La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos

La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos


La democracia sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida, por la elección hecha merced a una mayoría incompetente.

El hombre que escucha la razón está perdido.
La razón esclaviza a todos los que no son bastante fuertes para dominarla.

G.B.SHAW

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a algunos les alcanzará con eso…pero para los que necesitan saber más…lo que sigue

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George Bernard Shaw nació en Dublín, Irlanda, el 26 de julio de 1856 y falleció en Ayot St. Lawrence, Hertfordshire el 2 de noviembre de 1950. Este irlandés se ganó el premio Nobel de Literatura en 1925 y además el Oscar en 1938.

Shaw nació en Dublín, en una familia pobre y protestante. Se educó en el Wesley College en Dublín, y emigró a Londres en 1870, para comenzar su carrera literaria.

Allí, escribió cinco novelas que fueron rechazadas por los editores. Comenzó a escribir una columna de crítica musical en el periódico Star. Mientras tanto, comenzó a involucrarse en la política, y sirvió como concejal en el distrito de St. Pancras a partir de 1897. Fue un socialista notable, destacado miembro de la Sociedad Fabiana, que buscaba la transformación de la sociedad a través de métodos no revolucionarios. El trabajo periodístico ejercido durante sus primeros años, comprendía desde la crítica literaria y artística hasta colaboraciones sobre temas musicales que firmó, entre 1888 y 1890, con el seudónimo de Corno di Bassetto.

Shaw se volvió vegetariano cuando tenía veinticinco años, después de una lectura de H. F. Lester. En 1901, rememorando la experiencia, dijo “Fui caníbal durante veinticinco años. Por el resto de tiempo, he sido vegetariano”. Como convencido vegetariano, fue un firme anti-viviseccionista y antagonista de deportes crueles por el resto de su vida. La creencia en la inmoralidad de comer animales fue una de las causas más cercanas a su corazón y es un tópico frecuente en sus obras y prefacios. Su posición, mantenida sucintamente, fue “Un hombre de mi intensidad espiritual no come cadáveres”.

En 1895, Shaw se convirtió en el crítico teatral del periódico Saturday Review, lo cual fue el primer paso hacia la carrera de dramaturgo.

En 1898, Shaw se casó con Charlotte Payne-Townshend.

Candida, su primera obra exitosa, se estrenó ese mismo año. Le siguieron The Devil’s Disciple (1897), Arms and the Man (1898), Mrs. Warren’s Profession (1898), Captain Brassbound’s Conversion (1900), Man and Superman (1903), Caesar and Cleopatra (1901), Major Barbara (1905), Androcles and the Lion (1912), y Pigmalión (1913), por la que en 1938 obtuvo el Óscar al mejor guión adaptado.

Después de la Primera Guerra Mundial produjo varias obras, incluyendo Heartbreak House (1919) y Saint Joan (1923). Una de las características de las obras de teatro de Shaw es la larga introducción que las acompaña. En estos ensayos introductorios, Shaw daba su opinión —normalmente controvertida— sobre los temas que eran tratados en la obra. Algunos de estos ensayos son inclusive más extensos que la obra misma.

La turbulencia política en Irlanda no le fue indiferente. Acerca del levantamiento de Pascua, Shaw abogó en contra de la ejecución de los líderes rebeldes, argumentando que todos los hogares que se destruyeron podían ser siempre reconstruidos. Shaw fue amigo personal del líder Michael Collins, a quien invitó a cenar a su casa cuando Collins negociaba el tratado anglo-irlandés con David Lloyd George en Londres.

Shaw se preocupó por las inconsistencias en la escritura de la lengua inglesa, a tal grado de que en su testamento destinó una parte de sus bienes a la creación de un nuevo alfabeto fonético para el inglés. Tal proyecto nunca pudo comenzar, pues los bienes monetarios que Shaw dejó no eran suficientes. Sin embargo, las regalías obtenidas por los derechos de Pigmalión y My Fair Lady (obra musical basada en la obra de Shaw) fueron significativas.

