Les dejo una campanita hasta la vuelta…



 

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EL ENCUENTRO…



Dinastía Tang
Dinastía Tang

Ch’ienniang era la hija del señor Chang Yi, funcionario de Hunan.

Tenía un primo llamado Wang Chu, que era un joven inteligente y bien parecido.

Se habían criado juntos, y como el señor Chang Yi quería mucho al joven, dijo que lo aceptaría como yerno. Ambos oyeron la promesa y como ella era hija única y siempre estaban juntos, el amor creció día a día. Ya no eran niños y llegaron a tener relaciones íntimas.

Desgraciadamente, el padre era el único en no advertirlo. Un día un joven funcionario le pidió la mano de su hija.

El padre, descuidando u olvidando su antigua promesa, consintió.

Ch’ienniang, desgarrada por el amor y por la piedad filial, estuvo a punto de morir de pena, y el joven estaba tan despechado que resolvió irse del país para no ver a su novia casada con otro.

Inventó un pretexto y comunicó a su tío que tenía que irse a la capital. Como el tío no logró disuadirlo, le dio dinero y regalos y le ofreció una fiesta de despedida.

Wang Chu, desesperado, no cesó de cavilar durante la fiesta y se dijo que era mejor partir y no perseverar en un amor sin ninguna esperanza. Wang Chu se embarcó una tarde y había navegado unas pocas millas cuando cayó la noche. Le dijo al marinero que amarrara la embarcación y que descansaran.  

Cueva de Reed Flute en Guilin, China . Fue descubierta durante la Dinastia Tang hace 1,300 años. Imagen de Ian Sewell
Cueva de Reed Flute en Guilin, China . Fue descubierta durante la Dinastia Tang hace 1,300 años. Imagen de Ian Sewell

No pudo conciliar el sueño y hacia la media noehe oyó pasos que se acercaban.

Se incorporó y preguntó: “¿Quién anda a estas horas de la noche?” “Soy yo, soy Ch’ienniang”, fue la respuesta. Sorprendido y feliz, la hizo entrar en la embarcación.

Ella le dijo que había esperado ser su mujer, que su padre había sido injusto con él y que no podía resignarse a la separación.

 También había temido que Wang Chu, solitario y en tierras desconocidas, se viera arrastrado al suicidio. Por eso había desafiado la reprobación de la gente y la cólera de los padres y había venido para seguirlo adonde fuera.

Ambos, muy dichosos, prosiguieron el viaje a Szechuen. Pasaron cinco años de felicidad y ella le dio dos hijos.

Pero no llegaron noticias de la familia y Ch’ienniang pensaba diariamente en su padre. Esta era la única nube en su felicidad. Ignoraba si sus padres vivían o no y una noche le confesó a Wang Chu su congoja; como era hija única se sentía culpable de una grave impiedad filial.

‑Tienes un buen corazón de hija y yo estoy contigo ‑respondió él‑. Cinco años han pasado y ya no estarán enojados con nosotros. Volvamos a casa‑. Ch’ienniang se regocijó y se aprestaron para regresar con los niños.

Cuando la embarcación llegó a la ciudad natal, Wang Chu le dijo a Ch’ienniang: ‑No sé en qué estado de ánimo encontraremos a tus padres. Déjame ir solo a averiguarlo‑. Al avistar la casa, sintió que el corazón le latía.

Wang Chu vio a su suegro, se arrodilló, hizo una reverencia y pidió perdón. Chang Yi lo miró asombrado y le dijo: ‑¿De qué hablas? Hace cinco años que Ch’ienniang está en cama y sin conciencia. No se ha levantado una sola vez.

‑No estoy mintiendo ‑dijo Wang Chu‑.Está bien y nos espera a bordo.

Chang Yi no sabía qué pensar y mandó dos doncellas a ver a Ch’ienniang.

A bordo la encontraron sentada, bien ataviada y contenta; hasta les mandó cariños a sus padres.

Maravilladas, las doncellas volvieron y aumentó la perplejidad de Chang Yi.

