Archivo para la categoría ‘filosofia’

Para que duerman bien…o lloren toda la noche.

Boris Vallejo, 1981

Boris Vallejo, 1981

A los 4 años: “¡Mi mamá puede hacer cualquier cosa!”

A los 8 años: “¡Mi mamá sabe mucho! ¡Muchísimo!”

A los 12 años: “Mi mamá realmente no lo sabe todo….”

A los 14 años: “Naturalmente, mi madre no tiene ni idea sobre esto”

A los 16 años: “¿Mi madre? ¡Pero qué sabrá ella!”

A los 18 años: “¿Esa vieja? ¡Pero si se crió con los dinosaurios!”

A los 25 años: “Bueno, puede que mamá sepa algo del tema…”

A los 35 años: “Antes de decidir, me gustaría saber la opinión de mamá.”

A los 45 años: “Seguro que mi madre me puede orientar”

A los 55 años: “Qué hubiera hecho mi madre en mi lugar?”

A los 65 años: “¡Ojalá pudiera hablar de esto con mi mamá!”

Este periodista, ¿a qué multimedio pertenece?

BOLETA ÚNICA PARA EL 23 DE OCTUBRE

J.B.A. ha escrito, no hace tanto tiempo, las siguientes reflexiones

Ladybug Los medios de protección que la Constitución nos proporciona, son la Libertad y los privilegios y recompensas conciliables con la libertad.

Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente. Se nos alentó a consumir sin producir.

Ladybug Nuestras ciudades capitales son escuelas de vagancia, de quienes se desparraman por el resto del territorio después de haberse educado entre las fiestas, la jarana y la disipación.

Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación y por eso tenemos pauperismo mental.

Ladybug En realidad nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia en el arte de hacer bien las cosas.

Sobre todo se muere de pereza, es decir de abundancia. Quieren pan sin trabajo, viven del maná del Estado y eso les mantiene desnudos, ignorantes y esclavos de su propia condición.

Ladybug El origen de la riqueza son el trabajo y el capital, ¿qué duda cabe de que la ociosidad es el manantial de la miseria?

La ociosidad es el gran enemigo del pueblo en las provincias argentinas. Es preciso marcarla de infamia: ella engendra la miseria y el atraso mental de las cuales surgen los tiranos y la guerra civil que serían imposibles en medio del progreso y la mejora del pueblo.

ESCRIBE BIEN, NO? QUIZÁS LO CONOZCA…


Juan Bautista Alberdi (Figarillo)
Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina
Marzo de 1855

Como si fuera hoy …

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UNA PLUMA BIEN PUESTA

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“Como tengo una madre de pañuelo blanco a la que las lágrimas no le opacaron la mirada luminosa de los espíritus tolerantes, este premio es para ella como una forma modesta de compensarla de tanto despojo”, dijo emocionada.

“Pertenezco a una generación que se inmoló”, afirmó, “llevo un cementerio dentro y porque he vivido entre heridos, aprendí con ellos que nadie apuesta más a la vida que aquel que estuvo a punto de perderla. Y esto vale para la democracia. Nada vivifica mejor la idea de democracia que haber vivido en dictadura, por eso me obsesiona que los jóvenes aprecien la libertad, luchen por ella, conquisten sus derechos. Y a nosotros nos cabe ser responsables y no alentarles a la violencia. Si las crisis económicas se resuelven en décadas, las de violencia se comen varias generaciones”.

Gawain. ¿por qué usar una cinta verde?

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La Nochevieja, cuando el año se retira a su lecho de muerte, y la vida, después de haber pasado por sus noches más largas, comienza a soltarse de las garras de la muerte invernal; durante ese lapso entre las fiestas de Navidad y de Epifanía en el que se supone que los duendes y los espectros se han marchado, el Caballero Verde hizo su aparición no anunciada en la corte del rey Arturo. Entró a caballo directamente en el salón principal, y era un hombre de estatura gigantesca; su armadura y su caballo, su rostro y sus armas eran verdes, y lo que empuñaba no era una espada sino una arcaica hacha de combate. Lanzó un desafío a los Caballeros de la Tabla Redonda, que estaban reunidos allí, intimándolos a trabarse en combate con él o quedar deshonrados ante los ojos del mundo.
Pero los términos del desafío eran muy extraños. El caballero que se atreviese a presentarse y convertirse en el paladín de la honra de la corte del rey Arturo debía tomar el hacha de la fantasma y tratar de decapitarla de un solo golpe. A trueque de ello, el mismo paladín debería presentarse en la “Capilla Verde” y enfrentar nuevamente al retador, pero esta vez sería él, y no el Caballero Verde, quien presentara el cuello al golpe del hacha.
El vestiglo(1) formuló sus condiciones, y todo el círculo de la Tabla Redonda permaneció sentado, transido de asombro. A este asombro sucedió una desazón general, porque ninguno de los caballeros se había levantado para aceptarlo. Entonces, el propio rey Arturo se levantó para salvar el honor de la corte, pero su sobrino, sir Gawain, se interpuso rápidamente. El joven se adelantó hasta quedar enfrente del preternatural visitante y se comprometió a cumplir las estipulaciones.