Los herederos desarrollaron entonces el denominado alfabeto Shaviano.

Shaw tuvo una larga amistad con el escritor británico Gilbert Keith Chesterton y con el compositor Sir Edward Elgar. Shaw es la única persona que ha ganado un Premio Nobel y también un Óscar (en la categoría de mejor guión, por Pigmalión, en 1938).

Desde 1906 hasta su muerte en 1950, Shaw vivió en Shaw’s Corner, en el poblado de Ayot St. Lawrence, Hertfordshire. La casa se encuentra abierta al público visitante. El Teatro Shaw en Londres se abrió nuevamente en 1971, en su honor.

Escribió un poco como verán…un poco de todo. Los enlaces llevan a la Wiki para que uds. abran la puerta al mundo que se les antoje. Hay más de una muy atractiva. Cincuenta o cien años no son nada en lo que se refiere a la sociedad.

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UN CAÑO BIEN USADO…

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Adelantándonos…para no quedar atrás…VI

Pocos saben que es un cuento navideño…

pero sí…lo es.

Tchaikovsky hizo este hermoso ballet basándose en el cuento de E.T.A. Hoffmann,

“El Cascanueces y el Rey de los Ratones”.

La familia de Clara celebra la Nochebuena con una gran fiesta para sus invitados. Clara y su hermano Fritz esperan con impaciencia que el excéntrico Tío Drosselmeyer llegue con su regalo especial. Éste resulta ser un gran castillo de juguete automático, con soldados que se mueven y cisnes que nadan en su foso. Además, trae para Clara un regalo especial, un cascanueces, y además le cuenta la historia de cómo el Cascanueces llegó a ser Rey de los Muñecos.

La Historia Del Cascanueces

En un Reino muy lejano, había un Rey y una Reina que tenían una preciosa hija, la Princesa Perlipat. Para celebrar el cumpleaños del Rey, la Reina preparó una tarta especial de queso azul, el favorito del Rey. Sin embargo, el olor del queso atrajo a todos los ratones, que se comieron la tarta. El Rey se encolerizó y ordenó a su inventor Drosselmeyer que capturase a todos los ratones. Drosselmeyer y su sobrino Hans consiguieron atrapar a todos excepto a la Reina de los Ratones y a su único hijo.

Como venganza, la Reina de los Ratones hechizó a la Princesa Perlipat hasta volverla insoportablemente fea. Entonces el Rey ordenó a Drosselmayer que buscase una cura. Drosselmayer averiguó que la Nuez Krakatooth podría invertir el hechizo, siempre que fuese abierta con los dientes de un hombre joven que no llevase botas. El Rey llamó a todos los príncipes y nobles, prometiendo que el que lograra abrir la nuez se casaría con Perlipat. Sin embargo, la nuez era tan dura que todos los hombres se rompieron los dientes intentándolo.

Entonces intervino el sobrino de Drosselmeyer, Hans, que consiguió abrir la nuez y curar a Perlipat. La Reina de los Ratones, furiosa, le lanza un hechizo para convertirlo en un Cascanueces, Príncipe de los Muñecos. Después, una columna cae sobre ella y muere, convirtiéndose su hijo en el Rey de los Ratones. Drosselmeyer es expulsado del Reino por “intentar hacer pasar un Cascanueces por yerno”.

La Venganza del Rey de los Ratones

Clara se queda triste por el final de la historia, pero el Tío Drosselmeyer la consuela diciéndole que el hechizo puede romperse. Esa noche, cuando todo el mundo se ha ido a dormir, Clara baja a la salita para bailar con el Cascanueces. De repente llega el Rey de los Ratones, que quiere vengarse del Cascanueces por haber herido su cola al caer la columna que mató a su madre. Todos los muñecos de la sala cobran vida y pelean contra el ejército de los ratones. La batalla termina cuando Clara lanza una zapatilla al Rey de los Ratones, que termina herido y sale huyendo. Clara tropieza y se golpea la cabeza contra el reloj, quedando inconsciente. A la mañana siguiente, le cuenta a su madre lo ocurrido, pero ella le manda descansar y olvidarse de cuentos de hadas.