Entre tanto, la enferma había oído las noticias y parecía ya libre de su mal y había luz en sus ojos. Se levantó de la cama y se vistió ante el espejo. Sonriendo y sin decir una palabra, se dirigió a la embarcación.

La que estaba a bordo iba hacia la casa y se encontraron en la orilla. Se abrazaron y los dos cuerpos se confundieron y sólo quedó una Ch’ienniang, joven y bella como siempre.

Sus padres se regocijaron, pero ordenaron a los sirvientes que guardaran silencio, para evitar comentarios. Por más de cuarenta años, Wang Chu y Ch’ienniang vivieron juntos y felices.

(Cuento de la dinastía Tang, 618‑906 a.C.)

 JORGE LUIS BORGES & ADOLFO BIOY CASARES
CUENTOS BREVES Y EXTRAORDINARIOS

 

Mensaje de Susanita


Marc Van Der Aa
Marc Van Der Aa

 

Susanita es contadora…pero ha vivido del amor y para el amor siempre.     

Su trabajo le paga las cuentas y ha mantenido los cuatro hijos, ahora grandes, producto de un matrimonio que ya fue…  

A lo largo de todos sus años de vida, hubo abismos y cúspides de gloria, pero nunca se traicionó a sí misma.   

Vive enamorada y cree firmemente en el amor, cualquiera sea la forma que éste tenga.     

Este mensaje no fue escrito POR  ella, pero la identifica tanto que se pensaría escrito PARA ella.   

Bueno, ahí va,  tal vez identifique a muchos más.    

 

 

El amor, semilla de vida… Pues ahí tienes todas las semillas de la vida.

Ahí tienes la siembra de la fe, del dolor, de las lágrimas y de los milagros.  

El momento más luminoso es encontrarlo, el más decisivo es arraigarlo y el de mayor rendimiento, cultivarlo y saber vivirlo todos los días.

Recuerda que buscar amor no es amarse, y vivirlo a medias es como no haberlo conocido. Hay que darse por entero.    

 

¡Cuántas vetas ocultas llevabas sin saberlo! ¡Cuánto que aprender tu corazón, que volar tu pensamiento, que decir tus palabras y que iluminar tu alma! ¡Cuántas vetas ignoradas y cuántos manantiales cerrados estallan de pronto inundándote la vida!    

 

No concibas el amor tan perfecto que te resulte irrealizable… ni tan imperfecto, que te resulte vulgar.

 

 No cierres la llave a la sinceridad y la confidencia, porque detrás de esa puerta se mudarán el silencio y la incomunicación, y poco a poco te irán despojando de todo lo que tienes.    

 

Las cosas del amor no son de fuerza, sino de entendimiento; no se imponen, hay que dejar que broten solas. No lo derroches, pero tampoco lo restrinjas. No lo reclames, ni lo fuerces, ni lo exijas: gánatelo, merécetelo y dale cuerpo haciéndolo renacer muchas veces.  

 

Es mejor la confianza que el encubrimiento, ceder que mentir, comprender que empecinarse, probar que rechazar, convencer que obligar.

Piensa antes de obrar.

No juzgues con precipitación. No te exaltes, no te apasiones. Busca el justo medio, el equilibrio, el aplomo.    

 

  

Foto: Marc van der Aa

El respeto es esencial: si fallas, el amor se resquebraja y perece.   Es como haberle dado el golpe de muerte.  

 

El amor es lo único que alivia el dolor. Es como un aceite suavizante para lo áspero, lo reseco, lo duro que encierra la vida.   Cuando se ama, el corazón no es rígido, es ondulante… como si lo movieran la brisa y la condescendencia. El rencor es tan corto que va derecho por el camino del perdón. La cicatrización es tan rápida, tan imperceptible, que casi no da tiempo a las disculpas y las explicaciones.  

 

Con esta cadena de perdones se hace el amor.  

 

Y con ese amor se hace la vida.            

 

 

 

EN MUCHAS COSAS TIENE RAZÓN,  EN OTRAS UN PROFILÁCTICO SENTIMENTAL NO VENDRÍA MAL.

