa de que muchos asustados por las matemáticas ahora te escuchen 2 minutos seguidos cuando se les plantea un problema…

      No es poca cosa.
      Pero además, tiene la culpa de que Don Diego Golombek, por muchísimos méritos propios, ahora sea reconocido en todas partes.

      Puede ser que a muchos les resulte más entendible (y digerible) leer:

      << …Recién en el siglo XVII se hacen populares los caramelos de azúcar duro, mientras el duque Plessis-Praslin, comandante de la armada francesa bajo Luis XIII y Luis XIV, dedicaba sus tiempos libres a cocinar una pasta de nuez en jarabe hirviendo que se conoció luego como praliné…(*)

      (*) Nada más fácil: cocinar 100g de azúcar y un poco de vainilla en una cacerolita a fuego fuerte hasta que el azúcar tome una coloración oscura. Agregar 100g de almendras previamente tostadas en el horno y mezclar bien. >>

      (El cocinero científico, Golombek y Schwarzbaum)

      O conocer audiovisualmente la Tabla Periódica de los Alimentos y enterarse el por qué, las hojas de aluminio que compramos en el súper tienen una cara opaca…


      Pero no se puede negar el encanto del siguiente desafío:

      <<13. Cien monedas, diez “caras”: el desafío
      El siguiente problema es uno de los más lindos que conocí para testearse personalmente. Téngame confianza: lea el enunciado pero no lea la solución. Tómese un tiempo. Llévelo con usted. Al principio le va a parecer imposible de resolver. Y después, cuando haya encontrado la solución, va a pensar “¿cómo puede ser que no se me haya ocurrido antes?”.
      Por otro lado, aunque ya sea redundante en estas páginas, créame que no hay trampa, no hay nada que usted no pueda hacer ni entender. Sólo hace falta pensar. Y disfrutar al hacerlo, por supuesto.
      Acá va.
      Hay 100 monedas apoyadas en una mesa. De ellas, 10 son “caras”.
      Las otras 90 son “cecas”. Las monedas son todas iguales, salvo que hay 10 apoyadas de una forma, y las restantes, de la otra.
      Ahora, le voy a tapar los ojos con un pañuelo. Revuelvo las monedas para que usted no pueda recordar ni saber dónde estaban unas y otras (caras y cecas). El problema a resolver es el siguiente: tiene que separar las monedas en dos grupos, no necesariamente iguales, de manera tal que quede el mismo número de “caras” en los dos grupos. Está permitido dar vuelta las monedas (siempre sin mirar ) tantas veces como uno quiera, de cualquiera de los dos grupos.
      Pero lo que tiene que garantizar es que, cuando termine el proceso, haya tantas “caras” en un grupo como en el otro. Ahora, lo dejo a usted. Le anticipo de todas maneras que, aunque no parezca posible (sin “espiar” o “hacer trampa”), el problema tiene solución. Eso sí: es muy poco probable que a uno se le ocurra de entrada, pero, como escribí más arriba, tiene una solución sencilla y al alcance de todos. …
      >>