La noche siguiente, el Rey de los Ratones vuelve, enfadado con Clara. Entonces pelean el Cascanueces con el Rey de los Ratones, mientras el resto de juguetes pelean contra los ratones. El general Pantaloon, un viejo muñeco, resulta herido y han de revivirlo en el País de los Muñecos. Entonces Clara encoge hasta tener el tamaño de una muñeca, gracias a la magia de Drosselmeyer.

El País de los Muñecos

Clara sigue a los juguetes hasta el País de los Muñecos, que resulta ser el castillo de Drosselmeyer. Allí, Clara baila con el Cascanueces y él le pide que se quede y sea Princesa, pero ella responde que tiene que volver a casa y crecer. Entonces los muñecos empiezan a volverse juguetes inanimados y aparece el Rey de los Ratones, herido y buscando una última venganza. Cuando se abalanza sobre Clara, termina cayendo al foso del castillo.

De Vuelta a Casa

Clara despierta y nada parece haber ocurrido, salvo que su familia ha encontrado un ratón muerto cerca del castillo de juguete. Ella corre al taller del Tío Drosselmeyer y llorando le pide saber si es cierto todo lo que ella vivió. De repente aparece un chico joven llevando un reloj, y ella enmudece. Drosselmeyer lo presenta como su ayudante Hans, pero ella ha reconocido en él al Cascanueces.



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Sentir…que 11 años no es nada. Qué febril la mirada que errante en la sombra …

Hace unos años atrás lloraba en público porque sus trapitos sucios andaban ventilándose por ahí…Sin embargo, sigue en funciones…en funciones convenientes para tapar los trapitos sucios de algunos, varios, que sólo responden a sí mismos.

Son casi dioses…dioses de retaguardia floja y escrúpulos más flojos aún. Hoy a vuelto a ser funcional a gente que tiene piezas completas de tela (literalmente guita) sucias…No existiría el famoso “hecha la ley hecha la trampa” si esta clase de jueces no existiera, si los jueces federales tuvieran honor y actitudes intachables que nos hicieran sentir protegidos.

Once años no es tanto tiempo…yo todavía me acuerdo de esta nota…

Garbellano: “Yo soy el protagonista del Oyargate

“Acá el protagonista soy yo. El protagonista exclusivo del Oyargate 98 soy yo”, reclamó Luciano Garbellano, enfundado en la bata blanca de toalla en la que se adivina el logotipo del Sheraton Hotel.

Recibió a La Nación en su casa, un departamento de un ambiente agrandado con espejos, alfombrado de azul hasta en las paredes, donde se juntan una cama de dos plazas y media y un hidromasaje.

Sobre un escritorio de granito descansa una videograbadora y un televisor de 29 pulgadas, donde se ve un video. Allí aparece un hombre con las facciones del juez federal Norberto Oyarbide en la recepción de Spartacus, en el segundo piso del edificio de Agüero 1916, según explicó Garbellano.

El ex dueño de Spartacus, acaba de regresar de Tribunales, donde fue indagado por segunda vez. La primera no dijo mucho, pero en su nueva aparición, cuando estaba a punto de quedar detenido, prendió el ventilador en su estilo verborrágico y grandilocuente para acusar a Oyarbide.

-¿Por qué habla ahora y no antes?

-Porque ahora decidí colaborar con la Justicia y me muestro arrepentido (Se sonríe). En mi declaración dije que estaba arrepentido y que no voy a volver a poner un prostíbulo gay. Se terminó esa etapa.