El Caballero Verde desmontó, entregó a sir Gawain su hacha, inclinó y desnudó el cuello, y esperó. Gawain empuñó y sopesó la poderosa arma, y entonces, finalmente, de un solo poderoso tajo, cercenó la cabeza, que cayó al suelo, rodó un poco y se detuvo. Pero el Caballero Verde procedió como si nada hubiera acontecido. Deteniéndose calmosamente, tomó otra vez la cabeza, aferrándola por sus cabellos sueltos y, recuperando otra vez el hacha de las dóciles manos de su rival, montó con agilidad su gran caballo verde. La cabeza, que chorreaba sangre, movió lentamente los labios, y se escuchó otra vez la voz, que conminaba a Gawain a no dejar de presentarse el próximo año en la capilla. Luego el decapitado vestiglo se puso la cabeza bajo un brazo y se marchó.
Cuando el año se acercaba otra vez a su término, poco después de la víspera de Todos los Santos, sir Gawain estaba pronto para encaminarse a la desconocida Capilla Verde. Montó su corcel en medio de las lamentaciones de la corte, porque nadie esperaba que regresase. No obstante ello, el joven caballero estaba, por su parte, bastante alegre: “¿Qué he de temer?”, preguntaba. “¿Qué otra cosa puede acontecerle al hombre fuera de afrontar su destino?” Y así diciendo, picó su caballo y se marchó.
Gawain cabalgó solo. Se encaminó hacia el norte, a través del yermo y del invierno. Ninguna de las personas que encontró en la desolada campiña le pudo mostrar el camino ni decirle nada sobre la capilla. Nunca la habían visto ni sentido hablar de ella. Se vio obligado a seguir su propia voz interior. La aventura fue larga y el frío cada vez más severo, de suerte que Gawain pronto se encontró en un gran aprieto y cabalgando irremediablemente descarriado.
La Nochebuena, cuando estaba perdido en un bosque sombrío, rogó a Cristo y a la Virgen que le mostraran algún cobijo donde pudiera celebrar el nacimiento de su Salvador. Entonces llegó inesperadamente a un poderoso castillo, en lo profundo del yermo, donde le dieron la bienvenida con muy hospitalaria recepción. El castellano, hombre de descomunal estatura y semblante siniestro, se mostró muy solícito por hacer que se sintiera cómodo; y su esposa, mujer de deslumbrador encanto, como también una imponente dueña que residía con ellos en el castillo, parecían deleitarse por igual en tratar como huésped a un tan nombrado caballero. Su acuciante afán por conocer el camino a la Capilla Verde quedó resuelto, porque le dijeron que el lugar se encontraba muy cerca, en un valle angosto y perdido, al que se podía llegar con facilidad. Si se ponía en marcha la mañana de Año Nuevo, podría llegar a tiempo para la cita; entretanto, le instaron, debía permanecer en el castillo, Y así pues se quedó, y lo hicieron objeto de grandes honores y lo agasajaron gratamente.
Tres días antes de la mañana en la que debía partir Gawain, su huésped salió de mañana para una partida de caza. Ambos habían acordado amigablemente la noche anterior, mientras bebían juntos frente al hogar, en que cualquier pieza que cobrara el cazador durante su jornada correspondería al visitante, y, a cambio de ello, el castellano recibiría el botín que Gawain obtuviera quedándose tranquilamente en casa. El pacto había sido bastante divertido, y ambos se rieron mucho.
La salida del cazador a la mañana siguiente fue bulliciosa: aullaban los perros, piafaban los caballos; resonaban las trompas de caza y gritaban los numerosos acompañantes. Luego, cuando el castillo, despoblado de sus moradores, quedó tranquilo, Gawain volvió a dormirse. Pero pronto lo despertó suavemente el advertir que alguien estaba sentado en el borde de su cama. Era la esposa de su alojador. Cuando el castillo quedó vacío, la hermosa mujer había entrado a hurtadillas en la cámara y se había instalado en la cama de Gawain, dentro de las cortinas.
Le hablaba con voz baja, amable, rica y hermosa, y Gawain se sintió irresistiblemente atraído. Pero al ser, como era, un cumplido caballero, se sentía también inamoviblemente ligado por el deber para con su huésped. Con un dominio casi sobrehumano de sus impulsos, resistió lo irresistible, y la magnífica mujer tuvo que contentarse con el otorgamiento de un beso desvaído.
El señor del castillo retornó al atardecer, y sus hombres venían abrumados bajo el peso de las piezas que había cobrado. Las colocaron en filas en el piso del gran salón, y el huésped las presentó a Gawain, el cual en cumplimiento del pacto devolvió al descomunal cazador el beso que había recibido. Y entonces ambos, nuevamente, rieron de todo corazón. ¡Qué mezquino botín, si se lo comparaba con las presas capturadas en ese día!
A la mañana siguiente, el señor del castillo volvió a salir, y otra vez la castellana pasó detrás de las cortinas. Estuvo más apremiante que el día anterior, y el autodominio de Gawain se hizo más precario. Pero el caballero era hábil; no sólo resistió los apremios de su insistente huésped, sino que también la confortó y la apaciguó, de manera que ella, aunque rechazada, no se sintió humillada; y esta vez dio dos besos a Gawain antes de despedirse.

