LA CÁRCEL… Para Lils y Abel y tal vez, para el mustaṣwif que conduce nuestro actual mundo

La prisión (cuento sufí)

El mundo es una prisión y nosotros somos los prisioneros: ¡haz un boquete en el muro de la prisión y sal de ella! Jalal al-Din Rumi. (Masnavi I, 982).

Imagínate a un hombre que tiene que rescatar a gente de cierta prisión. Se ha decidido que sólo hay un modo plausible de llevar esto a cabo. El libertador tiene que entrar en la prisión sin atraer la atención. Debe permanecer allí relativamente libre para actuar durante cierto período. La solución escogida es que entrará como convicto.

Por consiguiente, hace los preparativos, oportunos para que le capturen y le sentencien. Como otros que han caído víctimas de este sistema, se le envía a la prisión que es su meta.

Cuando llega, sabe que se le ha despojado de cualquier posible dispositivo que le pudiese haber ayudado en una escapada. Todo lo que posee es su plan, su ingenio, su habilidad y su conocimiento. Por lo demás, tiene que arreglárselas con equipo improvisado, adquirido en la propia prisión.

El mayor problema es que los prisioneros sufren de psicosis carcelaria. Esto les hace pensar que su prisión es el mundo entero. Otra característica es el olvido de partes esenciales de su pasado. Por consiguiente, casi no poseen memoria alguna de la existencia, perfil y detalle del mundo exterior.

La historia de los compañeros de prisión de este hombre es una historia carcelaria. Sus vidas son vidas carcelarias. Piensan y actúan en base a ello.

Por ejemplo, en vez de acumular pan como provisión para la huida, lo moldean y hacen dominós con los cuales juegan. Saben que alguno de estos juegos son diversiones, pero otros los consideran reales.

A las ratas, que podían entrenar como medio de comunicación con el exterior, las tratan como animales domésticos.

Beben el líquido de limpieza que contiene alcohol, el cual les produce alucinaciones placenteras. Considerarían una triste pérdida, incluso un crimen, si alguien lo usase para drogar y dejar inconscientes a los guardianes, haciendo posible la huida.

El problema se agrava, ya que los desdichados han olvidado el significado de algunas de las palabras normales que hemos estado usando. Si les pides una definición para palabras tales como “provisiones”, “viaje”, “huida”, obtendrías una lista de significaciones como “rancho carcelario”, “caminar de un bloque de celdas a otro”, y “evitar el castigo por parte de los guardianes”.

“El mundo exterior” sonaría a sus oídos como una extraña contradicción: “Ya que éste es el mundo, este lugar donde vivimos -dirían-, ¿cómo puede haber otro fuera?”.

El hombre que está trabajando en el plan de rescate, al principio, sólo puede actuar mediante analogía.

Hay pocos prisioneros que acepten sus analogías, ya que a ellos les parecen locos balbuceos. Cuando dice “necesitamos provisiones para nuestro viaje de huida al mundo exterior”, por supuesto, a ellos les suena como el absurdo siguiente: “Necesitamos provisiones -alimentos para usar en la prisión- para nuestro viaje -trasladarnos de un bloque de celdas a otro- de huida -evitar el castigo de los guardianes- al mundo exterior -a la prisión exterior…”

Algunos de los prisioneros de mente más seria puede que digan que quieren entender el significado de sus palabras, pero ya han olvidado el lenguaje del mundo exterior.
Cuando este hombre muere, algunos de los prisioneros hacen de sus palabras y actos un culto carcelario. Lo utilizan para consolarse a sí mismos y para encontrar argumentos contra el siguiente libertador que se las ingenie para llegar hasta ellos.

Sin embargo, una minoría, de vez en cuando, escapa.


Mausoleo del santo sufí Shah Rukn-e-Alam, en Multan (Paquistán)

Sufismo (en idioma árabe تصوف taṣawwuf) es una de las denominaciones que se han dado al aspecto esotérico del Islam.


Al término taṣawwuf, derivado de la raíz ṣ/w/f, se le han asociado varias etimologías.

La primera de ellas parece relacionarse con la ‘lana’ (ṣūf), debido a que los primeros en ser descritos como sufíes vestían sólo prendas simples de lana, que era considerado un tejido humilde y barato.

Otra de las etimologías lo asocia a pureza (ṣafā), pues consideran que ese es el elemento distintivo del sufí.

Aún otra relaciona sufí con la «gente del sofá» (ahl al-ṣufa), que eran los compañeros del Profeta que se aposentaban en una estructura cercana a su casa mezquita en Medina, donde permanecían en adoración separados del mundo durante largos periodos.

Por encima de estas denominaciones Huŷwiri (m. 1077), autor de uno de los tratado de sufismo persa más antiguos, comenta:

Para los sufíes el significado de taṣawwuf está más claro que la luz del sol y no necesita ninguna explicación o indicación. Como sufí no admite ninguna explicación, todo son conjeturas, tanto si reconocen la dignidad del nombre como si no, cuando tratan de comprender su significado.

Los perfectos de entre ellos son llamados sufíes, y los aspirantes de rango inferior (šalibūn) entre ellos son llamados mutaṣawwif; porque taṣawwuf pertenece a la misma forma de tafa’aul, que implica ‘afrontar los problemas’ (takalluf), y es una rama de la raíz original.

La diferencia entre ambos en significado y etimologia es evidente. La pureza (ṣafā) es una santidad con un signo y una relación (riwāya), el sufismo es una resignada imitación de pureza. La pureza, entonces, es una resplandeciente y evidente idea, y el sufismo es una imitación de esa idea. Sus seguidores en este nivel son de tres tipos: los sufíes, los mutaṣawwif, y los mustaṣwif.
El sufí es aquel que está muerto para sí mismo y vive por la Verdad; ha escapado de las ataduras de las características humanas y realmente alcanzado (a Dios). El mutaṣawwif es aquél que trata de alcanzar este rango mediante el esfuerzo (muŷahada) y en su búsqueda rectifica su conducta de acuerdo con su ejemplo (de los sufíes).
El mustaṣwif es el que trata de hacerse pasar como uno de ellos persiguiendo el dinero y la riqueza y el poder y la prosperidad material, pero no tiene conocimiento de estas dos cosas.
A. Hujwiri

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LEJOS DEL SUFISMO PERO CERCA DE LA ARGENTINA…VER QUE

LA UNICA LUCHA QUE SE PIERDE ES LA QUE SE ABANDONA…

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espejos…


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El Otro Lado del Espejo.
The other side of a mirror, Mary Elizabeth Coleridge.

Me senté frente al cristal un día,
y evoqué ante mí una imagen desnuda,
negando las formas de la alegría y la razón,
aquella sombría figura fue reflejada allí:
La visión de una mujer, exhalando
salvaje y femenina desesperación.

Su cabello caía hacia atrás en ambos lados,
el rostro, privado de toda hermosura,
ya no tenía envidia para ocultar
lo que ningún hombre supo adivinar,
y formó entonces su espinosa corona
de áspera y profana desgracia.

Sus labios estaban abiertos, ni un sonido
brotó de esos marchitos pétalos rojos,
cualquiera haya sido, aquellas deformes heridas
en silencio y secreto sangraron.
Ningún suspiro alivió su inexpresable dolor,
no poseía aliento para vaciar su miseria.

Y en sus espeluznantes ojos brilló
la moribunda llama del deseo de vivir,
hecha locura al diluirse toda esperanza,
y ardió en el fuego crepitante
de los celos y la sedienta venganza,
con una cólera que no puede apaciguarse.

Sombra de una Sombra en el cristal,
libera ya la superficie del espejo!
Pasa, como las fantásticas formas pasan.
No retornes jamás para ser
el fantasma de las horas vanas.
Entonces me oyó susurrar: “Yo soy Ella”

Mary Elizabeth Coleridge.

Novelista y poetisa británica

(23 September 1861 – 25 August 1907)

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I?m Gonna Make A Change,
For Once In My Life
It?s Gonna Feel Real Good,
Gonna Make A Difference
Gonna Make It Right . . .

As I, Turn Up The Collar On My
Favourite Winter Coat
This Wind Is Blowin? My Mind
I See The Kids In The Street,
With Not Enough To Eat
Who Am I, To Be Blind?
Pretending Not To See
Their Needs
A Summer?s Disregard,
A Broken Bottle Top
And A One Man?s Soul
They Follow Each Other On
The Wind Ya? Know
?Cause They Got Nowhere
To Go
That?s Why I Want You To Know

I?m Starting With The Man In
The Mirror
I?m Asking Him To Change
His Ways
And No Message Could Have
Been Any Clearer
If You Wanna Make The World
A Better Place
(If You Wanna Make The
World A Better Place)
Take A Look At Yourself, And
Then Make A Change
(Take A Look At Yourself, And
Then Make A Change)
(Na Na Na, Na Na Na, Na Na, Na Nah)

I?ve Been A Victim Of A Selfish
Kind Of Love
It?s Time That I Realize
That There Are Some With No
Home, Not A Nickel To Loan
Could It Be Really Me,
Pretending That They?re Not Alone?