      jajaja ¿ se enganchó no? Bueno no sufra ahí va la solución…

      <<

      …Solución.
      Si pensó mucho y al final se aburrió, o no le salió, le propongo que haga lo que hacemos los matemáticos cada vez que tenemos un problema de este tipo: tratar de simplificarlo. Es decir, considerar “casos particulares”, con menos monedas. Intente con 4 monedas, de las que sólo una sea “cara”, o con 6 monedas y 2 “caras”. Pero no se dé por vencido. ¿Qué gracia tendría, si no, leer lo que sigue? Ahora, claro, si ya llegó a un punto en que está dispuesto a explotar (o a romper el libro), siga leyendo. Yo voy a proponer una solución. Puede que no sea la única, pero es la que se me ocurrió.
      Empiece por elegir cualquier grupo de 10 monedas. No importa la forma en que uno las elija. Sólo separe 10 monedas de un lado (o sea, deja las otras 90 en el otro grupo). Ahora, dé vuelta las 10 que eligió (es decir, las que eran “caras” pasarán a ser “cecas”, y viceversa).
      ¿Qué pudo haber pasado? Muchas cosas. Usted podría haber dejado las 10 “caras” entre las 90 monedas que están en uno de los grupos. En ese caso, las 10 que eligió para el otro grupo serían
      cecas.
      ¿Qué pasa, entonces, si las da vuelta?: esas 10 serán
      todas caras.
      Y del otro lado, usted ya sabía que había 10 caras también. O sea, que este sistema, en este caso , funcionó para obtener la solución.
      Pero me lo imagino pensando: “Sí, funcionó, pero justo en este caso porque dejé las 10 caras en el grupo de las 90 monedas”.
      Ahora, esa solución, ¿servirá siempre? Por ejemplo, si al separar las 10 monedas hubiera incluido cuatro que fueran caras, ¿funcionaría también? (Aquí, le propongo que siga por su cuenta otra vez.) Continúo: si usted eligió 10 monedas de las cuales 4 son caras, quiere decir que en el grupo de 90 quedaron las otras 6 (caras).
      Pero también significa que en el grupo de 10 hay
      4 caras y 6 cecas.
      Entonces, si las da vuelta, como yo hice en el ejemplo anterior, van a quedar ¡6 caras en el grupo de 10 y 6 caras en el grupo de 90! Es decir, el problema vuelve a quedar solucionado. ¿Qué le parece que puede pasar si, al elegir las 10 monedas, se queda con 7 caras? ¿Quiere pensarlo un poco? Como se advierte (si es que siguió el razonamiento), el problema también está solucionado. Todo lo que hay que hacer es separar (en cualquier caso) 10 monedas de cualquier forma, y
      darlas vuelta.
      Eso garantiza que haya tantas caras de un lado como del otro.
      ¿Es anti-intuitivo? No sé. Creo que no. Lo que a uno le pasa es que pelea contra la noción de que el problema no tiene solución y, por lo tanto, no quiere pensar. Pero no me parece que sea anti-intuitivo.
      ¿No le resultó interesante? Muchas veces la solución está ahí, enfrente de nuestra nariz, pero uno, como intuye que debe ser muy complicada , se resiste a pensar. Abandona antes de empezar (casi).
      En particular, si uno tiene la tendencia a no creerse capaz ni potente para resolver problemas. Eso, piensa quizá, queda para los otros.
      Pero usted, ¿no forma parte de “los otros”?…
      (Matemática…¿estás ahí?, Episodio 100, Paenza)

      Sí, Adrián Paenza tiene la culpa de este post…
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      Pero como todo tiene que ver con todo y la asociación libre a mí me recontragusta…ahí va una “yapa”
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      Los otros es un película del año 2001 inspirada en la obra Otra vuelta de tuerca de Henry James dentro del género del thriller por el director español Alejandro Amenábar, protagonizada por Nicole Kidman. Es una coproducción hispano-franco-estadounidense. Se grabó en localizaciones de Cantabria (Las Fraguas) y Madrid, aunque la historia está ambientada en la isla de Jersey. En su momento, fue la película española más taquillera de la historia, con más de 68.000.000 $ recaudados sólo en Estados Unidos.

      Ganó ocho Premios Goya incluyendo premios a la mejor película y el mejor director, y Nicole Kidman fue candidata a la mejor actriz.

      ARGUMENTO
      La película se desarrolla en la isla de Jersey, poco después del final de la Segunda Guerra Mundial.

      Grace Stewart (Nicole Kidman) es una joven madre católica, quien vive con sus dos pequeños hijos en una casa de campo remota. Los niños, Anne y Nicholas, tienen una extraña enfermedad que incluye fotofobia (pudiendo ser, quizá, porfiria eritropoyética), por lo que sus vidas están estructuradas alrededor de una serie de reglas complejas diseñadas para protegerles de cualquier exposición a la luz del sol.