El castellano regresó un poco tarde ese día. Había matado un robusto oso, que presentó al caballero. Y cuando, a cambio, recibió los dos rápidos besitos en la mejilla, los hombres se rieron otra vez de todo corazón.
La tercera y última mañana antes de la partida de Gawain, las cosas transcurrieron con un poco menos de cortesanía detrás de las cortinas del lecho. La mujer insistió con una desesperación que hizo parecer absurdamente arbitraria la sostenida caballerosidad del convidado. La situación se tornó más aguda por el hecho de que el joven y gallardo Gawain tenía considerable reputación como amante. “Dime por lo menos”, imploró la mujer, “que estás enamorado de otra dama y que le has jurado serle fiel”. Pero el joven respondió que no existía en su vida ninguna tal señora de sus pensamientos.
Entonces la mujer pareció buscar alguna prenda, algo que, de alguna manera, aunque fuera intangible, lo hiciera suyo; y se quitó del dedo una pesada sortija, que le instó a aceptar.
Pero él se resistió nuevamente, porque un anillo es un símbolo de la personalidad, y ofrecer un anillo significa la entrega del propio ser. Dar el anillo que se lleva es conferir un poder, la autoridad para hablar o actuar en nombre del que lo entrega. Así, un rey entrega su anillo al funcionario autorizado para dar órdenes y sellar las leyes en lugar de él, y una dama entregará su anillo al caballero que es su caballero. Aceptar un presente tal implica fidelidad, alguna clase de vínculo; y sir Gawain, de acuerdo con su carácter de caballero de la Tabla Redonda del rey Arturo, era muy estricto consigo mismo en lo referente a cualquier relación que lo comprometiera.
Como se ve, el joven venía siendo sometido durante esas últimas horas de su vida a una prueba muy delicada y significativa. Al alba del día siguiente tenía que enfrentarse con el Caballero Verde y resignarse a la pérdida de su cabeza. Entretanto, disponía de un día, un día en el momento del prematuro y radiante ocaso de su juventud. Y si su juvenil cuerpo hubiera podido crear una respuesta viviente a su propio y ahora furiosamente exacerbado deseo de vivir, no hubiera suscitado nada más deseable que esa hermosa y apremiante mujer que se había presentado ante él. Por última vez, el hechizo del mundo estaba delante de él, brindando a sus labios un gusto final, comparativamente breve pero suntuoso, de la vida que demasiado pronto habría de perder. A pesar de ello, el caballero – ese experto amador de nobles y hermosas damiselas, de ninguna manera insensible a sus encantos y demandas – estaba rechazando la dádiva, esa copa de placer llena hasta el borde.

Las razones aducidas y reales de sir Gawain para su acto antinatural eran su obligación caballeresca para con su huésped ausente, y si queremos apreciar el simbolismo de este predicamento, tenemos que tratar de comprenderlas de la misma manera que él. Se lo tentaba a que renunciase, a cambio de un momento de indulgencia consigo mismo, a su dedicación de toda la vida a la perfección de la caballería. Si cedía, su falta no sería la licencia carnal (podemos creer que no la habría rehuido) sino la falta de sinceridad y la infidelidad, y eso hubiera significado la desintegración de la consistencia de todo su ser. Porque sir Gawain era un iniciado, uno de los principales iniciados, en el círculo sagrado de la Tabla Redonda, dedicado solemne y seriamente a la vida modelo del ideal caballeresco. El haber sucumbido a la atracción de una aventura de amor episódica a costa de la coherencia de su carrera hubiera significado traicionar no sólo a su huésped sino a sí mismo. Su vida estaba destinada a terminar pronto; que continuara, pues, hasta el final. Que no se derrumbara en una hora transitoria de azar lujurioso.
Pero la frustrada mujer tenía en juego ahora un problema antagónico de honor, y no había que negarle por completo su requerimiento de que por lo menos se hiciera alguna concesión a su solicitación no encubierta. Gawain no quería aceptar su persona. Gawain no quería aceptar su anillo. ¿No habría, entonces, por ventura, algo menos comprometedor que él quisiera dignarse a recibir de ella, alguna bagatela, algo que ni llegara a ser un presente, una nadería, pero que de todos modos fuera una partícula de su existencia, que pudiera constituir un vínculo secreto entre ellos? Al bajar los ojos, su vista se posó sobre un angosto ceñidor verde, un trocito de cinta, que llevaba en torno de su cintura. Las temblorosas manos la desataron, y ofreciéndosela con instancia al renuente héroe que se encontraba en el lecho, le susurró como si las paredes pudieran oírlos: “Por favor, tomadlo. Es una nadería, pero posee un poder milagroso”. Gawain no había permitido aún a la tentadora que cerrase la mano. “Quienquiera llevare este trozo de cinta sobre su persona”, le dijo, “no puede recibir daño alguno”.
Esta fue una estocada elocuente. La resistencia de Gawain, durante un momento, aflojó algo, y la persistente mujer comenzó a apretar sus dedos para que los cerrase. Renunciando a conquistarlo, había recurrido a un soborno, una apelación a cualquier partícula diminuta de temor que pudiera subsistir aún en el corazón de este valerosísimo mancebo que había viajado desde tan lejos para enfrentar la muerte cara a cara. Poco habría, o quizá nada, en contra de los intereses de su alojador si aceptara tan oportuno talismán. La mujer argüía con un aire de amorosa preocupación, ansiosa por la seguridad del joven: con provisión, exenta de egoísmo, maternal, sin tratar ya de forzar su voluntad por medio de la seducción. Y Gawain fue tomado desprevenido por esta estrategia. Sus dedos comenzaron a cerrarse por sí mismos sobre el frágil cíngulo verde. Luego, de pronto, lo asió y lo recibió, y la mujer, en el ardor de su gratitud y satisfacción, lo besó con entusiasmo tres veces. El joven caballero cabalgaría con mayor confianza la mañana siguiente para llevar a cabo su empresa, un poco menos franco y esplendoroso, menos consciente de su valor, menos recto de lo que hubiera sido de no haber sustraído al huésped una cosilla en la ceremonia de su diario trueque, pero de todos modos sería un jinete extraordinariamente heroico.
El cazador regresó aún más tarde que el día anterior, y sólo pudo exhibir como botín un zorro, flaco y maloliente. Su morral se había ido vaciando día a día, en tanto que el del invitado, dentro de las murallas del castillo, se había ido ensanchando cada vez más. En el momento del intercambio, el huésped, encogiéndose de hombros como para excusarse, presentó su mezquina ofrenda, y el invitado, con apenas una huella de incomodidad, sus tres besos. El trozo de cinta verde no apareció, y la mujer, que había permanecido de pie, vigilando con ansiedad, se esponjó con una mirada de agradecida alegría.