 

LA VIDA ES UNA SOLA Y UNA VENÉREA AMOROSA PUEDE OSCURECERLA FEO…

 

ENTREGARSE…PERO POQUITO  Y SÓLO CUANDO  VES  QUE  EL  OTRO  TAMBIÉN SE DA.

 

¿Tendremos el cerebro blindado? ¿estaremos corriendo riesgos?





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Aunque parezca mentira, en las charlas con los amigos llego a la conclusión de que los habitantes de este suelo seguimos pensando igual desde distintos lugares.

Digo yo siempre, que en todo país civilizado los gobiernos deben asumirse para completar las enormes tareas nacionales que dejaron pendientes sus predecesores.

 

Ladybug

Una apuesta al desarrollo económico, una defensa de la soberanía nacional, una clara y totalizadora defensa de la calidad de vida de sus habitantes con todas las facetas que ello implica, una incentivación permanente de la unidad nacional, debe ser la premisa.

El respeto a la Verdad, a las instituciones, y sobre todo a los habitantes de este suelo argentino, tanto a los que están bien informados como a los que andan por la vida porque el aire todavía es gratis, debe ser lo primero.

El bien común, la cosa pública, es lo primero…

En fin, yo creo que hablando con sinceridad, todos nos entendemos y concertamos para bien de todos.

Mientras todas las anteriores esperanzas se materializan…cuidémonos el cerebro, no lo tenemos blindado


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José Luis Medrano…TBA… ¿estás ahí?

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El tipazo se llama

JOSÉ LUIS MEDRANO

          y es el responsable  de que este matrimonio  sólo llore de emoción  y no por haber perdido un hijo.  Es un HOMBRE DE BIEN  con todas las letras  y obró de acuerdo a su justo pensar y sentir…Es un ejemplo a seguir ( sin correr riesgos tan terribles como éste, claro está)  y que no solo merece la fama justa que ha conseguido  sino que debería ser recompensado.  Mire el vídeo siguiente y dígame: 

  1. los Galeano que salvaron hijo y camioneta,
  2. la empresa de trenes (TRENES DE BUENOS AIRES S.A.) que se salvó de perder la locomotora, los vagones y de pagar  indemnizaciones a sus empleados y transportados,
  3. los pasajeros del tren que no sufrieron daño gracias a él.

¿NO DEBERÍAN RECOMPENSARLO? ¿EL MUNICIPIO DE TIGRE NO DEBERÍA NOMBRARLO CIUDADANO ILUSTRE? UN TIPO DE ESA CLASE HUMANA…¿NO DEBERÍA RECIBIR AYUDA PARA MEJORAR SENSIBLEMENTE EL HOGAR QUE COMPARTE CON SU FAMILIA?. SR. SCIOLI,  NO SÓLO DEBERÍA UD. APRENDER DE ESTE HOMBRE  LA HUMILDAD, LA VALENTÍA Y LA DECISIÓN…SINO QUE DEBERÍA ASIGNARLE CIERTA DISTINCIÓN (MONETARIA Y DE LA OTRA). AL FIN Y AL CABO, NO SERÁ UN PUNTERO…PERO ES UNA PUNTA DE LANZA QUE ABRE CAMINOS ANTE TANTA BASURA QUE LO RODEA… OJALÁ ESTE RECORDATORIO  LE LLEGUE…

“Si lo tuviera que volver a hacer, lo haría”, dijo el héroe del tren nota completa de La Nación aquí


Hambre de Educación

He leído un excelente artículo sobre educación argentina y algún comentario al mismo se ocupa de achacar nuestra dolencia cultural a la falta de alimentos que padece el alumnado.

Discrepo…si mezclamos todo, aún teniendo la razón no tenemos la solución.

El hambre existe, ha existido siempre.

Hace 50 años atrás (soy grande y qué?)  se servía, obligatoriamente en TODAS las escuelas primarias, la copa de leche y un SANGUCHE.

Eso era cuando era impensable ver gente revolviendo la basura para comer y los docentes, como en todas las épocas que yo recuerde, tenían un sueldo miserable.