-¿Por qué entregó ahora el video a la Justicia?

-Porque Oyarbide se hacía filmar por morbo propio. Yo acepto el proxenetismo que me endilgan, pero no lo de extorsionador. Si yo hubiese sido ladino o traidor, cuando Oyarbide procesa a Cavallo, yo hubiera ido con él o con su abogado Guillermo Francos. Hablemos de la verdad.

-¿Usted entregaba dinero a Oyarbide?

-Cada quince días, 15.000 dólares.

-¿En concepto de qué?

-De protección. Eran ganancias de Spartacus que yo las compartía con él. Oyarbide juntaba 60.000 dólares al mes entre todos los prostíbulos.

-¿También les cobraba por protección?

-Claro. Si tiene 800.000 dólares ahorrados.

-¿Cómo lo sabe? ¿El se lo dijo?

-No. Pero solamente yo, le di 420.000 en los últimos cuatro años. No había otro Spartacus de esta magnitud.

-¿Cuál era su relación como el comisario Norberto Rosa?

-Con él está todo bien. Nunca le di un peso.

-El dijo que usted era su informante…

-Pero si no decía eso, cómo iba a justificar las llamadas conmigo. A mí me lo presenta Oyarbide, pero el que recibía la plata, en realidad, era Armando Giffi, el ex comisario de la 19a.

-¿Pero en su declaración usted dice que Rosa le eliminaba la competencia?

-Yo nunca le di nada a Rosa. Si Oyarbide le daba plata es otra cosa. Yo le daba plata a Oyarbide y él arreglaba con Rosa. Así fue como ocurrió.

-¿Sabe de otros supuestos delitos que cometió Oyarbide?

-Sí, arregló una causa por una marca de un conocido bar con sucursales en todo el mundo. En la planta baja del prostíbulo recibió de un empresario 250.000 dólares para arreglar la causa.

-¿Quién cree que lo baleó?

-Yo pienso que el que me mandó matar es Oyarbide, porque yo lo eché del prostíbulo. El me debe 118.600 pesos de los servicios que tomaban sus amigos. Porque yo a los chicos les tengo que pagar. Me decía: “Negrito, no le cobrés”. Llevaba champagne y seis pibes a la habitación, pero los amigos de mis amigos no son mis amigos. El me desautorizaba, me desacreditaba pasando por encima mio y se llevaba a comer a los pibes.

-¿Sospecha de Rosa en el tiroteo?

-Puede ser, porque el trío es Rosa Oyarbide y Hernán Cattáneo, el que me entregó. Me llevaron a la muerte. Si me matan a mí o me meten preso se acabó la historia de Oyarbide. Yo soy el único protagonista.

Hernán Cappiello

Diario LA NACION
Miércoles 8 de julio de 1998 | Publicado en edición impresa

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¿Hay algo más lindo?

Un hijo es una pregunta que le hacemos al destino.
José María Pemán (1898-1981) Escritor español.
Un nieto es la respuesta
Moni

Hasta cuando…

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jaja… Aníbal es un maleducado…

Aníbal es un maleducado que no respeta a su jefa. La considera una yegua casada con un pescado. Hoy lo dijo, está en todos los diarios…Habráse visto descaro !!!!

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Adelantándonos…para no quedar atrás. III

cuentocuentocuentocuentocuentocuentocuentocuentocuentocuentoARGENTINO
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Es un hombre que está solo pero no espera. Se nota que no espera. Tiene una mueca en los labios que intenta o pretende ser una sonrisa, pero no lo es. Con las manos entrelazadas sobre la mesa, mira cantar a la chica de vestido largo azul. Todo el restaurante la mira, y también lo mira a él. Pero no parece que por una secreta historia de amor.

En el “Jardín Iguazú” la fauna de esa noche, 24 de diciembre, es por lo menos llamativa. Los chinos están en la larga mesa del fondo, contra las verjas, y desde allí llega un suave murmullo como de palomas. Su extraña lengua entremezcla vocablos del guaraní y del castellano, particularmente en los más chicos, que llaman la atención por su comportamiento serio, casi adulto.

