Hacer común el Bien
Independientemente de la ideología política, de la religión, de la clase social, del nivel intelectual, estas disquisiciones hacen bien, en cuanto ejercicio de meditación, de autoconocimiento y de propuestas de acción.
Lo que sigue es un pequeñísimo extracto, diría un pedacito de papel arrancado de una hoja, de las ideas de un valiente pensador.

Escudo Nacional - García Uriburu (1979)
En nuestra sociedad hay determinados principios a los que les asignamos valor, y a los que por lo tanto podríamos denominar “valores”.En consecuencia, afirmamos que un valor es aquello a lo que socialmente se le da valor, y que es visto como “bueno”.
Si todos sostenemos un mismo valor, ese valor es común a todos, por lo tanto se lo define como “bien común”.
El Bien es la búsqueda permanente de encarnar en la práctica los valores que nosotros sostenemos en lo común como sociedad. Por ejemplo, ( y aún cuando en los hechos hoy diste mucho de suceder), la justicia, el amor, la paz, la equidad. El Bien es así una especie de común denominador de las personas de buena voluntad que se proponen hacer valer entre ellas una serie de valores, que al realizarlos los reafirman como Bien.
En general, las sociedades cuentan con tradiciones que las anteceden y le legan o heredan el cuerpo de valores que afirman como el Bien. En este caso, como sociedad argentina — y más allá de que nosotros no cumplimos– disponemos de una herencia de la cultura y de la tradición argentina de claro corte occidental y cristiano de lo que se ha planteado como Bien y que de alguna manera tenemos ratificado y formalizado en la Constitución. En ella se platea un estado de derecho basado en el Bien.
El Bien es algo concreto, es una acción: se trata de hacer el bien, de buscar lo bueno.
En sentido contrario, el mal, desde mi punto de vista, es la omisión del Bien.
No se trata sólo de hacer el Mal, sino también de no hacer el Bien. Se puede considerar el mal como una cualidad intrínseca del ser, por ejemplo en afirmaciones como “Sos Malo” o “Sos una mala persona”. En este caso se considera como mal o malo la práctica del contravalor: en lugar de la paz la violencia, en vez de la justicia la injusticia, en lugar del amor el odio, en vez de la equidad la desigualdad. Esta es una de las formas del mal, evidente y en acción directa.
Ahora, también hay “buena gente” que no hace nada o no hace lo suficiente para instalar aquello que proclama retóricamente que sostiene pero que no lo practica. Incluyendo esta porción de personas, la franja del mal es mucho más amplia, pues abarca no sólo al mal activo del contravalor o valor opuesto al que se propone, sino también al bien pasivo que no instala lo bueno o lo que vale por lo común.
Muchos de nosotros miramos cómo se roba y no hacemos nada para que deje de hacerse. De esta forma entonces consensuamos que robar “un poco” está bien y que el problema es “robar mucho”, entendiéndose que el término “robo” no es la delincuencia común sino la corrupción estructural.
Nuestra enfermedad del espíritu cívico es no poder sostener con claridad qué hay Bien y qué hay Mal. La sociedad debería entonces ir formando y educando para premiar el bien y para advertir sobre el mal, porque de esto se trata también la cultura cívica.
Cada uno es responsable de ser bueno, pero debería haber una sociedad en valores que reconozca ese bien como bueno.
Sergio Bergman
Manifiesto Cívico Argentino
Virtudes Ciudadanas
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uriburu
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Buenísimo Moni.
Besitos guapa!