La mañana siguiente, un escudero guió a sir Gawain hasta el valle descarriado, y cuando le señaló el camino hacia la Capilla Verde, le instó con ahínco a que se volviera. Jamás nadie, dijo, había regresado después de entrar en esa capilla. “Por eso, noble señor Gawain, dejad en paz a ese hombre. Idos en otra dirección, y os prometo guardaros el secreto”. Pero el joven caballero no tenía miedo, y con la cinta verde ceñida, confiaba en sobrevivir donde los otros habían perecido.
Siguió solo adelante, y a su debido momento llegó a una bóveda sombría, hundida en el suelo, estropeada por el tiempo y recubierta de musgo, un lugar ominoso para una cita, desolado y silente. Tiró de las riendas de su caballo y se puso a escuchar; y no llevaba mucho tiempo haciéndolo, cuando un ruido que parecía el de una piedra de amolar, como si alguien estuviera afilando un hacha, llegó a través del aire invernal desde la ladera boscosa, del otro lado del torrente. Gawain pronunció en alta voz su nombre y anunció su llegada. Una voz le respondió que aguardara, y volvió a escucharse el horripilante ruido del hacha afilándose. El ruido cesó abruptamente, y en un instante el corpulento Caballero Verde salió de una cueva y se lo vio descender por la ladera.
El saludo fue breve, y como en un encuentro de negocios. Gawain fue conducido al lugar de la ejecución. Imitando a su modelo del año anterior, se mantuvo inmóvil con el cuello inclinado y dispuesto, pero en el momento en que el otro blandió el hacha, instintivamente “encogió un poco los hombros”. Podría decirse que éste fue un segundo síntoma del rasgo que lo había impulsado a aceptar el trozo de cinta, y es interesante notar que, aunque ahora estaba protegido por el talismán, no pudo aceptar plenamente el mandoble inminente.
El Caballero Verde, al verlo titubear, detuvo el golpe y echó en cara a Gawain su cobardía. El joven protestó. El no tenía la suerte, expresó, de poder recoger su cabeza una vez que cayera cercenada. Pese a ello, se puso otra vez en posición, con la promesa de que ahora no temblaría.

El Caballera Verde levantó otra vez el hacha. El imponente verdugo ya había comenzado a descargar el golpe, cuando al advertir que esta vez el caballero no flaqueaba, se interrumpió otra vez deteniendo el impulso de sus dos brazos y comentó con aprobación: “Así me gusta que seáis. Esta vez sí daré el tajo. Pero primero quitaos esa capucha que el Rey Arturo os dio, para que yo pueda dar en vuestro cuello de la manera exactamente debida”.
Gawain se exasperó: “Golpead fuerte de una vez, o de lo contrario pensaré que no os atrevéis a dar el golpe”.
Tomó el hacha por tercera vez, lo alzó todo lo que le permitían los brazos y lo dejó caer; pero fue de tal manera que casi erró, pues sólo arañó la piel con el filo, haciendo en el cuello una delgada raspadura que sangraba ligeramente.
Gawain, cuando sintió eso, saltó a un lado, asió las armas y se preparó para el combate. “¡Os reto!”, exclamó, “¡lo convenido fue un golpe, y nada más!”
El Caballero Verde sonreía, apoyado tranquilamente en su hacha. “No os exaltéis”, dijo, “habéis recibido el golpe que merecíais. No haré nada más para dañaros. Por dos veces me contuve. Estos golpes fueron inocuos porque por dos veces guardasteis la fe que me habíais prometido y me devolvisteis los besos que habíais recibido de mi esposa. Pero la tercera vez faltasteis, y por eso os marqué con mi hacha. El ceñidor verde que lleváis me pertenece; mi mujer lo hizo para mí. Fui yo quien la envié a vos con sus caricias, sus besos y la verde tentación. Yo sabía todo lo que habría de pasar. Y entre todos los caballeros del mundo sir Gawain es como una perla entre guisantes. Fallasteis un poco cuando fuisteis sometido a prueba por tercera vez, pero no por concupiscencia o autocondescendencia, sino porque amabais vuestra vida y os sentíais desdichado de abandonarla”.