A Willow Deeply Scarred,
Somebody?s Broken Heart
And A Washed-Out Dream
(Washed-Out Dream)
They Follow The Pattern Of
The Wind, Ya? See
Cause They Got No Place To Be
That?s Why I?m Starting With Me
(Starting With Me!)

I?m Starting With The Man In The Mirror
(Ooh!)
I?m Asking Him To Change His Ways
(Ooh!)
And No Message Could Have
Been Any Clearer
If You Wanna Make The World
A Better Place
(If You Wanna Make The
World A Better Place)
Take A Look At Yourself And
Then Make A Change
(Take A Look At Yourself And
Then Make A Change)

I?m Starting With The Man In The Mirror
(Ooh!)
I?m Asking Him To Change His Ways
(Change His Ways-Ooh!)
And No Message Could?ve
Been Any Clearer
If You Wanna Make The World
A Better Place
(If You Wanna Make The
World A Better Place)
Take A Look At Yourself And
Then Make That . . .
(Take A Look At Yourself And Then Make That . . .)
Change!

I?m Starting With The Man In The Mirror,
(Man In The Mirror-Oh Yeah!)
I?m Asking Him To Change
His Ways
(Better Change!)
No Message Could Have
Been Any Clearer
(If You Wanna Make The World A Better Place)
(Take A Look At Yourself And Then Make The Change)
(You Gotta Get It Right, While You Got The Time)
(?Cause When You Close Your Heart)
You Can?t Close Your . . . Your Mind!
(Then You Close Your . . . Mind!)
That Man, That Man, That Man, That Man
With That Man In The Mirror
(Man In The Mirror, Oh Yeah!)
That Man, That Man, That Man
I?m Asking Him To Change
His Ways
(Better Change!)
You Know . . .That Man
No Message Could Have
Been Any Clearer
If You Wanna Make The World
A Better Place
(If You Wanna Make The World A Better Place)
Take A Look At Yourself And
Then Make A Change
(Take A Look At Yourself And Then Make A Change)
Hoo! Hoo! Hoo! Hoo! Hoo!
Na Na Na, Na Na Na, Na Na, Na Nah
(Oh Yeah!)
Gonna Feel Real Good Now!
Yeah Yeah! Yeah Yeah!
Yeah Yeah!
Na Na Na, Na Na Na, Na Na, Na Nah
(Ooooh . . .)
Oh No, No No . . .
I?m Gonna Make A Change
It?s Gonna Feel Real Good!
Come On!
(Change . . .)
Just Lift Yourself
You Know
You?ve Got To Stop It.
Yourself!
(Yeah!-Make That Change!)
I?ve Got To Make That Change,
Today!
Hoo!
(Man In The Mirror)
You Got To
You Got To Not Let Yourself . . .
Brother . . .
Hoo!
(Yeah!-Make That Change!)
You Know-I?ve Got To Get
That Man, That Man . . .
(Man In The Mirror)
You?ve Got To
You?ve Got To Move! Come
On! Come On!
You Got To . . .
Stand Up! Stand Up!
Stand Up!
(Yeah-Make That Change)
Stand Up And Lift
Yourself, Now!
(Man In The Mirror)
Hoo! Hoo! Hoo!
Aaow!
(Yeah-Make That Change)
Gonna Make That Change . . .
Come On!
(Man In The Mirror)
You Know It!
You Know It!
You Know It!
You Know . . .
(Change . . .)
Make That Change.


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En memoria de Richard Wright…Leyendo en el jardín por culpa de LiteRarteS (ARTE TOPIARIO)

La Yapa

Como una sola estrella no es el cielo,
ni una gota que salta, el Ocëano,
ni una falange rígida, la mano,
ni una brizna de paja, el santo suelo:

tu gimnasia de jaula no es el vuelo,
el sublime tramonto soberano,
ni nunca podrá ser anhelo humano
tu miserable personal anhelo.

¿Qué saben de lo eterno las esferas?
¿de las borrascas de la mar, las gotas?
¿de puñetazos, las falanges rotas?
¿de harina y pan, las pajas de las eras?…

¡Detén tus pasos Lógica, no quieras
que se hagan pesimistas los idiotas!

Pedro B. Palacios (Almafuerte)

Lo Fugaz
La rosa temblorosa
se desprendió del tallo,
y la arrastró la brisa
sobre las aguas turbias del pantano.

Una onda fugitiva
le abrió su seno amargo
y estrechando

a la rosa temblorosa
la deshizo en sus brazos.

Flotaron sobre el agua
las hojas como miembros mutilados
y confundidas con el lodo negro
negras, aún más que el lodo, se tornaron,
pero en las noches puras y serenas
se sentía vagar en el espacio
un leve olor de rosa
sobre las aguas turbias del pantano.

Ricardo Jaimes Freyre

CANCIÓN DEL TIEMPO Y EL ESPACIO

El dulce niño pone el sentimiento
entre la pompa de jabón que fía
el lirio de su mano a la extensión.

El dulce niño pone el sentimiento
y el contento en la pompa de jabón.

Yo pongo el corazón -¡pongo el lamento!
entre la pompa de ilusión del día,
en la mentira azul de la extensión.

El dulce niño pone el sentimiento
y el contento. Yo pongo el corazón…

Porfirio Barba Jacob

Último brindis

Lo queramos o no
sólo tenemos tres alternativas:
el ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres
porque como dice el filósofo

el ayer es ayer
nos pertenece sólo en el recuerdo:
a la rosa que ya se deshojó
no se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
son solamente dos:
el presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos
porque es un hecho bien establecido
que el presente no existe
sino en la medida en que se hace pasado
y ya pasó…
como la juventud.

En resumidas cuentas
sólo nos va quedando el mañana:
yo levanto mi copa
por ese día que no llega nunca
pero que es lo único
de lo que realmente disponemos.

Nicanor Parra


Detente Sombra


Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

Sor Juana Inés de la Cruz

Poda ornamental o arte topiario

El origen etimológico de esta palabra proviene del latín ‘topiarius’, que se refiere a aquellas personas que, en la antigua Roma, se dedicaban a cuidar los jardines.

Ya en el siglo I se puede leer, en diversos escritos, cómo los propietarios de varias villas romanas paseaban por sus jardines rodeados de figuras esculpidas en arbustos. Los setos eran recortados a diferentes alturas, y por todo el jardín se repartían pequeños obeliscos vegetales. Estos singulares jardineros romanos gozaron de gran prestigio entre los diversos ámbitos artísticos, incluso aquellos que eran esclavos. Con el fin del Imperio Romano, parte de su población se extendió por toda Europa, llevando a muchos países el noble arte del topiario, que tuvo su apogeo varios siglos más tarde.

En el siglo XV, Italia se convierte en la cuna del renacentismo europeo. Sus artistas miran hacia el pasado y se inspiran en la cultura clásica para desarrollar sus creaciones. Los jardineros no son ajenos a esta corriente, y vuelven a poner de moda los jardines ordenados, con pasillos y figuras bien marcadas, arcos majestuosos y volúmenes geométricos nunca vistos anteriormente. Francia e Inglaterra son también dos de los máximos exponentes de este arte durante el Renacimiento. La nobleza comenzó a organizar grandes fiestas en los jardines de los palacios y villas, por eso cuidaban al máximo su apariencia. Uno de los juegos favoritos de las clases más altas consistía en jugar al escondite entre laberintos tallados esculturalmente sobre impresionantes setos.

En otras regiones como los Países Bajos, el topiario derivó hacia formas más relacionadas con la mitología, con figuras que representaban a gigantes y personajes imaginarios, con una atención por el detalle nunca vista anteriormente. En España, el jardín del Palacio de los Duques de Alba fue uno de los mejores ejemplos renacentistas durante esta época, con un estilo topiario inspirado en el diseño italiano. En el siglo XVIII, toman el relevo los jardines del Palacio Real, creados por orden de Felipe V, y que hoy en día aún conservan sus magníficos laberintos y cipreses con formas rectangulares.

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Akutagawa en Tokyo como Baudelaire en París y Kafka en Praga.

La nariz
[Cuento]

No hay nadie, en todo Ike-no-wo, que no conozca la nariz de Zenchi Naigu. Medirá unos 16 centímetros, y es como un colgajo que desciende hasta más abajo del mentón. Es de grosor parejo desde el comienzo al fin; en una palabra, una cosa larga, con aspecto de embutido, que le cae desde el centro de la cara. Naigu tiene más de 50 años, y desde sus tiempos de novicio, y aun encontrándose al frente de los seminarios de la corte, ha vivido constantemente preocupado por su nariz. Por cierto que simula la mayor indiferencia, no ya porque su condición de sacerdote “que aspira a la salvación en la Tierra Pura del Oeste” le impida abstraerse en tales problemas, sino más bien porque le disgusta que los demás piensen que a él le preocupa. Naigu teme la aparición de la palabra nariz en las conversaciones cotidianas.