Sin embargo, los docentes de MI escuela primaria (el Bernasconi) NUNCA NOS DEJARON SIN CLASES.
Los reclamos iban por un lado, por el canal adecuado, y a los niños se los protegía de los avatares políticos y sindicalistas.

DE LA PRIMARIA PÚBLICA se salía con conceptos bien aprendidos que hoy apenas si se ven en las secundarias públicas.
¿Cuál es la diferencia entonces entre mi excelente educación pública y lo actual?

Creo yo que es el utilizar la lucha sindical sin recurrir a otros medios, en ser llevados de las narices por quienes no tienen el menor interés en la educación pública sino en su posicionamiento como punteros y luego o al mismo tiempo como políticos.

El resultado concreto en los colegios primarios y secundarios (lo digo con un profundo conocimiento de causa) es que NO SE EDUCA.

En el afán por contener a los alumnos pierden autoridad (qué palabra buena tan vilipendiada), pierden respeto y autorespeto (el alumno es impune y los padres también) y los conceptos básicos (leer correctamente, escribir, escribir sin faltas ortográficas, sumar, restar, multiplicar y dividir) no se adquieren vaya uno a saber por qué.

 

Pruebas al canto: pase Ud. por una verdulería, peluquería, restaurante, gimnasio o lea los subtitulados de noticieros y programas de TV argentinos…es seguro que las manos detrás de esas gafes pertenezcan a personas con secundario completo…

¿Quién es el responsable de esto? ¿los gobiernos, las ideologías, el campo, los partidos políticos?

Creo que hay que empezar a mirarse la pelusa del ombligo y sacarla.

Cuando cada docente (hay muchos muy buenos) decida darse cuenta de que en su trabajo está todo el destino del país…recién habremos dado el primer paso.
AUNQUE CUESTE CREERLO…HAY MUCHOS DOCENTES QUE ESTÁN DE ACUERDO CONMIGO.

Simplemente…un tipazo.

 

 Es muy bueno vivir en el mismo país que gente así.

 

Simplemente, un tipazo.  

Y se subió a la moto y se fue…!!!!

El que lo conozca, que se lo diga a los medios siempre plagados de porquerías,  ese tipo tiene que ser famoso y recompensado ¿o no?



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NO DEJE DE LEER LOS WAYANG KULIT EN
http://blogsdelagente.com/morgana/

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Pandemia de Ni-ni



  Mal de muchos consuelo de tontos. 

Sin embargo, sirve, tranquiliza saber que primer mundo e inframundo (el nuestro) comparten penas y bacilos. Lean con atención y saquen conclusiones…Esto es,  no depende de la riqueza económica, no depende de siglos de historia. La enfermedad está allí…No obstante ello, es fácil de curar si uno se lo propone… No hay prevención posible puesto que ya está entre nosotros.  Pero apelando  a  viejas tradiciones  y códigos morales, en desuso,  es posible darse cuenta y curarse…El artículo que ha caído ante mis ojos es el siguiente…y el resalte azul, es mío. Probablemente Ud. resaltaría lo mismo que yo.

Generación ‘Ni-ni’

“Estamos en manos de una auténtica y genuina generación Ni-ni. No me refiero a los jóvenes que no tienen ni oficio ni beneficio y exprimen la supervivencia de sus progenitores.

Tampoco hablo de los universitarios que, al acabar su formación, no encuentran ni un empleo digno ni una mísera oportunidad para demostrar sus cualidades, ni de los que no poseen ni perspectivas ni posibilidades de progreso en sus trabajos, por no hablar de los parados que no vislumbran ni presente ni futuro para ellos y los suyos.

De igual forma, no sería justo bautizar de esta forma a los pensionistas que no pueden ni opinar ni hacer nada para evitar el desastre que se les avecina, ni al españolito medio que ya no consigue ni llegar a fin de mes ni tiene medios para pelear por ello.

Los verdaderos Ni-ni que nos conducen a la pobreza son grupos corporativistas que no tienen ni escrúpulos ni vergüenza. Al frente de ellos se sitúa una casta política que ni sabe lo que es trabajar en pos del bien común ni ganas que tiene de saberlo. Criaturas malditas sin corazón ni conocimiento que ni pueden ni quieren mejorar la vida de los demás. Vampiros que sólo se protegen a sí mismos con sueldos y jubilaciones ultrajantes, mostrando un rostro en el que no aparece ni la cordura ni la decencia.