      La llegada de tres sirvientes a la casa (una niñera, un jardinero y una joven muda) coincide con un número de eventos extraños, y Grace comienza a temer que no estén solos. Anne comienza a hacer dibujos de cuatro personas: un hombre, una mujer, un niño llamado Victor y una anciana, sobre los cuales había escrito el número de veces que los habia visto poniendo sobre la anciana el numero 14 .

      Un día, comienza a oírse un piano, el cual estaba siendo tocado en una habitación cerrada y vacía. Cada vez que Grace entraba en la habitación y dejaba la puerta abierta, esta se cerraba, pero cuando trata de descubrir por qué, la puerta se cierra bruscamente, golpeándola y arrojándola contra el suelo. Grace trata atrapar a los “intrusos” con una escopeta, pero no logra encontrarlos. Mientras tanto, regaña a su hija por sus comentarios sobre fantasmas que, según ella, vivían en la casa. Cuando finalmente Grace se convence de que hay una presencia más allá de sus hijos y los sirvientes en la casa, sale de la misma, en medio de la niebla, a buscar al sacerdote para conseguir que la bendiga. Mientras tanto, los sirvientes, liderados por Bertha Mills, claramente planean hacer algo. El jardinero cubre con hojas secas tres tumbas, y, más tarde, la Sra. Mills escucha religiosamente las peleas de Anne con su madre por sus opiniones diferentes.

      En el bosque que rodea su casa, Grace se pierde en medio de la niebla, pero milagrosamente descubre a su esposo Charles regresando a su hogar. Sin embargo, Charles se ve distante, solo, y permanece recostado la mayor parte del tiempo.

      Anne, mientras tanto, preparaba su comunión, la cual se llevaría a cabo en pocos días. Grace, que le estaba haciendo el vestido, debía probárselo de tanto en tanto para ver si el trabajo avanzaba bien. Un día, mientras Charles descansa en su habitación y Grace está con Anne en otra sala probándole el vestido, la madre debe salir y la niña se queda sola. Cuando Grace vuelve, ve a su hija con la cara de una anciana, por lo que comienza a atacarla y a decir “¡Tú no eres mi hija!”. Sin embargo, pronto descubre que había atacado a su hija, y que la visión de la anciana sólo había sido una especie de alucinación. Anne se niega a estar con su madre, aunque Grace jura haber visto a la anciana. La Sra. Mills, por su parte, le dice a Anne que ella también había visto a los “intrusos”, pero que no se lo decía a su madre porque Grace no estaba lista para aceptar la verdad.

      Charles se sorprende al oír lo que le cuenta Anne sobre lo que su madre le había hecho. Al otro día, le dice a su esposa que debía regresar a la guerra, por lo que se va, desapareciendo por completo. Después de la partida de Charles, Anne continúa viendo cosas, incluyendo a la familia completa de Victor y a la anciana. Grace se quiebra con la Sra. Mills, quien le dice que “a veces el mundo de los muertos se mezcla con el de los vivos”. Las dos mujeres también encuentran y examinan un “libro de los muertos”, el cual muestra fotografías tomadas en el siglo XIX a cuerpos sin vida, ubicados como si les estuviesen tomando un retrato.

      Una mañana, Grace se despierta tras oír gritos de sus hijos: todas las cortinas de su casa, que los protegían de la luz del sol, habían sido quitadas. Cuando los sirvientes se niegan a ayudar a Grace a buscarlas, ésta se da cuenta de que ellos estaban involucrados en el asunto. Escondiendo a sus hijos de la luz, despide a los sirvientes de su casa.