Existen dos razones para que a Naigu le moleste su nariz. La primera de ellas, la gran incomodidad que provoca su tamaño. Esto no le permitió nunca comer sólo, pues la nariz se le hundía en las comidas. Entonces Naigu hacía sentar mesa por medio a un discípulo, a quien le ordenaba sostener la nariz con una tablilla de unos cuatro centímetros de ancho y sesenta y seis centímetros de largo mientras duraba la comida. Pero comer en esas condiciones no era tarea fácil ni para el uno ni para el otro. Cierta vez, un ayudante que reemplazaba a ese discípulo estornudó, y al perder el pulso, la nariz que sostenía se precipitó dentro de la sopa de arroz; la noticia se propaló hasta llegar a Kyoto. Pero no eran esas pequeñeces la verdadera causa del pesar de Naigu. Le mortificaba sentirse herido en su orgullo a causa de la nariz.

La gente del pueblo opinaba que Naigu debía de sentirse feliz, ya que al no poder casarse, se beneficiaba como sacerdote; pensaban que con esa nariz ninguna mujer aceptaría unirse a él. También se decía, maliciosamente, que él había decidido su vocación justamente a raíz de esa desgracia. Pero ni el mismo Naigu pensó jamás que el tomar los hábitos le aliviara esa preocupación. Empero, la dignidad de Naigu no podía ser turbada por un hecho tan accesorio como podía ser el de tomar una mujer. De ahí que tratara, activa o pasivamente, de restaurar su orgullo mal herido.

En primer lugar, pensó en encontrar algún modo de que la nariz aparentara ser más corta. Cuando se encontraba solo, frente al espejo, estudiaba su cara detenidamente desde diversos ángulos. Otras veces, no satisfecho con cambiar de posiciones, ensayaba pacientemente apoyar la cara entre las manos, o sostener con un dedo el centro del mentón. Pero lamentablemente, no hubo una sola vez en que la nariz se viera satisfactoriamente más corta de lo que era. Ocurría, además, que cuando más se empeñaba, más larga la veía cada vez. Entonces guardaba el espejo y, suspirando hondamente, volvía descorazonado a la mesa de oraciones. De allí en adelante mantuvo fija su atención en la nariz de los demás.

En el templo de lke-no-wo funcionaban frecuentemente seminarios para los sacerdotes; en el interior del templo existen numerosas habitaciones destinadas a alojamiento, y las salas de baños se habilitan en forma permanente. De modo que allí el movimiento de sacerdotes era continuo. Naigu escrutaba pacientemente la cara de todos ellos con la esperanza de encontrar siquiera una persona que tuviera una nariz semejante a la suya. Nada le importaban los lujosos hábitos que vestían, sobre todo porque estaba habituado a verlos. Naigu no miraba a la gente, miraba las narices. Pero aunque las había aguileñas, no encontraba ninguna como la suya; y cada vez que comprobaba esto, su mal humor iba creciendo. Si al hablar con alguien inconscientemente se tocaba el extremo de su enorme nariz y se le veía enrojecer de vergüenza a pesar de su edad, ello denunciaba su mal humor.

Recurrió entonces a los textos budistas en busca de alguna hipertrofia. Pero para desconsuelo de Naigu, nada le decía si el famoso sacerdote japonés Nichiren, o Sãriputra, uno de los diez discípulos de Buda, habían tenido narices largas. Seguramente tanto Nãgãrjuna, el conocido filósofo budista del siglo II, como Bamei, otro ilustre sacerdote, tenían una nariz normal. Cuando Naigu supo que Ryugentoku, personaje legendario del país Shu, de China, había tenido grandes orejas, pensó cuánto lo habría consolado si, en lugar de esas orejas, se hubiese tratado de la nariz.

Pero no es de extrañar que, a pesar de estos lamentos, Naigu intentara en toda forma reducir el tamaño de su nariz. Hizo cuanto le fue dado hacer, desde beber una cocción de uñas de cuervo hasta frotar la nariz con orina de ratón. Pero nada. La nariz seguía colgando lánguidamente.

Hasta que un otoño, un discípulo enviado en una misión a Kyoto, reveló que había aprendido de un médico su tratamiento para acortar narices. Sin embargo, Naigu, dando a entender que no le importaba tener esa nariz, se negó a poner en práctica el tratamiento de ese médico de origen chino, si bien, por otra parte, esperaba que el discípulo insistiera en ello, y a la hora de las comidas decía ante todos, intencionalmente, que no deseaba molestar al discípulo por semejante tontería. El discípulo, advirtiendo la maniobra, sintió más compasión que desagrado, y tal como Naigu lo esperaba, volvió a insistir para que ensayara el método. Naturalmente, Naigu accedió.

El método era muy simple, y consistía en hervir la nariz y pisotearla después. El discípulo trajo del baño un balde de agua tan caliente que no podía introducirse en ella el dedo. Como había peligro de quemarse con el vapor, el discípulo abrió un agujero en una tabla redonda, y tapando con ella el balde hizo a Naigu introducir su nariz en el orificio. La nariz no experimentó ninguna sensación al sumergirse en el agua caliente. Pasado un momento dijo el discípulo:

-Creo que ya ha hervido.

Naigu sonrió amargamente; oyendo sólo estas palabras nadie hubiera imaginado que lo que se estaba hirviendo era su nariz. Le picaba intensamente. El discípulo la recogió del balde y empezó a pisotear el promontorio humeante. Acostado y con la nariz sobre una tabla, Naigu observaba cómo los pies del discípulo subían y bajaban delante de sus ojos. Mirando la cabeza calva del maestro aquél le decía de vez en cuando, apesadumbrado:

-¿No te duele? ¿Sabes?… el médico me dijo que pisara con fuerza. Pero, ¿no te duele?

En verdad, no sentía ni el más mínimo dolor, puesto que le aliviaba la picazón en el lugar exacto.

Al cabo de un momento unos granitos empezaron a formarse en la nariz. Era como si se hubiera asado un pájaro desplumado. Al ver esto, el discípulo dejó de pisar y dijo como si hablara consigo mismo: “El médico dijo que había que sacar los granos con una pinza”.

Expresando en el rostro su disconformidad con el trato que le daba el discípulo, Naigu callaba. No dejaba de valorar la amabilidad de éste. Pero tampoco podía tolerar que tratase su nariz como una cosa cualquiera. Como el paciente que duda de la eficacia de un tratamiento, Naigu miraba con desconfianza cómo el discípulo arrancaba los granos de su nariz.

Al término de esta operación, el discípulo le anunció con cierto alivio:

-Tendrás que hervirla de nuevo.

La segunda vez comprobaron que se había acortado mucho más que antes. Acariciándola aún, Naigu se miró avergonzado en el espejo que le tendía el discípulo. La nariz, que antes le llegara a la mandíbula, se había reducido hasta quedar sólo a la altura del labio superior. Estaba, naturalmente, enrojecida a consecuencia del pisoteo.

“En adelante ya nadie podrá burlarse de mi nariz”. El rostro reflejado en el espejo contemplaba satisfecho a Naigu.

Pasó el resto del día con el temor de que la nariz recuperara su tamaño anterior. Mientras leía los sutras, o durante las comidas, en fin, en todo momento, se tanteaba la nariz para poder desechar sus dudas. Pero la nariz se mantenía respetuosamente en su nuevo estado. Cuando despertó al día siguiente, de nuevo se llevó la mano a la nariz, y comprobó que no había vuelto a sufrir ningún cambio. Naigu experimentó un alivio y una satisfacción sólo comparables a los que sentía cada vez que terminaba de copiar los sutras.

Pero después de dos o tres días comprobó que algo extraño ocurría. Un conocido samurai que de visita al templo lo había entrevistado, no había hecho otra cosa que mirar su nariz y, conteniendo la risa, apenas le había hablado. Y para colmo, el ayudante que había hecho caer la nariz dentro de la sopa de arroz, al cruzarse con Naigu fuera del recinto de lectura, había bajado la cabeza, pero luego, sin poder contenerse más, se había reído abiertamente. Los practicantes que recibían de él alguna orden lo escuchaban ceremoniosamente, pero una vez que él se alejaba rompían a reír. Eso no ocurrió ni una ni dos veces. Al principio Naigu lo interpretó como una consecuencia natural del cambio de su fisonomía. Pero esta explicación no era suficiente; aunque el motivo fuera ése, el modo de burlarse era “diferente” al de antes, cuando ostentaba su larga nariz. Si en Naigu la nariz corta resultaba más cómica que la anterior, ésa era otra cuestión; al parecer, ahí había algo más que eso…

“Pero si antes no se reían tan abiertamente…” Así cavilaba Naigu, dejando de leer el sutra e inclinando su cabeza calva. Contemplando la pintura de Samantabliadra, recordó su larga nariz de días atrás, y se quedó meditando como “aquel ser repudiado y desterrado que recuerda tristemente su glorioso pasado”. Naigu no poseía, lamentablemente, la inteligencia suficiente para responder a este problema.

En el hombre conviven dos sentimientos opuestos. No hay nadie, por ejemplo, que ante la desgracia del prójimo, no sienta compasión. Pero si esa misma persona consigue superar esa desgracia ya no nos emociona mayormente. Exagerando, nos tienta a hacerla caer de nuevo en su anterior estado. Y sin darnos cuenta sentimos cierta hostilidad hacia ella. Lo que Naigu sintió en la actitud de todos ellos fue, aunque él no lo supiera con exactitud, precisamente ese egoísmo del observador ajeno ante la desgracia del prójimo.