Sir Gawain enrojeció de vergüenza: “¡Malditos seáis ambos, el Temor y el Deseo! Sois los destructores del valor viril y del heroísmo.” Se sacó el cíngulo(2) y lo alargó para devolverlo, pero el Caballero Verde se negó a recibirlo. Confortó al joven héroe, encareciéndole que conservara la cinta verde como un presente, y luego lo invitó a compartir otra vez la hospitalidad de su castillo.
Gawain rehusó acompañarlo, pero consintió en guardar el ceñidor, que ató con un nudo oculto debajo de su brazo. Debería servirle siempre de recordatorio de cómo había fallado. Y así volvió indemne a la Tabla Redonda de la corte del rey Arturo, donde contó su aventura.
Los caballeros hicieron poca cuenta de su falla, pero mucha del heroísmo de su victoria. Y en memoria del extraordinario suceso, decidieron unánimemente llevar siempre, a partir de entonces, un trozo de cinta verde.

Heinrich Zimmer
El Rey y su Cadáver
Cuentos psicológicos sobre la conquista del mal.
Compilación de Joseph Campbell

(1) vestiglo.

(Del lat. besticŭlum).

1. m. Monstruo fantástico horrible.


(2) cíngulo.

(Del lat. cingŭlum, de cingĕre, ceñir).

1. m. Cordón o cinta de seda o de lino, con una borla en cada extremo, que sirve para ceñirse el sacerdote el alba.

2. m. Cordón que usaban por insignia los soldados.

HI

Hacer común el Bien

Independientemente de la ideología política, de la religión, de la clase social, del nivel intelectual, estas disquisiciones hacen bien, en cuanto ejercicio de meditación, de autoconocimiento y de propuestas de acción.
Lo que sigue es un pequeñísimo extracto, diría un pedacito de papel arrancado de una hoja, de las ideas de un valiente pensador.

Escudo Nacional - García Uriburu (1979)

Escudo Nacional - García Uriburu (1979)

En nuestra sociedad hay determinados principios a los que les asignamos valor, y a los que por lo tanto podríamos denominar “valores”.En consecuencia, afirmamos que un valor es aquello a lo que socialmente se le da valor, y que es visto como “bueno”.

Si todos sostenemos un mismo valor, ese valor es común a todos, por lo tanto se lo define como “bien común”.

El Bien es la búsqueda permanente de encarnar en la práctica los valores que nosotros sostenemos en lo común como sociedad. Por ejemplo, ( y aún cuando en los hechos hoy diste mucho de suceder), la justicia, el amor, la paz, la equidad.  El Bien es así una especie de común denominador de las personas de buena voluntad que se proponen hacer valer entre ellas una serie de valores, que al realizarlos los reafirman como Bien.

En general, las sociedades cuentan con tradiciones que las anteceden y le legan o heredan el cuerpo de valores que afirman como el Bien.  En este caso, como sociedad argentina — y más allá de que nosotros no cumplimos– disponemos de una herencia de la cultura y de la tradición argentina de claro corte occidental y cristiano de lo que se ha planteado como Bien y que de alguna manera tenemos ratificado y formalizado en la Constitución. En ella se platea un estado de derecho basado en el Bien.

El Bien es algo concreto, es una acción: se trata de hacer el bien, de buscar lo bueno.

En sentido contrario, el mal, desde mi punto  de vista, es la omisión del Bien.

No se trata sólo de hacer el Mal, sino también de no hacer el Bien. Se puede considerar el mal como una cualidad intrínseca del ser, por ejemplo en afirmaciones como “Sos Malo” o “Sos una mala persona”. En este caso se considera como mal o malo la práctica del contravalor: en lugar de la paz la violencia, en vez de la justicia la injusticia, en lugar del amor el odio, en vez de la equidad la desigualdad. Esta es una de las formas del mal, evidente y en acción directa.

Ahora, también hay “buena gente” que no hace nada o no hace lo suficiente para instalar aquello que proclama retóricamente que sostiene pero que no lo practica. Incluyendo esta porción de personas, la franja del mal es mucho más amplia, pues abarca no sólo al mal activo del contravalor o valor opuesto al que se propone, sino también al bien pasivo que no instala lo bueno o lo que vale por lo común.

Muchos de nosotros miramos cómo se roba y no hacemos nada para que deje de hacerse. De esta forma entonces consensuamos que robar “un poco” está bien y que el problema es “robar mucho”, entendiéndose que el término “robo” no es la delincuencia común sino la corrupción estructural.

Nuestra enfermedad del espíritu cívico es no poder sostener con claridad qué hay Bien y qué hay Mal. La sociedad debería entonces ir formando y educando para premiar el bien y para advertir sobre el mal, porque de esto se trata también la cultura cívica.

Cada uno es responsable de ser bueno, pero debería haber una sociedad en valores que reconozca ese bien como bueno.

Sergio Bergman
Manifiesto Cívico Argentino
Virtudes Ciudadanas


La intención vale tanto como el bagaje intelectual…(la buena)



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QuinoMuseo

Don Joaquín Lavado

**************************************los espero en   UNIVERSO


La lucha

En junio del 2008 se me ocurría pensar así y lo escribía en el blog:

 Light Bulb 

La vida no puede ser una lucha.