      Esa noche, Anne y Nicholas escapan de su casa para buscar a su padre, y encuentran las tumbas semiocultas. Al mismo tiempo, Grace va a las habitaciones de los sirvientes, en donde encuentra una fotografía del “libro de los muertos” para ver, horrorizada, que las personas de la foto eran los tres sirvientes. Mientras tanto, los niños descubren que las tumbas pertenecían a la señora Mills, al jardinero, señor Tuttle y a Lydia, los tres sirvientes. Estos aparecen y comienzan a perseguir a los niños, quienes entran a la casa y se protegen tras su madre, quien dispara contra los sirvientes con una escopeta. Los niños suben a su habitación y se esconden, pero son hallados por una extraña anciana. En la puerta de la casa, los sirvientes siguen hablando con Grace, diciéndole que tenían que aprender a vivir juntos. Pronto comienza a entender a qué se referían. En su habitación, Anne y Nicholas descubren que la anciana era una médium, quien estaba en una sesión espiritista con los padres de Victor. Es en ese momento cuando descubren la verdad: la anciana no era un espíritu que había fallecido y rondaba por la casa; los espíritus eran Anne, Nicholas y su madre. Grace pierde la calma y comienza a atacar a los visitantes. La secuencia se corta constantemente entre la visión de Grace y el de la familia de Victor.

      La verdad queda clara finalmente tanto para Grace como para el público: ella comienza a llorar con sus hijos y recuerda qué había pasado antes de la llegada de los sirvientes: sola y enloquecida por la ausencia de su marido y superada por la situación de sus hijos, los había ahogado con una almohada y, luego, dándose cuenta de lo que había hecho, se había suicidado. Cuando se había despertado, había supuesto que Dios le había concedido a ella y a su familia un milagro. Grace y los niños se dan cuenta de que Charles también estaba muerto, pero no estaban atemorizados por este hecho. En ese momento, aparece la Sra. Mills, quien le dice a Grace que debían aprender a convivir, y que en ocasiones ni siquiera notarían la presencia de gente viva en su casa. Fuera de la misma, se muestra a la familia de Victor, empacando y yéndose del lugar. Grace termina diciendo junto a sus hijos que “nadie los haría dejar la casa”.

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      Naipes…

      A mi ídolo René

      BREVE HISTORIA DE LOS NAIPES

      Los naipes llegaron a Europa procedentes de Oriente, pero no como objetos tangibles sino en forma de descripción en los relatos de distintos viajeros. Es probables que hayan tenido su origen en el Indostán. La expresión NAIPE proviene de NAIB que en indostaní significa GOBERNADOR, haciendo referencia a las figuras que aparecían en las primitivas cartas de este juego. En esta cultura había una diosa ARDANARI, la cual era representada con cuatro brazos que sostienen, cada uno: un ARO, una COPA, una ESPADA y una VARA. Estos símbolos se correspondían con las cuatro castas sociales de los pueblos del Ganges; el aro con los comerciantes, la copa con el clero, la espada con los soldados y la vara con los agricultores. Es probable que de allí derivaran los palos de la baraja.

      En China se jugaba con un tipo de naipe que derivó del papel moneda y de las fichas del dominó. En Persia se originó el Ganjifa, o Gânjaphâ, un tipo de juego de cartas que se hizo popular en la India bajo el emperador Mughal en el siglo XVI. Siendo en India, jugado el “Dasavatara Ganjifa”, juego que está formado por una baraja con diez palos basados en los diez avatares o reencarnaciones del dios Visnú: pescado, tortuga, jabalí, león, enano, hacha, arco y flecha, rayo, caracola y caballo. La mayoría de los naipes indios son redondos, de diferentes tamaños y están hechos con cartón lacado, cartón piedra y en ocasiones marfil. Igualmente en Japón, se juega los juegos de cartas Karuta, siendo sus dos barajas más populares el Hanafuda y el Uta-garuta.

      Las primeras menciones del juego de cartas en Europa datan de los siglos XIII y XIV, y se postula que desde el Lejano Oriente fueron introducidas en Europa por los Cruzados, aunque por otra parte, también se dice que las cartas de la baraja serían una adaptación de las piezas de ajedrez.