Junto a ellos, fundidos, encontramos a los asesores y demás parásitos millonarios que ni trabajan ni cumplen con los cometidos que justifican su innecesaria existencia. Si completamos la lista con los especuladores, algunos banqueros desalmados y ciertos explotadores de lo ajeno que ni humanidad ni solidaridad muestran en su comportamiento, tenemos completa la generación Ni-ni que no nos deja ni vivir ni pelear por nuestra supervivencia.

No deberíamos permitir ni que nos derrotaran ni que nos humillaran todos los días.”

TOMáS SALINAS GARCíA - Alicante – 09/02/2010

EL PAÍS.com Opinión

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Se va a arrepentir de haberme invitado -me dijo-. Todos se arrepienten.



  En una tarde calurosa de principios de setiembre me encontré por primera vez con el hombre ilustrado. Yo caminaba por una carretera asfaltada, recorriendo la última etapa de una excursión de quince días por el Estado de Wisconsin. 

 

Al atardecer me detuve, comí    un poco de carne de cerdo, unas habas y un bizcocho. Me preparaba a descansar y leer cuando el hombre ilustrado apareció sobre la colina. Su figura se recortó brevemente contra el cielo.     Yo no sabía entonces que era ilustrado; sólo vi que era alto, que alguna vez había sido esbelto, y que ahora, por alguna razón, comenzaba a engordar.

 

Recuerdo que tenía los brazos largos y las manos anchas, y un rostro infantil en lo alto de un cuerpo macizo.      Me habló antes de verme, como si hubiese adivinado mi presencia.    -Señor, ¿sabe usted dónde podría encontrar trabajo? -Temo que no -le respondí. -Cuarenta años y nunca he tenido un trabajo duradero -me dijo. Aunque hacía mucho calor, el hombre ilustrado llevaba una camisa de lana, cerrada hasta el cuello. Los puños de las mangas le ocultaban las anchas muñecas. La transpiración le corría por la cara. Y sin embargo no se abría la camisa.

 

-Bien -me dijo al fin-, este lugar es tan bueno como cualquiera para pasar la noche. ¿No lo molesto? -Si usted quiere, me sobra un poco de comida -le invité.

 

Se sentó pesadamente y lanzó un gruñido.  -Se va a arrepentir de haberme invitado -me dijo-. Todos se arrepienten. Por eso no paro en ningún sitio. Aquí estamos, a principios de setiembre, en lo mejor de la temporada de las ferias.    Tendría que estar ganando montones de dinero en el parque de diversiones de cualquier pueblo, y aquí me tiene, sin ninguna perspectiva. El hombre ilustrado se sacó un enorme zapato y lo examinó con atención. -Comúnmente conservo mi empleo diez días. Luego algo ocurre, y me despiden. Hoy ningún hombre, de ninguna feria del país se atrevería a tocarme, ni con una pértiga de tres metros.

 

-¿Qué le pasa? -le pregunté.  El hombre me respondió desabotonándose lentamente el cuello apretado. Cerró los ojos, y con movimientos muy lentos se abrió la camisa. Luego, con la punta de los dedos,  se tocó la piel. -Es curioso -dijo con los ojos todavía cerrados-. No se las siente, pero están ahí. No dejo de pensar que algún día miraré y ya no estarán. Camino al sol durante horas, en los días más calurosos, cocinándome y esperando que el sudor las borre, que el sol las queme; pero llega la noche, y están todavía ahí. 

 

 El hombre ilustrado volvió hacia mí la cabeza, mostrándome el pecho. -¿Están todavía ahí? -me preguntó. Durante unos instantes no respiré.  -Si -dije-, están todavía ahí. Las ilustraciones. -Me cierro la camisa a causa de los niños -dijo el hombre abriendo los ojos-. Me siguen por el campo. Todo el mundo quiere ver las imágenes, y sin embargo nadie quiere verlas. 