La lucha impide pensar, razonar, generar bienes, servicios, dignidad.

La desarticulación de los controles persecutorios a los trabajamos (la ganancia presunta), a los que consumimos (I.V.A., impuestos sobre impuestos en los servicios), a los que producimos (retenciones) debería ser la “lucha”, acompañada de la “guerra” a las arbitrariedades de funcionarios de toda línea, a las corrupciones generalizadas (total…todos lo hacen… no puede ser tan malo), a los negocios privados con los dineros públicos.

La lucha, argentinos, es la diaria, la de sobrevivir al asco de las mentiras de las personas que habiendo sido elegidas para solucionar los problemas de la sociedad argentina con criterio, sentido común y grandeza espiritual, sólo pretenden no largar la manija del poder que les franquea el acceso a riquezas públicas.

Las diatribas K, parecen ser los gritos del pajarito que pone los huevos en un lado (sus inversiones privadas, sus conexiones internacionales) y grita en otro.

Tal vez, alguna vez, haya gente inteligente, honesta y dispuesta a emplear su vida en ordenar este país.

Un año y 9 meses después nada parece haber cambiado…

 Smart 

Mensaje de Susanita


Marc Van Der Aa
Marc Van Der Aa

 

Susanita es contadora…pero ha vivido del amor y para el amor siempre.     

Su trabajo le paga las cuentas y ha mantenido los cuatro hijos, ahora grandes, producto de un matrimonio que ya fue…  

A lo largo de todos sus años de vida, hubo abismos y cúspides de gloria, pero nunca se traicionó a sí misma.   

Vive enamorada y cree firmemente en el amor, cualquiera sea la forma que éste tenga.     

Este mensaje no fue escrito POR  ella, pero la identifica tanto que se pensaría escrito PARA ella.   

Bueno, ahí va,  tal vez identifique a muchos más.    

 

 

El amor, semilla de vida… Pues ahí tienes todas las semillas de la vida.

Ahí tienes la siembra de la fe, del dolor, de las lágrimas y de los milagros.  

El momento más luminoso es encontrarlo, el más decisivo es arraigarlo y el de mayor rendimiento, cultivarlo y saber vivirlo todos los días.

Recuerda que buscar amor no es amarse, y vivirlo a medias es como no haberlo conocido. Hay que darse por entero.    

 

¡Cuántas vetas ocultas llevabas sin saberlo! ¡Cuánto que aprender tu corazón, que volar tu pensamiento, que decir tus palabras y que iluminar tu alma! ¡Cuántas vetas ignoradas y cuántos manantiales cerrados estallan de pronto inundándote la vida!    

 

No concibas el amor tan perfecto que te resulte irrealizable… ni tan imperfecto, que te resulte vulgar.

 

 No cierres la llave a la sinceridad y la confidencia, porque detrás de esa puerta se mudarán el silencio y la incomunicación, y poco a poco te irán despojando de todo lo que tienes.    

 

Las cosas del amor no son de fuerza, sino de entendimiento; no se imponen, hay que dejar que broten solas. No lo derroches, pero tampoco lo restrinjas. No lo reclames, ni lo fuerces, ni lo exijas: gánatelo, merécetelo y dale cuerpo haciéndolo renacer muchas veces.  

 

Es mejor la confianza que el encubrimiento, ceder que mentir, comprender que empecinarse, probar que rechazar, convencer que obligar.

Piensa antes de obrar.

No juzgues con precipitación. No te exaltes, no te apasiones. Busca el justo medio, el equilibrio, el aplomo.    

 

  

Foto: Marc van der Aa

El respeto es esencial: si fallas, el amor se resquebraja y perece.   Es como haberle dado el golpe de muerte.  

 

El amor es lo único que alivia el dolor. Es como un aceite suavizante para lo áspero, lo reseco, lo duro que encierra la vida.   Cuando se ama, el corazón no es rígido, es ondulante… como si lo movieran la brisa y la condescendencia. El rencor es tan corto que va derecho por el camino del perdón. La cicatrización es tan rápida, tan imperceptible, que casi no da tiempo a las disculpas y las explicaciones.  

 

Con esta cadena de perdones se hace el amor.  

 

Y con ese amor se hace la vida.            

 

 

 

EN MUCHAS COSAS TIENE RAZÓN,  EN OTRAS UN PROFILÁCTICO SENTIMENTAL NO VENDRÍA MAL.

 

LA VIDA ES UNA SOLA Y UNA VENÉREA AMOROSA PUEDE OSCURECERLA FEO…

 

ENTREGARSE…PERO POQUITO  Y SÓLO CUANDO  VES  QUE  EL  OTRO  TAMBIÉN SE DA.

 

La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos

La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos


La democracia sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida, por la elección hecha merced a una mayoría incompetente.

El hombre que escucha la razón está perdido.
La razón esclaviza a todos los que no son bastante fuertes para dominarla.

G.B.SHAW

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a algunos les alcanzará con eso…pero para los que necesitan saber más…lo que sigue

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George Bernard Shaw nació en Dublín, Irlanda, el 26 de julio de 1856 y falleció en Ayot St. Lawrence, Hertfordshire el 2 de noviembre de 1950. Este irlandés se ganó el premio Nobel de Literatura en 1925 y además el Oscar en 1938.