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      Historia del panteón de naipes

      (2005)
      (Tinta china y plumín)
      Ilustración para el cuento homónimo de Lucas Moreno, publicado en El Vaso Ruso N° 2 (Diciembre de 2006).
      Gustavo Navarro Horñiacek
      EL PANTEÓN DE NAIPES (cuento)
      Érase una niña triste que vivía solitariamente con su anciano padre. Los ventosos días arrastraban una vida de reclusión en una pequeña y vieja casita. Allí, en esa humilde morada, la niña se dedicaba exclusivamente a cuidar de su padre enfermo.
      Oh,amarga tarea, pues mientras cocinaba para su amado padre y limpiaba su aposento, conciencia tenía de las pocas esperanzas de salvación que para él quedaban.
      Sin embargo, durante el día existía un momento, un momento tan solo, en el cual la
      conciencia de muerte no existía: los atardeceres, cuando la triste niña jugaba a los
      naipes con su padre para deslizar más agradablemente el fin de aquellas duras jornadas.
      Cuán agradable la pasaban con los encantos de corazones, picas, tréboles y diamantes, pues cuán hermosas evasiones eran.
      Un atardecer, mientras con simpatía se miraban a los ojos después de una animada
      partida, el padre, poniendo súbitamente un vozarrón serio, pero sin olvidar la terneza de su ancianidad, le dijo a su hija:
      —Niñita mía, poco me queda en este mundo. Tú lo sabes: mi hora está cerca, y no
      quiero que sufras mi ausencia cuando yo no esté. ¿Cuáles serán tus razones una vez que muera?
      —Padre, padre —dijo la niña con mirada temblorosa y voz quebrada—, no habléis
      así, no digáis eso…
      —No, hijita mía, no te engañes —replicó el padre. Para consolarla le acarició la
      mejilla, ahora húmeda, y prosiguió: —Sé cuánto amas a este desdichado anciano, pero debes ser realista. ¿Qué harás después?
      La niña calló un momento. Ella sabía que su padre moriría, pero jamás había pensado qué sería de su vida cuando quedase sola. Angustiada por la ausencia de respuesta, no contestó palabra, arropó a su padre y se fue a dormir. Al amanecer, la niña había tomado la siguiente determinación, que de este modo expresó a su padre:
      —Padre amado, dolorosamente entiendo que tu fin está próximo. Y es cierto que
      desconozco cuál será mi destino cuando tú estés ausente, pero sí sé cuál es mi destino mientras tú vivas, y no sólo es cuidarte atentamente, sino que también es darte toda la gloria que mereces por ser tan buen Padre. Oh, Padre, de mi destino el tiempo dirá, pero a partir de ahora, comenzaré a construir el panteón más hermoso y grande que jamás hayas visto, para que allí mores en espíritu, suntuosa y eternamente, y dejes atrás la tristeza de estos días terrenales.
      —¡Niñita mía! —exclamó el anciano padre conmovido—, ¿cómo edificarás un
      panteón con tus débiles brazos?
      La niña, confundida, tomó improvisadamente el mazo de cartas que usaban para
      jugar durante los atardeceres, y le dijo a su padre, solemnemente:
      —Pues Padre, te haré un bello Panteón de Naipes…
      Y así la niña comenzó a edificar, con gran paciencia, el más perfecto y glorioso
      panteón de naipes. Lo construía en el patio de la humilde morada, y mucho le costaba, puesto que esos días eran particularmente ventosos. Las brisas derribaban lo que con esfuerzo se había alzado momentos antes. La niña, desesperanzada por tantas construcciones caídas y entendiendo lo utópico de su tarea, estuvo a punto de resignar su promesa, pero en ese mismo instante el viento, misteriosamente, dejó de soplar. Ni una imperceptible brisa susurraba en el ambiente. La asombrada niña recomenzó su construcción. Como el viento no soplaba, el panteón podía ganar en magnificencia.
      Finalmente llegó aquel atardecer en que la última carta coronó el panteón, y la niña
      corrió a su padre para anunciarle la buena nueva.
      Lo encontró yaciendo en su lecho, sin vida. Mucho lloró la niña ese momento. Pero
      una vez compuesta, supo que debía consumar su promesa, y llevó el cuerpo de su
      querido padre al panteón. Dentro la niña reposó el cuerpo, y allí tuvo la necesidad de despedir a su padre con un último llanto. Y fue en ese entonces, mientras la niña lloraba a su padre por última vez que, misteriosamente, una gran ráfaga sopló con furia sobre el panteón de naipes… Estos, unos tras otros, comenzaron a danzar en el aire.
      Así todos los naipes del hermoso panteón se desperdigaron y perdieron por el cielo, y el patio de la pequeña y vieja casita donde vivía la niña con su anciano padre, quedó vacío, completamente vacío.
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      LA VERDADERA DEUDA EXTERNA