Día a día Naigu se volvía más irritable e irascible. Se enfadaba por cualquier insignificancia. El mismo discípulo que le había practicado la cura con la mejor voluntad, empezó a decir que Naigu recibiría el castigo de Buda. Lo que enfureció particularmente a Naigu fue que, cierto día, escuchó agudos ladridos y al asomarse para ver qué ocurría, se encontró con que el ayudante perseguía a un perro de pelos largos con una tabla de unos setenta centímetros de largo, gritando: “La nariz, te pegaré en la nariz”.

Naigu le arrebató el palo y le pegó en la cidra al ayudante. Era la misma tabla que había servido antes para sostener su nariz cuando comía.

Naigu lamentó lo sucedido, y se arrepintió más que nunca de haber acortado su nariz.

Una noche soplaba el viento y se escuchaba el tañido de la campana del templo. El anciano Naigu trataba de dormir, pero el frío que comenzaba a llegar se lo impedía. Daba vueltas en el lecho tratando de conciliar el sueño, cuando sintió una picazón en la nariz. Al pasarse la mano la notó algo hinchada e incluso afiebrada.

-Debo haber enfermado por el tratamiento.

En actitud de elevar una ofrenda, ceremoniosamente, sujetó la nariz con ambas manos. A la mañana. siguiente, al levantarse temprano como de costumbre, vio el jardín del templo cubierto por las hojas muertas de las breneas y los castaños, caídas en la noche anterior. El jardín brillaba como si fuera de oro por las hojas amarillentas. El sol empezaba a asomarse. Naigu salió a la galería que daba al jardín y aspiró profundamente.

En ese momento, sintió retornar una sensación que había estado a punto de olvidar. Instintivamente se llevó las manos a la nariz. ¡Era la nariz de antes, con sus 16 centímetros! Naigu volvió a sentirse tan lleno de júbilo como cuando comprobó su reducción.

-Desde ahora nadie volverá a burlarse de mí.

Así murmuró para sí mismo, haciendo oscilar con delicia la larga nariz en la brisa matinal del otoño.

Ryunosuke Akutagawa

Akutagawa
Nació en Tokio en 1892 y evocó en sus escritos el espíritu de Tokyo de modo similar a como lo hicieran Baudelaire (París) y Kafka (Praga). Estudió literatura en la Universidad Imperial de Tokio, y allí, en la revista Shin-Shicho (Tendencias del nuevo pensamiento), publicó traducciones suyas de Anatole France y Keats, un cuento y una obra de teatro. En 1915 recibió el reconocimiento internacional por su novela Rashomon, que más tarde el director Akira Kurosawa llevaría al cine.

Su obras más conocidas fueron: En el bosque (1914), La nariz (1916), Figuras infernales (1918), El engranaje (1927) y Kappa (1927), además de sus casi diez volúmenes de ensayos literarios, cuentos cortos, y novelas que son una magistral reinterpretación de tradiciones y leyendas de Asia, marcadas por una profunda introducción de pensamiento occidental y técnica literaria.

En 1922 su salud y sus nervios comenzaron a resquebrajarse y reapareció el fantasma de la locura que lo perseguía desde que tuvo conciencia de la enfermedad de su madre, fallecida cuando él era un niño.

Durante su último año de vida, padeció diversas alucinaciones y prácticamente no salió de su habitación, la cual permanecía siempre a oscuras, ya fuera de día o de noche. El 24 de julio de 1927 el cada vez más inestable Akutagawa, se suicidó con una sobredosis de veronal, a la edad de treinta y cinco años

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Konjaku Monogatarishū-Rashomon-Akutagawa

Konjaku Monogatarishū (今昔物語集 Konjaku Monogatarishū, traducido como “Antología de Cuentos del Pasado”) es una colección japonesa de más de mil cuentos escritos a fines del Período Heian (794-1185).

La colección completa fue originalmente reunida en 31 volúmenes, de los cuales sólo 28 se conocen en nuestros días. Los mismos contienen varias historias de India, China y Japón.

La obra es también conocida como “Konjaku Monogatari” ya que compone una antología y no un solo cuento. Muchos de los cuentos que aparecen en el Konjaku pueden también ser encontrados en otras colecciones, como las historias de espectros; habiendo pasado a formar parte de la conciencia colectiva, han sido narradas muchas veces durante las centurias subsiguientes.

Los escritores contemporáneos han adaptado cuentos del Konjaku Monogatarishū. Un ejemplo muy conocido es “En una arboleda” de Akutagawa Ryūnosuke (conocido en Occidente a partir del film de Kurosawa, “Rashomon”).

RASHOMON

Era un frío atardecer. Bajo Rashomon, el sirviente de un samurai esperaba que cesara la lluvia. No había nadie en el amplio portal. Sólo un grillo se posaba en una gruesa columna, cuya laca carmesí estaba resquebrajada en algunas partes.

Situado Rashomon en la Avenida Sujaltu, era de suponer que algunas personas, como ciertas damas con el ichimegasa (1) o nobles con el momiebosh (2), podrían guarecerse allí; pero al parecer no había nadie fuera del sirviente. Y era explicable, ya que en los últimos dos o tres años la ciudad de Kyoto había sufrido una larga serie de calamidades: terremotos, tifones, incendios y carestías la habían llevado a una completa desolación.

Dicen los antiguos textos que la gente llegó a destruir las imágenes budistas y otros objetos del culto, y esos trozos de madera, laqueada y adornada con hojas de oro y plata, se vendían en las calles como leña. Ante semejante situación, resultaba natural que nadie se ocupara de restaurar Rashomon.

Aprovechando la devastación del edificio, los zorros y otros animales instalaron sus madrigueras entre las ruinas; por su parte ladrones y malhechores no lo desdeñaron como refugio, hasta que finalmente se lo vio convertido en depósito de cadáveres anónimos.

Nadie se acercaba por los alrededores al anochecer, más que nada por su aspecto sombrío y desolado.
En cambio, los cuervos acudían en bandadas desde los más remotos lugares. Durante el día, volaban en círculo alrededor de la torre, y en el cielo enrojecido del atardecer sus siluetas se dispersaban como granos de sésamo antes de caer sobre los cadáveres abandonados.

Pero ese día no se veía ningún cuervo, tal vez por ser demasiado tarde. En la escalera de piedra, que se derrumbaba a trechos y entre cuyas grietas crecía la hierba, podían verse los blancos excrementos de estas aves. El sirviente vestía un gastado kimono azul, y sentado en el último de los siete escalones contemplaba distraídamente la lluvia, mientras concentraba su atención en el grano de la mejilla derecha.

Como decía, el sirviente estaba esperando que cesara la lluvia; pero de cualquier manera no tenía ninguna idea precisa de lo que haría después. En circunstancias normales, lo natural habría sido volver a casa de su amo; pero unos días antes éste lo había despedido, no obstante los largos años que había estado a su servicio. El suyo era uno de los tantos problemas surgidos del precipitado derrumbe de la prosperidad de Kyoto.

Por eso, quizás, hubiera sido mejor aclarar: “el sirviente espera en el portal sin saber qué hacer, ya que no tiene adónde ir”. Es cierto que, por otra parte, el tiempo oscuro y tormentoso había deprimido notablemente el sentimentalismo de este sirviente de la época Heian.

Habiendo comenzado a llover a mediodía, todavía continuaba después del atardecer. Perdido en un mar de pensamientos incoherentes, buscando algo que le permitiera vivir desde el día siguiente y la manera de obrar frente a ese inexorable destino que tanto lo deprimía, el sirviente escuchaba, abstraído, el ruido de la lluvia sobre la Avenida Sujaku.

La lluvia parecía recoger su ímpetu desde lejos, para descargarlo estrepitosamente sobre Rashomon, como envolviéndolo. Alzando la vista, en el cielo oscuro se veía una pesada nube suspendida en el borde de una teja inclinada.

Para escapar a esta maldita suerte -pensó el sirviente- no puedo esperar a elegir un medio, ni bueno ni malo, pues si empezara a pensar sin duda me moriría de hambre en medio del camino o en alguna zanja; luego me traerían aquí, a esta torre, dejándome tirado como a un perro. Pero si no elijo…

Su pensamiento, tras mucho rondar la misma idea, había llegado por fin a este punto. Pero ese “si no elijo…” quedó fijo en su mente. Aparentemente estaba dispuesto a emplear cualquier medio; pero al decir “si no…” demostró no tener el valor suficiente para confesarse rotundamente: “no me queda otro remedio que convertirme en ladrón“.

Lanzó un fuerte estornudo y se levantó con lentitud. El frío anochecer de Kyoto hacía aflorar el calor del fuego. El viento, en la penumbra, gemía entre los pilares. El grillo que se posaba en la gruesa columna había desaparecido.

Con la cabeza metida entre los hombros paseó la mirada en torno del edificio; luego levantó las hombreras del kimono azul que llevaba sobre una delgada ropa interior. Se decidió por fin a pasar la noche en algún lugar que le permitiera guarecerse de la lluvia y del viento, en donde nadie lo molestara.