Shaw nació en Dublín, en una familia pobre y protestante. Se educó en el Wesley College en Dublín, y emigró a Londres en 1870, para comenzar su carrera literaria.

Allí, escribió cinco novelas que fueron rechazadas por los editores. Comenzó a escribir una columna de crítica musical en el periódico Star. Mientras tanto, comenzó a involucrarse en la política, y sirvió como concejal en el distrito de St. Pancras a partir de 1897. Fue un socialista notable, destacado miembro de la Sociedad Fabiana, que buscaba la transformación de la sociedad a través de métodos no revolucionarios. El trabajo periodístico ejercido durante sus primeros años, comprendía desde la crítica literaria y artística hasta colaboraciones sobre temas musicales que firmó, entre 1888 y 1890, con el seudónimo de Corno di Bassetto.

Shaw se volvió vegetariano cuando tenía veinticinco años, después de una lectura de H. F. Lester. En 1901, rememorando la experiencia, dijo “Fui caníbal durante veinticinco años. Por el resto de tiempo, he sido vegetariano”. Como convencido vegetariano, fue un firme anti-viviseccionista y antagonista de deportes crueles por el resto de su vida. La creencia en la inmoralidad de comer animales fue una de las causas más cercanas a su corazón y es un tópico frecuente en sus obras y prefacios. Su posición, mantenida sucintamente, fue “Un hombre de mi intensidad espiritual no come cadáveres”.

En 1895, Shaw se convirtió en el crítico teatral del periódico Saturday Review, lo cual fue el primer paso hacia la carrera de dramaturgo.

En 1898, Shaw se casó con Charlotte Payne-Townshend.

Candida, su primera obra exitosa, se estrenó ese mismo año. Le siguieron The Devil’s Disciple (1897), Arms and the Man (1898), Mrs. Warren’s Profession (1898), Captain Brassbound’s Conversion (1900), Man and Superman (1903), Caesar and Cleopatra (1901), Major Barbara (1905), Androcles and the Lion (1912), y Pigmalión (1913), por la que en 1938 obtuvo el Óscar al mejor guión adaptado.

Después de la Primera Guerra Mundial produjo varias obras, incluyendo Heartbreak House (1919) y Saint Joan (1923). Una de las características de las obras de teatro de Shaw es la larga introducción que las acompaña. En estos ensayos introductorios, Shaw daba su opinión —normalmente controvertida— sobre los temas que eran tratados en la obra. Algunos de estos ensayos son inclusive más extensos que la obra misma.

La turbulencia política en Irlanda no le fue indiferente. Acerca del levantamiento de Pascua, Shaw abogó en contra de la ejecución de los líderes rebeldes, argumentando que todos los hogares que se destruyeron podían ser siempre reconstruidos. Shaw fue amigo personal del líder Michael Collins, a quien invitó a cenar a su casa cuando Collins negociaba el tratado anglo-irlandés con David Lloyd George en Londres.

Shaw se preocupó por las inconsistencias en la escritura de la lengua inglesa, a tal grado de que en su testamento destinó una parte de sus bienes a la creación de un nuevo alfabeto fonético para el inglés. Tal proyecto nunca pudo comenzar, pues los bienes monetarios que Shaw dejó no eran suficientes. Sin embargo, las regalías obtenidas por los derechos de Pigmalión y My Fair Lady (obra musical basada en la obra de Shaw) fueron significativas.

Los herederos desarrollaron entonces el denominado alfabeto Shaviano.

Shaw tuvo una larga amistad con el escritor británico Gilbert Keith Chesterton y con el compositor Sir Edward Elgar. Shaw es la única persona que ha ganado un Premio Nobel y también un Óscar (en la categoría de mejor guión, por Pigmalión, en 1938).

Desde 1906 hasta su muerte en 1950, Shaw vivió en Shaw’s Corner, en el poblado de Ayot St. Lawrence, Hertfordshire. La casa se encuentra abierta al público visitante. El Teatro Shaw en Londres se abrió nuevamente en 1971, en su honor.

Escribió un poco como verán…un poco de todo. Los enlaces llevan a la Wiki para que uds. abran la puerta al mundo que se les antoje. Hay más de una muy atractiva. Cincuenta o cien años no son nada en lo que se refiere a la sociedad.

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Vamos con el árabe…!!!! KG

بارا اِنتيندير اِل كوراسون ج لا مينتي دي اُنا بيرسونا, نو تي فيخيس اِن لو كي ا اِجو نو تي فيخيس اِن لو كي ا لوغرادو سينو اِن لو كي اسبيرا ا اسير.

Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ha hecho, no te fijes en lo que ha logrado, sino en lo que aspira a hacer.

Khalil Gibrán

Poeta Libanés

Clavel Azul (flor nacional de El Líbano)

EL OJO

Un día dijo el Ojo:

-Más allá de estos valles veo una montaña envuelta en azul velo de niebla. ¿No es hermosa?

El Oído oyó esto, y tras escuchar atentamente otro rato, dijo:
-Pero; ¿dónde está esa montaña? No la oigo…

Luego, la Mano habló, y dijo:
-En vano trato de sentirla o tocarla; no encuentro ninguna montaña.