      Worm Worm Worm Worm Worm Worm Worm Worm


      DEUDA EXTERNA

      Exposición del Cacique Guaicaipuro Cuatemoc ante la reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Europea (08/02/2002).

      Con lenguaje simple, que era trasmitido en traducción simultánea a más de un centenar de Jefes de Estado y dignatarios de la Comunidad Europea,el Cacique Guaicaípuro Cuatemoc logró inquietar a su audiencia cuando dijo:



      “Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatemoc he venido a encontrar a los que celebran el encuentro. Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace solo quinientos años.

      Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante.
      Nunca tendremos otra cosa. El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron.
      El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.
      El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento. Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses.

      Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.

      ¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.
      ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de firgurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!
      ¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos!

      ¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y Perjuicios.

      Yo, Guaicaipuro Cuatemoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis. Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan ‘MARSHALL-TESUMA”, para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos:

      ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional?

      Deploramos decir que no.
      En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal.
      En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años,tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.

      Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.

      Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarle a nuestros hermanos europeo las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo.
      Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento acumulado solo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia.

      Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300.
      Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra. Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?

      Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.

      Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos.
      Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica…”


      Cuando el Cacique Guaicaipuro Cuatemoc dio su conferencia ante la reunión de JEFES DE ESTADO DE LA COMUNIDAD EUROPEA, no sabía que estaba exponiendo
      una tesis de Derecho Internacional para determinar LA VERDADERA DEUDA EXTERNA, ahora sólo resta que algún gobierno latinoamericano tenga el valor
      suficiente para hacer el reclamo ante los tribunales Internacionales.


      Worm Worm Worm Worm Worm Worm Worm Worm

      El texto anterior es una obra de ficción, pero su contenido es tan aceradamente cierto, la crítica a los europeos tan absolutamente justificada y la redacción tan ingeniosa, que merece ser leído y difundido.

      El cacique Guaicaipuro existió hace poco menos de quinientos años, aunque su nombre real no incluía el ahora añadido Cuatemoc.

      El autor del relato es Luis Britto García, que lo publicó el 6 de octubre de 2003, con motivo del Día de la Resistencia indígena (12 de 0ctubre), bajo el título de “Guaicaipuro Cuatemoc cobra la deuda a Europa”.



      El autor: Luis Britto García (Caracas, 1940).

      Escritor venezolano. Su obra de ficción, formalmente experimental, elabora una crítica de la situación política y social de su país (Rajatabla, 1970; Abrapalabra, 1980; La orgía imaginaria, 1983). También se ha dedicado al ensayo, entre cuyos títulos cabe citar El imperio contracultural: del rock a la posmodernidad (1991). Premio Casa de las Américas en 1970 y premio nacional de literatura en 1980.

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      Mis otros posts estarán contentos de ser visitados por Ud. querido lector

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