El patio es grande, como para cincuenta mesas o algo más. Casi todas están ocupadas por una legión de rostros peculiares que parlotean como pájaros de hablar diverso: las chicas que parecen alemanas, o austríacas, comen tan discretas como rubias; los dos franceses de camiseta y shorts que parecen gemelos, o pareja gay, tragan como si ésa fuese la última cena antes de subir al patíbulo; una barra de cordobeses grita cerca de los chinos y suelta procacidades cada tanto, pidiéndole a la chica del vestido largo azul que cante temas cuarteteros onda Mona Jiménez.

El hombre que está solo ha terminado de comer. Antes de las once de la noche ya se ha pasado dos veces una blanca servilleta de papel por los labios y ha bebido un par de copas de sidra helada con que la casa invita a los comensales. Chun Li, el patrón que vigila que nada escape a su control, ha dispuesto que la sidra se incluya en el precio del tenedor libre chino-argentino: veinte pesos, o dólares, por persona y con toda otra bebida aparte. Mientras María Paula, la mesera que nos toca, nos sirve la sidra e informa sobre la mesa de comidas, calculo que hay más de cien personas en el local: un negocio redondo sobre todo porque hay gente como esos cuatro europeos de nacionalidad indefinible que ya van por la octava botella del mejor tinto nacional, o ese grupo de estudiantes norteamericanos con camisetas de NYU y otras universidades que desde las ocho de la noche están bebiendo cerveza con un apasionamiento como el de la Quinta Flota cada vez que ataca un país árabe.

La chica canta ahora boleros de Luis Miguel y es difícil decidir si es mejor mirarle las piernas bellísimas que asoman por el tajo del vestido largo azul, o seguir la conducta tan extraña de Solari, como hemos bautizado al hombre de la mueca en la boca que parece sonrisa pero no es sonrisa. Su comportamiento es por completo educado, o quizás habría que decir medido. Como una representación de lo discreto, no es tristeza lo que define su estado. Es más bien un transcurrir a contramano de todos, el cual, finalmente, resulta patético.
Es un hombre apuesto, ciertamente: andar por los cuarenta largos, quizás cincuenta muy bien llevados, con algunas canas sobre las orejas, lomo trabajado en gimnasio, manos de campesino o de obrero: bastas, fuertes, grandes. Viste con sencillez, como casi todos esa noche abrasadora de Navidad y en ese punto caliente de la frontera: jean y camisa de mangas cortas en tono pálido, nada para destacar.


Lo que destaca es que está solo y su soledad es absoluta, insólita para esa noche y ese sitio, una solitariedad, se diría, tan llamativa como la joroba del de Notre Dame, indiscreta como un comentario del inolvidable Max Ferrarotti de Soriano.

Imposible no mirarlo. Es casi agresiva su desolación. Preside una mesa vacía con restos de pavo y un trozo de pan dulce a medio comer. Ha pedido ahora una botella de vino blanco que beberá solo, quizás como lo ha hecho toda su vida, y lo bebe parsimonioso y lento como haciéndolo durar hasta las doce, cuando la chica del vestido largo azul anuncia que es la hora del gran brindis y los besos y los buenos deseos, y estallan las mesas de los argentinos, los cordobeses y unos rionegrinos de más allá, y también un grupo de brasileños que se lanzan a bailar como siempre hacen los brasileños para que todo el mundo los quiera, y de modo más contenido los europeos, y con asiática frialdad los chinos: todos se besan, se abrazan, se saludan, nos besamos, brindamos de mesa a mesa, alzamos copas, algunos le hacen guiños a la chica del vestido largo azul que canta algo de Caetano. Chun-Li vigila la caja y que todo esté en orden, y luego de cinco minutos yo advierto, y creo que todos advertimos, que el hombre solo sigue solo, impertérrito, alzando su copa apenas hasta la altura de sus labios y como para brindar con nadie. De una mesa vecina un matrimonio mayor se le acerca para brindar con él, acaso conmovidos por su desamparo; cambian saludos y otra mujer, de unos cuarenta años y a la que imagino solterona, va y le zampa un beso y un abrazo como diciéndole oiga, che, no joda, venga a divertirse un rato que aquí estoy yo y la noche es propicia. Pero el hombre, tras devolver, gentil y educado, los saludos, retorna a su mesa, a su soberbia, a su patética soledad sin esperanzas.