 

El hombre se sacó la camisa y la apretó entre las manos. Tenía el pecho cubierto de  ilustraciones, desde el anillo azul, tatuado alrededor del cuello, hasta la línea de la cintura.

 

-Y así en todas partes -me dijo adivinándome el pensamiento-. Estoy totalmente  tatuado. Mire. Abrió la mano.

En la mano se veía una rosa recién cortada, con unas gotas de agua cristalina entre los suaves pétalos rojizos. Extendí la mano para tocarla, pero era sólo una  ilustración. En cuanto al resto, no sé cómo pude quedarme quieto y mirar.

El hombre ilustrado era  una acumulación de cohetes, y fuentes, y personas, dibujados y coloreados con tanta  minuciosidad que uno creía oír las voces y los murmullos apagados de las multitudes que  habitaban su cuerpo. Cuando la carne se estremecía, las manitas rosadas gesticulaban,  los labios menudos se movían, en los ojitos verdes y dorados se cerraban los párpados. Había prados amarillos y ríos azules, y montañas y estrellas y soles y planetas,  extendidos por el pecho del hombre ilustrado como una vía láctea. Las gentes se dividían  en veinte o más grupos, instalados en los brazos, los hombros, las espaldas, los costados, las muñecas y la parte alta del vientre.

Se los veía en bosques de vello, escondidos en una constelación de pecas, o hundidos en las cavernas de las axilas, con ojos resplandecientes como diamantes. Cada grupo parecía dedicado a su propia actividad; cada grupo era toda una galería de retratos.

-¡Oh! ¡Son hermosas! -exclamé.  ¿Cómo podría describir las ilustraciones? Si en lo mejor de su carrera el Greco hubiese pintado miniaturas, no mayores que tu mano, infinitamente detalladas, con sus colores  sulfurosos y sus deformaciones, quizá hubiera utilizado para su arte el cuerpo de este  hombre. Los colores ardían en tres dimensiones. Eran como ventanas abiertas a mundos  luminosos. Aquí, reunidas en un muro, estaban las más hermosas escenas del universo.

 

El hombre ilustrado era un museo ambulante. No era ésta la obra de esos ordinarios  tatuadores de feria que trabajan con tres colores y un aliento que huele a alcohol. Era el trabajo de un genio; una obra vibrante, clara y hermosa. -Ah, si -dijo el hombre ilustrado-, mis ilustraciones. Me siento tan orgulloso de ellas que  me gustaría destruirlas. He probado con papel de lija, con ácidos, con un cuchillo… El sol se ponía. La luna se levantaba ya por el este.

 

 -Pues estas ilustraciones -afirmó el hombre-, predicen el futuro. No dije nada.

 

-Todo está bien a la luz del sol -continuó-. Puedo emplearme entonces en una feria. Pero de noche… Las pinturas se mueven. Las imágenes cambian.

 

Creo que sonreí. -¿Desde cuándo está usted ilustrado?

-Desde el año 1900. Yo tenía entonces veinte años y trabajaba en un parque de  diversiones. Me rompí una pierna. No podía moverme. Tenía que hacer algo para no  perder el empleo, y entonces decidí tatuarme.

 

-Pero ¿quién lo tatuó? ¿Qué pasó con el artista? -La mujer volvió al futuro -dijo el hombre-. Así es. Vivía en una casita en el interior de Wisconsin, no muy lejos de aquí. Una vieja bruja que en un momento parecía tener cien años y poco después no más de veinte. Me dijo que ella podía viajar por el tiempo. Yo me reí. Pero ahora sé que decía la verdad.

 

-¿Cómo la conoció? El hombre ilustrado me lo dijo. Había visto el letrero al lado del camino.