Y la Nariz dijo:
-No hay ninguna montaña por aquí; no la huelo.

Luego, el Ojo se volvió hacia el otro lado, y los demás sentidos empezaron a murmurar de la extraña alucinación del Ojo. Y decían entre sí: ” ¡Algo debe de andar mal en el Ojo!”

SOLICITUD

(..)
El hombre puede vivir y satisfacer sus deseos solamente a través del trabajo incansable, mediante la aplicación de sus facultades a los recursos naturales. En este proceso se origina la propiedad.

Pero también es cierto que el hombre puede vivir y satisfacer sus deseos arrebatando y consumiendo los frutos del trabajo ajeno. Este proceso es el origen del saqueo.

Ahora bien, dado que el hombre está naturalmente inclinado a eludir el dolor y el esfuerzo, y ya que el trabajo implica esfuerzo en sí mismo, se sigue que los hombres recurrirán al saqueo cuando quiera que éste resulte menos oneroso que el trabajo. La historia lo de muestra de forma muy clara.

Bajo estas condiciones, ni la religión ni la moralidad pueden detener el saqueo.
¿Cómo puede entonces detenerse?. El saqueo se detiene cuando se vuelve más doloroso y peligroso que el trabajo.

Es evidente, entonces que el propósito de la ley es utilizar la fuerza colectiva para detener esta tendencia fatal a robar en lugar de trabajar. La ley, en todas sus expresiones, debe proteger la propiedad y castigar el saqueo.

Pero generalmente la ley es escrita por un hombre o un grupo de hombres. Y dado que la ley no puede funcionar sin el poder sancionatorio de una fuerza, ésta se le da a quienes hacen las leyes.
Este hecho, en conjunción con la fatal tendencia humana a satisfacer los propios deseos con el menor esfuerzo posible, explica el porqué de la perversión universal de la ley.

Es fácil entender cómo la ley, en lugar de evitar la injusticia, se convierte en la principal arma de ésta. Es fácil entender cómo la ley es usada por los legisladores para destruir en mayor y menor grado a su pueblo, anulando la independencia de las personas mediante la esclavitud, destruyendo sus propiedades a través del saqueo y eliminando su libertad mediante la opresión.

Este proceso, que beneficia a quien hace las leyes, ocurre en proporción al poder que éste detenta.

El hombre se rebela naturalmente en contra de las injusticias de las cuales es víctima. De tal manera, cuando el saqueo es organizado legalmente para beneficio de quienes hacen la ley, las víctimas de este saqueo, por medios pacíficos o revolucionarios, intentarán ingresar a los procesos de creación de las leyes.

Dependiendo de su grado ilustración, las víctimas del saqueo legal tendrán uno de dos propósitos al intentar acceder al poder político: o bien poner fin al saqueo legal, o bien tomar parte en él compartiendo sus beneficios.


Desdichada es la nación en la cual este último propósito prevalece entre las víctimas del saqueo legal cuando éstas, en su natural reacción, toman el poder de legislar.

Hasta que un cambio así ocurre, una minoría saquea a la mayoría, lo cual es común en aquellas sociedades en las cuales el poder de legislar es restringido a un pequeño número. Pero después, al hacerse universal la participación en el proceso legislativo, los hombres buscan equilibrar sus intereses contrapuestos a través del saqueo universal.

En lugar de buscar erradicar las injusticias presentes en la sociedad, los hombres generalizan estas injusticias. Y tan pronto las clases que han sufrido la injusticia ganan poder político, establecen un sistema de represalias contra las otras clases. Estas clases no eliminan el saqueo legal, objetivo éste que requeriría un grado de ilustración mayor al que poseen. En vez de esto, se dedican a emular a sus predecesores participando en el saqueo legal, pese a que esto va en contra de sus propios intereses.(…)

Hay ocasiones en las que la ley defiende el saqueo y participa de éste. De tal forma, los beneficiarios del robo pueden escapar a la culpa y la vergüenza que sus actos mormalmente generarían. Incluso hay ocasiones en las cuales la ley pone todo el aparato de jueces, policía y prisiones al servicio del saqueo, tratando a su víctima, cuando esta osa defenderse, como un criminal.

¿Cómo puede identificarse este tipo de saqueo? Es muy simple. Obsérvese si la ley arrebata a alguien algo que le pertenece, para darlo a alguien a quien no pertenece. Véase si la ley beneficia a unos a expensas de otros, dándole aquello que el primero sólo podría obtener mediante el crimen.

Una ley así debe ser inmediatamente eliminada, ya que de no ser así, se extenderá hasta convertirse en un sistema. (…)


Esto pensamientos pertenecen a uno de los maestros de la democracia moderna, Frederic Bastiat, un francesito muy pensante que nació en BayonneEN 1801… y que entre otros grandes escritos generó esta

SOLICITUD

Una asociación de fabricantes de velas solicita protección estatal ya que, según ellos, están sometidos a la desleal competencia de un productor que trabaja en mucho mejores condiciones y con menores costos. Su nombre…

EL SOL.

¿Qué solicitan los fabricantes de velas?

Que se apruebe una ley ordenando cerrar todas las ventanas del país, para así proteger a los productores locales de velas…

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Fuente:
Andrés Mejía Vergnaud
MAESTROS DE LA DEMOCRACIA MODERNA

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