El sirviente descubrió otra escalera ancha, también laqueada, que parecía conducir a la torre. Ahí arriba nadie lo podría molestar, excepto los muertos. Cuidando de que no se deslizara su espada de la vaina sujeta a la cintura, el sirviente puso su pie calzado con sandalias sobre el primer peldaño.

Minutos después, en mitad de la amplia escalera que conducía a la torre de Rashomon, un hombre acurrucado como un gato, con la respiración contenida, observaba lo que sucedía más arriba. La luz procedente de la torre brillaba en la mejilla del hombre; una mejilla que bajo la corta barba descubría un grano colorado, purulento.

El hombre, es decir el sirviente, había pensado que dentro de la torre sólo hallaría cadáveres; pero subiendo dos o tres escalones notó que había luz, y que alguien la movía de un lado a otro. Lo supo cuando vio su reflejo mortecino, amarillento, oscilando de un modo espectral en el techo cubierto de telarañas. ¿Qué clase de persona encendería esa luz en Rashomon, en una noche de lluvia como aquélla?

Silencioso como un lagarto, el sirviente se arrastró hasta el último peldaño de la empinada escalera. Con el cuerpo encogido todo lo posible y el cuello estirado, observó medrosamente el interior de la torre.

Confirmando los rumores, vio allí algunos cadáveres tirados negligentemente en el suelo. Como la luz de la llama iluminaba escasamente a su alrededor, no pudo distinguir la cantidad; únicamente pudo ver algunos cuerpos vestidos y otros desnudos, de hombres y mujeres. Los hombros, el pecho y otras partes recibían una luz agonizante, que hacía más densa la sombra en los restantes miembros.

Unos con la boca abierta, otros con los brazos extendidos, ninguno daba más señales de vida que un muñeco de barro. Al verlos entregados a ese silencio eterno, el sirviente dudó que hubiesen vivido alguna vez.

El hedor que despedían los cuerpos ya descompuestos le hizo llevar rápidamente la mano a la nariz. Pero un instante después olvidó ese gesto. Una impresión más violenta anuló su olfato al ver que alguien estaba inclinado sobre los cadáveres.

Era una vieja escuálida, canosa y con aspecto de mona, vestida con un kimono de tono ciprés. Sosteniendo con la mano derecha una tea de pino, observaba el rostro de un muerto, que por su larga cabellera parecía una mujer.

Poseído más por el horror que por la curiosidad, el sirviente contuvo la respiración por un instante, sintiendo que se le erizaban los pelos. Mientras observaba aterrado, la vieja colocó su tea entre dos tablas del piso, y sosteniendo con una mano la cabeza que había estado mirando, con la otra comenzó a arrancarle el cabello, uno por uno; parecía desprenderse fácilmente.

A medida que el cabello se iba desprendiendo, cedía gradualmente el miedo del sirviente; pero al mismo tiempo se apoderaba de él un incontenible odio hacia esa vieja. Ese odio -pronto lo comprobó- no iba dirigido sólo contra la vieja, sino contra todo lo que simbolizase “el mal”, por el que ahora sentía vivísima repugnancia.

Si en ese instante le hubiera sido dado elegir entre morir de hambre o convertirse en ladrón -el problema que él mismo se había planteado hacía unos instantes- no habría vacilado en elegir la muerte. El odio y la repugnancia ardían en él tan vivamente como la tea que la vieja había clavado en el piso.

Él no sabía por qué aquella vieja robaba cabellos; por consiguiente, no podía juzgar su conducta. Pero a los ojos del sirviente, despojar de las cabelleras a los muertos de Rashomon, y en una noche de tormenta como ésa, cobraba toda la apariencia de un pecado imperdonable.

Naturalmente, este nuevo espectáculo le había hecho olvidar que sólo momentos antes él mismo había pensado hacerse ladrón.

Reunió todas sus fuerzas en las piernas, y saltó con agilidad desde su escondite; con la mano en su espada, en una zancada se plantó ante la vieja. Ésta se volvió aterrada, y al ver al hombre retrocedió bruscamente, tambaleándose.

-¡Adónde vas, vieja infeliz! -gritó cerrándole el paso, mientras ella intentaba huir pisoteando los cadáveres.

La suerte estaba echada. Tras un breve forcejeo el hombre tomó a la vieja por el brazo (de puro hueso y piel, más bien parecía una pata de gallina), y retorciéndoselo, la arrojó al suelo con violencia:

-¿Qué estabas haciendo? Contesta, vieja; si no, hablará esto por mí.

Diciendo esto, el sirviente la soltó, desenvainó su espada y puso el brillante metal frente a los ojos de la vieja. Pero ésta guardaba un silencio malicioso, como si fuera muda. Un temblor histérico agitaba sus manos y respiraba con dificultad, con los ojos desorbitadas.

Al verla así, el sirviente comprendió que la vieja estaba a su merced. Y al tener conciencia de que una vida estaba librada al azar de su voluntad, todo el odio que había acumulado se desvaneció, para dar lugar a un sentimiento de satisfacción y de orgullo; la satisfacción y el orgullo que se sienten al realizar una acción y obtener la merecida recompensa. Miró el sirviente a la vieja y suavizando algo la voz, le dijo:

-Escucha. No soy ningún funcionario imperial. Soy un viajero que pasaba accidentalmente por este lugar. Por eso no tengo ningún interés en prenderte o en hacer contigo nada en particular. Lo que quiero es saber qué estabas haciendo aquí hace un momento.

La vieja abrió aún más los ojos y clavó su mirada en el hombre; una mirada sarcástica, penetrante, con esos ojos sanguinolentos que suelen tener ciertas aves de rapiña. Luego, como masticando algo, movió los labios, unos labios tan arrugados que casi se confundían con la nariz. La punta de la nuez se movió en la garganta huesuda. De pronto, una voz áspera y jadeante como el graznido de un cuervo llegó a los oídos del sirviente:

-Yo, sacaba los cabellos… sacaba los cabellos… para hacer pelucas…

Ante una respuesta tan simple y mediocre el sirviente se sintió defraudado. La decepción hizo que el odio y la repugnancia lo invadieran nuevamente, pero ahora acompañados por un frío desprecio. La vieja pareció adivinar lo que el sirviente sentía en ese momento y, conservando en la mano los largos cabellos que acababa de arrancar, murmuró con su voz sorda y ronca:

-Ciertamente, arrancar los cabellos a los muertos puede parecerle horrible; pero ninguno de éstos merece ser tratado de mejor modo. Esa mujer, por ejemplo, a quien le saqué estos hermosos cabellos negros, acostumbraba vender carne de víbora desecada en la Barraca de los Guardianes, haciéndola pasar nada menos que por pescado. Los guardianes decían que no conocían pescado más delicioso. No digo que eso estuviese mal pues de otro modo se hubiera muerto de hambre. ¿Qué otra cosa podía hacer? De igual modo podría justificar lo que yo hago ahora. No tengo otro remedio, si quiero seguir viviendo. Si ella llegara a saber lo que le hago, posiblemente me perdonaría.

Mientras tanto el sirviente había guardado su espada, y con la mano izquierda apoyada en la empuñadura, la escuchaba fríamente. La derecha tocaba nerviosamente el grano purulento de la mejilla. Y en tanto la escuchaba, sintió que le nacía cierto coraje, el que le faltara momentos antes bajo el portal.

Además, ese coraje crecía en dirección opuesta al sentimiento que lo había dominado en el instante de sorprender a la vieja. El sirviente no sólo dejó de dudar (entre elegir la muerte o convertirse en ladrón) sino que en ese momento el tener que morir de hambre se había convertido para él en una idea absurda, algo por completo ajeno a su entendimiento.

-¿Estás segura de lo que dices? -preguntó en tono malicioso y burlón.

De pronto quitó la mano del grano, avanzó hacia ella y tomándola por el cuello le dijo con rudeza:

-Y bien, no me guardarás rencor si te robo, ¿verdad? Si no lo hago, también yo me moriré de hambre.

Seguidamente, despojó a la vieja de sus ropas, y como ella tratara de impedirlo aferrándosele a las piernas, de un puntapié la arrojó entre los cadáveres. En cinco pasos el sirviente estuvo en la boca de la escalera; y en un abrir y cerrar de ojos, con la amarillenta ropa bajo el brazo, descendió los peldaños hacia la profundidad de la noche.

Un momento después la vieja, que había estado tendida como un muerto más, se incorporó, desnuda. Gruñendo y gimiendo, se arrastró hasta la escalera, a la luz de la antorcha que seguía ardiendo. Asomó la cabeza al oscuro vacío y los cabellos blancos le cayeron sobre la cara.

Abajo, sólo la noche negra y muda.

Adónde fue el sirviente, nadie lo sabe.

Ryunosuke Akutagawa

1. Sombrero antiguo para dama, de paja o tela laqueada, según la clase social. Designa a la dama que emplea dicho sombrero.
2. Antiguo gorro empleado por los nobles y samurais. Designa a los nobles o samurais que llevan dicho gorro.