¡ILUSTRACIONES EN LA PIEL! ¡Ilustraciones, y no tatuajes! ¡Ilustraciones artísticas! Y allí había estado, toda la noche, mientras las mágicas agujas lo mordían y picaban como avispas y abejas delicadas. A la mañana parecía un hombre que hubiese caído bajo una  prensa multicolor: tenía el cuerpo brillante y cubierto de figuras. -He buscado a esa bruja todos los veranos, durante casi medio siglo -dijo el hombre  extendiendo los brazos-. Cuando la encuentre, la mataré. El sol se había ido. Brillaban ya las primeras estrellas y la luna iluminaba los pastos y  las espigas. Las imágenes del hombre ilustrado resplandecían en la sombra comocarbones encendidos, como esmeraldas y rubíes con los colores de Rouault y de Picasso,  y los cuerpos enjutos y alargados del Greco.  -Cuando las imágenes empiezan a moverse, me despiden. Ocurren cosas terribles en  mis ilustraciones. Cada una es un cuento. Si usted las mira atentamente unos pocos  minutos, le contarán una historia. Si las mira tres horas, las narraciones serán treinta o cuarenta, y usted oirá voces, y pensamientos. Todo está aquí, en mi piel; no hay más que  mirar. Pero sobre todo, hay cierto lugar de mi espalda… -El hombre ilustrado se volvió-. ¿Ve? Sobre mi omóplato derecho no hay ningún dibujo. Sólo una mancha de color. -Si. -Cuando he estado con alguien un rato, ese omóplato se cubre de sombras, y se  convierte en un dibujo. Si estoy con una mujer, al cabo de una hora su rostro aparece ahí,  en mi espalda, y ella ve toda su vida… cómo vivirá y cómo morirá, qué parecerá cuando  tenga sesenta anos. Y si me encuentro con un hombre, una hora después su retrato aparece también en mi espalda. Y el hombre se ve a si mismo cayendo en un precipicio, o  aplastado por un tren… Entonces me despiden.  El hombre hablaba y al mismo tiempo movía las manos sobre las ilustraciones, como para ajustar los marcos y sacarles el polvo, con los ademanes de un conocedor, de un aficionado al arte. Al fin se tendió de espaldas, a la luz de la luna. Era una noche calurosa,  serena y sofocante. Nos habíamos sacado la camisa. -¿Y nunca encontró a la vieja? -Nunca.

-¿Y cree usted que venía del futuro? -¿Cómo, si no, podría conocer estas historias que me pintó sobre la piel? El hombre, fatigado, cerro los ojos.  -A veces, de noche -dijo débilmente-, siento las figuras. como hormigas sobre la piel. Sé lo que pasa entonces y lo que tiene que pasar. Yo nunca las miro. Trato de olvidarme. No debemos mirarlas. No las mire usted tampoco, se lo advierto. Vuélvame la espalda  cuando se vaya a dormir.

Yo estaba acostado no muy lejos. El hombre no tenía, aparentemente, un carácter  violento, y las ilustraciones eran tan hermosas… Yo me hubiese ido lejos de toda esa  charla. Pero las ilustraciones… Dejé que los ojos se me llenaran de imágenes. Con esos  cuadros sobre el cuerpo, cualquiera podía perder la cabeza.  La noche era serena. Yo podía oír la respiración del hombre ilustrado, bañado por la  luna. Los grillos cantaban dulcemente en las hondonadas lejanas. Me puse de costado  para ver mejor las ilustraciones. Pasó, quizá, una media hora. Yo no sabía si el hombre  ilustrado se había dormido, pero de pronto lo oí respirar: -Se mueven, ¿no es cierto? Esperé un minuto. Y luego dije: -Sí. Las imágenes se movían, una por vez, uno o dos minutos. Allí, a la luz de la luna, con el menudo tintineo de los pensamientos y las voces distantes como voces del mar, se  desarrollaron los dramas. No sé si esos dramas duraron una hora o dos. Sólo sé que me  quedé allí, inmóvil, fascinado, mientras las estrellas giraban en el cielo. Dieciocho ilustraciones, dieciocho cuentos. los conté uno a uno. Primero, mis ojos se posaron en una escena, una casa grande con dos personas. Vi  unos buitres que volaban en un cielo rosado y ardiente. Vi leones amarillos, y oí voces. 

La primera ilustración tembló y se animó.

 

EL HOMBRE ILUSTRADO PRÓLOGO RAY BRADBURY

El único…el más mejor.

 

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