Hacia la una de la madrugada y después de tangos, cumbias y hasta chacareras a pedido, la chica del vestido largo azul se toma un respiro con sus músicos, algunos turistas se retiran a descansar, y con Daniel, que ha mantenido sus cámaras colgadas del cuello como un médico de terapia intensiva su estetoscopio, decidimos que es hora de ir a dormir pues mañana será un día de trabajo. Pagamos a María Paula y saludamos a Chun-Li y los suyos. Yo le doy un beso fraternal a María Paula, que no ha dejado de bailar cumbias desde que terminó la cena, y antes de salir miro por última vez al hombre solo y le pregunto a María Paula qué onda con el que sigue allí, sentado, con su mueca que pretende ser sonrisa pero no lo es y que intenta ser agradable sin lograrlo.

—¿Ése? —dice con desprecio María Paula—. Es un gendarme retirado que torturó y mató a un montón de gente. Hace años era el hombre más temido de la frontera; ahora es sólo eso que ves: menos que un pobre infeliz, una mierdita.

Y me da un beso y otro a Daniel, y sigue bailando. Nos vamos al hotel, pensando en el día siguiente. Y sin mirar atrás.

Giardinelli, Mempo. «Un cuento de Navidad». Brecha Nº 684 (Montevideo), 8 de enero de 1998: contratapa. Ahora en Cuentos Completos. Buenos Aires: Seix Barral, 1999. 389-392.


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Aquí: Adelantándonos…para no quedar atrás. II



Adelantándonos…para no quedar atrás.

Campanas de Navidad Animado, Campanas Animaciones Gratis Campanas de Navidad Animado, Campanas Animaciones Gratis

¿A quién quieres tener contigo en estas fiestas…?


El Alcázar de Segovia

PALABRAS DE MOHAMED
En el Sahara, en un campamento de refugiados, un niño sordomudo llamado Mohamed, vivía en la pobreza. Su profesora le enseñaba a escribir, pero a él le costaba mucho debido a su invalidez. Cuando llegaba a casa salía al corral a dar de comer al camello y pasaba las horas con él. El camello al comer movía la boca y él creía que le estaba hablando. Todo lo que creía que decía el camello lo escribía y así se convirtió en uno de los mejores poetas de su país.
Jorge Gómez Rodríguez
Asociación Juvenil el Torreón
Segovia

Catedral de Segovia

EL ABETO DE NAVIDAD
En un lejano bosquecillo, tiempo ha, nació un abeto llamado Chris; con él, un pino, de nombre Rito. Se hicieron muy amigos; lo pasaban estupendamente. Un día, Rito despertó con unas pequeñas protuberancias. Un viejo pino, explicó que aquello eran piñas.
Rito presumía orgulloso de ellas, y Chris admiraba desconcertado tales adornos.
Acudieron al bosque unos niños a jugar, pero estalló una tormenta, y salieron corriendo, olvidándose sus juguetes. Chris los recogió y se los colgó cual piñas.
Volvieron los niños por sus juguetes, mas no quisieron quitárselos. Trajeron nuevos adornos, y extendieron la tradición de los Abetos de Navidad.

Marta Romero Bermejo
Asociación Juvenil el Torreón
Segovia

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