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AKIRA KUROSAWA

Akira Kurosawa, conocido como el Emperador del cine, nace en Tokio el 23 de marzo de 1910 y fallece el 6 septiembre de 1998 en la misma ciudad. El realizador japonés es, sin duda, el más internacional de los cineastas de su país. Varias de sus películas han sido adaptadas en nuevas versiones por directores occidentales y directores como Steven Spielberg, Sam Peckinpah, William Wyler, Francis Ford Coppola o Martin Scorsese han reconocido su admiración por él.

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Image Hosted by ImageShack.us TOSHIRO MIFUNE nace el 1 de abril de 1920 en Tsingtao (China, antiguo protectorado japonés de Manchuria) y fallece el 24 de diciembre de 1997 en Tokio. Sin duda, Mifune fue la principal estrella del cine japonés, en gran medida gracias a la proyección internacional que le concedió su presencia en las principales películas de Akira Kurosawa y su meritoria participación en varios títulos del cine norteamericano.

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Escuchar y leer en estos lugares es lo más…

Gracias a la Lazzo

Klementium Library, Praga, República Checa.

EL ÚLTIMO CUENTO DE NAVIDAD EN BOHEMIA

(fragmento)

Jaroslav Seifert

“Mientras estoy escribiendo estas páginas la habitación se me está inundando de un cálido aire primaveral, lleno de toda clase de aromas, que entra por ventana abierta de par en par.

Florecen las lilas. Pero ni la alegre primavera me puede hacer desistir de este tema tan invernal. Muchos podrían pensar que tengo olas enteras de nieve en la ventana, la misma que en la calle produce crujidos bajo los zapatos, y que el termómetro está bajo cero. ¡Qué va!

Precisamente ahora me acaba de traer mi hija unas cuantas enormes peonías chinas y me las ha puesto sobre la mesa. Me parezco a VIadimír Holan, quien en una de sus cartas revela que está esperando las Navidades desde el Año Nuevo. Me gustan esas fiestas. Y las agradables imágenes del idilio navideño, las puedo ver mentalmente, aunque sea sobre la arena caliente, al lado de un río estival. ¿Entonces por qué me tendrían que molestar las lilas en flor?

De niño solía leer ávidamente los cuentos navideños, estuvieran donde estuvieran. En el suplemento dominical del periódico, en un calendario humorístico, o en las estampas del aguinaldo que antes de las fiestas solian traer los carteros. Estaba agradecido por cualquier poemita corto u otra pieza que me hiciera pensar en las Navidades.

Recuerdo todavía hoy uno de estos cuentos de estampa de un cartero. Y lo leí hace setenta años. ¡Dios mío! ¡Hace setenta años!

Era tan sencillo que hacía llorar, pero lo contaré igual. Un hombre a quien le gustaba pasar el tiempo en las cervecerías, se olvidó hasta de la Nochebuena. En vano le esperaba su joven mujer en casa. Muy tarde, cuando regresó, estaba cayendo una nieve espesa que lo cubrió todo. El borracho vagó por la carretera blanca hasta que, cerca de uno de los palos telegráficos, se mareó de tal manera que se sentó y se durmió sobre la madera empapada. Pero al cabo de un momento oyó voces desde el palo. ¡Era la voz de su mujer! Hablaba con un joven ayudante del guardabosques.

Que venga, sí, su marido no está en casa y tardará mucho en llegar. ¡Estarán solos! Se despertó de prisa, se puso de pie y según podía, se apresuraba a su casa. El final del cuento lo dejaba claro el dibujo. El borracho está arrodillado delante de su mujer, con la cabeza en su vientre, y la mujer, contenta, sonríe.

Pues, ¡felices fiestas! Es tonto y primitivo, ¿verdad? Sí, realmente es así. Pero entonces me gustaba mucho por su final agradable y navideño. A menudo he recordado aquella estampita de aguinaldo. Algunas veces en unas situaciones bastante adecuadas. ¡Quizá por eso no lo he olvidado! …”


Strahov Theological Hall – Original Baroque Cabinet (República Checa)

Jaroslav Seifert
Poeta checo, premio Nobel en 1984. Su obra, plena de sencillez y sensualidad, fue repetidamente censurada en su país por la negativa de Seifert a abrazar la ortodoxia política. Nació en un barrio obrero de Praga. Sin llegar a terminar sus estudios, pero ya muy conocedor de la historia y cultura de su país, comenzó a escribir, de arte sobre todo, en distintos periódicos y revistas. En 1921 apareció su primer libro de poemas, La ciudad en llamas, en la línea vanguardista del grupo Devetsil, que él mismo contribuyó a fundar. Le seguirían El amor mismo (1923), su transición al poetismo (movimiento poético checo influido por el futurismo y el surrealismo europeos y el marxismo), y En las ondas (1926). En Paloma mensajera (1929) domina lo cotidiano y, estilísticamente, un clasicismo abundante en imágenes naturales y parco en metáforas, alejado del tono, más dramático y tenebroso, de compañeros de generación como Vladímir Holan o Frantisek Halas. Seifert, que fue miembro fundador del Partido Comunista Checoslovaco, rompió sus relaciones con él en 1929, después de un viaje que realizó a la antigua Unión Soviética y de haberse negado a rechazar el gobierno democráticamente elegido, para adoptar una actitud independiente, siempre en defensa de las libertades. Durante la II Guerra Mundial recuperó, por un tiempo, el favor del partido por su oposición encarnizada a los ocupantes nazis. Estas ideas están presentes en los poemas de tono patriótico de Casco de tierra (1945) y Mano y llama (1948). En 1950 se puso otra vez en una situación muy comprometida al defender a su amigo Frantisek Halas acusado, como él, de subjetivismo. En 1956, como consecuencia de un discurso en el que criticaba la política cultural del estalinismo y también de una larga enfermedad, dejó de publicar. Su obra se reanudó en 1965 con Concierto en la isla y en 1966, con un gesto típico de la esquizofrenia reinante en la época, fue nombrado artista nacional. Entre 1968 y 1970 asumió la dirección de la Unión de Escritores Checos, desde la que condenó duramente la invasión soviética de 1968 y firmó la Declaración de las 2.000 palabras, pidiendo a la dirección del partido la continuidad del proceso democratizador que se había iniciado. A partir de 1977, en gran parte por su postura en defensa de los Derechos Humanos en Checoslovaquia, volvió a tener dificultades para publicar y sus dos siguientes libros, La columna de la peste (1977) y El paraguas de Picadilly (1979), con duras advertencias sobre el neoestalinismo, se editaron en Alemania. Sus memorias, Toda la belleza del mundo, aparecieron simultáneamente en Checoslovaquia y Alemania, en 1983, año en el que también se editó su último libro de poemas, Ser poeta. Se le concedió el Premio Nobel en 1984. Seifert es, junto con Holan, Halas y Nezval, una de las voces esenciales de la poesía checa del siglo XX.


Strahov Philosophical Hall (República Checa)


Dvorak – Symphony No. 9 “From the New World” – 4th movement

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PRÓLOGO

Teacher La idea de recoger lo que Ud. va a leer fue sugerida allá por 1945 o 1946.

Quizá por Adolfo, un chico a quien todos decían “el jefe* quien, necesitado de cortar un trozo de varilla de unos 8 o l0 cm. en dos partes, trajo de su casa una sierra de más de un metro de largo, que debía ser manejada entre dos.

O por un colega que, leyendo la nómina que circuló por las aulas un día, en la que figuraban los muchachos que no habían tenido inasistencias en el mes anterior, anotó debajo: “Debían ponerlos a todos en penitencia”.

O por Sergio C., quien increíblemente hacia buena caligrafía en sus trabajos, no cuando escribía sobre su mesa, sino cuando los apoyaba en la pared, y él escribía parado.

O por Emilio R., que en las horas de recreo se detenía a mirar una jaula grande, vacía, que ignoro por qué, estaba hacía tiempo en el patio; hasta que cierto día me dijo: “¡Cómo me gustaría estar ahí adentro, maestro!”


Leerá Ud. aquí lo que se oye, se escribe, se ve, o, en una palabra, se vive en la escuela.

A este recopilador se le dio por el humor, y éste es el resultado.

La selección es variada, como puede verse, pero es sólo una parte de lo que posee.

Va sin decir que en muy contados casos recuerdo el nombre del autor de cada trozo.

Este material ha circulado durante años en nuestro medio, y yo he llegado a verlo en hojas mimeografiadas, que me han alcanzado con la advertencia: “¡Mirá, vos que sos maestro! Lee esto, a ver si te gusta”.

¿Y el que reunió este material, quién fue?

Un maestro que amó muchas cosas: la escuela; los niños; el pueblo en que nació y vivió, Piñera; un buen mate; sus amigos.

Un maestro que amó su profesión, en la que pudo haber hecho mejor las cosas; que conoció mucha gente y muchos lugares; y que creía que en cualquier instante pasarían corriendo delante de él, vestidos de blanco, con moño azul, y jugando a cualquier juego, Atilio, José Luis, Amparo, Rallis, Luisita, “Jota jota”, Daniel, Mirta, Queta, Rodolfo, Wilson, Silvia, Emilio, Alicia, Adolfo, Neo, Olivo, Leodilia, Salamón, Vladimir, Armando, Mónica, Alejandro…

Un maestro, en fin, que poseyó un fichero con los nombres de los cerca de 4.000 alumnos que tuvo, y las fotografías de todas las clases con las que trabajó en sus treinta años de actividad escolar.

Girl With Gum

El aparato circulatorio
—En una cabeza de alfiler caben por lo rnenos 5.000.000.000.000.000.000.000 millones de glóbulos rojos.
—En el aparato circulativo hay de sangre, ¿sabe cuánto, hay? Hay como 5 litros de sangre; los niños también tienen.
—Por el corazón pasa pila de sangre. Cuando uno anda mal de la sangre hay que hacer una transfisión.
—En el microscopio se ven los clobulos del tamaño de una pelota de fóbal Nº 5.
—Cuando se abre una herida entran muchos microbios y se arma combate; entonces los glóbulos blancos se mueren y ellos los tiran para afuera y se forma pus.
—¡Qué porquería es el glóbulo!
—Una vez se me infestó el glóbulo.
—La sangre tiene 8 millones de glóbulos blancos y nada más que 25.000.000 trillones de glóbulos rojos.
—La sangre venenosa va por este lado.
—Los glóbulos blancos pelean con los microbios como Artigas peleaba contra los españoles.
—La parte de abajo del corazón se llama ventriloco.
—Microscopio, en griego, quiere decir esto: micros”, ómnibus, y “scopio” miles.
—Cuando se produce una herida, los microbios pelean con el microscopio.
—En el cuerpo hay 25000000000000000 vasos y venas capilares.
—El corazón es la base del cuerpo. Todos los niños de esta clase tienen un corazón y dos pulmones
—La sangre se sabe el recorrido de memoria y siempre va por los mismos lados.
—El corazón es la parte más importante del cuerpo humano mientras vivimos. Adentro del corazón hay mucha sangre negra. Cuando degüellan a uno la sangre no sale como si fuera de una canilla, sale como chijete.
—El aparato circulatorio tiene como unas tetitas que chupan los alimentos y de los alimentos sale la sangre pal cuerpo. La parte de arriba del hígado se llama auricola y la de abajo ventríluco. Cualquiera de las dos va pal costao porque hay una pared que no tiene agujeros.
—No conviene divertirse mucho porque el corazón empieza a andar mal.
—La higiene de la circulación se tiene que hacer con ejercicios para que uno no se muera, porque si uno se que da sentado 3 horas sin comer nada y sin caminar, se puede morir, y si uno come muchas veces por día se queda con una barriga que si anda por la calle la gente dice:—”Ahí va el barrigón Jacinto”.
—No se deben usar calzoncillos muy ajustados.
—Cuando uno se levanta de mañanas es bueno hacer futin.
—El corazón hay que tratarlo con mucho cariño.
—Para no complicarle la vida al corazón lo mejor es ir caminando y riéndose, pero no mucho.
—Yo, maestro, prometo que me voy a levantar bien temprano, voy a caminar 20 cuadras, me pego un baño, me siento en una silla, descanso bien, y le digo a mi mamá que me sirva el café con leche media hora después.
—Yo vi la película que se llamaba la circulación de la sangre, y no la entendí muy bien porque N… que estaba detrás mío me molestaba y yo le decía:—”Dejame quieto que me interesa la película ésta, porque si el maestro nos manda a hacer una redacción, yo la voy a hacer mal, por que el trabajo ése lo tengo que pasar a la carpeta y va a quedar feo.
—Si uno deja caer una gota de sangre sobre la cabeza de un alfiler, se ven 3 millones de glóvulos rojos.
—Óvulos rojos—Si la gente no tuviera óvulos rojos, sería toda blanca como un pescado, y si tiene, sería roja y tendría fuerza, porque si no tiene fuerza, no puede enderezarse ni doblar los brazos. En el Fermin Ferreira si hay algún enfermo sin sangre, llaman a alguno que quiera dar sangre, lo revisan de punta a punta, para ver si esta en¬fermo de algo; si esta bien, le sacan sangre, le dan unos pesos y le dicen que no se mame muy seguido ni se resfríe, porque lo pueden precisar otra vez. Övulos blancos —Cuando alguien se hace un tajo en un dedo, y le entra tierra, vienen los óvulos blancos y se ponen a pelear con la tierra, y si los microbios ganan, queda un montón de mus.
—Hay unos 9000 glóbulos blancos y ellos andan recorriendo el cuerpo despacito esperando que el hombre se haga un tajo para salir corriendo para allá y luchar.

¿Qué seré cuando llegue a hombre?
mecánico tornero 4
carpintero 3
juntar papeles 3
maestro 2
albañil 2
pintor de paredes 1
empleado de la Aduana 1
taximetrista 1
milico 1
jugador de Peñarol 1
plantar verduras 1
basurero 1
aprendiz 1
barquillero 1
bolichero 1
enfermero 1
escribano 1
frankfurtero 1
portero de una cancha de fútbol 1
canillita 1
vendedor de agua en el cementerio 1
portero de la escuela 1


Frases sueltas (palabras indicadas):
—Yo conozco una muchacha muy churra que es chorra
—Conozco un hombre que trabaja de desocupado.
—Yo tengo una vecina que tiene mucha necesidad.
—A veces yo tengo el ombligo limpio.
—Ayer estuve pensando una hora seguida.
—Mientras no llueva hay esperanzas de que no llueva.
—Un niño dijo: “Muchachos, vamos a dejarnos de joder que ya hicimos bastante gimnasia”.

Cuando yo era chico:
—A mi me pasaron cosas grandiosas. Cuando tenia dos años me caí adentro de un pozo y me mojé todo. Cuando tenia cuatro fui a ver qué había adentro de una olla y me tiré toda el agua caliente arriba del cuerpo y me llevaron al hospital. A los cinco años me corté con un cuchillo. Una vez me pelié con un grandote y me rompió un ojo a trompadas. Otra fui buscar hielo y al cruzar la calle un auto me pisó. Otra vez que le estaba sacando higos a un italiano que vivía al fondo de mi casa, se rompió la rama y me di un golpe. Yo tengo recuerdos bellos de mi niñez.
—Un día yo fui a la casa de mi tía en Paysandú, y al llegar al río Negro, el ómnibus subió a una balsa, y al bajar caminamos una cuadra y seguimos viaje y llegamos a la casa de mi tía. Después que la saludé empezaron a venirr las otras víboras que viven con ella.
—Cuando yo era chico me daban la mamadera, pero un día yo dije: —”Ya sos grandecito para tomar la ma¬madera. ¿Cuándo la vas a dejar?” Y entonces no tomé más. De chiquito yo era muy sinvergüenza, según dice mi mamá. Pero ahora ya no me cago en la ropa ni tomo la mamadera, y por eso no doy tanto trabajo.


El átomo y la bomba atómica:
—El átomo tiene alrededor como unos botoncitos que giran a una velocidad muy arriba de la anormal.
—La bomba atómica la hacen los sabios; se encierran adentro de un cuarto y colocan unos átomos dentro de una bala y esperan.
—Un átomo está compuesto de electrones y brotones.
—Si en este país tiran una bomba atómica, cuando se va el humo se ve solo un campo, y si uno va y pisa, se muere electrizado. Esa bomba es mas cara que dos aviones. La hacen en fábricas donde se pasan haciendo esas cosas.
—Un átomo es más chico que un microbio, me parece.
—Las moléculas son tan chiquititas que hay que mirarlas con telescopio.
—Un suponer, yo no puedo ir a una farmacia o a una fábrica y pedir que me vendan átomos; cuestan mucha plata, y aquí no tienen para vender; y además ¿para qué los quiero?

El sol y la luna:
—Para llegar al sol se demoran como 80 años y eso que uno va a 200 kilómetros por hora; y uno, si se pone a ir, se aburre, y a lo mejor, si va solo, no tiene con quién hablar, ni con quién jugar a la baraja, y si mira para abajo, capaz que se almarea y se desmaya.
—Yo tengo un tío que siempre dice que se casó por culpa de la luna, y ahora la tengo que aguantar a ésa.
—La tierra es un poroto al lado del sol.
—Yo no podría vivir nunca en la luna porque el aire de aquí es más fuerte que el de allá, y si uno va, se le inflan todas las venas y revienta y se hace mil pedazos.


El ojo:
—El ojo es una cosa muy complicada, más o menos es así: la vista le dice al ojo: —”Mirá un toro”, y el ojo le dice: —“¡Dispará!”
—Una pelota de fóbal es diferente de un ojo porque la pelota tiene el cuero y una cámara, y el ojo tiene tres cámaras.
—Si a uno le pegan con puntería en un ojo le pueden dejar ciego. El ojo es un órgano bárbaro. Usted, un suponer, ve venir un ferrocarril; el ojo lo ve y le pasa la noticia a los nervios, y entonces se mueven los músculos y usted sale corriendo, si no capaz que el ferrocarril lo agarra.
—Mi padre una vez dijo que hay que tener cuidado con los ciegos y los tuertos, que capaz que ven mejor que uno, y arriba te afanan.


La digestión:
—El aparato digestivo es un aparato que sirve para agarrar los alimentos; todos los alimentos se colocan en la boca y luego se mastica bien y se traga de una manera infinita, y el alimento tragado pasa por un cañito que es como una faringe, y luego pasa a otro cañito que es la laringe, y luego pasa por el estómago, luego por el cardiaco y después llega a un lugar que es como una puertita que es el pírolo. Luego sigue indiscutiblemente por el intestino delgado, y sigue, y cuando termina de pasar, llega al intestino grueso y entonces tenemos que ir al cuarto de baño y hacer del cuerpo, y eso que sale por el ano, maestro, es lo que sobra, que no sirve para nada, y por eso pasamos al cuarto de baño.
—La úlcera es una cosa muy brava. A mi no me viene porque yo no como cosas calientes. Cuando uno cría una úlcera, tiene que estar como un año sin comer.
—No se debe andar en la frialdad enseguida de comer. Por eso es muy feo bañarse después de comer porque se puede apoderar de uno la muerte y otras enfermedades.
—Si no se come despacio, se puede morir en el acto.
—En mi casa todos tenemos estómago porqué es muy útil.
—Cuando se enllena el estómago se cierra el cardigan


School Uniform

¿Usted sabe el nombre de este uruguayo y el nombre del libro al que pertenece este prólogo?

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CUESTION DE CULTURAS

Gracias María Paula !!!

EN 10 ISLAS DESIERTAS NAUFRAGARON LAS SIGUIENTES PERSONAS:

Leaning Tower Of PisaISLA 1: 2 ITALIANOS Y 1 ITALIANA
ISLA 2: 2 FRANCESES Y 1 FRANCESA French
ISLA 3: 2 ALEMANES Y 1 ALEMANA
ISLA 4: 2 GRIEGOS Y 1 GRIEGA
ISLA 5: 2 INGLESES Y 1 INGLESA
ISLA 6: 2 AUSTRALIANOS Y 1 AUSTRALIANA
ISLA 7: 2 ARGENTINOS Y 1 ARGENTINA
ISLA 8: 2 JAPONESES Y 1 JAPONESA

Bag PipesISLA 9: 2 IRLANDESES Y 1 IRLANDESA
ISLA 10: 2 MEXICANOS Y 1 MEXICANA

UN MES DESPUES EN CADA UNA DE LAS ISLAS SUCEDIO LO SIGUIENTE:
ISLA 1:
UN ITALIANO MATO AL OTRO PARA QUEDARSE CON LA ITALIANA.
ISLA 2:
LOS 2 FRANCESES VIVEN FELICES CON LA FRANCESA EN UN ‘MENAGE A TROIS’.
ISLA 3:
LOS ALEMANES HICIERON UNA PROGRAMACION SEMANAL PARA TENER SEXO CON LA ALEMANA.

ISLA 4:
LOS 2 GRIEGOS DUERMEN JUNTOS MIENTRAS LA GRIEGA ESTA HACIENDO LA
LIMPIEZA Y COCINA PARA ELLOS.
ISLA 5:
LOS 2 INGLESES ESTAN ESPERANDO QUE LLEGUE ALGUIEN PARA QUE LES
PRESENTE A LA INGLESA.

ISLA 6:
LOS 2 AUSTRALIANOS ARROJARON A LA AUSTRALIANA A LOS TIBURONES Y
DECLARARON A LA ISLA: EL PARAISO GAY.
ISLA 7:
LOS 2 ARGENTINOS SE PELEAN POR SER EL PRESIDENTE DE LA ISLA MIENTRAS
LA ARGENTINA EN UN ATAQUE DE HISTERIA FEMINISTA, SIGUE HABLANDO DE
ELLA MISMA DE COMO PUEDE HACER TODO LO QUE ELLOS HACEN Y QUE ELLOS NO
PIENSEN EN TOCARLE NI UN PELO, QUE SON POCA COSA Y VA A ESPERAR A QUE
ALLI NAUFRAGUE UN HOMBRE MEJOR QUE LA LLEVE A OTRA ISLA DONDE LA
RESPETEN COMO MUJER.
ISLA 8:
LOS JAPONESES Y LA JAPONESA CREARON UN GRUPO DE TRABAJO
INTERRDISCIPLINARIO BASADO EN RESPETO MUTUO, INVENTARON UN FAX CON LAS
HOJAS DE LAS PALMERAS Y COCOS, ENVIARON UN MENSAJE A TOKIO Y SE
ENCUENTRAN EN ESPERA DE INSTRUCCIONES.
ISLA 9:
LOS IRLANDESES DIVIDIERON LA ISLA EN NORTE Y SUR DONDE CADA UNO ABRIO
UNA DESTILERIA Y DESPUES DE UNOS LITROS DE WHISKY DE COCO, YA NO
RECUERDAN SI HAN TENIDO SEXO O NO CON LA IRLANDESA. SIN EMBARGO, LO
IMPORTANTE PARA ELLOS ES QUE LOS INGLESES NO ESTAN AHI.
ISLA 10:
LOS 2 MEXICANOS ESTÁN DURMIENDO LA SIESTA TODO EL DÍA, SE HICIERON
COMPADRES , SE PUSIERON APODOS, SE EMPEDAN JUNTOS Y CADA UNO DE LOS 2
TIPOS PIENSA QUE LA MEXICANA SÓLO SE ACUESTA CON ÉL.

¡¡¡¡ CUESTION DE CULTURAS !!!!

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DE QUIÉN ES ESTO?

Livraría Lello. Porto. Portugal

O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente.

E os que lêem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só a que eles não têm.

E assim nas calhas de roda
Gira, a entreter a razão,
Esse comboio de corda
Que se chama coração.


El poeta es un fingidor
que finge constantemente.
Que hasta finge que es dolor,
el dolor que en verdad siente.


Y, en el dolor que han leído,
a leer sus lectores vienen,
no los dos que él ha tenido,
sino sólo el que no tienen.

Y así en la vida se mete,
distrayendo a la razón,
y gira, el tren de juguete
que se llama corazón.

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Diario de un perro.

SEMANA 1

Hoy cumplí una semana de nacido,

¡Qué alegría haber llegado a este mundo!

MES 01

Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.

MES 02

Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta, y con sus ojos me dijo adiós. Espera que mi nueva “familia humana” me cuide tan bien como ella lo ha hecho

MES 04

He crecido rápido, todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como “hermanitos”. Somos muy inquietos, ellos me jalan la cola y yo los muerdo jugando.

MES 05

Hoy me retaron. Mi ama se molestó porque me hice “pipí” adentro de la casa. ¡Pero nunca me habían dicho dónde debía hacerlo!. Además duermo en la recámara y …¡ya no me aguantaba!

MES 12

Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. ¡Qué orgullosos se deben sentir de mí!

MES 16

Hoy me bajaron de la azotea. De seguro mi familia me perdonó y me puse tan contento que daba saltos de gusto. Mi rabo parecía un molinete. Encima de eso me van a llevar con ellos de paseo.

Nos enfilamos hacia la carretera y de repente se pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé feliz creyendo que haríamos nuestro “día de campo”. No comprendo por qué cerraron la puerta y se fueron. “¡Oigan, esperen!”

SE … SE OLVIDAN DE MÍ.

Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas. Mi angustia crecía al darme cuenta que casi me desmayaba ¡y ellos no se detenían! Me habían olvidado.

MES 17

He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento perdido…estoy perdido. En mi camino hay gente de buen corazón que me ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo de mi alma. Yo quisiera que me adoptaran y sería leal como ninguno. Pero sólo dicen “POBRE PERRITO”, se debe haber perdido…

MES 18

El otro día pasé por una escuela y ví a muchos niños y jóvenes como mis “hermanitos”. Me acerqué, y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras “a ver quién tenía mejor puntería”. Una de esas piedras me lastimó el ojo y desde entonces ya no veo con él.

MES 19

Parece mentira, cuando estaba más bonito era cuando se compadecían más de mí…Ya estoy muy flaco, mi aspecto ha cambiado. Perdí mi ojo y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra.

MES 20

Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar la calle por donde pasan los coches, uno me arrolló. Según yo, estaba en un lugar seguro llamado “cuneta”…Pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme. Ojalá me hubiera matado, pero sólo me dislocó la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba al costado del camino.

MES 21

Tengo 10 días bajo el sol, la lluvia, el frío, sin comer. Ya no me puedo mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal. Quedé en un lugar muy húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo.

Alguna gente pasa y ni me ve. Otras dicen:”cuidado, no te acerques” Ya casi estoy inconsciente, pero alguna fuerza extraña me hace abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo reaccionar…”Pobre perrito, mira cómo te han dejado”. Junto a ella, un señor de bata blanca empezó a tocarme y dijo: “Lo siento señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir”. A la gentil dama se le salieron las lágrimas y asintió. Como pude, moví el rabo y la miré agradeciéndole que me ayudara a descansar. Sólo sentí el piquete de la inyección y me dormí para siempre pensando en por qué tuve que nacer si nadie me quería.

LA SOLUCION NO ES ECHAR UN PERRO A LA CALLE, SINO EDUCARLO.

NO CONVIERTAS EN PROBLEMA UNA GRATA COMPAÑÍA. AYUDA A CREAR CONCIENCIA Y ASI PODER ACABAR CON EL PROBLEMA DE LOS PERROS ABANDONADOS EN LA CALLE.



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